HECHOS VERSUS MIEDOS:
UNA REVISION DE LOS MAYORES E INFUNDADOS MIEDOS
SOBRE LA SALUD EN LOS TIEMPOS RECIENTES

(PÁGINA 4)

Por ADAM J. LIEBERMAN (1967-1997) SIMONA C. KWON, M.P.H.

Traducción de Eduardo Ferreyra


CONTENIDO
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17. Alar, 1989
18. Cobertores eléctricos, 1989
19. Terminales de Video, 1989
20. Benceno en el Agua Perrier, 1990
21. Mercurio en amalgamas dentales, 1990




17. Alar, 1989

Antecedentes

”Alar” era la marca de fábrica del daminozide, un regulador de crecimiento para la maduración de las manzanas desarrollado a principios de los '60. Se había creado para impedir la caída prematura de las manzanas y su descomposición antes de la cosecha. El Alar pasó dos años de ensayos de carcinogenicidad de la FDA y se aprobó como seguro en 1968.

Un estudio de 1973 mostró que el UMDH, un subproducto del Alar, causaba tumores de vasos sanguíneos, de pulmón, y de riñón en ratones. Un estudio subsecuente de la EPA declaró que estaba errado porque los ratones habían sido tratados con una dosis tan elevada de UMDH, que la Máxima Dosis Tolerada (MDT) había sido excedida en una magnitud de ocho veces, y que la toxicidad de dicha dosis podía haber provocado los tumores. [1] (Para cualquier sustancia, no importa cuán benigna sea, existe una dosis máxima tolerada por encima de la cual la sustancia provocará daños a los tejidos, sólo por su alta concentración. [2] Los actuales lineamientos usados para conducir bio- ensayos para efectos cancerígenos especifican que la dosis máxima ensayada no puede superar a la máxima dosis tolerada.)

Subsecuentes ensayos conducido por el National Cancer Institute en 1978 y por la EPA en 1986 no consiguieron probar que el Alar fuese cancerígeno. [3] Sin embargo, la EPA insistió en más tests – ensayos donde las ratas se les dieron dosis de cuatro a ocho veces mayores que la MDT, [2] o 133.000 a 266.000 veces más que la dosis diaria de UMDH estimada para los niños de edad preescolar. [4]

Para ponerlo de una manera diferente, para conseguir este grado de exposición, un niño de edad escolar debería beber 19.000 litros de jugo de manzana por día, durante su vida entera. [5]

A una dosis cuatro veces mayor que la MDT, un ratón – de un grupo de 45 - desarrolló un tumor benigno de pulmón. Al nivel de ocho veces la MDT (cercano al del desacretado estudio de 1973), 11 de 52 ratones desarrollaron tumores benignos y malignos. Desafortunadamente para el resto de los ratones del experimento, el 80 por ciento murió por toxicidad, y no por cáncer. La EPA reconoció que el estudio pudo estar comprometido por causa de las altas dosis, pero sin embargo concluyó que el Alar imponía un riesgo de 45 cánceres por cada millón de seres humanos expuestos. La agencia ordenó a la Uniroyal, fabricante del Alar, su prohibición de uso para el 31 de Julio, 1990.

El Miedo

Esta prohibición gradual no le satisfizo al NRDC (Natural Resources Defense Council), que había estado reclamando la prohibición del Alar durante años. Entonces, el 26 de Febrero de 1989, más de 50 millones de norteamericanos vio en el programa de noticias 60 Minutos, de la CBS, un segmento llamado ”A is for Apple” (M es de Manzana...) donde se etiquetaba al Alar como ”el más poderoso causante de cáncer en nuestro suministro de alimentos” y lo señaló como un causante de cánceres en la niñez. [3] La fuente para tales afirmaciones era un informe del NRDC titulado “Riesgo Intolerable: Pesticidas en los Alimentos de Nuestros Hijos”, que la NRDC había liberado de manera exclusiva para la CBS, con la ayuda de Fenton Communications, una firma de relaciones públicas contratada para coordinar los esfuerzos. [2]

La Reacción

Fenton y el NRDC alcanzaron su objetivo de hacer que “la historia del Alar tuviese su vida propia” más allá del sueño más descabellado. Durante los días siguientes a la emisión de 60 Minutos, las denuncias del informe del NRDC fueron repetidas por casi todas las mayores y más importantes fuentes de información impresa, radial y televisiva de todo el país. Fenton enlistó además a una actriz de perfil alto – la actriz Meryl Streep y a la esposa del hombre de las noticias Tom Brokaw, quienes formaron un grupo llamado ”Madres y Otros Para Limites a los Pesticidas.” [6]

La reacción del público estuvo al borde de la histeria. Un consumidor llamó al International Apple Institute para preguntar si era seguro descartar el jugo de manzana por el resumidero de la cocina, o si era necesario llevarlo a un repositorio para desechos tóxicos. Una madre envió a los patrulleros estatales a la caza de un ómnibus escolar para que secuestraran la fruta prohibida que su hijo estaba llevando a clase. [7] Fenton y el NRDC recibieron un bono extra cuando la FDA anunció que algunas uvas de Chile estaban contaminadas. Aunque las uvas chilenas no tenían nada que ver con el Alar, el incidente llenó la atmósfera en general de pánico. [8]

Sin embargo, no todo el mundo se unió al coro de alarmistas. Muchos reporteros científicos cuestionaron la metodología de los estudios sobre los que la EPA y el NRDC habían basado sus conclusiones. Hasta algunas otras agrupaciones ecologistas (tal como el Environmental Defense Fund) declararon que la información del NRDC no era concluyente. Y pocos días después de la emisión del informe de 60 Minutos, el Consejo Nacional de Investigaciones declaró que ”no hay evidencias de que los pesticidas o las toxinas naturales en los alimentos contribuyan significativamente al riesgo de cáncer en los Estados Unidos”. [9]

En un paso desusado, 60 Minutos dedicó una segunda emisión al tema. Fueron presentados numerosos críticos del programa anterior – incluyendo a la presidenta del ACSH, Dra. Elizabeth Whelan. Pero el corresponsal Ed Bradley, de 60 Minutos, pasó la mayor parte del programa impugnando los motivos de los críticos, sugiriendo que estaban influenciados por la industria química. [10]

Finalmente, bajo la presión de los plantadores de manzanas – que estaban sufriendo pérdidas, usaren o no el Alar - Uniroyal retiró al Alar del uso sobre productos consumibles en Junio de 1989. [11] Cuando la polvareda se asentó, los productores de

manzanas habían perdido unos $250 millones. Los procesadores de manzanas habían perdido $125 millones adicionales. Algunos granjeros que habían tenido sus granjas durante generaciones las perdieron en la quiebra. Y el contribuyente norteamericano también perdió: el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos hizo una compra de emergencia de las manzanas sobrantes por $15 millones. [12]

Este fue el fin del Alar, pero no fue el fin de la historia. Desde 1989 se ha continuado enfrentado al NRDC y a la EPA una corriente de críticas proveniente de científicos independientes y de autoridades científicas. En Gran Bretaña, un grupo nombrado por el Parlamento se negó a prohibir al Alar, declarando que, al revés que la EPA, ”nosotros no siempre hacemos la suposición de que la información sobre animales pueda ser transferible al hombre ”, o que las respuestas a las dosis altas puedan predecir respuestas a dosis bajas. [13] Un panel de científicos de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización de Agricultura y Alimentos de la ONU también llegaron a la conclusión de que el Alar no era oncogénico (causante de tumores) en los ratones. [2]

En los años subsiguientes, la campaña anti-alar ha sido criticada desde las páginas editoriales de la revista Science (que comparó a las acciones del NRDC con las de un estafador) [14] ; por el ex Surgeon General, C. Everett Koop, [15] el presidente de la Campaña Nacional para Niños Seguros; y por el Consejero Médico Senior de la American Medical Association. [16]

En un artículo de 1993 de la revista ECO, el reportero del New York Times, Keith Schneider, un veterano del movimiento ecologista, describió al informe sobre el Alar como “de plausibilidad aparente” y como no teniendo “mucha evidencia científica”. [17]

Hasta la misma EPA – aunque atada por la definición de cancerígenos de la cláusula Delaney y, por consiguiente imposibilitada de rever su juicio sobre el Alar- dio a publicidad un nuevo análisis toxicológico a fines de 1991 que mostraba que el Alar era sólo la mitad de potente que lo que las estimaciones anteriores indicaba . [18]

El NRDC siguió defendiendo su acción, haciendo notar que la Suprema Corte había rehusado recientemente escuchar una apelación a una demanda de difamación interpuesta por los criadores de manzanas del estado de Washington contra la CBS, el NRDC y Fenton. [19] Sin embargo, la negativa de la Corte se ha- bía basado en la conclusión que, mientras la EPA mantuviese al Alar como cancerígeno, el informe de la CBS no podría ser considerado falso. [2]

El Alar ha sido demasiado estigmatizado como para hacer jamás su retorno al mercado, pero no hay dudas de que la percepción del público ha cambiado desde 1989. El clima ha cambiado hasta el punto donde un escritor del Columbia Journalism Review se quejó recientemente de la continuada atención que se le da a las denuncias que exponen las falsas alegaciones del NRDC contra el Alar. El artículo del CJR aducía que esto se debía a “una concertada campaña de desinformación por parte de grupos industriales.” [20] pero lo hizo sin dar ningún ejemplo de cómo los críticos de la campaña anti-Alar estaban errados, o cómo los “grupos de la industria” eran responsables de hacer notar las inexactitudes científicas de la campaña anti- Alar.

El artículo del Columbia Journalism Review estaba en lo cierto, sin embargo, al hacer notar que los medios de comunicación se habían vuelto más circunspectos a la hora de dar una publicidad extendida a cualquier “miedo” sobre la salud sin antes consultar con los científicos más importantes. Para citar un ejemplo reciente, Nuestro Futuro Robado, - un libro alarmista que denuncia que los compuestos clorados en el ambiente imponen un grave riesgo para la salud de los humanos - fue publicado en la primavera de 1996. El lanzamiento del libro fue manejado con asistencia en relaciones públicas de Fenton Communications. La mayoría de los informes de los medios de prensa sobre Nuestro Futuro Robado incluían la visión escéptica de muchos científicos sobre lo alegado en el libro, haciendo notar, de paso, las actividades de Fenton Communicationes durante la campaña anti-Alar.” [21]

Conclusión

El efecto de la pérdida del Alar todavía se sigue sufriendo en las huertas de manzanas. Los granjeros desde Ohio hasta New Hampshire están informando de la disminución de sus cosechas y, de manera irónica, la necesidad de usar pesticidas adicionales para permitir que los árboles retengan a la fruta. [22]

Y el Alar sigue viviendo como un símbolo: un símbolo, primero, de un modelo de val Alar sigue viviendo como un símbolo: un símbolo, primero, de un modelo de valoración de riesgos que está bajo creciente crítica de los científicos por no tener relación alguna con los reales riesgos de cáncer de los humanos y, segundo, de la manipulación de los medios de prensa por grupos de interés que actúan a contramano del consenso de la principal corriente científica. El residuo de la campaña anti-Alar fue también un golpe a la premisa ”el ratón como un hombre pequeño.” A medida de que el público fue siguiendo la historia del Alar, aprendió a conocer las bases para las estimaciones de riesgo usadas por el gobierno – y comenzó a darse cuenta de la muy pobre manera en que esos tests realmente predicen los riesgos de cáncer. De manera más general, muchos consumidores comenzaron a tornarse escépticos acerca de los incontables miedos de la salud que brotaban casi todos los días en los medios de comunicación.

Referencias

1. Craigmill AL. “Ethylene dibromide and methyl bromide,” Environmental Toxicology Newsletter. 2(1); Agosto 1981.
2. Wong LC, et al. “Carcinogenicity and toxicity of l p-dibro-methane in the rat,” Toxicol Appl Pharmacol. 1982; 63(2):1Ó5-165.
3. Gold LS, et al. «Rodent carcinogens: setting priorities,” Science. 1992; 258:261-265.
4. “Pesticide scare laid to communication gap,” The New York Times. Marzo 12, 1985:A18.
5. “Ban on pesticide is weighed by the U.S.,” The New York Times. Febrero 3, 1984: l.
4. Marshall E. “A is for Apple, Alar and... Alarmist?,” Science, 1991; 254:20-22.
5. Whelan E, Stare GJ. “Panic in the Pantry,” Buffalo, NY: Prometheus Books; 1992:4
6. Whelan E. “Toxic Terror.”, 2nd ed. Buffalo, NY. Prometheus Books, 1993:189-190.
7. Panic in the Pantry. 1992;2
8. Toxic Terror:190
9. Washington Post. Marzo l, 1989.
10. Toxic Terror:191-194.
11. Toxic Terror:198.
12. Rice J. Discurso a la Sociedad de Horticultura de Virginia, por el presidente de International Apple Institution. Enero 1990.
13. “Evaluation on Daminozide,” U.K. Ministry of Agriculture, Fisheries and Food, Pesticides Safety Division; 1989.
14. Koshland DE., “Credibility in science and the press,” Science. 1991; 254:629.
15. Koop CE. Carta a Elizabeth M. Whelan, Diciembre 20, 1991.
16. American Medical Association. Council on Scientific Affairs. Report of the Council on Scientific Affairs; diet and cancer: where do matters stand? Arch Intern Med. 1993; 153:50-56.
17. Schneider K., “A policy that set the world standard goes off track,” ECO. Junio, 1993:17-22.
18. Marshall E., “A is for Apple, Alar and... Alarmist?,” Science, 1991; 254:20-22.
19. Carta al Editor, Wall Street Journal. Marzo 29, 1996.
20. Negin E., “The Alar 'scare' was real,” Columbia Journalism Review. Septiembre-Octubre 1996:13-15.
21. Para un ejemplo, ver: “Clamorous pro and con campaign heralds book's launch,” Wall Street Journal. Marzo 7, 1996:b1.
22. Toxic Terror:194-196.
1. Rosen J., “Much ado about Alar,” Issues in Science and Technology, 1990; 7:85-90.
2. Smith K. “Alar Five Years Later,” New York: American Council on Science and Health; 1994.
3. Winter C, Cmigmill A, Stimmann M. NRDC report and Alar. Environmental Toxicology Newsletter. 9(2); Mayo 1989.


18. Mantas eléctricas, 1989

Antecedentes

La tecnología usada para fabricar mantas eléctricas – diseñada por primera vez por General Electric a mediados de los años 40 - estaba adaptada de la usada para fabricar trajes de vuelo “eléctricamente calientes” para los aviadores de la Segunda guerra Mundial. [1] La exposición a los CEM (Campos electromagnéticos) es ubicua en las sociedades modernas; la exposición pública total a los CEM incluye usos residenciales, ocupacionales y de utensilios. Las mantas eléctricas (al igual que otros utensilios eléctricos), son fuente de exposición a los campos magnéticos residenciales. A pesar del substancial acuerdo entre la comunidad científica de que los efectos de los CEM aún no están probados, [2] la ansiedad pública persiste. Las mantas eléctricas han estado bajo un escrutinio particular debido a que, a diferencia de otros utensilios, están en estrecho contacto con cl cuerpo durante extensos períodos de tiempo.

El Miedo

El primer informe sobre una posible relación entre la mortalidad por cáncer infantil y las líneas de alto voltaje de áreas residenciales – un informe que sugería elevados niveles de CEM - apareció en 1979. [3] Entonces, en 1989, Consumer Reports, notando las incertidumbres que rodeaban a la exposición a los CEM, recomendó que los niños y las mujeres embarazadas evitasen usar mantas eléctricas y cobertores para colchones y los reemplazaran por calentadores o bolsas de agua caliente. Un estudio de 1990 agregó al desconcierto cuando investigadores informaron haber descubierto un modesto aumento del riesgo de cáncer infantil en relación al uso que hizo la madre durante el período de gestación y, en una escala menor, el uso de las mantas eléctricas por parte de los niños. [4]

La Reacción

Después de haberse mantenido estables durante muchos años, las ventas de mantas y cobertores eléctricos descendieron un 11%, hasta 5 millones de unidades en 1989. [1] Dieciocho congresistas, respondiendo a la ansiedad de sus representados, pidieron que las mantas eléctricas fuesen etiquetadas como peligrosas para niños y mujeres embarazadas. Como resultado de ello, actualmente todas los fabricantes de mantas eléctricas de los Estados Unidos incluyen advertencias en sus productos, aconsejando que no se les permita a los niños el uso de mantas eléctricas.

Conclusión

Estudios subsecuentes sobre ocurrencia de tumores cerebrales y su relación con cobertores eléctricos no han apoyado al estudio de 1990. [5-7] Un estudio a gran escala, realizado por muchos centros de investigación en 1996 no encontró evidencia que apoye una relación entre ocurrencias de cáncer de cerebro en los niños y la exposición a los CEM provenientes de mantas o cobertores eléctricas o calentadores de colchones de agua. [8] Agregado a esto, el estudio de 1996 demostró que el uso maternal de mantas eléctricas y colchones de agua calentados no estaba asociado con un subsecuente riesgo de tumores cerebrales en niños. Un estudio a gran escala conducido por el National Cancer Institute y publicado en 1998, concluye con que no es probable una relación causal entre los tumores cerebrales en los niños y los CEM de los utensilios, incluidos mantas eléctricas. [9]

Otros estudios han investigado la posible aso- ciación entre la exposición de adultos con leucemia a las mantas eléctricas, [10, 11] cáncer testicular, [12] y cáncer de mama. [13, 14] Todos estos estudios han demostrado que no existe asociación entre las mantas eléctricas y un aumento en el riesgo de cáncer. De manera adicional, se ha descubierto que no existe relación alguna entre el uso de mantas eléctricas durante el embarazo y el crecimiento del feto, [15] el riesgo de abortos espontáneos, [16] o a defectos de nacimiento. [17]

Se ha demostrado que las mantas eléctricas contribuyen con una substancial exposición a los campos magnéticos a los niños [18]; pero si la exposición a los CEM es un factor de riesgo para la ocurrencia de cáncer de cerebro, se habría encontrado alguna sugerencia de un aumento de riesgo entre los usuarios – y no se ha encontrado ninguna.

A pesar de esos descubrimientos alentadores, la industria de las mantas eléctricas no escapó indemne. De los cuatro principales fabricantes de mantas eléctricas de los Estados Unidos, sólo se mantiene la Sunbeam-Oster como gran productor. Más aún, en respuesta a la controversia sobre los efectos de los CEM sobre la salud, los fabricantes han rediseñado sus productos. Las mantas eléctricas fueron los primeros productos de consumo que sufrieron tal cambio [1] Todos los cobertores y mantas eléctricas testeados por Consumer Reports en una reciente evaluación registraron niveles de CEM cercanos a los niveles de fondo producidos por el cableado del hogar. [19]

Actualmente se mantiene la etiqueta de advertencia, pero el peso de la evidencia científica indica que las mujeres embarazadas y los niños pueden dormir otra vez en seguridad, mientras se abmzan tiernamen- te bajo sus cobertores eléctricos.

Referencias

1. Stix G. Field Effects: A health worry for electric blanket makers. Scientific Am. Diciembre 1990:122-123.
2. National Research Council. Possible Health Egects of Exposure to Residential Electric and Magnetic Fields. Washington, DC: National Academy Press, 1996.
3. Wertheimer N, Leeper E. Electrical wiring configurations and childhood cancer. Am JEpidemiol. 1979; 109:273.284.
4. Savitz DA, John EM, Leckner RC. Magnetic field exposure from electric appliances and childhood cancer Am J. Epidemiol. 1990; 131:763-773.
5. Bunin GR, Buckley JD, Boesel CP, et al. Risk factors for astrocytic glyoma and primitive neuroectodermal tumor of the brain in young children: a report form the Children's Cancer Group, Cancer Epidemiol Biomakers Prev. 1994; 3:197-204.
6. London SJ, Thomas DC, Bowman 3D, et al. Exposure to residential electric and magnetic fields and risk of chilhood leukemia. Am J Epidemiol. 1991; 134:923-937.
7. Gurney JG, Mueller BA, Davis S, Schwartz SM, Stevens RG, Kopecky KJ. “Childhood brain tumor occurrence in relation to residential power line configurations, electric heating sources, and electric appliance use,” Am J Epidemiol. 1996; 143:120- 128.
8. Preston-Martin S, gurney JG, Pogoda JM, Holly EA, Mueller BA. “Brain tumor risk in children in relation to use of electric blankets and water bed heaters,” Am J Epidemiol. 1996; 143:116-122.
9. Hatch EE, Linet MS, Kleinerman RA, et al. “Association between childhood acute lymphoblastic leukemia and use of electrical appliances during pregnancy and childhood,” Epidemiol. 1998; 9(3):234-245.
10. Preston-Martin S, Peters JM, Yu MC, et al. “Myelogenous leukemia and electric blanket use,” Bioelectricmagnetics. 1988; 9:207-213.
11. Severson RK, Stevens RG, Kaaune WT, et al. “Acute nonlym-phocytic leukemia and residential exposure to power frequency magnetic fields,” Am J Epidemiol. 1988; 128:10-20.
12. Verreault R, Weiss NS, Hollenbach K, et al. “Use of electric blankets and risk of testicular cancer,” Am J Epidemiol. 1990; 131 :759-762.
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14. Vena JE, Freudenheim JL, Marshall JR, Laughlin R, Swanson M, Gmham S. “Risk of premenopausal breast cancer and use of electric blankets,” Am J Epidemiol. 1994; 140:974-979.
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15. Bracken MB, Belanger K, Hellenbrand K, et aL “Exposure to electromagnetic fields during pregnancy with emphasis on electrically heated beds: association with birthweight and intrauterine growth retardation,” EpidemioL 1995; 6:263-270.
16. Belanger K, Leaderer B, Hellenbrand K, et al. “Spontaneous abortion and exposure to electric blankets and heated water beds,” Epidemiol. 1998; 9;362.
17. Dlugosz L, Vena J, Byers T, Sever L, Bracken M, Marshall E, “Congenital defects and electric bed heating in New York State: A register-based case-control study,” Am J Epidemio!. 1992; 135:1000-1011.
18. Florig HK, Hoburg FJ. “Power-frequency magnetic fields from electric blankets,” Health Phys. 1990; 58:493-502.
19. “Keeping warm in bed,” Consumer Reports. Noviembre 1995:724-729.


19. Terminales de Video, 1989

Antecedentes

Las terminales de video (VDT, por Video Display Terminals), que en su mayoría se basan en la tecnología de televisión común, fueron originalmente usadas en la industria – de manera notable en tareas como la reserva de pasajes y asientos en las líneas aéreas y control de stock – y para actividades militares. Sin embargo, en las últimas dos décadas el uso de las terminales en los lugares de trabajo hizo explosión. Se transformaron en una visión común, no sólo en oficinas, bancos y otros sitios de negocios, sino también en nuestros hogares.

El Miedo

El 23 de Julio de 1980, el Toronto Globe and Mail informó que cuatro mujeres del departamento de avisos clasificados de otro diario de Toronto, el Star, habían dado a luz niños con defectos de nacimiento. Los defectos eran un paladar partido, complejos defectos cardíacos, un ojo sin terminar su desarrollo y pies deformes. Las cuatro madres habían trabajado con VDTs durante las etapas iniciales del embarazo. [1]

Para desactivar la creciente ansiedad entre los trabajadores de terminales de video, el Bureau de Protección Radiológica de Canadá midió las emisiones de radiación de las terminales. El director del Bureau declaró: ”Las máquinas son seguras... no hay
absolutamente nada de cualquier riesgo emitido por los VDTs.” [2] El Departamento de Salud de Toronto informó que ”No existe absolutamente ninguna evidencia de que las radiaciones de los VDTs sea un riesgo para la salud, aún para las mujeres embaraza- das, como tampoco hay ninguna evidencia de que los nacimientos anormales de cuatro operadoras de VDT del Star de Toronto fueran causados por la radiación de los VDTs. ” [3]

Pero un grupo de defectos de nacimiento habían sido informados aún antes de 1979. Y para 1984 siete grupos más habían sido ampliamente publicitados. Estos grupos incluían trabajadores en la oficina del Canada's Solicitor General en Ottawa (7 resultados adversos en 8 embarazos); en la oficina del Fiscal General en Toronto (10 en 19); en las oficinas de Air Canada (7 en 13); en Sears, Roebuck en Dallas, Texas, (8 en 12); en la Agencia de Defensa Logística, en Atlanta, Georgia (10 en 15), en Pacific Northwest Bell, en Renton, Washington (3 en 5); en el Surrey Memorial Hospital en Vancouver, Columbia Británica (5 en 6); en United Airlines en San Francisco, California (18 en 132); y en Southern Bell, nuevamente en Atlanta (6 en 8). Los problemas incluian defectos de nacimiento, abortos espontáneos y nacimientos prematuros. [4]

El miedo se incrementó en 1989 con la publicación de “Corrientes de Muerte: Líneas de Alta Tensión, Terminales de Computación y el Intento de Encubrir la Amenaza para Su Salud,” un libro que afirmaba que se había comprobado, fuera de toda duda, que los CEM eran inseguros. En Julio de 1989, la revista The New Yorker publicó tres largos extractos del libro. [5]

La Reacción

Mientras tanto, los descubrimientos de los grupos estaban enfrentando a las gerencias con los empleados. Empleadas embarazadas del Montreal Gazette se rehusaron a trabajar frente a VDTs hasta que las terminales pudiesen ser ensayadas y declaradas que no emitían niveles peligrosos de radiación. El Ministerio Federal de Trabajo de Canadá apoyó la recomendación de una fuerza de tareas, que las trabajadoras embarazadas deberían tener el derecho a un traslado, sin pérdida de su antigüedad, a trabajos que no requiriesen el uso de VDTs. [4] En 1982, un panel de árbitros del servicio público de Ontario reglamentó que la creencia de que la radiación de una terminal podría dañar a una criatura en gestación, era una base razonable para que una empleada pública embaraza rehúsan trabajar frente a una VDT. [6]

El Panel de Compensación de Trabajadores de Quebec apoyó y compensó sistemáticamente a todas las usuarias de VDTs embarazadas que deseaban dejar sus trabajos por considerarlo potencialmente dañino para sus fetos. [7] En Suecia, a las mujeres embarazadas se les permitía solicitar dejar los trabajos que involucraban VDTs en base a una reducción de la preocupación. [8]

Se creía que el culpable en los grupos descubiertos eran los Rayos-X, pero los estudios confirmaron que los niveles de radiación alrededor de los VDT eran, de hecho, extremadamente bajos; en la mayoría de los casos, eran casi imposibles de medir. [9] La Canadian Health Protection Branch declaró que ”No existe evidencia científica o médica de que cualquier persona, mujer u hombre, joven o vieja, embarazada o no, debería estar preocupada por los efectos sobre la salud de la radiación de los VDTs. ” [10]

La atención de los investigadores se volvió, entonces, hacia los campos electromagnéticos de baja intensidad. La información en animales apoyaba parcialmente esta posibilidad. Se informaron de daños a los embriones de pollo o malformaciones fetales en ratas, después de exposiciones a campos electromagnéticos y magnéticos pulsantes, [11-13] pero resultados fueron inconsistentes. Una revisión de la información de laboratorio indica que los hallazgos no son concluyentes, pero es posible que, bajo algunas condiciones experimentales, puedan ocurrir efectos adversos en la reproducción y desarrollo de animales de laboratorio. [14] Sin embargo, la extrapolación de estos hallazgos a los humanos es, cuando menos, tenue. [15]

Dos estudios de 19SS encontraron un aumento del riesgo de abortos espontáneos entre las mujeres que operaban VDTs [16, 17] pero los investigadores han criticado estos trabajos por el diseño errado de los estudios y su parcialidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) – después de una extensa evaluación de los estudios sobre uso de los VDT y resultados adversos de embarazos- concluyó que no existe evidencia de efectos adversos de los VDT sobre los embarazos. [18] Verdaderamente, la cantidad de estudios que no han podido mostrar una relación entre el uso de los VDT y los resultados adversos en los embarazos es realmente impresionante. [19, 23]

Conclusión

No se ha encontrado ninguna explicación posible para los grupos mencionados, pero las pérdidas de embarazos y otros resultados reproductivos adversos no están distribuídos en el tiempo y en el espacio de manera uniforme; debe esperarse algún agrupamiento. [24] Después de cuidadosos exámenes y cálculos, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades llegó a la conclusión que el agrupamiento (o “clusters”) observado eran muy probablemente ocurrencias al azar. [25] Otro grupo de investigadores determinó que los ”clusters” podrían considerarse “un fenómeno natural”. [26] Una gran cantidad de grupos de mujeres trabajan con VDTs; la mera observación de un cierto número de “clusters” entre esos grupos no resulta, por consiguiente, sorprendente. Por lo tanto, los “clusters” observados no tendrían significación epidemiológica.

En Marzo de 1991 se publicó el estudio más detallado en su especie, sobre el riesgo de abortos espontáneos y el uso de VDTs, llevado a cabo por el Instituto Nacional de Seguridad Ocupacional y Salud (NIOSH). Después de estudiar más de 5.000 mujeres durante un período de 6 años, los investigadores del NIOSH llegaron a la conclusión que el uso de VDTs no está asociado a ningún aumento del riesgo de abortos espontáneos. [27] En 1992, el Comité Federal Interagencias sobre Investigación de Radiación y Coordinación de Políticas, contrató a las Universidades Asociadas de Oak Ridge para revisar toda la literatura existente sobre riesgos para la salud de los VDTs. Los autores del Oak Ridge Review llegaron a la conclusión que “No existe evidencia convincente en la literatura publicada que apoye la afirmación que la exposición a campos eléctricos y magnéticos de muy baja frecuencia generados por... VDT... sean riesgos demostrables pam la salud.” El comité declaró puntualmente que “no hay presente ningún mecanismo biológico plausible que pueda explicar la causalidad.” [28]

El Comité de Hombre y Radiación (COMAR) del Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE) también revisó toda la información. El comité del IEEE arribó a la conclusión que el uso de los VDT en los lugares de trabajo no es un factor de riesgo para la interrupción de embarazos o defectos de nacimiento, pero hizo notar que los usuarios de VDTs deben estar alertas a los problemas ergonómicos – particularmente cansancio visual y los efectos de posturas inadecuadas- que pueden ser fácilmente mejoradas. [29]

La absoluta seguridad de los VDTs puede demostrarse solamente por la ausencia de aún el más pequeño aumento de riesgo. Sin embargo, esto es imposible de demostrar: se puede demostrar que un riesgo existe; la ausencia de un riesgo no. En 1965, mucho antes de que la actual era de la computación comenzara, el notable industrial inglés Sir Leon Bagritt declaró : “Al poner a la automatización en práctica, su misma novedad, su infamiliaridad es muy probable que provoque una instintiva precaución por parte... del trabajo organizado.” [30] Este comentario puede muy bien resumir toda la histeria e incertidumbre que ocurrió con el creciente uso de los VDTs.

Referencias

1. “Work conditions probed at Star as defects found on 4 employees' babies,” Toronto Globe and Mail. Julio 23, 1980.
2. Toronto Star, Julio 26, 1980.
3. Toronto Star. Julio 31, 1980.
4. Foster KR. “The VDT Debate,” American Scientist. 1986; 74:163-168.
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20. Benceno en el Agua Perrier, 1990

Antecedentes

El benceno es un hidrocarburo esencial para muchos procesos industriales, particularmente en las industrias química, petrolera y de manufacturas. Durante los años 70 los estudios epidemiológicos sobre obreros de la industria del caucho en Ohio - que estaban expuestos regularmente a elevados niveles de benceno (probablemente a niveles de por lo menos 100 partes por millón durante un cierto período de años, y posiblemente a niveles mayores en algunas ocasiones) mostraron que sufrían de leucemia fatal a una tasa siete veces mayor que los obreros no expuestos de la misma planta. [1]

Estudios similares de zapateros de Turquía e Italia mostraban que tales exposiciones elevadas podían también provocar aberraciones cromosómicas y anemia aplásica (incapacidad de la médula ósea de producir nuevos glóbulos rojos). [2] Como resultado de los estudios, la Administración Federal de Seguridad Ocupacional y Salud (OSHA) impuso límites para la exposición ocupacional del benceno. Los límites originales se establecieron en 1971 a 10 ppm (partes por millón) [1] El intento de la OSHA para reducir este nivel a 1 ppm fue invalidado por la Corte Suprema basándose en que la OSHA no había presentado ninguna evidencia científica de que esta nueva norma más rigurosa pudiese dar como resultado mejorados beneficios para la salud de los trabajadores. [3]

Un informe publicado en 1989 en el Environmental Health Perspectives concluyó que la gente que vivía en las cercanías de las refinerías de petróleo e instalaciones petroquímicas no tenían una exposición al benceno mayor que el resto de la población, y que “más de la mitad de la exposición nacional al benceno resulta de fumar tabaco o estar expuesto al humo del tabaco.” [3] Pero el más inesperado informe sobre los riesgos del benceno para la salud vinieron de una muy inesperada ”fuente”.

El Miedo

En el condado de Mecklenburg, North Carolina, algunos trabajadores de un laboratorio idearon una manera de ahorrar tiempo cuando ensayaban aguas locales para descubrir contaminación: en lugar de producir su propia agua pura para uso como muestra de control en los ensayos, compraron botellas de agua mineral francesa Perrier – famosa por su pureza, que había sido considerada desde fines de los 70 como un símbolo de status y un emblema de salud. [4]

En Enero de 1990, un espectrómetro que usaban los operarios del laboratorio para detectar compuestos orgánicos, comenzó a dar extrañas lecturas. Después de comprobar todo el equipamiento, los técnicos analizaron al agua Perrier y, para su sorpresa, encontraron trazas de benceno. Se notificó a la FDA. Posteriores ensayos sobre embarques del agua Perrier encontraron contaminación de benceno en todos ellos, en niveles que variaban de 12.3 a 19.9 partes por mil millones – por encima de las normas de la EPA (un máximo de 5 partes por mil millones), establecidos para los abastecimientos de agua potable del público. [5]

a Perrier inmediatamente anunció el retiro de todo su inventario de los Estados Unidos, unas 72 millones de botellas. Al día siguiente detuvo su producción en todo el mundo. [6] El presidente de la compañía declaró ”No queremos que exista la mínima duda: por pequeRa que sea, que manche la imagen de calidad y pureza del producto. [7]

La Reacción

La FDA enfatizó que el riesgo era pequeño: un consumo de ½ litro de Perrier diario, durante toda una vida, podría aumentar el riesgo de cáncer en uno en un millón. [6] Muy poca gente entró en pánico; sin embargo, como un poblador de Washington comentó secamente, “toda una clase de gente acaban de tener su fin de semana arruinado.” La ironía de un producto tan asociado con un estilo de vida saludable, imponiendo tal riesgo, no pasó desapercibido en muchos: el entonces senador Al Gore remarcó que él había estado preocupado con el flúor en el agua corriente y que entonces se había cambiado a Perrier. Ahora, sin embargo, continuó con aparente seriedad, “No voy a estar satisfecho hasta que miles de ratas hayan bebido millones de botellas de Perrier y hayan sobrevivido.” [8]

Conclusión

La ironía aumentó la semana siguiente cuando funcionarios de la Perrier descubrieron la causa del problema: resultó que el benceno está presente naturalmente en el manantial que es la fuente de Perrier. Los operarios de la planta Perrier en Vergeze, en Francia, debían cambiar los filtros en el manantial cada seis semanas. No lo habían hecho durante cuatro meses y por lo tanto habían provocado la contaminación. [10] En otras palabras, este fue un miedo por la salud “totalmente natural”. Los filtros fueron cambiados, la fuente fue certificada como segura, y Perrier retornó prontamente a las estanterías. Poniendo a este miedo en perspectiva, el informe del Surgeon General de 19S6 declaró que un paquete de cigarrillos tenía un nivel de hasta 2000 veces más benceno que el encontrado en el agua Perrier [10] – y que los cigarrillos permanecen en los estantes de los comercios hasta el día de hoy.

Referencias

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5. James G., “Perrier recalls its water in U.S. after bencene is found in bottles. The New York Times. February 10, 1990:1.
6. Meier B., “Perrier production halted worldwide,” The New York Times. Febrero 11, 1990:26.
7. Miller A., “Perrier loses its fizz,” Newsweek, Febrero 26, 1990:53.
8. Dowd M., “What, no Perrier? Status bubble bursts,” The New York Times. Febrero 11, 1990:26.
9. Wickens B., “Bursting the bubble,” McLean 's. Febrero 26, 1990:34.
10. Kluger R., “Ashes to ashes,” New York: Alfred A. Knopf; 1996:708.


21. Amalgamas para rellenos dentales, 1990

Antecedentes

Los rellenos dentales de plata (en realidad es una mezcla muy densa – llamada amalgama - de plata, cobre, estaño, mercurio y zinc), comenzaron a ser usados de manera común alrededor de 1830. Las amalgamas de plata se convirtieron en el material de relleno dental más usado después que G.V. Black, el padre de la odontología americana, publicó en 1896 sus investigaciones que apoyaban su uso para los rellenos dentales. Actualmente, estos rellenos se prefieren por su durabilidad (la mayoría de los rellenos durarán por lo menos 10 años; algunos duran hasta 40) y por su bajo costo. [1, 2]

Durante muchos años se creyó que el mercurio, una vez incorporado a la amalgama, no escapaba a la boca del paciente. Sin embargo, en 1979, investigadores que usaban un dispositivo que media vapor de mercurio en los lugares de trabajo descubrieron que pequeñas cantidades de mercurio podían ser liberadas al organismo a través de la masticación. La exposición dura unos pocos segundos y la mayor parte del mercurio es exhalado. [3, 4] Un pequeño número de dentistas comenzaron a denunciar que los pacientes habían sido ”envenenados” por sus rellenos dentales y comenzaron también a recomendar que se retiraran esos rellenos dentales. Un dentista de Colorado, llamado Hal Huggins impulsó al movimiento al promover una teoría que los rellenos de amalgama provocaban una serie de enfermedades que iban desde ansiedad y acné hasta esclerosis múltiple, síndrome premenstrual y cáncer. En 1985, Huggins publicó un libro titulado ”Todo Está en Su Cabeza”, donde detallaba los efectos perniciosos de los rellenos de mercurio. [5]

Varios estudios realizados a fines de los años 80 también sugerían posibles efectos dañinos de las amalgamas de mercurio como también la relación entre los rellenos dentales y mayores niveles de mercurio en la sangre. [6-8] Estos estudios, sin embargo, estaban más que contrarrestados por numerosos estudios epidemiológicos que indicaban que no existía evidencia científica ninguna de que los rellenos dentales provocasen envenenamiento de mercurio u otros problemas de salud. [8-17]

La única preocupación sanitaria que se haya notado en relación a las amalgamas es la reacción alérgica al mercurio, una condición que sólo afecta a un muy pequeño porcentaje de la población. (Aunque más de 100 millones de norteamericanos han tenido tales rellenos dentales durante muchos años, se han dado menos de 50 casos de alergia a las amalgamas reportados en la literatura científica de este siglo.) [3]

Un análisis estadístico realizado sobre un cuestionario respondido por 20.000 dentistas – personas que con mayor probabilidad pudiesen encontrar efectos adversos del mercurio, y que, de hecho, tienen niveles de mercurio en la sangre casi el doble que la población normal - no encontraron efectos tóxicos o de otra
clase. [18]

Pero estos hallazgos tranquilizadores no detuvieron a algunos dentistas que urgieron a sus pacientes para que removieran sus rellenos dentales – a un costo de entre $65 a $500 por relleno, y a menudo con resultados desastrosos. En 1985 se llegó a un acuerdo de pagarle $100.000 a una mujer de California cuyo dentista le había retirado sus rellenos de amalgama provocándole un severo daño neurológico.

Hal Huggins, el líder del movimiento anti-amalgama, fue censurado por la FDA en 1985 por usar un dispositivo de tipo galvanómetro para medir la cantidad de mercurio en el cuerpo. La FDA dijo que “no hay ninguna base científica para retirar los rellenos de amalgama con el propósito de reemplazarlos por rellenos de otro material. [3] Posteriormente, Huggins perdió un juicio de $159.000 por mala praxis contra un paciente que había perdido varios dientes durante el tratamiento. Por último, se le revocó su licencia. [19, 20]

A causa de episodios de esta clase, la Asociación Dental Americana ha advertido a los dentistas que la remoción de las amalgamas “con el propósito de eliminar substancias tóxicas” se considera comportamiento no ético. [21]

El Miedo

En diciembre de 1990, el programa 60 Minutos emitió un informe titulado “¿Venenos en su boca?” que sugería que los rellenos de amalgamas eran un peligro para la salud. Entre las más descabelladas afirmaciones del informe estaba el testimonio de una mujer joven que había sufrido esclerosis múltiple, y que declaró haber retirado sus rellenos dentales - un procedimiento que incrementa el nivel de mercurio del cuerpo, aunque momentáneamente - y que esa misma noche pudo arrojar su bastón e irse a bailar. [19]

La Reacción

En respuesta a los muchos profesionales dentistas y abogados de los consumidores que condenaron al programa como irresponsable, el director de servicios de audiencia de la CBS replicó que ellos “habían intentado asegurarse de que nuestro informe fuera equilibrado al presentar los argumentos de ambos lados del tema.” Esto fue muy poco consuelo para algunos de los que corrieron a hacerse remover sus rellenos dentales, incluyendo una mujer con esclerosis lateral amiotrópica (enfermedad de Lou Gehrig) que incurrió en $10.000 de gastos y 18 horas de insoportablemente doloroso trabajo dental – tan sólo para no ver ninguna mejoría en su condición. [22]

Una encuesta realizada por la ADA varios meses después del programa de 60 Minutos mostró que el 4% de los adultos se hicieron retirar sus rellenos dentales (no todos desde la emisión) y que otro 16% estaban considerando tomar esausión

No se ha encontrado ninguna explicación posible para los grupos mencionados, pero las pérdidas de embarazos y otros resultados reproductivos adversos no están distribuídos en el tiempo y en el espacio de manera uniforme; debe esperarse algún agrupamiento. [24] Después de cuidadosos exámenes y cálculos, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades llegó a la conclusión que el agrupamiento (o “clusters”) observado eran muy probablemente ocurrencias al azar. [25] Otro grupo de investigadores determinó que los ”clusters” podrían considerarse “un fenómeno natural”. [26] Una gran cantidad de grupos de mujeres trabajan con VDTs; la mera observación de un cierto número de “clusters” entre esos grupos no resulta, por consiguiente, sorprendente. Por lo tanto, los “clusters” observados no tendrían significación epidemiológica.

En Marzo de 1991 se publicó el estudio más detallado en su especie, sobre el riesgo de abortos espontáneos y el uso de VDTs, llevado a cabo por el Instituto Nacional de Seguridad Ocupacional y Salud (NIOSH). Después de estudiar más de 5.000 mujeres durante un período de 6 años, los investigadores del NIOSH llegaron a la conclusión que el uso de VDTsres o condiciones que el demandante pueda alegar que estaban contenidas dentro de la descripción general de daños presentadas en su demanda.” [23]

En 1993, una muy completa investigación hecha por el Servicio de Salud Pública de los EEUU, llegó a la conclusión que cualquier cantidad de mercurio liberado por las amalgamas no contribuyen a las enfermedades, desórdenes del sistema inmunológico, o defectos de nacimiento; y que las alergias a tales rellenos dentales son extremadamente raras. (Más aún, cuando tales alergias existen, son tan agudas que se sienten en el curso de pocos días – aún dentro de un período de horas - de haber recibido los rellenos. [18] Por consiguiente, ”la información disponible no justifica discontinuar el uso de los rellenos dentales que contienen amalgamas con mercurio, o recomendar su reemplazo.” [19]

La Organización Mundial de la Salud, la FDI World Dental Federation y la American Dental Asociation apoyan el uso continuado de las amalgamas dentales como un material restaurativo seguro, durable y de bajo costo. De acuerdo a la ADA, no existe ninguna evidencia científica creíble de que la exposición al mercurio de las amalgamas dentales impongan un serio riesgo a los seres humanos. [25]

Conclusión

Debe recordarse que, mientras altos niveles de mercurio son tóxicos, el elemento está ampliamente difundido en la naturaleza. El mercurio está presente en casi todas las rocas, plantas, aguas potables y alimentos – aún en nuestros cuerpos - a niveles que no presentan peligro para la salud. Las minúsculas cantidades de mercurio que las amalgamas agregan a la “carga” total de mercurio de nuestro cuerpo no tienen ninguna consecuencia para la salud; el estudio del Servicio de Salud Pública mostró que, aún en personas con más de 30 amalgamas en sus bocas, el valor más elevado de mercurio encontrado en la orina fue de 4.8 microgramos por litro. (El nivel de mercurio en orina que puede dar lugar a efectos adversos para la salud es de 25 microgramos por litro) [19]

Mientras que se continúa con la investigación en nuevas tecnologías dentales, todas las alternativas a las amalgamas dentales tienen sus contras. El oro es mucho más caro y demasiado blando. La porcelana, aunque se usa para rellenar los dientes frontales, es demasiado frágil para relleno de la parte posterior. Las varias resinas plásticas coloreadas, aunque son alabadas por su apariencia cosmética, carecen de duración – la mayoría necesitan ser reemplazadas después de dos años- y pueden gatillar sus propias alergias. [26, 27]

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