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El Corso al Corsódromo

por Eduardo Ferreyra

Mejor lugar imposible para la convocatoria que el Presidente Kirchner hizo por el absurdo conflicto con Uruguay relativo a las plantas de celulosa. El Carnaval de las Papeleras amenaza con convertirse en el Papelón Internacional del Siglo 21

En este Carnaval quizás se extrañó el ritmo frenético de las batucadas pero, en verdad, abundó una gran cantidad de disfraces para cubrir a la verdad. El diario La Nación, sólo para mencionar un medio que mantiene un cierto equilibrio y no se manifiesta como un “chupa-Kirchner” declarado, publica algunas precisiones sobre el Corso reunido en el corsódromo de Gualeguaychú. Veamos:

Kirchner criticó a Uruguay y defendió las papeleras nacionales

Ante una multitud en el corsódromo de Gualeguaychú, el Presidente cuestionó a Vázquez por haber afirmado que en la Argentina no se controlan esas mismas fábricas; le exigió información y un estudio de impacto ambiental; respaldo de gobernadores radicales
 . . .
Defendió a las papeleras que están instaladas en la Argentina desde hace años y sobre las que el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, retruca las quejas del gobierno argentino por las dos nuevas fábricas que se están construyendo en Uruguay.

El Dr. Tabaré Vázquez tiene razón: en Argentina el control de las emisiones de las plantas de celulosa no tienen el control estricto que estipula la ley. Tampoco existen los laboratorios estatales con capaci-dad para determinar con precisión la calidad de los efluentes de muchas industrias.

Hasta la organización Greenpeace, uno de los dudosos compañeros de lecho de Busti, denuncia con toda precisión la falta de control al respecto y desmiente así al mismísimo presidente de la nación Argentina. El frente verde parece mostrar fisuras que muy pronto van a profundizarse. Cabe hacer una pregunta, grave por sus implicaciones: ¿Quién está mintiéndole a la nación Argentina? Porque uno no puede decir negro, el otro blanco, y estar ambos diciendo la verdad. ¿Miente Greenpeace, o miente ell gobierno? Ambas opciones son altamente posibles, con la más segura de todas siendo que ambos lo estén haciendo, cada uno para satisfacer sus propios intereses. ¿Quién puede determinar de qué lado está la verdad?

Sólo un conjunto de científicos de seriedad irreprochable, que en Argentina, Uruguay y otros países los hay –y en gran cantidad. Sin embargo, el gobierno ha mantenido una cuestionable distancia de las Academias de Ciencias y de todos los organismos, instituciones y técnicos que podrían haberlo asesorado con toda eficacia. Se despreció el camino científico y se eligió el camino político, la barata "nacionalización" de una cuestión técnica. Y se han producido efectos devastadores en la región del MERCOSUR. Es lo que sucede cuando los elefantes pasean en un bazar.

Objetó, como ya lo hizo reiteradas veces, al país vecino por haber “violado” el tratado del Río Uruguay y dijo sentirse tranquilo ante la presentación que hizo la Argentina ante la Corte Internacional de La Haya con la frase “el derecho está de nuestro lado”.

No hay tal violación al tratado. Argentina ha violado el mismo tratado tantas veces que no puede invocar una violación igual del otro lado. Como lo expresamos en nuestro reciente artículo La Caridad Bien Entendida, sólo en la provincia de Entre Ríos, en la región al norte de Fray Bentos, existen del lado argentino una inmensa cantidad de asentamiento industriales que contaminan el aire y el río Uruguay sin mayor control, y sin que Argentina haya comunicado al Uruguay la instalación de todas o cada una de esas industrias contaminantes.

También cabe aquí recordar los datos que FAEC estuvo aportando al respecto, y lo que el mismo gobernador de San Luis, el Dr. Alberto Rodríguez Saá le expresa al presidente de la nación en su carta avisando la no concurrencia al Corso de Gualeguaychú. Entre algunas verdades fundamentales le expresa:

Ahora bien, Sr. Presidente, durante su gobierno, Argentina y Uruguay celebraron un acuerdo en el ámbito de la CARU, que se conoce como PLAN DE MONITOREO DE LA CALIDAD AMBIEN-TAL DEL RIO URIGUAY DE PLANTAS CELULOSICAS. En el mismo puede leerse al comienzo del acta: "Teniendo en cuenta la implantación futura de plantas celulosas…." Y más adelante establece una serie de controles especiales del Río, a la altura de Fray Bentos y Gualeguay-chú.

Es fácil deducir, Sr. Presidente, que durante su gestión la CARU ya había acordado sobre la instalación de papeleras a la vera del Río y también acerca del monitoreo sobre la calidad ambiental a partir de la construcción y funcionamiento de las plantas.

Esta información, negada o silenciada por su gobierno, se encuentra disponible en el sitio de Internet de la propia CARU, de cuya impresión me permito remitirle una copia. Una vez leída recomiendo que, en caso de ser exacta al original, se la haga conocer a la ciudadanía argentina, en virtud del derecho que tiene nuestro pueblo de acceder a la información y a la verdad.

De la lectura de la información contenida en numerosos documentos oficiales se desprende que el conflicto resucitado a partir de mediados del año 2005 es algo artificial que no se sabe a ciencia cierta qué fines persigue. No puede aducir el Sr. presidente que está mal asesorado o que ignoraba el fondo de la cuestión, porque en su mensaje Memoria Anual del Estado de la Nación 2004 al Honorable Senado de la Nación, en diciembre 2004 lo explica de manera acabada y prolija. Sabía que Argentina había resuelto el conflicto con Uruguay, y que Argentina tendría acceso irrestricto al control de las emisiones y efluentes de las plantas, dentro del marco de la CARU. Lo sabía puesto que su más cercano colaborador, el Sr. Alberto Fernández también lo había informado al Congreso de la Nación.

Reproducimos, por enésima vez, lo que forma parte de la historia y de documentos existentes en la Cancillería Argentina, el Senado de la nación, los archivos del CARU –y seguramente en los escritos de descargo del gobierno Uruguayo.

El canciller Bielsa declaró ante la cámara de Diputados, el 14 de abril de 2004:

“Respecto de M`Bopicuá, el acuerdo que suscribimos con Uruguay va a tener tres etapas. Una primera etapa es la que culmina con la aprobación del emprendimiento. Esta etapa tiene un ámbito que es la Comisión del Río Uruguay – la CARU- en la que la Argentina va a recibir toda la información por parte de Uruguay. Como se sabe la Argentina ha presentado dos informes de impacto ambiental y los informes contienen los planes de remediación.

La segunda etapa, que es la de construcción, es de cuatro años, respecto de la cual la Argentina va a tener una posibilidad de monitoreo, que no es un tema trivial, porque el punto está puesto en que existen procesos tecnológicos que permiten reducir al mínimo las consecuencias medioambientales, excepto que las plantas que tienen esa naturaleza son mucho más caras.

Entonces, Uruguay, en su carácter de país verde, es el sexto país en protección del medio ambiente a nivel mundial y tiene muy en cuenta estas preocupaciones. Me pareció que era una incumbencia que podemos reclamar de acuerdo con el tratado del Río Uruguay y la Comisión va a ser la que va a monitorear la construcción. [..] Luego de un largo proceso, la Argentina y Uruguay llegaron a ese acuerdo.”

* * * * * * * * * * * * *

Memoria Anual del Estado de la Nación 2004, presentada por el Presidente Néstor Kirchner al Congreso de la Nación:

“En el mes de marzo, Argentina y Uruguay firmaron un acuerdo bilateral, poniendo fin a la controversia por la instalación de una planta de celulosa en Fray Bentos. Este acuerdo respeta, por un lado el carácter nacional uruguayo de la obra, que nunca estuvo puesto en entredicho y por otro lado, la normativa vigente que regula las aguas del Río Uruguay a través de la CARU. Asimismo, supone una metodología de trabajo para las tres etapas de construcción de la obra: el proyecto, la construcción y la operación.”

Y más adelante:

“Planta de Celulosa M´Bopicuá y Emprendimiento Botnia. De acuerdo a las “coincidencias específicas de ambas Delegaciones ante la CARU” con referencia a la posible instalación de fábricas de pasta de celulosa a la vera del Río Uruguay fue diseñado un “Plan de Monitoreo de la Calidad Ambiental del Río Uruguay en áreas de plantas celulósicas” que junto con el “Plan de Protección Ambiental del Río Uruguay” contribuye a mantener la calidad del recurso hídrico. Asimismo, fueron revisados y actualizados los estándares de Calidad de Agua”, restando su incorporación al Digesto de Usos del Río Uruguay.

¿Cuál es, entones, la intención del Presidente Néstor Kirchner al desinformar a la población de su país? Es probable que crea que de esta manera ha conseguido salir del pantano en que se ha inter-nado de manera irreflexiva e imprudente. Creemos que la “la única verdad es la realidad,” y la realidad quizás un día le salga al paso exclamado: “El emperador está desnudo!”

Entonces, ¿qué oscuros fines se persigue con este absurdo conflicto? O quizás, como pensamos noso-tros, no hay inconfesados fines oscuros sino un muy torpe manejo de todo el asunto, iniciado por una amistad de conveniencia política con el Sr. Jorge Busti, y luego un internarse en un insólito pantano diplomático, ignorando todo el asesoramiento de serios y responsables científicos argentinos –panta-no del que no se ha sabido salir. La presentación en el Tribunal de La Haya sólo persigue patear el problema hacia delante, hacia un futuro que llevará años en resolverse. El gobierno apuesta a la pésima memoria del Pueblo Argentino –y en eso no le falta razón.

El apoyo nacional

En ciencia no existe nada que sea parecido a la Democracia o al consenso –salvo la aceptación de ciertas leyes fundamentales de la termodinámica, la física y la química, (que están constantemente siendo revisadas, por otra parte) – sino que allí rige el gobierno dictatorial de los hechos compro-bados. 36 millones de personas en la Argentina pueden apoyar al Corso de Gualeguaychú y al dis-curso del Sr. Presidente sin que ello aporte ni una pizca de verdad sobre el aspecto científico y técnico en discusión. La ciencia y la política se dan de patadas, y cuando se pretenden mezclar los resultados son desastrosos como lo estamos comprobando en este caso. Dice también la noticia de La Nación:

Desde Gualeguaychú logró el respaldo del país casi en su totalidad. La mayoría de los gobernadores dijeron presente para respaldar el reclamo argentino tras la convocatoria del Presidente hecha la semana pasada para este gran acto.

De nada sirve un respaldo “nacional” al reclamo ante La Haya, lugar donde sólo los hechos fríos son tomados en cuenta. El “respaldo nacional”, así como todas las declaraciones y acciones que el gobierno estuvo llevando a cabo son de puro consumo interno. Se trata de una demostración de histrionis-mo tipo “pijama” –sólo para “usarse dentro de casa”. Nada de ello influye en el gobierno Uruguayo, como tampoco en el Banco Mundial, y menos aún en el Tribunal de La Haya –para no hablar de las carcajadas que ello ha causado en la empresas. Creer que el “respaldo popular” tiene otra utilidad aparte de seguir consolidando la base de poder político del Sr. Kirchner, es no saber cómo funcionan las cosas en la Argentina.

Reclamó entonces a Vázquez una “negociación de buena fe”. “No puede llevarse adelante [un emprendimiento como el de ENCE y Botnia] sin consentimiento o autorización explícita del país afectado. Si existe daño transfronterizo el estado responsable debe cesar en su actividad”, fustigó.

Más comida para ingenuos o despistados. Buena fe es lo menos que el gobierno argentino ha demos-trado en el asunto –desde faltar a su obligación constitucional de asegurar el libre tránsito por rutas de la Nación, hasta ocultar la verdad sobre los acuerdos firmados con Uruguay dando en el 2004 por terminado y resuelto el conflicto. ¿Buena fe?

En caso de existir un daño real y comprobado, ciertamente el responsable del daño debe repararlo o cesar en sus actividades que causan ese daño. Las plantas de Botnia y Ence no han causado hasta la fecha ningún daño que pueda ser mensurable –pero las plantas de celulosa argentinas si lo están causando desde hace decenas de años y nada hizo el gobierno argentino para ponerle remedio a esta situación para dejar de causar un real y medido daño al ambiente y a la población de Argentina, Paraguay y Uruguay en las cercanías de esas plantas.

En ese cuestionamiento constante a los pasos seguidos por su par uruguayo, dijo: “Nos dicen que se trata de la mejor tecnología, pero no nos brindar la información suficiente”.

El caso es que sí se ha brindado información suficiente sobre el tema, aunque no se haya especificado la marca de las maquinarias que se instalarán en las fábricas. La información técnica y científica sobre las normas que se usarán en Fray Bentos están contenidas en la enorme cantidad de normativas que rigen en Finlandia para el funcionamiento de las plantas de celulosa en ese país, normas que el gobierno de Finlandia obliga a usar a sus fábricas que salen al exterior.

Insistir sobre este punto es casi infantil y está claro que el mensaje es uno tipo “pijama”, para uso exclusivo dentro de casa –o para tomar mate en la vereda. En el último informe realizado por el téc-nico Canadiense (del apellido polaco impronunciable) para el Banco Mundial se hicieron algunas observaciones muy atinadas sobre “la falta de información” y se recomendó hacer algunas modifica-ciones en la manera en que se deberá controlar las emisiones –pero nada objeta el informe sobre la tecnología ECF en sí, y califica a la actitud argentina como irracional.

Papeleras nacionales

Y enseguida devolvió a Vázquez sus críticas sobre que en la Argentina existen plantas que producen contaminación. Kirchner las defendió argumentando que están distribuidas por todo el país y que anualmente producen apenas la mitad de lo que fabricarán Botnia y ENCE. De todas maneras, reconoció que habría que intensificar el control.

Vergonzoso. El argumento es que en argentina existen papeleras que contaminan alegremente sin control alguno, pero como desparraman su contaminación en un área más extensa no hacen daño a nadie. Penoso. Además, incluye la falacia de que "producen la mitad de lo que producirá Botnia y Ence" para excusar la actividad contaminante de las papeleras argentinas. La verdad es otra. La mitad que producen es la cantidad de pulpa de papel, no de contaminación de sus efluentes! Confundir a la opinión pública cambiando los hechos es una práctica que el gobierno tiene que abandonar. La verdad que el Sr. Presidente tendría que decirle a su pueblo es que la producción de pulpa de Uruguay será el doble que la producción argentina —pero la producción de contami-nantes será mil veces menor o algo así.

O se deja de deformar la verdad y se comienza a obrar de manera seria y responsable, o las cosas seguirán metidas dentro del pantano de la ignorancia, la mentira y los réditos políticos internos. También es necesario que el gobierno nacional comience a tomar distancia de antiguos socios como Jorge Busti, y Greenpeace, que son una carga pesada y molesta. De hecho, Greenpeace nunca estuvo al lado ni de Busti, ni del señor Kirchner sino solamente del lado de su propia filosofía antihumana destinada a entorpecer el desarrollo de los países pobres, proveedores de recursos naturales y materias primas baratas para los países industrializados del norte.

El Sr. Busti creyo que usar a Greenpeace le iba a ayudar a obtener su mezquino rédito político. Se olvidó que cuando los cuervos crecen le sacan los ojos a sus criadores, y ahora tiene otro grave problema más que resolver. Dada la publicidad que ha tenido el caso del "veneno de las papeleras", Greenpeace no cejará en su empeño hasta conseguir que esas industrias sean erradicadas de la Argentina, con el consabido desastre laboral y económico que ello traera aparejado. De hecho, ya ha comenzado a solicitar donaciones para su futura campaña al respecto. Bravo, Sr. Busti, siga criando cuervos.

Si el Sr. Kirchner pretende llevar adelante una política que apoye el desarrollo y mejoramiento de las condiciones de vida de los pueblos de Latinoamérica mediante el desarrollo industrial y la ampliación de las infraestructuras de la energía que serán necesarias –algo que todos los argentinos apoyaremos sin duda alguna– tiene que comenzar a ponerle límites al accionar de las multinacionales del ecologismo retrógrado porque su misión es precisamente impedir o retrasar lo más posible ese desarrollo y esa integración latinoamericana. No lo permita usted, Sr. Presidente.


Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


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