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Información y Desinformación

Por Eduardo Ferreyra

Bajo ese encabezado, el 28 de octubre de 2003, en la página A20, aparece una noticia en el diario La Voz de Interior de la ciudad de Córdoba – firmada por el redactor Miguel Durán (
mduran@lavozdelinterior.com.ar). El título de la noticia dice:

El día en que una iguana fue más importante que un asalto brutal

El jueves pasado, la noticia oficial más trascendente fue el secuestro de un reptil.
Sobre un atraco con 20 personas amenazadas y/o golpeadas, nada se dijo.

      Faltaba un par de minutos para las 8 de la mañana del jueves 23 de octubre de 2003.
“Qué extraño, las radios de lo único que hablan es sobre el secuestro de una iguana por la Policía Ambiental, pero del asalto comando que sufrimos ayer, no dicen nada,”comentó José Manuel, dirigiéndose a Natalia, su esposa, mientras manejaba y escuchaba la radio, rumbo al trabajo de la mujer.
      Repasando los partes difundidos ese día por el Departamento de Relaciones Policiales, sólo se informa sobre hechos menores registrados el miércoles (nada más que uno contra la propiedad) y la noticia más trascendente - o curiosa, si se quiere – era, en efecto, la referida a “la captura y secuestro de una iguana colorada juvenil de unos 25 centímetros de largo,” en la vía pública.





El resto de la noticia, es la descripción, bastante larga, del asalto sufrido por “el taller de Vespasiani Automotores, ... a eso de las 14:10 horas”, donde se detalla la brutalidad y saña empleada por un grupo commando de 6 delincuentes a cara descubierta, quienes se llevaron el dinero que había en la empresa, además de los efectos personales y las billeteras de unas 20 personas presentes, entre empleados y clientes. Amenazaron a sus víctimas con pistolas 45 y revólveres 357 Magnum, golpeándolas ferozmente para obtener su botín. Alguien perdió varios dientes, otros sufrieron cortes, magulladuras, hematomas, etc. A un empleado viejtio le partieron el labio y le volaron los dientes, y a otro cliente lo reventaron a patadas". Fue un acto de barbarie, uno más entre los cientos que ocurren de manera normal en la Córdoba de los últimos años.

Cuando los damnificados fueron a hacer la denuncia, relata el diario, "La pesadilla de José Manuel continuó en los despachos policiales, ya que lo tenían de una unidad judicial a la Jefatura, y de allí a otra unidad judicial, hasta que finalmente le receptaron la denuncia."

[Nota de FAEC: el verbo "receptar" no existe en la lengua Castellana; es producto de la imaginación febril de los periodistas de hoy, que creen "embellecer" el dioma con sus burradas. La palabra raíz es RECIBIR, de donde se derivan "recibimiento", "recibido", "receptor", "recepción", etc, pero tenemos que soportar leer y escuchar el increíble "receptar", y las monstruosidades "recepcionamiento", "receptación" y "recepcionando". En fin... ].

"Éramos una cola de gente robada. Eramos siete esperando turno por distintos asaltos", se queja José Manuel, al tiempo que alude al silencio oficial, que no difunde los hechos graves que se generan en Córdoba, salvo aquellos en donde hay detenidos y/o secuestros de elementos robados".

O bichitos secuestrados por la Patrulla Ambiental. La Policía pareció no querer informar de los asaltos no resueltos, quizá por aquello de
“¿qué le hace una mancha más al tigre?”, o más probablemente porque ello indica el fracaso de sus planes de prevención del delito, cosa agravada por las numerosas noticias en las últimas semanas sobre investigaciones que involucran a numerosos jefes policiales en hechos delictivos y bandas de malhechores. Nada nuevo, por otra parte. Desde hace años afirmaba yo, con aire de broma, que la única diferencia entre la Policía y los ladrones era que los Policías usan uniforme, y pueden llevar presos a los ciudadanos inocentes con cualquier pretexto. La realidad me ha dado, una vez más, la razón.

Pero el tema de fondo aquí no es ni los asaltos ni las Pandillas Policiales, sino el hecho que las noticias
“ambientales” o “ecológicas” han llegado a tener más importancia en los medios que los brutales hechos policiales, tremendos accidentes en las rutas, la amplia corrupción en la clase política, o lo que es mucho peor todavía, las buenas noticias que siempre llegan a las redacciones de los diarios y televisoras, pero que son desechadas porque no sirven para aumentar el grado de psicosis (ya se ha sobrepasado con creces a la neurosis) que sufre la población.

Bien califica el Sr. Durán al hecho como “Información y Desinformación”. Es la prueba fehaciente de la habitual manera en que los medios se han convertido en cómplices del ecologismo geopolítico, ignorando (sólo algunos de ellos, los menos importantes) el efecto contraproducente que tienen sobre la población del mundo el accionar de las organizaciones embanderadas con la “protección del ambiente”. Al ambiente en sí, le importa un bledo lo que sucede. No es un ser vivo y pensante – como nos quiso hacer creer James Lovelock con su absurda teoría de Gaia, la Madre Tierra, concepto abrazado con fervor fanático por los “ecoloritos” de todo el mundo – sino que es un conjunto de minerales, gases, líquidos, plantas, animales, peces y microorganismos que carecen de la capacidad de sentir alguna emoción acerca de su “salvación” o “perdición”. Cuando el ambiente es desequilibrados por alguna causa, siempre encuentra un nuevo nivel de equilibrio – algunas veces no favorables para los hombres, y otras veces mucho más favorable para la vida humana y otras especies – con contadas excepciones.

Valgan como ejemplos la desecación, en la década del 20, de los pantanos de la región al oeste de Roma conocida como el Pontino, que permitió recuperar para las actividades humanas las regiones infectadas por los mosquitos y la malaria. Es claro, quienes salieron perdiendo en este nuevo equilibrio del ambiente fueron los mosquitos y los plasmodios, pero no vamos a vertir lágrimas por ellos – aunque muchos ecologistas lo hacen aún. La malaria contribuía a mantener altos los índices de mortalidad, y bajos los índices de productividad de la región.

Algo similar, aunque en sentido opuesto, se hizo en Israel, con grandes extensiones ganadas a los áridos desiertos de la Cisjordania, y transformados hoy en fuente de producción de alimentos y lugar donde se puede habitar con cierto confort – si a uno no le molesta el calor.

O en la región de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, donde extensas áreas cubiertas por selvas improductivas fueron transformadas en sembradíos de algodón, maíz, sorgo, trigo, patatas, y actualmente soja. Allí se dejaron, entre chacra y chacra, largas filas de unos 300 metros de ancho de bosques, para servir de barrera a los vientos (fuertes y abundantes en la región), y mantener estables los niveles de evapotranspiración y aporte de humedad a la atmósfera. Funcionó, y muy bien. Los valles entre las colinas de la serranía de San Simón, a unos 250 km al norte de Santacruz, se desmontaron y se usan para la cría de ganado, lo que contribuyó a una más abundante provisión de carne - a menores precios - para la dieta de las poblaciones locales y del resto del país.

Los ejemplos abundan, y sería necesario una enciclopedia para listar todos los casos en donde el cambio y la alteración del
“ambiente prístino y salvaje” tuvo resultados de gran beneficio para los hombres. Las especies animales o aves de la zona no se extinguieron, sino que se mudaron un poco más lejos – lejos del hombre, sus ruidos y sus costumbres molestas. Sin embargo, hasta hoy escuchamos en algunos “micros” de ecología en las radios, que algunos biólogos afirman que “el yaguareté se extinguió en las provincias Argentinas, y sólo se encuentra en las selvas de Misiones”.

Extinción es la desaparición total y definitiva de la faz de la Tierra de una especie, como la del Dodo, de las Islas Mauritus, o la del “tigre de Tasmania”, extraña mezcla de chacal y perro. En cuanto al peligro de extinción de numerosas especies, como el Búho Manchado de California, el mergus octosetaceus (“pato serrucho”) de Misiones, aún gozan de buena salud. Las cifras de la extinción de especies, exagerada hasta el infinito por los ecologistas, nacen de un estudio de proyecciones estadísticas, pésimamente diseñado y peor conducido, que ha sido usado desde entonces para llenar las arcas de muchas ONGs ecologistas, asustando a la pobre gente con una desinformación cuidadosamente diseñada, y mejor distribuida.

Así es que hoy es más importante para los medios publicar noticias sobre
“el secuestro de una iguana”, o de “20 jaulas de pajaritos”, o de “dos monos carayá y un tatú carreta”, que informar a la gente sobre los motivos que impulsan al ecologismo multinacional para terminar de afianzar el sistema neo colonial de los países industrializados.

Es comprensible: los diarios y televisoras están para hacer negocio, y no para ayudar a que la gente se informe como debería. El negocio está en las noticias alarmistas y aterrorizantes. Bien lo saben los asaltantes:
es más fácil sacarles el dinero a los asustados y miedosos que a los prevenidos y entrenados. Las desmentidas no aumentan el tiraje ni el rating, y se desperdicia valioso espacio impreso y tiempo de aire Poderoso Caballero Don Dinero.




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