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El Fin del Principio: La Derrota de Greenpeace
– o Busti en Caída Libre

por Eduardo Ferreyra

Las “últimas noticias para este boletín” son que el Gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti solicitará al Banco Mundial que no financie la obra de las papeleras porque asegura [que Greenpeace le dijo?] que envenenarán a la gente.

Extraño manotón de ahogado. Sobre todo cuando el mismo banco le acaba de entregar un documento donde afirma, con pruebas en la mano, que las papeleras son inocuas. Todos los argumentos que ha estado presentando el Sr. Gobernador se han ido cayendo como patos de yeso en una galería de tiro. ¿Qué nuevas ideas le arrimará su asesora – Romina Picolotti, del Centro de Derechos Humanos y Ambiente (CEDHA) además de la factura por “asesoría ambiental y política”? Esperemos que sea algo más racional que pedirle al Banco Mundial que no financie el 9% de las obras –cuando ha sido, como afirmé antes, el mismo banco quien ha dicho desde un principio que la contaminación de las plantas será tan despreciable (o tan importante –según quien opine) como la que producen los cientos de plantas de celulosa del resto del mundo que utilizan la tecnología de blanqueo conocida como ECF, o libre de cloro elemental, –y donde no se han observado efectos nocivos sobre la salud.

Acaba el banco de entregar a ambos gobiernos una evaluación del asunto, como lo dice el diario La Nación del martes 11 de abril:

“Un nuevo análisis sobre el impacto ambiental de las plantas de fabricación de pasta celulo-sa que se construyen en Fray Bentos estableció que faltó información detallada sobre el procedimiento que utilizarán las empresas, pero también consideró como irrazonables los comentarios sobre que las fábricas puedan causar daños catastróficos.

Este informe fue realizado por el científico canadiense Wayne Dwernychuk, un experto inde-pendiente, a pedido de la Corporación Financiera Internacional (CFI) del Banco Mundial, la entidad monetaria que financiará parte de la construcción de las plantas.

¿Saldrán Busti y Greenpeace, y su cohorte de ecologistas de Gualeguaychú a denunciar que este cien-tífico canadiense no es imparcial? ¿O que al estudio deben hacerlos los "expertos" de Greenpeace, o de Amigos de la Tierra? ¿Seguirán con su Letanía Verde de que las plantas envenenan, o con su cán-tico gregoriano de “Si a la Vida, No a las Papeleras”? Porque según La Nación y otros medios:

El informe concluye en que “los comentarios que expresan la preocupación de que las plantas causen daños ambientales catastróficos carecen de sustento, son irracionales e ignoran la experiencia de muchas otras modernas plantas de kraft de celulosa blanqueada; sin embargo, algunos comentarios que sugieren mejoras en ciertos aspectos del diseño, definiciones de procedimientos operativos y monitoreo de las descargas ambientales de las plantas son válidos, y ameritan implementación”.

No dice otra cosa que lo veníamos exponiendo desde estas páginas, sobre la irracionalidad manifiesta de las propuestas –irracionalidad que se hace patente después de que la información actualizada de las tecnologías ECF tapó a los medios y debió haber hecho entrar en razón a la Asamblea Ciudadana Piquetera y Sediciosa de Gualeguaychú. Sin embargo, no hay peor ciego o sordo que aquel que se niega a ver o a escuchar. Sigue diciendo la información de los diarios:

El blanqueo

Además, la nueva evaluación aclara que “carecen de fundamento” las afirmaciones de que solamente es aceptable un proceso de blanqueo totalmente libre de cloro (TFC), como había propuesto en algún momento durante la controversia el gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, al analizar una propuesta de la agrupación ecologista Greenpeace.

El gobernador Busti debe estar dándole gracias a Greenpeace por haberle metido en el actual beren-jenal, del que no sabe cómo salir de manera que tenga un remedo de elegancia. Esto debería de servir como ejemplo y experiencia a quienes piensen que una asesoría de Greenpeace en materia ambiental les puede resultar beneficiosa para sus planes. La mayor parte de las veces, el resultado será un tiro en el pie –antes de desenfundar, o si siguen adelante, un tiro por la culata.

Las opiniones, sin embargo, divergen acerca del contenido del documento del Banco.

Desde la Argentina, el director de Asuntos Ambientales de la Cancillería, Raúl Estrada Oyue-la, dijo a LANACION.com minutos después de leer el informe que era “sensacional”.

“El Banco Mundial sostiene que para saber cuánto contaminan las plantas hay que saber cómo es el proceso y lo que se establece en el informe es que desde Uruguay y desde las empre-sas no se dice cómo será ese proceso”, explicó Estrada Oyuela.

En FAEC ya hemos podido comprobar el conocimiento que tiene el Sr. Estrada Oyuela en temas ambientales que no domina muy bien, como el calentamiento global, por ejemplo, y eso que está a cargo de Asuntos Ambiéntales de la Cancillería! Uno creería que zapatero a tus zapatos, los diplo-máticos no deberían ocuparse de temas demasiado técnicos, porque el resultado está a la vista. Visto el comentario del Sr. Estrada Oyuela de “sensacional”, creemos que lo que le parece “sensacional” es que esto significa que por fin, y de una vez por todas, el Sr. Jorge Busti parece que podría hacer un muy prudente mutis por el foro.

El Fin del Principio

El principio estaba marcado por la intención de Greenpeace de que el tema de las papeleras se consti-tuyese en un hito histórico en su campaña en contra del cloro y todos sus usos por parte de la huma-nidad. Potabilización del agua y antibióticos incluidos. Invirtió fuertes sumas de dinero en la moviliza-ción de mercenarios fletados desde Europa, especializados en acrobacias e invasiones a la Normandía, al mismo tiempo que arreció su campaña de anuncios en la Televisión abierta y por cable, Natalia Oreiro mediante, con el claro mensaje: “Súmese a nosotros, envíe su donación ya; no hay tiempo que perder!” Como el “¡¡ Llame ya !!” de www.sprayette.com la gente tiene una fuerte sospecha de que se la está “currando” –así nos los hicieron saber algunos estudiantes de 6º grado.

Como sucedió años atrás en Brasil en el terreno de la energía nuclear, Greenpeace está perdiendo esta batalla, diría que desde el mismo momento que decidió hacerla. En Brasil sirvió para revivir al moribundo plan nuclear Brasileño, y terminar de construir sus dos centrales nucleares en Angra, tener casi terminada a la tercera y en planos definitivos su cuarta. En esta parte de Sudamérica servirá para impulsar el desarrollo de la industria forestal y sus derivados, y sobre todo, hacerle saber a las fábricas que quieren radicarse en Argentina, Uruguay o Brasil, que a Greenpeace y sus cómplices se les puede ganar con el simple método de exponer la verdad científica y los hechos comprobados.

Lo Sensato, lo Razonable

Muchas han sido las opiniones sensatas y razonables que se han escuchado en este tema, aunque la prensa ha dado más cobertura al sensacionalismo de los cortes y el pesimismo ecologista, que a lo que nuestros abuelos alguna vez nos quisieron enseñar: usar la cabeza y ser personas decentes.

Entre muchas opiniones válidas que ya hemos mostrado en este sitio, hoy quiero recatar la del Sena-dor Rodolfo Terragno, vicepresidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, con quien no he compartido su pensamiento político de otrora o el actual pero que, nobleza obliga, cuando habla cosas sensatas no puedo menos que darle el crédito que merece. Resumiendo sus opiniones y razones para solucionar este conflicto artificial, Terragno dice que,

“El conflicto con Uruguay no lo resolverá la Corte de La Haya. Ese tribunal no se expedirá antes de 2010. Ni ordenará, como medida cautelar, que se paralicen las obras de Fray Bentos. No hay antecedente de algo similar.

La Corte no ha accedido a prevenir ni los ensayos nucleares. Cuando Francia anunció, en 1995, que reasumiría las pruebas atómicas en el Pacífico Sur, Nueva Zelanda acudió a La Haya. Temía que su medio ambiente sufriera daños irreparables y pidió que se suspendie-ran las pruebas. El pedido fue denegado.

También le da Terragno algunas pistas a la Cancillería Argentina, con la sana intención de que no se interne más en el pantano:

La presidenta de la Corte, Rosalyn Higgins, pertenece al Reino Unido: un país que blanquea con dióxido de cloro. Otros poderosos miembros del tribunal representan a grandes nacio-nes papeleras: Thomas Buergenthal, a Estados Unidos, primer productor mundial; Shi Jiuyong, a China (tercero); Hisashi Owasa, a Japón (quinto), y Rony Abraham, a Francia (12°). Ninguna de esas naciones utiliza el TLC.

Es improbable que la Corte ponga bajo sospecha la tecnología que domina la industria celulósica mundial. Pero si así lo hiciera, llegaría tarde.

Según el senador Terragno, esto no será solucionado ni por La Haya, ni la OEA, ni el Tribunal de Asunción. Sólo los jefes de estado pueden ponerle fin al asunto: como lo he mantenido desde el principio, la solución se consigue haciendo cumplir las leyes, tanto las ambientales que rigen en Uruguay (y bien severas que lo son) y las exigencias de la Constitución Argentina de asegurar el libre tránsito por las rutas y caminos de la Argentina.

Lo último que dice Terragno y que remata sus enormemente sensatas opiniones es:

No engañemos a la gente de Gualeguaychú.
No le digamos que la solución está en La Haya.
No le hagamos creer que la Corte detendrá la construcción de las papeleras.
No la ilusionemos con una solución inmediata.
No le ocultemos que hay riesgo de perder.
No le hagamos creer que es legítimo (y, por lo tanto, gratuito) cortar pasos internacionales.

Kirchner y Vázquez deben procurar que el conflicto de las papeleras no se convierta en el papelón de dos presidentes inhábiles para resolver un problema menor en una región que (de no ser por la torpeza de sus propios gobiernos) jamás se hubiera vuelto inflamable.

Tengo muy claro que mis opiniones y mis escritos no le caen nada bien a muchas personas, especial-mente en Gualeguaychú y Greenpeace S.A. Estos últimos poco y nada me importan, pero la gente de Gualeguaychú no se merecía el problema que le tiraron encima como “peludo de regalo”, engañándo-les de la manera más inicua que se pueda concebir: explotar un muy noble y natural sentimiento de mantener y vivir en un ambiente sano y sin contaminación, usando el muy vil recurso de explotar el sentimiento de miedo que la gente tiene por la palabra cáncer, muerte, veneno.

Era lógico que se produjera una reacción instintiva. Pero la razón debió primar sobre las emociones, porque esa es una de las pocas cosas que nos diferencia de las bestias que habitan en las selvas. Debió la gente de Gualeguaychú escuchar el sonido de otras campanas diferentes a las que tañían Green-peace y Busti, y hubo información más que suficiente para que los miedos se evaporaran en pocos días. Sin embargo, prevaleció la prédica falaz de algunos activistas del ecologismo multinacional y la gente cerró sus oídos a la razón y a la ciencia.

Quizás esto les sirva para el futuro cuando les vuelvan a “llenar los oídos” con nuevos horrores y miedos ambientales, y espantosas catástrofes que barrerán con la vida de sus hijos y nietos. Los que olvidan su pasado, sus experiencias, están condenados a repetir sus errores. Los que repiten sus errores están condenados a reelegir sus gobernantes. Los entrerrianos se están mereciendo hoy el gobierno que tienen.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


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