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Garzón, Montoneros, Militares, Políticos, Industriales,
ONGs y Sindicatos, versus el Pueblo Argentino

Reflexiones sobre la decadencia cultural y moral
de la Argentina en los últimos 60 años.


Cuando se analiza el potencial que tiene Argentina para llegar a ser un país realmente adelantado, a la cabeza de Latinoamérica y entre los cinco primeros del mundo, resulta penoso comprobar que este potencial no tiene miras de poder ser usado para mejorar las condiciones de vida, educación y salud de la población.

Se dice que las comparaciones resultan odiosas, pero eso lo dice quienes pretenden seguir lucrando con sus egoístas intereses personales y corporativos impidiendo que la gente pueda darse cuenta que podría llegar a lugares donde otros pueblos han llegado. Además es la única manera de poder saber cómo empezar a ponerle remedio a la profunda crisis en que nos encontramos sumidos los habitantes de este fabuloso país.

Es un poco inútil compararnos con las grandes potencias coloniales e imperiales como los Estados Unidos e Inglaterra, pero un repaso a la historia nos mostraría la manera en que estos países llegaron a la dominación mundial. Sabemos ya que llegaron hasta su actual posición mediante el uso despiadado de la fuerza, las armas, la piratería y la penetración cultural que destruyó las raíces fundamentales de otras culturas. En las épocas que corren, es un método imposible de repetir por los demás países – precisamente porque la pareja anglosajona se lo impedirán mediante el uso de la OTAN y las Naciones Unidas. Sin embargo, todo el mundo tiene su Talón de Aquiles. Sólo es necesario saber adonde le ajusta el zapato a cada uno.

Una primera comparación debería comenzar por aquellos países que han tenido éxito en liberarse de la dominación económico financiera del dúo nefasto, y casi el único ejemplo a mano es la República de Malasia. Pare ello es necesario leer lo que escribió el periodista Néstor Restivo del diario Clarín:


Malasia: vivir sin la tutela del FMI

por Néstor Restivo, redactor de Clarín

Desde 1986 no hace caso a las recetas del FMI y no le va mal. Pero tiene diferencias con Argentina: políticamente, es una monarquía y cuenta con muy sólidos y diversificados grupos empresarios locales. No son Sandokán, Tremal Naik o Kammamuri repeliendo al invasor. Los malayos se independizaron hace más de 40 años de los ingleses. Pero es, menos romántica, otra forma de autonomía: vivir sin la tutela del FMI.

¿Cómo será eso que los argentinos desconocen desde hace años? Malasia lo experimenta desde 1986 y no le va mal. Es, obvio, un caso asiático, distinto al de estas latitudes: una monarquía parlamentaria, con primer ministro, sultanes y pugnas religiosas, conflictos tapados, grupos económicos muy fuertes y otras cuestiones. Pero como quiera que sea, el país más rico del sudeste asiático sin contar Singapur y Brunei la va llevando. En 1997 sufrió la crisis regional, que empezó cuando Tailandia devaluó, siguió con medidas así en todo el área y disparó una crisis global. En el caso malayo, el dólar subió 100% (el ringgit pasó de 2,5 a 5 por divisa) pero el gobierno no quiso un acuerdo con el Fondo Monetario, optó por un control de cambios y de los capitales especulativos, y fijó el tipo de cambio en 3,8 por dólar en 1998.

Los dos años siguientes hubo un boom económico: el PBI creció 6,1% en 1999 y 8,3% en 2000 (7% promedio en los años 90). En 2001, por la recesión mundial, el ritmo cayó a 0,4%, pero se ha estabilizado.

Directivos del Fondo visitan Kuala Lumpur, la capital, una vez al año, como hacen con cada país miembro del organismo. Y hasta ahora no objetan el anclaje cambiario (medida que el organismo no aconseja) ni la política fiscal. Esto, pese a que Malasia tuvo en 2001 un rojo presupuestario igual al 5,5% del PBI por una política expansiva que apuntaló consumo e inversión. Y lo hizo bien: su inflación sólo fue 1,2% y la economía brindó un ambiente armónico para el desarrollo e indicadores sociales aceptables.

El mundo ignoró que Malasia le escapara a los ajustes del Fondo. Pese al freno económico, las inversiones extranjeras fueron récord en tres de los cuatro trimestres de 2001, y las reservas, que tocaron su piso en mayo de ese año, ahora subieron a US$ 31.200 millones, nivel para vivir tranquilos: supone la mitad de toda la deuda pública y 6 veces los vencimientos de deuda de corto plazo. Una fuente importante de sus recursos es Petronas, la petrolera que se mantiene en poder del Estado.

Sus exportaciones también se destacan. Basadas en productos electrónicos y luego eléctricos, textil y materias primas (madera —de vastas zonas deforestadas sin piedad— caucho, cacao), son un pilar en Malasia, como en sus vecinos. Cada año prácticamente igualan el PBI en aporte de divisas.

En cuanto al control de cambios que ejerce el Estado sobre la entrada y la salida de divisas y el control del ingreso de capitales de corto plazo especulativos (modelo también tomado por Chile y otros países), el FMI puso reparos. Pero Malasia los ignoró. El gobierno gravó con 10% el giro de utilidades de las inversiones de plazos menores a un año, y frenó la extranjerización de activos nacionales.

En mayo de 2001 aflojó algunas normas y los directores del Fondo aplaudieron. Pero, sin injerencia en el programa general, sólo pueden hacer eso. Y hasta deben aceptar que las políticas fiscales expansivas "en el entorno actual" —dijeron en su última visita — son "apropiadas" y que un equilibrio presupuestario puede esperar "para evitar una desaceleración económica aguda y el riesgo de crisis financiera y empresaria".

Argentina tuvo largos años de tutela del FMI y desembocó en la peor crisis de su historia, lo que no exime — al contrario — de culpa a sus gobiernos. Fue de ajuste en ajuste, abrió la cuenta de capital como pocos otros países y privatizó/extranjerizó casi todo. Malasia siguió otro rumbo.

Dice Néstor Restivo: “Es, obvio, un caso asiático, distinto al de estas latitudes: una monarquía parlamentaria, con primer ministro, sultanes y pugnas religiosas, conflictos tapados, grupos económicos muy fuertes y otras cuestiones.” Lo mismo que Argentina, Malasia sufrió desde siempre la superabundancia de funcionarios gubernamentales corruptos, algo demasiado común en Oriente, (Sukarno, Suharto, Marcos, etc.) por lo que las diferencias a ese respecto con Argentina son escasas.

Las diferencias – y a favor de Argentina – es que Malasia cuenta apenas con 329.747 km2 de territorio, contra los 2.766.889 km2 de Argentina. Malasia y Argentina tienen una cantidad similar de población, pero la densidad poblacional de Malasia es 69 hab/km2 mientras que la de Argentina es de 13 hab/km2, y esta es la única desventaja: una mayor densidad poblacional sería deseable, vista la evidencia de que los países más ricos y poderosos del mundo son también los de mayor densidad poblacional por kilómetro cuadrado. Sin embargo, hubo y hay diferencias en el potencial productivo de ambas naciones, y la ingente cantidad de recursos naturales de Argentina, esperando ser explotados con eficiencia y ser puestos al servicio de la Nación.

Veamos partes de un artículo aparecido en la página de internet del The Asian Wall Street Journal, Enero 28, 2000, dando algunos datos sobre Malasia:

"La performance del mercado de valores de Malasia el pasado año (1999), parece haber vindicado las políticas económicas del primer Ministro Mahatir Mohamad, incluyendo su controvertida decisión de imponer un limitado control de capitales en Septiembre de 1998. A menos de un mes de iniciado el año, (2000) el índice de precios compuestos de las acciones del Kuala Lumpur Stock Exchange ha crecido un 15,7% y los analistas esperan que la carrera continúe."

"Existe un creciente sentimiento de que la economía Malaya se dirige hacia mejores tiempos. El índice de sentimiento del consumidor (consumer sentiment index), compilado por el Malaysian Institute of Economic Research, creció 6,4 puntos durante el cuarto cuatrimestre de 1999 desde 111,3 del cuatrimestre previo a 117,7. Las ventas de manufacturas saltaron 30,8% de un año al otro en Noviembre, después de haber crecido 27,5% el mes anterior. También en una base anual de comparación, la producción industrial creció 23,1% en Noviembre, después de haber crecido 13,9 en Octubre."

"El producto bruto interno, que se había encogido 7,5% en 1998, creció 5% en 1999 y se prevé un aumento del 5,7% este año. Más aún, a pesar del boom de la actividad económica la inflación de los precios parece estar dominada. En 1999 el índice de precios al consumidor aumentó el 2,8%, contra la suba del 5,3% de 1998."

"Mientras tanto, los inversores extranjeros están siendo atraídos ahora por los mismos controles de capital condenados por la comunidad internacional, cuando fueron implementados el año pasado. Los inversores aprovechan ahora la oportunidad de sacar ventajas de un mercado sumamente protegido de la volatilidad de los mercados mundiales (global marketplace). Al imponer controles de cambio y fijado rígidamente el valor externo del ringgit, el gobierno de Malasia ha conseguido hacer la torta, y además comérsela. Por el momento, este tipo de política permite continuar la política monetaria sin ninguno efecto prejudicial colateral."

"Después de alcanzar el 11,05% en Abril de 1998, la tasa interbancaria trimestral de Kuala-Lumpur, cayó al 3,2% a fines de Diciembre de 1999. Más aún, en una base anual, la provisión M1 de moneda aumentó el 25,1% en Noviembre de 1999, luego de un crecimiento del 21,3% en Octubre. Es esta política monetaria expansionista la que está por detrás del actual boom del Kuala Lumpur Stock Exchange."

Bien. ¿Cuál es la causa de este “milagro”? ¿Qué pasaba y qué pasó para que Malasia se elevase de una crisis económica y financiera igual que la que sufre Argentina ahora, a un boom económico que parece no querer detenerse? ¿No es que los países que rompen con el Fondo Internacional y “le dan la espalda al mundo”, se precipitan al caos y a la desintegración? No parece haber sido el caso de Rusia ni el de Malasia, y sí parece ser el caso de los países –como Ecuador y Argentina- que siguieron religiosamente las “recetas” provistas por el Fondo. El asunto de las “recetas” se comprueba fácilmente:

Rusia aceptó las “recetas” del FMI y se precipitó en su peor crisis económica de la historia. Proclamó su “default”, y hoy el valor de sus bonos de la deuda se elevaron un 50%. El caso de Malasia es ligeramente diferente. Malasia había tenido un crecimiento sostenido de entre el 6 y el 8% anual desde su independencia, y como el dinero abundaba en el país, los megaespeculadores de moneda –como Georg Soros- se dedicaron a saquear al país, aprovechando las condiciones impuestas por el Fondo Monetario en 1997. Tal como lo afirma el Primer Ministro Mahatir bin Muhammad, en varias entrevistas y en su discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, los especuladores en moneda devastaron al país, y lo sumieron en sangrientos alzamientos populares. Luego que se estableció la calma, el nuevo gobierno rompió con el FMI el 28 de Septiembre de 1998, imponiendo las medidas económicas y financieras que se mencionan muy ligeramente en el artículo del Asian Wall Street Journal, controlando muy severamente el ingreso y egreso de capitales del país.

Como es sabido, Malasia no necesitó de préstamos para exportar, ya que los que eligen financiar las compras son los compradores, sobre todo cuando el precio y las condiciones son favorables. El producido de su exportaciones se quedó en Malasia, y no fue remitido al exterior por corporaciones multinacionales, como sucedió, sucede y parece que seguirá sucediendo en Argentina.

Tenemos el ejemplo de un país que tuvo éxito en independizarse del FMI, del Banco Mundial y de sus mentores, los Estados Unidos y Gran Bretaña. Sólo habría que seguir su ejemplo y aplicar las medidas que le llevaron al éxito. Comparando las ventajas que Argentina tiene sobre Malasia en extensión de su territorio, existencia y abundancia de recursos naturales estratégicos, minerales, petróleo, gas, productos agrícolo-ganaderos que se obtienen de los suelos más fértiles del mundo, capacidad y cantidad de mano de obra especializada, nivel cultural de su pueblo, etc., el éxito parecería asegurado y sólo sería necesario poner manos a la obra. Sólo que hay un pequeño detalle que no se ha tenido en cuenta: la gente de Malasia está unida en un sólido bloque que resiste todas las presiones que tratan de imponerle desde afuera.

Entonces, ¿cuál es la raíz del problema Argentino? Conocemos ya muchas de sus consecuencias visibles: funcionarios corruptos, población igualmente corrupta, gran parte de ella acostumbrada al paternalismo del Estado y otra gran cantidad acostumbrada a hacer negociados con funcionarios del gobierno. El resto de la población, gente común honesta y trabajadora – que todavía quedan – es testigo impotente de la lucha de intereses entre esos dos grupos minoritarios y ha perdido su capacidad de analizar y evaluar las causas del descalabro económico, cultural y moral de su país.

Rápido y Breve Repaso de la Historia

¿Cuándo comienza la precipitada cuesta debajo de la Argentina? Un primer indicio lo daría el arribo al poder de un sentimiento bastardo y negativo que lleva a la promulgación de la nefasta Ley de Alquileres en la década del 20 por parte del gobierno de Hipólito Irigoyen y que los congeló hasta más allá de la década del 50. Un detalle aparentemente tan nimio marca el inicio de la agonía y muerte de la industria de la construcción en el país, madre de industrias y de actividad productiva.

El segundo sería al entrada de los militares a la actividad política con la revolución del Gral. Uriburu en el año 30, y la persistencia del sentimiento “populista” en las políticas de gobierno, que hace eclosión durante el primer gobierno de Juan Perón, a partir de 1946, y que es adoptada también por los gobiernos militares que le siguieron: los militares también siguieron practicando la demagogia – a pesar de su manifiesta incapacidad para gobernar apelando al raciocinio, la inteligencia y el sentido común de la gente. El problema era que la gente había sido contagiada por el virus del populismo.

Parece muy claro que el principal obstáculo que ha tenido la Argentina para desarrollarse y alcanzar niveles importantes dentro del concierto de naciones ha sido, es y seguirá siendo el populismo. ¿Qué es esto del populismo? No es otra cosa que hacerle creer al populacho que tiene razón en todo lo que dice, lo que quiere y lo que decide. Es decirle al populacho lo que el populacho quiere escuchar, y no exigirle que cumpla con sus obligaciones cívicas antes de reclamar sus derechos.

Pero, ¿qué es el populacho? Fea y despectiva palabra, con connotaciones oligárquicas peyorativas, por cierto. Quien nos abrió las puertas a la comprensión de este fenómeno fue José Ortega y Gasset, el más grande filósofo y pensador de la lengua Española.

Según Ortega, el deseo del hombre medio de "parecerse a todo el mundo" y sentirse a gusto consigo mismo señalaba una dramática estrechez de miras personales y lo exponía al sometimiento de voluntades totalitarias. Los especialistas europeos reunidos para comentar "La rebelión de las masas" se formularon, aunque en otros términos, la pregunta: ¿Qué diría Ortega de nuestra época? La mayoría concluyó que el empobrecido sistema educativo vigente y la enorme penetración televisiva confirman el predominio de aquello que Ortega llamaba "el alma vulgar" de identidad confusa. Los especialistas no dudaron en asegurar que "el hombre-masa" ocupa hoy la escena más destacada.

Recordaron, en beneficio de la claridad del concepto, que para Ortega "el hombre-masa" estaba en todas las capas sociales y era quien resultaba incapaz de valorarse a sí mismo y de exigirse esfuerzos y conductas que lo mejoraran, mostrándose habitualmente petulante y complacido de sí mismo, como alguien que quiere una cosa pero no sus consecuencias.

Esta “virtud genética” de los Argentinos ha sido explotada y llevada niveles de excelencia por los políticos desde Yrigoyen hasta aquí. Permítaseme citar a Robert Moss, en su lúcido análisis de la situación Argentina, hecha hacen ya más de 20 años, en su libro “El Colapso de la Democracia”:

“Actualmente existen demasiados políticos 'del montón'. Pero peor aún que este tipo de políticos es ese producto supremo y corruptor por excelencia del sistema democrático: el demagogo. Los Argentinos, por cierto, han tenido más experiencia que la nadie hubiese querido tener en cuanto al significado de la palabra 'demagogo'. El demagogo llega al poder sobornando al electorado. Promete riquezas fáciles para todos través de la confiscación de la riqueza privada. Promete terminar con el desempleo mediante la expansión de la burocracia y la máquina impresora de moneda. Nutre su fuerza de la envidia. Desencadena un ponzoñoso odio de clases subrayando las diferencias en riqueza y educación que son inevitables en toda sociedad móvil... Ofrece Mitos y no Verdades Políticas. Busca escapar a la responsabilidad del desastre económico que causa su programa atacando a chivos emisarios.”

“El demagogo invita a los hombres a preguntarse no lo que pueden hacer por su país, sino lo que el país puede hacer por ellos. Compra votos prometiendo que el Estado proveerá a todos con un nivel de vida al que cada cual se sienta con derecho, al margen de todo esfuerzo. Si tiene éxito establecerá una tiranía antes de que el mito se derrumbe y de que el pueblo se dé cuenta de adonde realmente se lo está llevando.


Y el hombre que cree en el discurso del demagogo es un tipo de parásito lleno de miedo que desprecia lo que no comprende o lo que es excepcional. Como dijo Ortega, “los que no se exigen nada especial triunfarán por mera aritmética sobre los que se exigen mucho”, y llegan incluso a castigarlos por sus esfuerzos. Habrá una correspondiente pérdida de respeto por las habilidades personales y por cualquier forma de excelencia. El grito de “Somos los dueños ahora!” dará como resultado la exaltación de todo lo que es vulgar.

Es tiempo de hacer un alto y volver a darle el significado que tenían las palabras que, al decir de Ortega, “como viejas monedas, se gastan con el uso y pierden su valor primitivo”. ¿Qué es el populacho? No es la gente pobre o de condición humilde, por supuesto, sino el conjunto de personas que, volviendo a repetir a Ortega y Gasset; “resultan incapaces de valorarse a ellos mismos y de exigirse esfuerzos y conductas que los mejoraran, mostrándose habitualmente petulantes y complacidos de sí mismos, como alguien que quiere una cosa pero no sus consecuencias.”

Por suerte, la mayoría del pueblo Argentino no forma parte del populacho, porque el populacho carece de dignidad y respeto por sí mismo y por los demás. El campo Argentino está poblado por millones de personas que llevan su pobreza y su condición humilde con una dignidad de la que carecen sus “representantes” en el Congreso. Senadores y diputados no representan al pueblo, sino que representan a los aparatos políticos de una Democracia desvirtuada y corrupta. Sólo representan un mecanismo perverso para cambiar de patrones. Puesto de una manera más cruda, el pueblo participa sólo en la elección de quienes les estarán robando durante los próximos cuatro años. Terminada las elecciones, no tiene a su alcance mecanismo que haya resultado efectivo para participar en el cambio del curso al que lo han lanzado los políticos. Sólo le queda observar el impúdico espectáculo de sus gobernantes y sus políticos repartiéndose el botín.

La pérdida del respeto por la excelencia y la admiración por la demagogia populista ha quedado patentizado hace muy poco con la elección del nombre “Ché Guevara” para una escuela de Córdoba, desechando la otra alternativa por la que había votado el 50% de los alumnos: “Dr. René Favaloro”. Lo penoso de este episodio es que el “desempate” de la votación fue decidida por el cuerpo “docente”, e increíblemente convalidad por el gobierno de la provincia, en ambos casos, en una muestra palmaria de pura demagogia. Quienes están a cargo de la educación de nuestros niños, el más valioso capital con que cuenta la Nación, despreciaron los largos y duros años de labor abnegada del Dr. Favaloro en beneficio de sus compatriotas, para premiar la memoria del ex jefe de la Fortaleza de la Cabaña, quien en 1959 ordenó el fusilamiento de cientos de miembros de la Policía de Tránsito de La Habana – quienes habían sido absueltos por el tribunal revolucionario que los juzgó – por el único “crimen” de haber usado uniforme. “¡Júzguelos otra vez y fusílenlos! - “Pero, mi Comandante,” - le replicaron, - “No han cometido ningún crimen...” - ¿Usaban uniforme, no? ¡Hay que dar un escarmiento!” Y hoy una escuela de Córdoba, como muestra de la manera en que los valores morales han sido subvertido en la Argentina, lleva el nombre de un verdugo criminal y despiadado.

La Inversión de Valores Morales

Como lo profetizaba Ortega, los valores morales han sido invertidos en nuestro país. Hoy se admira al estafador, al político exitoso, al industrial poderoso y saqueador, a los delincuentes terroristas, aunque públicamente se diga otra cosa. La larga y sostenida campaña para castigar a los militares culpables de “crímenes de lesa humanidad”, tiene más de venganza sedienta de sangre que de reclamo de justicia. Más todavía porque cuando se derogan las leyes de amnistía, punto final, obediencia debida, y perdón para todos, los seguidores y admiradores del terrorismo subversivo se escandalizan y protestan airadamente por la detención de algunos pocos cabecillas del movimiento terrorista que sumió al país en un baño de sangre y dolor, y que hoy se pasean con entera libertad gracias a las mismas leyes que detuvieron a los procesos judiciales que los hubieran encarcelado, o que les abrieron las puertas de la prisión después de haber reincidido en sus criminales actividades.

Han salido a las calles los parientes y defensores de los Montoneros detenidos en averiguación de su participación en la desaparición de 18 terroristas capturados por las fuerzas de seguridad, expresando su repudio por una medida que, paradójicamente, reclaman para los militares. La hernana de Fernando Vaca Narvaja, asesino confeso del General Eugenio Aramburu, hasta ha llegado a calificar la medida como "una aberración, un absurdo, una canallada, un mamarracho", cosa que podría decirse de los militares si aceptamos el argumento expresado por Patricia Vaca Narvaja, "el juez Bonadío tramita una causa absurda, porque hace 20 años hubo una causa madre por los mismos hechos y no se puede juzgar dos veces por los mismos delitos". Bien, ¿en qué quedamos? Si los militares fueron juzgados por las causas que hoy usan para acusarlos nuevamente, el pedido de extradición del juez Gazón resulta ser, de acuerdo a la Sra. Patricia, "una aberración, un absurdo, una canallada, un mamarracho".

Pero el espectáculo de cientos de militantes y personajes de toda clase cantando loas a la actuación de los grupos Montoneros, reivindicando la insurrección armada, se encuadra dentro de la figura jurídica de "apología del delito", dado que aunque los terroristas hayan sido indultados y perdonados por tres presidentes constitucionales consecutivos, los delitos cometidos siguen siendo delitos que figuran en nuestro Código Penal. Y no hemos visto que ningún fiscal haya actuado de oficio ante las expresiones de "apología del delito y de delincuentes convictos", llevando a los apologistas ante los jueces. Hay algo que huele mal.

Desgraciadamente también huele mal cuando el presidente Kirchner, durante la visita del presidente Chávez de Venezuela, expresó algo que sonó como "mientras los Argentinos sufríamos el terrorismo de Estado..." olvidando, de manera lamentable (y sintomática?) que fueron muchos más los Argentinos que también sufrieron el terrorismo Montonero. ¿Tendrá algo que ver el pasado Montonero del que se acusa a nuestro actual presidente? ¡Qué triste sería que los Argentinos terminemos sufriendo otro frustrante desengaño! Me pregunto, recordando a Robert Moss, "¿Adónde nos estarán llevando?" Esto huele mal. Roguemos al cielo que no comience a oler peor...

Y lo más penoso de todo, es que el pueblo de la nación ha estado entre dos fuegos desde que comenzó todo, los militares afirmando que combatían en defensa del pueblo, y los delincuentes subversivos afirmando que luchaban por los derechos del pueblo. Ambos se arrogaban la representación de un pueblo que estaba ajeno a todo y sufría las consecuencias de un enfrentamiento que no había provocado, y sólo quería que lo dejaran trabajar en paz. Los medios de comunicación jugaron un papel muy importante en esta subversión de valores. Se impuso, y hasta ahora continúa, el estilo del periodismo farandulero de izquierda, porque la moda era ser “de izquierda, pero no demasiado”, porque la verdadera izquierda exige vivir y comportarse como lo ordenaba el Kremlin, Mao o Castro, y eso de renunciar a Punta del Este, a los cigarros cubanos y las ostras con Champagne, o las compras de electrónicos en Miami no es del agrado de esta gente.

Queda bien ser de izquierda, por que eso quiere decir que no nos gustan los Yanquis o los desastres del "capitalismo salvaje" de las multinacionales, y que nos gustan los pobres y desahuciados por la vida, aunque no hagamos nada visible por ellos y nos vayamos en aprontes, expresiones de deseos y posturas declamativas. Los “periodistas” mediáticos al estilo Lanata y Adolfo Castelo, guarangos, intolerantes, perdonavidas hasta la náusea, y sus pares de "TV registrada", que juegan al populismo barato induciendo a la gente a creer que todos los Argentinos piensan igual que ellos y los que no piensan igual son "fascistas". Esto no es otra cosa que una manipulación fascista del pensamiento y los medios, cosa en la que innovó su gran maestro Joseph Goebbles. Esta gente ha sacado al periodismo de su misión informativa y educativa para transformarla en un vehículo de desinformación y odio por la excelencia de los valores morales tradicionales. Practican una actividad perversa deleznable.

Y los Argentinos ya no saben qué pensar; no se atreven a opinar libremente, ni siquiera frente a sus hijos; no se atreven a decir lo que sus conciencias les dicta por miedo a no ser aceptados por el grupo de gente que él cree que piensa como los medios dicen que piensan – o que tienen que pensar así a riesgo de ser tachados de fascistas si no piensan como los medios dicen que deben pensar. Y de esta manera, hay pocos Argentinos que se atreven a decir públicamente que la subversión Montonera fue un crimen de traición a la Patria, porque indujo a miles de Argentinos a volverse en contra de los legítimos intereses nacionales y alzarse en armas contra un gobierno constitucional siguiendo postulados del pensamiento marxista y maoísta, totalmente ajenos al sentir Argentino.

Si bien podría discutirse largo rato sobre la legitimidad de la insurrección Montonera iniciada durante el gobierno del Gral. Lanusse, plena vigencia de un gobierno de facto inadmisible, una vez que el pueblo hubo elegido un nuevo gobierno – para bien o para mal – la continuación de la guerra de insurrección en contra de ese gobierno constitucional puso a los integrantes del ERP y Montoneros fuera de la ley siguendo todos los mandatos constitucionales. No había ya motivos para continuar la “lucha popular”, ya que el Pueblo había hecho su elección y había rechazado la eventualidad marxista. El único motivo para continuar la guerra, los atentados terroristas y la matanza de gente inocente, era la toma del poder por parte de los cabecillas del ERP y Montoneros para instaurar un gobierno basado en los principios Maoístas y Guevaristas, una tiranía que afortunadamente no pudo concretarse.

Todos los juegos de mesa, los deportes, las actividades humanas que se puedan imaginar, tienen sus particulares reglas de juego: quien no las siga, es sacado del juego. Tarjeta roja. La guerra tiene asimismo sus muy particulares reglas, y si uno las quiebra sólo será juzgado si pierde la guerra. Las sociedades se rigen por reglas que son aceptadas por la mayoría porque han demostrado, a lo largo de los años, ser útiles para la convivencia pacífica. Los ladrones, violadores y asesinos quiebran las reglas y son retirados de la sociedad de una u otra manera. En muchos países les cortan las manos, los pies, los órganos sexuales, los decapitan, los ahorcan, les aplican el garrote, los matan a palos o pedradas, los fríen en la silla eléctrica, los fusilan, los gasean, les inyectan veneno en sus venas, en fin, una belleza. En otros no llegan a tanto, y gastan enormes cantidades de dinero amontonándolos en lugares cerrados, donde son entrenados y perfeccionados en sus malas artes y vueltos a la sociedad para seguir depredando a sus conciudadanos. Por supuesto, como en todo, hay excepciones, pero sólo sirven para confirmar la regla.

Por lo tanto, cuando se conocen las reglas, también se conocen las consecuencias que trae romperlas. Si se sale a la calle con un fusil y se comienza a matar gente, policías y soldados, a secuestrar gente para pedir rescates millonarios, o para mantenerlas durante meses en espantosas "checas" subterráneas, en condiciones inhumanas, o para juzgarlas en tribunales "populares" anticonstitucionales, sin lugar a una justa defensa, y luego ejecutarlos de un balazo en la nuca; cuando se ponen bombas que matan a peatones inocentes, o cuando se asaltan cuarteles y comisarías, no cabe quejarse porque los afectados reaccionen y quieran exterminarlos usando los mismos métodos. Si eso es ser "reaccionario", yo lo soy. Si alguien me amenaza con pegarme un tiro, no le quepa duda de que reaccionaré y, si tengo suerte y habilidad, seré yo quien le pegue el tiro a mi asaltante. Nuestras leyes establecen que eso es "defensa propia". Y Defensa Propia fue lo que el gobierno constitucional de Isabel Perón ejerció cuando ordenó a sus Fuerzas Armadas aniquilar la amenaza de la subversión.

No vale querer ahora presentar a los criminales subversivos como "héroes populares", porque jamás lo fueron ni podrán serlo jamás. Las reglas de la sociedad argentina no incluyen la aceptación de crímenes en su contra. Si los militares acusados cometieron asusos, excesos y crímenes, y es muy probable que así sea, deben ser juzgados con todas las garantías constitucionales de nuestro paìs, y no por las leyes de otros países. Si aceptamos la ingerencia de otros países en nuestros asuntos internos, entonces no nos quejemos porque los Estados Unidos invadan a Irak y otros países cada vez que se les ocurra, o envíen sus tropas a nuestro país para "ejercicios conjuntos".

La sociedad Argentina se rige por muchas reglas, escritas y no escritas. Quienes las rompen reciben, a veces, un castigo que debería servir de ejemplo al resto. En base a esto, se ha pedido la prisión de los militares acusados de delitos durante la represión y aniquilamiento de la guerrilla terrorista de los años 70, y es bueno que sean llevados ante los jueces y, si fueren hallados culpables, sentenciados a cumplir el castigo que establecen las leyes. Pero, en base a esto, también se ha pedido la prisión de los jefes del movimiento terrorista Montoneros para ser juzgados por los crímenes que cometieron en contra de sus propios compañeros. Lo inaudito es que no se les quiera juzgar por los crímenes cometidos contra la sociedad argentina; que impúdicamente se ignore que ellos fueron tan criminales como los militares que cometieron excesos. Esto huele cada vez peor.

Derrotados y en fuga, siguieron sin embargo su lucha solapada aprovechando la subversión de valores morales que se había venido produciendo en el país desde los años 20, acelerada a partir de la nefasta demagogia instaurada desde 1946. La primera y más importante víctima fue el sistema educativo Argentino, que siguió recibiendo continuadas reformas que dieron por resultado el desprecio por la excelencia y los valores morales tradicionales. Se despreciaron los valores espirituales y se presentó al materialismo consumista como el desideratum de la sociedad. Tanto tienes, tanto vales, pareció ser la norma obligada. Y las nuevas generaciones de legisladores, en lugar de ocuparse en estudiar soluciones para el país y su pueblo, se lanzaron a enriquecerse y acumular poder de manera obscena.

La corrupción llegó a niveles jamás vistos, y mientras la situación económica del país lo permitió, se crearon insólitas fortunas entre los miembros de los diversos gobiernos, tanto de facto como constitucionales. Se formó una corporación saqueadora de industriales, funcionarios y sindicalistas – la popular Patria Contratista – que permitió y alentó la intervención de organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial, proveedores de fondos que Argentina no necesitaba, pero que fueron solicitados para distribuirse entre los miembros de la corporación, descargando la responsabilidad de su repago en las espaldas de la gente.

Dicen que era esto contra lo que el ERP y Montoneros luchaban. La evidencia histórica demuestra lo contrario. La deuda externa Argentina comenzó a crecer peligrosamente recién con Martínez de Hoz, y después de la Guerra de Malvinas empeoró, aunque aún estaba bajo control, considerando la capacidad productiva que el país tenía entonces. De haber adoptado Alfonsín políticas sensatas tendientes a reducir el gasto público improductivo, reducción de la burocracia estatal, y fomento de las actividades productivas y exportadoras, no estaríamos en la actual situación caótica y sin muchas esperanzas de salir de ella.

Pero era muy difícil que el gobierno radical pudiera escapar a la tentación de aplicar sus innatas políticas demagógicas y populistas, herencia ancestral de Yrigoyen. Más aún, cuando el movimiento Montonero renació de sus cenizas y comenzó a presionar por “justicia”, poco pudieron hacer los radicales para quedar bien con Dios y con el Diablo, y naufragaron en aguas de borrajas, sin gloria y con mucha pena, dejando paso a uno de los más nefastos personaje que hayan existido en la historia Argentina. Carlos Menem siguió y perfeccionó la demagogia del peronismo, y la llevó a extremos desastrosos. Mientras vociferaba su pasión peronista y su vocación “nacionalista”, cometió la más escandalosa entrega del patrimonio nacional a través de las inicuas privatizaciones de sus actividades productivas estratégicas y sus recursos naturales.

Aunque pretendió “pacificar” al país mediante indultos a criminales convictos y confesos, no lo logró porque los valores morales siguieron siendo subvertidos mediante más y más desastrosas reformas al sistema educativo acompañado por quitar todo apoyo a las actividades de investigación científicas, el desmebramiento y aniquilamiento de programas tecnológicos de avanzada como el Plan Nuclear y las actividades aeronáuticas y aerosepaciales. Contó, como era de prever, con la complicidad de la prensa ansiosa de erigir imperios comerciales descomunales cambiando prebendas por obsecuencia. Y esta obsecuencia periodística generalizada, atenta sólo a sus mezquinos intereses sectoriales, impuso un "cono de silencio" sobre toda voz disidente, haciendo imposible que la gente pudiera darse cuenta “adonde la estaban realmente llevando”, como profetizaba Robert Moss en su libro. Mi impresión es que esto parece estarse repitiendo. Sólo que ya no hay botín que saquear. A la vaca se le terminó la leche, y los delegados del FMI han llegado ahora para llevarse los costillares.

La Justicia en Marcha – ¿Todavía cree en ella?

En Julio del 2003, el juez español Baltasar Garzón solicita la extradición de 46 militares y civiles acusados de cometer crímenes de lesa humanidad durante la época del Proceso militar. ¿Cuál es la definición de "crimen de lesa humanidad"? No está demasiado claro, pero el consenso de los medios de comunicación parece ser el de "genocidio" y "torturas". Pero "genocidio" significa "aniquilación de etnias", o "matanza de pueblos", algo así como lo que intentaron llevar a cabo los Nazis con el pueblo Judío. O lo que hicieron los Tutsis con los Hutus en Ruanda-Burundi, o los Turcos con los Armenios en 1915, o los Japoneses con los Chinos de Shangai, 1937. O los Ingleses en la India, y los norteamericanos en Vietnam. O Sendero Luminoso en Perú. El secuestro y desaparición de combatientes guerrilleros es un crimen de guerra que han cometido todos y cada uno de los Estados que debieron enfrentar el problema, incluida la admirada Revolución Cubana, responsable por el encarcelamiento, desaparición y fusilamientos de más de 100.000 cubanos que no estaba de acuerdo con la Revolución. Hasta hoy, el juez Garzón no ha pedido la extradición de Fidel y sus secuaces. Sólo se ha dedicado a pedir la extradición de quienes combatieron y vencieron a la subversión comunista. Curioso, ¿no?

Ahora bien: los militares Argentinos han sido acusados por la desaparición de los miembros de bandas terroristas, declaradas fuera de la ley por un gobierno constitucional que ordenó su "aniquilamiento". En cumplimiento de una orden expresamente impartida por un presidente de la Nación Argentina, las Fuerzas Armadas procedieron a eliminar a las fuerzas subversivas de los montes y serranías Tucumanas, y luego se dieron a la tarea de eliminar a la guerrilla urbana en el resto del país. Cumplieron su tarea de manera acabada y pusieron en fuga a quienes habían repudiado todas las normas de convivencia pacífica con que se rige la sociedad Argentina, pisoteando y burlándose de todas las leyes de la Constitución Nacional.

Pero ahora, quienes repudiaron a la Constitución de los Argentinos exigen airadamente que se les reconozcan los mismos derechos que ellos negaron a las víctimas de sus atentados y acciones guerrilleras. Pretenden ahora que se olvide que ambos bandos cometieron toda clase de excesos y crímenes, unos en pos de imponer una tiranía Maoísta al estilo cubano, y los otros en defensa de la continuidad de un gobierno de facto que pretendía impedir el ascenso del marxismo al poder. Hubo una guerra, aunque se lo quiera negar. Y no existe ninguna guerra donde los participantes no hayan cometido toda clase de atrocidades.

La historia es rica en ejemplos de atrocidades cometidas durante las guerras, y que jamás fueron castigadas. El atroz bombardeo de la ciudad de Dresden por parte de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, es una espantosa muestra donde murieron más de 140.000 civiles –en su mayoría niños, mujeres y ancianos. Otras muestras del horror homicida de los "paladines de la democracia" son la destrucción de Hiroshima y Nagasaki mediante bombas atómicas arrojadas sobre una inocente y desprotegida población civil, y las matanzas que hicieron los Británicos de muchedumbres en la India, después de la Segunda Guerra. Más ejemplos recientes, y sólo algunos pocos, son la actuación de las tropas coloniales Francesas de los años 50 en Indochina y de los 60 en Argelia; la masacre de Mai Ly en Vietnam; el hundimiento del Crucero Gral. Belgrano en Malvinas; las masacres de Tutsis y Hutus en áfrica, las matanzas entre Israelíes y Palestinos, la represión Rusa en Chechenia, y todos los criminales e inaceptables atentados terroristas de la resistencia Islámica en todas partes del mundo.

Sin embargo, los ganadores de las guerras siempre juzgaron y condenaron a sus vencidos, pero absuelven casi siempre a los verdaderos culpables de atrocidades en sus propias filas. Los más fuertes no permiten que nadie se atreva a juzgar los actos criminales cometidos durante sus raídes delictivos en tierras extranjeras. ¿Quiénes juzgarán a los ingleses y americanos por Dresden e Hiroshima, sus masacres con misiles en Bosnia y Serbia, Afganistán e Irak. ¿Quién se atrevió a juzgar al presidente de los Estados Unidos por la actuación de la CIA en Chile, Nicaragua, El Salvador, Bahía de Cochinos, Haití, República Dominicana, Somalia, y otras partes del mundo donde no fueron llamados a intervenir? ¿Acaso hemos escuchado a Amnesty International elevar su voz acusando y reclamando por esos crímenes? ¿Alguna vez exigieron el castigo de Abimail Guzmán, el jefe de Sendero Luminoso por las masacres cometidas sobre la etnia Asháninka? No, por supuesto que no. En vez de ello, a Sendero Luminoso le abrieron en Londres una oficina de prensa y enviaron camarógrafos de la BBC para filmar el heroico accionar de la guerrilla maoísta peruana.

El reclamo del juez Baltasar Garzón parece ser una clara operación de Amnesty International, organización gestada por el MI-6 Británico, destinada a promover y mantener la inestabilidad política en los países subdesarrollados, siguiendo la vieja y notoria política del Imperio Británico para continuar con la imposición de su neocolonialismo. ¿España apoyó a Gran Bretaña en su última aventura en Irak sólo por principios morales? España tiene poderosos intereses económicos en Argentina, como los tiene en Cuba a través de su poderosa industria hotelera y de casinos. España está hoy siguiendo las viejas huellas de los Conquistadores que colonizaron América, realmente está saqueando las economías de sus viejas colonias. Lo mismo que hace Inglaterra, lo mismo que hacen los Estados Unidos. Para conseguir hacerlo de manera impune, es necesario que sus víctimas no puedan oponer resistencia, es imperioso que no puedan unirse en un frente macizo y homogéneo en contra de los verdaderos enemigos del desarrollo y el progreso.

Mientras que los Argentinos permanezcan enfrentados entre sí por viejas y ahora estúpidos rencores, las multinacionales extranjeras seguirán enviando sus descomunales ganancias al exterior. España, Estados Unidos, Inglaterra, viven del inicuo saqueo de los países subyugados, a los que han impuesto condiciones inicuas para sus economías a través del FMI, el banco Mundial y otras organizaciones que no prestan dinero, pero que imponen restricciones al desarrollo mediante la prohibición de tecnologías y uso de productos químicos indispensables.

Es probable que el odio, el rencor y las ansias de venganza ciegue a casi todos aquellos que hoy piden la cabeza y el juzgamiento de los militares – pero de manera increíble reclaman el olvido o la justificación para los crímenes cometidos por Firmenich, Vaca Narvaja y sus cuadros – y no les permiten ver que son los idiotas útiles que le hacen el juego al esquema geopolítico de los países más poderosos del mundo. ¿O será que sus jefes lo saben porque finalmente terminaron siendo parte de ese juego, engañando a sus seguidores? Sugestivamente Firmenich está radicado en España. ¿Será casualidad que el juez Garzón no haya ordenado la detención de uno de los imputados en la misma causa que está en su juzgado, sabiendo que lo tiene al alcance de su mano?

Se han olvidado de los consejos del Martín Fierro: "Sean los hermanos unidos, porque si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera". Si los viejos Montoneros y otros guerrileros quieren ser aceptados e integrarse a la vida del resto de los argentinos, sean bienvenidos para trabajar todos juntos por un paìs mejor, por mejores condiciones de vida para la gente - pero dejen el pasado atrás. No sigan escarbando en la basura porque ellos ayudaron a producirla. Es bueno que los argentinos perdonemos, pero es necesario que no olvidemos, porque si lo hacemos, estaremos condenados a repetir los mismos errores. Si los Argentinos no nos decidimos ahora, YA!, a dejar atrás al pasado y no nos dedicamos a trabajar por un nuevo modelo de país, ya no podremos hacerlo nunca más.

Eduardo Ferreyra
Córdoba, Argentina,
17 de Agosto de 2003

(a 153 años de la muerte del Gral. San Martín, qué espectáculo lamentable estamos dando!)



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