Hora de Córdoba
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Armas de Fuego y Violencia
Miguel A. Faria, Jr., MD
Ilustración de Juan E. Ferreyra


El rol de la violencia con armas y el crimen callejero en los Estados Unidos es actualmente tema de gran debate entre organizaciones internacionales y nacionales, incluyendo a las Naciones Unidas. A causa de que la Segunda Enmienda de la Constitución protege los derechos individuales de los ciudadanos norteamericanos a poseer armas de fuego privadas, la disponibilidad de las armas de fuego es mayor en los Estados Unidos que en el resto del mundo, con las probables excepciones de Israel y Suiza.

NOTA DE FAEC: Eduardo Ferreyra, presidente de FAEC, es un viejo coleccionista de armas, especializándose en armas de fuego de la Segunda Guerra Mundial, dagas y bayonetas, uniformes, cascos, gorras, boinas de todos los ejércitos del mundo. También fue un activo tirador de polígono, ganando numerosos torneos de tiro en su provincia de Córdoba, Argentina, estableciendo en 1969 el récord de los Primeros Juegos Interindustriales Argentinos para carabina sport calibre .22 LR, 50 metros, brazo libre, con 197 puntos - los últimos 11 disparos pasaron por el mismo agujerito. Tiene una amplia experiencia en el uso de armas de fuego de todo tipo, desde armas de puño hasta morteros de 80 mm. En 1971 tomó parte del Curso de Supervivencia en la Selva y Acciones de Commando, impartido por el Ejército Brasileño en sus instalaciones del COSAC en Manaus, plena selva del Amazonas. Es paracaidista de la reserva de la IVa Brigada Aerotrans-portada de Córdoba.

Su vasta experiencia en el tema le hizo entrenar a sus hijos en el arte del manejo de armas, haciendo que en su casa existan armas de defensa de todo tipo, todas cargadas y listas para hacer fuego, sin que en 50 años de usarlas se le haya escapado accidentalmente un disparo. Su opinión es que sólo la práctica intensa en el manejo de las armas y un uso criterioso de las mismas minimiza el peligro de accidentes. Las armas, por sí mismas, son tan culpables de muertes violentas como los automóviles, trenes y aviones. Las armas son herramientas destinadas a un uso específico, y es el usuario de esa herramienta quien debe ser responsable por su impericia o su abuso.

Es un convencido partidario de tener armas en el hogar para la defenderse de posibles asaltos, vista la clara incapacidad demostrada por muchas fuerzas policiales para garantizar la seguridad de los ciudadanos. Pero recomienda a quienes se decidan a armarse en defensa propia que lo hagan cumpliendo todos los requisitos exigidos por las leyes, que se familiaricen a fondo con el uso de ellas, hasta que la manipulación de un arma de fuego se convierta en algo embebido en el subconciente. La prudencia y el tino son las bases de un uso seguro. Pero, si deciden usar un arma para la defensa personal y de su familia, deben estar profundamente convencidos que no caben décimas de segundo de duda: los delincuentes no dudan jamás en matar, si ello le asegura el éxito de su crimen. Si saca un arma para defenderse, esté dispuesto a usarla hasta las últimas consecuencias. La máxima que debe imperar en este respecto es :"Es mejor que te juzguen tres, y no que te carguen seis".





El “Cuco”: la Facilidad de Obtener Armas

No obstante, muchos individuos y organizaciones, en particular la American Medical Association (AMA) y el Establishment de la salud pública Americana están preocupados por el número de muertes por armas de fuego en los EEUU – 30.000 muertes promedio anualmente durante la década pasada, y la han llamado “una epidemia en la salud pública”. Además, investigadores de salud pública claman que las heridas violentas a causa de las armas de fuego afectan de manera desproporcionada a los niños mayores y adolescentes; trágicamente, hasta 4.000 de estas muertes ocurren entre adolescentes y adultos jóvenes. Anualmente, los suicidios toman cuenta de 12.000 muertes por armas de fuego, los homicidios son 10.000, y las muertes accidentales por otras 5.000 muertes.

En algunas ciudades, el 23 por ciento de los estudiantes han sido testigos de violencia en sus escuelas y un 12 por ciento de los jóvenes han llevado alguna vez un arma a la escuela. Con estas alarmantes estadísticas, no resulta sorprendente que muchos americanos crean que se debería hacer un mayor esfuerzo para imponer más severamente las 20.000 leyes sobre armas que ya existen, y que en muchos caos no están debidamente cumplidas, en particular aquellas relativas a mantener a las armas fuera del alcance de los menores, los enfermos mentales y los elementos criminales.

Por consiguiente, los Establishment médicos y de salud pública apoyan fuertemente las medidas de control que ellos creen que reducirán el acceso a las armas de fuego y la violencia armada. Hasta la influyente AMA se ha unido a esta campaña política, alentada por editores de publicaciones médicas, funcionarios de gobierno, y los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

Para promover esta campaña, el Establishment de la salud pública, incluyendo a la AMA y al CDC, han propuesto el modelo epidemiológico/salud pública para la investigación de las ramas y la violencia, que se casa con el concepto de armas y balas como patógenos virulentos que deben ser erradicados por medio del restringido acceso y, en última instancia, por la erradicación de las armas de la población civil. DE manera similar, la ONU ha emitido repetidas proclamas a la población mundial denunciando al tráfico de armas pequeñas y la posesión de armas por parte de los ciudadanos como una amenaza global.

El Debate del Control de Armas en la Salud Pública

Con un entusiasmo casi mesiánico, algunos funcionarios de salud pública y médicos han saltado al debate sobre el control de armas con un vigor sin precedentes. Katherine Christoffel, M.D., una pediatra y una de las fundadoras del Plan de Reducción de la Epidemia de Armas (HELP, por Handgun Epidemic Lowering Plan), una rígida organización para el control de las armas, ha declarado, por ejemplo: “... Las armas son un virus que debe ser erradicado. Debemos inmunizarnos contra ellas.” Más adelante dice: “... Deshágase de los cigarrillos, deshágase del fumador pasivo, y se liberará de las enfermedades pulmonares. Lo mismo para las armas: deshágase de las armas, deshágase de las balas, y se liberará de la muerte.”
[1]

El Dr. Jerome Kassirer, un ex editor en jefe del New England Journal of Medicine (NEMJ), estableció el concepto de que, cuando se refiere a las armas de “asalto”, él suscribe la política de “no son necesarios los datos”, del NEJM, y asegura que si un pequeño control de armas no funciona, entonces es necesario más control de armas. “Si todavía seguimos encontrando que ellos quieren controles de armas, deberíamos estar justificados apoyando restricciones aún más severas.”

Pero hay un gran obstáculo que se interpone en su camino. La Segunda Enmienda de la Constitución de los EEUU dice: “Un Milicia bien reglamentada, siendo necesaria para la seguridad de un Estado Libre, el derecho del pueblo a tener y portar armas, no será contravenido.” Los grupo de médicos en pro de la Segunda Enmienda – tales como los Médicos para una Propiedad Responsable de Armas ( DRGO, por Doctors for Respionsible Gun Ownership) dirigido por Edgar Suter, M-D. – no están de acuerdo con la aplicación del modelo epidemilogía/salud pública de control de armas. Ellos contraponen ese prejuicio en contra de la propiedad de armas, diseminado en la comunidad de la salud pública a pesar de la objetividad profesional y la integridad de la investigación científica.

Wheeler y Suter han denunciado un patrón de sesgo en contra de las armas de fuego que impregna la literatura médica y de la salud pública que ignora la importancia de la responsabilidad individual y la conducta moral. Ellos citan autoridades como el Dr. Mark Rosemberg, el ex director del Centro Nacional de Control y Prevención de Heridas del CDC (NCIPC), quien en 1994 le dijo al Washington Post, “Necesitamos revolucionar la manera en que vemos a las armas, de la manera que lo hicimos con el cigarrillo. Ahora es [sic] sucio, mortal y prohibido.”
[1]

Pocos funcionarios en la salud pública, como el Dr. C.J. Peters, jefe de la Rama de Patógenos Especiales del CDC, han expresado preocupación sobre la dirección que ha tomado la salud pública, e informó en el Pisttsburgh Post-Gazette,en medio de la controversia de 1996 sobre el estudio (control) de armas pagado por los contribuyentes, “El CDC tiene que ser cuidadoso de no meterse en temas sociales... Si hacemos esto, deberíamos comenzar un centro para el cambio social. Deberíamos mantenernos dentro del campo médico.”
[1]

Funcionarios de la salud pública han seguido tradicionalmente los Postulados de Patogenicidad para investigar, diagnosticar y tratar o controlar enfermedades epidémicas. Estos pasos desarrollados por el ilustre patólogo Alemán Robert Koch (1843-1910), que declaran:

Primero: el germen debe hallarse creciendo en abundancia en cada paciente y en cada trejido enfermo.

Segundo: el germen debe ser asilado y criado en el laboratorio.

Tercero: el germen purificado debe causar la enfermedad nuevamente en otro huésped.

Los postulados de Koch han sido demostrados por el tiempo, series simples y lógicas de pasos científicos realizados por investigadores médicos para probar definitivamente que un microorganismo es patógeno y directamente responsable de causar una enfermedad en particular. Los Postulados no se aplican al problema de las armas y la violencia,. La violencia armada es un aspecto de l criminología, y no de la medicina. Las armas y las balas no son patógenos virulentos sino objetos inanimados que son esgrimidos por individuos que deberían ser declarados responsables cuando los usan equivocadamente.

A despecho de una enorme abundancia de estudios científicos y epidemiológicos en la literatura sociológica, legal, y criminalística que discuten los beneficios de la posesión de armas por parte de los ciudadanos obedientes de la ley – los médicos y el público en general no está siendo informado por la AMA, el CDC y sus conexiones con las publicaciones médicas.

Ciudadanía y los Aspectos Beneficiosos de la Posesión de Armas

Recientes estudios en la literatura criminalística, sociológica y jurídica muestra que el uso de armas defensivas por los ciudadanos se eleva a 2.5 millones de usos por año, y minimiza el uso ofensivo de las armas por los criminales. Entre 25 y 75 vidas son salvadas por las armas por cada una de las vidas perdidas por el uso de ellas. Los costos médicos ahorrados por el uso de armas en manos de ciudadanos responsables son 15 veces más altos que los costos incurridos por el uso criminal de las armas. Las armas también previenen heridas a la gente buena y protege miles de millones de dólares de propiedad privada todos los años.

Más aún, los actuales costos de la salud en los EEUU para tratar heridas de armas de fuego es de aproximadamente $ 1.5 mil millones, lo que representa menos del 0.2 por ciento de los gastos anuales de salud en los EEUU. La cifra de $ 20 a 40 mil millones frecuentemente citada en la literatura médica, se descubrió que ha sido una exageración deliberada de las estimaciones de la productividad perdida en toda una vida, donde cada víctima de un crimen se supone que si esa vida no hubiese terminado prematuramente, se habría convertido en una rico y exitoso ciudadano. La realidad apunta hacia otro lado. Muchas “víctimas” son elementos criminales que han ido muertos en el acto de perpetrar serios crímenes, ya sea por la policía o por los cidadanos respetuosos de la ley actuando en defensa propia.

Desde por lo menos mediados de los año 80, el Dr. Arthur Kellermann, de la Universidad Emory, cuyos trabajos fueron financiados por el CDC, publicó una serie de estudios intentando mostrar que las personas que tienen armas de fuego son más proclives a ser víctimas de homicidios que aquellos que no tienen armas. En un estudio del NEJM, los Dres. Kellerman y Donald T. Reay afirmaron que el defenderse uno mismo o a la familia con un arma en el hogar es peligroso y contraproducente, notando que “el propietario de un arma de fuego tiene 43 veces más probabilidades de matar a un miembro de su familia que al intruso.”
[2] Esta conclusión, no obstante, fue severamente criticada por numerosos investigadores, que no sólo han discernido evidencia de errores metodológicos y conceptuales en el estudio, sino que también encontraron que los autores, muy significativamente, no consideraron y despreciaron los efectos protectores de las armas. [3, 5]

Por otro lado, el Prof. John R. Lott, Jr., revisó la masiva estadística anual del FBI para todos los 3054 condados de los EEUU para 18 años (1977-1994), la evaluación nacional más extensa hecha sobre la propiedad de armas de fuego y la documentación de las policías estaduales sobre el uso ilegal de armas. La información muestra que, mientras que ni el período de espera [para la entrega de armas después de su compra legal] ni la ley Federal Brady está asociada con la reducción en los índices del crimen, la adopción de leyes que permiten la portación de armas bajan los índices de muertes en tiroteos públicos (por ejemplo, como los que hubo en Dunblane, Escocia, y Tasmania, Australia, en 1996, o el infame tiroteo de la escuela secundaria Columbine, en Littleton, Colorado, en 1999) – en un asombroso 69 por ciento.

Permitir que los ciudadanos respetuosos de la ley porten armas desalienta al crimen violento .. sin el aparente aumento de muertes accidentales. Si los Estados que carecen de leyes que permiten la portación de armas las hubiesen adoptado en 1992, se habrían evitado anualmente unos 1570 asesinatos, 4177 violaciones, y 60.000 asaltos agravados.
[6]

En la encuesta del Prof. Lott, se encontró que los jóvenes de 14 a 15 años de edad tenían 14,5 veces más probabilidad de morir en accidentes automovilísticos, 5 veces más por ahogarse, fuego y quemaduras, y 3 veces más a causa de accidentes de bicicleta que de morir a causa de un accidente con armas de fuego.

Cuando las leyes autorizando la portación de armas entraron en efecto en diversos condados, los asesinatos disminuyeron un 8 por ciento, las violaciones el 5 por ciento, y los asaltos agravados en un 7 por ciento.

Suicidios, Accidentes, Niños y Armas

Muchos investigadores sobre armas han escrito acerca de suicidios y han ligado estas fatalidades a la disponibilidad de las armas.
[7] Los críticos médicos, sin embargo, citan la abrumadora evidencia compilada de la literatura siquiátrica sobre que los verdaderos culpables de las relativamente altas tasas de suicidios en los EEUU son las depresiones mal manejadas o sin tratamiento. Además, países como el Japón y Hungría, y en Escandinavia –todos los que tienen leyes de control de armas draconianas– tienen índices de suicidios mucho más altos (2 y 3 veces mayores) que los EEUU [5, 8, 9]

En esos países, los ciudadanos simplemente usan métodos culturales o universalmente disponibles, tales como el hara-kiri en Japón, ahogándose en el Danubio, como en Hungría,, sofocándose (con gases venenosos como los de hornos hogareños o escapes de automóviles), o simplemente colgándose o estrangulamiento como en Dinamarca y Alemania, a aún bebiendo pesticidas agrícolas como se hace comúnmente en Sri Lanka. Y en estos países, los ciudadanos cometen suicidios muy efectivamente por estos métodos a una tasa mayor que en los Estados Unidos (Figura 1).

La muerte de un niño por cualquier causa es una tragedia. En el 2000, 600 niños y adolescentes murieron a causa de heridas accidentales por armas de fuego, 2700 murieron en accidentes de automóviles, 3800 niños murieron por quemaduras, 3900 lo hicieron ahogados, y 12.100 murieron envenenados. Todas estas son tragedias, pero por ello querríamos prohibir a los automóviles, los fósforos, las piletas de natación, y los productos químicos hogareños? Los índices de muerte por armas de fuego en los Estados Unidos han estado disminuyendo sostenidamente desde la mitad del siglo 20, a causa del énfasis impuesto en la seguridad de las armas y cursos de educación, incluyendo al programa Eddie Eagle de la National Rifle Association, que ha alcanzado a casi 11 millones de jóvenes en los Estados Unidos. (Figura 2)

En cuanto a la violencia juvenil se refiere, más de 20.000 leyes están ya en lo libros, incluyendo una apreciable cantidad relacionadas con la proscripción de la posesión de armas de puño por los menores y prohibiendo las armas en las escuelas. Sin embargo, a pesar de la sensacionalismo del crimen creado por los medios, las ultimas estadísticas del FBI para el año 2000 muestran que, lo mismo que la poco conocida disminución de los accidentes por armas de fuego, también hubo una sostenida declinación de los índices de homicidios para cada uno de los segmentos de la sociedad norteamericana. De hecho, en los Estados Unidos, los asesinatos y crímenes violentos han alcanzado su punto más bajo en los últimos 30 y 25 años, respectivamente. Lo contrario ha sucedido en Australia y la Gran Bretaña.

Violencia por las Armas y las Libertades civiles:
Perspectiva Internacional

Los Australianos están aprendiendo de manera muy dura la lección de las leyes indiscriminadas y draconianas del control de armas de fuego. En 1996, un hombre criminalmente insano mató a 35 personas en un lugar de vacaciones de Tasmania. El gobierno respondió de inmediato con una estricta ley de control de armas de fuego, prohibiendo casi todas las armas, y ordenando su inmediata confiscación. Se confiscaron más de 640,000 armas de los comunes ciudadanos Australianos.
[10]

Como resultado, hubo un agudo y dramático aumento en los crímenes violentos contra los indefensos ciudadanos obedientes de la ley, quienes, en las comunidades pequeñas y las áreas rurales están incapacitados para defenderse por sí mismos de bandoleros y asaltantes. Ese mismo año, en el estado de Victoria, hubo un incremento del 300% en los homicidios cometidos con armas de fuego. Al año siguiente, los robos aumentaron casi el 60% en el Sur de Australia. Para 1999, los asaltos se habían incrementado en la Gales del Sur en casi el 20%. Dos años después de la prohibición/confiscación de armas, los asaltos armados crecieron 73%, los robos sin armas el 28%, los secuestros el 38%, los asaltos el 17% y los homicidios el 29%, de acuerdo con el Buró Australiano de Estadísticas.

De manera interesante, lo mismo en Gran Bretaña. Después de una masacre en 1986 de niños en una escuela de Dunblane, Escocia, por parte de un loco, el gobierno Inglés prohibió y ordenó la confiscación de la mayoría de las armas de fuego. Desde entonces, se instaló en Inglaterra y Escocia una horrible ola de crímenes. En 1998, el Departamento de Justicia de los EEUU declaró que el índice de asaltos callejeros en Inglaterra había sobrepasado a los EEUU en un 40%, mientras que los asaltos domiciliarios y robos eran casi el 100% más altos en Inglaterra que en EEUU.

Para empeorar las cosas en Inglaterra –y esto es también cierto para Canadá– en esos países donde los ciudadanos están desarmados en sus propios hogares, los asaltos son cosa común y peligrosa porque los criminales saben que no se les disparará si son sorprendidos en flagrante delito. No es lo mismo en los EEUU, donde los asaltantes prefieren los robos nocturnos, pero tratan de asegurarse de que los dueños de casa están ausentes para no ser repelidos con armas de fuego por sus víctimas.
[11]

La creciente ola de bandolerismo y robos en Inglaterra ha calificado a Gran Bretaña como “una nación de ladrones”, escribió el London Sunday Times (Enero 11, 1998), que hizo notar: “Más de uno en cada tres de los hombres en Inglaterra tiene un registro criminal para la edad de 40 años. Mientras que los Americanos han disminuido sus índices de criminalidad de manera dramática, Gran Bretaña permanece siendo la Capital del Crimen de Occidente. ¿En qué nos hemos equivocado?

Dependiendo del nivel de cultura y progreso social, la violencia puede tomar formas diferentes en distintas sociedades. Por ejemplo, a mitad del siglo 20, el dictador comunista Josef Stalin mató a más ciudadanos soviéticos a través de privaciones, trabajo forzado y hambrunas, que los que murieron en los campos de batalla Rusos luchando contra los Alemanes en la 2ª Guerra Mundial.

Más recientemente, en 1994, el gobierno de Rwanda, liderado por los Hutus masacró entre 800.000 y 1,1 millón de personas, en su mayoría Tutsis, en un genocidio llevado a cabo, en gran parte, mediante machetes esgrimidos por las fuerzas del gobierno. Las masacres tuvieron lugar a despecho de la cercana presencia de las tropas “pacificadoras” de las Naciones Unidas armadas con ametralladoras y que se rehusaron a intervenir.

En un interesante artículo, los investigadores Andrés Villaveces y asociados, informaron sobre el efecto de una prohibición de armas sobre los índices de homicidio en las ciudades Colombianas de Cali y Bogotá.
[12] Los autores fueron cuidadosos en hacer notar que la prohibición indiscriminada de la portación de armas afianzadas por medio de medidas policiales intrusivas como los retenes de inspección en rutas y calles, búsqueda y confiscación de armas durante detenciones del tráfico, etc., pueden no tener un efecto similar en ciudades donde los homicidios son menos comunes. A pesa de ello, en aquellas ciudades Sudamericanas con altos índices de crímenes y donde el narcotráfico es también un serio problema, las medidas dieron como resultado una reducción en los índices de homicidios. Algunas autoridades argumentan que tales medidas podrían y deberían ser usadas en los EEUU (y quizás en Inglaterra y Australia) para reducir las tasas de homicidios y la violencia con armas de fuego.

Los oponentes contraatacan con argumentos constitucionales y libertarios, y hacen notar las grandes y profundas diferencias culturales y políticas entre los EEUU y países como Colombia, despedazados por severas luchas políticas internas e inestabilidad social. Los estudios en los EEUU, como se ha mostrado previamente, han demostrado que la portación oculta de armas realmente reducen el crimen en aquellos estados en donde han sido implementadas. El uso sin regulación de la portación de armas en ciudades como Cali y Bogotá (114,6 y 60 homicidios por 100.000 personas-año, respectivamente, y 88 por cada 100.000 para toda Colombia) no pueden compararse satisfactoriamente con los EEUU (9,7 por cada 100.000), donde se tiene un sistema controlado y regulado por el estado de licencia de portación oculta de armas.

La situación en Colombia, un país virtualmente privado de la ley e inmerso en la anarquía, guerra civil, y actos diarios de terrorismo, no es análogo a los EEUU, una república constitucional imbuida con libertades individuales y el imperio de la ley.

Conclusión

Muchos educadores y criminólogos aseguran que tenemos que poner la culpa de la violencia donde tiene que estar. Una creciente cultura permisiva que ha estado durante años basada en la corrección política, y donde las escuelas públicas no enseñan más la moral tradicional y la diferencia entre el bien y el mal, llevando a ética de situación y relativismo moral. Para detrimento de los niños, el desarrollo de la autoestima ah sido puesta por delante de la moral personal, y de la enseñanza de diferenciar entre el bien y el mal. Hay también una falta de disciplina en el hogar y en las escuelas a causa de que los padres y maestros temen reprender a los jóvenes por miedo a ser denunciados por trabajadores sociales, acusados de abuso de niños, y procesados por el estado.

Un estudio de la Oficina de Justicia y Prevención de la Delincuencia Juvenil, del Departamento de Justicia de los EEUU, rastreó a 4.000 juveniles entre las edades de 6 a 15 años, en Denver, Colorado, Pittsburg, Pa., y Rochester, NY., desde 1993 hasta 1995. Los investigadores hallaron que los niños que usan armas de fuego bajo la supervisión de sus padres, como cazar i tiro al blanco, cometen menos actos de violencia y crímenes callejeros (14%), que los niños que no tinen armas de fuego en sus casas (24%), mientras que los que obtienen armas ilegalmente lo hace a una elevada tasa de 74%.
[13]

Este estudio suministra, además, más evidencia de que en los núcleos familiares más cerrados, donde los niños están en cercano contacto con su padres, a los jóvenes se les puede enseñar el uso responsable de las armas. Estos jóvenes, de hecho, crecieron hasta ser responsables de sus conductas y más civiles en su comportamiento.

Podemos ser compasivos y aún seguir siendo honestos, y tener el coraje moral de procurar la verdad y hallar soluciones viables a través del uso de sanas investigaciones escolares. El problema de las armas de fuego y la violencia no debería ser diferente. [14] Tenemos la obligación de llegar a conclusiones basadas en información objetiva e información científica más que ideología, emoción o política partisana.

Referencias

  1. Faria MA Jr. The perversion of science and medicine (Part I): On the nature of science; (Part II): Soviet science and gun control; (Part III): Public health and gun control research; (Part IV): The battle continues. Medical Sentinel 1997;2(2):46-53 and Medical Sentinel 1997;2(3):81-86.
  2. Kellermann AL, Reay DT. Protection or peril? An analysis of firearm-related deaths in the home. N Engl J Med 1986;314:1557-1560.
  3. Suter E. Guns in the medical literature --- a failure of peer review. J Med Assoc Ga 1994;83(3):137-148.
  4. Kopel DB. Children and Guns in Guns Who Should Have Them, New York, NY, Prometheus Books, 1995, pp. 309-443.
  5. Faria MA Jr. Public health and gun control --- A review (Part I): The benefits of firearms and (Part II): Gun violence and constitutional issues. Medical Sentinel 2001;6(1):11-18.
  6. Lott JR Jr. More Guns, Less Crime --- Understanding Crime and Gun Control Laws. Chicago, IL, University of Chicago Press, 1998.
  7. Sloan JH et al. Firearm regulations and rates of suicide: A comparison of two metropolitan areas. N Engl J Med 1990:322:369.
  8. Kopel DB. The Samurai, the Mountie, and the Cowboy: Should America Adopt the Gun Controls of Other Democracies? Buffalo, New York, NY, Prometheus Books, 1992.
  9. Kates DB, Schaffer HE, Lattimer JK, Murray GB, Cassem EH. Guns and public health: epidemic of violence or pandemic of propaganda? Tennessee Law Review 1995;62:513-596.
  10. Faria MA Jr. Gun control in Australia - chaos down under. Medical Sentinel 2000;5(3):107.
  11. Faria MA Jr. More gun control, more crime. Human Events, July 9, 1999, p. 654.
  12. Villaveces A, Cummings P, Espitia V, et al. Effect of a ban on carrying firearms on homicide rates in 2 Colombian cities. JAMA 2000;283(9):1205-1209.
  13. U.S. Department of Justice, Office of Juvenile Justice and Delinquency Prevention, "Urban Delinquency and Substance Abuse," 1999, p. 18, http://www.ncjrs.org/html/ojjdp/nationalreport99/toc.html.
  14. Bennett JT, DiLorenzo TJ. From Pathology to Politics: Public Health in America. New Brunswick, NJ, Transaction Publishers, 2000. See also the review of this book by Faria, MA Jr. Public health - from science to politics. Medical Sentinel 2001;6(2):46-49.

Miguel A. Faria, Jr., M.D., Editor emérito del Medical Sentinel de la Association of American Physicians and Surgeons (AAPS), http://www.hacienda pub.com. Este artículo está extractado en parte de Medical Warrior: Fightning Corporate and Socializaed Medicine, y actualizado de previos escritos sobre el tema. Copyright©2002 Miguel A. Faria, Jr., MD.

Originalmente publicado en el Medical Sentinel 2002;7(4):112-115, 118. Copyright ©2002 Association of American Physicians and Surgeons.




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