Hora de Córdoba
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Ciencia por Intimidación

Por Rex Murphy
Comentarista del National Post, Toronto
y conductor del programa de la CBC Cross-Country Checkup,
Junio 28, 2008

La Verdad puede ingresar al mundo a través de muchas puertas, pero jamás está conducida por la fuerza. Yo creía que esa era una lección aprendida hace mucho tiempo, y aprendida muy especialmente por los científicos. Los verdaderos científicos, en realidad, la han aprendido. Sin embargo ha emergido una nueva amalgama, el “científico-activista”, y para ese tipo de científico se trata de una lección que han esquivado.

En los albores del Renacimiento, eran los científicos los que eran arrastrados ante los tribunales y las Inquisi-ciones. Galileo es el arquetipo, el archi ejemplo, el pionero del empirismo que rechazó al modelo geocéntrico del Universo, entonces conocimiento obligatorio, y por sus esfuerzos mereció la atención y la ira de la notoria-mente anticientífica Inquisición.

He sido llevado a estos pensamientos, y al viejo y remanido ejemplo de la Inquisición, por un muy curioso exabrupto de James Hansen, la voz principal de la NASA en el campo del calentamiento global, el hombre que ha jugado el rol de Juan El Bautista de las mesiánicas prédicas de Al Gore en este tema. Al Dr. Hansen se le acredita con holgura el haber sido quien hizo “sonar la alarma” en el calentamiento global provocado por el hombre, y él ha ido un persistente, y muy agresivo proponente de alto perfil de la Causa durante más de dos décadas.

El Dr. Hansen no trata con suavidad a quienes disputan sus escenarios Apocalípticos. He elegido el término “Apocalíptico” de manera deliberada. De acuerdo con el Dr. Hnaen, la mandad puede haber alcanzado el “punto de no retorno” en el calentamiento global. Si ese fuere el caso, las calamidades y catástrofes a escala global son inevitables. Y aunque no hayamos llegado todavía al punto de la crisis absoluta, debería haber un minúsculo intervalo para la especie humana para actuar y evitar lo peor, según el Dr. Hansen, lo que todavía permanece por enfrentarse es aún más horrible. No todo el mundo comparte la visión de Hansen de un Armagedón ecoló-gico. Las mentes serias, seriamente desinteresadas en el asunto, expresan sus dudas de manera constante.

Los serios y escépticos cuestionan a los modelos de especulación climática; cuestionan la peculiar mezcla de dinámica climática hecha por el hombre y otras fuentes parecidas; cuestionan algunas maneras de obtener la información, y gran parte de su interpretación; y ellos cuestionan la madurez de la altamente compleja y experimentalmente deficiente ciencia del calentamiento global.

También cuestionan muy seriamente las masivas prescripciones políticas sobre las que se insiste como necesa-rias en respuesta a las determinaciones científicas del calentamiento causado por el hombre. Hay un amplísimo espacio para diferentes y honestas opiniones tan grandes y complejas, cuestiones en la terriblemente complica-da intersección de la ciencia, la política y la economía.

Pero, para la agitada mente del Dr. Hansen, aquellos que presentan esos cuestionamientos, quienes inyectan escepticismo en el debate del calentamiento global, son “negacionistas”. La palabra se está haciendo un lugar común en los medios, pero permanece siendo un insulto singular y una afrenta singular. Una característica de los creyentes en el calentamiento global es gozan lanzando a todos quienes discuten con ellos a la arena del Circo Romano de la polémica, siendo el pecado de disentir con la opinión ortodoxa del calentamiento global catastrófico equivalente a la negación del Holocausto. Es una táctica vergonzosa y viciosa, y difícilmente de acuerdo con la nobleza que se supone que impulsa la conciencia de quienes quieren “salvar al planeta.”

El Dr. Hansen es un fanático de la falaz y escalofriante analogía: Ha escrito acerca de “los glaciares que se quiebran como una Cristal Nacht”, la terrible “noche de los cristales rotos” de la década Hitleriana del 30 y, aunque más tarde se arrepintió de la metáfora, comparó a los trenes cargados de carbón a los “trenes de la muerte –no menos lúgubres que si fuesen vagones con rumbo a los crematorios, cargados con incontable especies irremplazables.” Esta semana, el Dr. Hansen ha dado un paso aún más nocivo en la misma dirección.

Ha clamado por la formación de un tribunal, o como yo prefiero llamarlo, una Inquisición, para juzgar por crímenes contra la humanidad y la naturaleza, a los CEO de las grandes compañías petroleras quienes, según la frenética visión de las cosas que tiene Hansen, alimentan al público “desinformación” acerca de la crisis climá-tica. Nuevamente, el modelo implícito es el Tribunal de Nuremberg, dado que el hombre intenta poner preocu-pación por un futuro –llamémoslo una probabilidad- al mismo nivel moral y fáctico de la no cuestionada, histórica, estremecedora enormidad del Holocausto Nazi.

¿Es este un científico hablando? Si lo es, es más que curiosos que en el Siglo 21 un científico esté clamando por el equivalente secular de una Inquisición. Más al punto, ¿son estas las palabras de un hombre seguro de su verdad, o de uno que –con la ansiedad del fanático- está tratando de escudarla del rigor del escepticismo y la investiga-ción? En cualquier caso, no cuestiono para nada la afirmación de que es la voz de un hombre que no es un amigo ni de la razón ni de la ciencia. Esta es la voz del “científico-activista” consumido por su propia virtud y por el temor de toda disputa.

La ciencia no tiene necesidad de tribunales ni juicios, no necesita de a justicia de Nuremberg, o de analogías con el Holocausto. Las palabras de James Hansen de esta semana fueron una ofensa; una ofensa contra la investiga-ción, contra la ciencia, contra la seriedad moral. Fueron una pieza de insolencia contra la misma idea del debate científico. Una verdadera desgracia.

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