
La Organización Mundial de la Salud.El documento donde la OMS resume su programa para reducir el uso del DDT en la lucha contra la malaria declara que la malaria es una de los desafíos de salud más grandes que enfrenta el mundo en desarrollo. La Organización Mundial de la Salud indica que la malaria provoca la muerte de más de 1 millón de personas todos los años, con el 90% de esas muertes ocurriendo en el África sub-sahariana.
La malaria enferma a más de 300 millones de personas por año, y los niños son el 75% de esos casos, contabilizándose la muerte de un niño cada 30 segundos. Más allá de de la inmediata tragedia en vidas humanas, la malaria provoca costos devastadores en las economías locales, tanto en costos directos de tratamiento y prevención, como en costos indirectos de pérdidas de producción local que son vita-les para la supervivencia. Esta carga es especialmente grande en los países en desarrollo del cinturón tropical del planeta donde la malaria se manifiesta con mayor frecuencia.
De manera que suena como que uno querría una herramienta eficaz para combatir una enfermedad que mata a un niño cada 30 segundos, no es verdad? El documento de la OMS dice:
A causa de su estabilidad química es metabolizado lentamente, se acumula en el ambiente a través de las cadenas alimentarias y en tejidos de los organismos expuestos y es potencialmente perjudicial para la vida silvestre y los humanos.
De manera que la OMS quiere prohibir el “altamente efectivo” DDT porque es “potencialmente” perjudi-cial. Pero ¿qué significa “potencialmente” perjudicial, y la eliminación de ese potencial impedirá la muerte de un niño cada 30 segundos?
NOTA DE FAEC: 120 niños mueren por hora; 2880 niños cada día, 86.400 niños todos los meses, 1.036.800 de niños muertos cada año que ha transcurrido desde su prohibición en 1972. La cifra se eleva a 40.435.200 de niños muertos que no alcanzaron la edad para reproducirse. La cifra de adultos muertos por la malaria es mucho mayor, por eso al añadirla a la de los niños lleva el total de “seres humanos inferiores” a cifras de las que Hitler estaría orgulloso de mostrar.
No es extraño entonces que los ecologistas que siguen los postulados genocidas del Club de Roma y su intención de reducir la población del mundo estén frotándose las manos ante la pers-pectiva de continuar con un genocidio que les asegura una vida cómoda y sin problemas en sus ricas ciudades de Europa y Estados Unidos.
¿De modo que la OMS quiere erradicar al DDT porque algunos aplicadores no lo usan correctamente? ¿No valdría la pena asegurarse de el DDT sea usado correctamente (cualquier cosa que eso signifique) ya que un niño muere cada 30 segundos? Continúa diciendo al OMS:El DDT y sus residuos se acumulan en la cadena alimentaria y es potencialmente perjudicial para la vida silvestre y los humanos, si no se aplica de acuerdo con las normas y recomendaciones de la OMS.
Los pesticidas hidrocarburos clorados como el DDT, que fueron ampliamente usados en los años '40, son metabolizados lentamente, se acumulan en los tejidos huma-nos, y pueden afectar la salud de los humanos y la vida silvestre. Hay ahora un de-bate considerable y una sospecha creciente en relación a la capacidad del DDT y otros pesticidas de trastornar el sistema endócrino de los mamíferos.
¿Debate? ¿Me están tomando el pelo? ¿Quién está debatiendo qué? Parece no haber ningún debate acerca de que un niño muere cada 30 segundos a causa de la malaria. ¿Cuántos niños más necesitan morir mientras personas desconocidas supuestamente debaten vaya uno a saber qué?
FAEC: ¿Quieren saber qué sucede cuando el DDT se acumula en los tejidos grasos de los seres humanos y de los mamíferos? Nada menos que una verdadera vacuna contra el cáncer –cualquier tipo de cáncer! Los medios de prensa y quienes les alimentan la desinformación que propalan quieren que se olviden los estudios científicos realizados durante la época en que el DDT venía siendo cuestionado por los seguidores del nefasto libro “Primavera Silenciosa” de Rachel Carson. Necesitan imperiosamente que la gente no recuerde, o se enteren las nuevas generacio-nes nacidas después, de todos los pronunciamientos hechos por las Academias de Ciencia del mundo entero sobre la inocuidad del DDT, y la absoluta ausencia de evidencias que demostraran algún efecto perjudicial sobre la salud humana, animal, de las aves y los peces o del ambiente en general, cuando era usado de acuerdo con muy claras normas de seguridad.
Todos los compuestos sintéticos y casi todos los naturales llevan recomendaciones lógicas y comprobadas para su empleo en la vida diaria. La intrínseca peligrosidad de un compuesto no es suficiente argumento para prohibirlo. De lo contrario, sería necesario prohibir todos los compues-tos inflamables, desde el alcohol hasta las gasolinas, pasando por el papel, la madera y las pintu-ras. Y también todos los medicamentos desde la aspirina hasta los antibióticos y las hierbas na-turales tan recomendadas por los amantes de una "vida sana". Y también, por supuesto, la elec-tricidad, un peligro absolutamente letal con el que convivimos desde que nacemos hasta que dejamos este mundo.
De los estudios realizados en la década de los '60 por el Dr. Edward Laws, del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, en el más largo y gigantesco estudio epidemiológico hecho en el mundo sobre cualquier cosa que afecte la salud humana, se comprobó que en una estadística de 1300 años/hombre hecha sobre los trabajadores de la fábrica Montrose, en California, no se había detectado ni un solo caso de cáncer, a pesar de que los operarios trabajaban sin ropas, máscaras y equipos especiales de protección, y habían acumulado en sus tejidos grasos concen-traciones de DDT de entre 38 y 647 ppm mientras que la concentración normal del ciudadano común en esa época era de 6 ppm. En una publicación de la American Medical Association, el Dr. Laws declaró, “Es realmente notable que después de 10 o 20 años de exposición al DDT no se haya registrado ningún tipo de cáncer entre este grupo de individuos, en una estadística de exposición de 1300 años/hombre, lo que constituye un evento estadísticamente imposible”[1].
¿Por qué es un evento imposible? Porque en la población del mundo que se elija, el grupo humano que uno quiera conformar, raza, nacionalidad, ocupación, la tasa de ocurrencia de cáncer está entre 20 y 25%. La cuarta parte de la población mundial desarrolla en algún momento de su vida un tipo de cáncer. El 50% de ellos se cura definitivamente, y el otro 50% sigue su lucha contra la enfermedad durante muchos años, con mayor o menor suerte. Por ello, que un grupo muy nume-roso de seres humanos, los más altamente expuestos al DDT en el mundo, jamás haya enfer-mado de cáncer es la prueba más elocuente de que el DDT, no sólo no es cancerígeno, sino que es un potente preventivo del cáncer.
También hizo el Dr. E. Laws experimentos sobre ratas a las que trasplantaba tumores cancerosos a los cerebros. Los controles tenían un 100% de mortalidad, pero las ratas alimentadas con dosis de DDT 10.000 veces más elevadas que las halladas en el ambiente, presentaron un 30% de cu-ración de esos tumores. Por su parte, los Dres. Alan Okey y Charles Silinskas alimentaron con ele-vadas dosis de DDT a grupos de ratas, y mientras las de control morían por los cánceres y leuce-mias inducidas químicamente, las ratas alimentadas con DDT no desarrollaron la enfermedad.[2]
También son conocidos los trabajos de Wayland Hayes y su administración en voluntarios de dosis de 25 a 35 mg de DDT diarios durante un período de 18 meses sin que al final del expe-rimento se observaran efectos perjudiciales de ninguna clase sobre los voluntarios.[3]
Por eso, la declaración de “riesgos potenciales” hechas por la OMS constituye un dislate cientí-fico mayúsculo, y se basa en la repetición de las declaraciones alarmistas, sin base científica seria, del ecologismo a ultranza.
Nueva evidencia está siendo publicada acerca de la relación ente los bajos niveles de exposición al DDT y adversos efectos sobre la salud, en particular relacionados con el desarrollo neurológico en la niñez, cáncer de mama en mujeres, salud reproductiva en hombres (reducción en el conteo y calidad de la esperma) y en diabetes.
Aún cuando esas afirmaciones fuesen verdad –que no los son, ver: conteo de esperma; cáncer de ma-ma, absolutamente desenmascarados.) – desde cuándo cualquiera de estas cosas tiene mayor peso que la tragedia de la muerte de un niño cada 30 segundos?
De manera que no hay ninguna otra pregunta que hacer –la OMS no quiere salvar a este niño de la muerte.