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Marihuana: ¿Legalizar o Despenalizar?

El tema está en la mesa de discusiones, y no será resuelto
hasta que se apliquen los conocimientos científicos, la
experiencia diaria en todo el mundo, y el sentido común.


Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Fundación Argentina de Ecología Científica

Los grupos que vienen abogando por la legalización de la marihuana – como el NORML, de EEUU, y los seguidores del especulador financiero y usurero Georg Soros (y algunos grupos vernáculos de reciente aparición en los canales de la TV argentina), se inclinan por la legalización lisa y llana del estupefa-ciente, con su venta libre como si se tratase de whiskey o cigarros Cubanos. Otros grupos se inclinan por la despenalización de su tenencia y uso privado. Nuestra posición inicial es que cada adulto debería saber cuáles son las consecuencias de tener una u otra adicción o preferencia, y decidir desde allí sobre su propia vida. Esto nos lleva a hundimos en las profundidades de la contienda “Cómo Nos Gustaría Que Fuesen las Cosas”, contra el “Así Son, Por Suerte o Desgracia”. Es importante recordar que “El camino del Infierno está pavimentado de Buenas Intenciones”, o parafraseando al viejo pícaro de Bertrand Russell, “Las peores calamidades que el Hombre le ha infligido a la Humanidad, fueron hechas en nombre de la Libertad y la Democracia”.

Nuestra segunda posición es que consideramos que existen algunas sustancias químicas que afectan a la salud humana, al comportamiento de individuos y sociedades enteras, que no pueden ser de acceso indiscriminado – ni siquiera para el más advertido de los seres humanos. Casos evidentes, y perdón por la Perogrullada, son los venenos de todo tipo y productos tóxicos naturales y sintéticos que se usan para miles de procesos industriales y farmacológicos – pero que en manos de inexpertos son como una navaja en manos de un chimpancé.

¿Por dónde se empieza para desatar este nudo Gordiano? Tanto los legalizadores como los prohibicio-nistas tienen lista su propia espada con la cual cortar por lo sano – para su propio lado, por supuesto. La ciencia, por otra parte, nos da algunas pistas sobre cuál es la punta que tenemos que seguir para deshacer el nudo:

Punto Uno: el principio activo de la “cannabis sativa” o Marihuana es el delta-9 THC, o delta-9-tetra-hydro-cannabinol. Cientos de estudios científicos de reconocida seriedad han determinado que este compuesto daña la función cognitiva del cerebro humano, impidiendo la retención de recuer-dos cercanos –afectando lo que se conoce como “memoria reciente”, provocando la incapacidad de retener información nueva. Esto afecta de manera demostrada a los estudiantes, que se ven imposibi-litados de retener en su memoria los conocimientos que se suppne que reciben de sus profesores y de los libros. Este aspecto médico de la cuestión está brillantemente analizado y expuesto por Karen Steinherz y Thomas Vissing en su artículo Efectos Médicos de la Marihuana Sobre el Cerebro, con una abrumadora lista de referencias a estudios científicos que apoyan su tesis. Convendría que usted lo lea antes de seguir adelante, porque le ahorraría mucho trabajo para comprender todo lo que sigue después.

Pero, como sospecho de que usted prefiere seguir leyendo (y después veré si leo el artículo) le tendré que incluir sólo algunas partes jugosas del estudio. De esa forma quizás se tiente y haga caso de mi consejo: lea el artículo, después vuelva aquí.

“A causa de que el THC y sus metabolitos son solubles en grasa, permanecen en los tejidos grasos del cuerpo durante un tiempo prolongado. Más tarde son liberados otra vez al torrente sanguíneo. Existe una substancial variabilidad humana en el metabolismo del cannabis, pero está actualmente probado que los individuos que usan cannabis a diario están en mayores problemas que los usuarios infrecuentes, a causa de la lenta liberación del THC.” ...

... “Se ha comprobado que el componente delta-9-THC produce muchos déficits cognitivos, tanto en humanos como en animales. Perjudica al funcionamiento del cerebro, de manera particular en relación al uso crónico. Numerosas investigaciones han probado que los perjuicios más pronunciados que ocurren son la reducción de la memoria de corto plazo, desórdenes de la locomoción, sentido alterado del tiempo, paranoia, fragmentación del pensamiento, y letargo.” ...

... “A causa de esta falta de hallazgos concluyentes en las investigaciones, precisamente en esas áreas que establecen la adicción - es decir, la capacidad de una droga para crear desórdenes de dependencia y cognición - la marihuana se convirtió en materia de mucha controversia pública. Los medios y el lobby legalizador de la droga etiquetaron a la marihuana como una droga "blanda". Al diferenciarla de los opiáceos - cocaína, alcohol, o las metanfetaminas, que están categorizadas como drogas "duras" o "adictivas" - el lobby legalizador minimizó los riesgos del uso del cannabis.” ...

... "Es en esta área, (hipocampo) cuando resulta dañada, que pone a los pacientes en un estado de literal incapacidad para recordar nueva información de apenas algunos minutos y está sin lugar a dudas, críticamente involucrada en el bien conocido déficit de memoria en la enfermedad de Alzheimer. Cuando estos receptores de marihuana en el hipocampo se ven afectados, tienen la capacidad de inhabilitar al hipocampo."

Final del artículo:El reto mundial es si esos ciudadanos cuyos cerebros no se hicieron humo de marihuana, lucharán para derrotar a NORML, a Georg Soros, el especulador financiero de NORML, y las demás organizaciones e individuos que están publicitando la legalización de la "blanda" marihuana para los "coolies" del siglo 21.”

Los Efectos Psíquicos

Punto 2: Luego están los efectos que tiene la marihuana sobre la psiquis, algo de no menor impor-tancia para el comportamiento de los individuos en la sociedad y de una sociedad donde todos pudie-sen hacer uso libre del delta-9 THC. Jacques Joseph Moreau (1804-1884) un prominente psiquiatra francés, fue el primer médico en hacer trabajo sistemático con drogas activas en el sistema nervioso central, y en catalogar, analizar y registrar sus observaciones. Su libro de 1845, "Hashish y Alienación Mental" es aplicable el día de hoy. Moreau llamó a la marihuana un “agent provocateur de la persona-lidad.

Como lo hicieron investigadores posteriores, Moreau descubrió en sus experimentos durante el siglo 19, que los efectos de la marihuana dependen de la dosis. Si la dosis era lo bastante alta y el uso era crónico, Moreau observó que sus sujetos a menudo enloquecían. Con la administración de dosis menores, Moreau identificó cambios a largo plazo en la personalidad que eran más sutiles, incluyendo lapsos de atención acortados, distracción, y una progresiva pérdida de los poderes mentales. Moreau no vio a la progresiva destrucción del poder mental del individuo bajo los efectos crónicos de la marihuana como una adición simplemente lineal de otro déficit cognitivo más en un test de desempeño humano. Moreau declaró que cualquier individuo bajo los efectos crónicos de la marihuana estaba "mentalmente perturbado", según escribió, basado en sus observaciones y conocimiento científico, que destruyendo la unidad de pensamiento en el individuo, éste estaba mentalmente enfermo, aún cuando no pareciese o actuase como un psicópata. Moreau identificó cómo la mente es destruida por el fumar marihuana, notablemente a través de la distracción. Lenta y sutilmente, la voluntad de la persona es demolida.

La profesora Ann Pollinger Hass, que trabaja en la City University de New York, estudió durante seis años a 300 usuarios de marihuana, y encontró que la motivación para fumar marihuana era que la droga les ayudaba a suprimir un intensa sentimiento de ira. Como ella lo escribe:
“El uso crónico le permitió a estos jóvenes alejarse de conflictos de logros y competencia. Fue usada para alentar expectativas grandiosas, sentimientos de invulnerabilidad, y un sentido de que era posible una mágica transformación de su vida". Una mágica transformación de la vida... algo que la juventud de estos días, sumida en una crisis económica y moral sin precedentes en nuestro país, desea con ansias irrefrenables. Darles a los jóvenes la oportunidad de acceder irrestrictamente al cannabis, a la “mágica transformación de sus vidas”, es lo mismo que recomendarle que para aliviar su dolor existencial lo mejor es suicidarse.

Ahora vaya a este link y lea los efectos que la marihuana tiene sobre el agravamiento de las psicosis y
el “gatillado” de la esquizofrenia - porque eso puede llegar a ocurrirle a sus hijos, como le ocurrió a los hijos de muchos otros que lo ignoraban: lea Marihuana: Esquizofrenia y Suicidio”.

Surge entonces la pregunta: ¿refuerza la marihuana una preexistente falta de autoestima, o infanti-lismo? Entre los investigadores existe una acalorada discusión acerca de si el uso del cannabis induce la psicosis, o si la persona que usa la droga tiene una predisposición psicológica que les llevó al uso de ella, en primer lugar. En cualquier caso, como lo hizo notar Moreau, la droga misma puede activar problemas mentales. Sin embargo, esta cuestión de ¿qué es lo que vino primero, si la presión psicológica o la droga?, es usado por el lobby legalizador de la marihuana para negar que la droga es la causa de los problemas en los adolescentes.

Vivimos en una sociedad donde la cultura popular propagandiza que la marihuana es relativamente inocua. A causa de la ruptura de la familia, la destrucción de las instituciones tradicionales y los valores, y las ordinarias presiones de la adolescencia, los jóvenes tienen su atención dirigida a las drogas como una fácil y placentera manera de escapar de los conflictos, o de cualquier dificultad. La marihuana es demasiado común en todas partes, de manera que resulta ciertamente fácil de obtener. Dada esta situación, es una razón más
para mantener la ilegalidad de esta droga.

Si los descubrimientos del profesor Fried (contenidos en el primer link suministrado) y otros son acertados, la sociedad está enfrentada a la realidad de una incompetencia generacional causada por el fumar marihuana. Una población que tiene una amplia adición al hashish, aún cuando no haya una dispersión de la adición a la cocaína o heroína, o al alcohol, es una población incapacitada. En cual-quier sociedad donde los niños y jóvenes no pueden enfocar su atención, sólo podrían desempeñar trabajos menores o de baja especialización, tales como servicio de comidas rápidas, o trabajar con un chip de computadora. Pero su "voluntad", esto es,
su energía y curiosidad para buscar fuera de su infantilismo, está anulada. Estos jóvenes adultos no tendrán el interés, o el tiempo de atención necesario, para desarrollar el bienestar económico y cultural del país del que son ciudadanos.

Un poco de historia

Punto Tres: Repitiendo lo que nos cuentan Karen Steinherz y Thomas Vissing, este resultado maligno es exactamente lo que motiva al lobby pro-marihuana que hoy está impulsando su legalización. La agenda de los legalizadores está basada en el "Modelo India" un elaborado sistema de impuestos que los Británicos impusieron a la población de la India en 1895, en el ápice de una era donde “el Sol nunca se pone en el Imperio Británico".

Una rápida mirada a la historia de cómo Gran Bretaña usó a las drogas para sojuzgar poblaciones enteras, y al mismo tiempo hacer fácil fortuna, deja claro que, mientras los colonialistas querían destruir el desarrollo y el progreso de sus colonias, sus oponentes
lucharon para prohibir las drogas psicotrópicas por su deseo de progreso. La Sublevación de los Boxers de China fue exactamente eso. Los individuos y los países que lucharon para poner a las drogas fuera de la ley, reconocieron que una nación no podía tener progreso industrial y social y un uso descontrolado de las drogas al mismo tiempo. El progreso y las drogas son incompatibles.

En 1883, el Parlamento Británico comisionó lo que se transformó en un estudio de nueve volúmenes sobre el cultivo del cáñamo en la India, entonces colonia Inglesa. El "India Hemp Commission Report", (Informe de la Comisión del Cáñamo de la India) que tomó dos años para ser compilado, era una elaborada justificación para un extenso sistema de impuestos sobre el cáñamo de la India ("hemp", o marihuana), y la continuada subyugación de la población "coolie" al instigarle el uso del "ganja".

En la misma forma en que el tráfico Británico de opio fue usado en las Guerras del Opio a mediados del siglo 19, para convertir a China en una nación drogada, incapaz de actuar en su propio interés, la legalización del “ganja” fue un método conveniente para suprimir a la población de la India. El informe de 1883 es más que historia. Según los voceros de la Organización Nacional para la Reforma de las Leyes Sobre Marihuana (o National Organization for the Reform of Marijuana Laws, conocida como NORML>, este Informe de la Comisión del Cáñamo está siendo usado hoy por NORML como modelo para su argumento de legalización!

Los legalizadores de la marihuana propagandizan que la marihuana alivia el dolor y el estrés, y no tiene efectos adversos. Lo que no dicen es que, cuando su cerebro se va en humo, usted se transforma en un "coolie" bueno y obediente, en el Nuevo Orden Mundial que ellos estarán dominando, por supuesto.

Un Poco de Sentido Común

Punto Cuatro:
Otro de los tantos argumentos que se escucha decir en populares audiciones de radio, conducidas por algunos oligofrénicos funcionales, es que la “prohibición del alcohol en los años 20 no sirvió en EEUU para frenar el delito sino que lo exacerbó”, por lo tanto, para eliminar al delito y la violencia generada por el tráfico (prohibido) de drogas hay que legalizar las drogas, comenzando por la marihuana.

En las matemáticas se puede demostrar una hipótesis por dos métodos: el directo, más difícil y complicado, o por el “absurdo”, es decir desarrollar la tesis contraria para llegar a un absurdo o imposible matemático. Como diversión, tratemos de usar el método del absurdo con la legalización de cosas prohibidas y veamos adonde llegamos.

De un somero repaso de la historia comprobamos que gran cantidad de cosas fueron prohibidas en las sociedades organizadas (dejando de lado aquellas sociedades tiránicas donde las prohibiciones obedecían al capricho o al interés de sus tiranos y gobernantes totalitarios), cosas que, más o menos, figuran no sólo en la famosa Tabla de los Diez Mandamientos, sino en todas las religiones. Prohibido matar (sin razón justificada), prohibido robar, prohibido robarle la mujer a tu vecino, prohibido casarse con la hermana, prohibido mentir, prohibido darle veneno a los niños (o a cualquier otra persona), etc, etc. Estas prohibiciones se mantienen incólumes hasta hoy porque son necesarias para la convivencia y supervivencia de la sociedad.

Las sociedades aprendieron que existían muchas cosas que la naturaleza y los instintos de los hombres les impulsaban a hacer, pero que resultaban contraproducentes para la armoniosa convivencia. Esas cosas tuvieron que ser prohibidas o severamente restringidas y controladas. Las excepciones - luego se comprobó - quedaron reservadas para las clases dirigentes, aquellas que se habían hecho dueñas del Poder –
cosa que se mantiene intacta hasta nuestro días.

Entonces, la prohibición de cada cosa obedecía a una razón lógica:
es malo para la sociedad. A medida de que la civilización fue progresando, muchas prohibiciones demostraron no tener tanta validez o importancia, como las del tipo religioso que sostenían que la Tierra era el centro del Universo y estaba prohibido no creer en la palabra de los representantes de Dios. Más concretamente, las prohibiciones basadas en tabúes fueron desapareciendo a medida de que el hombre fue ganando en conocimientos. Miles de tabúes fueron desenmascarados y sus prohibiciones fueron derogadas. Sin embargo se mantienen muchísimas prohibiciones porque ellas resistieron el paso del tiempo y la prueba ácida del conocimiento. Y el conocimiento cada vez más amplio que existe sobre el tema drogas y sustancias alucinógenas refuerza cada vez más la prohibición ancestral: No usarás drogas!

Supongamos por un momento que legalicemos muchas cosas prohibidas que están conectadas a la generación de violencia y crímenes (como las drogas). Legalicemos entonces a los secuestros extorsivos, a los asaltos de bancos y a las ancianas indefensas, legalicemos el exceso de velocidad en las rutas y calles, la apropiación de bienes ajenos (esto ya se hizo con el “corralito” y el “corralón”, y ya vimos como nos fue!), la portación y uso indiscriminado de armas de fuego, la prostitución infantil, la trata de blancas, la falsificación de moneda (aunque lo hacen los gobiernos de manera constante al emitir sin respaldo) la venta irrestricta de armas de destrucción masiva (también la hacen los países del G-8 y así nos va a los pobres...) y cualquier otra cosa que se le ocurra.

Me pregunto si la legalización de las cosas prohibidas ayudará a que se elimine o disminuya la violencia y el crimen asociadas con ellas... La prohibición del alcohol en los EEUU no funcionó porque era una prohibición estúpida. La prohibición del alcohol funciona – más o menos bien – entre los musulmanes porque entre ellos
todavía es un tabú, un imperativo religioso, y con los mandatos religiosos del Islam no se juega. La pena es la muerte. Nuevamente me pregunto si la pena por beber licor en los EEUU hubiese sido la muerte, ¿la gente se habría arriesgado a beber una cerveza? O si la pena a los funcionarios corruptos fuese la muerte, ¿existirían los negociados y las coimas? ¿Existirían siquiera los partidos políticos?

Esta última parte de mis opiniones parecen dar la impresión de que soy partidario de la pena de muerte. Si, lo soy, pero el tema es demasiado profundo y amplio como para tratarlo aquí, de manera que, si alguien está interesado, lo expondré en otra oportunidad. Sólo háganmelo saber a mi href=mailto:shuara@fullzero.com.ar email.

Una Propuesta de Solución

Hemos llegado hasta aquí con la impresión de que soy un acerbo enemigo de la legalización de las drogas, y que hay que mantener la prohibición a rajatabla. Pues no, soy partidario de la legalización de todas las drogas y de la despenalización de su uso – pero dentro de un marco regulador sumamente estricto, que paso a esbozar.

Es un hecho comprobado que la prohibición de alguna cosa, o su excesiva regulación –sin demasiados estudios – provoca la aparición de un “mercado negro” para la cosa prohibida. Sucedió con el alcohol en los años 20, con la pornografía gráfica hasta hace algunas décadas, el rígido control de cambios, el control de precios y salarios, etc. Los mercados son unas bestias impredecibles que reaccionan de manera imprevista, y las regulaciones
estúpidas no parecen hacerles mella alguna.

Teniendo esto en cuenta, vemos que la prohibición de las drogas –duras y blandas – han creado una actividad ilícita e ilegal que parece incontrolable, máxime cuando en el negocio se encuentran involucradas altas personalidades de todos los gobiernos del mundo, que son quienes deberían impedir el negocio y el crimen asociado con el mismo. No creo que sea fácil evitar esta parte del problema, a menos de que la pena para los transgresores
sea la pena de muerte, sin conmutación posible.

Creo que la manera de desarticular la industria, la producción y el tráfico de drogas, se podría conseguir mediante el monopolio exclusivo del Estado en el tema distribución de las drogas, y quizás en su producción, al final del proceso. Ya veremos por qué.

El Shopping de la Droga

Propongo la creación en todas las grandes ciudades del mundo (cosa que será muy difícil de lograr) de un gran centro de distribución y consumo de drogas. Sería un especie de gigantesco
“Shopping de la Droga”, de una manzana de extensión, donde empresas privadas (y también estatales, por qué no?) tengan la concesión para la explotación de locales de diversión y relajamiento, incluidos “hoteles por hora”, prostíbulos, restaurantes, bares, cines, joyerías, negocios de todo tipo, etc.

En estos centros, controlados rígidamente por el Estado, se podrá recibir la droga de preferencia del usuario
TOTALMENTE GRATIS y en la CANTIDAD QUE SE QUIERA, pero con la absoluta prohibición de sacarla al exterior, o llevársela su casa. Para poder ingresar a estos centros y obtener la droga, será necesario estar inscripto en un Registro de Usuarios y Adictos establecido por el Estado, con su correspondiente credencial fotográfica, que será de emisión gratuita. Una vez allí dentro, la droga se podrá consumir libremente y sin penalidad alguna, y en la cantidad que se desee. Dentro del “Shopping de la Droga”, todo será posible. Fuera del mismo nada será permitido. Las personas que salgan del shopping serán revisadas por escáners especiales y por perros entrenados en la detección de droga, para evitar que la misma sea sacada al exterior.

Quizás alguien quiera sacarla para usarla en su propia casa, ya que no tendría sentido sacarla para vendérsela a alguien que podría obtenerla gratis en el centro. Es probable que esto ocurra, y que muchos consigan evadir el registro (la ingeniosidad humana no conoce límites cuando se trata de quebrar la ley). Para minimizar este riesgo, la pena por sacar droga de los centros deberá ser la pena de muerte – la única que parece tener resultados positivos. El riesgo es demasiado grande comparado con los beneficios que se obtendrían: gozar de la droga en su hogar en vez de hacerlo en los centros del Estado.

El Estado será entonces el único proveedor de drogas, y al ser el único comprador posible, será quien imponga los precios de compra a los productores Colombianos (y de otras nacionalidades) de droga de todo tipo. Nadie pagará un centavo por algo que puede obtener gratis y en la cantidad que se quiera. Dado que al principio será casi imposible de que todos los países pongan en marcha este sistema, los países que lo haya hecho deberán producir la droga ellos mismos, quizás a través de acuerdos bilaterales con Bolivia, Perú y Colombia, que estarán encantados de vender el producto de manera legal y sin trabas.

Una vez que los centros funcionen correctamente en Argentina, Brasil, Estados Unidos, y varios países de Europa, por ejemplo, los traficantes Colombianos y la narcoguerrilla habrán perdido un inmenso mercado que hará necesario que eleven sus precios a los consumidores de los otros países para mantener su rentabilidad. ¿Hasta dónde podrán subir sus precios? ¿Hasta dónde llegará la capacidad adquisitiva de los usuarios? Nadie puede decirlo. Pero la lógica dice que se provocará una debacle en el negocio de las drogas.

La negociación entre los productores Colombianos y sus compradores legales, conducirá a una baja desmesurada de los precios, porque cuando la competencia entre los compradores desaparece – los países compradores formarán
un Cartel Comprador – el Cartel Vendedor no tiene otra opción que aceptar el precio ofrecido para no desaparecer. Será cuestión de analizar cuál es el nivel de precios en donde los narcos puedan obtener una exigua ganancia que les impulse a seguir produciendo. Quienes vean que el negocio ya no resulta rentable, se dedicarán a otros negocios, algunos lícitos y otros seguramente no tanto. Pero la perspectiva de que su actividad no será penalizada por los países con quienes hayan llegado a un acuerdo, hará que algunos productores se inclinen por seguir en una actividad ahora legal, aunque sus ganancias sean astronómicamente inferiores.

¿Cuál es la ganancia para los países que adopten esta modalidad? Por una parte, el inmenso ahorro en gastos de seguridad interna, policía, gendarmería, aduanas, y el ahorro en gastos judiciales, en gastos de cárceles y penitenciarías, etc. Por otra parte, el ahorro en gastos médicos para el tratamiento y recuperación de adictos no sería tan grande, al principio, porque en los Shoppings del Placer existirán
Centros de Recuperación y Tratamiento de Drogadicción, a los que acudirán aquellos que deseen recuperarse. Aquí viene la parte macabra del asunto, pero la verdad no puede ni debe ocultarse: la posibilidad de acceder libremente a las drogas, gratis y sin límite de dosis, hará que en un plazo muy breve ocurra una epidemia de sobredosis que eliminará a la mayor parte de los adictos “duros” que no elijan recuperarse. Entonces, a medida de que vayan desapareciendo por muerte los adictos, los gastos médicos bajarán y los ahorros en salud pública serán proporcionalmente mayores.

Lúgubremente, esto dará un
breve pero fuerte impulso al negocio de los servicios fúnebres y cementerios. Quizás George Orwell hubiese escrito un libro llamado “2010” sobre este tema, incluyendo ribetes de ciencia ficción como el “reciclaje” de los cadáveres para fabricar fertilizante para la agricultura y los jardines de los deudos. Los cínicos dirán “Una manera de resultar útiles a la sociedad, por una vez en la vida, aunque sea después de la muerte...” Un aspecto truculento del asunto, pero que no habría que desestimar en el futuro. La realidad generalmente supera a la fantasía más descabellada.

A muchos lectores se les ocurrirán otras posibilidades, ausentes de esta rápida y somera propuesta de legalización de drogas. Me gustaría escucharlas. La reglamentación e implementación del sistema no será fácil, pero puede hacerse si existe voluntad política para hacerlo. Pero si vamos a legalizar y despenalizar las drogas no podemos hacerlo sin una efectiva contención y severas penas para los que quiebren las reglas del juego. No se puede, por los aspectos médicos, psicológicos y fisiológicos expuestos más arriba, despenalizar a las drogas de manera ligera e irresponsable, permitiendo el acceso de la juventud y los niños al veneno, porque además de inhumano y criminal, eso es lo que los lobbies legalizadores de la droga pretenden, para sumir en el caos y la indefensión a los países anotados como víctimas de sus planes.

Quizás me equivoque, pero hasta que me prueben lo contrario, creo estar en lo cierto.

Eduardo Ferreyra
28 de Junio, 2003
Malagueño,
Córdoba, Argentina



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