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Greenpeace y los Verdes:
el genocidio comunista reciclado


“Si yo fuese reencarnado,
desearía regresar a la Tierra como un virus mortal
para disminuir los niveles de población humana”

Prince Phillip
(1)


Por Carlos WOTZKOW

Este comentario del esposo de la Reina Elizabeth II fue publicado inicialmente en 1988 por la Deutsche Press Agentur y le va como anillo al dedo a todos aquellos filósofos del ecologismo militante actual. Al menos se parece mucho a lo dicho por Paul Watson, ese militante y co-fundador de Greenpeace que a principios de los años 80 afirmaba: “tengo la impresión que en vez de ir a tirarle a las aves, debo ir a tirarle a los niños que le tiran a las aves” (2). ¿Coincidencias o pura línea política? Creo que lo segundo, y ya veremos cómo.

Desde que la crisis de los misiles comenzó en Cuba, la pesadilla del peligro nuclear no ha cesado. Desde aquel fatídico Octubre de 1962 y hasta el año 1976, apenas hubo una pausa en la que el principal responsable del conflicto estuvo a la búsqueda de un nuevo modo de asustar. Fidel Castro, a medida que envejece, va cambiando su política y el fenotipo de sus armas. Si en 1982 criticaba ferozmente la llamada escuela económica de Chicago asumida por Pinochet (
3), hoy nadie podría dudar que esa fue su política a seguir. Lo mismo ha hecho con los ecologistas.

La amenaza que aquellos misiles rusos representaron antaño (los ecologistas fueron clasificados como terroristas en Cuba hasta 1989) para la humanidad, ha sido sustituida por la construcción de una central de energía atómica de idéntica tecnología que, aunque no tiene el mismo uso, resulta igualmente peligrosa. No se trata de valorar aquí si la energía nuclear es positiva o negativa para la humanidad, sino de que hoy, como ayer, Castro continúa jugando con el holocausto humano, con la vida de miles de personas que ni siquiera le conocen, y con el futuro de generaciones enteras en toda una región.

El “bomba de relojería de Juraguá”, como le llaman algunos colegas preocupados por la conservación de la naturaleza en Cuba, comenzó a construirse en 1982 después de haber sido aprobada, como es tradición, por el cacique máximo del país. Pero el sitio escogido está tan cerca del cuarto centro demográfico de Cuba, que pudiera decirse que el peligro que ello representaba para la poblaciones de Santa Clara y Cienfuegos jamás fue considerado. Pese a ello, y al cáncer que dicen los ecologistas que esto causa, todavía no hemos visto (y nunca veremos) ninguna pancarta de Greenpeace sobre su cúpula.

¿Por qué las centrales nucleares en Cuba, China, Rusia y demás estados comunistas no atrae la atención de estos “salvadores del planeta”? ¿Es diferente la amenaza nuclear según la latitud o la longitud geográfica? ¿Por qué Greenpeace y los llamados Verdes ocasionan miles de dólares en gastos de seguridad a los países democráticos, mientras que ignoran, o se hacen los de la vista gorda con lo que ocurre en los totalitarios? ¿Querrán de veras salvar al planeta, o extinguir al ser humano? Si este fuera el caso, el genocidio de cubanos, chinos y rusos debe estar entre sus planes.

Cuando visité esta zona en enero de 1992 ya se habían concluido dos de las bóvedas planificadas para esa descomunal Central Nuclear. En aquel entonces, Juraguá ya se había convertido en una de las prioridades del régimen después que los norteamericanos declararon su temor por la instalación. Por ello, todo allí se hizo “a ritmo de contingente”, y a pesar del rápido sepelio que le hicieron al CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica) los países del desmoronado bloque socialista.

Hace más o menos un año, un grupo de periodistas de Tele 5 de España, vino a corroborar lo que varios colegas ya me había dicho. Detrás de muchas cercas de las unidades militares en Cuba, lo que más hay no son soldados, sino marihuana. Plantaciones enteras, verdes y erguidas, como si se tratara de un ejercito listo y en posición de atención. Según un ornitólogo amigo suizo, las cercas que impiden el paso a Juraguá no son una excepción. Si fumar es saludable, o causa menos casos de cáncer que el plutonio, que vengan a Cuba los guerreros de Greenpeace y me lo digan.

Después que Castro declaró inaugurado solemnemente el “Período Especial”, o lo que es lo mismo, la crisis general para la economía y la sociedad cubanas. Después de aquella noche de Septiembre, en la que hizo sus terribles declaraciones, fue que por primera vez creyó oportuno mencionar a Juraguá. La central nuclear que se venía gestando desde hacía 15 años en total silencio y que ahora, debía utilizar como bálsamo encantado, o como una grata sorpresa, para llevar un poco de ilusión al sombrío rostro de sus agotados oyentes.

Como si se tratara de ayer, recuerdo ahora su profecía:
“¡Hasta un 20% de la energía eléctrica que la isla consume podría producirse en este centro!” - dijo el anciano dictador eufórico a la espera de los aplausos - y, “¡hasta un 20% de la energía...” repitió también la prensa extranjera, sin que nadie, ni siquiera Greenpeace (o los ecologistas Verdes de Alemania), se atrevieran a preguntar el precio. La razón de semejante silencio fue el miedo. Juraguá daba miedo a todo el mundo, y como hoy sabemos, toda campaña ecologista que se precie de efectiva basa su estrategia en él.

Como cubanos desinformados que en aquel entonces éramos, pudiera decir que el pánico caló en todos nosotros. La total censura y las acostumbradas represalias con las que nos obligaban a tragarnos la opinión a diario contribuía ahora a hacernos sentir más impotentes. Parafraseando un poco a ese vocero de los pobres llamado Eduardo Galeano (pero que vive como un burgués en su mansión de Montevideo), a lo más que nos atrevíamos era a preguntamos: ¿para qué queremos agua fría si no hay nada que bajar al estómago con ella?

En la cocina pudiéramos hervir el agua contaminada que nos vende el dictador en sus camiones cisternas, pero los casi 2000 millones de dólares que la Central de Juraguá costaría bien pudieran haberlos sometidos a una consulta popular. Cada uno de esos dólares utilizados en comprar medicinas para combatir las enfermedades carenciales y la hambruna que padece el pueblo cubano pudiera representar una vida más. Eran los años en los que poseer un dólar era un delito condenado con la cárcel, pero también, los años en que el desgobierno de Cuba peor los malgastaba.

Si Juraguá estallase un día, lo que no es difícil de imaginar (ni imposible que suceda) dada la tecnología que para ella han seleccionado, la radioactividad barrida por los vientos predominantes del noreste llegaría rápidamente a las costas centro y sudamericanas. Desde el sur de México hasta Venezuela muchos serían los pueblos afectados, y a los niños agonizantes que vinieron desde Tchernobyl, habría entonces que sumar miles de niños cubanos y otros tantos latinoamericanos condenados a morir por tamaña impenitencia intelectual.

Tanto en lo político como en lo económico el silencio activa siempre la sospecha. Pero cuando obras de esta envergadura tratan de ser terminadas a pesar de la crisis que atraviesa Cuba, la sospecha se hace general. Fidel Castro Díaz-Balart (presidente del programa de energía nuclear), fue cesado y luego vuelto a contratar por su padre para que se ocupara de la propuesta de reciclaje hecha por los alemanes. Sospechoso repito, porque los ecologistas de ese país saben hasta a la hora que pasan los trenes con desechos radiactivos desde Francia y sobre Cuba, nunca dicen nada.

Desde finales de 1990, 5000 trabajadores cubanos han perdido su empleo vinculado a esa Central. Más de 400 especialistas rusos han sido enviados a comer papas a su país natal, y el propio Castro ha esquivado el tema Juraguá en todos sus discursos sobre medio ambiente y desarrollo (como ocurrió en Río de Janeiro en Junio de 1992) sin que nadie se pregunte por qué. ¿Sabe acaso Greenpeace si Juraguá nunca producirá energía? ¿Será el miedo que inspira Juraguá una amenaza llamativa para el ecologismo internacional contra los estados vecinos? ¿Cuentan con un accidente en ella como escarmiento?

Castro, que es capaz de hablar durante horas y de atolondrar tantos cerebros como días lleva en el poder, ha sacado en Brasil los trapos sucios del mundo desarrollado. En cambio, cuando le ha tocado hablar de Cuba se ha esmerado en la cautela. Algún “gusano” ecólogo (que ahora sé, es todo lo contrario a un ecologista) pudiera haberle sacado allí los trapos sucios. Su amigo Jacques Costeau, de visita en Cuba en diciembre de 1985, me hizo una terminante aclaración:
“yo no estoy aquí para revisar la política ambiental del Dr. Castro, sino para criticar la presencia de los americanos en la Base de Guantánamo”.

Y es que la estrategia política y propagandística del ecologismo es lavar la imagen exterior de una ideología que detesta a la humanidad. De ahí mi frase de “genocidio comunista reciclado” por que no hallo nada que se le pueda parecer más a los resultados del comunismo que los objetivos de los ecologistas. Fidel Castro es, hasta hoy, el responsable directo o indirecto de la muerte de unos 100 000 cubanos. Pero su amigo Costeau quisiera que fuesen más, él decía que
en aras de estabilizar la población mundial, nosotros necesitamos eliminar 350 000 personas al día...” (4).

Luego entonces, no se trata de que Cuba le niegue la entrada a los ecologistas, ni de un archipiélago al que estos héroes verdes no visitan y por ende desconocen. En realidad se trata de un compromiso político, de un juramento ideológico, de una mentira institucionalizada que utiliza a la naturaleza como gancho publicitario, pero que en realidad nada tiene que ver con ella. Los miembros del Partido Verde que van a Cuba a divertirse con jóvenes cubanas y a proponer negocios a la dictadura castrista, son los mismos para los que la venta de un niño a un burdel es menos grave que la tala de un árbol (
5).

A nadie debiera resultar exagerado que yo afirme que, desde que la revolución triunfó en 1959, la naturaleza cubana ha sufrido más que en los 400 años de colonia española. Los bosques monotípicos de eucaliptos y casuarinas sembrados por todo el archipiélago han llenado de hongos y parásitos a nuestra flora más autóctona. El dique sur de La Habana ha sido contribuido por gente incapaz y sólo ha logrado eliminar los manglares que tan importantes eran para la protección de aquel ecosistema costero. Los pesticidas en Cuba, nunca han sido utilizados racionalmente, sino en grado técnico.

Aquella política hidrológica que Fidel Castro encabezó con el eslogan de
“no dejar escapar ni una sola gota de agua al mar” ha dejado muchas tierras del país en ruinas por culpa de la salinidad. Los numerosos pedraplenes construidos en el Archipiélago Sabana-Camagüey son una catástrofe ecológica sólo comparable a la del Mar de Aral. La contaminación petroquímica existente en la inmensa mayoría de nuestras bahías, en casi todos nuestros ríos y en vastas áreas de nuestra patria, pronto habrá que sumarlas a la radioactividad emanada por Juraguá, cuando el ahuecado substrato sobre el que se ha construido ceda a la vibración.

¿Estará Fidel Castro pensando en parar la amenaza que esta Central Nuclear representa por problemas del subsuelo? No, esta es una pregunta que en Cuba nadie contestaría de manera afirmativa porque allí toda respuesta es desdichadamente pesimista. Castro jamás archivará una idea que de miedo a los norteamericanos. Creer que la porosidad rocosa debajo de estos reactores puede poner riendas a ese loco disfrazado de tecnócrata es pecar de ingenuos. El ejemplo más reciente está en Angola, o en muchas otras misiones “internacionalistas” que con los años han resultado guerras de exterminio y limpieza étnica.

Desde 1992 la prensa internacional demuestra que lo que digo es cierto. Fidel busca desesperadamente un inversor europeo que le termine su bomba atómica maquillada de “termonuclear”. Alguien que posiblemente ya existe y trabaja en ella, pero al cual tardaremos otros 15 años en conocer. Alguien que por reciclar la tecnología prehistórica de los soviéticos cobrará a los cubanos más que por hacerla nueva. Si creemos que la crisis económica, o los ecologistas de Greenpeace serán un obstáculo a las intenciones criminales de Fidel Castro, cometeríamos un garrafal error.

No hay crisis económica, ni deseo ecologista capaz de afectar su modo de arrasar con Cuba. Ante los desastres ecológicos que muchos esperaban ocurrirían en la guerra en Irak, el escritor Antonio Gala advirtió:
“Entre un loco, unos cuantos tontos y una recua de burros nos están machacando el planeta...” Y en efecto, esa frase llena de razón en 1991, hoy mantiene su vigencia aunque no para el Golfo Pérsico - para la cual fue escrita - sino para el Golfo Mexicano, a cuya entrada se encuentra Cuba con el mismo loco de la crisis del 62, y todavía amenazando con los átomos.


Carlos Wotzkow
Suiza, Bienne, Abril 2003

Este texto ha sido actualizado gracias a la información que tan oportunamente facilita FAEC (6). En este artículo se incluye ahora una nueva perspectiva que no existe en la primera versión publicada como capítulo (páginas 112-116) en el libro Natumaleza Cubana.




Referencias

1.- Prince Phillip, Duke of Edinburgh
: Fundador del World Wildlife Found. Su frase original: “If I were reincarnated, I would wish to be returned to Earth as a killer virus to lower human population levels también apareció en “The Greenhouse Effect Hoax” Special Report, Executive Intelligence Review. 1989 pages 28-29 and 127.

2.- Paul Watson: Canadiense, co-fundador de Greenpeace. Su frase original reza: “I got the impresión that instead of going out to shoot birds, I shoot go out to shoot the kids who shoot birds.” Access to Energy Vol. 10 (4). December 1992.

3.- Fidel Castro. Discursos en 3 Congresos. Fidel Castro dijo: “...Ha habido diversos ensayos. Por ejemplo, el ensayo Pinochet en Chile. Empezó a aplicar ciertas teorías económicas de una llamada escuela de Chicago, una receta que consistía en dejar a cientos de miles de chilenos sin trabajo, elevar extraordinariamente los precios para combatir la inflación, abrir el país a las empresas transnacionales, y de tal manera aplicó las medidas restrictivas, medidas que sólo pueden ser aplicadas mediante un sistema fascista, que Chile, que estaba importando carne de Argentina como 100 millones de dólares, a los 6 o 7 meses exportaba carne, mediante el sencillísimo procedimiento fascista de que el pueblo chileno dejó de comer carne...”. II Congreso de los CDR 1982. Editorial del DOR (Departamento de Orientación Revoluciona). Página 24.

4.- Jacques Costeau. En una entrevista publicada en el “Correo de la UNESCO” este explorador submarino afirmaba: “In order to stabilize world population, we need to eliminate 350 000 people a day. It is a horrible thing to say, but it's just as bad not to say it.” Courier, Noviembre de 1991.

5.- Carl Amery: Portavoz de Los Verdes en Alemania decía: We in the Green movement aspire to a cultural model in which the killing of a forest will be considered more contemptible and more criminal than the sale of 6-year-old children to Asian brothels”. Sabido es que Los Verdes en el Parlamento Europeo hacen todo lo posible para que Fidel Castro se beneficie con los fondos económicos que brinda el Acuerdo de Cotonou, y sabido es que Cuba ha devenido el prostíbulo de todos esos europeos.

6.- FAEC (Fundación Argentina de Ecología Científica) Dirigida por el Sr. Eduardo Ferreyra cuyo libro “Ecología, mitos y fraudes” está desenmascarando muchos aspectos desconocidos por los verdaderos amantes de la naturaleza.


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