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Recibimos el siguiente mensaje del Contador Claudio Molina, a través de nuestro colaborador permanente, Contador Carlos A. Ortiz, con la recomendación de “Merece ser leído y difundido.” Y lo hacemos porque se trata de una enfermedad endémica en Argentina –y Latinoamérica.

Esclavitud Virtual

Ante todo, le pido disculpas si en esta oportunidad lo molesto con un tema que poco tiene que ver con el biodiesel, pero que en el fondo, nos demuestra la diferencia entre un país serio y uno que no lo es.

Alguien que pudo haber leído la nota de Diario Norte que le acabo de copiar y que comunica la existencia de un plan para instalar sesenta plantas de biodiesel en la Provincia, podría pensar que antes "hay que darse cuenta".

Si, efectivamente, darse cuenta que en el Chaco –y por qué no en otros lugares de la Argentina– hay esclavos.

Paso a relatar. Se trata de la historia de un argentino, del Señor Carlos Valdez, DNI 14.842.865.

Junto a mi esposa, hemos conocido a este buen señor, una noche en el Barrio de Flores, Ciudad de Buenos Aires, mientras caminábamos por una de sus avenidas. Nos llamó la atención la cara de cansancio, dolor y miedo que lo invadíamos. Por ello, interrumpí su camino y le pregunté que le pasaba. Ahí descubrí lo grave de la situación.

Me preguntó donde quedaba General Paz y Panamericana, sorprendido le dije que estaba a casi 13 km y al mismo tiempo, le pregunté a que respondía esa pregunta. Con lágrimas en los ojos, me dijo que iba caminando hasta ahí, para encontrar algún camión que lo pueda llevar hasta sus pagos, en la zona de islas de La Paz, Entre Ríos, donde accedía en bote.

Nos contó que había llegado "a dedo" desde el monte chaqueño, al noroeste de Juan José Castelli, donde trabajaba para la firma alemana Mosch, que estaba talando árboles. Su remuneración era de $ 6 por doce a dieciséis horas de trabajo diarias, más un guiso, más una cama en condiciones deplorables, sin ningún beneficio social -ni aguinaldo-, todo en negro. Esa situación se repetía con sus compañeros, los que en conjunto, además de las condiciones laborales a las que eran someti-dos, no contaban con mínimas facilidades para atender los accidentes o enfermedades que se presentaran.

Su viaje a Buenos Aires era consecuencia de un aviso, respecto a que uno de sus cinco hijos había sido picado por una víbora yarará y que debido a la falta de instrumental y posibilidades de tratamiento, se lo había trasladado a Buenos Aires. Lamentablemente, cuando llegó a la Capital Federal, se encontró con que su hijo había muerto.

En medio de tanto dolor, se trasladó a la Casa de la Provincia de Entre Ríos a solicitar un pasaje para regresar, pero le fue denegado. Por lo tanto, decidió volver a dedo. Comenzó a caminar, se perdió y aterrizó por Flores.

Gracias a Dios pude brindarle una mínima asistencia monetaria, no conseguí a esa hora pasaje, tampoco quiso alojarse en un hotel de Bs. As., pero me confirmó que llegó en micro a Zárate y desde allí -aunque le alcanzaba el dinero para tomar un ómnibus- encontró una persona que lo llevó en vehículo. Luego perdí contacto con él, pero confieso que algún día no lejano, quiero volver a verlo.

Esta no es una historia menor, es la realidad de lo que ocurre en muchos lugares del país y que la opinión pública todavía no conoce a fondo. Una mezcla de impunidad, desprecio, falta de controles, etc., etc., invaden muchos territorios de nuestro país.

Para terminar con ello, se requieren políticos comprometidos con el país, inteligentes y trabajado-res, sensibles y enérgicos al mismo tiempo. Estoy seguro que existen, ya que conozco a varios de ellos. Solo me resta pensar que algún día sean mayoría y puedan cambiar estas cuestiones de mi querido país que lo hacen parecer más a Liberia que a Suecia.

Mientras tanto, seguramente Carlos Valdez esperaría que se ocupen de él y de muchos hombres y mujeres como él, y no de invadir la provincia con licuadoras...siempre le quedará en el recuerdo el pasaje que le negaron o el presupuesto de US$ 2 millones anuales que antes manejaban los legis-ladores provinciales de Formosa, mientras sus amigos formoseños, hacheros también como él -del oeste de esta provincia, lindante con el monte chaqueño- sufrían lo mismo.

Saludos cordiales.

Claudio Molina


NOTA de FAEC: El tema de las condiciones infrahumanas en que vive una cantidad sustancial de la población de Argentina, país alguna vez incluido entre los del "Primer Mundo" por un gobernante iluminado, es algo que se viene arrastrando desde los tiempos de la colonia, y pocos han sido los gobernantes que en verdad hicieron algo "en serio", instalar condiciones a largo plazo para remediar esta situación. Por desgracia, nuestros políticos "providenciales" son adictos al "corto plazo", a medidas inútiles y contraproducentes como el control de la inflación mediante precios máximos, y otras insensateces similares.

Repasando la historia se comprueba que los políticos que accedieron a "su turno de gobernar" se preo-cuparon más por establecer bases políticas y acrecentar su poder con miras a extender su "mandato" lo más posible, que a resolver los acuciantes problemas de los más necesitados.

Similar situación se viene comprobando en todos los últimos gobiernos, incluido el actual, donde esta fiebre por acrecentar el poder político ha sobrepasado las fronteras nacionales y busca una proyección continental. Es una lástima, porque más que apoyar y tratar de solucionar los problemas que enfrentan Chávez o Evo Morales, sería más adecuado y más humano que se procurase mirar qué está pasando en ese submundo de miseria que constituye el norte argentino (o el resto del país!), y dar algún consuelo para tanta miseria y tanto infortunio.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


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