Hora de Córdoba
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Selvas lluviosas: Crecen más
de lo que se destruyen

Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC

2 de febrero 2009

Un excelente artículo en el New York Times da evidencias de que la deforestación y destrucción de las selvas lluviosas no es tan severa como la pintan los videos del Discovery Channel.

Copiamos aquí la primera parte del artículo del New York Times que se titula:

“Nuevas Junglas Impulsan un Nuevo Debate Sobre Selvas Lluviosas”

por ELISABETH ROSENTHAL
Publicado: Enero 29, 2009,

CHILIBRE, Panama — La tierra donde Marta Ortega de Wing criaba cientos de cerdos hasta hace 10 años atrás está siendo recuperada por una jungla galopante –palmeras, lagartijas y hormigas. En lugar de cultivar, ella ahora compra en el supermercado y sus hijos ya crecidos y sus nietos viven en lugares como la ciudad de Panamá y Nueva york.

Aquí, y en otros países tropicales del mundo, pequeñas propiedades como las de la Sra. Ortega de Wings –y extensiones de tierra cultivables mucho más grandes- están retornando a la naturaleza a medida de que la gente abandona sus tierras para mudarse a las ciudades en busca de una vida mejor.

Estos nuevos “bosques secundarios” están emergiendo en América Latina, Asia y otras regiones tropi-cales a un ritmo tan veloz que la tendencia ha desatado un serio debate sobre si salvar al bosque lluvioso primordial –una icónica causa ecologista- puede ser menos urgente de lo que una vez se pensó. Según una estimación, por cada hectárea de bosque lluvioso que es abatida cada año, más de 50 hectáreas de nuevo bosque están creciendo en los trópicos en tierras que antes eran cultivadas, taladas para madera comercial, o devastadas por desastres naturales.

“Hay aquí más bosques de los que había hace 30 años,” dijo la Sra. Ortega de Wing, de 64 años, que recuerda campos de árboles de mango y plantas de bananas.

Los científicos argumentan que los nuevos bosques pueden amortiguar los efectos de la destrucción de las selvas lluviosas absorbiendo el dióxido de carbono, el principal gas que atrapa calor y ligado al calentamiento global, uno de los principales roles que juegan los bosques. También pueden, en menor escala, proveer hábitat para las especies en peligro de extinción.

En el blog de Lubos Motl también se toca el tema del artículo del New york Times, el cual, por ser breve e ilustrativo, copio a continuación:

El Crecimiento de Bosque Secundario Supera al Consumo Humano 50:1

Por Lubos Motl
[Fuente: The Reference Frame]

Tome apuntó a una notablemente balanceada historia en el New York Times: New Jungles Prompt a De-bate on Rain Forests

Los bosques secundarios, por ejemplo, selvas nuevas, están creciendo en áreas previamente agrícolas (o de explotación comercial o de desastres naturales) una 50 veces más rápido de lo que la gente puede o le está permitido cortar en el bosque lluvioso primordial. El área de bosque secundario se está duplicando cada 18 años y las personas citadas en el artículo dicen que hay ahora más bosques de lo que podían ver hace 30 años.

En los buenos viejos tiempos las selvas lluvio-sas eran uno de los principales símbolos del ecologismo. Son tan hermosos y diversos. (Usted sabe, yo soy un viejo ecologista que ha participado –junto a tipos de Greenpeace- en eventos semanales voluntarios para ayudar a los árboles en los Bosques de Bohemia y otras partes!)

Ese viejo problema ambiental era discutible-mente cautivador pero nunca ganó el poder político de la actual religión del invernadero, especialmente por su carácter local (y dis-tante). La gente puede estar ahora revelando que aún el viejo problema estaba basado en una profunda mala comprensión de los meca-nismos internos de la Naturaleza y su fuerza inherente.

Yo creo que la mayor concentración de CO2, el gas al que llamamos “vida”, también está contribuyendo a la expansión de los nuevos bosques.

No es necesario decirlo, esas personas verdes que jamás abandonará la idea de regular todas las cosas usan charla basura para negar la importancia de los bosques secundarios y sus palmeras, lagartijas y hormigas para el presupuesto del bosque y la cuenta de la Tierra. Pero muchas otras personas están comenzando a ver la luz: el número 50 simplemente no puede ser negado en relación al número 1. Los celotes ambientales están genuinamente castigando a las economías locales de América Latina. Ha llegado el momento de que la gente racional se encargue de las cosas y usen el término de extremistas verdes para los extremistas verdes.

La naturaleza seguramente puede librarse del impacto de la gente muy rápidamente. La verdadera cuestión es si la gente, especialmente la muy pobre, es capaz de mantener su espacio e influencia.



Un Paraíso Indomable

Un estudio publicado el 9 de enero de 2008 en el Proceedings of the National Academy of Sciences por el Dr. Alan Grainger, uno de los más reconocidos expertos en deforestación tropical, llega a la conclusión de que “No hay evidencia convincente de una declinación en los bosques tropicales.” Su estudio, "Diffi-culties in tracking the long-term global trend in tropical forest area" está disponible en el sitio web de PNAS, y cuyo “Abstracto” dice:

La tendencia de largo plazo en áreas de bosques tropicales recibe menos escrutinio que la tasa de deforestación tropical. Nosotros mostramos que la construcción de una tendencia confiable es difícil y la evidencia de una declinación es incierta, dentro de los límites de error involucrados en hacer esti-maciones globales. Una serie temporal para todas las áreas boscosas tropicales, usando la información de Forest Resources Asessments (FRAs) de la FAO de Naciones Unidas, está dominada por tres ten-dencias declinantes corregidas sucesivamente. Las inconsistencias entre estas tendencias hacen cuestionar su confiabilidad, especialmente porque las diferencias parecen ser el resultado tanto de errores como de cambios en el diseño estadístico y el uso de la nueva información.

Una segunda serie temporal para los bosques lluviosos tropicales no muestra una declinación aparen-te. Esto último podría estar enmascarado por los errores involucrados, pero un efecto del “regreso del bosque” también podría estar operándose, donde la regeneración del bosque en algunas áreas com-pensa la deforestación (pero no la pérdida de biodiversidad) en otras partes. Es necesario un progra-ma de monitoreo mejor para dar una tendencia más confiable. Los científicos que usan la información de FRA deberían comprobar la manera en que la precisión de sus descubrimientos dependen de los errores en la información.”

No estábamos tan lejos de la realidad con nuestra impresión sobre la manera en que la selva recupera su territorio una vez que el hombre se aleja. Es algo que yo había observado ya en 1971 cuando inicié mis viajes por el Amazonas. Luego, en mi años en Bolivia, pude comprobar que la tala comercial de árboles "de ley", las especies de valor comercial, apenas si hacen mella en la selva. En una hectárea de selva hay un promedio de unos 240 árboles de muy diversas especies, todos mezclados. No hay bosques de mara, o de robles, o de paquió, o cuchis. Todos están en la misma área y hay que ir buscándolos para cortarlos. El combustible de las motosierras no es barato, y por ello no se talan árboles que carecen de valor comercial. El trabajo de cortar árboles inútiles tampoco contribuye al sustento de los trabajadores, ni siquiera al de los "hacheros ilegales" que venden las "maras" (o caobas), o los robles, moradillos, tajibos, etc, de contrabando en las poblaciones cercanas. Pero este volumen de "contrabando" es escaso.

Luego están las leyes –muy severas en Bolivia –que sólo permiten talar especímenes de más de 90 centíme-tros de diámetro, lo que se traduce en que de una hectárea se sacan apenas unos 30 o 40 árboles de las especies valiosas. Los árboles jóvenes deben ser respetados hasta alcanzar el diámetro permitido. Los estrictos y numerosos controles de puestos camineros así aseguran de que no se corten árboles jóvenes. Y ello da por resultado que al ingresar al área de una explotación forestal es difícil distinguirla de una donde la selva aún no ha sido explotada. Donde antes había 240 árboles en una hectárea ahora hay unos 200. En los claros dejados por los árboles extraídos los árboles jóvenes que han quedado crecen a mayor velocidad al recibir mayor cantidad de luz solar.

Las tierras del Amazonas están constituidas por suelos lateríticos, donde los nutrientes son escasos o están directamente ausentes. La laterita es un suelo que las intensas lluvias tropicales han "lixiviado", esto es, han diluido las sales minerales y nutrientes orgánicos y son llevados por la escorrentía hasta arroyos y ríos que los terminan transportando hasta el mar. El suelo del Amazonas está formado así, de un compuesto arcilloso donde el óxido de hierro es su componente principal. Es duro e impermeable, y las raíces de árboles y otra vegetación no penetran en él. Se aferran superficialmente al suelo y se nutren las plantas de la materia orgánica que se desprende de manera constante de los árboles y se pudre en el suelo; o de los troncos en putrefacción de árboles caídos, ya sea por los vientos, o por la acción de una deforestación causada por los indios, los lugareños, o por las compañías madereras.

Pero cuando el área donde los indios y lugareños construyeron sus "chacos" o chacras de cultivo es aban-donada al término de un par de años por el agotamiento de los nutrientes que provenían de las cenizas de la quema de troncos y ramas cortados, en el área comienza un proceso de recuperación que es realmente notable por la velocidad con que se efectúa. En nuestro caso especial, cuando en el Amazonas boliviano iniciamos una explotación de turismo de aventura (ver Proyecto Lodge Ananconda), tuvimos que desmontar la antigua pista de aterrizaje de la aldea guaraya de Urubichá, en el Departamento Santa Cruz. La pista de 700 metros había sido usada por los Misioneros Evangelistas durante años, pero cuando se fueron quedó abandonada y la selva la había invadido haciendo difícil de creer que una vez era una superficie sin vege-tación.


Tan sólo siete días después de haber terminado el desmonte y limpieza de la pista de aterrizaje la vegetación había vuelto a crecer hasta donde se ve en la foto.

Cuando dos años más tarde suspendimos el proyecto turístico, volvimos a inspeccionar la pista y estaba en el mismo estado en que la habíamos encontrado al llegar: era una selva donde había que ingresar a machete limpio.

La Geopolítica detrás de la Amazonia

Una noticia publicada por los medios en Brasil el 28 de Agosto 2008, da cuenta de la distinción que recibió la ex ministra de Medio Ambiente, la senadora Marina Silva por parte de Su Alteza Real el Príncipe Felipe de Edimburgo, creador y dueño del nefasto WWF, la ONG de 'sangre azul' europea. Quienes conocen la Historia, saben que la Corona Británica tiene la tradición secular de conceder títulos nobiliarios y honras similares en reconocimiento a los servicios prestados a la Corona, no al mundo. Así recibieron títulos nobiliarios oscuros y nefastos personajes como Henry Kissinger, en 1984 –por su larga y fiel actuación como agente de la Co-rona durante su rol de Secretario de Estado de Nioxn y Ford; el ex presidente de EEUU George Bush (padre) y el almirante Alexander Haig –por sus servicios a la Gran Bretaña durante la Guerra de Malvinas de 1982- y en Brasil al ex Presidente (Sir) Fernando Henrique Cardoso, Caballero de la Orden del Baño, y ahora la sena-dora (Lady) Marina Silva.

Cardoso seguía la línea iniciada años atrás por otro corrupto presidente brasileño, Fernando Collor de Melo, enjuiciado y expulsado por el Senado del poder por corrupción. En el juicio tuvo peso fundamental la actua-ión de Collor de Melo en la creación del gigantesco Parque Nacional Yanomami, donde cada indio Yanomami recibía unas 90.000 hectáreas de selva. Había permitido Collor de Melo la intromisión en la política interna de Brasil sobre la Amazonía de los príncipes Carlos y Andrés, y de la Ministra de Asuntos Extranjeros, Lady Lin-da Chalker, en negociaciones que hubiesen llevado a la renuncia de Brasil de su soberanía sobre las selvas del Amazonas.

El WWF había creado el ARPA (Amazon Region Protected Area), el más ambicioso proyecto de conservación de selvas lluviosas tropicales que pretende llegar a las 60 millones de hectáreas bajo su control. Nació el ARPA del compromiso del ex presidente, hoy Sir Fernando H. Cardoso, cuando en 1997 se comprometió en Inglaterra a conservar 10% de la Amazonia, bajo control de Gran Bretaña a través del ARPA. En 2002 creó el parque nacional más grande del mundo, el Parque Nacional de las Montañas de Tumucumaque, de 3,9 millones de hectáreas en el Estado de Amapá, apenas el primero a ser creado en el marco del ARPA.

Toda la siniestra historia del WWF y su costumbre de crear reservas y parques nacionales en África está bien explicada en el capítulo "WWF: Wild Wide Fraud?” de mi libro Ecología: Mitos y Fraudes, donde se suministra la información periodística y documental que muestra la manera en que estas reservas y parques eran base de los movimientos de liberación clandestinos africanos, y de donde partieron las guerrillas que causaron la espantosa masacre entre Tutsis y Hutus en Ruanda-Burundi en 1995. Se comprueba cómo el WWF llevaba al Parque Nacional Virunga material de combate (ametralladoras pesadas, bazookas, morteros, etc) con el fin de combatir a los “poachers” o cazadores ilegales de elefantes y rinocerontes –que apenas contaban con escopetas de pólvora negra o rifles de la primera guerra.

El WWF necesitaba crear la imagen mundial de la deforestación indiscriminada para lograr la aceptación del público para la creación de parques y reservas para “protección de la naturaleza y la biodiversidad.” Los medios sirvieron el plato y el público lo paladeó a gusto, porque no haya nada que le guste más a la gente que le digan cosas que les gusta escuchar. La verdad no es un plato que le guste o le sea fácil de digerir.

Sin embargo, la verdad, por dura que sea, poco a poco, termina finalmente saliendo a la luz. Será necesario que la gente comprenda finalmente que el ecologismo, tal como es practicado por el WWF, Greenpeace y otras ONGs ultra ecologistas, sirven a los intereses corporativos de la Corona Británica y sus socios de las corporaciones financieras internacionales sobre las que Gran Bretaña basa su actual poder. Seguir mirando para otro lado, y no querer comprender que la ecología ha sido usada a mansalva con este fin, es una decisión suicida para las naciones.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC



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