HECHOS VERSUS MIEDOS:
UNA REVISION DE LOS MAYORES E INFUNDADOS MIEDOS
SOBRE LA SALUD EN LOS TIEMPOS RECIENTES

(PÁGINA 5)

Por ADAM J. LIEBERMAN (1967-1997) SIMONA C. KWON, M.P.H.

Traducción de Eduardo Ferreyra


CONTENIDO
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22. Asbestos en las escuelas, 1993
23. Teléfonos celulares, 1993
24. Percloroetileno en Harlem, 1997
25. Miedos "No tan Grandes"
26. Conclusión




22. Asbestos en las Escuelas, 1993

Antecedentes

Desde 1949 hasta 1973, se requirió que todas las escuelas de los Estados Unidos fueran revestidas de asbestos, como prevención contra incendios.[1] El asbestos era usado también en las escuelas como azulejos y en enyesados. [2] En 1973, la EPA prohibió el uso de asbestos en las escuelas y, para fines de los años 70 la agencia comenzó a formular regulaciones en un intento de reducir la exposición de las niños a la sustancia. [3]

En 1982, la EPA ordenó que se inspeccionasen a todas las escuelas para descubrir asbestos difícilmente descascarable. En 19S4 el Congreso promulgó el Acta de Abatimiento del Peligro de Asbestos en las Escuelas para suministrar asistencia financiera a las escuelas con serios riesgos de asbestos. Y en 1986 el Congreso dictó el Acta de Respuesta de Emergencia al Riesgo de Asbestos (AHERA), que requería que todas las escuelas públicas y privadas fuesen inspeccionadas para descubrir asbestos, desarrollar planes de manejo del asbestos, e implementar las acciones apropiadas. [4] Para 1990 se calculó que el costo de tal remoción del asbestos era de más de $6.000 millones. [5]

El beneficio para la salud pública proveniente de todo esto no estaba muy claro; como los expertos en asbestos han estimado, el riesgo de toda una vida para los niños expuestos a 0.001 fibras de asbestos crisotilo por mililitro de aire durante un mínimo de 10 años, es un riesgo de una muerte adicional por cada 100.000 (esto es un riesgo tres veces menor a ser alcanzado por un rayo). y la mayoría de las escuelas tenían un nivel de asbestos mucho menor que 0.001 fibras por mililitro. [6]

El Miedo

Un informe de la EPA mostraba que en los edificios donde se había removido al asbestos, los niveles de asbestos eran significativamente mayores que antes de su remoción. Los procedimientos de remoción de asbestos mal conducidos incrementan los riesgos para la salud al liberar al ambiente más partículas que las que existían antes.
[7] De manera adicional, mientras que las ordenanzas de la EPA no requieren que el asbestos sea removido si los materiales que lo contienen están en buenas condiciones, muchos distritos escolares malinterpretaron los lineamientos, creyendo que eran una orden para la remoción total de todo asbestos. Tales malas interpretaciones condujeron a gastos innecesarios y a un desvío de fondos ya escasos en las escuelas. [8]

En Agosto de 1993 se reveló que un contratista independiente, a quienes la Junta de Educación de la Ciudad de New York le había pagado $2 millones para la inspección de asbestos de las escuelas de la ciudad, no había realizado la inspección adecuadamente. (El contratista se había embolsado el dinero de la ciudad). Para evitar ser acusado de no cumplir con la ley AHERA de 1986, el alcalde de New York, David Dinkins anunció que no se permitiría la apertura de ninguna escuela en Septiembre hasta que no hubiese sido inspeccionada a fondo por el Departamento de Protección Ambiental, y el Departamento de Salud. Como resultado, la apertura de escuelas para más de 1.000.000 de niños de la ciudad de New York se demoró dos semanas, con algunas escuelas que permanecieron cerradas más tiempo, con sus estudiantes ubicados en otros edificios. [9]

La Reacción

La mayoría de los escolares estuvieron agradecidos por la demora; la mayoría de los científicos no. La American Medical Association ya había declarado que el tipo de exposición de bajo nivel encontrado en las escuelas – promediando 0.0005 6bras por mililitro (probablemente no más que el nivel del aire ambiente de Manhattan) – no imponía ningún riesgo para la salud.
[2] Esto era especialmente cierto porque el tipo de asbestos usado en las escuelas – crisotilo, o asbestos ”blanco”- es considerado mucho menos riesgoso para la salud que los otros tipos de asbestos – de manera especifica el crocidolita y el amosita. (Ver también ”Asbestos en los Secadores de Pelo, 1979”) [10] El crisotilo toma cuenta del 95% de todo el asbestos usado en los EEUU; es fácilmente expelido de los pulmones en lugar de quedar ligado a los tejidos pulmonares. [9, 11]

Conclusión

El terror del asbestos de la ciudad de New York en 1993 puede, en realidad, haber sido para el bien, en el sentido de que alertó a muchas personas en la comunidad sobre los peligros de hiperbolizar los riesgos ambientales. Muchos padres se preguntaron si en nombre de tal riesgo hipotético valía la pena perturbar sus vidas y las de sus hijos. Actualmente, las leyes para la remoción del asbestos – y la industria de $4 a $6 mil millones anuales - siguen vigentes; pero ahora mucho más gente está advertida que el asbestos, como lo dice el químico P.J. Wingate ”es como un gran perro durmiente. Si no se lo perturba, no hace daño. Si le martilla o se le serrucha, puede morder a cualquiera cerca suyo. ”
[1]

Referencias

1. Campbell S. Asbestos in schools: how much hazard?ACSH News and Views. Septiembre-Octubre 1985.
2. Whelan E. “Asbestos in schools: the latest phantom risk,” Priorities. Otoño/Invierno 1993:38
3. Environmental Defense Fund. “The campaign to end use of deadly asbestos”, EDF Letter. Vol XIX, No.3 Junio 1988:2.
4. U.S. Congress Asbestos Hazard Emergency Response Act. (AHERA), 1986. Publication L. No. 99-519, 100 Stat 2970. Section 2 of AHERA addenda New Title II, 88201-214 to the toxic Substances control Act codified at 15 U.S.C. 992641-54 (supplement IV, 1986).
5. Whelan E. Toxic Terror. 2 ed. Buffalo, NY: Prometheus Books. 1993:267-268.
6. Corn M, et al. Airborne concentrations of asbestos in 71 school buildings. Regul Taxicol Pharmacol. 1991; 13:99-114.
7. Toxic Terror.270-272.
8. "EPA tells schools asbestos can stay, but it's too late," Detroit Free Press. Septiembre 4, 1990: l.
9. Byron C., "The phony asbestos scare," New York Septiembre 15, 1993:22-23.
10. McDonald JC, McDonald AD. “Chrysotile, tremolite and carcinogenicity,” Ann Occup Hyg. 1997; 41:699-705.
11. National Cancer Institute.Cancer Facts: Questions and Answers About Asbestos Exposure,” Noviembre 30, 1995.



23. Teléfonos celulares, 1993

Antecedentes

Desde que un informe de 1979 sugería que los capos electromagnéticos (CEM) de las líneas de alta tensión podrían incrementar el riesgo de cáncer en la niñez,
[1] se han desarrollado esporádicos terrores de los efectos sobre la salud de una gran variedad de dispositivos eléctricos – dispositivos que van desde las mantas eléctricas a los monitores de computación y de las afeitadoras eléctricas hasta los relojes despertadores (ver ”Mantas Eléctricas, 1989”, y ”Terminales de Video, 1989.”).

Estudios posteriores han demostrado los errores metodológicos cometidos en el informe de 1978. No tuvo en cuenta otros factores cancerígenos, y los estudios ocupacionales entre los obreros de la electricidad y otros expuestos a elevados niveles de CEM, han dado información conflictiva.
[2, 3] Los científicos han hecho notar que tales campos electromagnéticos son demasiado débiles como para afectar los tejidos humanos por medio de cualquiera de los mecanismos conocidos, con los que los mucho más potentes rayos-X y radiación ultravioleta pueden romper los componentes celulares y causar cáncer. Pero el terror más publicitado que involucraba campos electromagnéticos no tenía ninguna base científica.

El Miedo

David Reynard, de Tampa, Florida, le regaló a su esposa un teléfono celular cuando ella quedó embarazada en 1988. Dos años más tarde se le diagnosticó un tumor cerebral. El tumor estaba justamente detrás de la oreja derecha, donde ella ponía, normalmente, la antena del teléfono.
[5] Después de la muerte de su esposa, Reynard inició una demanda judicial contra el fabricante del teléfono celular, alegando que la energía electromagnética de la antena del aparato había provocado el cáncer. El 21 de Enero de 1993, Reynard apareció en el programa de la CNN Larry King Show para emitir al aire sus reclamos; en las semanas que siguieron al programa se iniciaron tres demandas más por usuarios de teléfonos celulares que habían desarrollado tumores en regiones similares. [1]

La Reacción

Estas acusaciones anecdóticas no eran, como lo hace notar un informe, “la clase de evidencia científica que sería aceptada por el New England Journal of Medicine”; pero, durante un tiempo, no tuvo importancia. La autoritaria voz de Larry King, entonando “los teléfonos celulares pueden matarle” tocó un nervio sensible.

Una periodista nacional que “se había convertido en una adicta a su teléfono celular” lo describió como “una tecnología más que ha salido a cazarnos.”
[4] Las ventas de teléfonos, que había crecido a un ritmo del 20 al 70 por ciento anual desde 1982, cayeron bruscamente. Los precios de las acciones de los tres más grandes fabricantes de teléfonos celulares cayeron un 10% en las semanas posteriores a la emisión del Larry King Show. [6] Más aún que el Alar, el terror penetró rápidamente en la conciencia de la nación, quizás a causa de la imagen del teléfono celular como un “accesorio yuppie”. Un empresario ofreció un dispositivo para aislar a la cabeza de los usuarios de la supuestamente letal antena. [7]

Se llevaron a cabo audiencias del Congreso. La FDA, el National Cancer Institute y la EPA declararon que no había razón para poner a su teléfono “en espera”, aunque un vocero de la FDA dijo que si los consumidores estaban preocupados “deberían prestar atención a su uso.” [8] También se hizo notar que, si bien el número de cánceres de cerebro había aumentado ligeramente entre 1973 y 19S9 – desde 5/100.000 a 6 sobre 100.000 - no hubo un cambio en el patrón de ubicación de los tumores, como podría esperarse si los teléfonos fuesen, realmente, los culpables. [5]

Al momento actual, no es posible decir si el cáncer de una persona se produjo por el uso del teléfono celular y si se hubiese producido de todas maneras. A la tasa actual de incidencia de cánceres cerebrales, se podrían esperar unos 180 casos entre los usuarios de aproximadamente 3 millones de usuarios de teléfonos celulares portátiles – ya sea que los usen o no. [9]

Conclusiones

Las asociaciones de fabricantes de celulares prometieron invertir unos $25 millones en investigaciones sobre seguridad de los celulares. Se organizó una entidad independiente encargada de implementar un programa de investigación, incluyendo estudios de laboratorio y epidemiológicos.
[10]

A los pocos meses, sin embargo, el miedo fue casi olvidado. A mediados de 1993 las ventas de teléfonos celulares habían subido un 30% más que el año anterior, el precio de las acciones se había recuperado y los consumidores habían aparentemente perdido su preocupación. Cuando una compañía de teléfonos ofreció a sus clientes un teléfono gratis si se abonaban al servicio de telefonía celular, ofreciendo tres modelos, la mayoría de los clientes eligieron el modelo de bolsillo – con la antena cerca de la cabeza del usuario- en lugar de los otros dos modelos con configuraciones distintas. [7]

Muy pocos estudios de los campos electromagnéticos son relevantes a la exposición a las radiofrecuencias (la frecuencia usada por los teléfonos celulares) y el desarrollo de cáncer en los seres humanos. Los estudios de cáncer sobre animales no suministran evidencia de un aumento en la incidencia de tumores. [11] De hecho, los estudios a la fecha no indican evidencia de serios efectos médicos por el uso rutinario de teléfonos celulares. [12]

Pero mientras que no hay estudios que prueben que los campos electromagnéticos de los teléfonos celulares u otros dispositivos son perjudiciales, se mantiene imposible probar que los CEM no son dañinos. De manera adicional, las dificultades>Pero mientras que no hay estudios que prueben que los campos electromagnéticos de los teléfonos celulares u otros dispositivos son perjudiciales, se mantiene imposible probar que los CEM no son dañinos. De manera adicional, las dificultades para diseñar, implementar e interpretar estudios epidemiológicos - en particular con respecto a identificar a poblaciones con substanciales exposiciones - son esfuerzos frustrantes para evaluar los efectos de los CEM. [11]

La breve vida del miedo al teléfono celular puede ser una señal de que los consumidores están comenzando a mostrar una reacción más medida a los informes de este tipo. En el momento actual, no hay evidencia convincente de los CEM de los teléfonos celulares sean perjudiciales. [9] En verdad, como lo sugiere un estudio reciente informado en el New England Journal of Medicine, si existe algún pequeño peligro de los teléfonos celulares, es el de intentar manejar un automóvil mientras se habla con uno: el estudio muestra que los conductores que usan teléfonos celulares tienen un riesgo cuatro veces mayor de tener un accidente que los conductores que no usan teléfono al conducir. [13]

Referencias

1. Wertheimer N, Leeper E., “Electrical wiring configurations and childhood cancer,” Am J Epidemiol. 1979; 109:273-284.
2. Conkling W., “Shocking charges,” American Health. Mayo 1993:50-55.
3. Savitz DA, Pearce NE, Poole C., “Methodological issues in the epidemiology of the electromagnetic fields and cancer,” Epidemiol. Rev. 1989; 11:59-78.
4. Elmer-Dewitt P., “Dialing 'P' for panic,” Time, Febrero 8, 1993:56.
5. “Call at your own risk,” 20/20 [programa de televisión]. ABC News, Transcript #1305, Enero 29, 1993.
6. Moore M., “Jury still out on safety of cellular technology,” PC Week. Febrero 15, 1993.
7. Ziegler B., “Remember the cellular-phone scare'?,” Business Week. Julio 19, 1993:83.
S. The cellular phone controversy. CNN Maneyline. [programa de televisión]. Transcript #828. Febrero 2, 1993.
9. Center for Devices and Radiological Health, Food and Drug Administration. “Center addresses cellular phone issues,” Radiologicul Health Bulletin. Primavera 1993; 22724.
10. Graham JD, Putnam S., “Cellular telephones and brain cancer. Risk in Perspective,” Harvard Center for Risk Analysis. Junio 1995; 3:1-2.
11. International Commission on Non-Ionizing Radiation Protection (ICNIRP). “Health issues related to the use of hand-held radiotelephone and base transmitters,” Health Physics. 1996; 70:587-593.
12. Salvatore JR., “Low-frequency magnetic fields and cancer,” Postgrad Med. 1996; 100:183-190.
13. Redelmeia DA, Tibshirani RJ., “Association between cellular-telephone calls and motor vehicle collisions,” N Engl J Med. 1997; 336:453-458.


24. Percloroetileno en Escuela de Harlem, 1997

Antecedentes

El
percloroetileno – también conocido como tetra-cloroctileno y comúnmente llamado “perc”- es el principal solvente para limpieza a seco actualmente en uso. Usado por primera vez en los años 30, el perc se usa hoy solo o en combinación con otros solventes, en el 90% de las tintorerías de los EEUU. El perc es menos tóxico y menos inflamable que muchas de las alternativas para limpieza en seco, y puede ser reciclado con mayor eficiencia. [1]

Pero mientras el perc ha sido una panacea para la industria de la limpieza a seco, los activistas ambientales, funcionarios reguladores, y organizaciones pro-regulaciones de interés público no están tan complacidas con la continuidad de su uso. El Consumer Report denuncia: “Es muy posible que usted esté expuesto a algún nivel de perc simplemente por usar ropa recientemente limpiada a seco, o guardándola en su casa.” [2] Una pieza de opinión en el New York Times etiquetó al perc como “altamente tóxico” y reclamó que las autoridades de la ciudad que “retirara a todas las tintorerías de los edificios de departamentos de la ciudad.” [3]

Es cierto, los productos químicos como el perc pueden imponer riesgos a elevadas exposiciones o cuando se lo maneja de manera inadecuada. Exposiciones prolongadas a 200 partes por millón de perc puede inducir jaquecas, mareos, náusea e irritación de ojos y de piel. [1] (Una parte por millón es igual a una hoja de papel facial en una pila de papeles de la altura del edificio Empire State.) El perc, como muchas sustancias, es seguro si se maneja adecuadamente y las exposiciones son limitadas; pero puede ser peligroso si se lo maneja descuidadamente.

Aunque no se ha llegado a ningún consenso científico, la Agencia de Protección del Ambiente (EPA) ha clasificado al perc como un cancerígeno animal y lo ubica en el ”continuum” entre los probables y los posibles cancerígenos humanos. Las afirmaciones que el perc podría ser un cancerígeno humano se basan en ensayos sobre animales. Un estudio del National Cancer Institute de 1977 indicaba que el perc podría inducir cáncer de hígado en ratones pero no en ratas.
[4] Un estudio del National Toxicology Program de 1985 hechos sobre ratas y ratones de ambos sexos también concluyó que había “clara evidencia” de la carcinogenicidad animal del perc. [5] Pero mientras los resultados positivos en los tests sobre animales pueden suministrar alguna indicación de que un compuesto es potencialmente cancerígeno para los humanos, tales tests pueden no ser concluyentes.

Si las exposiciones de baja a moderadas al perc presentan una amenaza de cáncer para los humanos, se podría esperar ver un aumento de los cánceres
entre los operarios de las tintorerías – gente que está expuesta diariamente a significativas cantidades de perc en su ambiente de trabajo. Algunos estudios han encontrado un ligero aumento en las tasas de mortalidad por cáncer en los trabajadores de las tintorerías. [6,10]

Otros estudios han sugerido que este aumento puede ser el resultado de otros factores ambientales y de comportamiento tales como el hábito de fumar, status socioeconómico y uso del alcohol.
[10] En estudios donde fue posible subdividir a los operarios en grupos expuestos a distintos solventes, el ligero aumento de cánceres no fue observable en los subgrupos expuestos únicamente al perc.

En resumen, si los trabajadores de las tintorerías están en peligro por el perc, los estudios científicos aún tienen que demostrarlo. El Panel Asesor en Ciencias de la EPA ha declarado que el perc “es un ejemplo de un producto químico para el cual no existe
ninguna evidencia precisa de riesgo de cáncer humano.”
[11]

La EPA ha impuesto el límite de exposición recomendado para una semana de 40 horas, a 25 partes por millón (ppm) de perc. El Departamento de Salud del Estado de New York (NYSDOH) recomienda que el nivel aéreo del perc en un área residencial no exceda las 15 partes por Mil Millones (ppMM). – un nivel minúsculo en el que no se han observado efectos para la salud de ninguna clase. (Una parte en Mil Millones es una hoja de papel higiénico en un rollo extendido desde New York hasta Londres).

El NYSDOH no recomienda tomar acciones para reducir la exposición al perc hasta que el nivel en aire pase de las 150 ppMM. El NYSDOH hasta se anima a declarar que ”La línea de 15 ppMM no es una línea entre niveles aéreos que causan daños y aquellos que no lo hacen... Por consiguiente, la posibilidad de efectos sobre la salud es baja aún a niveles aéreos por encima de las normas. Se añade a esto que los lineamientos se basan en la suposición que la gente está constantemente expuesta al perc en el aire todo el día, todos los días, durante toda una vida.
[12]

El Miedo

Durante Junio y Julio de 1997, el aire de la P.S. 141 de la Ciudad de New York – una escuela primaria ubicada en un edificio que había albergado antes a una tintorería de limpieza a seco - fue medido para niveles de perc. En los días en que el edificio era usado para la limpieza, la maquinaria para la limpieza a seco estaba ubicada en los fondos del edificio; la escuela actual está ubicada en la parte del frente.

El consultor del dueño del edificio (una compañía llamada AKRF Incorporated) y la Autoridad de Construcción de Escuelas ensayaron el aire en habitaciones selectas de la escuela y encontraron que los niveles de perc totales estaban en o por debajo los niveles del NYSDOH de 15 ppMM. Basados en estos tests, el 19 de Agosto el New York State Department of Health liberó a la P.S. 141 para ser abierta.

Luego, el 13 de Septiembre, más de una semana después de que el año escolar de New York hubiese comenzado, se midió una vez más al aire de la P.S. 141. Esta vez se midieron seis habitaciones - y los niveles de perc en cuatro habitaciones fueron mayores que las 15 ppMM de las normas. Los niveles encontrados en tres salas fueron 16.1 ppMM, 16.8 ppMM y 19ppMM; en la cuarta sala se midieron distintos niveles de entre 16.1 y 36 ppMM.

La Reacción

El 6 de Octubre de 1997, bajo la presión de los padres y de grupos activistas, las autoridades cerraron a la P.S. 141. Las estaciones locales de TV entrevistaron a temblorosos padres y el New York Times publicó una artículo titulado ”Un alquiler tóxico”. El Times afirmaba que “los vapores de productos quimicos estaban a niveles potencialmente peligrosos” en la escuela de Harlem.
[13]

Conclusión

Entre el 30 de Junio y el 20 de Septiembre se tomaron 21 lecturas en la P.S. 141. Las lecturas se to- maron en un aula, la cafetería y en varias otras habita- ciones. Solamente cinco de las lecturas registraron niveles por encima de las 15 ppMM.
~' ~ De acuerdo a Andrew Rudko, un vicepresidente de AKRF Incorporated (la compañía que había realizado las mediciones pam el dueño del edificio), las fluctuaciones en las lecturas obtenidas en la escuela no eran sorprendentes, dada la naturaleza de los ensayos y la pequeña cantidad que se estaba midiendo. ”La precisión de los tests no es tan grande” dijo Rudko.~~ A los niveles que medían, las lecturas de perc que se estaban obteniendo podían dar un pico de aumento si una o más personas de las que estaban cerca del aire que se medía estaba usando ropa recién sacadas de la tintorería. Al momento de escribirse esto, la primavera de 1998, la P.S. 141 – un edificio renovado a un costo de $5 Millones para albergar a 500 estudiantes en un distrito plagado de sobrepoblación escolar- se mantiene cerrada. Los estudiantes de la P.S. 141, desde el jardín de infantes hasta el cuarto grado, han sido relocalizados en otras escuelas del mismo distrito, ya muy sobrepobladas. La decisión de cerrar a la P.S. 141 estaba basada en las fluctuaciones potencialmente sin sentido de las minúsculas lecturas de perc – niveles a los cuales jamás se han observado efectos adversos. Y aunque la escuela fue clausurada para el beneficio de la salud de los niños, los únicos efectos que tendrá la decisión de cerrar la escuela será en detrimento de ellos. Hay un efecto perjudicial directo en el haber desparramado a los niños de la P.S. 141 en otras escuelas superpobla- das, y un efecto perjudicial indirecto en que el dinero de los contribuyentes derrochados en este miedo podrían muy bien haber sido invertidos en algo más útil como ser la biblioteca de la escuela.

Referencias

1. International Fabricare Institute. The Facts on Perc. Silver Spring, MD. : International Fabricare Institute; Noviembre 1992.
2. This ”perc” isn't a benefit. Consumer Reports, Septiembre 1992:559.
3. Pfeifer MB. The Enemy Below. The New E'ork Times. Septiembre 5, 1992:19.
4. Bioassay of Tetrachloromethylene for possible carcinogenicity.Carcinogenesis Technical Report series No. 13, National Cancer Institute. Washington: National Institutes of Health; 1997.
5. Federal Register. (2686) enero 19, 1989.
6. Brown DP, Kaplan SD. Retrospective cohort mortality study of dry cleaner workers usin perchloroethylene. J OccupationalMed. 1987; 29(6):535.
7. Blair et al. Causes of death amonmg laundry and dry cleaning workers. Am J Publ Health. 1968; 69:508-511.
8. Katz et al. Female laundry and dry cleaning workers in Wisconsin: a mortality analysis. Am J Publ Health. 19S1; 71:306-307.
9. Duh, et al. Mortality among laundry and dry cleaning workers in Oklahoma. Am J Publ Health. 1984; 74:1278-1280.
10. Blair et al. Cancer and other causes of death among a cohort of dry cleaners. British J Indus Med. 1990; 47:162-168.
11. Carta al Administrator de la EPA, William K. Reilly del Dr. Raymond Loehr, presidente, EPA Science Advisory Board, y Dr. Banard Weiss, presidente actuante, Environmental Health Committee. Agosto 16, 1991.
12. Fact Sheet: Tetnacholoedrylene (perc) in Indoor and Oukfoor Air. New York State Department of Healtk Octubre 1997.
13. Steinberg J. How a laundry in Harlem became a tainted school. The New Fork Times. Octubre 11, 1997.
14. The New York Times. Octubre 13, 1997.
15. Steinberg J. As parents sramble, Questioon Swirl over a Closed Scholl. The New 1'ork Times. Octubre 8, 1997.



25. No-Tan-Grandes Miedos Infundados

Introducción

Mientras trabajábamos preparando la tercera edición de Hecho Versus Miedos, le solicitamos a todos los 250 científicos y asesores en políticas de la ACSH que nombraran otros miedos para aumentar nuestra lista original de 20. Las nominaciones fueron muchas y variadas, pero tuvimos que dejar afuera a muchas porque no adherían totalmente a nuestra definición de un gran miedo infundado sobre la salud: “un miedo que en su momento recibió una gran atención del público y siguió su propio curso para cerrar en términos de una respuesta pública y reguladora.” Pero, aunque estos miedos desechados no produjeron el grado de furor o histeria de los medios característicos de los
“grandes miedos infundados”, estos miedos requieren, sin embargo, nuestra consideración.

Estos
“miedos-no-tan-grandes” son importantes porque contribuyen a que comprendamos por qué aparecen los miedos sobre la salud, ya sean grandes o pequeños. En esencia, estos no son “grandes miedos sobre la salud” porque no crecieron hasta un pico máximo de histeria – como sucedió, por ejemplo, en caso del Alar. En su lugar, estos miedos entran y salen de la conciencia pública, avanzando y retrocediendo con poca fanfarria o sino retumbando sordamente a un nivel bajo y constante, siempre vistos con incomodidad y sospechas por segmentos del público, pero rara vez haciendo erupción en los titulares. Los “miedos-no-tan-grandes” que discutiremos de manera breve en esta sección incluyen la fluoración del agua comunitaria, la irradiación de alimentos, y el uso de la somatotropina bovina (bST) en la producción de la leche.

Fluoración del Agua Comunitaria

En 1945, Grand Rapids, Michigan, se convirtió en la primera ciudad de los EEUU en fluorar la provisión pública de agua potable. Se había descubierto que el flúor – un mineral que se da naturalmente en casi todos los alimentos y en las fuentes de agua - ayudaba a que los dientes resistiesen las caries e impulsaban la reparación de las etapas iniciales de la caries, antes de que éstas se hagan visibles. Pero aún en estas fechas tan tempranas surgieron vocingleros grupos en la nación, cuyo único fin era el de luchar contra la fluoración. Los
anti-fluoridacionistas sostienen que la fluoración es insegura, inefectiva y/o costosa.

Afirman que la exposición al agua fluorada incrementa el riesgo del público de contraer SIDA, cáncer, síndrome de Down, enfermedades coronarias, renales, osteoporosis y muchos otros problemas de salud. Durante los años, las tácticas usadas por los anti-fluoridacionistas han incluido atraer la atención de los medios de difusión, realizando manifestaciones a nivel del gobierno local, haciendo lobby en las agencias de la salud pública y lobby en el Congreso de los Estados Unidos.

La cantidad de flúor que se le añade al agua pública es minúscula: los niveles de flúor en los Estados Unidos se ajustan a una parte de flúor por cada un millón de partes de agua. El abrumador peso de la evidencia científica de cientos de trabajos validados confirman la seguridad y efectividad de la fluoración del agua.
[1]

En 1996, el Dr. Luther L. Terry, entonces Surgeon General (Ministro de Salud) de los EEUU describió a la fluoración del agua como “una de las cuatro grandes y masivas medidas preventivas de la salud de todos los tiempos”
[2], siendo las otras tres la puri6cación del agua, la pasteurización de la leche y el desarrollo de las vacunas para inmunización contra las enfermedades.

Hoy, a pesar de estos descubrimientos, y a pesar de la larga historia de seguridad de la fluoración, los anti-fluoridacionistas continúan provocando el temor del público. Sin embargo, sus esfuerzos han disminuído sensiblemente en los últimos años. Los lobbies anti-fluoridacionistas son virtualmente inexistentes ya sea a nivel estatal o federal, y la mayoría de las iniciativas fluoridantes tienen éxito. Por ejemplo, en 1995, a pesar de los esfuerzos de los antifluoridacionistas, en California se promulgó una ley obligatoria para la fluoración del agua en todo el estado.

La controversia sobre la fluoración del agua se puede resumir en una cita del Consumer Report de 1978: ”La verdad más simple es que no hay 'controversia' científica sobre la seguridad de la fluoración. La práctica, es sana, económica y beneficiosa. La supervivencia de esta falsa controversia representa, en nuestra opinión, uno de los mayores triunfos del charlatanismo sobre la ciencia en nuestra generación.”

Irradiación de Alimentos

La Administración de Alimentos y Drogas de los EEUU (FDA) aprobó la irradiación de alimentos en 1963 para el control de insectos en trigos y harinas. En 1983, la FDA extendió su aprobación al uso de la irradiación para el control de insectos y microorganismos en especias, hierbas y alimentos deshidratados derivados de vegetales. El proceso fue aprobado también para controlar al parásito Trichinella en los cerdos (causante de la triquinosis), en 1985; para prevenir el brote post-cosecha de la papa almacenada y para el control de insectos y maduración en frutas y verduras en 1986; y para la destrucción del la bacteria salmonella en pollos de consumo, en 1992. Finalmente, la FDA aprobó a la irradiación para controlar a la bacteria E.colli y otros agentes infecciosos en las carnes rojas.

La irradiación de alimentos – un proceso por el cual los alimentos son tratados con radiación ionizante - pueden mejorar tanto la variedad como la seguridad de los alimentos que ingerimos y pueden ayudar a reducir la incidencia de enfermedades producidas por la ingestión de comidas. Adicionalmente, la irradiación puede ser usada a dosis menores que las usadas para esterilizar alimentos, para pasteurizar productos alimenticios. La irradiación permite demorar el daño a productos altamente perecederos como el pescado fresco y los mariscos, destruir o disminuir notablemente la cantidad de bacterias causantes de enfermedades y parásitos en las carnes y pollos, impedir el florecimiento de la papa y la cebolla, y extender la vida de estantería de frutas como los mangos y las frutillas.

La irradiación de los alimentos a dosis de pasteurización tiene poco o ningún efecto sobre el sabor de los productos. Más de 50 años de investigación científica han establecido que la irradiación de alimentos para minimizar las enfermedades y disminuir el desperdicio es seguro y es efectivo. Cuarenta países en el mundo han aprobado ya algunas aplicaciones de la irradiación, y alimentos irradiados se comercializan en 27 países. En Japón, se irradian de 15.000 a 20.000 toneladas de papas anuales para impedir que se arruinen debido al florecimiento de brotes.

A escala mundial, cerca de 20.000 toneladas de especias y verduras secas irradiadas se usaron en 1992. Tanto la OMS
[3] cuanto la FAO (Organización de Agricultura y Alimentos de las Naciones Unidas[4]) han aprobado la irradiación de numerosos alimentos. En los EEUU, la Asociación Médica Americana[5], la Asociación Dietética Americana [6], y el Instituto de Tecnología de Alimentos[7] han recomendado el uso de la irradiación para suplementar otros métodos de salvaguardar el abastecimiento de alimentos.

A pesar de este extendido apoyo a la irradiación por parte de gobiernos y agencias de la salud, la gradual aprobación de la FDA se obtuvo sólo después de arduas batallas contra los activistas antinucleares. Uno de los oponentes más acérrimos de la irradiación ha sido Michael Jacobson, director ejecutivo del Centro de Ciencia para el Interés Público (CSPI). Jacobson ha declarado ”si bien que la irradiación mata bacterias, involucra el uso de materiales inherentemente peligrosos e impone sus propios riesgos a operarios, el ambiente y los consumidores.”

Al contrario que tales afirmaciones, los alimentos adecuadamente irradiados
no son ni tóxicos ni radioactivos. No se ha identificado ningún subproducto propio del proceso de irradiación en alimentos procesados bajo las condiciones aprobadas por la FDA. Los subproductos producidos por la irradiación son los mismos que se encuentran en los alimentos procesados por otros medios, tales como el enlatado y el cocinado. La seguridad de la irradiación ha sido estudiada de manera más extensa que cualquier otro método de preservación de alimentos. [8]

Más aún, el proceso de la irradiación no impone riesgo alguno para los trabajadores de las plantas de irradiación o a los residentes donde están ubicadas dichas plantas. Durante más de 30 años se han venido esterilizando insumos médicos y drogas por medio de la irradiación efectuada en 30 a 50 plantas de irradiación en los EEUU. Este programa de esterilización ha sido sumamente exitoso, y no hubo accidentes debido al proceso de irradiación.

A pesar de la vigorosa resistencia de los grupos activistas de la anti-irradiación, la última valla para la aceptación de la irradiación fue salvada en 1997 cuando la FDA extendió su uso para las carnes rojas. Los activistas pueden haber alarmado a los consumidores en el pasado, pero la creciente aceptación de la irradiación por parte de tantas agencias de salud y del gobierno ha servido para dar seguridad al público de hoy. con esta barrera detrás nuestro, es muy probable que el clamor contra la irradiación de alimentos se disipe gradualmente.

El Caso de la Somatotropina Bovina (bST)
en la Producción de Leche

La
somatotropina (bST) es una hormona natural que estimula la producción de leche. A principios de los años 90, compañías de biotecnología comenzaron a producir una versión genéticamente manipulada del bST. [9] El 5 de Noviembre de 1993, la FDA aprobó a la bST genéticamente manipulada para uso comercial en los EEUU. Tratando a las vacas de tambos con esta hormona se incrementa la producción de leche en un 20%, y no se ha encontrado ninguna diferencia entre la leche de las vacas tratadas con bST y vacas sin tratar.

La hormona bST no tiene efectos adversos para las vacas tratadas, y tanto la leche como la carne de las vacas tratadas con bST son sanas y seguras para el consumo humano. Científicos en todas partes del mundo – trabajando en Academias, gobiernos y en la industria lechera - han conducido más de 2000 estudios científicos del bST. Los estudios mostraron claramente la eficacia, la seguridad y los beneficios que se pueden lograr integrando al bST a la tecnología de la producción lechera. Para poner un alto a la desinformación acerca del bST, la misma FDA – en un movimiento sin precedentes- auspició un articulo en 1990 en la revista Science declarando que la bST era perfectamente segura.
[10]

Sin embargo, a pesar de la información científica y la probada eficacia del bST, la oposición se generó. Un día antes de comenzar la venta de leche de vacas tratadas con bST, activistas del consumo, vestidos como vacas, derramaron leche para protestar contra el uso del bST. Jeremy Rifkin, el presidente de la Fundación de Tendencias Económicas, presentó vigorosas objeciones contra la introducción del bST. A causa de que Rifkin no pudo presentar a la FDA, a la EPA y a otros grupos científicos, un caso convincente en contra del bST, él decidió llevar el caso directamente al público.

Rifkin y otros usaron a la prensa popular para hacer cargos infundados de que el uso del bST incrementaría la incidencia de enfermedades resistentes a los antibióticos y aumentar el riesgo de los bebedores de lecha para desarrollar alergias. Ninguna de estas afirmaciones son ciertas, por supuesto.

Como todas las demás proteínas vegetales y animales de la dieta humana, el bST es destruido durante el proceso de la digestión. Por lo tanto no tiene ningún efecto sobre la gente que la consume. Todavía más, la bST es inactiva en los humanos, aún cuando es inyectada: la hechura de la somatotropina
bovina es significativamente diferente de la somatotropina humana, y las células humanas no pueden reconocer o reaccionar con la somatotropina bovina. [11]

Recientemente, la atención de los activistas se ha vuelto hacia el Factor de Crecimiento Símil Insulina (IGF-I), una hormona proteica. Esta hormona, que es estimulada por la bST que ocurre normalmente, convierte a los nutrientes en leche. Tanto los humanos como las vacas poseen IGF-I. Aunque un suplemento de bST aumenta los niveles de IGF-I en la leche de las vacas tratadas, tratando a las vacas con la hormona aumenta el nivel de IGF-I en su leche solamente de dos a cinco partes por mil millones más que lo que ocurre de manera normal en las vacas sin tratar.

El temor a un aumento de los niveles de IGF-I en la leche ha conducido, realmente, a un terror porque cl IGF-I, los estrógenos y los organoclorados en la leche han sido conectados al cáncer de mama.
[12] Sin embargo, la FDA ha desechado estos temores y ha declarado que la a6rmación que sostiene que la leche con IGF-I promueve el cáncer de mama carece de bases científicas. [10]

A pesar de todas las evidencias científicas y de la aprobación del bST por parte de la FDA, los terrores centrados en el uso de la hormona en la producción de leche parece que continuará a causa de la aprensión que tiene el público por el uso de la biotecnología en el mejoramiento de los alimentos. Esta incomodidad continuada está evidenciada en la etiqueta de cada envase de helados Ben & Jerry's – un etiqueta que declara el compromiso de la compañía con el uso de “ingredientes naturales” y mostrando su desaprobación por el uso del bST en la leche vacuna.

Conclusión

La preocupación pública acerca de estos tres
“no tan grandes miedos” – fluoración, irradiación y bST- no llegaron a un gran pico de ansiedad. Pero la existencia de estos miedos “menores” pone en evidencia el temor generalizado del público norteamericano a lo que no es familiar – un miedo difícil de extirpar. Y los traficantes del terror siempre tratan de explotar esta situación – el vago sentimiento de dudas que la gente muestra normalmente en respuesta a las tecnologías poco familiares y a las innovaciones científicas.

Por desgracia, las consecuencia de estas tácticas del terror son dobles: Se derrocha mucho tiempo, esfuerzo y dinero en refutar las falsas afirmaciones de los catastrofistas; y el juego de los activistas de la carta del terror demora y pospone los beneficios que estas nuevas tecnologías y procesos tienen para ofrecer. Por ejemplo, el temor público sobre la irradiación demoró su uso para la pasteurización de los productos de la carne en los EEUU – a pesar de que el proceso mata a la bacteria E. coli y podría haber impedido las enfermedades de la comida y las muertes que precedieron al retiro del mercado de 25 millones de libras de carne, por parte de Hudson Food, en el verano de 1997.

Por ello, aunque los activistas están montando campañas para intentar convencer al público de que el incrementado uso de productos químicos y nuevas tecnologías están aumentando sus riesgos para la salud, la evidencia científica demuestra que la tecnología está, de hecho, ayudando a que el mundo sea un lugar mejor y más seguro.

Referencias

1. Bulletin of the World Health Organization. 1983; 61(5):871- 883.
2. Terry LL, The Fourth Great Preventive Measure. Public Health Service Publication No. 1552, Washington DC: Government Printing Office; 1966:4.
3. World Health Organization. Safety and Nutritional Adequacy of Irradiated Food. World Health Organization.; 1994.
4. Joint FAO/WHO/IAEA Expert Committee. Wholesomeness of Irradiated Food. Report No. 659. Geneva: World Health Organization.; 1981.
5. Lee P., “Irradiation to prevent foodborne illness,” JAMA. 1994; 272(4):261.
6. Bruhn CM, Wood OB., “Position of the American Dietetic Association: food irradiation,” JADA. 1996; 96(1):69-72.
7. “Radiation preservation of foods,” Chicago IL: Institute of Food Technologists; 1983.
8. World Health Organization. Food irradiation-Sky's the Limit,” Geneva: WHO Press Release. Septiembre 19, 1997.
9. Grossman CH., “Genetic engineering and the use of bovine somatotropin,” JAMA. 1990; 264(8):1028.
10. Juskevisch JC, Guyer CG., “Bovine growth hormone: human food safety evaluation,” Science. 1990; 249:875-884.
l 1. National Institutes of Health. Office of Medical Applications of Research. Bovine somatotmpine: Technology Assessment Conference Statement. Office of Medical applications of Research; 1991:16.
12. National Milk Producer
(s Federation. Breast Cancer Scare. Junio 24, 1997.

Conclusiones

¿Qué lecciones podemos aprender de los incidentes mencionados más arriba? Primero, que muchos de los terrores están impulsados por el “principio de precaución”: ”Donde existan amenazas de serios o irreversibles daños ecológicos, no se deberá usar a la falta de certeza científica como una razón para posponer medidas de costo-eficiencia para prevenir la degradación.” [1] Por lo tanto, frente a información científica incompleta o negativa, se toma la acción “para estar del lado seguro” – el asunto de los teléfonos celulares es un buen ejemplo de esto. Pero el problema de aplicar el principio de precaución es que – como en el caso de muchos de los terrores discutidos en este informe - hasta la falta de evidencia puede ser considerada como “falta de certeza científica.”

Más todavía, muchos de estos terrores involucraban la extrapolación de efectos en animales de laboratorio expuestos a dosis extremadamente elevadas del agente químico en cuestión, o la detección de minúsculas cantidades de contaminantes en el ambiente a niveles que no representan ningún riesgo para la salud humana. Los terrores tendían a hacer foco sobre los productos fabricados por el hombre en vez de las sustancias que ocurren de manera natural; y las acciones tomadas como respuestas a los terrores eran impulsadas no por la magnitud relativa del presunto riesgo, sino por la percepción pública de la importancia del producto cuestionado en la vida diaria de los consumidores. (De aquí la diferencia en la respuesta pública a la prohibición de los ciclamatos y la prohibición de la sacarina.)

No debemos permitir que la distracción de amenazas puramente hipotéticas nos hagan perder de vista los peligros conocidos o altamente probables. En una sociedad racional tecnológicamente avanzada como la nuestra, deberíamos estar haciendo decisiones en base a lo que conocemos –
y no en base a lo que tememos.

Finalmente, se le da muy poca consideración a si las medidas que se toman son realmente efectivas en relación a su costo; al enfocar dinero y esfuerzos en un problema trivial o inexistente corremos el riesgo de distraer recursos limitados de los problemas que si imponen riesgos reales y significantes a la salud pública. Por ello, es pertinente que no actuemos inmediatamente y de manera irreflexiva frente a cada una de los miedos hipotéticos que se presentan.

Para terminar, considérense los siguientes ítems periodísticos, que fueron citados en una declaración pronunciada por la Dra. Elizabeth Whelan en el National Press Club, el 20 de Febrero de 1992 (el tercer aniversario del terror del Alar):
“La fruta contaminada impone riesgo de cáncer [el mensaje implícito en los titulares]”. ”Los comerciantes retiraron los productos frutales de sus estantes, los restaurantes excluyeron al producto presuntamente corrupto de sus menús.” [2]

”[Funcionarios de Ohio, Chicago y San Francisco] prohibieron la venta de las frutas sospechosas. [3] Grupos ambientalistas y partidarios de la “comida pura” (que incluían a una famosa artista de cine) “sostienen que los residuos químicos en los productos agrícolas son una amenaza para la salud.” [4]

Todas estas citas aparecieron en el New York Times entre el 11 y el 22 de Noviembre de 1959. La fruta en cuestión no eran las manzanas, sino los arándanos. La sustancia química preocupante no era el regulador de crecimiento Alar, sino el herbicida aminotriazole. La estrella de cine no era Meryl Streep, sino Gloria Swanson. Entonces sólo nos queda suspirar, encogernos de hombros y refunfuñar, Plus ca change, plus c'est la meme chose (mientras más cambian las cosas, más permanecen iguales).

Esperemos que no. Tengamos la esperanza de que el público norteamericano esté más conciente de la veracidad de los ”terrores” hipotéticos; que la gente sea capaz de considerar los hechos en lugar de los titulares de los medios de prensa; y que la próxima vez que un terror haga su aparición sobre el horizonte, pondrán a los hechos –
y a los medios de prensa - en la perspectiva adecuada.

Referencias

1. United Nations Conference on Environment and Development. (UNCED). Declaración de Río, Río de Janeiro, Brasil: UN 1992 (Principio 15).
2. “Cranberry crop facing huge loss,” The New York Times. Noviembre 11, 1959:1.
3. “Cranberry crop”.
4. “Pesticide scare worries manufacturers,” The New York Times. Noviembre 22, 1959:1.


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