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El terrorismo mediático ecologista
Metodologías y Motivaciones

por Carlos A. Ortiz
Febrero 18, 2010


El ultra ecologismo, de perfil fundamentalista, fanatizado, irracional y violento, está habituado a utilizar técnicas de terrorismo mediático, para lo cual “instala” en la sociedad un tema con una idea troncal fuerte-mente emotiva, y machaca sobre la misma con la vieja táctica goebbeliana “miente, miente, que algo queda”, como decía el propagandista en jefe del III Reich.

Es posible que el nazismo no haya inventado esa forma de manipular a la opinión pública, pero existe coinci-dencia en señalar que en su momento alcanzó el mayor grado de perfeccionamiento, combinando la utilización de medios masivos de difusión de fácil asimilación, como en esas épocas (décadas del '30 y del '40) era la radio.

Los anglosajones –maestros del engaño, las confusiones y la piratería disfrazada de “misión civilizadora”-, no se quedaron atrás, logrando torcer la voluntad del pueblo estadounidense que era muy reacio a intervenir en otra guerra mundial, en la cual no estaban involucrados. ¡Si hasta permitieron el ataque a Pearl Harbor, pese a conocerlo con anticipación; y provocaron deliberadamente el hundimiento del buque Lusitania frente a las costas de Gran Bretaña! ¡Lo importante era tener excusas para entrar en guerra…y con ello hacer negocios y cumplir sus objetivos geopolíticos! ¿Las pérdidas humanas…? ¡No les importaban!

En su momento el bloque comunista no se quedaba atrás en acciones psicológicas, buscando siempre la figura de los “mártires”, incluso provocándolos sin importar el derramamiento de sangre y las vidas tronchadas, con tal de “sacar réditos políticos”. Para ello, siempre han conseguido “perejiles”, si bien en muchos casos busca-ron y provocaron reacciones desmesuradas de las fuerzas policiales.

Otra vieja táctica consiste en enviar provocadores, y adosar la responsabilidad de los desmanes de estos, a los eventuales opositores, cuya denigración pública buscan por cualquier medio.

A esta altura, algún lector no avisado se preguntará ¿qué tiene que ver todo eso con el terrorismo mediático ecologista? ¡Sin duda mucho!, tanto en función de sus depuradas técnicas de instalación de las “esquizofrenias mediáticas”; como también que sus mentores y financistas principales son los anglosajones; o que muchos de sus militantes de base provienen de diversas variantes marxistas, por lo general desencantadas con el colapso de la Unión Soviética y el modelo “capitalista de Estado” de la hoy pujante y poderosa China, hoy muy lejos de los postulados de Mao.

Analicemos que los “patrones” del movimiento ecologista de fuerte tinte fundamentalista, deben ser buscados en el Club de Roma, entidad de bajo perfil creada en 1968, que aglutina a intelectuales de “pensamiento polí-ticamente correcto” (léase afines a los grupos del mega poder financiero mundial y globalizantes, o sea al establishment global). Originalmente eran exclusivamente intelectuales provenientes del G7 (en su momento las siete mayores economías del mundo), y las fuentes de financiación deben ser rastreadas en el mismo grupo de países, anfitriones naturales de los megas grupos financieros transnacionales.

El Club de Roma es una siniestra y verdaderamente genocida institución, que opera bajo la supuestamente “inocente” pantalla de promover el cuidado extremo del medio ambiente.

Utilizando las más modernas técnicas de lavados de cerebros y de enajenación mental, han logrado inculcar un fundamentalismo cargado del más irracional fanatismo, el cual está “convenientemente” imbuido de un pensa-miento “mundialista” que con cierta sutileza, excluye e incluso se mofa de todo criterio y sentimiento de sano patriotismo. Esos enajenados mentales son una nueva versión de “ciudadanos del mundo”…pero aleccionados y sutilmente dirigidos desde las usinas del poder real de la globalización salvaje, el cual está instalado y en esta etapa histórica guarda cierta afinidad con los intereses de las naciones de la denominada “Sociedad Postin-dustrial”, el ya mencionado G7, o Grupo de los Siete (EEUU, Canadá, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia).

Por cierto que todo ese proceso de enajenación mental colectiva, está siendo constantemente reforzada por mensajes subliminales y convenientemente “edulcorados” y distorsionados, transmitidos por los canales de TV “culturales”, con programaciones elaboradas precisamente en países del G7; y por toda una parafernalia me-diática diversa, incluyendo nada inocentes publicaciones de las transnacionales de la ecología fundamentalista (como Greenpeace y World Wild Fund), y otras apoyaturas mediáticas.

Ese “Apocalipsis anunciado” se transmite y refuerza de muchas maneras, y en todos los casos se enfatiza “el terrible daño ecológico”, y mensajes similares… mientras que prolijamente se oculta que precisamente es la miseria estructural el peor caldo de cultivo para producir ambientes degradados y en muchos casos irrecupera-bles. Uno de los más claros ejemplos de ello es Haití, pero “curiosamente” ningún “analista objetivo” se “perca-ta” de algo tan elemental.

Es como con lucidez expresara hace ya muchos años, el por entonces joven filósofo Fernando Savater: “nos quieren pobres… pero eso sí… ¡conservaditos!!” En buen romance, bajo el “verso” de la conservación extrema e irracional, se oculta la política terrible y genocida de mantener y acrecentar las condiciones político – económicas del subdesarrollo estructural.

La “perla principal” de todo el pensamiento ultraecologista, es el concepto de “desarrollo sustentable”, el cual consiste ni más ni menos que en anteponer infinitos condicionamientos a toda iniciativa de progreso, de forma tal que el progreso resulte materialmente imposible..¡Si total es tan fácil encontrar pretextos para impedir todo… menos aquello que conviene específicamente al establishment! Al respecto, es bueno analizar que todo, absolutamente todo el accionar humano, aún las más elementales necesidades fisiológicas –desde respirar a alimentarse- tiene algún “impacto ambiental”.

A partir de esa elemental certeza, no faltaron “sesudos ecologistas” que llegaron a afirmar que “el ser humano es la maldición del mundo”. Ese terrible pensamiento conlleva la implícita aceptación de la “bondad” de favore-cer la eliminación masiva de la población mundial… “casualmente” de acuerdo a uno de los objetivos de los globalizadores, que propugnan la reducción de la población mundial, a un “óptimo” de entre 500 millones a no más de 1.000 millones de habitantes. Adviértase que entre los que “sobramos” estamos todos los habitantes del mundo subdesarrollado… incluyendo a los “ecoloquitos” que se enfervorizan con esos irracionales mensajes.

En lo que hace a las metodologías, por cierto son variadas, pero usualmente de muy alto impacto visual y emotivo; con uso y abuso de frases pegadizas y clichés repetitivos, usualmente de escaso o nulo fundamento científico e incluso divorciados del sentido común.

Suelen instalar un tema y una “opinión ambientalmente correcta”, casi siempre con grandes despliegues mediá-ticos; obtenidos tanto por provocar escándalos y “espectáculos” que garanticen buena audiencia a los medios televisivos y radiales; como seguramente en muchos casos solventando costosas publicidades, las que poten-cialmente pueden ser motivaciones suficientes para acallar muchas conciencias y “dar vuelta” las orientaciones de las líneas editoriales de más de un medio mediático.

Dentro del machacar incesante para cooptar o confundir conciencias, están numerosos –y por lo general bien armados- mensajes difundidos en forma de cadenas de correos electrónicos; las cuales muchas personas de buena fe pero no avisadas o confundidas contribuyen a difundir.

Y cuando tiempo después se constata la falsedad de las “denuncias”, jamás se disculpan por los escándalos y agresiones de mayúsculo tenor previamente montadas; e incluso las aclaraciones o noticias salen en los me-dios en letras muy chicas y páginas interiores, bien atrás en los diarios, mientras que la TV y las radios usual-mente ni registran ni difunden las verdades. ¡Pero eso sí, antes, a la hora de “denunciar” (léase difamar), los diarios prestan gustosos las primeras planas, las radios los horarios picos, y la TV les concede amplios reporta-jes o notas, en horarios centrales! ¿Será por las presiones del “pensamiento correcto”, o por las jugosas tarifas de las campañas publicitarias, como las montadas por Greenpeace y otras transnacionales de la ecolatría?

En otro artículo se recordarán algunas de las más rimbombantes y mentirosas campañas de los predicadores del subdesarrollo crónico: los fundamentalistas de la ecología.

C.P.N. Carlos Andrés Ortiz
Ex Investigador y Docente = Facultad de Ciencias Económicas = UNaM
Especialista en Gestión de la Producción y Ambiente – Fac. de Ing. = UNaM
Tesista de la Maestría en Gestión de la Energía = UNLa – CNEA
Docente de Economía – Esc. Normal 10 – Nivel Terciario
Docente de la Diplomatura en Geopolítica – Inst. Combate de Mbororé



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