HECHOS VERSUS MIEDOS:
UNA REVISION DE LOS MAYORES E INFUNDADOS MIEDOS
SOBRE LA SALUD EN LOS TIEMPOS RECIENTES

(PÁGINA 3)

Por ADAM J. LIEBERMAN (1967-1997) SIMONA C. KWON, M.P.H.

Traducción de Eduardo Ferreyra



CONTENIDO
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12. Asbestos en Secadores de Cabello, 1979
13. Herbicida 2,4,5-T, 1979
14. Café y Cáncer del Páncreas, 1989
15. Times Beach y Dioxina
16. EDB - dibromuro de etilo, 1983




12. Asbestos en los Secadores de Cabello, 1979

Antecedentes

Al contrario de las demás substancias discutidas hasta ahora, el asbestos - una sustancia ampliamente usada en innumerables aplicaciones industriales durante el siglo 20 - es probadamente cancerígena para el hombre. Asbestos (o ”amianto”) es el nombre dado a un grupo de minerales que existen en la naturaleza. En la industria se han usado de manera común cuatro tipos de asbestos: el crisotilo, o ”asbestos blanco”, que consiste de fibras flexibles y enruladas; la amosita, la crocidolita y la antofilita.

Los tres últimos tipos consisten en fibras como agujas y son colectivamente conocidas como anfíboles. [1] Hacia mediados de los años 60 había quedado claro que la exposición ocupacional al asbestos, especialmente a los anfíboles, era capaz de provocar varias enfermedades serias: asbestosis, un endurecimiento de los tejidos pulmonares; cáncer de pulmón (especialmente entre los fumadores); y mesotelioma, un cáncer de la membrana que rodea los pulmones. [2] Como resultado, las emisiones de estos minerales fueron puestos por la EPA bajo estricto control a principios de los años 70, [3] y su uso declinó.

El Miedo

En Junio de 1978 un fotógrafo se conectó con periodistas de la WRC-TV en Washington DC, y les presentó un secador de cabellos, quejándose de que rociaba sus negativos con asbestos cuando lo usaba para secarlos. Entonces la reportera Lea Thompson (hoy reportera del consumidor en Dateline NBC) contactó a la Comisión de Seguridad en Productos del Consumidor. La comisión le informó que, de acuerdo al estudio comisionado más reciente, solamente un fabricante estaba usando asbestos en los secadores de cabellos portátiles, y que el fabricante lo estaba eliminando de su producción. Aún escéptico, el productor de Thompson envió al secador del fotógrafo a un laboratorio de ensayos en Rockville, Maryland. El laboratorio encontró que, efectivamente, el secador rociaba asbestos – como también lo hacían los otros 33 secadores que la estación también había enviado al laboratorio. Entonces, el 29 de Marzo de 1979, la WRC puso en el aire su historia, declarando que 20% de los secadores de cabello estaban expulsando un conocido cancerígeno.' [4]

La Reacción

El Congreso llamó de inmediato a audiencias sobre los secadores de cabello, y a Thompson como la testigo estrella. Los negocios retiraron de sus estantes algunos secadores. [4] La Comisión de Seguridad en Productos del Consumidor reconoció que su estudio previo tenía un error [5] y comenzó a considerar una prohibición del asbestos para los secadores de cabello. Aún antes de que esta acción pudiese ser tomada, casi todas las compañías que fabricaban secadores de cabello acordaron recibir de vuelta los secadores que contenían asbestos, a costo de las compañías, y reemplazarlos por secadores conteniendo mica. [6] Esta acción se hizo para “aliviar la preocupación pública”, aún cuando, tanto los líderes de la industria como el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental del gobierno pusieron en duda que la cantidad de asbestos usado en los secadores impusieran algún riesgo. También cuestionaron, la industria y el gobierno, la validez del estudio del laboratorio de Rockville debido al pequeño número de las muestras. [7]

Conclusión

Dado que los secadores de cabello con asbestos fueron retirados del mercado antes de que cualquier información concluyente se pudiese obtener, no está claro si realmente existió algún riesgo a partir de estos productos. En este caso particular, “una adecuada y no tóxica alternativa” [8] estaba disponible. La fijación que los medios de comunicación tenían con los riesgos del asbestos en los años, 70 hizo difícil poner a los riesgos del asbestos en perspectiva – aún cuando el fracaso de hacerlo puede realmente poner en peligro a la salud pública (ver Asbestos en las Escuelas, más adelante).

Referencias

1. National Cancer Institute. Cancer Facts: Questions and Answers About Asbestos Exposure. Noviembre 30, 1995.
2. Elmes PC. “The epidemiology and clinical features of asbestos-associated diseases.” Postgrad Med S. 1996; 42:623-635.
3. Craighead JE, Mossman BT. “The pathogenesis of asbestos-associated diseases.” N Engl J Med. 1982; 306(24):1442-1455.
4. “We were all so excited, says Thompson.” People. Abril 16, 1979:15-16.
5. “And federal officials learn of hazards in homes”, Science. abril 20, 1979:285.
6. Environmental Defense Fund. “The campaign to end use of deadly asbestos”, EDF Letter. Vol XIX, No. 3, Junio 1988;1-2.
7. Powledge F. “The asbestos pistol”, The Nation. Enero 5-12, 1980:14-15.


13. 2,4,5-T, 1979

Antecedentes

El ácido
2,4,5-Triclorofenxiacético (2,4,5-T) se desarrolló como un herbicida en 1948. Muy pronto tuvo un extenso uso como exterminador de malezas, tanto en la agricultura como a lo largo de autopistas y vías de ferrocarril. Su “especificidad de cultivos” – es decir, su habilidad para afectar a las plantas indeseables mientras que no afectaba a los cultivos- y su capacidad para aumentar los rendimientos de las cosechas llevó a un reconocido editor de un altamente negativo periódico a reconocer al 2,4,5-T como “uno de los bloques básicos de la Revolución Verde.” [1] que provocó un dramático incremento en el suministro mundial de alimentos en la era de la posguerra.

El 2,4,5-T recibió su primera atención negativa durante la guerra de Vietnam, en los años 60, a causa de su asociación con el
Agente Naranja (una mezcla de 2,4,5,-T y un producto relacionado, el 2,4-D). Después de que un estudio de 1969 mostraba que grandes dosis de 2,4,5-T eran teratogénicas – es decir, causaba defectos de nacimiento - en los ratones, la USDA anunció en abril de 1970 que cancelaría el uso del 2,4,5-T para la mayoría de los usos en alimentos.

Un subsecuente estudio de la Academia Nacional de Ciencias demostró que el estudio primitivo había usado lotes de 2,4,5-T contaminados con niveles de dioxina 30 veces más elevados que los que se encuentran en el 2,4,5-T realmente usado en su fabricación. La revisión de la ANC también encontró que el 2,4,5- T “puro” no producía los mismos efectos en animales de laboratorio, excepto a dosis tóxicas. El comité de la Academia Nacional de Ciencias recomendó el levantamiento de la prohibición.

Esta decisión de la ANC fue denunciada por Ralph Nader, y los científicos de la revisión de la Academia fueron públicamente atacados por Nicholas Wade, de la revista Science como teniendo un sesgo ”pro-industria”. En agosto de 1975, William Ruckelshaus, jefe de la Agencia de Protección del Ambiente, anunció que estaba rechazando la recomendación de la ANC y mantenía la prohibición. [2] Sin embargo, el 2,4,5-T se continuó usando para otros propósitos.

A fines de los 70, la EPA comisionó un estudio – después de que 6 mujeres en Alsea, Oregon, informaran de 10 pérdidas de su embarazo y culpaban de ello al 2,4,5-T- mostró insuficiente evidencia de una relación entre el rociado de cultivos y las pérdidas de sus embarazos. [3, 4]

El Miedo

Respondiendo a las continuas ansiedades sobre el tema, la EPA comisionó un segundo estudio, Alsea II. En Febrero de 1972, los investigadores del Alsea II llegaron a las conclusiones opuestas al Alsea I, declarando que “había un inusualmente alto número de abortos espontáneos (p.ej.: pérdidas del embarazo), en el área”, y que la incidencia de los abortos espontáneos podría estar relacionada con el 2,4,5-T en dicha área. [5] La EPA invocó de inmediato una prohibición de emergencia – la primera vez que una acción de esta naturaleza, la más drástica que la agencia puede tomar, y que se haya tomado jamás- para todos los usos del 2,4,5-T, excepto para las praderas y los campos de arroz. [6]

La Reacción

Los productos que contenían 2,4,5-T fueron retirados de las estanterías de inmediato. En New York, un funcionario del estado amenazó con poner en cuarentena a cualquier comercio que aún vendiese tales productos. Pero en una acción legal posterior, tomada por el principal fabricante del producto en un intento por revertir la prohibición, el juez de una Corte Federal de Michigan describió a la información de la EPA como “no concluyente”. El juez agregó que él “no habría ordenado la suspensión de emergencia en base a la información de la EPA”, pero dado que la EPA ha sido investida con los más amplios poderes en esta área, la prohibición debería mantenerse. [7]

También hubo un amplio cuestionamiento dentro de la comunidad científica por el uso que hizo la EPA de la información, y que por lo menos 18 revisiones habían obtenido conclusiones opuestas. Muchos revisores hicieron notar que, mientras la EPA sostenía que hubo un “pico” de pérdidas de embarazos en cada Junio, en los seis años estudiados – un pico que la EPA atribuía a los rociados realizados a comienzos de cada primavera- en realidad, este “pico” se desvió de lo normal en sólo un año. [3]

Cualquier intento de oponerse a la prohibición probablemente se convirtió en discusiones estériles a cuando a fines de 1979 se transmitieron dos documentales de TV – “Una Plaga en Nuestros Hijos”, producida por WGBH, afiliada a la PBS de Boston. y “Las Políticas del Veneno”, producida por la estación KRON de San Francisco - que culpaban al 2,4,5-T por provocar pérdidas de embarazos. Los reportes de la televisión no contenían ninguna información científica nueva, pero eso tenía muy poca importancia a la vista de los desgarradores reportes anecdóticos tal como el de una mujer que describía a su feto perdido pareciéndose a “una hamburguesa picada.” [8, 9]

Conclusión

La aprobación para cualquier uso del 2,4,5-T fue cancelada en Febrero de 1985. Lo que todavía falta por aparecer no es sólo alguna evidencia sólida que ligue al producto a cualquier efecto adverso para la salud, sino también algún producto de reemplazo que sea tan efectivo como el 2,4,5-T para eliminar las plantas indeseables que, de otra manera, crecen indiscriminadamente en las praderas. Las actuales alternativas para el 2,4,5-T requieren más aplicaciones para resultar efectivas, lo que las hacen prohibitivamente caras. Un experto en control de malezas predijo que el efecto final de la prohibición del 2,4,5-T será el tratamiento de menos hectáreas con la resultante pérdida de pasturas necesarias para el ganado, incrementada erosión de los suelos, y el hecho de que “algunas áreas se harán tan densas que habrá una pérdida de hábitat para la vida silvestre” [10]

Referencias

1. Severo R. “Two crippled lives mirror dispute on herbicides”, The New York Times. Mayo 27, 1979:1.
2. Calus G, Bolander K. “Ecological Sanity”, New York: David McKay; 1977:238-253.
3. Witt SM. “A Discussion of the Suspension of 2,4,5-T and the EPA Alsea II Study,” Northeast Weed Science Society, Enero 8, 1980.
4. “Agent Orange and Dioxin”, American Medical Association; 1981:24.
5. Whelan E. “Toxic Terror”, 2nd ed. Buffalo, NY: Prometheus Books; 1993:285.
6. McFadden R. “EPA, citing miscarriages, restricts 2 herbicides”, The New York Times. Marzo 2, 1979.
7. Severo R. “Dispute over the risks of 2,4,5-T continues despite a federal ban”, The New York Times. Mayo 27, 1979:42.
8. “A Plague on Our Children,” WGBH Educational Foundation, 1979.
9. “The Politics of Poison,” KRON-TV, 1979.
10. “Toxic Terror”:284.


14. Café y Cáncer de Páncreas, 1981

Antecedentes

Entre 1974 y 1979 el epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública de Harvard, Dr. Brian MacMahon y sus colegas estudiaron 369 pacientes con cáncer de páncreas admitidos a los hospitales de la Nueva Inglaterra, junto a 644 pacientes admitidos por otras enfermedades. [1] El propósito del estudio era determinar si el alcohol y el tabaco aumentaban el riesgo de cáncer de páncreas. Pero MacMahon y sus colegas también hicieron otro ”descubrimiento” – uno totalmente inesperado. [2]

El Miedo

MacMahon informó en el New England Journal of Medicine, de Marzo 1981, que ”fue evidente una asociación entre el cáncer de páncreas y el café.” El cáncer de páncreas era 2.1 veces más probable entre la gente que bebía hasta 2 tazas de café por día; era 3 veces más probable entre los que bebían 3 o más tazas diarias. Si estas tendencias se extrapolasen al público en general, continuaba el informe, ”estimarnos ... que las proporciones del cáncer de páncreas atribuibles al consumo de café es de más del 50 por ciento.” Aunque admitía que los descubrimientos no suministraban una base sólida para tal conclusión, el mismo MacMahon dijo que estaba dejando al café. [2]

La Reacción

A pesar de que el cáncer de páncreas es uno de los cánceres más fatales (sólo un 4% de los diagnosticados sobreviven a los 5 años) [3], y esta historia recibió una extensa cobertura periodística, la reacción pública no fue lo que se hubiese podido anticipar. Quizás la reacción reflejó la importancia que tiene el café en el ritual diario de la mayoría de los norteamericanos. De hecho, el precio del café en los mercados a futuro se incrementó ligeramente después de que el estudio se diera a publicación. [2]

Y los resultados del estudio de MacMahon fueron casi inmediatamente cuestionados por otros investigadores. Por una parte, este estudio no ofrecía ninguna explicación plausible sobre cómo el café podría conducir al cáncer de páncreas. Dado que los fuertes bebedores de té no muestran tal riesgo, no era presumible culpar de ello a la cafeína. Más aún, los grupos de científicos y de la industria hicieron notar que al usarse como grupos de control a pacientes de hospital, el estudio ignoró el hecho de que muchos de los pacientes no bebedores de café – incluyendo a muchos internados por desórdenes gastrointestinales – pueden haber dejado de beber café recién cuando fueron hospitalizados; el estudio no hizo ningún intento de rastrear los patrones de ingestión de café antes de la enfermedad [4] MacMahon reconoció varios meses después que estas críticas eran “razonables” [5]

Conclusión

El grupo de MacMahon repitió el estudio de 1986 y no pudo confirmar sus descubrimientos primitivos. Informaron que “en contraste con el anterior estudio, no se observó ninguna tendencia en el riesgo para hombres o mujeres” [6] Agregado a esto, ensayos realizados posteriormente sobre animales, y estudios epidemiológicos no han podido indicar que exista ninguna relación entre el café y el cáncer. [7-13]
La American Cancer Society está de acuerdo, “los más recientes estudios no han podido encontrar absolutamente ninguna relación entre la ingestión de café y el cáncer de páncreas, de mama o algún otro tipo de cáncer.” [14] Este pequeño miedo ilustra el peligro de poner demasiada credibilidad en un único estudio, sin haber analizado cualquier posible sesgo o factores de confusión. Mientras tanto, como cualquier paseo por alguna vecindad de moda puede demostrar, el consumo de café sigue siendo fuerte, de manera especial entre la gente joven y conciente de su salud.

Referencias

  1. MacMahon B., Yen S., Trichopolus D., Warren K., Nardi G., “Coffee and cancer of the Pancreas,” New Engl J. Med. 1981; 304:630-633.
  2. “Coffee Nerves,” Time, marzo 23, 1981:117
  3. “Cancer Facts and Figures-1996”, Atlanta, GA, American Cancer Society, 1996
  4. Clark M., “Coffee – A cancer Culprit?”, Newsweek, marzo 23, 1981:87
  5. “Cancer and Coffee: concern Percolates,” Science News, Julio 4, 1981:6
  6. Hsieh CC, MacMahon B, Yen S, Trichopolus D, Warren K, Nardi G, “Coffee and Pancreatic Cancer (chapter 2)”, N. Eng. J. Med. 1986; 313:587-589
  7. Whelan E., Stare F.J., “Panic in the Pantry,” Ed. Rev. Buffalo, NY: Prometheus Books; 1982:168
  8. Curatolo P.W., Robertson D., “The Health Consequences of Caffeine,” Ann Int Med. 1983; 98:641-653
  9. Wynder E.L., Hall N.E., Polansky M., “Epidemilogy of coffee and pancreatic cancer,” Cancer Res. 1983; 43:3900-3906
  10. Nomura A., Heilbrun L.K., Stemmerman G.N., “Prospective Study of Coffee Consumption and the Risk of Cancer,” J. Nat Cancer Inst. 1986; 76:587-590
  11. Hiatt R.A., Klatsky A.L., Armostrong M.A., “Pancreatic Cancer, Blood Glucose and Beverage Consumption,” Int. J Cancer, 1988; 41:794-797
  12. Gordis L., “Consumption of methylzanthine-containing beverages and risk of pancreatic cancer,” Cancer Lett. 1990; 52:1-12
  13. Bueno DE mesquita H.B., Maisonneuve C.J., Runis S., Boyle P., “Lifetime consumption of alcoholic beverages, tea and coffee and exocrane carcinoma of the pancreas : A population-based case-control studying the Netherlands.”, Int J Cancer, 1992; 50:514-522
  14. 1996 Guidelines on Diet, Nutrition and Cancer Prevention, Atlanta, GA: The American Cancer Society 1996 Dietary Guidelines Advisory Committee; 1996

15. Times Beach, 1982

Antecedentes

Entre los años 1969 y 1971, una planta de químicos en Verona, Missouri, fabricó el antiséptico hexaclorofenol. Después que la compañía dejara el negocio en 1971, uno de los proveedores contrató a un transporte de residuos para la eliminación de los residuos de la planta. En mayo de 1971, cerca de 2000 galones de residuos, mezclados con aceite, fueron rociados rociados sobre un escenario de arena en la ciudad de Moscow Hills para reducir el polvo y las moscas, antes de un espectáculo ecuestre. Se roció más aceite sobre las calles sin pavimentar de la cercana población de Times Beach para reducir el polvo. [1]

Durante el show ecuestre, una cantidad de caballos se enfermaron. Durante los próximos meses una docena de caballos mostraron síntomas de malas salud, y la hija del espectáculo enfermó. Se tomó contacto con el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por Centres for Disease Control). Tres años más tarde, el CDC llegó a la conclusión que el problema residía en el aceite rociado en la arena – aceite que contenía 33.000 partes por mil millones de producto 2,3,7,8.TCDD, también conocido como dioxina. Sin embargo, el CDC concluyó que el aceite ya no imponía ningún riesgo para la salud debido a que el suelo en cuestión ya había sido excavado y enterrado. [2]

La dioxina es un subproducto de numerosos procesos industriales y de combustión. Es un cancerígeno animal y teratógeno – es decir, causa cáncer y defectos de nacimiento en animales. No hay ninguna evidencia que demuestre que provoca cualquiera de ambos efectos en los seres humanos. De hecho, estudios realizados en humanos expuestos a grandes dosis de dioxina durante accidentes industriales – de manera particular en West Virgina en 1949, en Michigan en 1964 y en Sevezo, Italia en 1976- no se halló un aumento de las tasas de cáncer o defectos de nacimiento durante los años posteriores.

El único efecto probado de la dioxina sobre los seres humanos es un desorden cutáneo de corta duración, conocido como cloroacné. [3] En el otoño de 1982, la EPA puso a Times Beach en la lista para muestreo de suelos. [2] Pero, el 5 de Diciembre, antes de que se recibieran los resultados de las muestras de suelo, los habitantes de Times Beach enfrentaron otra crisis: la peor inundación en la historia del pueblo. El fenómeno virtualmente destruyó cada una de las 800 residencias del pueblo. [4]

El Miedo

El 23 de Diciembre, justo antes de que los habitantes de la inundada Times Beach regresaran a sus casas, se dieron a conocer los estudios de la EPA: el suelo de algunas partes del pueblo mostraban hasta 100 partes por mil millones de dioxina. [2] Esto era menos del 1% de lo encontrado en la arena de los caballos, ocho años antes, pero era 100 veces más elevado que lo que la EPA consideraba un nivel seguro (un nivel correspondiente a un caso adicional de cáncer por cada millón de personas, durante 70 años de exposición), suponiendo que los niños estarían comiendo tierra de las áreas contaminadas con dioxina. [5] No estaba claro cuál era el efecto que la inundación había tenido sobre los niveles de dioxina. Sin embargo, el CDC inmediatamente advirtió a los residentes de Times Beach que no retornasen a sus casas. [6]

La Reacción

La mayoría de los residentes hicieron caso omiso de la advertencia. Los 200 que regresaron vieron a los operarios de la EPA trabajando en ropas de plástico, del tipo de los astronautas, tomando muestras del suelo e intentando reparar las cañerías de agua, aún cuando los residentes se paseaban sin ningún tipo de protección. [5] La policía del condado huyó del pueblo, y se desató el saqueo. Un psicólogo describió a la condición mental de la mayoría de los residentes como “un estado de shock”. [7]

Los estudios iniciales del CDC sobre los residentes de Times Beach no mostraron problemas de salud desusados – ni aún siquiera el cloroacné, de manera típica la “marca” de la dioxina. [5] Y lo estudios preliminares de la EPA sobre el lodo, después de las inundaciones, mostraron niveles de exposición a la dioxina mucho más bajos. [1] A pesar de ello, la EPA anunció en Febrero de 1983 que compraría todas las casas de Times Beach – la primera de tales compras masivas bajo el Superfund - a un costo de $33 millones. [8]

Para los afligidos habitantes de Times Beach, estas noticias vinieron como un alivio. Sin embargo, las autoridades científicas eran mucho más escépticas. Pocos meses después, la American Medical Association adoptó una resolución en su convención, criticando ”la reacción irracional y el injustificado terror público... información errónea sobre los riesgos de la dioxina para la salud. ” Y la revista Science hizo notar que la dioxina, cuando está íntimamente ligada a los suelos, como en el caso de Times Beach, “no se Constituye en un riesgo”. [9]

Conclusión

Posteriores ensayos de seguimiento realizados en los habitantes de Times Beach siguieron demostrando que no había evidencia de un aumento de enfermedades. [10, 11] Y en 1991 – después de que una reevaluación de la EPA demostró que la exposición a la dioxina podría no tener efectos adversos para la salud, aún en las ratas- el gobierno hizo algo que casi nunca hace: admitió haberse equivocado.

El Dr. Vernon Houk, el funcionario del CDC que había ordenado la evacuación, admitió que “Visto lo que conocemos sobre la toxicidad de este producto y sus efectos sobre la salud humana, parece que la evacuación fue innecesaria. Times Beach fue una reacción exagerada. Se basó en la mejor información científica que teníamos entonces. Resultó que estábamos en un error.” [12]

El jefe de la EPA, William Reilly estuvo de acuerdo: “Estamos viendo nueva información sobre la dioxina que sugiere que se debería aplicar un menor avalúo de riesgos de salud para la dioxina... No existen muchos precedentes en el 'establishment' federal para retroceder en los juicios sobre toxicidad. Pero necesitamos estar preparados para ajustar, subir y bajar normas, a medida de que nueva ciencia sea disponible.” [13]

El costo total de la recompra de Times Beach y su limpieza han sumado ya $138 millones, por lo menos. Y, de manera increíble, hay signos de que el gobierno federal no ha aprendido su lección: Recientemente, el gobierno acordó en pagar $18 millones para reubicar a los residentes de un pueblo de Florida donde los niveles de dioxina encontrados fueron de 0.2 partes por mil millones – mucho menores que los niveles usados para Times Beach. La decisión de Florida – que según un funcionario de la EPA fue ordenado por la Casa Blanca “en respuesta a presiones políticas en un año de elecciones.”- fue comentada por otro ingeniero de la EPA como algo que muy probablemente cause que muchas otras comunidades reclamen una reubicación similar. [14]

Referencias

1. Garmon L. “Dioxin in Missouri: Troubled Times,” Science News. Enero 22, 1983:61-63.
2. Sun M. “Misouri's costly dioxin lesson,” Science News. Enero 28, 1983:367-368.
3. Letts R. “Dioxin in the Environment”. New York: American Council on Science and Health; 1991:5-12.
4. Lerner M. “The trouble at Time Beach,” Newsweek. Enero 10, 1983:24.
5. Dioxin in the Environment:14
6. The ”river rats” wants to stay. Time, Enero 10, 1983.
7. “County pulls police out of poisoned Missouri town,” The New York Times. Enero 1, 1983:A18.
8. Garmon L. “The buying of Times Beach: a town unfit for humans beings,” Science News. Febrero 26, 1983:132-133.
9. “Chlorinated dioxins,” Science. Junio 24, 1983.
10. Edgar M. “Times Beach residents pass first dioxin tests,” St. Louis Globe-Democrat. Julio 1, 1983.
11. Council for Agricultural Sciences and Technology. The Missouri Dioxin Controversy: Scientific Overview. Abril 1983:3.
12. Schneider K. “Times Beach Warning: regrets a decade later,” The New York Times. Agosto 15, 1991.
13. Napier K. “Re-evaluating dioxin: the implications for science policy,” Priorities. Invierno 1992:35-37.
14. Nossiter A. “Villain is dioxin. Relocation is response. But judgement is in dispute,” The New York Times. Octubre 21, 1996:A12.


16. EDB - dibromuro de etilo, 1983

Antecedentes

El dibromuro de etilo (EDB), se usó desde el principio de los años 30: principalmente como un aditivo para impedir el ”pistoneo” en la gasolina con plomo, pero también como un fumigante agrícola para el control de nemátodos (orugas) en los frutos cítricos, para impedir infestación de insectos y moho en los granos almacenados largo tiempo, para eliminar insectos de la maquinaría de molienda de trigo para producir harinas, y para el control de moscas tropicales en las frutas. A causa de que el EDB se evapora rápidamente después de su aplicación, durante muchos años se le exceptuó de la aplicación de las normas regulares que exigían niveles de tolerancia para los residuos de pesticidas. La excepción se basaba en la creencia que el EDB se habría evaporado totalmente antes de que un producto tratado llegase al consumidor. Hacia los años 70, la capacidad para detectar residuos se tornó más sensible y se descubrió que minúsculos residuos de EDB se hallaban presentes en algunos productos de la fruta. [1]

El Miedo

La Agencia de Protección del Ambiente anunció, en Septiembre de 1983, que se habían encontrado residuos de EDB en aguas de la Florida, y que esto imponía “un inminente peligro” para la salud humana. No había dudas de que el EDB era un cancerígeno animal; [2] de hecho, era uno de los más potentes cancerígenos de animales encontrados en el rango de los productos sintéticos.

Sin embargo, el grado de peligro de un producto químico está determinado por su potencia y por su dosis, y los roedores alimentados con EDB ingirieron dosis 250.000 veces más elevadas que las dosis proporcionales ingeridas normalmente por los humanos. A pesar de ello, la EPA se dio a la tarea de prohibir el EDB como fumigante de suelos y anunció planes para prohibir los demás usos agrícolas del EDB. [3]

En 1983, después de que se encontraron altas concentraciones de EDB en alimentos de maíz procesado, en ripios y en ”hush puppies”, el estado de la Florida prohibió la venta de cualquier alimento que tuviese residuos de EDB. [4] En Febrero de 1984, la EPA anunció una prohibición inmediata del uso de EDB en granos, y el uso para fruta debía suspenderse en los próximos seis meses. Los alimentos existentes ya tratados con EDB, podrían venderse solamente si los residuos se ubicaban por debajo de los nuevas normas de tolerancia a dictarse. [5]

La Reacción

De acuerdo a un informe periodístico, la acción de la EPA condujo a un “patrón de confusión.” Algunos estados cumplieron rigurosamente con los lineamientos de la EPA. Otros, como el estado de Florida, impusieron normas mucho más estrictas y retiraron de la venta cualquier producto que tuviese residuos detectables de EDB. Otros estados, sin embargo, no tomaron ninguna acción. En la Florida, una comunidad gastó $1 millón para reemplazar pozos de agua que se consideraban contaminados; en otras comunidades, los residentes fueron forzados a viajar 16 kilómetros para comprar agua ”no contaminada”. [6]

Sin embargo, gran parte de la comunidad científica era escéptica al respecto. Los científicos hicieron notar que jamás se había podido probar que el EDB causara cáncer en los humanos, y remarcaron que, si era un cancerígeno, era uno mucho menos poderoso que los que ocurren de manera natural en muchas substancias (tal como la aflatoxina, que se encuentra comúnmente en el maní y se le permite una concentración de hasta 20 partes por mil millones). Hasta el jefe del equipo de regulación de la EPA declaró que ”la prensa ha dado al público una sensación de pánico acerca del EDB que es inmerecida. [7]

Un año más tarde, un consultor independiente contratado por la EPA llegó a la conclusión que la agencia no había comunicado de manera clara los hechos acerca de los riesgos reales del EDB y, de esa manera, había contribuido al pánico generalizado. [2]

Conclusión

La cantidad de EDB a la que estaba expuesto el público era infinitesimal. La estimación de la EPA antes de la prohibición – una estimación que muchos observadores consideran que era mucho mayor que la exposición real - era de cinco a diez microgramos (millonésima parte de un gramo) por día. En comparación, el Norteamericano promedio ingiere 140.000 microgramos de pimienta de mesa diariamente; y la pimienta contiene el poderoso cancerígeno animal safrole. Todavía más, estudios hechos sobre los trabajadores de las fábricas de EDB – personas expuestas a dosis de cinco a diez mil veces más altas que la dosis promedio ingerida por los consumidores- no mostraron un nivel más elevado que el normal en incidencia de cánceres. [8]

Desde el retiro del EDB del mercado, los productores de granos y frutas han debido recurrir a una de tres alternativas para impedir la infestación de sus productos: el bromuro de metilo, bisulfito de carbono mezclado con tetracloruro de carbono, o fosfina. Los dos primeros son reconocidos cancerígenos humanos, el tercero nunca fue sujeto a ensayos para toxicidad crónica y es altamente inflamable. [9] Ninguno de los tres es un fumigante tan efectivo como el EDB, y todos ellos deben ser aplicados en dosis mucho más elevadas para ser efectivos. [8]

Como una alternativa más segura, la FDA ha aprobado el uso de la irradiación de bajas dosis de rayos gamma para prevenir la infestación [10, 11] pero la irradiación todavía tiene muchas trabas en la aceptación de la industria y del público, debido en parte a la actividad de grupos que han traído al tapete preocupaciones en lo relativo a la seguridad de la irradiación- preocupación que no está apoyada por ninguna evidencia científica. De cualquier modo, las instalaciones para irradiación de alimentos no se han construido en gran escala.

El EDB puede haber sido olvidado ya por casi todos los consumidores, pero la prohibición ha dejado un visible y repugnante legado: informes anecdóticos de todas partes del país durante los últimos años indican un creciente número de insectos volando en las despensas y bichos vivos en bolsas de harina recién abiertas, cajas de cereales, polenta y productos similares - un hallazgo que si resulta consistentemente cierto, puede ser atribuido a la pérdida del EDB y su reemplazo por alternativas menos eficaces. Y esto no es sólo un desagrado meramente estético: muchos de los insectos en las bolsas y cajas pueden ser portadores de mohos altamente tóxicos y cancerígenos, esporas, y microbios. Todavía falta determinar si esto no impone un nuevo y real peligro para la salud humana.

Referencias

1. Craigmill AL. “Ethylene dibromide and methyl bromide,” Environmental Toxicology Newsletter. 2(1); Agosto 1981.
2. Wong LC, et al. “Carcinogenicity and toxicity of 1,2-dibro- methane in the rat,” Toxicol Appl Pharmacol. 1982; 63(2) :155-165.
3. Gold LS, et al. “Rodent carcinogens: setting priorities,” Science. 1992; 258:261-265.
4. “Pesticide scare laid to communication gap,” The New York Times. Marzo 12, 1985:A18.
5. “Ban on pesticide is weighed by the U.S.,” The New York Times. Febrero 3, 1984:1.
6. “States' actions on EDB in food resulting in patterns of confusion,” The New York Times. Febrero 18, 1984: 1.
7. “Some experts say EDB risk is small,” The New York Times. Febrero 18, 1984:1.
8. Havender W. “Ethylene dibromide (EDB),” New York: American Council of Science and Health. Mayo, 1984.
9. Whelan E., “Toxic Terror,” 2nd ed. Buffalo, NY: Prometheus Books; 1983:85.
10. Greenberg R. “Irradiated Foods,” 4th ed. New York: American Council on Science and Health; 1996:7.
11. Council for Agricultural Science and Technology. “Radiation Pasteurization of Food,” Issue Paper. Abril 1996; 7:1-10.

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