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Cócteles: Son peligrosos –hacen hablar gansadas

por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC

En la argumentación ecologista, sobre todo en la que deben sufrir los Cordobeses de Argentina, está de moda hablar de “cóctel de contaminantes” y los efectos devastadores que eso produciría en la salud de la población.
Sin duda, son armas de destrucción masiva... como las de Saddam.

Desde hace ya tiempo, el ecologismo viene haciendo uso y abuso de una argumentación con muy poca base científica. Se habla de que muchas sustancias químicas (todas, en realidad) no son cancerígenas de por sí, sino que cuando están presentes todas juntas, aunque sea en mínimas dosis, forman un cóctel de gran potencia cancerígena.

Esa argumentación es la favorita de la Fundación para la Protección del Ambiente (FUNAM) de Córdoba, y la hemos vista expuesta en diarios, revistas, noticieros de TV, radios durante la infausta campaña acerca de la “epidemia de cánceres” de Barrio Ituzaingó Anexo, y en la misma página web de la FUNAM en: http://www.funam.org.ar/sedimentosvillaallende.htm

Por ejemplo, en esa página, y refiriéndose al sonado caso de la contaminación que causaría el funcio-namiento del horno incinerador en las cercanías de Villa Allende, la mencionada página web dice lo siguiente, muy extractado porque no tiene ya remedio –el horno fue clausurado y no será reabierto jamás. Lo que ha quedado intacto e impune es la desinformación:

Villa Allende: Grave contaminación en
sedimentos de tanques domiciliarios de agua

“El Dr. Raúl Montenegro indicó que esta comparación entre sedimentos y agua "es válida porque los sedimentos estaban en el fondo de los tanques de agua….” …

Efectos sobre la salud y recomendaciones para los vecinos.

“El Dr. Raúl Montenegro indicó que el arsénico "produce envenenamiento agudo y cróni-co que puede derivar en cáncer. La Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC) lo considera un cancerígeno humano cierto (grupo 1).”

El manganeso a bajas dosis es un nutriente esencial. A concentraciones altas puede causar daños en el sistema nervioso y reproductor, y afectar el feto. Desconocemos sin embargo cuál es el efecto de un cóctel de contaminantes que incluya las cuatro sustan-cias al mismo tiempo y a valores muy altos".

Nuestro Consejo

A la población: basados en las advertencias del “Doctor”(*) Montenegro, les aconsejamos dejar de comer de inmediato por las gravísimas consecuencias que esa actividad irresponsable tiene sobre su salud. También le sugerimos humildemente al “Doctor” Montenegro que pida los fondos necesarios a Greenpeace para investigar los efectos que causan sobre la población el siguiente cóctel de cance-rígenos, que podría haber pasado desapercibido a sus ardores protectores de la sociedad:

  • Sopas de Espinacas, o remolachas, o de verdurita común,
  • Picada de salame, jamón crudo, rabanitos, pickles en vinagre, etc.
  • Milanesas hamburguesas, asado, mollejas, chorizos, y bifes con puré,
  • Ensalada de tomates, rabanitos, brotes de lechuga, repollo, brócoli y repollitos de Bruselas, como también:
  • Diversos té, tisanas, café, hierbas medicinales, diversas bebidas alcohólicas (todas, bah!), aperitivos, “amargos” y todas las gaseosas.
  • En realidad, la lista es mucho más larga, pero esa basta para comenzar a solicitar fondos para inves-tigar las propiedades cancerígenas del cóctel de sustancias contenidas en esas comidas, y exigir su inmediata prohibición. Antes de morirnos de cáncer nos moriremos de hambre.

    ¿Cuáles son los riesgos?

    Un buen asado, un bife cocido, una milanesa, cualquier hamburguesa y los choripanes, por ejemplo, contienen en esas partes quemaditas carbohidratos policíclicos que se unen al receptor Ah e imitan al 2,3,7,8–Tetra Cloro Dibenzo-p-Dioxina, esa sustancia espantosa y (según ellos) cancerígena con que FUNAM nos ha estado asustando desde hace años.

    Además, una variedad de flavonoides y otras substancias de las plantas de la dieta, tales como el indole carbinol (IC), también se unen al receptor Ah. El IC es el principal subproducto de la gluco-brasicina, un glucosinolato que está presente en grandes cantidades en los vegetales del género Brassica, incluyendo al bróccoli (unos 25 mg por cada 100 gr. de porción) (1) los repollitos de Bruselas (125 mg por 100 g) (1), y el delicioso repollo del chucrut y la “bagna cauda” (25 mg. por 100 g) (2).

    Los alimentos provenientes de las plantas de cultivo comercial normalmente contienen, en promedio, menos toxinas naturales que sus contrapartes salvajes. Por ejemplo, la papa salvaje solanum Acaule, la progenitora de las variedades de papas de cultivo, tiene un contenido 3 veces mayor de glicoalca-loides que las variedades cultivadas, y es más tóxica que ellas (3,4).

    La solanina y la chaconina que contienen las papas (o patatas) y el puré y las papas fritas, inhiben la colinesterasa, por lo tanto bloquean la transmisión nerviosa, y son reconocidos teratógenos en roedores. Fue ampliamente introducida en el mundo hace unos 400 años con la diseminación de la papa de los Andes. Ni la solanina ni la chaconina han sido ensayadas para comprobar su potencial cancerígeno. Toxinas totales están presentes en las papas normales (de Balcarce o Villa Dolores) a un nivel de 15 mg por 200 g de papa (75 ppm), lo que es menos que el margen de seguridad 10 veces mayor que la toxicidad mensurable de la dosis diaria establecida para los humanos (5).

    Las hojas del repollo silvestre Brassica oleracea (el progenitor del repollo, bróccoli, y coliflor) contie-nen el doble de glucosinolatos que el repollo cultivado (6). El poroto silvestre Phaseolus lunatus contiene unas 3 veces más de glucósidos cianogénicos que los porotos de cultivo (7). Cantidades similares de toxicidad se han reportado en la agricultura, en la lechuga, habas, mango, y yuca (8).

    La tomatina, una de las toxinas naturales en los tomates, también es una sustancia química reciente ya que fue introducida a la dieta desde Perú, hace 400 años. Ni la tomatina ni su aglicono, la tomati-dina, una molécula antihongos del tipo esteroide, fue ensayada en pruebas de cáncer en roedores. Nadie sabe si es o no cancerígena! La tomatina está presente a 39 mg por cada 100 gramos de tomate (360 ppm), una concentración que está mucho más cerca del nivel tóxico para humanos que los residuos de pesticidas sintéticos (5)

    Nitrosaminas y sus precursores:

    Las verduras tienen como normal un alto contenido de nitratos. Remolacha, apio, lechuga, espinaca, rabanitos y ruibarbo contienen unos 200 miligramos (mg) de nitratos por cada porción de 100 gramos (g). Lo que equivale a 2.000 partes por millón, o técnicamente expresado: 2.000 ppm.

    Las verduras crucíferas como la mostaza, el nabo y el repollo también tienen un alto contenido de nitratos. El nitrato, en sí mismo, no ha demostrado tener efectos cancerígenos en los animales, pero puede ser convertido por las bacterias de la saliva humana y de los intestinos en nitritos, una substancia que reacciona con otras, presentes en el organismo (aminas y amidas) para producir los compuestos llamados nitrosaminas. Más de 300 nitrosaminas han sido ensayadas en animales para determinar su potencial cancerígeno y un 90% de ellas dieron positivo.

    Cancerígenos producidos al cocinar:

    La materia marrón y quemada producida cuando se asan, ahuman o se fríen las carnes, es altamente mutagénica. Parte de esta materia proviene del humo del combustible quemado y depositado sobre la carne durante el proceso (el humo de la madera produce dioxina "natural", la misma dioxina que actual-mente llena de pavor a los pobladores de Gualeguaychú y la que atemorizó a Europa en Julio de 1999 y llevó a varios países a prohibir la importación de carnes de Bélgica. No sólo entre los "sudacas" existen tontos).

    Una vez analizadas estas substancias de la parte quemada de las carnes, se identificaron varias sus-tancias químicas que son mutagénicas y cancerígenas. Una clase importante de tales substancias son las aminas heterocíclicas, formadas cuando ciertos aminoácidos (los bloques básicos que constitu-yen las proteínas) –parte fundamental de las comidas- son calentados. Las aminas heterocíclicas incluyen nombres abreviados como TrpP1, TprP2, PhIP, IQ, y MelQ, que sólo Dios y algunos químicos saben qué son y para qué sirven. Pero que forman parte del “cóctel” de cancerígenos que asusta a Montenegro.

    Estos compuestos son altamente mutagénicos, rivalizando con alguno de los mutágenos más potentes que se conocen, como la aflatoxina B1. Todos son cancerígenos. Las aminas heterocíclicas se pueden encontrar en comidas como las carnes y pescados asados, las tostadas, la cáscara del pan, el café, las papas fritas, etc. La cantidad de ellas está en proporción directa con la temperatura usada para el proceso: se encuentran más aminas heterocíclicas cuando se asan las carnes que cuando son hervidas o cocinadas en microondas.

    Por último, otra clase de compuestos que se forman durante la cocción son los carbohidratos policí-clicos aromáticos, de los cuales el benzo(a)pireno es un representante notable. No sólo son can-cerígenos por derecho propio sino que además potencian la acción cancerígena de otras substancias. No lo dejan a uno vivir tranquilo.

    Allyl tiocianato:

    Esta sustancia es la que confiere a la mostaza y los rabanitos picantes su penetrante y característico sabor, y se encuentra a 50 – 100 ppm. También la encontramos, en menores concentraciones, en bróccolis y repollos. Aunque "natural", es cancerígeno.

    Alcaloides de la pirrolizidina:

    Estos compuestos, presentes en los tés de hierbas (tan sanos!) y en las tradicionales tisanas y reme-dios caseros, son a menudo cancerígenos, mutagénicos y teratogénicos (capaces de provocar defec-tos congénitos en los bebés) y tóxicos se ingieren de manera crónica. Los alcaloides de la pirrolizidina forman un "encadenamiento cruzado" con el ADN, impidiendo, en consecuencia, la división de las células.

    Algunas enfermedades humanas mortales como la cirrosis hepática, la oclusión venosa y el cáncer de hígado están ligadas al consumo de plantas que contienen estos alcaloides. Se encuentran presentes en cientos de especies vegetales y a un nivel muy elevado –hasta un 5% del peso seco de la planta. La intoxicación humana por la ingestión de plantas que contienen alcaloides de pirrolizidina está bien documentada en la literatura médica. Las poblaciones hispánicas e indias del oeste y sudoeste de los EEUU, y del resto de la América Latina para el caso, tienen un alto riesgo de intoxicación debido a sus tradicionales costumbres de usar hierbas "curativas", su ocasional falta de confianza en la medicina convencional y, más comunmente, en su falta de acceso a la salud pública y cuidados médicos adecuados.

    Por último, como para arruinar al Festival de Alarmismo que se impulsa en todo el mundo sobre los transgénicos, la soja y el glifosato, hay que mencionar los estudios de Castle et al., acerca de que la tecnología transgénica ha permitido el desarrollo de plantas insensibles al glifosato (RoundUp Ready, o soja RR). Las ampliamente aceptadas plantas resistentes al glifosato ayudan a las mejoradas tecnolo-gías agrarias que tienen un menor impacto ambiental. Castle et al. informan de la producción de una nueva clase de plantas tolerantes al glifosato que al mismo tiempo detoxifican al glifosato a medida de que lo absorben. La enzima detoxificante de glifosato fue derivada por evolución dirigida in Vitro para aumentar la efectividad de una débil enzima detoxificante de las bacterias.

    Como de costumbre, la ciencia ha encontrado la solución a un problema creado, no por la ciencia y las nuevas tecnologías en sí, sino por las denuncias sin bases científicas ni evidencias palpables que hacen los grupos ecologistas interesados en impedir el desarrollo agrícola de los países en vías de desarrollo.

    Referencias

    1. Carlson, D. G., Daxenbichler, M. E., VanEtten, C. H., Kwolek, W. F. & Williams, P.H. (1987) J. Amer. Soc. Hort. Sci. 112, 173–178.
    2. McDanell, R., McLean, A.E.M., Hanley, A.B., Heaney, R.K. & Fenwick, G.R. (1988) Fd. Chem. Tox. 26, 59–70.
    3. Jadhav, S. J., Sharma, R. P. & Salunkhe, D. K.(1981) CRC Crit. Rev. Toxicol. 9, 21–104.
    4. Schmiediche, P. E., Hawkes, J. G. & Ochoa, C. M.(1980) Euphytica 29, 685–704.
    5. Jadhav, S. J., Sharma, R. P. & Salunkhe, D. K.(1981) CRC Crit. Rev. Toxicol. 9, 21–104.
    6. Mithen, R. F., Lewis, B. G., Heaney, R. K. & Fenwick, G. R.(1987) Phytochemistry 26, 1969–1973.
    7. Lucas, B. & Sotelo, A. (1984) Nutrition Reports Int. 29, 711–719.
    8. Rosenthal, G. A. & Janzen, D. H. Eds. (1979) Herbivores: Their Interaction with Secondary Plant Metabolites,

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