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La Dioxina del Gobernador Busti

Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC

Leyendo declaraciones del Gobernador de Entre Ríos, Sr. Jorge Busti, acerca de la cantiad de dioxina que emitirán las plantas que Botnia instalará en Fray Bentos, Uruguay, nos pusimos a repasar algunos datos sobre la dioxina que parece que le asusta tanto, y con ella quiere también, no sólo asustar a los demás pobladores de Entre Ríos –y por qué no del resto de la Argentina- sino que con ese terror a la sustancia pretenden justificar un delito injustificable: la violación a los Artículos 11, 14 y 22 de nuestra Constitución Nacional.

Rápidamente, el Artículo 11 expresa que “Los artículos de producción o fabrica-ción nacional o extranjera, así como los ganados de toda especie, que pasan por el territorio de una provincia a otra, serán libres de derechos llamados de trán-sito, siéndolo también los carruajes, buques o bestias en que se transporten; y ningún otro derecho podrá imponérseles en adelante, cualquiera sea su denomi-nación, por el hecho de transitar el territorio.”

En su artículo 14, la magna Constitución Argentina nos asegura que todos los habitantes de la Nación tiene derechos a “entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino.” Lo cual, conjugado con el artículo 20, se hace extensivo y de aplicación a los camiones chilenos, propiedad de empresas chilenas, quienes se encuadran en este último artículo, que se inicia diciendo, “Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano.”

Y el artículo 22 de la Carta Magna, no es menos claro al momento de decir las cosas: “El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución. Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste, comete delito de sedición.

Una vez reconocido el delito e identificados los delincuentes, de hecho, los ideólogos, y los que lo encubrieron y hasta lo fomentaron, los mismos jueces argentinos no tendrán ningún problema en aplicar el artículo 1109 del Código civil Argentino que estipulada nada más que, “todo el que ejecute un hecho, que por su culpa o negli-gencia ocasione un daño a otro, está obligado a la reparación del perjuicio.”

Me pregunto si las autoridades de la Asamblea Ciudadana Ambientalista, el gobierno de Entre Ríos, y el Gobierno Nacional están concientes de la profundidad del pantano en el que se adentran cada día más –y que con ellos nos arrastran al resto de los ciudadanos argentinos que somos, como siempre, los que terminamos pagando el pato de la boda, los regalos, y el viaje de luna de miel por añadidura.

Todo este tremendo lío, ¿por cuál motivo de peligro inminente está causado? De acuerdo a las declaraciones a la prensa del Sr. Gobernador Jorge Busti, hechas a los medios y publicadas entre muchos otros medios, en La Nación, el peligro espantoso reside en que las plantas emitirán dioxina. Lo dijo así:

"Creo que es un gesto de buena voluntad de [Carlos 'Chacho'] Álvarez, pero Álvarez debería involu-crarse en el tema antes de hacer estas declaraciones en Brasilia o Uruguay y venir a la zona afec-tada y mirar la torre de 120 metros que va a tirar dioxina y pedir datos sobre los 89 millones de litros de agua contaminada que se tomarán por día", dijo.

También se ha cansado de repetir, y todos lo hemos escuchado hablar que las plantas arrojarán al ambiente 97 kilos de dioxina por día. A primera vista, o primera “oída”, parecería una cantidad descomunal. ¿Pero realmente lo es?

Primero se nos ocurrió hacer unos cálculos rápidos para comprobar hasta donde la palabra del Sr. Gobernador es confiable y precisa. “…89 millones de litros de agua contaminada que se tomarán por día" ¿No se le habrá ido la mano? Porque como los seres humanos de esta parte del planeta beben diariamente un promedio de 2 litros de agua por día, se infiere que los 89 millones de litros de “agua contaminada” tendrán que ser bebidos por 89/2 = 44.5 millones de personas. Para ello sería necesario que bebiesen el agua directamente de la planta los 36.223.947 habitantes de Argentina, desde Ushuaia hasta la Quiaca, pero nos están faltando aún 8,277 millones que quieran beber de esta agua venenosa. Añadimos a los 3.241.003 uruguayos, y los 4.152 paraguayos y nos faltan 884.000 habitantes que los pediríamos prestados de la región sur de Brasil.

Terminemos con la pavada. Busti se equivocó, como le pasa a menudo, por hablar mucho, y hablar de más, y no saber mucho del tema por estar mal asesorado. Recuerdo que hace tiempo nos decían algunos maestros, “Uno es dueño de sus silencios, y prisionero de sus palabras,” con lo que nos querían decir que, “Antes de hacer marchar a la lengua, conviene primero poner en marcha al cerebro.”

Volvamos a la Dioxina: ¿Es peligrosa como dicen?

Repasando algunos datos técnicos y científicos sobre la dioxina, nos damos cuenta que no es una pregunta fácil de responder con sí o no. La dioxina constituye uno de los asuntos más emocionales (hasta el histerismo) que existen en el campo de la ecología y su toxicidad ha sido severamente exagerada y abusivamente utilizada por la propaganda ecologista. La dioxina es en realidad un grupo de 75 compuestos diferentes de variada toxicidad (algunos hablan de más de 200 congéneres), de los cuales el 2,3,7,8–Tetra-clorodibenzo-p-dioxina (también conocido como TCDD) es el más peligroso y único de la larga familia de las dioxinas que está considerado con capacidad cancerígena. En algunos herbicidas y otros compuestos clorados se encuentran trazas, partes por billón, de esta dioxina.

Es bueno saber que se detectan muchas dioxinas en concentraciones pequeñas cada vez que se que-man materiales orgánicos, de manera especial, si la combustión es incompleta. De tal manera, la dioxina se produce naturalmente en los incendios forestales, en el escape de los autos, y aún en los materiales emitidos por los volcanes. Es normal producir buenas cantidades de dioxina los sábados y domingos cuando hacemos el popular “asadito” con carbón, leña y brasas.

Los estudios sobre animales tampoco han resuelto el problema de la toxicidad: los cobayos o "guinea pigs" son extremadamente sensibles a la dioxina, que les da un alto nivel de tumores, desórdenes cutáneos, lesiones pulmonares, daños hepáticos, problemas en la sangre, pérdida de peso y muerte, después de exposiciones a dosis muy reducidas. Por el otro lado, los hamsters requieren una dosis 5.000 veces más potente para comenzar a provocar reacciones adversas. Pero las personas no son ni cobayos ni hamsters, y la información científica sobre efectos en los seres humanos ­ aunque abun-dante ­ no ha resuelto definitivamente el enigma. Veamos entonces los hechos comprobados sobre las consecuencias de exponerse a la dioxina:

  1. La Dioxina es altamente tóxica para algunos animales; de muy poca toxicidad para otros.

  2. La dioxina puede ser un potente cancerígeno en los cobayos.

  3. No hay evidencia de que la dioxina provoque cáncer en los seres humanos, ni tampoco de que cause abortos espontáneos o defectos de nacimiento.

  4. No se ha registrado ­ en los Estados Unidos ­ ninguna persona que haya enfermado crónicamente o que haya muerto a consecuencia de alguna exposición a la dioxina.

  5. La única reacción probada que ocurre en los seres humanos como consecuencia de la dioxina es el cloroacné –una forma severa de erupción cutánea, curable con rapidez ­ y, posiblemente, una dis-función nerviosa de corta duración.

  6. La población más fuertemente expuesta –37.000 personas en Seveso, Italia, cuando la planta química ICMESA sufrió una explosión ­ fueron rociadas con una cantidad de dioxina que varía de medio a dos kilos, sufrió cloroacné y algunos desórdenes físicos, pero no se observaron efectos adversos de largo plazo, no se registraron cánceres, ni nacimientos anormales.

  7. Los estudios a largo plazo (más de 30 años) sobre los trabajadores de Monsanto que estuvieron expuestos en 1949 a fuertes concentraciones de dioxina, no mostraron efectos adversos de ninguna clase.

A pesar de todos estos hechos comprobados, Greenpeace le sigue llamando a la dioxina "la sustancia más tóxica conocida por el hombre", lo que demuestra el grado de ciencia, o el de honestidad usado por este grupo fundamentalista.

El Dr. Pierre Lutgen, de Luxemburgo es uno de los expertos más reconocidos del mundo sobre el tema remediación de suelos, incineración y control de emisión de dioxinas, asesor en la materia de países como China, Marruecos, Eslovaquia, varios países de África, y Sudamérica, etc, y escribió un ilustrativo artículo en este mismo sitio de Internet, con el sugestivo título de “La Dioxina es Inocente”, traducción del mismo artículo publicado en la versión en francés de este sitio. Recomiendo su lectura porque la información allí contenida esclarece e instruye de manera espectacular:
http://www.mitosyfraudes.org/Pesti/DioxinaInocen.html

En los suelos de los bosques de la Renania la concentración de dioxinas es de 10 a 100 veces más alta que en praderas y jardines. [2,3,4] Los Suizos acaban de encontrar la misma cosas en sus bosques [5]. Durante la degradación de las hojas y de las ramificaciones para los champiñones se generan los colorofenoles que conducen a las dioxinas [6]. Las peroxidasas bovinas y las de los rabanitos las producen igualmente. Es esta la razón por las que el suelo alrededor de los aserra-deros de troncos y alrededor de las plataformas de compostaje son ricas en dioxinas.

Se han encontrado dioxinas en los sedimentos japoneses de más de 8.000 años [7], en fuertes concentraciones en los depósitos de arcilla [8] en los Estados Unidos, de una antigüedad de millones de años, en las momias de los faraones en las muestras de suelos que datan de la época de Cristo. Se las ha encontrado en importantes cantidades en el sitio arqueológico de una vieja fábrica romana de tejas en Dormagen, en Alemania.

Los incendios de bosques y la incineración silvestre de desechos en el fondo del jardín generan más dioxinas actualmente que los incineradores de residuos equipados con filtros[11]. Y el fuego de las estufas a leña generan diez veces más dioxinas que la calefacción a diesel-oil [12].

Nos da el Dr. Lutgen una visión muy diferente a la proporcionada por la común desinformación de los lobbies ecologistas como Greenpeace o FUNAM:

“Sin embargo, las concentraciones de dioxinas en los alimentos y en los suelos son extremada-mente débiles, del orden de las mil millonésimas de gramo por kg (0,000.000.001 g/kg – que corresponde a un grano de arena en un tren carguero de arena de 20 kilómetros de largo), tan pequeñas que es muy difícil y costoso de detectar. Además, en los suelos las dioxinas están fuertemente ligadas a las partículas de humus o las partículas de hollín, y por consiguiente muy poco biodisponibles.”

“Los estudios realizados en Bochum, Alemania, mostraron que la sangre de los vegetarianos contienen la misma concentración de dioxinas que los no-vegetarianos [13]; lo mismo para los habitantes de las regiones rurales o para los habitantes de las regiones donde la deposición de dioxinas es muy fuerte.[14] Igualmente inexplicable es la fuerte concentración de PCB y dioxinas en los tejidos y la leche materna de los esquimales de Groenlandia [15] o también en los sedimentos costeros de Queensland, Australia [16].”

Y añade algo que nosotros veníamos sosteniendo desde hace años:

En 1987, el profesor A. Okey de Toronto, describió en la revista Cancer Research al receptor en el hombre sobre el cual se fija la dioxina. Descubrió que ese receptor tiene una capacidad de fijación netamente más débil que la de ciertos animales de laboratorio. La especie humana no parece ser una especie particularmente sensible a los efectos de las dioxinas. No se ha detectado ningún caso de muertes humanas debidas a una intoxicación aguda por dioxina, a pesar de los numerosos y graves accidentes en Seveso, Grenoble, Times Beach, Love Canal, Ludwigshafen, Bolsover, Amsterdam.

Pero la prensa había ya saltado sobre estas informaciones porque eran excelentes noticias sensa-cionalistas y permitían aumentar el tiraje de las ediciones [17]. La dioxina se convirtió en el portavoz de los miedos que el hombre de la calle le tiene a todos los productos químicos. El daño así causado al público es muy difícil de reparar.

Las organizaciones ecologistas no perdieron el tren. Este riesgo difuso, en el que parti-cipa la industria, el eterno enemigo, era un regalo de los dioses ideal para inquietar a la po-blación y recaudar fondos. Los políticos desinformados sobre la salud también se subieron al tren que pasaba rumbo a la fuente del catastrofismo y de los fondos de su comercio polí-tico. Los científicos ávidos de subsidios para sus investigaciones se apresuraron de echar leña al fuego.

Y lo siguiente ilustra la inocencia de la dioxina en las acusaciones que El Sr. Jorge Busti le está hacien-do con respecto a la epidemia de cánceres que causarán las emisiones de las plantas que se están instalando en las riberas del Río Uruguay:

“Los estudios hechos sobre los habitantes de sitios americanos contaminados (Times Beach, Love Canal,…) no han logrado poner en evidencia ningún impacto de la dioxina sobre la salud, aunque el suelo contenga niveles de 1000 ppb. Vernon Houk, funcionario de la EPA, responsable de las reubicaciones forzadas de miles de personas declaró en 1992:

“Han sido las experiencias de la EPA sobre los animales las que nos indujeron al error. Sabemos al día de hoy que saturar una rata durante años con una sustancia química, de contar los tumores producidos por estos pésimos tra-tamientos, después extrapolar sobre los seres humanos con un factor de se-guridad de 1.000.000, no tienen ningún sentido científico. Se han dilapidado millones y millones de dólares para nada y para confirmar una cosa eviden-te para todas las sustancias químicas; todas ellas son tóxicas a dosis muy elevadas, pero no lo son a dosis débiles.”

“Raramente exista una sustancia química que haya sido tan estudiada por los científicos como la dioxina.”

Y nos proporciona algunos datos que ayudarán a comprender la magnitud de los riesgos derivados de la contaminación que aportarán las plantas “papeleras” en la región de Fray Bentos, Uruguay:

"Pero a pesar de todo, se continúa queriendo retirar del suelo, del aire y del agua hasta la última molécula de dioxina detectable. Las normas de la EPA ponen a la dosis tolerable para los alimen-tos sumamente baja: 0,006 g por kilo y por día. En el Canadá la dosis tolerable es 1666 veces más alta.

Referencias del Dr. Lutgen

2. H.Krause. Z.Umweltchem.Ökotox., 5,194,1993.
3. Z.Umweltchem.Ökotox. 5.194.1993.
4. M.Joneck et al., Z.Umweltchem. Ökotox., 4,209, 1992.
5. P Schmid et al., Chemosphere, 08.045.2004 (in press)
6. L.Öberg et al., Arch.Envir.Contam.Toxicol., 19,930,1990.
7. C.Tashiro et al., Chemosphère, 20,1533,1990.
8. J.Ferrario et al., Envir.Sci.Toxicol., 34, 4524,2000.
11. P.Lemieux et al., Envir. Science and Technol. Jan.2000.
12. F.Pfeiffer et al. Chemosphere, 40, 225, 2000.
13. P.Wege et al., Organohalen compounds, 13, 13, 1993.
14. U.Ewers et al., Gesundh.-Wes., 56, 467, 1994.
15. E. Dewailly et al., Envir.Health Perspectives, 107, 10, 1999.
16. C.Gaus et al., Chemosphere, 43, 549, 2001.
17. Der Spiegel, 31, 102, 1991
23. Final Report of the Royal Commission, Canberra, 1985.
24. N.Ketchum et al., Am.J.Epidemiology, 149, 637, 1999.
25. M.Fumento, Reason, July 2000, 1.
[c]G. Kayajanian, Ecotoxic. Environ Safety 2000, 46:2, 125-9

La dosis establecida por la EPA como admitida para ingestión diaria por parte de los seres humanos –dosis que no causaría daños, de acuerdo a sus científicos- es de 6 miligramos diarios por kilo de peso –en Canadá es de 9998 miligramos, ó 9,9 gramos, y nadie parece morir ni enfermar de cáncer por ingestión de dioxinas.

Pero, aceptando la cifra ridículamente baja de la EPA, significa que una persona promedio de 70 kg puede ingerir sin problema alguno, 420 miligramos de dioxina por día. No es de extrañarse, entonces, que los 120 microgramos de dioxina que se encuentran en el agua potabilizada con cloro de las ciudades, no sólo no causen ningún trastorno a la salud, sino que sean los responsable de mantener a la población en un estado de salud admirable.

De acuerdo a las declaraciones públicas hechas por el gobernador de Entre Ríos, el Sr. Jorge Busti, las plantas de Botnia y Ence echarán al río un caudal de 89 millones de litros diarios de efluentes líquidos, conteniendo 97 kilos de dioxina. Para simplificar los cálculos mentales, supondremos que se lanzarán 90 millones de litros con 90 kilos de dioxina. Esto se traduce a más o menos 0,9 miligra-mos por litro de agua, o 9000 microgramos de dioxina, cantidad por la cual el Sr. Busti impul-só la formación de piquetes que cortaron las rutas y los puentes que llevan al Uruguay, causando un enorme perjuicio a la hermana república.

Sorpresas te da la Vida...

Sin embargo, para futura desazón del Sr. Busti, los 420 miligramos de dioxina que la EPA nos per-mite ingerir sin problemas para la salud equivalen a 420.000 microgramos, muy lejos de los 9.000 microgramos con que pretende asustar a la gente. En realidad “no pretende” asustar –ya lo logró! Después habrá que pagar los platos rotos. Claro, no los pagará él –lo haremos los habitantes de la Argentina.

Pues bien, las emisiones de dioxina que las papeleras de Fray Bentos harán en sus efluentes al Río Uruguay, están en el orden de UN microgramo de dioxina por litro, a un río que en las proximidades de Gualeguaychú ya contiene una concentración de entre 7 y 9 microgramos de dioxinas por litro, y más abajo, en Las Cañas, entre 20 y 25 microgramos. No quiera usted saber cuál es la con-centración de dioxinas que hay en el Río de la Plata, a la desembocadura del Riachuelo, en la mismísi-ma Buenos Aires, porque pasaremos vergüenza.

Pero, hemos visto hasta ahora que la dioxina presenta problemas muy escasos para la salud humana, porque el hombre es poco sensible a la sustancia. Su receptor de dioxina es muy diferente al de los animales de laboratorio. Si usted no se había ya dado cuenta de ello, el hombre NO es una rata.

La EPA, Agencia de Protección al Ambiente de los Estados Unidos, una organización llena de verda-deros psicópatas verdes, con una regulación insólita e irrazonablemente restrictiva, con una margen de seguridad 1 millón de veces más alto que lo razonable, ha establecido que lo seguro, pero muy seguro, es ingerir unos 420.000 microgramos de dioxina diarios –y dormir sin frazada. Por lo tanto, parece que la Espada de Damocles que nos está señalando Busti –esos 9000 microgramos diarios- no parecen estar pendiendo muy encima de nuestras cabezas, sino que, más que espada, puede resultar ser un boomerang bastante peligroso para sus planes.

A todo esto, alguien sabe cuáles son los planes del Sr. Busti?


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