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El Muerto se Asusta del Degollado
Por Eduardo Ferreyra,
Presidente de FAEC

El 14 de abril de 2005, este sitio web publicó un artículo del Ctdor. Carlos A. Ortiz “El Ecoterrorismo en Acción,” relacionado con el accionar que el autor considera “terrorista”, es decir, destinado a causar el “terror”. El artículo provocó la airada respuesta del Dr. Jorge O. Daneri, Miembro de la Coordinación del Foro de Ecología Política de Argentina, y Coordinador Institucional del Foro Ecologista de Paraná, Entre Ríos, quien realiza un ardiente alegato en defensa de ese accionar al que califica de pacifista y amante de la paz. De manera que no causa sorpresa, el Dr. Daneri se muestra escandalizado de que se pueda calificar de “terroristas” a los inocentes y bondadosos ecologistas, creyendo que terrorismo sólo se refiere al uso de bombas molotov (que ellos usaron en abundancia), de lanzacohetes (también usados por ellos en Francia), de irrupción violenta en locales para quemar y esparcir la muerte a balazos (también practicado demasiadas veces por el Frente de Liberación Animal, Earth First, Lynx, Merda en la Montagna, etc), abordaje y hundimiento de barcos en alta mar (actividad en la cual Greenpeace y Sea Shepherds son artistas).

Pero de los títulos que acompañan al Dr. Daneri, al menos se advierte que ya hay gente que reconoce por fin que la ecología que ellos practican es del tipo
Ecología Política, desdeñando a la Ecología Científica –que el sentido común y la lógica nos dicen que debería ser la que hallará soluciones a los problemas que la humanidad va encontrando a su paso en su búsqueda del progreso y de mejores condiciones de vida, para todo el mundo, no sólo para animales, mariposas, mosquitos y árboles.

Se analizan a continuación algunas de las expresiones de la réplica del Dr. Daneri, resaltadas en rojo, y a continuación el comentario que ellas nos merecen.

Una de las mayores fortalezas de la democracia, es la libertad de expresión, en particular, la libertad de prensa.

No lo dudamos
ni un instante. Como dijo Dantón, “Daría mi vida para que puedas expresar tu opinión.” Pero olvida el Dr. Daneri de mencionar que para que una sociedad justa funcione correctamente, a la par de la libertad de expresión, y sobre todo la de prensa, debe ir la veracidad en la información de lo que se expresa, porque la libertad de expresión no es excusa para la distribución de desinformación perjudicial para la sociedad, sobre todo cuando está teñida de fuertes intereses geopolíticos y ecónomicos espurios, que tiende a entorpecer el desarrollo regional, o nacional, y al mejoramiento de sus condiciones de vida, como son las constantes denuncias de muchos grupos ecologistas, basadas en ciencia deficiente o simplemente la mentira descarada. Los ejemplos son demasiado abundantes para detallarlos aquí, pero baste la última denuncia sobre las aguas “radioactivas” de Ezeiza.

"Denunciar y condenar como terrorista a un ser humano, a un colectivo social, a una organización no gubernamental, es de una significación y fuerza, que para hacerlo, se deben tener pruebas sustanciales e irrefutables,"

Las pruebas están escritas a fuego en la historia, en archivos de diarios y agencias de noticias, a disposición de quien quiera tomarse la molestia de buscarlos. Hay gente que lo hizo durante años, que han guardados registros de muchas (no todas por motivo de espacio) de las acciones terroristas de miembros del movimiento ecologista multinacional. Una pequeñísima reseña de esas acciones se hallan publicadas en el Prólogo escrito por el ethólogo argentino y miembro de FAEC, Dr. Enrique C. Lerena de la Serna, en el libro, “Ecología: Mitos y Fraudes”, de mi au-toría. Se detallan allí muchas de las acciones criminales del ecologismo en donde murieron científicos y empleados de zoológicos, peleterías, restaurantes, casas de artículos para caza, obreros de aserraderos, y empresas constructoras, hundimiento de barcos, asesinato de cien-tíficos y sus familias en laboratorios de experimentación, etc.

El mismo Dr. Lerena de la Serna fue objeto de atentados con ametralladora contra su domicilio y la matanza de sus animales de “observación de comportamiento”, además de sus perros mascotas y su pequeño gato crucificado sobre la puerta de calle. Buena gente, como se ve. Amantes de la paz, de la tolerancia y de la convivencia pacífica.

Sin embargo, hasta el día de hoy no hemos visto que ninguna de las organizaciones autonom-bradas “salvadoras del planeta, selvas lluviosas, ballenas, y diversidad biológica” hayan abierto sus bocas para condenar accionar que, en nombre de sus ideales “salvadores del planeta” se ubican a la misma altura que las de Osama Bin Laden o la ETA, o de los terroristas Chechenios.

“¿Que es ser terrorista? … Es utilizar la violencia sin límites, violando todos los códigos, inclusos los de las normas internacionales que dicen o intentan regular la propia guerra.” … “Nada más falso, mentira más impune, que la expuesta, de calificar, de definir a organizaciones de la sociedad civil Argentina, integrantes del movimiento ecologista del País, como eco-terroristas.”

Es verdad –la primera parte, por lo menos, sobre el uso de la violencia sin límites, y la viola-ción de todos los códigos de la sociedad. Entre las normas internacionales que se deberían res-petar figura la prohibición de realizar actos de piratería en alta mar, o acciones que pon-gan en peligro la vida y las cargas transportadas. La más querida de las organizaciones ecolo-gistas, Greenpeace, es una experta en ese tipo de “acción directa” para imponer sus perversas intenciones de poner el palo en la rueda del progreso. Sus hermanas menores, Sea Shepherds, y otras más pequeñas, igualan y sobrepasan a Greenpeace – atacando balleneros y hundién-dolos donde los encuentran, incluidos fondeados en el puerto.

La intención es infundir el miedo, el terror, para impedir que los balleneros, los leñadores y otras actividades se desarrollen normalmente. Eso es ser terrorista, es infundir el terror a la represealia, añl ataque solapado, inesperado, y violento –y al hacerlo en nombre de la defensa de ambiente, de las especies, del “ecologismo”, son “eco-terroristas”. ¿De qué se escandaliza Daneri? De que le digan la verdad en la cara, o de que le saquen de un sueño idílico de un ine-xistente amor por la humanidad, paz y confraternidad universal?

“Lo grave resulta ser, que esta calificación intenta reconstruir un proceso ideológico profundamente no democrático, feudal y extremo como expresión de un nacionalismo fascista y persecutorio, también gravemente retorcido y malintencionado.”

Tendríamos que interpretar esta parrafada sin sentido como que, ponerse del lado de la cien-cia, el sentido común, el progreso y el deseo de desarrollar la economía y permitir una mejor distribución de la riqueza, como una intención de imponer una dictadura militar fascista, o nazi, quizás? ¿Por qué no una Castrista, o Chavista, o la de los amantes de la naturaleza de Pol Pot? Se estiran y se retuercen demasiado a los argumentos, y como de por sí son débiles e inconsistentes, termina por romperse y mostrar sus tripas rojas. “Del rojo me pasé al verde,” parece ser el lema del ecologismo multinacional –aunque sólo los “idiotas útiles” de la ultra izquierda han caído en la trampa del ecologismo. Pruebas sobran para demostrar que, por detrás del ecologismo multinacional, se esconden poderosos intereses geopolíticos y corpo-rativos de empresas petroleras y químicas que financian fuertemente a los verdes. Intereses que no les importó nunca pactar con la izquierda o con la derecha para lograr sus ganancias.

“Nada dice el pulgar denunciante de las acciones de nuestras organizaciones por impedir la guerra de Irak, del rechazo público a los métodos de cualquier tipo de terrorismo.”

Zapatero, a tus zapatos, sería una norma que, de aplicarse, haría que el mundo fuese un lugar mucho mejor. Nada tienen que hacer las ONGs ecologistas interviniendo en política interna-cional, intentando detener guerras que hasta han sido programadas y secundadas por sus pro-pios patrones, como la Corona Británica. No ha sido sólo EEUU quien lanzó la guerra contra Irak, ya que Gran Bretaña la guió de la mano y la acompañó en todo el viaje, junto con muchas otras muy "ecologistas" naciones como España, Italia, Australia, Francia, Alemania, Japón que quisieron participar del festín de un petróleo que no podrán usar.

“Sabe señor, usted no tiene la menor idea de los que nosotros somos.”

Se sabe muy bien quienes son los ecologistas, cuál es la perversa filosofía maltusiana que les impulsa; se sabe muy bien del odio por la raza humana y su deseo de exterminar a la mayor cantidad posible de aquellas personas del tercer mundo que “consumen recursos a los que no tienen derecho,” porque los recursos naturales pertenecen, por derecho de conquista, a las viejas potenciales coloniales hoy devenidas países industrializados del G7.

“Usted es esclavo de sus propios intereses. No puede, no quiere, o no le interesa mirar un milímetro más allá.”

Al decir esto, quizás se estaba mirando en el espejo, Dr. Daneri, porque los intereses que les impulsan a ustedes no les han permitido mirar los sufrimientos que han causado a la humani-dad con sus innumerables prohibiciones y regulaciones logradas a fuerza de presiones políticas y campañas basadas en la desinformación o la mentira lisa y llana. Son responsables los verdes de la muerte por malaria de un niño cada 30 segundos, más de 2 millones de personas anuales por su porfía en seguir prohibiendo el uso del DDT para combatir la malaria. De otras tantas personas por el resto de las enfermedades transmitidas por los insectos; pero de muchas, mu-chas más por sus constantes acciones para impedir que los adelantos técnicos y científicos le puedan llevar una mejora a las condiciones sanitarias, de provisión de agua potable, de energía y de medicinas a los países más pobres del mundo.

Se oponen ustedes a la energía nuclear y las innegables ventajas ecológicas que ella significa; se oponen ustedes a las represas y generación de hidroelectricidad, y a las innegables ventajas ecológicas que han demostrado tener; se oponen ustedes al uso industrial y comercial del cloro, con lo cual habría que eliminar al 80% de las medicinas conocidas, recomendando la adopción de la medicina holística derivada de santones, shamanes y yuyos medicinales… Son demasiadas las cosas a las que ustedes se oponen y que tratan de erradicar, que sería necesa-rio una biblioteca para enumerarlas a todas. Pero, curiosamente, se trata de cosas que han contribuido a mejorar la condición humana en todas partes del mundo, más en algunos lugares, menos en otros, y a elevar de tal modo las expectativas de vida humana, que la pobla-ción mundial aumentó en lo que ustedes llaman “la explosión poblacional”, al decir de su excelso profeta Paul Ehrlich, el mismo que nunca, jamás, acertó ni de chiripa con ninguna de sus profecías catastróficas sobre el futuro de la humanidad a causa de las supues-tas apetencias desmedidas para mejorar sus condiciones de vida.

Por todo ese vacío existencial que les caracteriza, por esa neurosis noógena propia del culto de Gaia, esa filosofía nihilista y destructiva –disfrazada de bondad y amor al prójimo; el lobo bajo la piel de oveja– por todo lo que se han propuesto ganar tratando de imponer una sociedad Orwelliana tipo “1984”, es que cuando aparecen las voces de alerta que señalan la manera en que ustedes se conducen y qué es lo que se proponen, se lanzan como jauría de lobos sobre los herejes que disienten con lo que ustedes entienden por “ecología,” que ya han decidido bautizar como Política. ¿La Ciencia? Afuera.

Bien dicen ustedes, los herejes estamos en guerra contra los “salvadores del mundo”. Hasta ahora no salvaron ustedes a nadie, y sí han exterminado a decenas de millo-nes de inocentes con sus criminales prohibiciones. Sabiendo esto, las personas con una noble conciencia dormirían mal por las noches. ¿Tienen ustedes conciencia de lo que han hecho, de lo que están haciendo y de lo que se han propuesto lograr? ¿Están concientes, ustedes los “idiotas útiles” del fondo del tarro ecologista, que sus esfuerzos –además de ren-dirles algunos dineros personales a corto plazo- le están reportando siderales ganancias geopolíticas y económicas a sus amos en el Hemisferio Norte?

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Fundación Argentina de Ecología Científica


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