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Richard Dawkins: la evolución de un creyente

por Carlos Wotzkow
Febrero 21, 2010

Como Richard Dawkins, yo detesto los templos. Detesto además, a todos los intermediarios de Dios. Pero a diferencia de él, también detesto las mezquitas y a los imanes y no sólo a los curas que abusan sexualmente de los niños en Irlanda, sino a todos los religiosos del Medio Oriente que obligan a las niñas a casarse con barbudos de la tercera edad. Detesto aún más, a esa Sharia tolerada por los políticos cobardes del Reino Unido. No lo niego, durante años he admirado el trabajo de Dawkins y he comprado casi todos sus libros, excepto “The God Dilusion”, pero dejemos los motivos de esa selección para más tarde.

No hay nada que afecte más el prestigio de un científico que la arrogancia. Desde hace meses vengo observando los vídeos de Richard Dawkins en contra de la religión. En especial, la virulencia de sus ataques contra la religión cristiana, contra la cual se ensaña como lo haría un islamista. También puedo decir que me ha sorprendido su conferencia en la Universidad de California. En esa charla, intitulada “Estoy Ofendido”, este oportunista hijo de colonialistas en Kenia, se comporta como un comunista del primer mundo ante un público que en Berkeley no podía ser más liberal.

El vídeo expuesto en “YouTube” muestra todo el cinismo y la vanidad de un hombre interrumpido por los aplausos al final de cada frase: “Debemos sentirnos ofendidos cuando se les dice a los niños que pasarán una vida en los fuegos del infierno”, dice una de las consignas dirigidas a una masa de idiotas hipnotizados por la sapiencia del gran predicador. Porque Dawkins, quien se considera un ateo puro y duro, quiere a todas luces convertirse en el Martín Lutero de una nueva biblia intitulada “El Origen de las Especies” .

Muchos de mis amigos (científicos algunos de ellos) son gente de fe. Se trata de seres humanos con unos princi-pios morales y una tolerancia que Dawkins no llega a asimilar. Son gente honesta que aman las fiestas navideñas porque son parte de la cultura en la cual crecieron. Muchos (yo entre los primeros) admiran la obra de Darwin, un hombre fuera de época y extremadamente modesto, cuyas ideas cohesionaron nuestra vocación científica en una Cuba en la cual el adorado debía ser Federico Engels, porque el teísmo, o el agnosticismo de Darwin no igualaba al ateísmo fundamentalista que hoy nos quiere vender el Sr. Dawkins.

El primer Bulldog de Darwin fue Thomas Henry Huxley [1]. Este brillante intelectual defendió la teoría de la evo-lución como no lo ha hecho nadie. Además, lo hizo cuando hacía falta. Su primer trabajo en defensa de la teoría de la evolución fue publicado ya en Noviembre de 1859, un mes después de haber sido publicado el “Origen de las Especies”. Pero defender las ideas científicas dista mucho de intentar convertirlas en textos sagrados y la inten-ción de Dawkins es, la de convertir a Darwin en un nuevo Profeta, y a su obra sobre la evolución, en el “Último Testamento” para el Siglo XXI.

Qué contradictorio, Dawkins es el único científico que mejor me ha convencido del gran valor utilitario que implica creer en Dios y Dios, al parecer, sigue su camino de manera silente, ajeno a la existencia del evolucionista y sus discursos populistas por las universidades del planeta. Quizás fue por la importancia cotidiana que la religion ofre-ce al hombre más simple, que Darwin decía, en una de sus reflexiones sobre la educación religiosa que había reci-bido: “tan bella como es la moralidad del Nuevo Testamento, que apenas puede negarse que su perfección de-pende en gran parte de la interpretación que nosotros le demos ahora a sus metáforas y alegorías”.

Poco importa quien sea el personaje (un minúsculo detalle en el universo de la vida), este será siempre prisionero de sus propias palabras. Imaginen cuán cautivo no serán los científicos arrogantes. Al finalizar la cumbre sobre el cambio climático en Copenhague, el señor Dawkins publicó un editorial en “The Guardian” en el que decía: “No importa lo que usted piense acerca del calentamiento global o si usted piensa que los humanos son responsables de ello, yo pienso que debemos saludar este notable logro de cooperación internacional”. O sea, cualquiera sean sus creencias sobre el Calentamiento Global, luchar contra él hasta arruinar la economía mundial es un sacrificio del cual todos debemos sentirnos felices y orgullosos.

¿Quién podría imaginarlo?: ¡Richard Dawkins: otro creyente del culto del carbono!

El dislate me obliga a responderle entonces de una forma parecida a como Huxley respondió al Arzobispo Wilber-force: "Preferiría ser descendiente de dos creyentes, que ser un ateo y temer enfrentar la verdad”. Sobre todo, porque hay una gran diferencia entre creer en Dios y creer en el Calentamiento Global. Dios, cualquiera sea el grado de credibilidad que usted le otorgue, ofrece esperanzas, guía moral, y conforta a millones de personas en este mundo. El Calentamiento Global por el contrario, es la religión del castigo eterno, de la culpabilidad humana ante naturaleza hecha deidad: los humanos somos todos pecadores en el nuevo Culto del Carbono.

Pero, ¿no es este Richard Dawkins, ahora creyente de la falacia del calentamiento global, el mismo que decía en sus arrogantes charlas universitarias que los creyentes no eran otra cosa que “tercos e ignorantes”? ¿No debe el ser humano apoyar solamente aquello que es “verdad” gracias a las evidencias? ¿Cómo entonces puede Richard Dawkins creer en el culto del apocalipsis climático cuando él mismo afirmaba que: “Yo no estoy bien versado en el clima” ¿Son acaso Phil Jones, Rajendra Pachauri, Michael Mann, o Al Gore, científicos que respetan las evidencias?

La cultura científica, como ha dicho Ed Wilson, puede ser definida “como un conocimiento nuevo verificable, asegurado y distribuido con un crédito justa y meticulosamente dado”. ¿Cómo llamaría Dawkins a la cultura del obstáculo editorial, las mentiras, y la falta de crédito de todos los científicos involucrados y beneficiados por este lucrativo negocio del Calentamiento Global? ¿Cómo puede el pomposo evolucionista convertirse en apologista de miles de datos trucados, de los impedimentos editoriales politizados, o del vergonzoso lucro de los científicos implicados en el IPCC y la Unidad de Investigaciónes Climáticas de la Universidad de East Anglia?

Él mismo decía en el 2008: “Yo estoy bien versado en evolución….y por eso me da alegría poder tomarla con los creacionistas”. Pero Dawkins, ¿no es puro creacionismo inventarse una teoría “científica” y sustentarla con datos falsos? No leyó acaso los e-mails hechos públicos antes de la conferencia de Copenhague? ¿No es una obligación científica informarse ampliamente antes de opinar sobre un tema científico? ¿Por qué Dawkins ignoró entonces cierta literatura en el controversial asunto del cambio climático? ¿Por qué cree entonces que habría que empren-derla contra los escépticos? McCornmack (2) tenía mucha razón cuando le recordó que:”la ciencia sin integridad es mala religión” .

Considerar como un hecho destacado de cooperación internacional los inútiles esfuerzos de las Naciones Unidas para luchar contra el calentamiento global es igual a apoyar la creación de un gobierno mundial que nadie nece-sita; es ignorar que se trata de una “realidad” barnizada de ciencia producida por científicos preñados de agendas políticas e intereses económicos. Para lograrlo, no dudan siquiera en destruir la imagen de otros científicos que opinan parcialmente lo contrario. ¿No es la ciencia un templo donde todo es evidencia racional e imparcial señor Dawkins? Al menos eso me parece haber escuchado.

El odio ciego de Dawkins contra los creyentes lo ha convertido en un fervoroso creyente a él también. Hablar de los horrores de las cruzadas religiosas (sin tener en cuenta los peligros políticos de la época) es como desaprobar al presidente Bush en su cruzada en Afganistán y votar luego por Barak Hussein Obama. Dawkins olvida que los más destacados científicos son los que siempre han construido las armas más letales. O tal vez él crea, como mismo creía Isidor I. Rabi que las armas atómicas son beneficiosas para la evolución porque generan mutaciones genéticas en todas las especies radiadas.

Llega así el momento de mencionar la incuestionable culpabilidad del ser humano en el cambio climático. Como si fuéramos una especie de Dios omnipresente, omnipotente y capaz de modificarlo todo con nuestros actos, Daw-kins nos cree culpables de lo que a todas luces es un proceso natural en el que el sol, los cambios dinámicos en la atmosfera, y la evolución del planeta son los principales protagonistas. Si ese tipo de ciencia es la ideología a la cual debemos someternos para sobrevivir como especies, prefiero la extinción. La ciencia del clima es hoy por hoy la disciplina más deshonesta que existe y terminará colapsada un buen día por la evidencia.

De la misma forma que los fanáticos religiosos son la vergüenza de la fe, los fanáticos del calentamiento global son la desvergüenza de la comunidad científica mundial. Entre estos, Dawkins merece una mención especial, no sólo por creer en ella, sino por la arrogancia que demuestra al creer sólo en un grupo de científicos. ¿Cuánto cobra Dawkins por cada una de sus conferencias? ¿Gana lo mismo que Al Gore? Aunque así fuera, las frases de desprecio que Dawkins lanza en los numerosos vídeos de YouTube contra sus gentiles interlocutores demuestra que su método científico, como sus dislates políticos, es “algoriano”.

¡Que Dios lo perdone! La ciencia climática de Dawkins empieza a sonar como los discursos litúrgicos de la religión musulmana! Sólo que en el culto del dióxido de carbono son dos los profetas adorados (Al Gore y Hussein Obama), pero la amenaza de muerte si somos infieles es la misma, el apocalipsis con altas temperaturas ídem, y la promesa de salvación si seguimos los “suras y aleyas” de Gore y Pachauri no cambian. A los infieles, la más absoluta into-lerancia y la estricta prohibición a todo atisbo de libertad de expresión. Quienes critiquen al nuevo dogma no podrán encontrar empleo ni en las ciencias del espacio.

Regresemos aquí entonces, a las razones que me han convencido de no comprar el libro “The God Dilusion”. Si ustedes se toman el tiempo de ver la entrevista que hizo la BBC al autor (disponible en YouTube y dividida en tres partes) verán un Dawkins políticamente correcto asegurando en más de 5 ocasiones que él sería incapaz de decir frases extremas en contra de los cristianos. Sin embargo, es el entrevistador quién le recuerda que esas mismas frases, cargadas de intolerancia, han sido tomadas de su libro. Resulta patético ver al gurú del ateísmo evolucio-nista reconocer el extremismo de su propia cruzada.

Darwin decía: “Algunos escritores están, sin duda, tan impresionados por el tamaño del sufrimiento del mundo, que dudan si tenemos en cuenta a todos los seres sensibles, y si hay más miseria que felicidad. En mi concepto, la felicidad prevalece decididamente, aun cuando esto sea difícil de probar… Si todos los individuos de una espe-cie tuviesen que sufrir habitualmente a un grado extremo, se negarían a propagar su especie; pero no tenemos razones para creer que esto nunca haya, o al menos frecuentemente, ocurrido. Más aún, muchas otras consi-deraciones nos inclinan a creer que todos los seres sensibles han sido formados como para disfrutar, como regla general, la felicidad” .

No creo equivocarme al afirmar que Darwin siempre estuvo consciente de que el cerebro humano necesitaba de la fe. Ya anciano escribía: “Otra fuente de la convicción en la existencia de Dios, conectada con la razón y no con los sentimientos, me impresiona por tener mucho más peso. Esta se basa en la extrema dificultad o más bien imposibilidad de concebir este inmenso y maravilloso universo… como resultado de un hecho al azar o una nece-sidad. Al reflexionarlo me siento inclinado a ver una Causa Primera como una mente inteligente, en cierto modo similar al la del hombre, y en este caso merezco ser llamado Teísta."

Cuando estudiaba comportamiento animal por los libros de Tinbergen, Alcock y Wilson creí entender que las aves no necesitaban de la experiencia para sobrevivir, sino de la obediencia. Obedecer al instinto de sus genes y a los repertorios de la especie. Nadie enseñaba al Gavilán de Monte cómo construir su nido y sin embargo, este era casi idéntico en forma y tamaño al de los otros gavilanes de la misma especie. Entonces me preguntaba si la religión no sería parte de nuestra propia condición operativa, otro evento biólogico de nuestros genes y no una expresión psicológica. No todos los hombres tenían idénticos dioses, más todos tenían rituales.

¿No serán nuestras creencias religiosas obedientes repertorios dictados por genes particulares? ¿No han aparecido en nuestra existencia y evolucionado según la especie ha ido evolucionado ella misma? ¿Por qué quiere entonces Dawkins, el evolucionista, separar de nuestra anatomía lo que es en realidad un comportamiento biológico y natu-ral? Estoy casi seguro que el valor utilitario que las creencias religiosas producen en la búsqueda de la felicidad, favorecieron nuestra supervivencia y por ende, nuestra evolución. ¿Por qué entonces le molesta tanto a Dawkins que creamos en Dios?

Darwin estaba consciente del valor de la fe como mecanismo de supervivencia y aunque su lado agnóstico lo zarandeaba frente a la sociedad, su educación y sus propias vivencias siempre lo colmaron de dudas. En uno de sus últimos textos el gran científico concluía: “Yo no puedo pretender ofrecer la más mínima luz a esos incom-prensibles problemas. El misterio del inicio de las cosas es insoluble para nosotros; y yo esta vez me sentiré satisfecho de permanecer como un Agnóstico. No hay nada más destacado que la diseminación del escepticismo o el racionalismo en esta última mitad de mi vida”.

Dawkins, por el contrario, nos decía en Berkeley: “Debemos sentirnos ofendidos cuando se les dice a los niños que pasarán una vida en los fuegos del infierno”. ¿Han visto el vídeo de apertura creado por los científicos del calentamiento global para la conferencia del clima Copenhague? Después de hacerlo seguramente se preguntarán: cuán ofendidos nos deberíamos sentir si se les dice a los niños que se ahogarán en desastres de inundaciones si no actúan como creyentes del calentamiento global? Ese es el tipo de educación que Richard Dawkins quiere para nuestros hijos. Esa es la táctica de terror utilizada por los científicos del clima y en los que el gran evolucionista deposita su confianza.

Por eso recomiendo a todos los lectores y a todos mis amigos leerse “El Origen de las Especies” de Charles Dar-win. Es una obra maravillosa e inteligente que todos debemos conocer y no esa “Biblia” que un arrogante y opor-tunista británico nos quiere vender como única guía hacia la salvación. Dawkins se haría un inmenso favor regre-sando al campo de estudios al que ha dedicado su vida y abandonando su guerra contra las creencias de sus semejantes. Le diría como mismo dijeron a la cantante de Dixie Chicks cuando criticó a George W. Bush en uno de sus conciertos: ¡Cállate y canta!

Como corolario quiero agregar una noticia que no hace mucho hizo primera plana en los telediarios de todo el mundo: Las brigadas de salvamento norteamericanas en Haití acababan de sacar a una anciana de entre las ruinas de su casa destruida por el terremoto. Cuando le preguntaron cómo había podido sobrevivir sin beber y sin comer siete días sepultada entre los escombros, la mujer señalo al cielo y dijo que rezando, porque ella estaba segura que Dios la ayudaría. Dawkins seguramente nos dirá que esas plegarias no tienen más efecto que el placebo, pero la realidad es que su ateísmo no produce ese tipo de milagros y no hubiera podido salvarla.

Por esa simple y única razón digo: Dios bendiga al placebo de la fe.

Carlos Wotzkow

Bienne, Suiza, Febrero 2010.

Referencias:

  1. Huxley T. H. Time and Life: Mr. Darwin's "Origin of Species" in Macmillan's Magazine and The Darwinian Hypothesis in The Times.

  2. Mc Cormack P. An open letter to Richard Dawkins: man-made climate change or is science subjective? www.petemccormack.com. 11 pages.




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