Hora de Córdoba
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Convenientes Incendios Sospechosos
o El humo se les subió a la cabeza

Por Eduardo Ferreyra
19 de abril, 2008.

El terrible problema que el campo tiene con el gobierno está llegando en estos días a un punto en que todas las verdades están saliendo a la superficie. Entre incompetencias, soberbias, ignorancias y un paseo por la feria de las vanidades, el espectáculo no es nada agradable.

Los ánimos están exaltados y los nervios a flor de piel. Los incendios en campos del sur de Entre Ríos han causado problemas graves, no sólo en la ruta 9 con muertos, heridos y toda clase de demores e inconvenientes, sino también en la misma Capital Federal, donde el humo ha empeorado condiciones respiratorias, abarrotado los servicios médicos de los hospitales públicos –haciendo recordar la terrible nube de smog que en 1953 provocara la muerte de 5000 personas en Londres.

No son menores los problemas que la Presidenta argentina tiene en sus manos: el olor a humo impregna su elegante y valioso vestuario de Chanel, Dior, Armani, Louis Vuitton, Valentino, Gucci, y otros cientos de nombres más. El olor a humo de chacra en la ropa no combina bien con los blinis de caviar ni el bouquet de un Chateau Lafitte Rothschild cosecha 1963. Otro problema es que parece que el nuevo humo habría venido a reforzar los humos que ya se le habrían subido a la cabeza años ha, y que tan bien lo demuestra en sus numerosos discursos. Hermenegildo Sabat, el gran artista argentino, ya había hecho una sabia sugerencia con su excelente y denostada caricatura.

Pero los incendios han sido aprovechados por el gobierno para introducir un elemento nove-doso en su discusión con los representantes de las cuatro mayores organizaciones del agro argentino. Le sirve para insistir en su tesis que a los productores del campo los mueve una sola idea: el lucro desmedido. Dado que, según el gobierno, el negocio del campo es tan fenomenal y ventajoso, el gobierno podría invertir los papeles o los factores de la ecuación y hacerse dueño del negocio. Para ser dueño del “fabuloso negocio” sólo es necesario que le provea a los productores con 19 millones de hectáreas, toda la maquinaria agrícola necesa-ria, todos los insumos desde semillas hasta combustibles, pasando por fertilizantes, herbici-das, pesticidas varios, gastos de electricidad, jornales de la peonada, fletes y seguros –más las misas en las iglesias del pueblo rogando para que no haya sequía, inundaciones, granizo y/o heladas tempranas y tardías.

Luego cobrará las exportaciones y les dará a los productores el 44% de lo obtenido, como pago por el trabajo de arar, sembrar, y cosechar, con lo que todos habrán quedado felices. Algún funcionario como el Señor Secretario de Descomercio Interior podría aventurar una explicación sobre por qué al gobierno no se le ha ocurrido esta solución tan brillante y que le permitiría iniciar –de una vez por todas- la muy famosa “redistribución de la riqueza”.

Las Competencias e Incompetencias

De las incompetencias ya tenemos los argentinos demasiados ejemplos en los últimos 60 años. Uno de los más nítidos recuerdos que tengo sobre incompetencias es el de una ex Secretario de Comercio Interior que, una vez que desquició al comercio interior argentino fue luego designado Secretario de Comercio Exterior y casi, casi consiguió el mismo resultado. Fue durante el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, y cuando la hiperinflación había comenzado a levantar su horrible cabeza hizo unas declaraciones que dejó a la población estupefacta: “Esta semana los precios de las verduras han tenido un comportamiento fascista!” Este muchacho era yerno del presidente y se llamaba Campero, aunque del campo conocía poco.

Un digno sucesor en tan sacrosanto puesto es el actual dueño del control de precios en el país, un señor de nombre Guillermo Moreno, que no ha demostrado mucho más talento ni capacidad para hacer que las cosas y los precios en la Argentina tengan una armonía similar a la de otros países avanzados. Avanzados no significa que sean más ricos, o que tengan más recursos naturales o más industrias, sino que su sociedad es más avanzada en el aspecto cívico, y en el adecuado uso de la inteligencia; donde la población no permite que los políticos o los funcionarios les engañen de la manera descarada que se hace en Argentina desde hace muchas décadas. Son pueblos que no creen demasiado en que los mercados pueden ser controlados a piacere del funcionario de turno dado que ese sistema nunca pudo funcionar en más de 6000 años de historia de las actividades comerciales humanas.

No creen en los controles de precios, en los precios máximos, en los sueldos mínimos, en los impuestos confiscatorios a mansalva, en la intervención del estado en todos y cada uno de los aspectos de nuestras vidas. En la calidad caritativa del estado, a quien sólo es necesario pedir para recibir –sin dar nada a cambio, como sería un esfuerzo en ir a trabajar en algo productivo. Son pueblos que no creen en el abuso de exigir el derecho a cualquier cosa olvidándose de los deberes y las obligaciones. Por lo general, se trata de pueblos que han pasado por una o dos guerras terribles, o que nunca la han tenido muy fácil por su escasos recursos naturales. Pero son pueblos que piensan, que saben usar el cerebro, y hacen buen uso de esa capacidad.

Mas Incompetencias

Hay otras incompetencias que ya eran evidentes desde hace mucho tiempo pero que hoy se han manifestado de manera patente. El Señor Ministro del Interior salió a culpar a los pro-ductores agrarios de los incendios causados por un desmedido afán de lucro, acusándolo de ser irracionales, irresponsables, casi criminales. A su lado estaba apoyándole un personaje bien conocido de los argentinos por su manifiesta incapacidad para desempeñar el puesto que ocupa: la Secretaria del Medio Ambiente. Con su habitual aspecto desgreñado y bohemio –que contrasta notablemente con el de la Presidente del país- daba explicaciones absurdas sobre lo difícil o imposible que es controlar 292 focos de incendios. Uno creería que los incendios de yuyales en el delta o el sur de Entre Ríos pueden compararse en su dificultad para controlarlos con los más de 300 incendios de pozos petrolíferos ocurridos en 1991 en Irak. Los ecologistas como ella habían profetizado que los incendios causarían un pequeño “invierno nuclear” que podría enviar al planeta de regreso a una edad de hielo porque llevaría muchos años o décadas apagar esos incendios que cubrirían los cielos con sus negras y espesas columnas de humo. Los técnicos especialistas en apagar incendios lo hicieron en 6 meses. El efecto sobre el ambiente fue insignificante y apenas a nivel local en el desierto de Irak. Pero ¿cuándo han acertado los ecologistas con alguna de sus profecías?

Afirmar que es imposible controlar los incendios es quererle tomar el pelo a los argentinos. Hemos sabido que hasta las 18 horas del 18 de abril pasado no se había consultado para nada ni se le había requerido opinión a quienes controlan los incendios de campos en la provincia de Córdoba, los más capacitados expertos en incendios de campos del país, que hasta han sido requeridos para controlar incendios en el Amazonas de Venezuela hace ya unos 5 o 6 años. Cuenta Córdoba con los aviones, los equipos, la experiencia y el perso-nal especializado para controlar cualquier incendio –y peores que los actuales han sido domi-nados con rapidez. De acuerdo con la noticia, se enviaron 32 expertos para ayudar en el apagado de los incendios.

La manera en que se manejó la emergencia es reconocer la incompetencia que cunde en casi todos los organismos políticos a nivel nacional o provincial; es reconocer que el gobierno no ha podido (o deseado) formar los cuerpos necesarios para el control de emergencias de este tipo. Francia tiene un Secretario de Estado en Mayores Desastres Naturales y Tecnológicos (que fue desempeñado durante años por el famoso científico Haroun Tazieff, gran crítico de los fraudes del ozono, del calentamiento global, de las alarmas por compuestos químicos, etc, y en general del accionar del movimiento ecologista multinacional). ¿Quién está en la Argentina al frente de alguna organización que deba enfrentar una grave emergencia natural o derivada de las tecnologías? ¿Está la Secretaría del Ambiente y el Desarrollo Sustentable capacitada y cuenta con el personal profesional entrenado para hacer frente a emergencias de este calibre? ¿O está formado por amigos y parientes de la señora secretaria? Vista la actividad desarrollada en relación al control de las emisiones de dioxinas, y otras contamina-ciones de las pasteras y papeleras en territorio nacional, y la falta de acción directa y solu-ciones aportadas, nos permitimos afirmar que el país está indefenso en lo que a protección del ambiente se refiere.

¿Quién inició esos tan convenientes incendios?

El “secreto del sumario” siempre ha servido para que la gente pocas veces se entere de la verdad de los hechos. Resulta sorprendente que se quemen campos a mediados del otoño. Es interesante e inquietante preguntarse ¿por qué el año pasado y los anteriores no se habían producido este tipo de incendios en esa región? En Argentina los incendios de campos se han realizado de manera tradicional a fines del invierno, entre mediados de agosto y principios de septiembre, cuando los pastizales están secos por las heladas y la sequía de invierno. No hay primavera que no vea tremendos incendios de campos en Córdoba, ya sea en las sierras o en la llanura. También es una práctica constante en la región de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, que se repite entre septiembre y octubre de todos los años cuando se queman los desmontes de selva que se convertirán en campos de trigo, soya, maíz, algodón y otros cultivos. Durante un mes o más, la ciudad de Santa Cruz está cubierta por el humo que los vientos traen tanto desde el norte como desde el sur. Las primeras lluvias llegan a fines de septiembre y la vida vuelve a su curso normal. Nuevas áreas habrán sido incorpo-radas a las grandes siembras y cosechas, algo que poco a poco se va demostrando como altamente beneficioso para el país y por ende, su población en general.

Las grandes quemas de campos se hacían antiguamente para que las cenizas sirvieran de fertilizante y el pasto nuevo creciera fuerte y abundante. Nunca se hicieron (ni se hacen) a mediados de otoño, cuando los pastizales están aún verdes y húmedos por las tradicionales lluvias de Semana Santa. Los pastos deben servir para el engorde del ganado de invernada, ¿O los funcionarios y periodistas se han olvidado de este pequeño detalle?

¿Despejar campos y chacras para sembrar qué? Después del insólito aumento de las reten-ciones las intenciones de los hombres del campo es disminuir su actividad –“desensillar hasta que aclare” o, como me consta, mudarse a aires más saludables como Brasil, donde cualquier tipo de actividad productiva es alentada y fomentada por el gobierno. No en vano Brasil ha dado pasos gigantescos en su desarrollo y progreso –y los seguirá dando después de tener asegurado el abastecimiento de petróleo para la generación de energía que su desarrollo está demandando. Y los Argentinos parecen estar muy contentos con su boleto de regreso al pasado que les han vendido los gobiernos de los últimos 30 años -asegurándoles que era un boleto al Paraíso. ¿Paraíso Fiscal, quizás? Porque la presión fiscal que hay en Argentina en impuestos, tasas, retenciones, sellados, aportes, contribuciones y toda clase de artimañas para apropiarse indebidamente de las fortunas y el trabajo de la gente, parece no tener parangón en el mundo.

¿Por qué parece que se desea que no se apaguen estos incendios mientras duran las trata-tivas con las organizaciones del campo? Quizás el gobierno tiene la infantil idea de que así conseguirá poner a la población de Buenos Aires y del país en contra del campo y que obliga-ría a los productores a renunciar a sus pretensiones de eliminar impuestos notoriamente anti-constitucionales, regresivos e inflacionarios. El Pueblo puede haber sido lo bastante tonto como para votar y elegir al actual gobierno, pero no es tan idiota como para tragarse un cuento tan burdo como este. De la misma manera que nadie se traga el cuento que el INDEK y Guillermo Moreno les cuenta todos meses sobre el costo de vida y la inflación

Y la pregunta que nos quema la garganta desde que comenzó la acusación contra el campo:

“¿Alguien sabe dónde estaban y qué hacían los muchachos de Luis D'Elía en esos días?

La “mano de obra desocupada” de D'Elía le ha sido de suma utilidad al gobierno para lograr muchos de sus objetivos. Los fondos que disponen para todo tipo de acción encubierta son casi ilimitados. Vienen de las retenciones, claro. Pero la necesidad del gobierno de seguir acumulando dinero parece insaciable. Es mucho el dinero que emplea en el “alquiler” de los tránsfugas –o políticos K de otros partidos- para seguir acumulando su ya omnímodo poder. Dijo la Sra. Presidente que "alguien deberá pagar por los daños ocasionados", y en verdad los culpables deberán hacerlo una vez identificados y probada su autoría. Si en el remoto caso de que los muchachos de K'Elía resultaran complicados en los sucesos, entonces el patrón de Anotnioni Wilson deberá enviar un nuevo cargamento de valijas para cubrir los gastos. Pero no debemos esperar de pie por que ello suceda. La anomia inveterada de la justicia argentina es proverbila y no creo que nadie crea que los verdaderos culpables sean identificados (aparte de algunas pocos chivos expiatorios y "perejiles" que pasarán algunas semanas en los calabozos de alguna comisaría). ¿Por qué los argentinos nos habremos vuelto tan escépticos y tan realistas acerca de la justicia y su relación con el poder de turno?

Sin embargo, es probable que diablo haya andado metiendo la cola y al grupo de K'Elía se le pueden haber quedado olvidados en los campos quemados algunos hisopos, latas y bidones de nafta, lanchas usadas para cruzar el río, o se le habrán caído algunos fósforos encendidos en los pastizales entrerrianos o campos bonaerenses para poder echarle luego la culpa al "desmedido afán de lucro" de los hombres de campo. ¿Han sorprendido con “las manos en la masa” a los pirómanos? ¿O sólo han identificado al “culpable” fijándose en los planos ca-tastrales y adjudicando culpas que no existen –ni pueden probar- a los dueños de esos campos? Ser dueño de un campo no es prueba de que también se es el incendiario. El "esta-do de sospecha" no está codificado como delito en nuestras leyes. ¿Cuántas injusticias se seguirán cometiendo en nombre de la “redistribución de la riqueza”? ¿Cuándo la riqueza dejará de ser redistribuida entre los amigos del poder y volverá al pueblo -de quien provie-ne y a quien le ha sido robada? ¿Cuántos inocentes pagarán culpas que no tienen?

Pero detalles tan nimios no son problemas cuando lo que está en juego son intereses desco-munales y la definitiva consolidación del Poder Total.

Mala tos le siento al gato, y no es causada por el humo.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC

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