Hora de Córdoba
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Vivir en la inmundicia no es una elección de vida

Por Sadhvi Sharma
[Fuente: Spiked Online.com]
Febrero 15, 2009

Sadhvi Sharma informa desde Bombay sobre la realidad de las “villas miseria” que el Príncipe Carlos alaba como ejemplos a seguir para la "vida comunitaria sustentable".

BOMBAY: La semana pasada el Príncipe Carlos se volvió locuaz sobre las “villas miseria” de Bombay, ido-lizando al barrio pobre más grande de Bombay, Dharavi, como un ejemplo de desarrollo para el mundo. El futuro rey de Inglaterra, pienso, esta vez se le ha escapado todo.

El príncipe estaba hablando en una conferencia organizada por su Fundación para el Ambiente Construido (Foundation for the Built Environment), una organización de caridad que intenta involucrar a los locales en el rediseño de sus áreas de miseria. Dirigiéndose a unos planificadores, trabajadores de la beneficencia y funcionarios de gobierno en el lujoso ambiente del St. James Palace en Londres, el príncipe Carlos dijo que Dharavi, que aparece en el exitoso film 'Slumdog Millonaire', es una inspiración para lugares más ricos en el mundo. “Creo firmemente que Occidente tiene mucho que aprender de sociedades y lugares que, aunque algunas veces son más pobres en términos materiales, son infinitamente más ricos en las maneras en que viven y se organizan como comunidades,” dijo.

La veneración de Carlos por Dharavi, como si guardase el secreto a una vida espiritual única y superior, no sólo refleja un completo rechazo al desarrollo que esa gente empobrecida todavía aspira, también habla de ignorancia y un romantizar retrógrado de la pobreza. Este príncipe, criado en las faldas del lujo, de alguna manera imagina que los pintorescos, pobres Indios están predispuestos a vivir en la inmundicia.

Según Carlos, el uso que hacen los habitantes de las villas de Dharavi de materiales locales, el vecindario peatonal, y la mezcla de comercios y viviendas, “suman para convertirse en una subyacente e intuitiva gramática de diseño que está totalmente ausente de los bloques de cemento sin rostro que todavía se siguen construyendo en el mundo para 'almacenar' a los pobres.”

¿Una intuitiva gramática de diseño? Carlos está en un viaje fantástico. Quizás alguien le haya “pinchado” su lassi [bebida refrescante tradicional de India] en su visita a las villas miseria de Bombay. En Dharavi, ubica-da en el corazón de Bombay, están amontonadas 600.000 personas en apenas 250 hectáreas de espacio que carece de cualquier tipo de servicios cívicos decentes. Ellos viven allí porque no tienen una alternativa mejor –como vivir en esos “bloques de cemento sin rostro”, por ejemplo, que el príncipe desprecia tanto.

Como lo indica un informe:

“Dharavi es un ambiente extremadamente denso. Un reciente relevamiento hecho por el Instituto de Arquitectura Raheja Vidyanidi (KRVIA) estableció que un área central de Dharavi (Champra Bazaar) contenía densidades de hasta 336.643 personas por kilómetro cuadrado! Asumiendo una población de 700.000, la densidad poblacional en Dharavi sería de alrededor de 314.887 por kilómetro cuadrado. Esto es 11 veces más denso que Bombay, la ciudad más densamente poblada del mundo, con 29.500 personas por kilómetro cuadrado, y más de seis veces más densa que Manhattan durante el día (unas 50.000 personas por km2).” El hecho que personas vivan y trabajen en tales condiciones no es una forma de “expresión cultural”, como imagina el Príncipe Carlos, sino el resultado de un empobrecimiento y una carencia de infraestructura ade-cuada. No hay nada loable acerca de vivir en frágiles chozas hechas a mano con “materiales locales” como planchas de asbesto, cartón, hojas de plástico y pedazos de tela. Y durante el período del monzón, la “vecindad peatonal” de Bombay que el príncipe imagina tan placentera para pasear se hace un escenario más pintoresco todavía cuando hombres y mujeres tienen que vadear las calles con agua a la rodilla, o a veces a la cintura. Derramándose por las alcantarillas y desagües, el agua lleva una hedionda mezcolanza de desechos humanos y animales, trayendo enfermedades como el dengue, leptospirosis y cólera que cosechan la vida de miles de habitantes en esas “vecindarios peatonales” todos los años.

Para el príncipe Carlos, estos escenarios “tradicionales” contienen los atributos para "asentamientos social y ecológicamente sustentables” para la creciente población urbana del mundo. Entonces, en lugar de cons-truir un edificio de 8500 pies cuadrados, cinco baños ecológicamente amistosos, para vivienda de su hijo William, quizás el príncipe Carlos debería enviar al joven príncipe William a Dharavi donde podrá experimentar la alegría de compartir una cola todas las mañanas para usar una letrina, o mejor aún, sentarse en cuclillas al costado de las calles como muchos de los Bomabínos todavía deben hacer paa aliviar sus necesidaes fisiológicas. Esta sería una experiencia muy espiritual para William, estoy segura, con invalorables lecciones en la vivencia comunal verde…

Lo que es alabado por el Príncipe Carlos y otros miembros de la elite occidental como “vida ecológicamente sustentable” es simple y asquerosa pobreza, y esto se hace parecer aceptable –más aún, deseable- por los semejantes al delirante príncipe. Este rechazo por parte de esta gente al desarrollo significa que la población de Occidente es reprendida por desear más, sino que aquellos en los países subdesarrollados son alentados a mantenerse pobres para cuidar de “modo de vida tradicional”. Palabras de moda como “desarrollo sustentable” o “agricultura orgánica” son nada más que nuevas palabras para pobreza, que disfrazan al trabajo demoledor y extenuante como algo positivo y gratificante.

Al darle a la pobreza un tinte cultural la hacen aparecer aceptable, y aún sugiere que la gente que vive en condiciones que serían insoportables para los occidentales, tiene una suerte de inclinación natural a llevar un estándar de vida de pobreza. Ciertamente, Carlos alabó al “aguante intrínseco” y resistencia de 'tales comunidades'. La pobreza es, entonces, vista como un estado natural para algunos pueblos más que el producto de condiciones sociales y políticas. Según esta visión del Príncipe Carlos, los pobres sólo pueden adaptarse, pero no superar su condición.

Dharavi tiene muchas historias de 'harapos-a-millonario' para contar, como la tienen muchas villas miseria de Bombay [2]. La ciudad de chozas tiene dentro de ella callejones donde florecen industrias y algunas personas muy atareadas: sastres, artesanos en cuero, ceramistas, comerciantes, carpinteros, inmigrantes en busca de trabajo y algo más. Pregúntese a cualquiera que viva allí qué es lo que desean que sus hijos sean en el futuro, y la respuesta abarca desde doctores e ingenieros hasta pilotos y periodistas.

Algunos habitantes de estas villas se han mudado bajo el programa de 'nuevas casas', a amplios pisos en edificios de muchos pisos. Otros han elegido permanecer en las miserables villas para ahorrar para la educación de sus hijos o para enviarlos al extranjero. Aquellos residentes de Dharavi que se oponen a los planes de modernización y redesarrollo de las villas no están luchando por el derecho de mantener sus 'estilo de vida'; simplemente están demandando un mejor trato que el que se les ofrece. Ellos quieren más espacio y una seguridad para continuar con sus ocupaciones. Sus preocupaciones y aprensión son muy reales-la capacidad de trabajar, pagar las cuentas, permitirse el mantenimiento y tener una opinión y palabra sobre su propio futuro.

El 'sentido de comunidad' del que Charles quiere que Occidente extraiga lecciones no es una curiosa cualidad de los villeros que tienen algún profundo y espiritual significado. Es un muy real medio de supervivencia. No hay ningún sentimentalismo verde ligado a las calles estrechas, inmundas habitaciones, y cloacas abiertas corriendo en el exterior de sus casas. Vivir en una 'villa miseria' no es una elección de vida, y nadie hace canciones ni bailes sobre amontonarse haciendo cola en las letrinas. A gente sólo sigue adelante con su vida, y lo que los une a todos es la aspiración por una vida mejor. La miserable ciudad tiene seguramente una gran cantidad de lecciones para Occidente –la de la ambición y las aspiraciones que quieren llegar al cielo.

Sahdvi Sharma es una periodista y escritora que vive en Bombay.



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