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 ANTECEDENTES CIENTÍFICOS DEL
PROGRAMA NAZI DE "PUREZA RACIAL",

Eugenesia en Estados Unidos y Alemania.
Limpieza Étnica, Genocidio, y Control de la Población...

©1995 T.D. Hall, Ph.D.

En las conclusiones de su notable libro Los Doctores Nazis – Matanza Médica y la Psicología del Genocidio Robert Jay Lifton escribe acerca de una visita a Auschwitz: «Hace unos años fui al campo y se mostraron las exhibiciones que se mantiene allí, exhibiciones que no dejan nada para agregar concerniente a lo que seres humanos malvados pueden hacerle a otros seres humanos. Pero el que me dejó la impresión más profunda fue la más simple de todas: una habitación llena de zapatos, en su mayoría zapatos de bebés. "

Las campañas de genocidio no son nada nuevo. Han ocurrido antes del Holocausto, y están ocurriendo en estos momentos. Lo que distingue al programa de la “purificación racial” Nazi de las demás campañas genocidas es su carácter “científico”. En un encuentro de masas en 1934, el diputado por el Partido Nazi Rudolf Hess declaró: “El Nacional Socialismo no es otra cosa que la biología aplicada.” “Todo el régimen nazi fue construido,” dice Lifton, “sobre una visión biomédica que requería la clase de purificación racial que pudiese progresar de la esterilización a matanzas extensas.” Tan pronto se publicó OEIN Kampf (1924-26), Lifton indica que, “Hitler había declarado la sagrada misión racial del Pueblo alemán era la de 'armar y preservar el inventario de elementos raciales básicos [y] … lenta y severamente elevarlos a una posición dominante.”

¿Dónde se originó la “visión biomédica” de Hitler y su Partido? Las fuentes primarias fueron: la biología Darwiniana y la teoría de la evolución; el Socialismo Darwiniano, la diseminación evangélica del Darwinismo, y una pseudo ciencia llamada “eugenesia”. En las primeras décadas del siglo 20, las eugenesia era considerada por muchos como la mejor esperanza para el futuro de la humanidad. Jugaba el papel que hoy ocupa la “ingeniería genética.” Era Darwinismo aplicado. Lo que sigue delinea, brevemente, la naturaleza de estas fuentes relacionadas.

Actualmente, nuestra teoría ortodoxa de la biología y la evolución es “neo-Darwinismo”. El neo-Darwinismo combina lo que se conoce como “Darwinismo clásico” con la genética moderna. El Darwinismo clásico se remonta a 1859, el año en el que el naturalista Británico Charles Darwin publicó “Sobre el origen de las Especies por Medio de la Selección Natural”, subtitulado (nótese con cuidado) 'La Preservación de las Razas Favorecidas en la Lucha por la Vida'. A despecho de que las claves fácticas que subyacen en la teoría de Darwin jamás fueron probadas científicamente, la teoría fue abrazada por numerosos científicos e intelectuales como si fuese un evangelio – el Evangelio de la Ciencia.

En un tiempo relativamente corto, el origen reemplazó a la Biblia como el texto preferido y más autorizado sobre el asunto de la naturaleza de la vida sobre la Tierra. En 1871, Darwin publicó el todavía más controvertido “La Descendencia del Hombre”.

Las Premisas Primarias del Darwinismo

Las principales premisas del Darwinismo pueden ser resumidas como siguen:

(1) La primera premisa, el concepto de la transformación evolutiva de una especie en otra, se derivó del “Transformismo” de Jean-Baptiste Lamarck, que fundó la ciencia evolucionaria en 1809 con la publicación de Philosophie Zoologique. En su Historia de la Creación (1873), el evolucionista Ernest Haeckel escribe, “Para él (Lamarck) será la gloria inmortal de haber elaborado por primera vez la Teoría de la Descendencia, como una teoría científica independiente de primer orden, y como la fundación filosófica para toda la ciencia de la biología.” En verdad, el término “biología” fue acuñado por Lamarck..

Darwin se familiarize con el trabajo de Lamarck a través de su amigo y mentor, el eminente geólogo Charles Lyell. El Volumen II de los Principios de la Geología de Lyell, que contiene una larga exposición de la teoría de Lamarck, fue recibido por Darwin en Sudamérica en 1832, en el primero de sus cinco años de de trabajo como naturalista a bordo del H.M.S. Beagle.

La segunda premisa de la teoría de Darwin es que la “selección natural” es la causa de la divergencia en las especias, es decir, el origen de las especies. La primera mención publicada de la Naturaleza como seleccionador está en el “Discurso Sobre el Origen y Fundamentos de la Desigualdad Entre los Hombres,” de Rousseau (1755). En una discusión de las condiciones de vida en la antigua Esparta, Rousseau escribe, “La naturaleza los usó precisamente como lo hizo la ley de Esparta con los niños de sus ciudadanos. Hizo fuertes y robustos a aquellos con una buena constitución y destruyó a todos los demás.”

Una fuente más inmediata fue la teoría evolucionista del naturalista Inglés Alfred Russel Wallace, quien volcó sobre el papel una teoría de la evolución por selección natural antes de que Darwin completara su trabajo. En junio de 1958, Wallace envió a Darwin un trabajo aún no publicado titulado,”Sobre la Tendencia de las Variedades de Apartarse Indefinidamente del tipo Original,” Muy pronto después, Darwin le escribió a Lyell, “Sus palabras se han hecho realidad con una venganza – que yo podía ser anticipado, usted dijo esto cuando le expliqué aquí, muy brevemente, mi visión sobre que la Selección Natural depende de la lucha por la existencia. Nunca he visto coincidencia más impactante, si Wallace hubiese escrito mi manuscrito en 1842, él no podría haber hecho un mejor corto abstracto! Hasta sus términos se destacan ahora como títulos en mis capítulos….”

Si Wallace hubiese simplemente publicado su manuscrito, habría tenido prioridad con respecto al concepto de la evolución por la selección natural. En vez de ello, la prioridad fue para Darwin. Los medios cuestionables por los que la prioridad le fue concedida a Darwin se discuten en una libro fascinante de Arnold Brackman titulado, ”Un Delicado Arreglo” El entendimiento de Darwin sobre la selección natural se derivaba de su trabajo de cultivos. Darwin llamó a la cría de plantas y animales “selección artificial”, a la cría que ocurre en lo silvestre la llamó “selección natural.” Temprano en el “Origen…”, Darwin define a la selección natural en estos términos (antropomórficos): “La selección natural es el escrutinio diario y horario … cada variación, aún la más insignificante, rechazando lo que es malo, preservando y agregando todo lo que es bueno; trabajando silenciosa e insensiblemente… en el mejoramiento de cada ser orgánico…” En efecto, el Darwinismo remplaza a la creencia tradicional de que el orden en la naturaleza es el resultado de la presencia Divina (Dios) con la idea de que es el resultado de una presencia natural (Selección Natural).

La Tercera premisa del Darwinismo es que el impulso por detrás de la evolución es el instinto sexual de la reproducción. Dada la tremenda influencia de este impulso, la vida es una incesante lucha por la existencia.

”Una lucha por la existencia se sigue inevitablemente de la alta tasa a la que todos los seres orgánicos tienden a aumentar. Cada ser… debe sufrir la destrucción… de otra manera, en el principio del aumento geométrico, su número podría convertirse rápidamente tan excesivamente grande que ningún país podría soportar al producto. Por ello, a medida de que se producen más individuos de los que pueden sobrevivir, habrá en cada caso una lucha por la existencia, ya sea un individuo con otro de la misma especie, o con individuos de diferentes especies, o con las condiciones físicas de la vida…” La premisa básica (“la alta tasa a la que todos los seres orgánicos tienden a aumentar.”) y el “principio del aumento geométrico” son, como lo indica Darwin, “la doctrina de Malthus aplicada con fuerza multiplicada a todo el reino animal y vegetal…”

El Malthus en cuestión es el Reverendo Thomas Robert Malthus (1766-1834), famoso “pesimista” y autor de uno de los ensayos más influyentes en los tiempos modernos – el Principio de Población (1798). En este ensayo, Malthus argumenta que a causa de que “toda vida animada tiende a aumentar más allá de los alimentos preparados para ella,” no podrá haber jamás un real progreso o felicidad para la humanidad. Désele al hombre un poco más de pan que lo usual, y él se reproducirá más de lo usual, barriendo con sus pequeñas ganancias. La población aumenta de acuerdo a una progresión geométrica, aseguraba Malthus, mientras que los medios de subsistencia lo hacían en progresión aritmética. De tal manera el hombre está condenado a procrearse hasta la indigencia. Malthus, uno de los fundadores de la “ciencia lúgubre” de la economía, pintó versiones de un futuro lleno, inevitablemente, de multitudes hambrientas y enfermas.

Antes de Malthus y sus visiones de pesadilla, los gobernantes de Europa veían a las poblaciones como un activo; después del “principio de Población”, comenzaron a ver a las mismas poblaciones como pasivos - pasivos potencialmente desastrosos. La revolución en América y la infructuosa revolución en Francia habían dejado claro que las masas pueden resultar letales para las clases gobernantes, y Malthus proporcionó a las clases gobernantes de Europa las perspectivas que estaban buscando. Las masas carecen totalmente de principios. Las poblaciones tienen que ser estrictamente controladas. En 1789, el primer año de la Revolución Francesa, el país europeo con más población era Francia. Las estadísticas estaban en la pared, y los dirigentes de Europa no fueron lentos para leerlas.

A comienzos de la primera mitad del Siglo 19, en toda Europa, los miembros de lasclases gobernantes se reunieron para discutir el recién descubierto “problema de la población” y para diseñar manera de implementar el mandato maltusiano, incrementar la tasa de mortalidad de los pobres: “En lugar de recomendar limpieza a los pobres, deberíamos alentar hábitos en contrario. En nuestras ciudades deberíamos hacer a nuestras calles más estrechas, apiñar más gente en las casas, y cortejar el retorno de la plaga. En el campo deberíamos construir nuestras villas cerca de los pantanos estancados, y en particular alentar asentamientos en ubicaciones cenagosas e insalubres,” y así por delante.

El Reverndo Malthus, quien tuvo la comprensible precaución de publicar su ensayo “Población” de manera anónima (en 1798), es el prototipo del teórico estilo nazi. El “maltusianismo”, como fue llamado, encontró adherentes en toda Europa, pero pocos de estos se atrevieron a expresar sus opiniones fuera de las salas privadas de creyentes amigos. Hacia el fin del siglo, sin embargo, los maltusianos ya estaban fuera del placard.

En Alemania, los “científicos raciales” abogaban abiertamente la muerte de los miembros indeseados y segmentos enteros de la población. Uno de esos científicos, Adolf Jost, “emitió un temprano llamado para la “muerte médica directa” en un libro publicado en 1895, “El Derecho a la Muerte”. (Das Recht auf den Tod). Jost argumentaba que por el bien de la salud del organismo social, el estado debía tomar responsabilidad por la muerte de los individuos. Adolf Jost fue un mentor de Adolf Hitler, quien estaba un 100% de acuerdo. “El estado tiene que asegurarse de que sólo los saludables procreen hijos.”, dijo Hitler. “El estado tiene que actuar como el guardián de un futuro milenario … Tiene que poner los más modernos medios médicos al servicio este conocimiento, tiene que declarar indignos para la reproducción a quienes estén visiblemente enfermos o hayan heredado una enfermedad que puedan transmitir.”

Entre la primera década del Siglo 19 y la última, ¿qué sucedió que volvió respetable al maltusianismo? El Darwinismo. De manera específica, la adopción de Darwin de la “Doctrina Malthus” y su tercera premisa. En la tercera premisa está uno de los cimientos del Tercer Reich. En efecto, si no abiertamente, el Darwinismo es maltusianismo, re-representado bajo el disfraz de ciencia verdadera. Bajo el estandarte del Darwinismo, “Las Únicas Reales y Sagradas Biología y Evolución,” los maltusianos y sus amos fueron capaces de causar devastación en nuestra civilización. Entre sus legados están los pillajes de los imperialistas a fines del Siglo 19, los letales socialismos que han plagado nuestro siglo 20, las guerras mundiales, holocausto tras holocausto, y muy posiblemente una o más de de las serias enfermedades que asolan hoy a la humanidad.

****************

En Palo Alto, a principios de 1994, asistí a una conferencia sobre evolución pronunciada por un distinguido profesor de Stanford. El profesor comenzó su conferencia con la moronda declaración, “Hoy, la ciencia de la evolución es sinónimo de Darwinismo.” El profesor hizo una pausa, y sonrió. No hubo respuesta de la audiencia, de manera que continuó, repitiendo las perogrulladas del Darwinismo, perogrulladas que no son ciertas pero que parecen serlo por que han sido repetidas hasta el infinito. A diferencia de cualquier otra teoría científica que yo conozca, el Darwinismo ha sobrevivido refutación tras refutación. En 1971, Norman Macbeth, un abogado recibido en Harvard, que hizo del estudio del Darwinismo su vocación de muchos años, publicó una muy buena crítica del Darwinismo . “Darwin Nuevamente Juzgado”. Uno de los puntos más concluyentes de macbeth, que está muy bien documentado, es que la mayoría de los Darvinistas tienen muy poca confianza en su propia teoría. El eminente Karl Popper llama al libro, “Un excelente y justo, aunque antipático juzgamiento de Darwin.” (Lo que “simpatía” tiene que ver con la ciencia, es algo que no alcanzo a comprender). Es 1995, casi 25 años más tarde. El Darwinismo sigue siendo nuestra biología ortodoxa.

”Evolución: Una Teoría en Crisis,” una exhaustiva crítica del Darwinismo que llega a la conclusión de que la tan celebrada teoría es “el gran mito cosmogénico del Siglo 20.” - “Uno podría haber esperado,” sigue diciendo Denton, “que una teoría de importancia tan cardinal, una teoría que literalmente cambió al mundo, fuese algo más metafísica, algo más que un mito.” Prácticamente con el mismo aliento, Denton resalta que el “Darwinismo permanece siendo la única realmente teoría científica de la evolución.”

La confusión de Denton es comprensible. Es difícil de creer que una teoría con tan poco mérito pudo haberse enraizado tan profundamente en nuestra ciencia – y en la sabiduría convencional. ¿No se supone que la ciencia nos libera de los mitos? El Darwinismo podría seguir siendo la ortodoxia teflón por otros veinticinco años más. Eso no debería disuadirnos del vital trabajo de la crítica.

Hasta ahora, hemos analizado al Darwinismo en sus tres premisas básicas. ¿Cuán válidas (fuertes) son esas premisas?

(1) La fuerza del Darwinismo está en su primera premisa, la premisa de Lamarck de la transformación evolutiva de una especie en otra. Careciendo de suficiente información, Lamarck visualizó a la línea evolutiva como estrictamente lineal. La especie A produce B, B produce a C, C produce a D, y así por delante. En 1885, Alfred Wallace rearticuló la premisa.

Argumentando que la línea evolutiva podría ramificarse, es decir, la especie A puede producir C como también a B, y la B puede producir a D, E y F, etc. Más adelante, Wallace argumentó que los pasos evolutivos no son necesariamente “progresivos” (más y más perfectos), como Lamarck había afirmado.

La articulación de Wallace se conoció como la “Ley Sarawak.” Cada especie llegó a existir coincidiendo en el tiempo y en el espacio con una especie pre-existente estrechamente aliada. Lo largo y lo breve de esto es: Cuando la premisa Lamarck-Wallace cayó en manos de Darwin, estaba en buena forma científica. Era, y es, una premisa válida, apoyada por mucha evidencia.

(2) La segunda premisa de Darwin, que la selección natural es la causa de la divergencia en las especies, es lo que se llama “una generalización vacía.” Suena bien, pero no nos dice nada. Si fuese a decirle que las causa de la divergencia de las especies era el “ambiente,” ¿diría usted que es una explicación suficiente? Por supuesto que no. “Tiene que ser más específico,” exigiría usted. “¿Qué es, específicamente, lo que hay en el ambiente que provoca la divergencia?” “Selección natural” no es más específico que “Ambiente”.

(No es difícil de comprender por qué tantos científicos han aceptado la premisa de la selección natural sin cuestionamientos. Parece ser una explicación de “Jehová” más en la dirección científica de “Zeus”, por ejemplo. A pesar de todo, la selección natural es simplemente un perfume falso que no nos lleva a ninguna parte, excepto cada vez más adentro del bosque. El mismo Darwin no se hallaba cómodo con el término, En la sexta y última edición de Origen..., dice que la “supervivencia del más apto” no fue acuñada por Darwin, sino por el filósofo evolucionista Herbert Spencer unos siete u ocho años antes de la publicación de Origen…. Para 1872, la frase se había convertido en la contraseña o slogan del Darwinismo. Darwin la reclamó (la “seleccionó”, diría yo), prefiriéndola a la sinsentido de “selección natural”.

Además, el concepto de selección natural estaba demasiado atada a Alfred Wallace, el talentosos joven evolucionista que había sido totalmente eclipsado por Darwin. (Cuando se presentá a la Teoría de la Evolución por primera vez, fue llamada la teoría “Darwin-Wallace”. Un título correcto hubiese sido la “Teoría Wallace-Darwin”. la frase “supervivencia del más apto” fue el producto de uno de los más ardientes apóstoles de Darwin. Mr. Spencer estuvo más que deleitado que Darwin hubiese adoptado su frase.

La tercera premisa de Darwin, la llamada “Doctrina Malthus” – no tiene ninguna validez científica, y jamás la tuvo. En la moderna jerga de la crítica, llamaríamos a la doctrina Malthus un ejemplo de “determinismo sexual reduccionista y simplista”. (Sigmund Freud es azotado rutinariamente por los comentaristas modernos por haber caído en la trampa del determinismo sexual). La idea de que “toda vida animada” está gobernada solamente por el instinto sexual reproductivo le fue sugerido a Malthus por primitivos informes del siglo 18 sobre cabras que habían sido liberadas por los bucaneros en ciertas islas de las Galápagos alrededor del 1670. Los informe indicaban que las cabras se habían multiplicado hasta el punto que apenas si había quedado alguna vegetación.

Malthus leyó los informes y llegó a la conclusión que los seres humanos, si eran librados a sus propios medios, harían exactamente lo mismo, Se reproducirían hasta expulsarse de su casa, hasta el punto de poblaciones enteras serían dejadas sin siquiera una lata de judías. Esta conclusión es la base pseudo científica de la “doctrina Malthus” que Darwin abrazó con tanto entusiasmo, y la amplificó – por su declaración que “aplicada … a todo el reino animal y vegetal.”

Cualquier forma de determinismo reductivo es el equivalente intelectual de un pozo de brea. Malthus se vio atrapado en su propia brea. Al final de su vida, se propuso corregir la doctrina errónea, pero para entonces ya era demasiado tarde. La doctrina se había convertido en parte de nuestro inventario común de “ideas verdaderas sobre cómo las cosas son.” Así es que Darwin escribe con tanta certeza que, “No hay excepciones a la regla, de que cada ser orgánico aumenta de manera natural a una tasa tan elevada, que si fuese destruido, la tierra muy pronto sería cubierta por la progenie de un solo par original.”

”Hasta el hombre, de lenta reproducción, se ha duplicado en 25 años,” sigue diciendo Darwin. “y a este ritmo, en unos pocos miles de años, no habrá ya más sitio para sus descendientes.” Esta “Doctrina Malthus-Darwin” claramente sugería que la población humana del planeta se había convertido en un problema. “Si no es destruida,” para usar la frase de Darwin, esta población dejaría al planeta tan yermo como las islas infestadas de cabras de las Galápagos. La Doctrina Malthus-Darwin no tiene base científica de ninguna clase; estuvo basada en el erróneo razonamiento de Malthus. Darwin debería haberse dado cuenta. Quizás lo hizo. Cualquiera sea el caso, la doctrina fue un gran éxito entre los gobernantes del siglo 19, un fuerte aliciente – sancionado por la ciencia – de avasallar al planeta antes de que otros lo hicieran.

Súbitamente, las naciones de Europa se hallaron con “poblaciones de sobra”. La Era del Imperialismo había nacido, a medida que una nación tras otra entraba en la carrera de adquirir tierras extranjeras y países lejanos, no a causa de la codicia, sino motivados por la supervivencia nacional. Aquellas naciones que sobrevivirían en el futuro sería las que estarían en posesión de vastas porciones de territorios para vaciar allí su exceso de población. En un tiempo muy corto, toda el África había sido mutilada por las naciones europeas. Las poblaciones aborígenes de ese continente que objetaban la esclavitud fueron masacradas. Muchas grandes tribus –que durante varios miles de años habían existido en equilibrio con su ambiente – fueron erradicadas en el Holocausto Africano.

La competencia Imperial por “el Imperio” (es decir, colonias en todo el mundo), fue probablemente la principal razón para la Primera Guerra Mundial. En 1901, Arthur Dix, el editor de dos periódicos en Berlín, escribe, “Un pueblo timorato, que no sabe usar sus codos, podría por supuesto poner un alto al aumento de su población – podría hallar las cosas demasiado estrechas en casa. La superabundancia de población podría no encontrar existencia económica. Sin embargo, la gente feliz en su futuro no conoce nada acerca de una limitación artificial; su única preocupación sería hallar lugar en el globo para una subsistencia para otros miembros de su propia raza.”

En la Gran Bretaña, el Darwinista Social y vasallo alemán (1912), y además general retirado, F. Von Bernhardi escribe: ”En el interés de la civilización mundial es nuestro deber agrandar el imperio colonial de Alemania. Sólo de esta manera podremos unir políticamente, o por lo menos nacionalmente, a los alemanes de todo el mundo, porque sólo así será que ellos reconocerán que la civilización Alemana es el factor más necesario en el progreso humano. Debemos empeñarnos en adquirir nuevos territorios en todo el mundo por todos los medios a nuestro alcance, porque tenemos que preservar para Alemania a los millones de Alemanes que nacerán en el futuro, y tenemos que proveerles de alimento y empleos. Debería permitírseles vivir bajo un cielo Alemán, y llevar una vida Alemana.” Dadas tales actitudes –no sólo en Alemania, sino en toda Europa – la guerra era inevitable. También era inevitable por otras razones:

La guerra era vista por Bernhardi y sus muchos colegas Darwinistas Sociales en Europa como “un regulador indispensable” de poblaciones. ”Si no fuese por las guerras,” escribe Bernhardi, ”muy probablemente descubriríamos que raza inferiores y degeneradas vencerían a las más sanas y jóvenes por su riqueza y su número. La importancia generadora de la guerra descansa en esto, que provoca selección, y así la guerra se convierte en una necesidad biológica.”

La palabras alemana para “colonias en el mundo en donde descargar las población sobrante” era “Lebensraum” – espacio vital. Para los alemanes, la pérdida de la Primera Guerra Mundial significó, entre otras cosas horribles, la pérdida de su “espacio vital”, su Lebensraum. Las reparaciones punitivas impuestas por los vencedores era un asunto muy serio; pero mucho más grave era el hecho que Alemania fue contraída físicamente y perdió todas sus colonias de ultramar. Esta reducción de alemania fue, desde el punto de vista de los Darwinistas en ese país, una sentencia de muerte. Con la opción de construir un imperio bloqueada (aunque fuese momentáneamente), los planificadores sociales alemanes comenzaron a enfocar exclusivamente en la opciones internas para garantizar la supervivencia de la raza alemana.

En 1923, Fritz Lenz, un médico genetista alemán, que se convirtió en un importante ideólogo en el programa de purificación racial Nazi, se quejaba amargamente de que Alemania bajo la Constitución de Weimar estaba quedando atrás de los Estados Unidos en el muy importante campo de la eugenesia, la ciencia para la mejora de la raza mediante la selección de los individuos y grupos “degenerados” para ser esterilizados.

”Lenz se quejaba de que las provisiones de la Constitución de Weimar (prohibiendo infligir alteraciones corporales en los seres humanos) impedía el extendido uso de las técnicas de vasectomía; de que Alemania no tenía nada para igualar las instituciones de investigación eugenésica en Inglaterra y los Estados Unidos. (por ejemplo, que en Cold Spring Harbor, New York, liderado por Charles B. Davenport y financiado por la Institución Carnegie de Washington, y por Mary Merriman, funcionaba la Sociedad Eugenésica de Norteamérica). Mary Harriman era la viuda del magnate ferroviario E. H. Harriman, conocido miembro de los grupos de especuladores del siglo 19 conocidos como “rober barons”, o “barones asaltantes”. Tanto Harriman como Carnegie habían sido grandes admiradores de Herbert Spencer, que era el principal conductor del dogma americano del Darwinismo.

En el contexto histórico, la “eugenesia” puede ser definida como “Darwinismo Aplicado.” El fundador de la eugenesia es Francis Galton, un primo de Darwin y el autor de varios libros influyentes sobre herencia, incluyendo a “Genio Hereditario”, (1869), “Inquisiciones sobre las Facultades del Hombre” (1883) y ”Herencia Nacional” (1889). No mucho después de que Galton publicara esta última obra, un grupo de los llamados “científicos raciales” se hizo muy activo en Alemania. (Muy influyente en la formación del grupo fue también el Darwinista Social Ernst Haeckel, que declaró que las diferentes razas pueden ser definidas como especies distintas.) Uno de estos científicos era Alfred Jost, anteriormente citado como el autor de “El Derecho a la Muerte” (1895). La tesis central de su libro es que solución final para el problema de la población es el control del Estado sobre la reproducción. El libro está apoltronado en la retórica Darwinista de los derechos naturales. El Estado tiene un derecho natural y una responsabilidad sagrada de matar individuos para salvaguardar a la nación, al organismo social, vivo y saludable.

Propulsores posteriores de la muerte médica estatal, tales como el profesor de leyes Karl Binding, de la Universidad de Leipzig y Alfred Hoche, profesor de psiquiatría en la Universidad de Friburgo, harían hincapié en el valor terapéutico de la destrucción de “vida no merecedora de vivir.” La destrucción de tal tipo de vida es ”meramente un tratamiento de cura”. Entre las dos guerras mundiales, la esterilización se convirtió en la herramienta preferida para el control de la población. El hecho de que la constitución de Weimar no permitiese la esterilización no era un asunto menor. Los científicos Darwvinistas y sus seguidores lo veían como una grave amenaza para la nación. “Si el poder de luchar por nuestra salud no está más presente,” decía Hilter, “el derecho a vivir en este mundo de luchas termina.”

Para comprender por qué la esterilización era un asunto tan importante para los Darwinistas Sociales, no hace falta buscar muy lejos. Ernst Mayr (El decano de los Darwinistas americanos escribe en “En el Hombre Civilizado”, ”Los dos componentes de valor selectivo, superioridad adaptiva y éxito reproductivo, no coinciden más. Los individuos con dotes genéticas por encima del promedio no hacen, necesariamente, una contribución por encima del promedio a la charca de genes de la próxima generación.” Realmente, Mayr sigue diciendo, ”Individuos imprevisores y poco trabajadores que tienen un hijo cada año ciertamente añaden más genes a la charca de genes de la próxima generación que aquellos que planean cuidadosamente el tamaño de su familia. La selección natural no tiene respuesta a este problema. [las negritas son mías] La separación en la sociedad moderna del mero éxito reproductivo de la genuina adaptación impone un serio problema para el futuro del hombre.”

En otras palabras: Cuando los humanos están en el estado de la naturaleza, su cantidad (y su calidad como organismos biológicos) están efectivamente controlados por la selección natural. En la lucha por la existencia, por lo general gana el más apto, y los más débiles por lo general pierden. Los vencedores consiguen pasar sus genes ganadores; los perdedores tienen que esconderse y perecer. Cuando el hombre se hace “civilizado”, sin embargo, el juego cambia. Los débiles no más destruidos. En verdad, los débiles son protegidos por filosofías y religiones bienhechoras antinaturales. Se les concede ventajas que no se han ganado. No tienen otra cosa que hacer en la vida que reproducirse, y se reproducen – “un hijo cada año,” de acuerdo con Mayr. Mientras aquellos que no merecen vivir proliferan a derecha e izquierda, los genuinamente superiores se encuentran más y más restringidos, más y más en desventaja en la lucha evolutiva.

Así, los asuntos de Mayr son su oscuro diagnóstico: … esta situación “impone un problema serio para el futuro del hombre.” La visión de Mayr es esencialmente un re-declaración contemporánea de la vieja propaganda eugenésica. Cuando Hitler y sus Nazis comenzaron sus programas de esterilización y extermino, estaban operando en la firme convicción que, por el bien del pueblo Alemán y del futuro del hombre, el Nacional Socialismo debía tomar la posta desde donde la dejó la Selección Natural. En el Darwinismo – tanto el clásico como el neo-Darwinismo – la selección natural es el único principio rector de la naturaleza. Si el principio de la selección natural es desvirtuado por el hombre equivocado, cuál es el resultado inevitable? Desorden, degeneración, y destrucción.

En muchas e importante maneras, el movimiento Nazi fue una cruzada contra lo que ellos percibían como degeneración, una cruzada en el nombre del nuevo dios ,,, la Ciencia. El legado de la doctrina Malthus-Darwin es verdaderamente triste. El mandato que le dio a nuestros gobernantes era, ”Controlen a la población y progresen… o perezcan.” De este mandato surgieron dos estrategias políticas que hicieron que el Siglo 20 fuese el más cruel y bárbaro jamás registrado. Una de estas estrategias era estrictamente Maltusiana: “No hagan nada por las masas, excepto aquello que acelere su destrucción.” Esto era llamado “laissez-faire”… dejar hacer, no interferir. La otra estrategia vio en el totalitarismo, el total control de la sociedad por el estado, la única respuesta satisfactoria al problema de la población. La mayoría de los “socialismos” de nuestro Siglo caen dentro de esta categoría.


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