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BUSTI Y LAS CUENTAS DE LA DIOXINA

Los números no mienten, los que mienten
son quienes los manipulan

por Luis Anastasía (*)

Los 97 kilos de Busti

No hace mucho tiempo atrás el Gobernador de la Provincia de Entre Ríos, Jorge Busti, afirmaba que las plantas de celulosa arrojarán 97 kilos de dioxinas al río. La cuenta está mal hecha, pero no quisiera atribuirle el error al Sr. Gobernador ya que por tener ese cargo ejecutivo no podemos asumir que sepa todo de todos los temas. Más bien yo diría que sus asesores están equivocados y le pasaron un cálculo que parece bien hecho pero está errado desde todos los ángulos que uno lo mire.

El cálculo está bien desde el dato de partida que la planta Botnia tomará 86.000 m3 de agua del Río Uruguay por día y que en sus efluentes, luego de utilizar esa agua en el ciclo productivo y ser tratada, la concentración de dioxinas en el punto de descarga es de 1 microgramo en cada litro (mgr/l). Para este cálculo tomemos en cuenta que si un metro cúbico de agua equivale a 1 millón de litros y 1 microgramo (mgr) equivale a la millonésima parte, entonces para cada metro cúbico de agua se tiene un gramo de dioxina. Así llega-mos a los 97 kilos, aunque para mí sería 86 kg por día, pero podemos redondear en 90 kg. Hasta aquí las cuentas aparentan estar bien.

Pero lo más lamentable, por lo cual habrían reprobado si hubieran sido alumnos míos, es que acá hay un descomunal error. Tanto en Uruguay como en Argentina y el resto del mundo 1 metro cúbico de agua tiene únicamente mil litros. Mil veces menos que el supuesto de partida que usé para poder llegar al resultado que esgrime el Gobernador Busti y sus asesores. Utilizando los datos correctos, el resultado final de la cantidad que el efluente futuro de la planta de Botnia aportará al Río Uruguay de supuestas dioxinas es de 90 gr por día. Sólo se puede llegar a los kilos que dice Busti después de acumular efluente por 3 años.

Por otro lado debemos considerar también el factor dilución cuando el efluente entra en el caudal del río. De esa manera el resultado es totalmente diferente. El desarrollo es simple, y por favor no se asusten por los números.

En un día tenemos 86.400 segundos por lo que el caudal de descarga del efluente será de 1,03 m3/s (redondeando 1 m3/s), siendo así en cada segundo ingresarán, supuestamente, 1 milésima de gr de dioxina al río (0,001 gr).

Ahora bien, aún cuando los ambientalistas sostienen que el Río Uruguay no tiene corriente o capacidad de dilución, resulta que ese curso de agua tiene un caudal medio de 6231 m3/s (promedio de los últimos 20 años). El caudal máximo registrado en esa zona del río es de 22.504 m3/s. Pero tomemos la peor de las situaciones, usando como dato el caudal mínimo promedio que es de 499 m3/s (redondeando a 500 m3/s). Asumamos que este mínimo es el valor que siempre se puede dar y que además la dilución del efluente ocurrirá sólo cercano a la orilla donde, digamos, hay un 10% de ese caudal, entonces tenemos que esa milésima de gramo de dioxina aportada en cada segundo se diluye en 50 m3 con lo que nos queda un número muy, muy pequeño: 20 microgramos por metro cúbico (0,00002 gr/m3).

Preferí usar metros cúbicos porque así los números quedaban un poco más grande. Si hago el cálculo usan-do litros en lugar de metros cúbicos, recordando el dato de partida de concentración del efluente de 1 mgr/l, el resultado es de 20 nanogr/l (nano es la billonésima parte de un gr). Aún cuando ingresemos en la cuenta el efluente de la planta de Ence, que las dos plantas descarguen el efluente en el mismo punto, y que el río tenga siempre el caudal mínimo, la concentración sigue siendo ridículamente pequeña, insignifican-te y despreciable. Tenga en cuenta que use siempre las peores de las situaciones. Si además hiciéramos estas cuentas con los valores promedios de caudal, serían aún mucho más bajas. Con esto queda demos-trado que Busti y sus asesores están equivocados.

Hablemos de las Dioxinas

En otra nota escrita por mí y publicada en este mismo espacio el día 16 de febrero (Errores del Informe de la CFI – http://www.montevideo.com.uy/noticia_26424_1.html ), sostuve que las dioxinas que potencialmente los efluentes de las industrias de la celulosa pueden liberar al ambiente son exactamente iguales a las que existen en la naturaleza, mono y dicloradas, asimilables y no bioacumubles. Y que no van a producir cáncer, ni deformaciones, ni parálisis cerebral ni mucho menos caída de pelo, o muerte de peces, destrucción del ecosistema del Río Uruguay, por mencionar algunas de las acusaciones dirigidas diariamente a las dioxinas, y por transitiva a los irresponsables uruguayos que permiten que se instalen estas plantas.

Hasta ahora no he leído ni escuchado en ningún medio que los ambientalistas hayan siquiera puesto en tela de juicio lo que sostengo. Puede deberse a dos aspectos, que no me lee nadie (lo que afectaría mi autoes-tima), o que no pueden argumentar en contra porque saben que tengo razón, que no escondo ni tergiverso información o datos.

Expliquemos a todos de qué estamos hablando cuando decimos dioxinas.

Las dioxinas son compuestos orgánicos conformadas por carbono (C), oxígeno (O) e hidrógeno (H) que son tres de los elementos más comunes en este planeta. Tienen una configuración espacial que las identifica, diferenciándolas de otras moléculas que tienen los mismos componentes. Los átomos de hidrógeno que están unidos al carbono son suplantados por átomos de cloro (Cl), también presente en la naturaleza. Así podemos tener dioxinas mono-, di-, tri- y tetracloradas que conforman una familia de 75 congéneres. Si sumamos los isómeros y polímeros llegan a más de 200.

Estas dioxinas son producidas y liberadas en el ambiente por procesos naturales. De hecho hay mayor concentración de dioxinas en el suelo de los bosques que en un suelo industrial. Los microorganismos, con un sistema fascinante de procurarse alimento, degradan la materia vegetal separando la lignina (biomasa de baja energía biológicamente aprovechable) para quedarse con la celulosa. En realidad la actividad industrial de obtención de pasta de celulosa comete es casi un plagio del proceso biológico. Este es uno de los pro-cesos, entre los más comunes, responsable por la presencia de dioxinas en la naturaleza.

¿Cuál entonces, exactamente, es la dioxina a la que se refieren los autodenominados ambientalistas? Hay una sola de todas ellas, una dioxina tetraclorada (2,3,7,8 tetracloro-dibenzo – p – dioxina o TCDD) que además es sólo una de los 22 posibles isómeros de las dioxinas tetracloradas, que ha sido acusada, y aclaremos que en forma alevosamente exagerada, de ser la toxina más peligrosa conocida y sintetizada intencionada o involuntariamente por el hombre. Quien escribió esta noticia por primera vez, tomada de resultados de laboratorio que no son verdaderamente extrapolables, se olvidó del botulismo y del tétanos, toxinas naturales mucho más peligrosas (producidas por Clostridium botulinum y Clostridium tetani respec-tivamente) que la 2,3,7,8 TCDD.

40 Millones de Veces

Creo oportuno comentar que la actividad humana en general, igual que los procesos naturales, también está continuamente generando y liberando dioxinas al ambiente. Pero no voy a recurrir al ejemplo de la leña y el asado, que de tan repetido y cotidiano es hasta aburrido. Las personas usamos cotidianamente un líquido que tiene un potencial de generar dioxinas 40 millones de veces más que el efluente de las plantas de celulosas. En la limpieza y desinfección usamos tradicionalmente, desde hace mucho tiempo y espero que también por mucho tiempo más, hipoclorito de sodio. La concentración en las aguas cloradas de uso común y doméstico en Uruguay es de 40 gr de cloro activo (Cl2) por litro. Si comparamos 1 mgr/l de concentración de dioxinas en el efluente, la concentración entonces de 40 gr/l de cloro molecular (o cloro elemental para usar los mismos términos que los ambientalistas) disponibles para formar dioxinas en cuanto entran en contacto con compuestos orgánicos, es realmente 40 millones de veces más elevada.

Usted dirá que en su casa, de vez en cuando, usa un litro de hipoclorito cada tanto. Como dijimos, en Uruguay la concentración es de 40 gr de cloro elemental por litro (en Argentina es de 60 gr y en Brasil 20 gr, otra cosa en la que no pudimos ponernos de acuerdo en el MERCOSUR). Por año, en promedio, se consumen en este país para uso doméstico unos 8 millones de litros de hipoclorito. Dicho en otras palabras, liberamos al ambiente con nuestras actividades de limpieza y desinfección más o menos unas 320 toneladas de cloro elemental por año. Si resulta un número grande que dificulta entenderlo, pasemos a días, y resulta en 890 k/día. Aclaro que no está incluido en esta cuenta el cloro que se usa en la potabilización del agua, ni en la limpieza y desinfección de tanques de agua en los edificios, ni tampoco otras actividades industriales. Insisto que esto es sólo considerando el uso doméstico de cloro elemental.

Por cierto, valga la aclaración, las plantas de celulosa NO van a utilizar cloro elemental.



(*) Luis Anastasía es licenciado en oceanografía biológica, con tesis de grado en oceanografía física. Es especialista en evaluación ambiental de proyectos y estudios de impacto ambiental y dinámica costera. Es el nuevo miembro de FAEC a la que aporta su larga y valiosa experiencia en temas ambientales. [currículum]


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