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Ecoterrorismo - Cuando Las Verdades
Se Consideran Insultos

Por Carlos A. Ortiz
Docente Universidad Nac. De Misiones

Una vieja metodología de los fundamentalistas de cualquier tipo, también utilizada por tiranos de toda laya, es considerar insultos lisos y llanos a las verdades descarnadas, que puedan oponerse a las “opiniones políticamente correctas”. Simplemente no soportan el disenso.

En la historia de la humanidad no es nada nuevo que las contundentes verdades que no pueden ser contestadas, sean calificadas como insultos, buscando pasar del campo de la racionalidad a la emotividad. Así pasó con los fariseos, que al no poder soportar las fuertes palabras de El Maestro –contundentes como un mazazo y filosas como una bruñida espada– optaron por el camino de la distorsión, la calumnia malintencionada, las verdades a medias y las más atroces mentiras.

Recientemente un militante ecologista de Entre Ríos consideró literalmente insultantes las expresiones de mi reciente artículo acerca del ecoterrorismo; el cual alcanzó notable difusión nacional, siendo reproducido en diversos prestigiosos medios electrónicos especializados y periodísticos generales; como Info Moreno; la Fundación Argentina de Ecología Científica, Argenpress, Los Principios On Line, El Territorio y su versión digital, Misiones On Line, El Libertador En Línea y posiblemente algunos otros.

Pero además pone en el contexto político de las décadas pasadas de Argentina; siendo que mi expresión claramente significa “la inducción al pánico general”, que es sin duda el efecto bus-cado por las falsedades y tergiversaciones del fundamentalismo ecológico.

Mi artículo de marras, al cual me remito en mérito a la brevedad, describe la metodología del ecoterrorismo, dando algunos palmarios ejemplos concretos. El neologismo “ecoterrorismo” representa la clara y repetitiva metodología del uso del terror a “posibles desastres ambienta-les”, usualmente exagerados hasta el paroxismo, cuando no inventados sin ningún sustento científico ni lógico; pero repetidos hasta el hartazgo y apoyados por los “escuadrones de cho-que” de usualmente pocos pero muy bien organizados militantes de corte fundamentalista; los cuales llegan a “enganchar” a ciudadanos corrientes, de buena fe pero no expertos en el tema de la presunta “catástrofe” potencial.

Por supuesto que el furibundo militante ecologista no contesta –no puede– ninguno de los casos de flagrante ecoterrorismo señalados en mi artículo.

En vez de ello se pierde en una farragosa y variada redacción, con un encuadre cuidadosamen-te confuso que me hace acordar a las encendidas pero enrevesadas arengas de los apóstoles de la violencia de los '60 y '70; que fueron el génesis del horrendo baño de sangre posterior. De hecho hasta incluyó un párrafo que bien puede ser considerado una sutil pero directa amenaza a mi persona, al pretender hacerme “cómplice de la violencia que pueda recibir cualquiera de los compañeros que en Misiones, en el país y la región, pueda ser víctima de un acto terrorista real, que esperamos y deseamos fuertemente, usted no represente”. Todo un dislate, ubicán-dose como presuntas víctimas de la propia violencia fáctica que los mismos fundamentalistas utilizan como metodología del “piqueterismo ecolátrico”. Pero el que amenaza es el que pre-tende infundir miedo, pánico, terror; y el que amenaza es el profesional y militante ecologista.

Pero como evidencia tanta encendida politización dogmático-ambiental como falta de funda-mentos técnicos; comete gruesos errores técnicos y “deja ver las patas a la sota” a su afinidad con las “internacionalizaciones”.

Considerar un “aporte de la academia” al informe de la Comisión Mundial de Represas, es descalificar al academicismo serio, científico y sólidamente fundamentado.

Ese “informe” no es más que un rejuntado de simples “opiniones”, carentes por completo de sustento y de rigor técnico, muchas de ellas emitidas por legos en las disciplinas científicas sobre las que tan ligeramente opinan; e inclusive afirman disparates técnicos reñidos contra toda lógica y el sentido común. Así lo han manifestado –en Argentina y en el mundo– numero-sos entes técnicos de probada seriedad y solvencia técnica y ética.

Por otra parte –y no es casual– ese amañado “informe” fue financiado ¡oh “casualidad”!, por grandes consorcios vinculados con la generación termoeléctrica (la que consume hidrocarbu-ros y es la más contaminante), y por poderosos grupos financieros transnacionales y diversas fundaciones a ellos vinculados.

Dicen oponerse a las invasiones armadas como las perpetradas contra Irak (y Afganistán), pero omiten cuidadosamente las motivaciones subyacentes de las petroleras (precisamente las que han sido citadas por diversas fuentes de analistas como las principales fuentes de financiación de las transnacionales de la ecología).

Por supuesto ensalza el “No a Corpus”, pero omite cuidadosamente considerar que dicho ple-biscito fue una expresión mayor de la partidocracia de bajo vuelo y cortas miras; instrumen-tado en base a flagrantes mentiras de toda laya; y desde atrás fogoneado por los poderosos intereses vinculados con la termogeneración (petróleo y gas –desaprensivamente extranjeri-zados– y la provisión de las usinas), a quienes les molesta la competencia de las más eficientes y menos contaminantes centrales hidroeléctricas y nucleares.

La pretendida descalificación a lo que el furibundo militante ecologista llama mi “racionalidad nacionalista”, en realidad me halaga. Sin duda soy racional, y con fuerte convicción de la línea ideológica que Don Arturo Jauretche definió como el
Pensamiento Nacional; precisamen-te para diferenciarlo de aquellos elitistas xenófobos y clasistas, que se auto titulan nacionalis-tas.

Al respecto, no es casual que mi último libro se llame “Manual de Zonceras Energéticas Argentinas", siguiendo la huella que Jauretche abrió con su genial “Manual de Zonceras Argentinas”.

Respecto al pretendido debate público al cual alude el militante ecologista; es importante ser muy preciso, en lugar de enrevesado y “casualmente” confuso como suelen ser los fundamen-talistas.

Varias veces quise debatir con algún ecologista, en el marco de seriedad y neutralidad que aseguren un moderador de probada ética y capacidad, a realizarse en un auditorio que se comporte como tal, y no como una barra brava futbolera. Lancé el desafío –con formalismo y altura– en varios artículos periodísticos y en programas radiales y televisivos locales. Solo me respondió el más denso silencio.

Pero un debate serio es una cosa; y una confrontación de barricada, con toda “la claque” de medio centenar de activistas, con pancartas, bombos y platillos, evidentemente carece del marco en el que se puedan confrontar fundamentos, para pasar a ser la simple vía de escape de dogmatismos pasionales desenfrenados.

Cabe citar que dos fundadores y otrora activos militantes de Greenpeace; Patrick Moore y James Lovelock, renunciaron pública y ostensiblemente a dicha transnacional de la ecología, espantados del
monstruo dogmático, acientífico y seudo religioso en que se trans-formó; como vocero de la nefasta filosofía del “crecimiento cero” propugnada por el Club de Roma.

La furibunda respuesta a mi artículo anterior me permite parafrasear a Cervantes:
“Ladran Sancho, señal que la pedrada dio en el blanco”.

 
C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Docente – Investigador
Facultad de Ciencias Económicas
U.Na.M.



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