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Lo insostenible de la sustentabilidad

Por Prof. Philip Stott
[Traducido y adaptado por Eduardo Ferreyra]
Lunes, 17 de abril, 2006-04-22

Si llego a escuchar una vez más la palabra “sustentable”, o la aberración “sostenible”, juro que buscaré en la heladera mi jugo importado de naranjas orgánicas [de Suecia, vía California, vía Florida, vía … toneladas de vía aérea por trago]. Ya hemos escuchado todo esto antes. ¿Se acuerda de 'Límites al Crecimiento', 'Pequeño es Hermoso', 'Proyecto para Sobrevivir'? Estos eran los utópicos del 'flower power' de los espantosos años 70. El más reciente de los informes de la Fundación Nueva Economía (NEF) sale escupido del mismo molde: “Gran Bretaña se está comiendo al planeta,” (BBC Online Science/Technology New, 11 de abril –vale la pena de ser citado):

    “La Gran Bretaña está a punto de agotar sus recursos naturales y convertirse en dependiente de la provisión de alimentos del extranjero, dice un informe”.

    Un estudio del New Economic Foundation (NEF) y la Open University dice que el 16 de abril será el día cuando la nación entre en la 'deuda ecológica' este año.”

Santo Cielo! Hablan de recubrir el huevo de Pascua del comercio exterior con chocolate. La Gran Bretaña no ha sido agriculturalmente autosuficiente desde el siglo 17! ¿Pregunto yo: ¿y el Día de la Deuda Ecológica? ¿Qué tal un 'Día del Beneficio del Intercambio Comercial'? Y hay abundante evidencia de que mientras más elegante es la “pisada ecológica” mayor será la recuperación ecológica que le sigue. Por cierto que es tiempo de sacarnos las sandalias y ponernos esos tacones altos de los planificadores.

Ahora bien, el 'Ciudadano Desconocido' de W.H. Auden muy bien podría preguntar: “¿De qué diablos trata este asunto de la sustentabilidad?”

La sustentabilidad es una clásica frase vacía que Pepe Político puede usar para querer decir cualquier cosa. 'Desarrollo sustentable' nació de las agendas de la Izquierda Verde de los años 70 y 80, incluyendo tales apocalípticos términos como 'bomba de tiempo poblacional' y 'límites al crecimiento', conceptos que han demostrado, una y mil veces, ser falsos profetas.

'Sustentabilidad' recibió su bautismo de fuego en la Comisión Mundial sobre Ambiente y Desarrollo de 1987 (aunque sus raíces son neo-Maltusianas), pero ganó rápidamente hegemonía durante la Conferencia sobre Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas (UNCED) vulgarmente conocida como 'Río 92'. La Cumbre de Río 92 generó un programa, la Agenda 21, para implementar el 'desarrollo sustentable' en todo el mundo. El reciente festival verde de Johannesburgo fue algo así como un Río +10, un desvaído intento de revitalizar al sistema de la ONU para el “desarrollo sostenible'. (Puajj!, qué feo que suena, pero finalmente me atreví a decirlo como lo hacen los verdes.)

Pero, ¿qué es hoy el 'desarrollo sostenible' y cómo se relaciona con la realidad ecológica, política y económica? En 1987 fue definido como “desarrollo que contempla las necesidades de la actual generación sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer sus necesidades”. Este era un laudable sentimiento de madre sobre protectora y sopa de Quáker, pero ¿cómo ha funcionado?

Hoy en día, 'desarrollo sostenible' es una frase omnipresente, políticamente correcta, un paliativo con hermoso sonido para el inexorable e inevitable cambio mundial. Ha sido puesto en un plato adornado como un placebo para los ecocondríacos de todo el mundo. Oculta el hecho que los cambios ecológicos y económicos son la norma y no la excepción; que las soluciones de equilibrio son metas imposibles; y que habitamos un mundo muy perturbado, no en equilibrio, en donde los volcanes erupcionan, los terremotos suceden, los tsunamis inundan, los mares suben (y bajan), y el clima cambia, bajo influencia humana o natural.

Lo mismo que los tigres del Mulá Nasrudín (1) (“Pero no hay tigres en esta región!” –“¿Vió? Funciona!”), el 'desarrollo sostenible' acecha por todas partes, en documentos del gobierno, en los informes a los accionistas, y en las aplicaciones para solicitar fondos para investigar riesgos que no existen, de catástrofes que no ocurren. Sin el 'desarrollo sostenible' usted no obtiene el dinero. Para los negocios, es una impecable palabra de comunicaciones, toda Relaciones Públicas e inversiones 'éticas', pero que no significa absolutamente nada en la práctica; para los científicos significa 'Por favor, déme dinero para mi investigación', y para los políticos “sus hermosos Votos Verdes”.

El gran problema, sin embargo, surge cuando los autoritarios, neo-puritanos ecologistas secuestran la frase para su uso personal. Entonces, “desarrollo sostenible” se convierte en “ningún crecimiento”, o “crecimiento limitado” de un tipo sólo aprobado por unas pocas elites – granjas eólicas, sí; centrales nucleares, no; orgánico, sí; genéticamente modificado, no. Esta es la razón por la que las organizaciones ecologistas pintan a las empresas y los negocios como el archienemigo del “desarrollo sostenible”.

Como la 'biodiversidad', otra palabra clave de la Convención de Río 92, la 'sustentabilidad' se arroja dentro de cualquier argumento para bloquear el desarrollo y el crecimiento; se usa hasta para conjurar un retorno a una imaginaria Utopía, usualmente rústica y romántica. La 'sustentabilidad” ha abrazado y contiene dentro suyo una enorme gama de angustias, neurosis y obsesiones modernas, incluyendo la anti-globalización y el anti-norteamericanismo.

Teóricamente, sin embargo, la sustentabilidad se vuelve en contra de la realidad. Estamos aprendiendo, desde la antropología, vía física, hasta la zoología, que el mundo no funciona en equilibrio, sino que lo hace en muy caóticos y desequilibrados principios, ya sea con respecto al mercado de valores como en el cambio climático. En verdad, la 'sustentabilidad' es, de manera intrínseca, una idea equilibrada que busca soluciones equilibradas. Es muy fácilmente usada para suavizar el hecho del cambio y, al hacerlo, desprecia y minimiza al dinamismo humano, la creatividad, la adaptabilidad, para no mencionar las asperezas naturales del mundo.

Esto queda particularmente expuesto en el muy pregonado concepto de un “clima sustentable”, el más grotesco de los absurdos. La idea de que el clima puede ser manejado de una manera predecible manipulando solamente un solo factor, el dióxido de carbono, ente varios miles de otros factores involucrados, sigue siendo una ciencia 'Alicia en el País de las Maravillas', donde el veredicto viene antes que el juicio. Esta es la equivocación ad extremis: la estúpida arrogancia humana de querer mantener un “clima sostenible” – un 'clima estable' – demuestra muy vívidamente la falsa ilusión del mito de la 'sustentabilidad'.

la “sustentabilidad” es un concepto irreal, y potencialmente peligroso. Se ha vuelto parte de un lenguaje hegemónico de una insidiosa nueva Gran Narrativa que pugna por llenar el vacío autoritario dejado por el amargo colapso del Comunismo y el Marxismo. No es otra cosa que el Viejo Socialismo … entrando por la cocina.

En última instancia, sin embargo, necesitamos de economías más fuertes, flexibles y crecientes, acopladas con una voluntad política de ayudar a los más pobres, a los más afligidos por cambios impredecibles e inexorables. Además, deberíamos procurar obtener la diversidad en la producción de energía, no a causa del clima, sino porque la diversidad es la clave para la flexibilidad.

Es hora ya de que, una vez más, el verdadero desarrollo se vuelva más 'sexy' que el 'ambiente' diseñado por los verdes de las ONGs del Norte, para uso obligatorio de los pobres del Hemisferio Sur.


  1.   Nota de FAEC: Se hace referencia aquí a la anécdota del derviche o "santón" Persa conocido como Mulá Nasrudín, que era famoso por el uso de su filosofía del absurdo y sus comentarios "surrealistas" (algunos los consideran "idiotas"), pero por lo general muy graciosos. Se dice que un viajero ve a Nasrudín sembrando migas de pan alrededor de su casa. Curioso, le pregunta: "Mulá, ¿por qué desparramas migas de pan en tu jardín?", a lo que Nasrudín responde: "Mantiene a los tigres alejados." - "Pero, Mulá, en esta región no hay tigres!" - con aire triunfal, Nasrudín dice: "¿Vió cómo funciona?"

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