
Abstracto:INTRODUCCIÓN El título que figura en el programa de este simposio supone que las inversiones que los países tienen que procurar en el futuro tienen que basarse en un principio de “inteligencia ecológica”, o por otro lado, que las inversiones que se ha hecho hasta ahora no son “ecológicamente inteligentes”. Lo que nos lleva a un problema nada menor: ¿Cuáles son los parámetros que se usan para considerar a una inversión como ecológicamente inteligente? Ello depende de quienes respondan a la pregunta: los inversores, los banqueros, los economistas, las organizaciones ambientalistas, los científicos, los pensadores, o la gente común. Hay hasta ahora 6 visiones diferentes del tema, y quizás haya muchas más, dependiendo de quiénes se interesen en el problema y deseen opinar. Mi opinión no es la de los banqueros, contadores, economistas ni las compañías inversoras, porque mis conocimientos de “economía de verdulero” me impiden opinar sobre el aspecto de la cuestión. Creo que puedo hacer un pequeño aporte desde la perspectiva de un analista de la historia de la civilización, un ensayista y autor de un libro sobre aspectos relacionados con algunas erradas visiones que imperan hoy en el campo de la ecología. Antes de comenzar a desarrollar el tema principal de esta conferencia, quiero expresar que un análisis de la severa crisis energética que sufre la República Oriental del Uruguay, causada por falencias estructurales de larga data y algunos factores estacionales y climáticos, y otros provocados por complicadas relaciones con la Argentina, proveedor de gas natural para la generación de electricidad, sumado al creciente precio internacional del petróleo y sus derivados, se hace claro que la dependencia que Uruguay tiene de factores externos, difíciles de manejar, lo pone una situación sumamente vulnerable para generar y proveer de la energía eléctrica que el país necesita y debe tener en abundancia –si es que desea atraer inversiones industriales que hagan al desarrollo y al progreso del Uruguay. Por todas esas razones, mi opinión es que las autoridades Uruguayas tienen la obligación con su pueblo de considerar el diseño y desarrollo de un plan racional para la instalación de cuando menos dos o tres reactores nucleares de mediana potencia –de los llamados de “cuarta generación,” de bajo costo de instalación, mantenimiento, y producción de energía. A estas ventajas sobre los antiguos tipos de reactores nucleares se les debe añadir la enorme seguridad de funcionamiento que presentan, reduciendo los enormes costos en sistemas de seguridad redundan-tes dado que estos reactores, en caso de elevación anormal de la temperatura del núcleo del reactor, ya sea por causas accidentales o voluntarias (como un sabotaje o una acción terrorista) la reacción cesa de inmediato y el reactor se apaga. Este tipo de reactor ha sido instalado ya en Sudáfrica con excelentes resultados y se han obtenido grandes beneficios en todo sentido. Hay reactores de este tipo en construcción en Corea, y en China, y vista la situación que a nivel mundial presenta el aumento del precio del petróleo, Alemania Inglaterra y otros países estudian la continuación de sus programas de energía nuclear y la instalación de nuevos y modernas plantas nucleares. En poco tiempo, Uruguay puede capacitar y formar una fuerza de técnicos en energía nuclear, de la misma manera que Brasil y Argentina lo hicieron. La instalación de dos o tres centros de desarrollo industrial basados en un reactor de mediana potencia en su centro (llamados Núplex, por “Nuclear Complex”) permitirían abas-tecer esos polos de desarrollo estratégicos y sobraría energía para garantizar no sólo la provisión de energía a futuras inversiones industriales –ávidas de energía eléctrica- sino también para vender el excedente de energía al Brasil o a la Argentina, quienes también tienen sus ancestrales y constantes crisis energéticas. Por último, por sus nulos efectos contaminantes del ambiente, y por sus enormes efectos benéficos sobre la población, el desarrollo de un Plan Nuclear Uruguayo debería considerarse la más importante y más inteligente inversión que el país podría realizar para afianzar un desarrollo que ha comenzado a insinuarse con la instalación de las plantas de pulpa de celulosa. En cuanto a las posibles objeciones sobre el posterior manejo peligrosidad de los llamados “residuos nucleares”, o combustible gastado, este pseudo problema ha sido resuelto hace ya muchos años mediante el reciclado de esos residuos: hay diversos métodos técnicos que concentran la radioactividad del material en 4% del volumen original, dejando al 96% restante en condiciones de escasa radioactividad (materiales en categoría LRW, o Low Radioactive Waste), cuyo manejo y disposición final se hace sin vestimentas ni equipos de seguridad especiales. En cuanto al 4% de volumen restante, se trata de Plutonio de grado reactor (inú-til para el uso en armas atómicas) y que se vende a excelente precio para su uso en reactores de generación rápida que lo consumen hasta agotarlo totalmente, elimi-nando así la necesidad de un almacenamiento costoso y potencialmente peligroso. La tecnología que ha resuelto los problemas de los “residuos nucleares” existe, se la conoce como “reprocesamiento” y varios países la utilizan para abastecer sus centrales nucleares y para reprocesar el combustible gastado de países que por ra-zones políticas no han implementado aún el “reciclado” de los residuos. La tecnología existe y está disponible para quien quiera hacerlo: El problema técnico está resuelto – la toma de decisión para hacerlo sigue siendo sólo un problema político. La Humanidad y su Supervivencia La visión que tenemos de la historia de la humanidad está marcada de manera constante por la presencia de tres factores que fueron inevitables. El investigador Ralph Grave escribía en un brillante y estremecedor estudio publicado en la National Geographic Magazine de Julio de 1917, titulado “Horribles Hambrunas del pasado”, en donde nos inicia en el tema diciendo:Las inversiones inteligentes en proyectos productivos, además de la razonable rentabilidad eco-nómica esperada, también debe tener en cuenta el aspecto ecológico del tema, dado que la continuidad de las buenas condiciones de vida de la gente está en función de un ambiente que presente también las condicio-nes necesarias y razonables de ausencia de contaminantes noci-vos, como de la abundancia necesaria de los recursos naturales y energéticos que aseguren un desarrollo sostenido de las mejoras en las condiciones de vida, alimentación, salud, educación, seguridad social y libertades personales del ciudadano.
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