Hora de Córdoba
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LOS HUMOS DE GOLIAT

Por Prof. Mario Féliz

“Hasta nosotros no llegó ni un grito, ni un ruido.
Fue como una escena de película muda. Abierta
quedó la ventana, me estremecí …viendo con la
imaginación el lento penetrar de aquellos tenuísimos
copos que llevados por las corrientes de aire, se
colarían hasta las habitaciones interiores llevando
la muerte consigo.”
El Eternauta, H.G.Oesterheld/S.López

Incendio en las islas

El humo cubrió las calles. La mayoría de los pobladores no se sorprendieron demasiado. Estaban acostumbrados. Cada año, al comenzar el otoño, los incendios en las islas traían un poco de humo por unos días.

Entre las ciudades diseminadas a lo largo de la costa del Paraná, Rosario ha sido afectada por el humo otoñal por muchos años y con variada intensidad. La causa ha sido siempre la roza con fuego realizada en las islas de Victoria. Esto ha producido muchas quejas y ha llevado a reclamar ante el intendente socialista para que se inicien acciones legales contra el gobierno de Entre Ríos. Sin embargo, nunca estos hechos habían tenido repercusión nacional.

Por otra parte, la ciudad de Buenos Aires jamás se había visto afectada en forma alguna por el fenómeno que hoy la preocupa. ¡El humo ha invadido la cabeza de Goliat!

¿Por qué nunca antes la habitual roza por fuego practicada en el Delta había sido tan notable? Probablemente, la respuesta habrá que buscarla en una conjunción de factores climáticos (vientos, sequía previa, heladas, humedad ambiente actual, bajo nivel del río, etc) que hicieron que las quemas anuales se extendieran más allá de lo esperado. Convirtiéndose en incendios descontrolados que han afectado a una amplia región. ¿Nadie pudo prever las consecuencias de realizar el rozado bajo condiciones inadecuadas?

El uso del fuego

El uso del fuego en la agricultura se remonta al Neolítico, hace 7700 años, en China. La evidencia arqueológica muestra que esas comunidades neolíticas, selec-cionaron tierras inundables en la parte baja del Yangtze, para vivir y cultivar arroz. Para limpiar las tierras húmedas dominadas por el Aliso utilizaron el fuego. Esta práctica acompañada del control de las inundaciones marinas permitió el desarrollo de la agricultura del arroz. Y, obviamente, fue el principio de lo que hoy es China quien compra la soja que permite a nuestro gobierno usufructuar de las retenciones.

En la actualidad la quema de pastizales se lleva a cabo en muchos lugares del planeta, herencia de costumbres ancestrales. En la sabana Venezolana, los nativos Pemones consideran al fuego parte integral del ambiente. Afirman que el fuego hace sentir feliz a pata (tierra), mantiene limpia la sabana y hace que se vea verde y bonita. Agregan que no hacen falta controles del gobierno, que el fuego se controla con el fuego y las quemas se hacen antes de las lluvias.

Por otra parte, se ha dicho que el fuego es un componente ecológico muy impor-tante en el diseño de la vegetación del Chaco Húmedo, al ser un elemento regulador de la dinámica de sus ecosistemas de sabanas y pastizales. Y se agrega, que el fuego es un factor clave en la relación herbáceas/leñosas, al restringir el reclutamiento de las leñosas y favorecer el desarrollo de las herbáceas.

Ya en tiempos prehispánicos las etnias chaqueñas usaban el fuego para desplazar y concentrar la caza, para comunicarse y para guerrear. Los incendios, naturales o provocados, son una parte fundamental del diseño y el funcionamiento del paisaje chaqueño. La Ecología de pastizales, como los de paja colorada o los de chajapé y espartillo, está profundamente ligada a incendios de origen antrópico desde tiem-pos precolombinos. Más recientemente, el fuego se utiliza como una herramienta de manejo en la producción ganadera, dado que poco tiempo después de la quema, al producirse el rebrote del estrato herbáceo, el valor nutritivo y la concentra-ción de nitrógeno y de proteína bruta alcanzan sus niveles máximos. Se calcula que, anualmente, se queman entre 2 y 4 millones de hectáreas de pastizales y sabanas en el Chaco Húmedo.

Los párrafos precedentes muestran que el rozado con fuego no es un procedi-miento extraño ni un invento surgido de la “angurria” campera. Es un método de orígenes ancestrales, revalorizado por diversos estudios y que aún hoy se usa con gran provecho. No sólo como resabio de aquellas viejas costumbres sino como una forma de manejo adecuado para ciertos sistemas agro-foresto-pastoriles.

En un trabajo de la FAO se destaca que en la faja de pinares de la llanura coste-ra del sudeste de USA, el empleo regulado de las quemas ha llegado a un perfec-cionamiento notable para la silvicultura, frecuentemente en conexión con el pasto-reo en los montes y la caza.

Podemos completar recordando que la práctica de la quema controlada es una ciencia y un arte: ciencia porque requiere el empleo de conocimientos de física, química, climatología aportando los conocimientos para un apropiado manejo del fuego y arte porque existen variaciones de vegetación, clima y comportamientos del fuego que desafían su manejo.

Sin duda que ciudades ahumadas, rutas cortadas, accidentes mortales, enfermos respiratorios en crisis, y otras catástrofes no se deben a las quemas controladas sino a incendios fuera de control. ¿Quién es el responsable?

Su Majestad y alguno de sus más conmovedores servidores fueron rápidos en acusar a la codicia campera. La codicia es uno de los siete pecados capitales del que pocos están libres. Sin embargo, esto no parece un asunto para ser atendido por sacerdotes salvadores de almas codiciosas. La realidad está más próxima a que se trate de una historia de estulticia, ignorancia, incompetencia o alguna otra causa de ribetes tenebrosos.

Tenía desde hace días la nota inconclusa, casi terminada. Ello se debía a la infor-mación que diariamente se difundía sobre el tema y a las figuras fantasmales insinuadas en el humo que me sugerían esperar.

Pensaba que a la pregunta inicial sobre la falta de previsión, se debía agregar otra. ¿Por qué se enfrentó el fuego con, al menos, una semana de atraso? Es evidente que el gobierno nacional carece de aptitud e interés para resolver problemas. Estos tipos son expertos en trenzas, transas y compadreadas. ¡Pero, de gobernar ni jota!

Por otra parte, resulta sorprendente la fortuna del gobierno ya que, la supuesta responsabilidad de algún productor agropecuario en los incendios, es utilizada sin reparos por los funcionarios para descalificar al sector.

En medio de estas cavilaciones volcadas al papel, recibo un par de cartas electró-nicas, interesantes.

En la primera, un amigo geógrafo me hacía llegar una foto satelital de la NASA. Allí se observa el humo sobre las islas y los puntos rojos que marcan los focos de incendio. Parecía raro que nadie hubiese advertido a los productores de la incon-veniencia de realizar la quema en condiciones no seguras. Pero el segundo e-mail puso, luz sobre el asunto. Se trata de una carta de un Ingeniero Agrónomo que trabaja en las islas que transcribo casi completa.

“Por mi trabajo, en la isla Talavera, conozco muy bien el manejo de los pastizales de islas y, por supuesto las constantes ambientales de las mismas.

Normalmente, para esta época procedemos al quemado de pastos, pajas y material leñoso que el vacuno no ingiere en el proceso de engorde primavera-verano. Siempre que hemos hecho este trabajo, que por lo demás debe hacerse ayudado por gente de isla que conoce bien como llevarlo a cabo. Hemos sido conscientes de que durante dos o tres días las poblaciones aleda-ñas al Paraná sufren las consecuencias –humo, hollín, olores- de este mejoramiento del pasti-zal. Pero, los efectos nunca han sido de tal persistencia ni magnitud.

El hombre de isla sabe que un incendio de este tipo, cuando se desborda, pone en peligro la fauna de las islas de la cual vive, las reservas forrajeras necesarias para sus animales, y que él también puede sufrir las consecuencias cuando la quema de pastizales se desmadra. Por eso es menester aclarar ciertas cosas:

  1. Sé que a mediados de marzo, las municipalidades de los partidos bonaerenses ribereños y de las ciudades entrerrianas de Victoria y Gualeguay pusieron especial énfasis en informar y pedir a los isleños, propietarios y arrendatarios de las islas que, dada la persistente sequía que afecta al sur de Entre Ríos y norte de Bs.As., se abstuvieran de quemar pastizales. Además, se mantuvieron reuniones con los principales propie-tarios y/o arrendatarios en las cuales estos se comprometieron a no quemar pasti-zales.

  2. De igual manera, los que trabajamos en las islas en soporte técnico y asesoramiento de productores (no hay que olvidar que entre otras cosas estas islas poseen importantes forestaciones) éramos conscientes de que un incendio fuera de control afectaría años de trabajo forestal, por lo que se logró un consenso entre los productores para no quemar pastizales hasta no saber si se podían esperar lluvias de otoño que son el control natural de la quema de pastizales.

  3. El INTA informó a los productores que, dado el nivel de sequía imperante una quemazón de paja y restos leñosos sería de tal magnitud que se verían afectados los pastos de invierno.”

Aquí tenemos algunas respuestas. Las autoridades locales se ocuparon de procu-rar que la roza no se hiciera sino cuando las condiciones climáticas fueran apropia-das.

Es posible que algún “desacatado” no prestara atención a las recomendaciones pero resulta increíble que hubiera tantos “focos de incendio” “matreros” en una superficie tan extendida. El resto de la carta del ingeniero tal vez nos ayude a entender como podrían haberse desarrollado los acontecimientos. Sigue la carta.

“Por informaciones de isleños y personal de las explotaciones de la zona, sabemos que a partir de la primera semana de abril se empezó a ver movimiento de gente no conocida. Hasta que el día 8 de abril un peón me informa que cerca de la costa había una lancha civil con gente desconocida. Cuando me apersoné al lugar uno de ellos se me presentó diciendo que era Gómez (el nombre no lo recuerdo), que traía unos amigos para pescar y si era posible que lo hicieran. No me resultó muy sorpresivo ya que yo ubicaba al susodicho como un Subprefecto de la zona de San Pedro de apellido Guglielmo o Guglielmone. El otro era un civil -no sé su nombre- que en agosto del año pasado se me había apersonado para preguntar por la direc-ción del propietario o arrendatario del predio, ya que quería pedirle una colaboración para la campaña electoral del Frente para la Victoria.

Al no tener nada que sospechar los autoricé a que, en la medida en que nos se adentraran en la isla, podían pescar donde quisieran.

Cuando esa noche empezaron los incendios supuse que por estúpido había permitido a un grupo de irresponsables que después de un asado no tomaran las medidas pertinentes para evitar un problema, pero empleados nuestros que llegaron al lugar me trajeron restos de cubiertas y dos bidones retorcidos por el calor.”

Finalmente nos cuenta.

“…al otro día me apersoné ante la Prefectura de Zárate para informar del incendio y que teníamos problemas para apagarlo con nuestros medios y, también, para hacer la denuncia de lo que había pasado, no me tomaron la denuncia y durante tres días no tuvimos ningún tipo de apoyo para extinguir el fuego que se extendió a las forestaciones y al resto de la isla. También me apersoné a la policía de Bs.As., en el mismo Zárate, para presentar mi denuncia pero esta no fue tomada, con el pretexto –igual al de Prefectura- de que un incendio en esta época era cosa común.

De aquí en más, lo que sigue es una historia conocida. Pero excluyo, por lo antedicho de cual-quier responsabilidad en este desastre a isleños, propietarios y personal las explotaciones de las islas.”

Esta carta, que circula por la web, estimula la creencia de que en este asunto del fuego hay gato encerrado. Sin embargo, no podemos descartar que algún produc-tor o empleado no haya recibido las recomendaciones de no hacer el rozado o las haya desoído. Pero, es difícil creer que si las autoridades se han ocupado de pre-venir, en tiempo y forma, esto haya ocurrido.

Leemos que el gobierno de Entre Ríos acaba de vedar la quema por 60 días. Desa-fortunadamente lo hace después de más de veinte días de incendios.¡Demasiado tarde! Por otra parte, si recién ahora las prohíbe significa que estaban permitidas.

Sin duda la responsabilidad le cabe a las autoridades que carecen de planes de contingencia para prevenir los problemas o simplemente no se ocupan de ellos.

Más grave sería que alguna banda para-oficial hubiese estado realizando travesu-ras como las que se sugieren en la carta anterior.

Pero, argentinas y argentinos, determinar quién inició el fuego es una de las caras del tema. La otra es quién y como debería haberlo controlado tempranamente. Y si, luego de no haber hecho nada y después de que la quemazón se extendiera, se recurrió a todos los elementos disponibles, dentro del marco del Plan Nacional de Manejo del Fuego (PNaMaF), para apagarlo. ¡Un plan del cual esta excluida la Provincia de Buenos Aires! ¿Porqué no se usó todo el arsenal al iniciarse el fuego?

Efectivamente los bomberos instalados en el campamento dispuesto en el aeró-dromo de Zárate admiten que fueron convocados demasiado tarde. El campamen-to se instala 9 días después de desatado el incendio. Y Su Majestad lo visita cuando ya van veinte y tantas jornadas de fuego.

No vale la pena abundar en detalles, pero es obvio que el gobierno nacional y los provinciales han estado bien lejos de los requerimientos de la hora. Pero la “fami-glia” no tiene empacho en acusar a otros para eludir responsabilidades. Acusacio-nes que podrían ser una descarada demostración de cinismo si algunos focos de incendio fueron, como dicen, fruto de una acción deliberada y si la forma de en-frentar la catástrofe no ha sido pura incompetencia sino calculada desidia.

Humos inofensivos

Monet escribía quejoso: “pintar en Londres es endiabladamente difícil; sigue sin haber ninguna señal de sol, ninguna grieta en la capa de nubes”. A pesar de ello, en esos días pintó Houses of Parliament que muestra aquel edificio apenas visible oculto en la niebla.

En realidad la bruma londinense era causada por la niebla y el humo (smog = smoke + fog) de la combustión del carbón que usaban para calefacción de las casas y en el funcionamiento de las fábricas. Por entonces, 500.000 chimeneas humeaban a orillas del Támesis. Esto hacía que la bruma fuese, en ocasiones, un smog mortífero.

En 1873 la niebla causa la muerte de 700 londinenses. Sin embargo, a principio del siglo XX Londres comienza a despedirse de ella. El clima pareció cambiar y, para-dójicamente, con el crecimiento de la ciudad disminuyó el humo. No obstante, la niebla habría de regresar y en 1952 miles mueren por asfixia y asma bronquial a causa del smog. Diez años más tarde la niebla mortal fue, todavía, capaz de liqui-dar algunas decenas más. Desde entonces no ha regresado…

Según hemos escuchado en estos días de boca de funcionarios y especialistas de la salud, el humo que nos envuelve “NO ES TÓXICO”.

No obstante, el humo proveniente de la quema de biomasa contiene muchos com-ponentes nocivos como partículas sólidas respirables en suspensión, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, formaldehído e hidrocarburos poli-aromáticos, nos cuenta Vinod Mishra. Podemos agregar ácidos orgánicos, diversos compuestos volátiles y semivolátiles, compuestos de azufre, radicales libres, ozono y oxidan-tes fotoquímicos y cenizas inorgánicas.

Pero eso no es todo, la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable nos ilustra a través de algunos documentos que informan sobre el tema y nos hacen saber que las tres fuentes principales de generación de Dioxinas y Furanos son en orden de importancia: [1] La combustión incontrolada (quemas a cielo abierto, por ej., biomasa, incendios forestales, otras fuentes sospechadas tales como quema de desechos en basurales, etc.); [2] La incineración de desechos [3] Las activi-dades de la industria metalúrgica.

Normalmente las dioxinas, furanos y otros compuestos se desplazan adsorbidas a las micro partículas de carbón del humo.

A pesar de que nuestro gobierno, asesorado por MJP, inició contra Uruguay un juicio internacional por contaminar con dioxinas, furanos y todos los otros compo-nentes del humo porteño, ahora resulta que NO SON TÓXICOS.

¿Podríamos tener un episodio como aquellos del Londres de Monet? Deseo tran-quilizarlos, Argentinas y Argentinos, es probable que el humo de pastizal no sea suficientemente tóxico.

Sin embargo, es bueno recordar todas las chimeneas que desde Zárate a La Plata humean sobre nosotros. Fábricas y centrales térmicas muestran sus hermosas fumarolas. ¿Qué sale de aquellas? ¿Qué sale de los “venteos” de las destilerías de Dock Sud y La Plata? Usualmente, no prestamos atención a tales emisiones. No obstante, si éstas se suman al smog de los incendios, podría generarse una combi-nación suficientemente dañina en algún lugar. ¿Está MJP previendo que podría pasar? No lo creo.

En septiembre de 2006 la Secretaría de Energía estableció las especificaciones técnicas y ambientales que debían cumplir los combustibles que se comercializa-ran en el país. Estas exigían que el contenido de azufre del fuel oil y el gas oil no superase cierto valor. Hace unos días, por la resolución 150, tales exigencias ambientales fueron suspendidas por que los combustibles que provee PDVSA para las centrales térmicas contienen azufre muy por encima de las normas. ¿Qué sale por las chimeneas de las usinas eléctricas cuando se quema el combustible caribeño? Dióxido de azufre (SO2), el precursor de la lluvia ácida.

Recuerdo que aquella niebla, en medio de la cual se ocultaba el Hyde del Dr. Jekyll, solía tener grandes cantidades de dióxido de azufre. Cuando ello ocurría la pintoresca bruma londinense mostraba su cara criminal.

Me hubiese gustado ir a Montevideo y disfrutar de la puesta de sol mientras se respira aire fresco, pero escucho que la nube tóxica ha llegado a la otra orilla.

Mientras escribo el humo sigue ingresando subrepticiamente a mi casa a través de la mínima rendija.

Mario R. Féliz,
La Plata, 19 de abril de 2008
mfeliz@ciudad.com.ar

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