Hora de Córdoba
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CHAUCHA Y PALITO

Por Mario R. Féliz
mfeliz@ciudad.com.ar

-Yo nunca e´los jamase tuve asidente denguno.
Y exclamó, asombrado, el tape Ruiz:
-¡Cómo, don Pedrálvez! ¿Y cuando lo mordió el chancho?
-Asidente se le yama a una custión e´la casualidá muchacho
-vaya aprendiendo- y a mí el chancho me mordió adrede.
¿Va´yamarle asidente a eso? No siá bruto pues, che.
Los cuentos del Viejo Varela, de Wimpi.

El maestro con cariño

Hace unos años que el chancho mordisquea al paisano y no por asidente. Este chancho muerde adrede, enva-lentonado por la mansedumbre de esta cría de gringos chacareros. Pero, se sabe que hasta el más manso se retoba cuando la mordida es muy grande. ¡Así fue que se nos vino la huelga agraria, no más! Con piquetes, cortes de ruta y tractorazos.

Ahora sabemos que no todos los piquetes son iguales. Los hay de la miseria, de la tragedia y también de la abun-dancia. Estos últimos son los que hace, como un paso de comedia, la oligarquía, pacata, finisecular y sojera.[1]

¿Qué habrá sido de la oligarquía vacuna?

Hasta ahora el apriete estaba a cargo de Boggie[2], el aceitoso, quien se ocupaba de la lucha contra el agio y la carestía. ¿Vió?. Pa que´a la gente no le falte.

Pero la cosa se complicó. Las hordas pitucas del Barrio Norte, al calor del paro campero, se animaron con la Plaza y, al compás de la música maravillosa de las cacerolas, le pisotearon el césped a la torcida matanzera ¡Intolerable!

La Plaza era una fiesta. Hasta que llegaron los escuadrones KKK. Al frente el maestro de Laferrere. A las piñas y vociferando recuperaron la plaza en una, sin dudas, exitosa acción comando.

La operación contó con el aporte logístico del Ministro que cumplió al mandar la Federal a su casa. Se me ocurrió pensar que, en vista de tal colaboración y dado que los comandantes eran funcionarios, abiertos o encubiertos, del gobierno, ¿no estarían ejerciendo patoterismo de estado?

Los cánticos en la plaza recuperada sonaban como letanía, evocación de un pasado lejano, tanto como mi juventud.

Sin clases por las vacaciones de invierno, el largo pasillo del viejo edificio de química[3] está desierto y silencioso. De improviso se escuchan bombos y gritos: ¡Patria sí colonia no!

Un grupo de no más de veinte ingresa por la puerta de la calle 48. Los observa con des-confianza sin hacer nada, hasta que comienzan a pintar las paredes con aerosol negro. Los increpa imprudentemente, ingenuo: ¡Paren de ensuciar!

Lo rodean. Rápidamente pudo apreciar cuán pequeño era frente a la mayoría de los del grupo. Ve algún fierro, cadenas…. Lo golpean sin dañar demasiado. Se trata de humillar, atemorizar.

Algunos que estaban trabajando, atraídos por el bochinche, llegan oportunamente cuando sólo había recibido algunos sopapos.

Ahí descubre una nueva forma de hacer política, la cual terminaría imponiéndose en los años por venir, los de plomo.

Aquel episodio regresa fresco porqué uno de los grandotes, bombisto y perejil entonces, es hoy presidente en retiro efectivo.

Yuyo verde

Déjame que llore y te recuerde
Trenzas que anudan al portón,
De tu país ya no se vuelve
Ni con el yuyo verde
del perdón….
H.Espósito y D.Federico (1944)

Un antiguo registro de plantas medicinales –Materia Médica- acuñado en la China antigua describe, por primera vez, las virtudes que la soja tendría para la salud. El autor de la obra, emperador Shen-Nung, la ubica, junto con el arroz, dentro del grupo selecto de las plantas sagradas. Sin embargo, aquella soja no era más que un yuyo sal-vaje, pariente muy lejano de la soja moderna.

Se cuenta, por otra parte, una vieja leyenda nacida en aquellas tierras que atribuye a comerciantes trashuman-tes el descubrimiento de las propiedades nutricionales del modesto poroto. No obstante, no fue sino hasta unos mil años antes de Cristo que la soja fuera domesticada, cultivada y cosechada.

Por lo tanto, dada su larga historia, la soja ha sido una planta de uso corriente en la alimentación de los pueblos de oriente desde tiempos inmemoriales. Quizás por ello es que cuando su cultivo, llegado a América en el siglo XIX, se extiende por todo el continente produce entre algunos druídas del mundo occidental tamaña conmo-ción.

¿Por qué la soja y no el trigo? ¿Quién no ha visto los mares de espigas doradas? ¿Qué poeta ha resistido al encan-to del áureo monocultivo?

Elegido entre los yuyos que crecían en la medialuna fértil de los valles del oriente medio, bastante más viejo que la soja, el trigo también recorrió un largo camino de la mano de los hombres hasta convertirse en la planta sagrada de occidente. De protagonista de la revolución neolítica pasó a ser el símbolo de la agricultura, el promotor de la civilización moderna.

A pesar que el trigo, escapando del paraíso terrenal, se expandiera por todo el mundo conocido, no fue recto el camino recorrido.

Aún a fines del siglo XV, durante el reinado de los Tudor[4], en Inglaterra existía una economía de subsistencia cuyos métodos y útiles de labranza casi no habían cambiado desde la Edad Media. Así, en un suelo de gran calidad cabía esperar que a partir de dos fanegas[5] de trigo sembradas se obtuvieran sólo entre ocho y diez en el momento de la cosecha[6]. ¡No podía extrañar que el hambre estuviera siempre al asecho!

Sin embargo, una revolución se inició en los Países Bajos propagándose a Gran Bretaña primero y luego al resto de Europa. Analfabetos, los granjeros flamencos probaron suerte con la rotación de cultivos y la plantación de forraje y pastos para el ganado. En lugar de dejar en barbecho hectáreas de terreno muy valioso, plantaban guisantes, judías y trébol, que enriquecían la tierra con nitrógeno. Todas ellas leguminosas parientes de la soja quien, desde luego, también despliega la propiedad de nitrogenar el suelo.

A pesar de tales progresos en el siglo XIX existía un creciente pesimismo sobre la alimentación de una pobla-ción en constante aumento[7]. Para incrementar la producción había que expandir la tierra cultivada y los buenos suelos escaseaban.

Recién en siglo XX una masiva inversión, pública y privada, en la investigación científica sobre agricultura es lo que produce un gran avance en los países industrializados. Para visualizarlo volvemos al trigo inglés al cuál le tomó 1000 años llevar los rendimientos desde 0.5 Toneladas por hectárea hasta 2 Tn/Ha pero que, sin embar-go, necesitó sólo 40 años para trepar desde 2 a 6 Tn/Ha.

La revolución verde se inició con el desarrollo de variedades de trigo y arroz de alto rendimiento pero luego se extendió a otros cultivos como el sorgo, mijo, maíz y porotos. El mejoramiento en las semillas acompañado del uso de fertilizantes, herbicidas, insecticidas e irrigación condujo, hacia fines de los sesenta, a un dramático aumento de los rendimientos en Asia y en América latina.[8]

Podríamos asegurar que aquella transformación tuvo un nuevo y fenomenal impulso con la irrupción de la soja modificada por ingeniería genética. La introducción de un gen proveniente de la bacteria Agrobacterium tume-faciens convirtió a la planta receptora en tolerante al glifosato que es un herbicida de amplio espectro. Este simple hecho, fruto de mucho trabajo, produjo cambios muy importantes en su cultivo. Disminuyó costos y permitió junto a la siembra directa y la fertilización la incorporación de tierras, hasta entonces marginales.[9]

Escuchando como desde el atril protector, se decía[10]: “la soja es, en términos científicos, prácticamente un yuyo que crece sin ningún tipo, digamos, de cuidados especiales”, no pude evitar el recuerdo:

Habíamos acampado a orillas del lago Epulaufquen. Para la mayoría de nosotros, muchachos del gran Buenos Aires era la primera vez que visitábamos la patagonia andina.

Un grupo se había adelantado y estaba recogiendo frutillas en una “pampita”. Recién llegada a lugar de la cosecha, Mirta nos miraba sorprendida hasta que finalmente exclamó: ¿Así vienen las frutillas? No era la única que descubría que la frutilla era el fruto de un yuyo rastrero, pero nos reímos con gusto.[11]

El caso es que el yuyo de marras es uno de los cultivos de mayor expansión mundial y que contribuye significa-tivamente a la completa nutrición humana en términos de calorías y de ingesta de proteínas. La soja se presen-ta, además, como el cultivo adecuado para responder al veloz crecimiento de la demanda de aceites vegetales y de alimento para ganado en los países en desarrollo.[12] Por consiguiente, una política tendiente a su desaliento parece completamente inadecuada en términos humanitarios y, como veremos, tampoco parece conveniente cuando se piensa en términos de beneficios económicos para nuestro país.

Nuestra soberana, aunque “amiga” del Comandante, parece no haberlo escuchado cuando decía: “llegué a la conclusión de que la soya es la única oportunidad de alimentar, con un producto de alta calidad, a cientos de millones y tal vez miles de millones de personas .…..” agregando más tarde: “y desde luego que me convertiré, a partir de estas cosas que les he estado explicando, en el defensor nú-mero uno de la ampliación de los cultivos de soya en Argentina”.[13]

Sólo le faltó terminar con: ¡Soja o muerte, venceremos!

¿Soja enemiga del trigo y el maíz?

Los senadores, aburridos, escuchaban la monótona voz del ministro [14] que les decía: “cada vez tenemos menos trigo, menos maíz y más soja”. Este concepto repetido por el gobierno y aceptado por algunos es, por cierto, atractivo como argumento antisoja. Acudir a nuestra ancestral relación con el trigo y el pan no deja ser una hábil maniobra dialéctica. Aunque tiene cierta debilidad debido a la falsedad de la afirmación ministerial.

Para el año del centenario se sembraban en Argentina alrededor de 6 millones de hectáreas de trigo. De ellas se cosechaban 4 millones de toneladas y se exportaba la mitad de la cosecha.[15] Es interesante recordar que, unos treinta años antes, nuestro país era un neto importador de grano y harina de trigo.

Curiosamente, durante la campaña 2006/2007 la superficie sembrada con trigo seguía siendo similar a la sembrada en 1910. Sin embargo, la cosecha de este cereal superó las 14 millones de toneladas mostrando que el rendimiento por hectárea se había más que triplicado desde aquel entonces.

Tal aumento en la productividad ha sido fruto, a no dudarlo, del progresismo de nuestros chacareros que siem-pre han estado dispuestos a la aplicación de toda innovación tecnológica.

Pero, queríamos mostrar que nuestro pequeño ministro no es más que un pastorcillo mentiroso. Así que para hacerlo usaremos algunos números.

Los datos de la tabla precedente provienen de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPA).

La simple observación de los números muestra como han sido las cosas. Efectivamente la superficie sembrada con soja en estas cuatro temporadas creció un 28,0%, en tanto que la cantidad cosechada lo hizo un 36,4%. Al mismo tiempo el área sembrada con maíz también se incrementó en un 16,0% pero la cantidad de grano cose-chado aumentó en un 44,6%. Finalmente, vemos que, efectivamente, la superficie sembrada con trigo disminu-yó 9,9%, sin embargo, como en los casos anteriores la cantidad cosechada creció 18,5%.

Como vemos la información generada por el mismo gobierno prueba que nuestro pequeño ministro les mintió a los senadores.

¿Cómo es posible que la superficie con soja haya crecido en cinco años en más de 3 millones de Há sin que dis-minuyera el área sembrada con los cereales que comemos los argentinos?

La respuesta es muy simple. La soja se ha expandido sobre tierras marginales no aptas, hasta ahora, para la agricultura. Dentro de ellas había áreas invadidas por malezas, tierras que se “volaban”, tierras anegadizas, terrenos poco fértiles.[16] La combinación de rastrojo químico (uso de glifosato) y siembra directa ha sido el factor decisivo para este proceso. Pero además, la siembra de soja ha contribuido a la limpieza de campos quedando liberados para la siembra con trigo o maíz en lugares donde antes no era posible hacerlo. La “sojiza-ción” en lugar de degradar suelos ha sido instrumento para su recuperación.

Conviene aclarar que algunas tierras, dados los precios internacionales de los granos y las erróneas medidas gubernamentales, han sido sustraídas a la ganadería y la lechería. Solamente la recuperación de la rentabilidad perdida por tales actividades puede subsanar este desbalance.

Por otra parte, el trigo y el maíz que suceden a la soja mejoran sus rendimientos ya que la humedad no se la llevan las malezas eliminadas por el cultivo de soja. Se ha establecido, en consecuencia, un sistema de produc-ción donde la soja precede al trigo-soja de segunda y luego sigue el maíz para regresar a la soja de primera al cuarto año. Sin embargo, en los primeros años hay que hacer una alta proporción de soja para limpiar los campos.[17]

No obstante lo dicho, la perspectiva del monocultivo de chauchas parece preocupar a las autoridades. Conviene entonces preguntarse: ¿Quién habrá sido el culpable de los “desiertos verdes” argentinos, punta de lanza de las multinacionales?

Buscando encontramos un protagonista[18] que cuenta una interesante historia: "En octubre de 1974 par-tían hacia Estados Unidos dos aviones Hércules de la Fuerza Áerea. Iban a cargar semilla de soja de las variedades recomendadas. Los multiplicadores locales esperaron a los viajeros en Aero-parque, con sus camionetas, y partieron a sembrarlas. Al año siguiente hubo semilla para todos.”

¡Qué me cuenta! ¡El introductor de la soja fue el mismísimo General![19] ¿Habría que darles la derecha a aquellos que cantaban en la plaza?:

¿Que pasa General?
¡que está lleno de gorilas
el gobierno popular!

Impuestos y revolución

No fue una opresión del tipo de la de un ancien régime del continente europeo lo que impulsó a los americanos a la lucha por la “libertad” y la “república”.[20]

Efectivamente, en 1765 la Ley del Timbre imponía un puro impuesto sobre el consumo sin ninguna participa-ción de las asambleas de los colonos. Estos protestaron violentamente por ese desprecio a sus competencias. La lucha por la consigna “no taxation without representation” condujo a la anulación de aquella ley al año siguien-te. Pocos años después, 1773, colonos de Boston disfrazados de indios arrojaban al agua más de trescientas cajas de té embarcadas. Lo hacían para impedir la recaudación de impuestos que iría unida a su venta. Final-mente, en enero de 1776, en la que, se ha dicho, fuera la proclama más ardiente de la revolución[21] se exhor-taba a los colonos a luchar abiertamente por la independencia y a manifestarse por la forma de gobierno repu-blicana.

Años después, sobre el final del siglo otra revolución, la francesa, tenía lugar en Europa. ¡Sobre ella se ha escrito tanto! De entre las cosas leídas extraje unos párrafos que parecían adecuadas. Fragmentos de algunas reflexio-nes de Thiers[22] sobre las causas de aquel acontecimiento:

“Entregada la reina a los placeres, ejerciendo en torno suyo el imperio de sus encantos, quería que su esposo estuviese tranquilo, colmado el erario y que la corte y sus vasallos la adorasen."…."era enemiga de los Parlamentos cuando negaban impuestos; se aliaba a ellos cuando defendían sus privilegios,….” si desde entonces el rey hubiera espontáneamente establecido una cierta igualdad en los impuestos y dado algunas garantías, todo se habría aquietado por largo tiempo, y Luis XVI hubiera sido adorado como otro Marco-Aurelio.”

¡Pensar que en estos días hay quienes dicen sorprenderse por la reacción de los “hombres de campo” ante impuestos confiscatorios!

Simplificando podríamos decir que la historia del agro argentino se divide en dos etapas la primera centrada en la ganadería y la segunda, la que a partir de la consigna de “gobernar es poblar”, le da impulso a la agricultura.

La llegada de 3 millones de inmigrantes dedicados en gran parte a ella llevaron la frontera agrícola de 2,1 millo-nes de Há en 1888 a 20 millones en 1912. Los protagonistas de la revolución de las pampas[23] fueron los gringos, los colonos de Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires.

Aquellos inmigrantes lucharon con la tierra y por su dignidad desde el principio.[24] Así, en Santa Fe: “Hacia 1891 los colonos se agruparon en pos de dos reivindicaciones bien claras: la devolución del derecho de los extranje-ros a participar en las lides comunales y la supresión del impuesto a los cereales. Aquellas reivindicaciones fueron apoyadas por la nueva agrupación opositora, la Unión Cívica Radical.”

No fueron pocas las revueltas agrarias que agitaron la pampa gringa.

1912 llegaba precedido de una larga serie de malas cosechas que habían dejado a los agricultores en una situa-ción muy sensible pero fue, curiosamente, la formidable cosecha de ese año la que cambió la conciencia al comprobarse que a pesar de ella, después de pagar parte de sus deudas, sus bolsillos seguirían vacíos.

En la colonia La Adela, algunos agricultores tenían que pagar hasta el 50% de su producción en concepto de arriendo. ¡Casi tanto como quiere cobrar hoy el gobierno popular!

Aquella rebelión pasó a la historia como el Grito de Alcorta y dio lugar a la creación de la Federación Agraria.

La chancha y los veinte

Productores rurales, industriales, comerciantes y todo ciudadano de a pie paga una serie de impuestos munici-pales, provinciales y nacionales. Cualquiera puede hacer un repaso de cuales son y que parte de nuestros ingresos se llevan los tributos.

El sistema impositivo ha ser equitativo e igualitario. “La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públi-cas.”[25] Es decir, es razonable que los que más ganan más contribuyan pero todos los que tienen ingresos deben contribuir para mantener la infraestructura material de la sociedad.

Los impuestos especiales dirigidos a algún grupo social en particular son intrínsicamente injustos. Sin embargo, no sólo trata de justicia sino de inteligencia económica que apunte a mantener una sociedad activa creando la riqueza necesaria para un desarrollo sustentable.

Otra condición indispensable del sistema impositivo ha de ser su estabilidad en el tiempo, lo que ha de permitir a los actores económico-sociales un entorno referencial para la planificación de su actividad. La vida en sí misma es impredecible, no obstante, a ello el hombre está acostumbrado. Pero un gobierno impredecible es insoportable.

Argentina es una República[26], según lo establece su Constitución. No he de explayarme sobre qué es una república. Pero, hasta el cristiano más bruto puede comprender que establecer un tributo por medio de una resolución ministerial es antirrepublicano y cuando esto se hace para confiscar el trabajo de algunos, y trans-ferirlo a otros discrecionalmente es también despótico. [27]

La constitución nacional afirma que los fondos nacionales pueden provenir de diversas “contribuciones que equitativa y proporcionalmente a la población imponga el Congreso Nacional”.[28] Y aclara: “A la Cámara de Diputados corresponde exclusivamente la iniciativa de las leyes sobre contribuciones y…”[29]

Dado que, en realidad, esta intromisión se debe a los derechos de exportación (retenciones) establecidas por el Ejecutivo Nacional, conviene precisar que corresponde al Congreso: “Legislar en materia aduanera. Establecer los derechos de importación y exportación…”[30] Y como se habla de la redistribución de la riqueza vale la pena recordar que también es atribución del Congreso: “Proveer al crecimiento armónico de la Nación y al poblamiento de su territorio; promover políticas diferenciales que tiendan a equilibrar el desigual desarrollo relativo de provincias y regiones.”[31]

Un simplificado análisis nos muestra que un 50% de “retenciones” significa, en la práctica, que el dólar de ex-portación para los productos agropecuarios tiene una paridad 1 dólar = 1,50 pesos. Por otro, lado las exporta-ciones industriales debido a la devolución de impuestos internos cuentan con un dólar superior a 4,00 pesos.

¡Hemos peleado durante años con Europa y USA por los subsidios que estos países tienen para su producción agropecuaria y, ahora que tenemos mercados internacionales para colocar nuestras exportaciones, des-promo-vemos la producción con impuestos confiscatorios! ¡Genial!

Los chirolitas oficiales han estado repitiendo que el gobierno sostiene (con dinero de los contribuyentes) un dólar alto para beneficiar al campo. Sin duda una devaluación beneficia a los exportadores y una devaluación “asimétrica” benefició a los deudores. Los principales perjudicados por la devaluación han sido los asalariados, sin dudas. Por otra parte, recuerdo muy bien que el actual vicepresidente de la UIA, presidente entonces, reclamaba a más no poder la devaluación. Hace unas semanas desde ese mismo sector provenía el run-run de que sería necesario otra devaluación para recuperar competividad. Completamos recordando que el ranking los principales intereses empresarios favorecidos por la devaluación y la pesificación de las deudas está enca-bezado por Repsol seguida en segundo lugar por Techint.[32]

Con una argumentación, supuestamente de “izquierda o progresista”, se ha tratado de justificar las retenciones. Esta justificación busca sustento en la denominada renta de la tierra. En pocas palabras, se afirma que la renta que se obtiene de la producción agropecuaria dependería exclusivamente de la calidad y cantidad de la tierra que se posee. Una versión del problema originada en la visión que Ricardo[33] tenía de la renta.

Desde luego esa visión fue tomada por Marx y adoptada por ciertas corrientes marxistas. En la Argentina tal enfoque del problema condujo[34] a la teoría de la revolución democrático burguesa uno de cuyos objetivos era sacar al campo del atraso feudal.

Una visión errada ya en ese tiempo y hoy completamente obsoleta como lo atestigua Pucciarelli[35] quien afirma que en 1908 “de los 8,5 millones de há cultivadas con cereales y oleaginosas, sólo un 21% corresponde a las explotaciones familiares propiamente dichas (0-100 ha), un 25% se lo adjudican las parcelas con carac-terísticas convencionalmente indefinidas (100-200ha), mientras que el 54% restante indica con claridad el gran predominio de las empresas capitalistas sobre la tierra explotada por el conjunto.”

Se puede aclarar un poco más el tema diciendo que la renta diferencial I es la que corresponde por la diferencia de la productividad natural de la tierra pero que, la renta diferencial II es la que deriva de la inversión de capi-tal. Dice Astarita[36] que se debe “distinguir entre ambos tipos de renta diferencial” porque “es importante para el análisis del desarrollo capitalista. Es que en la actualidad ninguna tierra agrícola o ganadera puede dar renta diferencial si no existe una fuerte inversión de capital. En Argentina, y a pesar de las condiciones naturales favorables, la productividad por hectárea se ha elevado en los últimos años gracias a las inver-siones.”

En consecuencia el agro argentino es capitalista, los productores agropecuarios son “burgueses” entrelazados en una estructura compleja. En palabras de Bisang[37]: “El campo es una red de dueños de tierra, de contratis-tas que tienen máquinas pero no suelo, de señores que no tienen ni máquinas ni tierra pero tienen conocimien-to y tecnología y los articulan a través de los pools de siembra tomando riesgos. Por otro lado también están los proveedores de insumos, semillas, herbicidas, insecticidas, fabricantes de silos, profesionales, consultores. Están los que proveen transporte, el almacenamiento y por últimos los exportadores.”

Lo dicho en los párrafos precedentes muestra con claridad que no se pueden establecer diferencias entre la industria agropecuaria y la “otra” industria. Está claro también, que la renta sustraída al agro es destinada principalmente a los “otros”, los agrupados en la Unión Industrial, a través de subsidios. Es decir el gobierno responde al lobby de la UIA y a sus propios intereses políticos que sostiene con el dinero mal habido.

En definitiva, si las retenciones estuviesen justificadas deberían hacerse a todos los sectores de la actividad económica. Entre ellos está el sector inmobiliario el cual ha sido muy productivo para los negocios personales de la pareja real.

Respecto de los precios de los campos, que los defensores oficiales muestran como prueba de riqueza exube-rante, conviene citar nuevamente el artículo de Astarita: "Dado que en principio el precio de la tierra se deriva de la capitalización de la renta a la tasa de interés vigente (como explica Marx en El Capital), la baja de la tasa de interés potencia la suba del precio de la tierra. Pero además la caída de la tasa de interés convierte a la tierra en un refugio y alternativa frente a las inversiones financieras, para muchos capitales.”

¿La historia no se repite?

Durante el gobierno de facto fascista de entonces, 1930, se crea la Junta Reguladora de Granos. Sus funciones consistían en comprar los granos al productor, al precio mínimo, y venderlos a los exportadores al precio vigente en el mercado.[38] En sus primeros años perdía plata porque la crisis mundial había deprimido el precio de los cereales. Sin embargo, para 1934, la situación había cambiado y la Junta obtenía ganancias apreciables. Tales beneficios eran un impuesto encubierto que dio comienzo a un camino de discriminación contra la pro-ducción agraria. Ese proceso se fortaleció en las décadas siguientes.

Por mucho tiempo toda referencia al campo argentino de 1930 y 1960 aparecía inevitablemente asociada a la palabra estancamiento.

En 1946, un decreto firmado por el presidente de facto - General Farrel- se crea el Instituto Argentino de Pro-moción del Intercambio (IAPI) que venía a reemplazar a la Junta Reguladora para la Promoción del Intercam-bio S.A. que había sido creada en 1940. Las funciones del IAPI fueron muchas y variadas. Entre ellas el Instituto compraba a los productores los cereales que luego exportaba.[39]

¿Cuáles fueron las consecuencias de la actividad del Instituto sobre la actividad agropecuaria?

Mirando los datos a mi alcance se observa que en el año 1947 las exportaciones agrícolas llegaban apenas a un poco más del 40% de las efectuadas durante el quinquenio comprendido entre 1935 y 1939. Además, durante el lapso que abarca desde 1947 hasta 1952 el promedio de las exportaciones había caído al 30% respecto de aquel quinquenio. Y, en 1952, la caída ponía las exportaciones en el nivel del 12% respecto del período de referencia.

El gobierno de aquel entonces, 1949, advertido de la detención del crecimiento y de la crisis que se inicia, pro-mueve un viraje en las políticas que hasta ese momento habían impulsado una transferencia de ingresos del sector rural al urbano industrial. Se produce un cambio de rumbo y con él se alienta deliberadamente al sector rural.[41]

Así, en 1950, el General en un mensaje radial declamaba: “El país necesita ahora que los agricultores siembren”.

Todavía, al año siguiente, en un mensaje a los trabajadores del campo, reconociendo “que los agricultores son hombres honrados y de buena fe” les informa: “Hemos decidido que los agricultores reciban el producido neto y total de la cosecha de maíz, lo mismo que todas las cosechas en el futuro….” Y finalmente agrega: “hemos decidido que las ganancias de los buenos negocios que estamos haciendo no queden en manos del Estado.”[42]

Finalmente se inicia en 1952 un aumento de la producción agrícola que se extenderá hasta el presente.

Se ha querido equiparar al IAPI con los Wheat Marketing Boards que durante la crisis del 29 nacieran en Canadá y Australia. Sin dudas cualquier semejanza es mera coincidencia. Tales Boards tenían como función mantener los precios estables a los productores locales y avanzar en la captura de mercados internacionales.

Sin embargo, en Australia, actualmente, se ha avanzado en un profundo proceso de desregulación que Canadá está tratando de imitar.[43]

Resumimos con un párrafo extraído de un trabajo del gobierno de Alberta[44]: ”El mercado internacional está cambiando rápidamente, con aumento de la competencia, con cambios en las demandas de los consumidores y de los usuarios de grano y cambios en los flujos de grano. Australia es uno de los principales competidores en el mercado de exportación de trigo y cebada. En los últimos años Australia ha sufrido reformas significati-vas en sus políticas y prácticas en el mercado del trigo y la cebada y se está posicionando para ser un más agresivo “marketer” en el futuro.”

Desde luego el IAPI desaparece con la “Libertadora” pero no las retenciones que con el gobierno de facto llegan hasta 25% del valor exportado. Por su parte, Frondizi las pone entre el 10 y el 20%, Illia las mantiene en un máximo de 13%, Onganía entre 20 y 25% que siguen con Lanuse con quién también hubo derechos móviles con tope en el 15%.[45] Con los gobiernos siguientes también las hubo excepto Menem y De la Rúa. Como vemos desde el golpe del 30 hubo diversos modos de extraer renta del campo en forma discriminatoria. La mayor parte de los recursos se perdieron en los recovecos de la corrupción o la mala inversión.

El atraso relativo de la Argentina frente a países como Australia y Canadá con los cuales hace 100 años compar-tíamos futuro tal vez encuentre su causa principal en las erradas políticas agropecuarias. Hoy con el gobierno de la Banda Púrpura hemos alcanzado máximos inimaginables de irracionalidad. Tal vez la sorpresiva y sor-prendente “rebelión agraria” reavive en nuestros corazones la llama perdida de la república.

“La Banda Púrpura se empezó a nutrir de los más grandotes, los que podían ir al frente imponiendo su físico. No era un equipo estable, no tenían reuniones de grupo ni funcionamiento orgánico. Se armaba cuando hacía falta, y se sumaban todos los que daban con el perfil: Lupin Kirchner y …”[46]

NOTAS

  1. Años atrás un amigo me contaba sobre aquel dirigente socialista quien, en una plaza de Mar del Plata, se refería a las culpas de la “oligarquía pacata, finisecular y vacuna”. Oligarquía es la forma de gobierno en la cual el poder supremo es ejercido por un reducido grupo de personas. Pacata es timorata, que muestra excesivos escrúpulos. Finisecular es lo relacionado con el fin del siglo.
  2. Boggie (el aceitoso) personaje de historieta creado por Fontanarosa.
  3. Se refiere al Departamento de Química de la Facultad de Ciencias Exactas de la UNLP.
  4. La Pequeña Edad de Hielo. Brian Fagan. Ed.Gedisa.
  5. En Castilla, una fanega equivalía a 55,5 litros.
  6. W.G. Hoskins, “Harvest fluctuations and English economic history 1620-1759. Agricultural History Review. Vol. 16[1968]564-567
  7. R. Malthus, Primer ensayo sobre la población. Editorial Altaza.
  8. Internacional Food Policy Research Institute.
  9. Miguel de Oromi Escalada. Articulo publicado en Economía para todos.10/04/08.
  10. Discurso de Cristina Kirchner. Casa de Gobierno. 31/03/08.
  11. Campamentos estudiantiles que hacíamos a principios de los setentas.
  12. Función de la Soya en la lucha contra el Hambre. FAO Commodities and Trade Division. March 2004.
  13. Discurso de Fidel Castro pronunciado en Santa Elena de Vaiven, Venezuela, el 13 de agosto de 2001.
  14. Informe de Alberto Fernández, Jefe de Gabinete, ante el Senado de la Nación realizado el 01/05/2008.
  15. Revolución en las Pampas de James R. Scobie. Ed. Solar., 1968.
  16. Miguel de Oromi Escalada. Publicado 10/04/08 en Economía para Todos. Este artículo hace un detalle de los beneficios logrados con el cultivo de soja. Idem anterior.
  17. Los orígenes del yuyo maldito. Héctor A. Huergo. 14/04/2008
  18. La autorización para la soja transgénica se produjo cuando el “cumpa” Solá era secretario de agricultura. (1996)
  19. W.P. Adams. Los Estados Unidos de América. Historia Universal Siglo XXI.
  20. Common Sense, de Thomas Paine.
  21. Revolucion Francesa por M. A. Thiers. Librería de la Vda de Ch. Bouret (1913)
  22. Idem ref.15
  23. La Pampa Gringa de Ezequiel Gallo. Ed. Edhasa.
  24. Art.16 de la Constitución de la Nación Argentina.
  25. Idem Ref.25. Art.1
  26. Ejercer el poder sin sujetarse a ninguna ley.
  27. Idem Ref.25. Art.4. El art.17 ratifica: “Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el Art.4.”
  28. Idem Ref.25. Art.52
  29. Idem Ref.25 Art 75, inc.1.
  30. Idem Ref.25 Art.75 inc 19
  31. Notas sobre las Retenciones a las Exportaciones. Claudio Lozano. IEF, CTA. 2002.
  32. Ensayo sobre la influencia del bajo precio del grano sobre los beneficios del capital. 1815
  33. La Estructura de la Ganadería, M. Lebedinsky, Ed. Quipo y El agro argentino proceso histórico, R. San Esteban, Ed. Cartago.
  34. El Capitalismo Agrario Pampeano 1880-1930. A. R. Pucciarelli. Ed. Hyspamérica.
  35. La Renta de la Tierra y una Tesis cuestionable, Rolando Astarita, Febrero 2006. Economista marxista. Docente en la UNQUI y la UBA.
  36. Roberto Bisang, Economista de CEPAL y Profesor de la UNGS. Reportaje publicado en Agrodiario.
  37. Historia del Agro Argentino, por O. Barsky y J. Gelman. Ed. Mondadori. La mayor parte de la información volcada en esta parte del escrito proviene de esta obra.
  38. La experiencia del Primer Peronismo Sobre el Comercio Exterior, por Susana Novick. Investigadora CONICET. Instituto Gino Germani. FCS-UBA.
  39. Idem Ref. 38
  40. El Peronismo y el “Mundo agrario”. Una visión sobre el agro argentino 1949-1955. Gutiérrez, Talía V.CEHR-UNLP. Mundo Agrario. Revista de estudios rurales Vol.2, No 4. 2002.
  41. Mensaje del Presidente de la Nación Gral. Juan.D.Perón a los trabajadores del Campo. 03/05/1951.
  42. The Effects of Grain Market Deregulation in Australia. Mark Barber. ACIL Tasmania.
  43. Provincia Canadiense.
  44. Mario Rapaport. Página 12 18/05/2008.
  45. "SETENTISTAS, de La Plata a la Casa Rosada". F. Amato, C. Boyanovsky Bazán. Ed. Sudamericana.


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