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Premio Nobel 2005 en Economía
Habla del Tratado de Kioto

por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC

El israelí Robert Aumann y el estadounidense Thomas Schelling ganaron el este años el Premio Nobel de Economía por sus estudios, que pueden ser aplicados en "políticas de seguridad y desarme, en la formación de precios en los mercados, así como en negociaciones políticas y económicas, " dijo la Academia Real de Ciencias Sueca al conceder el premio de 10 millones de coronas.

La revista US News.com entrevistó al Prof. Thomas Schelling y le solicitó su opinión sobre el Tratado Kioto, limitador de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Mucha gente ignora quién es Thomas Schelling, pero sus trabajos han cambiado la vida de millones de personas de una manera que la mayoría desconoce, y está ahora trabajando en otras cosas que cambiarán la vida de nuestros hijos de una manera que ni siquiera podemos imaginar.

La teoría del juego y el riesgo en las negociaciones de Schelling llevaron a cruciales mejora-mientos prácticos en las relaciones internacionales tal como la instalación del famoso teléfono rojo entre la Casa Blanca y el Kremlin. Sus investigaciones sobre el comportamiento irracional de los adictos persuadieron al Congreso de los Estados Unidos a elevar el impuesto de los cigarrillos.

Pero una parte importante de su pensamiento se ve reflejada en las respuestas relacionadas con la viabilidad e importancia del Tratado de Kioto:

Periodista: Usted está escribiendo mucho acerca del calentamiento global. Y algunos de sus escritos indican que los resultados podrían no ser todo malos.

Schelling: Yo siempre pensé que era algo malo. Me involucré mucho antes que la mayoría de la gente. Me involucré profundamente hacia 1980 cuando serví en un comité de la Academia Nacional de Ciencias llamado el Comité de Evaluación del Dióxido de Carbono.

P: Usted se ha ubicado en contra del Tratado de Kioto.

S: Oh, yo creí que el Tratado de Kioto era un fiasco, pero eso es a causa de que no era mucho como tratado. No creo que haya logrado nada. Tampoco creo que lo haga. Era una mala idea.

P: Bien, ¿qué debería hacerse entonces?

S: Lo que yo propuse es que las grandes naciones industriales, como los Estados Unidos, Japón, la Europa Occidental, Canadá, Australia, Israel, deberían de juntarse y pensar la manera en embarcarse en un conjunto de compromisos, en acciones que deberían hacer, incluyendo acciones conjuntas de investigación y desarrollo para mejorar la eficiencia de la energía y su conservación. No creo que jamás vayan a existir obligaciones compulsivas. Creo que tendrá que ser algo voluntario.

Yo traté de preguntar, “¿Se han embarcado alguna vez las naciones en una empresa cooperativa tan impor-tante y costosa como es hacer algo sobre el calentamiento global?” Y mi respuesta es sí: la OTAN es un ejemplo excelente. En la OTAN, las naciones tomaron compromisos, y sus compromisos fueron para acciones que ellas tomarían, y en su gran mayoría ellas lo cumplieron. Es en parte a causa de un sentido de comunidad entre las naciones involucradas. No se puede obtener esa clase de comunidad con 185 naciones. Pero si se pudiese lograr esa clase de comunidad con los países de la Organización de Cooperación Económica y Desarrollo y el Japón, creo que entonces, después de 5 o 10 años, ellos habrán demostrado que son serios, y que podrían hablar con los Chinos, los Hindúes, los Brasileños, los Indonesios.

P: ¿De manera que el mundo desarrollado debería hacer lo suyo primero?

S: La idea de que podrían hacer compromisos sujetos a sanciones es muy pobre. Estoy impresionado por el hecho de que en los artículos en la Unión Europea resulta explícito que cualquier nación que en tres años consecutivos tuvo un déficit de más del 3% de su PBI va a sufrir severas sanciones [por no cumplir con el tratado]. Hace un año, Francia y Alemania cumplieron tres años consecutivos con déficit de su presupuesto de más del 3% de su PBI, y absolutamente nada se hizo y nada ha sido contemplado. Nadie va a tratar de imponer un impuesto a Francia o Alemania, y nadie va a amenazar con una invasión militar porque ellas no quieran pagar una multa.

P: Suena como que usted piensa que no hay nada que pueda hacerse de inmediato, sino que es algo a un mayor plazo …

S: Una gran parte de ello debería ser investigación y desarrollo. Tengo la esperanza de que gran parte de ello pueda hacerse a través de la cooperación internacional… Creo que será duro de hacer algo sin que los Estados Unidos tomen un papel de líder, y creo que esta administración nunca lo iba a hacer. Pero yo no culpo solamente a George Bush. Al Gore fue a Kioto durante las negociaciones. Después de que el Tratado fue firmado, la administración Clinton lo dejó estar allí por tres años y nada hizo al respecto.

Dado que el tratado fue apuntado groseramente al año 2010, tres años de no hacer nada era mucho tiempo despreciado. Si Gore hubiese resultado elegido, podría haberse sentido molesto porque se sentiría obligado a ir al Senado a solicitar la ratificación del tratado. Y ellos podría haberle dicho, “Si ratificamos este tratado, ¿qué es lo que tenemos que hacer? Tendremos que elevar los impuestos, imponer subsidios. Tendremos que financiar una gran cantidad de investigaciones y desarrollos, Tendremos que pasar muchas nuevas leyes, regular el kilometraje de los automóviles, o las normas de navegación, y todo eso.” Gore hubiese tenido que decir, “No sé. Déjenme pensarlo.”



Comentario de FAEC: Gore se siente hoy aliviado por no haber sido elegido presidente en el 2001, visto todo lo que la historia nos está mostrando desde principios del 2001. También sabía Gore que el senado ja-más, ni en sueños, aprobaría una ratificación del Tratado de Kioto por la sencilla razón que ya lo había recha-zado contundentemente, unánimemente, en una histórica votación de 95 a cero en 1997, los representantes del pueblo de los Estados Unidos de Norteamérica, rechazaron aceptar ningún tratado internacional que significa-se reducir el consumo de combustibles, reducir la producción de energía, y limitar el desarrollo industrial de la nación.

No se trata de algo que un presidente de los Estados Unidos pueda ordenar o sugerir dado que la Constitución se lo prohíbe de manera expresa y taxativa. Está en manos del pueblo y de sus representantes la decisión de adherir a un tratado que nada podría hacer para detener un cambio climático o un calentamiento global que no fue causado ni iniciado por las actividades humanas, y no podrá ser detenido o revertido mediante la destruc-ción de las economías de casi todos los países industrializados del mundo o con intenciones de lograrlo algún día.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


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