Al contrario de las demás substancias discutidas
hasta ahora, el asbestos - una sustancia ampliamente usada en innumerables
aplicaciones industriales durante el siglo 20 - es probadamente cancerígena
para el hombre. Asbestos (o
”amianto”) es el nombre dado a un grupo de minerales que existen en la
naturaleza. En la industria se han usado de manera común cuatro tipos de
asbestos: el crisotilo, o ”asbestos
blanco”, que consiste de fibras flexibles y enruladas; la amosita, la crocidolita y la antofilita.
Los tres últimos tipos
consisten en fibras como agujas y son colectivamente conocidas como
anfíboles. [1] Hacia mediados de los
años 60 había quedado claro que la exposición ocupacional al asbestos,
especialmente a los anfíboles, era capaz de provocar varias enfermedades
serias: asbestosis, un endurecimiento
de los tejidos pulmonares; cáncer de pulmón (especialmente entre los
fumadores); y mesotelioma, un cáncer
de la membrana que rodea los pulmones.
[2] Como resultado, las emisiones de estos minerales fueron puestos
por la EPA bajo estricto control a principios de los años 70, [3] y su uso
declinó.
El Miedo
En Junio de 1978 un
fotógrafo se conectó con periodistas de la WRC-TV en Washington DC, y les
presentó un secador de cabellos, quejándose de que rociaba sus negativos con
asbestos cuando lo usaba para secarlos. Entonces la reportera Lea Thompson
(hoy reportera del consumidor en Dateline NBC) contactó a la
Comisión de Seguridad en Productos del Consumidor. La comisión le
informó que, de acuerdo al estudio comisionado más reciente, solamente un
fabricante estaba usando asbestos en los secadores de cabellos portátiles, y
que el fabricante lo estaba eliminando de su producción. Aún escéptico, el
productor de Thompson envió al secador del fotógrafo a un laboratorio de
ensayos en Rockville, Maryland. El laboratorio encontró que, efectivamente, el
secador rociaba asbestos – como también lo hacían los otros 33 secadores que
la estación también había enviado al laboratorio. Entonces, el 29 de Marzo de
1979, la WRC puso en el aire su historia, declarando que 20% de los secadores
de cabello estaban expulsando un conocido cancerígeno.' [4]
La
Reacción
El
Congreso llamó de inmediato a audiencias sobre los secadores de cabello, y a
Thompson como la testigo estrella. Los negocios retiraron de sus estantes
algunos secadores. [4] La Comisión de
Seguridad en Productos del Consumidor reconoció que su estudio previo tenía un
error [5] y comenzó a considerar una
prohibición del asbestos para los secadores de cabello. Aún antes de que esta
acción pudiese ser tomada, casi todas las compañías que fabricaban secadores
de cabello acordaron recibir de vuelta los secadores que contenían asbestos, a
costo de las compañías, y reemplazarlos por secadores conteniendo mica.
[6] Esta acción se hizo para
“aliviar la preocupación pública”, aún cuando, tanto los líderes de la
industria como el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental del
gobierno pusieron en duda que la cantidad de asbestos usado en los secadores
impusieran algún riesgo. También cuestionaron, la industria y el gobierno, la
validez del estudio del laboratorio de Rockville debido al pequeño número de
las muestras. [7]
Conclusión
Dado que los secadores de cabello con asbestos fueron retirados del
mercado antes de que cualquier información concluyente se pudiese obtener, no
está claro si realmente existió algún riesgo a partir de estos productos. En
este caso particular, “una adecuada y no tóxica alternativa”[8] estaba disponible. La fijación que los
medios de comunicación tenían con los riesgos del asbestos en los años, 70
hizo difícil poner a los riesgos del asbestos en perspectiva – aún cuando el
fracaso de hacerlo puede realmente poner en peligro a la salud pública (ver
Asbestos en las Escuelas, más adelante).
Referencias
1.
National Cancer Institute. Cancer Facts: Questions and Answers About
Asbestos Exposure. Noviembre 30, 1995. 2. Elmes PC. “The epidemiology
and clinical features of asbestos-associated diseases.” Postgrad Med S.
1996; 42:623-635. 3. Craighead JE, Mossman BT. “The pathogenesis of
asbestos-associated diseases.” N Engl J Med. 1982; 306(24):1442-1455.
4. “We were all so excited, says Thompson.” People. Abril 16,
1979:15-16. 5. “And federal officials learn of hazards in homes”,
Science. abril 20, 1979:285. 6. Environmental Defense Fund. “The
campaign to end use of deadly asbestos”, EDF Letter. Vol XIX, No. 3,
Junio 1988;1-2. 7. Powledge F. “The asbestos pistol”, The Nation.
Enero 5-12, 1980:14-15.
El ácido 2,4,5-Triclorofenxiacético (2,4,5-T) se
desarrolló como un herbicida en 1948. Muy pronto tuvo un extenso uso como
exterminador de malezas, tanto en la agricultura como a lo largo de autopistas
y vías de ferrocarril. Su “especificidad de cultivos” – es decir, su habilidad
para afectar a las plantas indeseables mientras que no afectaba a los
cultivos- y su capacidad para aumentar los rendimientos de las cosechas llevó
a un reconocido editor de un altamente negativo periódico a reconocer al
2,4,5-T como “uno de los bloques básicos de la Revolución Verde.”[1] que provocó un dramático
incremento en el suministro mundial de alimentos en la era de la
posguerra.
El 2,4,5-T recibió su primera atención negativa durante la
guerra de Vietnam, en los años 60, a causa de su asociación con el
Agente Naranja (una mezcla de
2,4,5,-T y un producto relacionado, el 2,4-D). Después de que un estudio de
1969 mostraba que grandes dosis de 2,4,5-T eran teratogénicas – es decir,
causaba defectos de nacimiento - en los ratones, la USDA anunció en abril de
1970 que cancelaría el uso del 2,4,5-T para la mayoría de los usos en
alimentos.
Un subsecuente estudio de la Academia Nacional de
Ciencias demostró que el estudio primitivo había usado lotes de 2,4,5-T
contaminados con niveles de dioxina 30 veces más elevados que los que se
encuentran en el 2,4,5-T realmente usado en su fabricación. La revisión de la
ANC también encontró que el 2,4,5- T “puro” no producía los mismos efectos en
animales de laboratorio, excepto a dosis
tóxicas. El comité de la Academia Nacional de Ciencias
recomendó el levantamiento de la
prohibición.
Esta decisión de la ANC fue denunciada por
Ralph Nader, y los científicos de la revisión de la Academia fueron
públicamente atacados por Nicholas Wade, de la revista Science como
teniendo un sesgo ”pro-industria”. En agosto de 1975, William Ruckelshaus,
jefe de la Agencia de Protección del Ambiente, anunció que estaba rechazando
la recomendación de la ANC y mantenía la prohibición. [2] Sin embargo, el 2,4,5-T se continuó usando para otros
propósitos.
A fines de los 70, la EPA comisionó un estudio – después de
que 6 mujeres en Alsea, Oregon, informaran de 10 pérdidas de su embarazo y
culpaban de ello al 2,4,5-T- mostró insuficiente evidencia de una relación
entre el rociado de cultivos y las pérdidas de sus embarazos. [3, 4]
El Miedo
Respondiendo a las
continuas ansiedades sobre el tema, la EPA comisionó un segundo estudio, Alsea
II. En Febrero de 1972, los investigadores del Alsea II llegaron a las
conclusiones opuestas al Alsea I, declarando que “había un inusualmente
alto número de abortos espontáneos (p.ej.: pérdidas del embarazo), en el
área”, y que la incidencia de los abortos espontáneos podría estar
relacionada con el 2,4,5-T en dicha área.
[5] La EPA invocó de inmediato una prohibición de emergencia – la
primera vez que una acción de esta naturaleza, la más drástica que la agencia
puede tomar, y que se haya tomado jamás- para todos los usos del 2,4,5-T,
excepto para las praderas y los campos de arroz.
[6]
La
Reacción
Los productos que contenían 2,4,5-T fueron
retirados de las estanterías de inmediato. En New York, un funcionario del
estado amenazó con poner en cuarentena a cualquier comercio que aún vendiese
tales productos. Pero en una acción legal posterior, tomada por el principal
fabricante del producto en un intento por revertir la prohibición, el juez de
una Corte Federal de Michigan describió a la información de la EPA como “no
concluyente”. El juez agregó que él “no habría ordenado la suspensión
de emergencia en base a la información de la EPA”, pero dado que la EPA ha
sido investida con los más amplios poderes en esta área, la prohibición
debería mantenerse.
[7]
También hubo un amplio cuestionamiento dentro de la
comunidad científica por el uso que hizo la EPA de la información, y que por
lo menos 18 revisiones habían obtenido conclusiones opuestas. Muchos revisores
hicieron notar que, mientras la EPA sostenía que hubo un “pico” de pérdidas de
embarazos en cada Junio, en los seis años estudiados – un pico que la EPA
atribuía a los rociados realizados a comienzos de cada primavera- en realidad,
este “pico” se desvió de lo normal en sólo un año. [3]
Cualquier intento de oponerse a la prohibición
probablemente se convirtió en discusiones estériles a cuando a fines de 1979
se transmitieron dos documentales de TV – “Una Plaga en Nuestros
Hijos”, producida por WGBH, afiliada a la PBS de Boston. y “Las
Políticas del Veneno”, producida por la estación KRON de San Francisco -
que culpaban al 2,4,5-T por provocar pérdidas de embarazos. Los reportes de la
televisión no contenían ninguna información científica nueva, pero eso tenía
muy poca importancia a la vista de los desgarradores reportes anecdóticos tal como el de una mujer que
describía a su feto perdido pareciéndose a “una hamburguesa picada.”[8, 9]
Conclusión
La aprobación para cualquier uso del 2,4,5-T fue cancelada en
Febrero de 1985. Lo que todavía falta por aparecer no es sólo alguna evidencia sólida que ligue al producto a
cualquier efecto adverso para la salud, sino también algún producto de
reemplazo que sea tan efectivo como el 2,4,5-T para eliminar las plantas
indeseables que, de otra manera, crecen indiscriminadamente en las praderas.
Las actuales alternativas para el 2,4,5-T requieren más aplicaciones para
resultar efectivas, lo que las hacen prohibitivamente caras. Un experto en
control de malezas predijo que el efecto final de la prohibición del 2,4,5-T
será el tratamiento de menos hectáreas con la resultante pérdida de pasturas
necesarias para el ganado, incrementada erosión de los suelos, y el hecho de
que “algunas áreas se harán tan densas que habrá una pérdida de hábitat
para la vida silvestre”
[10]
Referencias
1. Severo R. “Two
crippled lives mirror dispute on herbicides”, The New York Times. Mayo
27, 1979:1. 2. Calus G, Bolander K. “Ecological Sanity”, New York:
David McKay; 1977:238-253. 3. Witt SM. “A Discussion of the Suspension of
2,4,5-T and the EPA Alsea II Study,” Northeast Weed Science Society,
Enero 8, 1980. 4. “Agent Orange and Dioxin”, American Medical
Association; 1981:24. 5. Whelan E. “Toxic Terror”, 2nd ed.
Buffalo, NY: Prometheus Books; 1993:285. 6. McFadden R. “EPA, citing
miscarriages, restricts 2 herbicides”, The New York Times. Marzo 2,
1979. 7. Severo R. “Dispute over the risks of 2,4,5-T continues despite a
federal ban”, The New York Times. Mayo 27, 1979:42. 8. “A Plague
on Our Children,” WGBH Educational Foundation, 1979. 9. “The
Politics of Poison,” KRON-TV, 1979. 10. “Toxic Terror”:284.
Entre 1974 y 1979 el
epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública de Harvard, Dr. Brian MacMahon y
sus colegas estudiaron 369 pacientes con cáncer de páncreas admitidos a los
hospitales de la Nueva Inglaterra, junto a 644 pacientes admitidos por otras
enfermedades. [1] El propósito del
estudio era determinar si el alcohol y el tabaco aumentaban el riesgo de
cáncer de páncreas. Pero MacMahon y sus colegas también hicieron otro
”descubrimiento” – uno totalmente inesperado.
[2]
El
Miedo
MacMahon informó en el
New England Journal of Medicine, de Marzo 1981, que ”fue evidente una
asociación entre el cáncer de páncreas y el café.” El cáncer de páncreas
era 2.1 veces más probable entre la gente que bebía hasta 2 tazas de café por
día; era 3 veces más probable entre los que bebían 3 o más tazas diarias. Si
estas tendencias se extrapolasen al público en general, continuaba el
informe, ”estimarnos ... que las proporciones del cáncer de páncreas
atribuibles al consumo de café es de más del 50 por ciento.” Aunque
admitía que los descubrimientos no suministraban una base sólida para tal
conclusión, el mismo MacMahon dijo que estaba dejando al café. [2] La Reacción
A pesar de
que el cáncer de páncreas es uno de los cánceres más fatales (sólo un 4% de
los diagnosticados sobreviven a los 5 años)
[3], y esta historia recibió una extensa cobertura periodística, la
reacción pública no fue lo que se hubiese podido anticipar. Quizás la reacción
reflejó la importancia que tiene el café en el ritual diario de la mayoría de
los norteamericanos. De hecho, el precio del café en los mercados a futuro se
incrementó ligeramente después de que el estudio se diera a publicación.
[2]
Y los resultados del
estudio de MacMahon fueron casi inmediatamente cuestionados por otros
investigadores. Por una parte, este estudio no ofrecía ninguna explicación
plausible sobre cómo el café podría conducir al cáncer de páncreas. Dado que
los fuertes bebedores de té no muestran tal riesgo, no era presumible culpar
de ello a la cafeína. Más aún, los grupos de científicos y de la industria
hicieron notar que al usarse como grupos de control a pacientes de hospital,
el estudio ignoró el hecho de que muchos de los pacientes no bebedores de café
– incluyendo a muchos internados por desórdenes gastrointestinales – pueden
haber dejado de beber café recién cuando fueron hospitalizados; el estudio no
hizo ningún intento de rastrear los patrones de ingestión de café antes de la
enfermedad [4] MacMahon reconoció
varios meses después que estas críticas eran “razonables” [5]
Conclusión
El grupo de
MacMahon repitió el estudio de 1986 y no pudo confirmar sus descubrimientos
primitivos. Informaron que “en contraste con el anterior estudio, no se
observó ninguna tendencia en el riesgo para hombres o mujeres” [6] Agregado a esto, ensayos realizados
posteriormente sobre animales, y estudios epidemiológicos no han podido
indicar que exista ninguna relación entre el café y el cáncer. [7-13] La American Cancer Society
está de acuerdo, “los más recientes estudios no han podido encontrar
absolutamente ninguna relación entre la ingestión de café y el cáncer de
páncreas, de mama o algún otro tipo de cáncer.”[14] Este pequeño miedo ilustra el peligro de poner
demasiada credibilidad en un único estudio, sin haber analizado cualquier
posible sesgo o factores de confusión. Mientras tanto, como cualquier paseo
por alguna vecindad de moda puede demostrar, el consumo de café sigue siendo
fuerte, de manera especial entre la gente joven y conciente de su
salud.
Referencias
MacMahon B., Yen S., Trichopolus D., Warren K., Nardi G., “Coffee and
cancer of the Pancreas,” New Engl J. Med. 1981; 304:630-633.
“Coffee Nerves,” Time, marzo 23, 1981:117
“Cancer Facts and Figures-1996”, Atlanta, GA, American Cancer
Society, 1996
Clark M., “Coffee – A cancer Culprit?”, Newsweek, marzo 23,
1981:87
“Cancer and Coffee: concern Percolates,” Science News, Julio 4,
1981:6
Hsieh CC, MacMahon B, Yen S, Trichopolus D, Warren K, Nardi G, “Coffee
and Pancreatic Cancer (chapter 2)”, N. Eng. J. Med. 1986;
313:587-589
Whelan E., Stare F.J., “Panic in the Pantry,” Ed. Rev. Buffalo, NY:
Prometheus Books; 1982:168
Curatolo P.W., Robertson D., “The Health Consequences of Caffeine,”
Ann Int Med. 1983; 98:641-653
Wynder E.L., Hall N.E., Polansky M., “Epidemilogy of coffee and
pancreatic cancer,” Cancer Res. 1983; 43:3900-3906
Nomura A., Heilbrun L.K., Stemmerman G.N., “Prospective Study of Coffee
Consumption and the Risk of Cancer,” J. Nat Cancer Inst. 1986;
76:587-590
Gordis L., “Consumption of methylzanthine-containing beverages and risk
of pancreatic cancer,” Cancer Lett. 1990; 52:1-12
Bueno DE mesquita H.B., Maisonneuve C.J., Runis S., Boyle P., “Lifetime
consumption of alcoholic beverages, tea and coffee and exocrane carcinoma of
the pancreas : A population-based case-control studying the
Netherlands.”, Int J Cancer, 1992; 50:514-522
1996 Guidelines on Diet, Nutrition and Cancer Prevention,
Atlanta, GA: The American Cancer Society 1996 Dietary Guidelines Advisory
Committee; 1996
Entre los
años 1969 y 1971, una planta de químicos en Verona, Missouri, fabricó el
antiséptico hexaclorofenol. Después que la compañía dejara el negocio en 1971,
uno de los proveedores contrató a un transporte de residuos para la
eliminación de los residuos de la planta. En mayo de 1971, cerca de 2000
galones de residuos, mezclados con aceite, fueron rociados rociados sobre un
escenario de arena en la ciudad de Moscow Hills para reducir el polvo y las
moscas, antes de un espectáculo ecuestre. Se roció más aceite sobre las calles
sin pavimentar de la cercana población de Times Beach para reducir el polvo.
[1]
Durante el show ecuestre,
una cantidad de caballos se enfermaron. Durante los próximos meses una docena
de caballos mostraron síntomas de malas salud, y la hija del espectáculo
enfermó. Se tomó contacto con el Centro de Control y Prevención de
Enfermedades (CDC, por Centres for Disease Control). Tres años más
tarde, el CDC llegó a la conclusión que el problema residía en el aceite
rociado en la arena – aceite que contenía 33.000 partes por mil millones de
producto 2,3,7,8.TCDD, también conocido como dioxina. Sin embargo, el CDC concluyó que el
aceite ya no imponía ningún riesgo para la salud debido a que el suelo en
cuestión ya había sido excavado y enterrado.
[2]
La dioxina es un subproducto de numerosos procesos
industriales y de combustión. Es un cancerígeno animal y teratógeno – es
decir, causa cáncer y defectos de nacimiento en animales. No hay
ninguna evidencia que demuestre que provoca cualquiera de ambos efectos en
los seres humanos. De hecho, estudios realizados en humanos expuestos a
grandes dosis de dioxina durante accidentes industriales – de manera
particular en West Virgina en 1949, en Michigan en 1964 y en Sevezo, Italia en
1976- no se halló un aumento de las tasas de cáncer o defectos de nacimiento
durante los años posteriores.
El único efecto probado de la dioxina
sobre los seres humanos es un desorden cutáneo de corta duración, conocido
como cloroacné. [3] En el otoño de 1982, la EPA puso a Times Beach en la
lista para muestreo de suelos. [2]
Pero, el 5 de Diciembre, antes de que se recibieran los resultados de
las muestras de suelo, los habitantes de Times Beach enfrentaron otra crisis:
la peor inundación en la historia del pueblo. El fenómeno virtualmente
destruyó cada una de las 800 residencias del pueblo. [4]
El Miedo
El 23 de Diciembre, justo
antes de que los habitantes de la inundada Times Beach regresaran a sus casas,
se dieron a conocer los estudios de la EPA: el suelo de algunas partes del
pueblo mostraban hasta 100 partes por mil millones de dioxina. [2] Esto era menos del 1% de lo encontrado en
la arena de los caballos, ocho años antes, pero era 100 veces más elevado que
lo que la EPA consideraba un nivel seguro (un nivel correspondiente a un caso
adicional de cáncer por cada millón de personas, durante 70 años de
exposición), suponiendo que los niños estarían comiendo tierra de las áreas
contaminadas con dioxina. [5] No
estaba claro cuál era el efecto que la inundación había tenido sobre los
niveles de dioxina. Sin embargo, el CDC inmediatamente advirtió a los
residentes de Times Beach que no retornasen a sus casas. [6]
La
Reacción
La mayoría de los
residentes hicieron caso omiso de la advertencia. Los 200 que regresaron
vieron a los operarios de la EPA trabajando en ropas de plástico, del tipo de
los astronautas, tomando muestras del suelo e intentando reparar las cañerías
de agua, aún cuando los residentes se paseaban sin ningún tipo de
protección. [5] La policía del
condado huyó del pueblo, y se desató el saqueo. Un psicólogo describió a la
condición mental de la mayoría de los residentes como “un estado de
shock”. [7] Los
estudios iniciales del CDC sobre los residentes de Times Beach no mostraron
problemas de salud desusados – ni aún siquiera el cloroacné, de manera típica
la “marca” de la dioxina. [5]
Y lo estudios preliminares de la EPA sobre el lodo, después de las
inundaciones, mostraron niveles de exposición a la dioxina mucho más
bajos. [1] A pesar de ello, la EPA
anunció en Febrero de 1983 que compraría todas las casas de Times Beach – la
primera de tales compras masivas bajo el Superfund - a un costo de $33
millones. [8]
Para los
afligidos habitantes de Times Beach, estas noticias vinieron como un alivio.
Sin embargo, las autoridades científicas eran mucho más escépticas. Pocos
meses después, la American Medical Association adoptó una resolución en su
convención, criticando ”la reacción irracional y el injustificado terror
público... información errónea sobre los riesgos de la dioxina para la salud.
” Y la revista Science hizo notar que la dioxina, cuando está
íntimamente ligada a los suelos, como en el caso de Times Beach, “no se
Constituye en un riesgo”. [9] Conclusión
Posteriores ensayos de
seguimiento realizados en los habitantes de Times Beach siguieron demostrando
que no había evidencia de un aumento de enfermedades. [10, 11] Y en 1991 – después de que una reevaluación de la
EPA demostró que la exposición a la dioxina podría no tener efectos adversos
para la salud, aún en las ratas- el gobierno hizo algo que casi nunca hace:
admitió haberse equivocado.
El Dr. Vernon Houk, el funcionario del CDC
que había ordenado la evacuación, admitió que “Visto lo que conocemos sobre
la toxicidad de este producto y sus efectos sobre la salud humana, parece que
la evacuación fue innecesaria. Times Beach fue una reacción exagerada. Se basó
en la mejor información científica que teníamos entonces. Resultó que
estábamos en un error.” [12]
El jefe de la EPA, William Reilly estuvo de
acuerdo: “Estamos viendo nueva información sobre la dioxina que sugiere que
se debería aplicar un menor avalúo de riesgos de salud para la dioxina... No
existen muchos precedentes en el 'establishment' federal para retroceder en
los juicios sobre toxicidad. Pero necesitamos estar preparados para ajustar,
subir y bajar normas, a medida de que nueva ciencia sea disponible.”[13]
El costo total de la
recompra de Times Beach y su limpieza han sumado ya $138 millones, por lo
menos. Y, de manera increíble, hay signos de que el gobierno federal no ha
aprendido su lección: Recientemente, el gobierno acordó en pagar $18 millones
para reubicar a los residentes de un pueblo de Florida donde los niveles de
dioxina encontrados fueron de 0.2 partes por mil millones – mucho menores que
los niveles usados para Times Beach. La decisión de Florida – que según un
funcionario de la EPA fue ordenado por la Casa Blanca “en respuesta a
presiones políticas en un año de elecciones.”- fue comentada por otro
ingeniero de la EPA como algo que muy probablemente cause que muchas otras
comunidades reclamen una reubicación similar. [14]
Referencias
1. Garmon L. “Dioxin
in Missouri: Troubled Times,” Science News. Enero 22, 1983:61-63.
2. Sun M. “Misouri's costly dioxin lesson,” Science News. Enero 28,
1983:367-368. 3. Letts R. “Dioxin in the Environment”. New York:
American Council on Science and Health; 1991:5-12. 4. Lerner M. “The
trouble at Time Beach,” Newsweek. Enero 10, 1983:24. 5. Dioxin
in the Environment:14 6. The ”river rats” wants to stay. Time,
Enero 10, 1983. 7. “County pulls police out of poisoned Missouri town,”
The New York Times. Enero 1, 1983:A18. 8. Garmon L. “The buying of
Times Beach: a town unfit for humans beings,” Science News. Febrero 26,
1983:132-133. 9. “Chlorinated dioxins,” Science. Junio 24, 1983.
10. Edgar M. “Times Beach residents pass first dioxin tests,” St. Louis
Globe-Democrat. Julio 1, 1983. 11. Council for Agricultural Sciences
and Technology. The Missouri Dioxin Controversy: Scientific Overview.
Abril 1983:3. 12. Schneider K. “Times Beach Warning: regrets a decade
later,” The New York Times. Agosto 15, 1991. 13. Napier K.
“Re-evaluating dioxin: the implications for science policy,”
Priorities. Invierno 1992:35-37. 14. Nossiter A. “Villain is dioxin.
Relocation is response. But judgement is in dispute,” The New York
Times. Octubre 21, 1996:A12.
El
dibromuro de etilo (EDB), se usó desde el principio de los años 30:
principalmente como un aditivo para impedir el ”pistoneo” en la gasolina con
plomo, pero también como un fumigante agrícola para el control de nemátodos
(orugas) en los frutos cítricos, para impedir infestación de insectos y moho
en los granos almacenados largo tiempo, para eliminar insectos de la
maquinaría de molienda de trigo para producir harinas, y para el control de
moscas tropicales en las frutas. A causa de que el EDB se evapora rápidamente
después de su aplicación, durante muchos años se le exceptuó de la aplicación
de las normas regulares que exigían niveles de tolerancia para los residuos de
pesticidas. La excepción se basaba en la creencia que el EDB se habría
evaporado totalmente antes de que un producto tratado llegase al consumidor.
Hacia los años 70, la capacidad para detectar residuos se tornó más sensible y
se descubrió que minúsculos residuos de EDB se hallaban presentes en algunos
productos de la fruta. [1] El Miedo
La Agencia de Protección del
Ambiente anunció, en Septiembre de 1983, que se habían encontrado residuos de
EDB en aguas de la Florida, y que esto imponía “un inminente peligro”
para la salud humana. No había dudas de que el EDB era un cancerígeno
animal; [2] de hecho, era uno de los
más potentes cancerígenos de animales encontrados en el rango de los productos
sintéticos.
Sin embargo, el grado de peligro de un producto químico
está determinado por su potencia y por su dosis, y los roedores alimentados
con EDB ingirieron dosis 250.000 veces más elevadas que las dosis
proporcionales ingeridas normalmente por los humanos. A pesar de ello, la EPA
se dio a la tarea de prohibir el EDB como fumigante de suelos y anunció planes
para prohibir los demás usos agrícolas del EDB.
[3]
En 1983, después de que se encontraron altas
concentraciones de EDB en alimentos de maíz procesado, en ripios y en ”hush
puppies”, el estado de la Florida prohibió la venta de cualquier alimento que
tuviese residuos de EDB. [4] En
Febrero de 1984, la EPA anunció una prohibición inmediata del uso de EDB en
granos, y el uso para fruta debía suspenderse en los próximos seis meses. Los
alimentos existentes ya tratados con EDB, podrían venderse solamente si los
residuos se ubicaban por debajo de los nuevas normas de tolerancia a dictarse.
[5]
La Reacción
De acuerdo a un informe periodístico, la acción de la EPA condujo a
un “patrón de confusión.” Algunos estados cumplieron rigurosamente con
los lineamientos de la EPA. Otros, como el estado de Florida, impusieron
normas mucho más estrictas y retiraron de la venta cualquier producto que
tuviese residuos detectables de EDB. Otros estados, sin embargo, no tomaron
ninguna acción. En la Florida, una comunidad gastó $1 millón para reemplazar
pozos de agua que se consideraban contaminados; en otras comunidades, los
residentes fueron forzados a viajar 16 kilómetros para comprar agua ”no
contaminada”. [6]
Sin embargo,
gran parte de la comunidad científica era escéptica al respecto. Los
científicos hicieron notar que jamás se había podido probar que el EDB causara
cáncer en los humanos, y remarcaron que, si era un cancerígeno, era uno mucho
menos poderoso que los que ocurren de manera natural en muchas substancias
(tal como la aflatoxina, que se encuentra comúnmente en el maní y se le
permite una concentración de hasta 20 partes por mil millones). Hasta el jefe
del equipo de regulación de la EPA declaró que ”la prensa ha dado al
público una sensación de pánico acerca del EDB que es inmerecida. [7]
Un año más tarde, un consultor
independiente contratado por la EPA llegó a la conclusión que la agencia no
había comunicado de manera clara los hechos acerca de los riesgos reales del
EDB y, de esa manera, había contribuido al pánico generalizado. [2]
Conclusión
La cantidad
de EDB a la que estaba expuesto el público era infinitesimal. La estimación de
la EPA antes de la prohibición – una estimación que muchos observadores
consideran que era mucho mayor que la exposición real - era de cinco a diez
microgramos (millonésima parte de un gramo) por día. En comparación, el
Norteamericano promedio ingiere 140.000 microgramos de pimienta de mesa
diariamente; y la pimienta contiene el poderoso cancerígeno animal safrole.
Todavía más, estudios hechos sobre los trabajadores de las fábricas de EDB –
personas expuestas a dosis de cinco a diez mil veces más altas que la dosis
promedio ingerida por los consumidores- no mostraron un nivel más elevado que
el normal en incidencia de cánceres.
[8]
Desde el retiro del EDB del mercado, los productores de
granos y frutas han debido recurrir a una de tres alternativas para impedir la
infestación de sus productos: el bromuro de metilo, bisulfito de carbono
mezclado con tetracloruro de carbono, o fosfina. Los dos primeros son
reconocidos cancerígenos humanos, el tercero nunca fue sujeto a ensayos para
toxicidad crónica y es altamente inflamable.
[9] Ninguno de los tres es un fumigante tan efectivo como el EDB, y
todos ellos deben ser aplicados en dosis mucho más elevadas para ser
efectivos. [8]
Como una
alternativa más segura, la FDA ha aprobado el uso de la irradiación de bajas
dosis de rayos gamma para prevenir la infestación [10, 11] pero la irradiación todavía tiene muchas trabas en
la aceptación de la industria y del público, debido en parte a la actividad de
grupos que han traído al tapete preocupaciones en lo relativo a la seguridad
de la irradiación- preocupación que no está apoyada por ninguna evidencia
científica. De cualquier modo, las instalaciones para irradiación de alimentos
no se han construido en gran escala.
El EDB puede haber sido olvidado
ya por casi todos los consumidores, pero la prohibición ha dejado un visible y
repugnante legado: informes anecdóticos de todas partes del país durante los
últimos años indican un creciente número de insectos volando en las despensas
y bichos vivos en bolsas de harina recién abiertas, cajas de cereales, polenta
y productos similares - un hallazgo que si resulta consistentemente cierto,
puede ser atribuido a la pérdida del EDB y su reemplazo por alternativas menos
eficaces. Y esto no es sólo un desagrado meramente estético: muchos de los
insectos en las bolsas y cajas pueden ser portadores de mohos altamente
tóxicos y cancerígenos, esporas, y microbios. Todavía falta determinar si esto
no impone un nuevo y real peligro para la salud humana.
Referencias
1. Craigmill AL.
“Ethylene dibromide and methyl bromide,” Environmental Toxicology
Newsletter. 2(1); Agosto 1981. 2. Wong LC, et al. “Carcinogenicity and
toxicity of 1,2-dibro- methane in the rat,” Toxicol ApplPharmacol. 1982; 63(2) :155-165. 3. Gold LS, et al. “Rodent
carcinogens: setting priorities,” Science. 1992; 258:261-265. 4.
“Pesticide scare laid to communication gap,” The New York Times. Marzo
12, 1985:A18. 5. “Ban on pesticide is weighed by the U.S.,” The New
York Times. Febrero 3, 1984:1. 6. “States' actions on EDB in food
resulting in patterns of confusion,” The New York Times. Febrero 18,
1984: 1. 7. “Some experts say EDB risk is small,” The New York
Times. Febrero 18, 1984:1. 8. Havender W. “Ethylene dibromide
(EDB),” New York: American Council of Science and Health. Mayo, 1984.
9. Whelan E., “Toxic Terror,” 2nd ed. Buffalo, NY: Prometheus
Books; 1983:85. 10. Greenberg R. “Irradiated Foods,” 4th ed. New
York: American Council on Science and Health; 1996:7. 11. Council for
Agricultural Science and Technology. “Radiation Pasteurization of Food,”
Issue Paper. Abril 1996; 7:1-10.