HECHOS VERSUS
MIEDOS: UNA REVISION DE LOS
MAYORES E INFUNDADOS MIEDOS SOBRE LA SALUD EN LOS TIEMPOS
RECIENTES
Por ADAM J.
LIEBERMAN (1967-1997) SIMONA C. KWON, M.P.H.
Preparado para el Consejo
Americano sobre Ciencia y Salud (American Council on Science and
Health) TERCERA
EDICION
Primera publicación
en Mayo de 1997; revisión en Septiembre de 1997; revisión en Junio de
1998
Traducción al Español en Enero de 1999 por Eduardo
Ferreyra Fundación Argentina de Ecología
Científica shuara@fullzero.com.ar
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H. L. Mencken dijo una vez que”todo el objeto de las políticas prácticas es
mantener a la población alarmada (y de allí clamorosa para ser conducida a la
salvación), amenazándola con una interminable serie de duendes, todos ellos
imaginarios”.
Por
ejemplo, los miedos relativos a la salud que carecen de fundamentos. Desde su
fundación en 1978, el American Council on Science and Health se ha
dedicado a separar los riesgos reales y probados para la salud – tal como el
cigarrillo – de los ”miedos” sin
fundamentos que están basados en evidencias científicas cuestionables,
hipotéticas o tan sólo inexistentes. Este informe resume los casos más
notables de miedos en la última mitad del siglo. En cada caso revemos los
cargos hechos contra una sustancia o producto determinado – o aún contra una
comunidad entera.
Discutimos las bases de dichos cargos, la reacción
del público y de los medios de comunicación, y los verdaderos hechos sobre los
riesgos que existieron (si es que hubo alguno). Donde es aplicable, damos una
actualización sobre lo que los últimos y más acreditados estudios científicos
tienen que decir sobre cada tópico. Los miedos están presentados en orden
cronológico, ordenados de acuerdo al año en que cada uno de ellos se convirtió
en un asunto público. Hemos elegido estos miedos porque cada uno de ellos
recibió una amplia atención del público en su momento – y cada uno de ellos
siguió su propio curso en términos de respuesta del público y de
regulaciones.
Por la misma razón, hemos decidido no discutir algunas de
las alarmas actuales, como el furor por el implante de prótesis de siliconas,
cuyo capítulo final aún no ha sido escrito. Algunos de los miedos examinados
aquí condujeron a la prohibición de productos y substancias. Algunos llevaron
a desastres económicos y financieros para los productores y procesadores de
los productos falsamente acusados. En otros casos, después del pánico inicial,
los consumidores se encogieron de hombros y desecharon los miedos.
Es
interesante notar que las decisiones de prohibir u olvidar no dependió, por lo
general, de la relativa magnitud del riesgo sino en el rol percibido que los
productos tenían en la vida diaria de los consumidores. En algunos casos un
riesgo muy pequeño fue exagerado, o no se comparó al riesgo con los beneficios
derivados de esa sustancia. En otros casos la evidencia disponible no mostraba
riesgo alguno para la salud, y la gente que hacía los cargos lo sabía
perfectamente – o debería haberlo sabido. Los extendidos miedos y
preocupaciones del público en materia de salud y seguridad no son nuevos en
nuestra era, por supuesto. Pero lo que hace que estos miedos en particular
sean únicos en comparación con los pánicos de otras épocas, es que
específicamente involucraban a los productos de la tecnología más que a las
plagas que en el pasado habían exterminado tantas vidas.
Iniciados muy
a menudo por organizaciones ”ambientalistas” o de ”consumidores”, y empujados
por los modernos medios de comunicación masiva, estos miedos aparecieron
cuando los norteamericanos gozaban de mejor salud, una expectativa de vida en
aumento, un mejor nivel de vida y una mayor comprensión científica de las
causas de las muertes y las enfermedades humanas. A medida que vaya leyendo
este informe, verá usted emerger temas y patrones comunes en el relato de los
miedos.
La suposición indiscriminada que los resultados de pruebas de
laboratorio que involucraban a roedores alimentados por la fuerza
(usualmente por medio de tubos al estómago) de dosis masivas de alguna
sustancia, pueden ser extrapolados para demostrar que la sustancia en
cuestión provoca cáncer en los seres humanos.
Ignorancia del principio básicos de la toxicología "La dosis hace al
veneno", cuando los consumidores se inquietaban por la presencia de
siquiera una simple molécula de una sustancia que no es peligrosa para los
humanos, a menos que sea consumida en enormes cantidades.
La aceptación, implícita o explícita, del "principio de
precaución" concebido por las Naciones Unidas que declara "donde
existan amenazas de un serio e irreversible daño ambiental, la ausencia de
una total certeza científica no será usada como razón para posponer medidas
efectivas para prevenir la degradación".[*] En otras palabras, todo
lo que importa es si una sustancia o tecnología podría causar daño.
Si no se puede desechar totalmente el riesgo, entonces el producto o
actividad riesgosa no debe ser permitida.
El miedo a las substancias "sintéticas", aunque muchas de esas mismas
substancias existen en la naturaleza de manera abundante.
Todos estos
temas y patrones estaban presentes en el primero de nuestros miedos, el
infame “miedo a los arándanos agrios" (cranberry) de 1959. Y continuaron
apareciendo en casi todos los miedos de las siguientes tres décadas,
alcanzando su cenit con el gran miedo al Alar, de 1989. La respuesta a los
miedos en la era post-Alar ha sido más callada. Esto puede deberse a una
"sobrecarga" del público y al creciente escepticismo frente a las alarmas de
primera página, tal como las admoniciones periódicas del Center for Science
in the Public Interest en contra de la comida china, el popcorn de los
cines y otras preferencias gustatorias populares. El propósito de este informe
no es, por supuesto, reflexionar sólo sobre la propensión de nuestra sociedad
moderna a temer lo que no es familiar.
Esta colección de historias de
miedo quiere servir como una clase diferente de raconto precautorio. Las
alarmas y miedos que hacen foco en riesgos triviales o aún inexistentes – y
las campañas de los medios y el pánico público que surge – puede servir para
desviar los ya escasos recursos de los riesgos reales y significantes para la
salud pública. En este informe intentamos mostrar la manera como ha sido
manipulado el público norteamericano por ciertos segmentos de los medios, por
un puñado de investigadores que están fuera de la principal corriente
científica, y por una gran cohorte de activistas y reguladores del gobierno,
todos los cuales han asustado al público – intencionalmente o no - con riesgos
hipotéticos. Lo que necesitamos es información científica veraz, responsable y
equilibrada. Los periodistas deben tornarse más conocedores de la ciencia (y
de la manera de informar en ciencia) de modo que ellos – y nosotros – podamos
evitar las tormentas de la prensa y los miedos que se discuten en este
informe.
De manera resumida, si queremos alcanzar el objetivo de
suministrar a los consumidores con un entendimiento de la ciencia – y de los
riesgos reales en que pueden incurrir – necesitamos estrechar la distancia
entre periodismo y ciencia. ACSH tiene la esperanza que, después de leer este
informe, usted, como consumidor, va a considerar con sumo cuidado las próximas
alertas de grandes titulares que vendrán; que va a detenerse a considerar
críticamente si los titulares describen una amenaza real o un riesgo trivial.
Recuerde que los problemas que esos titulares pueden causar podrían ser más
peligrosos que los "riesgos" mismos. Asimismo recuerde que, al revés de todo
lo que los catastrofistas afirman, la tecnología está haciendo al mundo cada
día más seguro.
[*] Conferencia de
las Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo (UNCED). Declaración de Río.
Río de Janeiro, Brasil: UN 1992 (Principio 15)
El herbicida Aminotriazole se usó primero en las cosechas de
arándanos (cranberry) en 1957. Dado que el producto no había sido aún aprobado
para usar en cosechas, los productores retuvieron 30.000 barriles de arándanos
que contenían residuos de aminotriazole. Al año siguiente el producto fue
aprobado. Experimentos hechos por la FDA (Food and Drug Administration)
mostraron que cuando el aminotriazole se le administraba a las ratas en
concentraciones de 100 partes por millón en su dieta, inducía cáncer de la
tiroides. Aunque esta dosis era el equivalente para un ser humano de la
ingestión de 7.500 kilos de arándanos diarios durante varios años, la FDA
restringió del aminotriazole para las fases post-cosecha del arándano. Durante
1958 no se encontró ningún residuo. El Miedo
El 9 de Noviembre de 1959, el Secretario de Salud,
Educación y Bienestar, Arthur Fleming anunció que un cargamento de arándanos
de Oregon examinados por la oficina de San Francisco de la FDA estaban
contaminados con aminotriazole. Fleming también advirtió otros
arándanos de Oregon y Washington – el9% de la cosecha – también
podrían estar contaminados. Agregó que los arándanos de otros estados
(Massachussetts, Wisconsin, y New Jersey) no mostraban evidencias de
contaminación. Cuando un reportero le preguntó cómo "una ama de casa podría
estar segura de la seguridad de los arándanos que estaba comprando",
Fleming respondió, "Para estar segura, ella no compra ".[1] La
Reacción
El
comentario de Fleming – que hizo 15 días antes del Día de Acción de Gracias –
desató el pánico. Los funcionarios de salud de Ohio y las autoridades de San
Francisco y Chicago prohibieron la venta de arándanos. Los estados de
Michigan, Kentucky y Washington instaron a una suspensión voluntaria. Los
supermercados y restaurantes de Nueva York y otras ciudades retiraron los
productos y platos que contenían arándanos de los estantes y
menús.[3] Un club nocturno de Chicago impuso el límite de un
cóctel de arándanos por cliente.[4]
Los
plantadores de arándanos acordaron unirse a la FDA para buscar contaminación
de aminotriazole [5] pero se indignaron con
Fleming por sus comentarios. Los productores exigieron una disculpa, y el
Massachussetts Farm Bureau pidió la renuncia de Fleming.
[3] Con cautela por los efectos de la alarma, otros
funcionarios del gobierno comenzaron a retroceder: el Secretario de
Agricultura Ezra Taft Benson anunció que él tendría arándanos en su mesa del
Día de Acción de Gracias.[6]
Hasta los
candidatos de la elección Presidencial de 1960 ingresaron a la escena. En
paradas de campaña en Wisconsin, Richard Nixon se sirvió cuatro porciones de
salsa de arándanos y el senador John F. Kennedy se bebió dos vasos de jugo de
arándano.[1]
Las latas de
salsa de arándanos reaparecieron en los estantes de los supermercados a tiempo
para el Día de Acción de Gracias, completadas con leyendas que aseguraban al
comprador que la fruta había sido inspeccionada y aprobada. El mismo Fleming
prometió que él tendría arándanos en su mesa de celebración.[7] Los productores de arándanos habían temido por la pérdida total
de los ingresos de $45 a $50 millones provenientes de las ventas del Día de
Gracias [5] – el60% de las ventas anuales- pero la
pérdida real fue aparentemente mucho menor. Por lo menos un senador de los
EEUU sugirió que el gobierno debía indemnizar a los productores por sus
pérdidas, pero no se tomó ninguna acción al respecto. [9]
Conclusión
Como se ha notado,
cualquier riesgo viniendo del aminotriazole era, cuando mucho,
infinitesimal, vistos las inmensas cantidades que se le hicieron ingerir a las
ratas del experimento que impulsaron a la FDA a declararla sustancia
cancerígena. Por otra parte, lo mismo que sucede con otras substancias que son
cancerígenas en los roedores, cualquier daño hipotético hecho por el
aminotrriazole se ve empequeñecido por la acción muchísimo más potente de los
cancerígenos que ocurren en la naturaleza.
Al respecto, el Dr. Edwin
Astwood, profesor de medicina en la Universidad Tufts, hizo notar que ciertas
variedades de nabos contenían 100 veces más potencia antitiroidea que la que
existe en cualquier arándano contaminado con aminotriazole.[10] El New York Times (entre otros) declaró que Fleming
había ido "demasiado lejos" al provocar un pánico innecesario. El
Times hizo notar que aún si se probase que los humanos son tan
susceptibles a la sustancia como lo son las ratas, la gente debería consumir
cantidades fantásticas de las frutas contaminadas para sufrir cualquier efecto
adverso. [11]
Sin embargo,
todos los intentos de poner al asunto en una perspectiva lógica fueron
ignorados por el público en general. Ya en esos días, la gente sufría de
quimiofobia. Un artículo periodístico hacía notar la influencia de "grupos
de vida silvestre y conservación... y entusiastas de la comida naturista, que
creen que los residuos químicos en los productos agrícolas imponen una amenaza
para la salud". [12]
Sin embargo,
la influencia más importante era la Cláusula Delaney, que había sido
pasada como una enmienda a la Federal Food, Drug and Cosmetic Act el
año anterior. Fue la Cláusula Delaney la que codificó por primera vez al
principio de "la rata como un pequeño hombre": la premisa que cualquier
sustancia que provoca cáncer en las ratas en dosis extraordinariamente
grandes, también provocará cáncer en el hombre en dosis moderadas.
[13] como lo hizo notar un informe, la Cláusula Delaney
le ató las manos a la FDA. La enmienda impidió que la FDA considerase segura
ningún alimento si contiene la más mínima cantidad de sustancia
(específicamente un aditivo: la cláusula Delaney no se aplica a las
substancias que ocurren naturalmente en las comidas) que haya demostrado que
provoca cáncer en ensayos con animales.[8]
Los arándanos "no contaminados" retornaron prontamente a
las mesas norteamericanas, pero se había sentado un precedente: Al público se
le había enseñado a temer a pequeñísimas cantidades de sustancias químicas,
sin tener en cuenta el real riesgo para la salud humana.
Y este pequeño
y pantanoso escandalete sentó los cimientos para las alarmas y miedos que
vendrían: pavimentó el camino de muchos de los otros miedos que se discuten en
este informe.
Referencias
Cranberry Affair. Newsweek. Noviembre 23, 1958:35
US widens taint check for cranberries. The New York Times.
Noviembre 11, 1959:1
Cranberry crops facing huge loss The Xew Yodc Times, Noviembre
11, 1959:1
Mercy Ma! No cranberries. Life, Noviembre 23, 1959
Weed-killer testing of cranberries crop aided by growers. The New York
Times, Noviembre 11l, 1959:1
Benson won't abandon cranberries on holiday. The New York Times,
Noviembre 11, 1959:29 7
Cranberries, please. Newsweek, Noviembre 30, 1959:27
The Cranberry Scare-Here are the Facts, U.S.Xews and 8'orld
Report, Noviembre 23, 1959:44-45
Williams in protest. The New Fork Times, Noviembre 12,
1959:20
Hayes, W. Pesticides Studied in Man, Baltimore: Williams &
Wilkins; 1982:566
Cranberries and Mr. Fleming. The New Fork Times, Noviembre 14,
1959:44
Pesticide scare worries manufacturers. The New York Times,
Noviembre 12, 19559:1
Jukes, T.H. Chasing a receding zero:impact of the zero threshold
concepts on actions of regulatory officials. Journal of Ehe American
Coll. Toxicology 1983; 2(3):147-160
ElDDT (dicloro-difenil-tricloroetano) fue
sintetizado por primera vez en 1877, [1] pero no
se usó hasta 1940, cuando un químico suizo descubrió que podía ser rociado
sobre las paredes y provocaría la muerte de cualquier insecto hasta seis meses
después, sin efectos tóxicos aparentes sobre los humanos. [2] La eficacia, persistencia y bajo costo del DDT (sólo 17
centavos la libra) hizo que se usara a escala mundial en campañas
antimaláricas. Se introdujo para uso extendido durante la Segunda Guerra
Mundial y se convirtió en el insecticida más importante, responsable de
mantener la salud humana a través de las dos décadas siguientes. El científico
que descubrió las propiedades como insecticida del DDT, Dr. Paul Müller, se
hizo acreedor del Premio Nobel en Fisiología y Medicina en 1948
[3] El Miedo
En 1962 se lanzó el lírico pero científicamente
equivocado libro de Rachel Carson, Primavera Silenciosa. El libro
argumentaba con elocuencia, pero erróneamente, que los pesticidas –
especialmente el DDT- estaban envenenando al ambiente y a los animales
salvajes, y también ponía en peligro la vida de los seres humanos. La reacción
emocional del público a Primavera Silenciosa fue el lanzamiento del movimiento
ecologista moderno.[4] El DDT se convirtió en
el blanco principal de los ataques del creciente movimiento anti-químico y
anti-pesticida durante la década de los 60. La razonada discusión científica e
información comprobada de los favorables efectos del DDT sobre la salud humana
fueron barridos a un lado por los alarmistas ambientales que descartaron los
enormes beneficios del DDT con dos argumentos: 1) El DDT era un cancerígeno, y
2) ponía en peligro al ambiente, en especial a ciertos pájaros.
En
1969, un estudio encontró una mayor incidencia de leucemia y tumores de hígado
en ratas alimentadas con DDT que en las ratas no expuestas al
insecticida.[5]
Muy pronto, los ecologistas estaban
culpando al DDT de la declinación en la población de pájaros
silvestre como el halcón peregrino y el águila. Una cantidad de estados se
movieron para prohibir al DDT, y en 1970 el Departamento de Agricultura de los
EEUU anunció un plan para la prohibición de su uso, menos para los más
esenciales.[6] La
Reacción
Numerosos científicos protestaron que los estudios de laboratorio
sobre animales se contradecían con la epidemiología, dado que el DDT se había
usado durante los previos 25 años sin ningún aumento de cánceres de hígado en
ninguna de las poblaciones sobre las que había sido rociado. Y cuando la
Organización Mundial de la Salud (OMS) investigó los estudios sobre ratas de
1969, los científicos descubrieron que tanto las ratas del test como las de
control habían desarrollado un sorprendente número de tumores. Las
investigaciones posteriores comprobaron que la comida suministrada a ambos
grupos de ratas eran mohosas y contenían aflatoxina, un potente
cancerígeno.[7]
Cuando se repitieron los ensayos
usando comida sin contaminar, ninguno de los grupos desarrolló tumores. En
1970, la Academia Nacional de Ciencias declaró "en poco más de dos décadas,
el DDT ha impedido 500 millones de muertes debidas a la malaria, que de otra
forma habrían sido inevitables."[8]
Además,
la evidencia relativa al efecto del DDT sobre la disminución del espesor de
las cáscaras de huevos de las aves silvestres es cuando menos contradictoria.
La literatura ecologista sostiene que las aves tratadas directamente con el
insecticida estaban poniendo huevos con cáscaras delgadas. Estas cáscaras,
dicen los ecologistas, se tornarían eventualmente tan frágiles que los huevos
se romperían, causando una declinación en la población de pájaros,
especialmente entre los raptores (aves de rapiña).
En 1968, dos
investigadores, los Dres. Joseph J. Hickey y Daniel W. Anderson, informaron
que se había encontrado una elevada concentración de DDT en las poblaciones de
aves de rapiña. Los dos llegaron a la conclusión de que la incrementada
fragilidad de las cáscaras de los huevos en los halcones peregrinos, el
águilas calva y el águila osífraga era debida a la exposición al DDT.
[9] El Dr. Joel Bitman y sus asociados en el
Departamento de Agricultura de los Estados Unidos determinaron que las
codornices japonesas alimentadas con DDT producían huevos de cáscaras delgadas
y con bajo contenido de calcio.[10]
En
realidad, la declinación de la población de aves había ocurrido antes de la
presencia del DDT o se había dado años antes del uso del DDT. Una comparación
entre el Conteo Navideño de Pájaros de la Audubon Society de
1941 (pre-DDT) y de 1960 (después que el uso del DDT había decrecido) revelan
que por lo menos 26 especies de pájaros se habían tornado más numerosos
durante dichas décadas, el período de mayor uso del DDT.El conteo de la
Audubon Society documenta un general aumento de los pájaros observados
desde 1941 hasta 1960, y los análisis estadísticos de la información de la
Audubon confirma este aumento percibido. Por ejemplo, en 1941 solamente se
documentaron 197 águilas calvas [11]; el número se
incrementó a 891 en 1960.[12]
En Hawk
Mountain, Pennsylvannia, equipos de ornitólogos realizaban durante 40 años
conteos diarios de aves de rapíña migratorias. Los conteos – publicados
anualmente por la Asociación del Santuario de Hawk Mountain - revelan un gran
aumento en la mayoría de las especies de halcones durante los años del
DDT. La cuenta del águila osífraga se incrementa de la siguiente manera:
en 1941, 191; en 1956, 288; en 1967, 457; y en 1972, 630 [13]. En 1942, el Dr. Joseph Hickey - que en 1968 culparía al DDT de
la declinación de aves - informó que el70% de la población de águilas
osífragas del Este había sido matada por trampas de postes en los alrededores
de los criaderos de peces.[14] Ese mismo año, antes
de que el DDT iniciase su uso, Hickey notó una declinación en la población de
halcones peregrinos.[15]
Otros
observadores también documentaron que la gran declinación del halcón peregrino
en el Este de los Estados Unidos ocurrió mucho antes de la presencia del DDT
en el ambiente. [16,
17] En Canadá se observó que los
peregrinos se estaban "reproduciendo de manera normal" en los años 60,
aún cuando sus tejidos contenían 30 veces másDDT que el tejido de los
peregrinos del Medio Oeste, que se afirmaba que estaban siendo exterminados
por el insecticida.[18]
Y en la Gran
Bretaña, en 1969, un estudio de 3 años de duración del gobierno demostró que
la declinación del halcón peregrino se había detenido en 1966 aún cuando los
niveles de DDT eran tan elevados como nunca. El estudio inglés informó que
"No existe ninguna correlación estrecha entre la declinación de las aves
predadoras, particularmente el halcón peregrino y el halcón gorrión (sparrow
hawk), y el uso del DDT [19]
Además,
investigaciones posteriores refutaron a los estudios originales que habían
señalado al DDT como la causa del adelgazamiento de las cáscaras. Después de
reevaluar los resultados usando metodología más moderna, los Dres. Hickey y
Anderson admitieron que los extractos de cáscaras que ellos habían estudiado
contenían muy poco o nada de DDT, y dijeron que ahora estaban tras los PCBs,
productos químicos usados como aislantes de condensadores, como los probables
culpables.[20]
Cuando se
revisaron cuidadosamente, los estudios del Dr. Bitman revelaron que los
faisanes de la investigación fueron alimentados con una dieta cuyo contenido
de calcio era de sólo0.56% (la dieta normal de un faisán contiene2,7% de calcio). La deficiencia de calcio es una reconocida causa para la
delgadez de las cáscaras. [21-23] Después de muchas
críticas, Bitman repitió los ensayos, pero esta vez con los niveles
suficientes de calcio: las aves produjeron huevos sin cáscaras
delgadas.
[24]
Después de muchos años
de estudios de alimentación cuidadosamente controlada, el Dr. M. L. Scott y
sus asociados del Departamento de Ciencias de Aves de Corral de la Universidad
de Cornell "no encontraron temblores, ni mortalidad ni afinamiento de las
cáscaras de los huevos, como tampoco interferencias con la reproducción
causada por niveles de DDT que fuesen tan altos como los denunciados como
presentes en las aves silvestres en lugares donde se afirmaba que se estaba
produciendo una catastrófica declinación en la calidad de las
cáscaras.[23]
De hecho, el
adelgazamiento de las cáscaras puede tener múltiples causas, incluyendo la
estación del año, nutrición (en especial insuficiente calcio, fósforo vitamina
D y manganeso), aumento de la temperatura, tipo de suelos, y condiciones de
crecimiento (por ej.: luz solar y hacinamiento). [25]
En los años que precedieron a la prohibición del DDT,
organizaciones como la Academia Nacional de Ciencias, [26, 27] la American Medical Association, el U.S. Surgeon General
[28], la Organización Mundial de la Salud
[29], y la Organización de Alimentos y Agricultura de
las Naciones Unidas (FAO) [30] se contaron entre las
que hablaron a favor del uso continuado delDDT como combatiente contra
las enfermedades y protector de las cosechas.
En 1971 se transfirió la
autoridad sobre los pesticidas desde al Departamento de Agricultura a la
recién creada Agencia de Protección del Ambiente (EPA). En abril de 1972,
después de siete meses de testimonios, el Juez Edmund Sweeney dictaminó que
"el DDT no es un riesgo cancerígeno para el hombre,... El uso del DDT bajo las
regulaciones involucradas aquí, no tiene efectos deletéreos sobre los peces de
agua dulce, organismos estuarianos, aves silvestres, u otra clase de vida
silvestre... La evidencia en este proceso apoya la conclusión de que existe
una real necesidad para los usos esenciales del DDT" [31] Dos meses después, el jefe de la EPA, William Ruckelshaus – que
jamás había concurrido a ninguna sesión durante los siete meses de las
audiencias de la EPA, y que había admitido no haber leído la transcripción de
las audiencias- revirtió la decisión del Juez Sweeney. Ruckelshaus declaró que
el DDT era “un potencial cancerígeno humano" y lo prohibió virtualmente
para casi todos sus usos. [32]
Conclusión
La prohibición del DDT se consideró la mayor victoria del
movimiento ecologista en los EEUU. El efecto de la prohibición resultó menos
saludable en otras naciones, sin embargo. En Ceilán (hoy Sri Lanka) el rociado
del DDT había reducido los casos de malaria de 2,8 millones en 1948 a 17 en
1963. Después que las aplicaciones fueron suspendidas en 1964, los casos de
malaria comenzaron a elevarse otra vez hasta alcanzar los 2.5 millones en
1969.[33] El mismo patrón se repitió en muchas regiones
tropicales – y generalmente empobrecidos- del resto del mundo. La prevalencia
de la malaria en la población de Zanzíbar cayó del70% en 1958 al5% en 1964. Para 1984 los niveles habían regresado al 50 y60%. El
jefe de expertos de la Agencia para el Desarrollo Internacional de los EE.UU.
dijo que si se hubiese continuado con el uso del DDT la malaria habría podido
se erradicada del mundo en un98%.[34]
Por añadidura, la OMS investigó entre unos 2000
compuestos para uso como insecticida antipalúdico: sólo 30 fueron considerados
prometedores para ser probados en el terreno. La OMS descubrió pronto que
ninguno de estos compuestos tenía la persistencia o era tan seguro como el
DDT. (En su lugar se usaron los insecticidas como el malathion y el
carbaryl, que son mucho más tóxicos que el DDT) Y - un factor muy
importante para el control de la malaria en los países menos desarrollados-
todas los substitutos eran considerablemente más caros que el
DDT.[35]
¿Y que hay de los cargos que
se le hicieron al DDT? Un informe del National Cancer Institute llegó a
la conclusión que, después de dos años de investigaciones y ensayos realizados
sobre diferentes tipos de ratas y cobayos propensos al cáncer, se determinó
que el DDT no era cancerígeno.[36] En cuanto al
adelgazamiento de las cáscaras de los huevos que supuestamente provocaría el
DDT, no está claro si en realidad ocurrió y, si en verdad lo hizo, si el hecho
se debió al DDT, al mercurio, a los PCBs, o al efecto del accionar de los
humanos.[16,
37]
Y tan recientemente
como en 1998, los investigadores informaron que en Gran Bretaña las cáscaras
de los huevos de tordo se habían venido adelgazando a un ritmo constante 47
años antes del uso del DDT; los investigadores le echaron la culpa a las
tempranas consecuencias de la industrialización. [38]
Sin considerar si el DDT, con exclusión de otros compuestos químicos,
era una amenaza para las poblaciones de pájaros, aun sigue siendo noticia. El
DDT tiene una vida media larga, y los residuos permanecen por años en algunos
ambientes. Además, es un organoclorado. Algunos organoclorados han demostrado
tener una débil actividad estrogénica, pero la cantidad de estrógenos
naturales que existen en el ambiente minimizan totalmente a los estrógenos
sintéticos.[39] Un artículo reciente
en la revista Environmental Health Perspectives sugiere que la relación
entre los estrógenos naturales y sintéticos puede llegar a ser de 40.000.000 a
1. [40]
De manera adicional, el Dr. Robert Golden,
del Environmental Risk Studies (Estudios de Riesgos Ambientales) de
Washington, ha revisado las investigaciones de numerosos científicos y llegado
a la conclusión que el DDT y el DDE (un subproducto del DDT) no tienen una
significativa actividad estrogénica.
El libro Our Stolen Future
(Nuestro Futuro Robado), de 1996, especulaba sobre una conexión entre el DDT y
el cáncer de mama, haciendo notar que el DDE se había encontrado en algunos
tumores de mama.[42]
Recientemente se han hecho cargos
asociando al DDT y al DDE con el cáncer de mama – de manera específica, el
hallazgo que las mujeres con cáncer de mama tenían mayores niveles de DDE en
sangre que las mujeres sin cáncer de mama.[43] Sin
embargo, los elevados niveles de DDE en sangre pueden muy plausiblemente ser
el resultado de una movilización de grasas en depósitos del cuerpo debido a la
pérdida de peso asociada con el cáncer de mama. El cáncer de mama, entonces,
puede ser un factor de riesgo para niveles elevados de DDE, en vez de ser el
DDE el factor de riesgo para el cáncer de mama.[44]
En un estudio publicado en 1994 por el Journal of National
Cancer Institute, los investigadores llegaron a la conclusión de que la
información disponible no apoyaba ninguna asociación entre elDDT y el
cáncer de mama.[45] Los investigadores
notaron que las tasas de incidencia de cáncer de mama son más altas en muchas
regiones del noreste del país que el promedio del resto de los EEUU; pero la
información también indicaba que los niveles más altos podrían ser atribuidos
a factores no ambientales entre las mujeres que viven en esas regiones –
factores tales como un status socioeconómico más elevado y posposición o
evitación de embarazos, lo que si está comprobado que duplica del riesgo de
contraer cáncer de mama.[45,
46]
En Octubre de 1997 el
New England Journal of Medicine publicó un enorme y bien diseñado
estudio que no había encontrado evidencias de que la exposición al DDT o al
DDE aumentan los riesgos de cáncer de mama.[47] En el
editorial que se acompañaba, el toxicólogo de la Universidad de A&M de
Texas declaró que "los compuestos débilmente organoclorados como los PCBs,
DDT, y DDE no son la causa del cáncer de mama." [48] La Dra. Sheila Zahm, diputada en jefe de la rama de
Epidemiología del Instituto Nacional del Cáncer concuerda con que el grueso de
la evidencia que el DDT provoca cáncer de mama "no es muy
convincente"[49]
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Los ciclamatos,
(sales de ácido ciclámico) son edulcorantes sintéticos, no nutritivos, usados
como substitutos del azúcar. Fueron descubiertos accidentalmente por un
investigador en 193? y aprobados por la FDA como droga en 1951. En 1958 fueron
reclasificados como aditivos para alimentos; en esa época, basada en su
historial de uso seguro, la FDA los declaró como GRAS (siglas del inglés:
Generally Recognized As Safe, o Generalmente Reconocidos Como Seguros),
por lo tanto libres de regulaciones bajo el Acta de Alimentos, Drogas y
Cosméticos.[1]
Originalmente, el uso de los
ciclamatos estaba destinado a los obesos y los diabéticos; pero a medida que
la preocupación por el exceso de peso se convirtió en una obsesión nacional en
los 60, el uso de los ciclamatos creció enormemente. Se usaron en cualquier
cosa, desde gaseosas y caramelos hasta frutas enlatadas y aderezos para
ensaladas.[2] El consumo nacional de
ciclamatos creció entre 1963 y 1970 de 5 millones a 21 millones de libras.
[3] El Miedo
A fines de los 60, experimentos de la FDA mostraron que la
ciclohexamina, un subproducto de los ciclamatos, causaba un daño enlos
cromosomas en las ratas macho [4]; y en Junio de 1969 un
estudio encontró que algunas ratas blancas suizas desarrollaron tumores cuando
se implantó ciclamatos en sus vejigas.[5] En ambos
caso, sin embargo, la FDA dijo que la ruta de administración era inadecuada
para llegar a alguna conclusión – es decir, las ratas habían sido expuestas de
una manea que no era comprable a la ruta de exposición para los seres humanos:
ingestión en la dieta.
Entonces, en Octubre de 1969, el cienti6co de la
FDA, Jacqueline Verrett apareció en el noticioso de la noche de la NBC
declarando que pollitos inyectados con ciclamatos cuando eran embriones habían
sufrido severas malformaciones – y mostró a la audiencia televisiva de la
nación a las aves deformes.[6] Tanto el comisionado de
la FDA Dr. Herbert Ley, Jr., como el Secretario de HEW Robert Finch criticaron
a la Dra. Verret por haberse presentado en la televisión antes de someter su
estudio a un escrutinio por otros científicos (peer-review), y ambos
defendieron la inocuidad de los ciclamatos. [3]
Unos días más tarde, los Laboratorios Abbot, fabricantes de
ciclamatos, dieron a publicidad un estudio mostrando que 8 de las 240 ratas
que habían sido alimentadas con una mezcla de 10 partes de ciclamatos con una
parte de sacarina (la proporción más usada en productos alimenticios)
desarrollaron tumores de vejiga.[7] De la misma manera que
con todos los ensayos de este tipo, las ratas estaban ingiriendo un dosis
mucho más elevada que la equivalente ingestión humana; en este caso equivalía
a la ingesta de 350 latas de gaseosas dietética por día.
El 18 de
Octubre de 1969, el Secretario Robert Finch, de HEW, declaró que, bajo la
Cláusula Delaney, estaba obligado a retirar a los ciclamatos del
mercado.[1] Al año siguiente, la venta de ciclamatos como
droga de receta para diabéticos fue prohibida.[8]
La
Reacción
A
excepción de los fabricantes de productos que contenían ciclamatos, uno de los
cuales se encontró atrapado con 31.5 millones de dólares en fruta envasada
inutilizable,[8]
la reacción del público a la
prohibición del ciclamato fue generalmente positiva. Aún cuando en ese momento
casi el75% de los norteamericanos usaban ciclamatos en uno u otro
producto [9]
casi el80% del público
“sintió gratitud por la protección del gobierno". En un momento en que
el movimiento “regreso a la Naturaleza" estaba creciendo velozmente, la
prohibición encajó perfectamente en la idea de que “todo lo artificial"
era peligroso. Sin embargo, numerosas publicaciones científicas criticaron
duramente a la FDA por su accionar precipitado. [10]
Y los estudios sobre los ciclamatos continuaron. Posteriores
estudios a gran escala sobre roedores no consiguieron duplicar los resultados
obtenidos por los estudios de 1969; ninguno de los nuevos estudios mostró
tumores que pudiesen ser relacionados con los ciclamatos. [11-15] Como resultado de ello, numerosas organizaciones científicas,
entre ellas el National Cancer Institute, [16] la
Organización de las Naciones Unidas para Alimentos y Agricultura (FAO),
la Organización Mundial para la Salud (OMS)[17], el
Centro para la Seguridad en Alimentos y Nutrición Aplicada de la
FDA,[18] y el Consejo Nacional de Investigación de la
Academia Nacional de Ciencias de los EE.UU.[19],
declararon que la evidencia demuestra que los ciclamatos no son cancerígenos.
Como resultado de estos estudios, los Laboratorios Abbot han
peticionado en repetidas ocasiones a la FDA la revocación de la prohibición de
los ciclamatos; las peticiones fueron siempre rechazadas. Sin embargo, los
ciclamatos están nuevamente disponibles en Canadá y en las naciones de la
Comunidad Europea (EC). Europa, la FAO y la OMS han establecido una dosis
diaria aceptable para ingestión de 11 mg por kilogramo de peso.[20] Conclusión
Para ser considerados válidos, los experimentos deben estar sujetos
a revisión por los pares (peer-review) y ser reproducibles. En el caso de los
estudios que acusaban a los ciclamatos, estos criterios no se cumplieron
jamás. Todos los subsecuentes estudios obtuvieron conclusiones totalmente
opuestas a las que sugerían que los ciclamatos eran cancerígenos. La pérdida
de los ciclamatos no provocó mayores clamores, a causa de la moda naturista
deesos tiempos y a que la mayoría de los consumidores se volvieron
hacia la sacarina – que a su vez se convirtió en objeto de otro miedo en 1977
(ver más adelante).
Referencias:
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1993. 4. DES en la Carne Bovina
Antecedentes
El DES (dietil-stilbestrol) es una forma sintética de
estrógeno aprobada por la FDA en 1938 como una medicación para prevenir
abortos espontáneos y otros complicaciones del embarazo. En 1954 la FDA lo
aprobó como un estimulante del crecimiento del ganado. El DES acorta en 34
días al período necesario para llevar a un animal de 500 libras de peso a las
1000 libras de peso de mercado. Un animal así tratado requiere 500 libras
menos de alimento y aumenta un7% la cantidad de proteínas y la humedad
en la carne, mientras que disminuye el porcentaje de grasas.[1]
Todos los estrógenos son cancerígenos para los animales. En
consecuencia, cuando en 1958 se promulgó la cláusula Delaney, se permitió el
uso del DES mientras que no se detectasen residuos en la carne.[1] Desde algunos sectores se hicieron críticas casi desde el
comienzo del uso del DES como estimulante del crecimiento del ganado, pero
durante la década del 50 estuvieron confinadas a publicaciones como el
National Police Gazette, un precursor de los actuales tabloides de los
supermercados (un típico titular del Police Gazette; "Plato lleno de
Veneno"[2]) Se llevaron a cabo audiencias sobre la seguridad
y eficacia del DES durante los 50 y a principios de los 60, pero las
audiencias estaban motivadas por la rivalidad entre dos diferentes sociedades
empresa-universidad que tenían patentes para dos métodos distintos de
administrar al DES.[3]
El Miedo
En 1970, una historia de al Associated Press denunció
que los funcionarios de la FDA permitían los residuos del DES "sabiendo que
incita al cáncer... en violación a las leyes federales" y que los
ganaderos estaban ignorando de manera rutinaria la ley queles obligaba
a suspender la administración de DES 48 antes del faenado de los
animales.[4]
El informe de la AP fue la chispa que
encendió una amplia reacción del público y tanto el gobierno como la industria
se comprometieron a un más severo cumplimiento de las leyes.[5]
Entonces, en Abril de 1971, un estudios publica- do en el New
England Journal of Medicine informó de incidencias de adenocarcinomas de
células claras, una rara forma de cáncer vaginal, entre las mujeres de edades
entre 14 a 22 años. Este tipo de cáncer había sido virtualmente desconocido
entre e1 grupo de mujeres de esta edad, y el estudio llegaba a la conclusión
que todo lo que estas mujeres tenían en común era que sus madres habían
ingerido dosis de DES de hasta 125 mg diarios durante los tres primeros meses
del embarazo.[6-8]
(En esos momentos, e1 DES era el único
tratamiento conocido para permitir que algunas mujeres pudiesen llevar a
término su embarazo.)
En noviembre de 1961, la FDA prohibió el uso
delDES durante el embarazo, pero aún permitió su uso como un
estimulante del crecimiento del ganado. En consecuencia, el asunto de las
minúsculas cantidades de DES usados en el ganado permaneció
activo.
La
Reacción
Hacia fines de 1971 la FDA extendió la prohibición del uso
del DES hasta siete días antes de1 faenado.[9] Después
que el 2 de Agosto de 1972 el Senador Edward Kennedy, en una audiencia
especial del Senado, describió al DES como "un conocido agente causante de
cáncer... en miles de mesas norteamericanas", [10] la FDA
prohibió el uso del DES en la alimentación, haciendo notar que rastreadores
altamente sensibles habían encontrado 0,2 partes por billón de droga pasada
una semana de la ingestión.[11]
Al siguiente
mes de Abril, después de que investigaciones encontraron 0,7 partes por billón
en el hígado del ganado 120 días después de la implantación de DES, el uso del
mismo fue también prohibido.[12]
Más que cualquier otro asunto relativo a la salud o la
alimentación en ese tiempo, la prohibición del DES demostró la dicotomía
existente entre la percepción del público y la opinión de los científicos. Se
formaron grupos de "defensores" de los consumidores con nombres como "Comité
Para la Eliminación de Drogas de las Carnes" (o DOOM, en inglés: "Doom"
significa condenar, sentenciar a muerte. X del T.) y escribieron cartas
a la FDA declarando que la prohibición del DES sería valiosa aún cuando
aumentase el precio de la carne: "La gente prefiere ser pobre o vegetariana
antes que MUERTA", declaraba una de tales cartas. El libro Sowing the
Wind, del activista Ralph Nader, que acusaba a la FDA de negligencia,
alcanzó la lista de los "best-seller".[13]
Mientras tanto, los científicos buscaron la manera de explicarle
a la gente que los estrógenos existen de manera natural en la leche, la miel,
los huevos y otras substancias – como también están en medicinas aprobadas
como las píldoras anticonceptivas- y en niveles miles y hasta millones de
veces más elevados que los encontrados en los hígados del ganado tratado con
DES. Los científicos también hicieron notar que, para recibir la dosis de 125
mg de DES que recibe una madre en tratamiento de embarazo, debería comer
62,5
toneladas de hígado de vaca, y
que el cuerpo de las mujeres (y el de los hombres también) producen
naturalmente niveles de estrógenos miles de veces más elevados que los
encontrados en el ganado.[14]
Más aún,
explicaron los científicos, en momentos en que el hambre era motivo de
preocupación mundial, la prohibición del DES agregaría el costo de unas 7
millones de toneladas extras de maíz anuales. Y además, afirmaron que el uso
del DES podría muy bien disminuir el riesgo de cáncer al producir carne con
menor contenido de grasa.
Pero todas estas
protestas cayeron en oídos sordos – o provocaron reacciones de zelotes que
decían que “los proponentes del DES estaban condenado a muerte a una gran
cantidad de mujeres para que la carne costase unos centavos menos." Este
tipo de cosas silenciaron a la mayoría de los críticos en la arena
política,[15] y los subsecuentes
esfuerzos y acciones legislativas para revertir la prohibición del DES
fracasaron totalmente.
La FDA emitió la prohibición final del DES en
Junio de 1979; al año siguiente se descubrieron masivos usos ilegales del DES
por parte de los ganaderos a lo largo y ancho de la nación.[16] Conclusión
La prohibición del DES ilustra acabadamente una falacia básica
sostenida por la comunidad reguladora y la mayor parte de la población: la
creencia de que si una sustancia tiene un efecto adverso en alguna instancia
(como el DES en mujeres embarazadas y sus hijas) esa sustancia debe
necesariamente ser peligrosa en todas los casos. La creencia en esa falacia,
combinada con un miedo generalizado a las sustancias “artificiales" y,
con lo que un historiador describiría más tarde como “la politización del
proceso regulador y la pérdida del status especial de los científicos"
[3] – un cambio de actitud que ocurrió entre la
introducción del DES en 1954 y su prohibición en 1979 – llevó a la eliminación
del DES en la crianza de ganado. Y la eliminación ocurrió ante la ausencia de
toda evidencia de que el DES en la carne pudiese provocar siquiera un solo
caso de cáncer en los seres humanos.
Referencias
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Antecedentes
La sal y las especias se han usado desde el comienzo
de la civilización para preservar alimentos y "curtir" la carne. Hacia fines
del Siglo 19, los científicos habían identificado al nitrato de sodio como una
sustancia que actuaba como conservante de la carne mientras que le confería un
sabor y color agradable. En 1906 el nitrato de sodio fue aprobado como
aditivo, bajo las primeras leyes federales de seguridad en los
alimentos.
En los años 20 se descubrió que el nitrito de sodio, un
subproducto del nitrato de sodio, realizaba tales funciones mucho más
efectivamente, y la USDA lo aprobó como un aditivo directo.[1] En los años 50, las investigaciones científicas también
descubrieron que el nitrito impedía la germinación de las esporas de bacterias
que provocan el mortal botulismo [2] en los alimentos
enlatados y otros alimentos almacenados bajo condiciones
herméticas.
El
Miedo
Un artículo de
1970 en la revista Nature llegaba a la conclusión que los nitritos
reaccionaban en el organismo con otros agentes, para formar nitrosaminas –
substancias que se sabían que son cancerígenas."[3] Al año
siguiente, el Congreso mantuvo unas audiencias y en Agosto de 1972 un comité
del Congreso emitió un informe declarando que "los nitritos y nitratos
imponen un peligro potencial para la salud humana".[4]
A consecuencia de que los nitritos estaban muy estrechamente
relacionados con muchos productos de la carne – tales como los hot-dogs y el
tocino- ya bajo ataque por ser considerados muy engordadores, muy
artificiales, o directamente “comida basura", estos cargos se
convirtieron en leña para el fuego para muchos de los llamados “defensores
del consumidor". Ralph Nader declaró que los hot-dogs estaban entre
“los misiles americanos más mortíferos "; [5] y el
recién formado Centro para la Ciencia en el Interés Público reclamó una
prohibición inmediata, que fue rechazada. [6]
El
tema de los nitritos saltó una vez más a las noticias cuando en Octubre de
1975 un reporte de una agencia de noticias anunció que el Departamento de
Agricultura “planea obligar a los productores de tocino de la nación a
retirar un peligroso agente cancerígeno de la mesa del desayuno". De
hecho, el cable de la agencia de noticias era falso; cuando se emitieron las
regulaciones al mes siguiente, meramente imponían un límite a la cantidad de
nitritos de sodio y de potasio permitidos en diversos
alimentos.[7]
La Reacción
Carol Tucker Foreman se convirtió en Secretario
Asistente de Agricultura. Casi de inmediato, ella se lanzó activamente a
proseguir con el asunto de los nitritos, llegando a decir que ella “no le
preocupaba si la prohibición de los nitritos agobiaría a los productores y a
la industria" y que “no pondría en la balanza el deseo...de protección
contra el botulismo y el hecho de que las nitrosarninas eran injuriantes
".[8]
Entonces, en 1978, un estudio
del Instituto de Tecnología de Massachussetts (MIT) encontró que el13%
de los animales que recibieron nitritos desarrollaron cáncer linfático,
comparados con el8% que no lo habían recibido. Circularon ampliamente
los rumores de una prohibición de los nitritos, pero la FDA le recordó al
público que cualquier decisión era un “difícil balance de riesgos",
dados los efectos protectores del nitrito contra el botulismo.[9]
Algunos observadores especularon que la cautelosa actitud de la
FDA, en contraste con sus a menudo rápidas acciones en el pasado ante informes
similares, era una reacción al clamor del público por el intento de prohibir a
la sacarina el año anterior (ver “sacarina", más adelante). En
otras palabras, “una vez que los consumidores cayeran en cuenta de que su
tocino, hot-dogs y su salsa boloñesa tendrían un aspecto y un sabor extraño
una vez que se le retirase el aditivo, podrían enfurecerse tal como hicieron
con la Pepsi Diet, sin azúcar." [10]
En Diciembre
de 1978, el USDA comenzó un programa de monitoreo para asegurar que los
niveles de nitrosaminas en el tocino no sobrepasasen las 9 partes por mil
millones;[11]
con lo que el furor fue decayendo de
manera significativa en los años siguientes.
Y el informe del MIT fue
cuestionado, no sólo por la FDA y muchos congresistas, sino también por los
principales patólogos que descubrieron “gruesas irregularidades" en el
diagnóstico de tumores y los registros del informe. Para 1980, la FDA, la
USDA, y las Universidades Asociadas para la Investigación y Educación en
Patología, habían llegado a la conclusión que muchos de los tumores
encontrados en el estudio del MIT no podían confirmarse como tales; hasta la
Secretaria Asistente Foreman reconoció que "no hay bases para que la FDA o
la USDA inicien ninguna acción para eliminar a los nitritos de los alimentos
en estos momentos." [12] La Academia Nacional
de Ciencias sugirió que se continuase con las investigaciones para reducir los
niveles de nitritos y la búsqueda de productos conservantes
alternativos.[13]
Conclusión
A causa de que los nitritos estaban considerados con
“benevolencia" en los tiempos de la Cláusula Delaney (ver DDT) y por lo
tanto no estaban sujetos a la regla del riesgo cero, su suerte fue diferente a
la de muchas otras substancias prohibidas en los 70. En esta instancia, los
reguladores pudieron colocar en perspectiva a los riesgos que imponían los
nitritos. Por ejemplo, los nitratos – que se convierten en nitritos- se dan de
manera natural en la saliva humana [14] como también existen
en muchas verduras. Aparecen en las espinacas en concentraciones de hasta
3.000 partes por millón(0,3%) y están presentes también en la lechuga,
el apio, los rabanitos y la remolacha.[15] Y los
nitritos en los fiambres apenas representan el9% de la ingestión de
nitritos.[16]
De manera
adicional, esta situación involucra nuevamente a la cuestión de la
extrapolación de los ensayos en animales y el hecho de las minúsculas dosis
humanas. Este caso también se centra en muy real necesidad de prevenir el
botulismo – una genuina amenaza a la salud pública. Y en Noruega, donde se
dice que los nitritos fueron prohibidos en los años 70, el proceso de ahumado
adoptado como alternativa dio por resultado un incremento del 50% de los
niveles de nitritos, que los que se encontraron en productos similares de los
Estados Unidos.[17]
Recientemente
se ha informado que los niveles de nitritos usados como conservantes de la
carne han disminuido un80% desde los años 70. [18] Y lo más importante, la vitamina C – que inhibe la formación de
nitrosaminas- ha sido añadida a los alimentos conservados con
nitritos.[19]
En 1995, un
grupo encabezado por uno de los coautores del artículo original de
Nature de 1970, peticionó a la USDA para que se obligase a los hot-dogs
a llevar una etiqueta de advertencia. Pero la evidencia científica apunta en
la dirección contraria. La American Cancer Society declara que “los
nitritos en los alimentos no son una causa significativa de cáncer en los
norteamericanos ". [20]
El Council
for Agricultural Science and Technology estuvo de acuerdo, en su reciente
revisión del tema, con que “la evidencia científica no apoya restricciones
para el consumo de alimentos salados, ahumados o preservados con nitritos,
para la población de los EEUU." [21] Y no existe ninguna
referencia a los nitritos en el extenso y completo informe del National
Research Council: “Cancerígenos y Anticancerígenos en la Dieta
Humana."[22]
De modo que el
mejor consejo – tal como lo expuso recientemente un científico que estuvo en
el Panel de Expertos de la USDA que revisó el tema en los años 70- es
simplemente “gozar de su cocina".[23]
Referencias
1. Cassens RG. Nitrite-Cured Meat: A Food Issue in
Perspective. Trumbull. CT: Food and Nutrition Press; 1990:18- 21 2.
Steinke PKW, Foster EM. Botulinum toxin formation in liver sausage. Food
Res. 1951; 16:477. 3. Lijinsky W, Epstein SS. Nitrosamines as
environmental carcinogens. Nature. 1970; 225:21. 4. Ninenteenth
Report by the Commitee on Government Operations. Regulation of Food
Additives-Nitrates and Nitrites. Agosto 15, 1972. House Report No.
92-1338. 5. Kanfer S. The decline and fall of the American hot dog.
Time. Octubre 2, 1972:63. 6. Food Chemical News, Febrero 14,
1972:35 7. Food Chemical News. Octubre 27, 1975AS. 8. Food
Chernical News. Enero 6, 1987:44 9. Food Chemical Xews. Hgosto
15, 1978:65. 10. Light L. Nervous over nitrite. The Progressive.
Febrero 1979:30-31. 11. AMI Newsletter. Agosto 26, 1988. 12.
Food Chemical News. Agosto 1980. 13. Natural Academy of Sciences.
Alternatives to the current use of nitrite in food. Washington, D.C.:
National Academy of Sciences; 1982. 14. Jukes TH. Chasing a receding zero:
impacto of the zero threshold concept on actions of regulatory officials.
J. Amer. Col.l Toxicol. 1983; 2(3):147-160. 15. Jukes TH. Nitrates
and nitrites as components of the normal environment. Proceedings of the
Meat Industry Research Conference. Marzo 25-26, 1976.41-48. 16. Food
Chemical News. Diciembre 1997; 39:21. 17. Greenberg R. “Have another
hot dog, sweetie," Miami Herald. Noviembre 24, 1995. l8. Food
Chemical News, Diciembre 1997; 39:21. 19. Berlitz HD, Grosch W. Food
Chemistry. New York: Spriger-Verlag; 1897:374. 20. American Cancer
Society. 1996 Guidelines on Diet, Nutrition and Cancer Prevention. Atlanta,
GA: The American Cancer Society 1996 Dietary Guidelines Advisory Commitee,
1996. 21. Council for Agricultural Science and Technology. Examination of
dietary recommendations for salt-cured, smoked and nitrites preserved foods.
Issue Paper. Noviembre 1997; 8:1-9. 22. National Research Council.
Carcinogens and Anticarcinogens in the Human Diet. 1996. National Academy
Press. Washington, D.C.
6. Colorante Rojo No. 2, 1976
Antecedentes
El colorante rojo No. 2, también conocido como amaranto o
carmesí, fue sintetizado por primera vez en 1878. Durante gran parte del
siglo 20 fue el colorante más empleado para los alimentos. A principios del
siglo, el Departamento de Agricultura lo escogió como uno de los únicos siete
colorantes adecuados para ser usados en alimentación y, en 1938, se le
practicaron ulteriores investigaciones antes de ser aprobado bajo el Acta
de Alimentos, Drogas y Cosméticos.
En los años 50, después de que
unos niños enfermaron al comer caramelos y popcorn coloreado en Halloween, se
ordenaron más ensayos generales, pero el colorante Rojo No. 2 fue exonerado.
Subsecuentes ensayos de la FDA concluyeron que el Colorante Rojo No. 2 “no
tenía una influencia significativa en la formación de tumores."
Posteriores investigaciones de la FDA durante los años 60 demostraron que el
Colorante rojo No. 2 no perjudicaba a los animales de laboratorio, aún bajo
las más severas condiciones.
Ya en los años 70, el Colorante Rojo No. 2
era usado en productos por valor de más de 10.000 millones de dólares, como
las gaseosas, caramelos y comida para mascotas, o panificación, salchichas,
helados y frutas procesadas. También era usado en la cobertura de píldoras y
en cosméticos.[1]
El Miedo
En un estudio publicado en 1970, investigadores del
Instituto de Nutrición de Moscú descubrieron tumores en 13 de 50 ratas
alimentadas con amaranto durante 33 meses, pero no encontraron tumores en el
grupo de control.[2]
Un segundo estudio en Rusia encontró
que el uso del amaranto causaba partos de crías muertas y deformaciones entre
las ratas hembra. [3]
La metodología
de ambos estudios fue inmediatamente criticada por los científicos
norteamericanos: la especie de rata usada era naturalmente propensa a
desarrollar tumores y los efectos del colorante resultaban mayores en pequeñas
dosis que a dosis grandes.
Tampoco quedó para nada claro si la pureza
del colorante usado por los rusos era similar a la de los EEUU.[4] Sin embargo, la FDA ordenó inmediatamente la realización de
estudios adicionales.
Un estudio reproductivo de la Dra. Jacqueline
Verret – la investigadora que había conducido el infame estudio de los pollos
alimentados con ciclamatos (ver atrás: ciclamatos)- mostraban que los
pollos expuestos al colorante rojo No. 2 sufrían altas tasas de muerte y una
serie de otros defectos de nacimiento. Tal como sucedió con sus estudios del
ciclamato, sin embargo, otros científicos de la FDA cuestionaron la validez de
sus descubrimientos, haciendo notar que la introducción de cualquier sustancia
en un sistema cerrado – tal como un huevo de ave - puede resultar
perjudicial.
Otro estudio de ratas embarazadas dosificadas con el
Colorante rojo No. 2 mostraba un pequeño aumento en defectos de nacimiento y
abortos a medida que la dosis era aumentada, aunque a un nivel que no era
estadísticamente significativo. Basado en este estudio, la FDA emitió una
reglamentación en Noviembre de 1971 recortando de manera significativa el uso
del colorante, retractándose en Junio del 72 después que numerosos estudios
sobre ratas, hamsters, ratones y conejos no consiguieron mostrar ninguna
conexión con los defectos de nacimientos o abortos.[5]
En 1975 se completó un estudio sobre 500 ratas hembra,
dirigido a determinar definitivamente si el Colorante rojo No. 2 tenía efectos
cancerígenos o no. Desgraciadamente, aún antes de que el estudio se hubiese
podido completar, los funcionarios de la FDA reconocieron que había sido
realizado de una manera no profesional: el científico a cargo del experimento
había abandonado la Agencia a mitad del trabajo; los ayudantes habían mezclado
las ratas, haciendo confusa la distinción entre aquellas que habían sido
tratadas con el colorante y las que no lo habían sido; y la mayoría de las
ratas que habían muerto durante el experimento se habían dejado pudrir en sus
jaulas. Un científico declaró: "Es el más piojoso de los experimentos que
haya visto en toda mi vida. "[6]
Aún así, la FDA
– bajo la pública presión del Senador Gaylond Nelson y del Health Research
Group para la Acción Contra el Rojo No. 2 (afiliada a Ralph Nader) -
intentó obtener alguna conclusión del fallido estudio. En Noviembre de 1975,
un comité asesor de la FDA llegó a la conclusión de que el Rojo No. 2 “no
tenía efectos aparentes en las ratas."[7], siendo
inmediatamente contradicho un mes más tarde por un estadístico en otra agencia
del gobierno que había revisado la misma información, pero que acusaba a la
FDA de no haber realizado un correcto análisis estadístico.
El
Comisionado de la FDA, Alexander Schmidt, no estaba acostumbrado al nivel de
escrutinio de los medios de comunicación que estaba recibiendo. (Hacía poco
que había soportado una sesión de fuego en el programa "Face the
Nation", de la NBC.) De manera que Schmidt buscó una forma de escabullirse
de sus tormentosas relaciones públicas. En enero 19, 1976, haciendo notando
que el Colorante Rojo No. 2 estaba bajo “aprobación provisoria" desde
1960, mientras los experimentos se llevaban a cabo, el Comisionado Schmidt
anunció que la “aprobación provisoria" del Rojo No. 2 era revocada. Esto
prohibió cualquier uso futuro del colorante.[7]
A
pesar de todo, Schmidt declaró que “no había ninguna evidencia de riesgo
para la salud pública" a partir del colorante, y agregó que aún si el
chapucero estudio hubiese mostrado alguna conexión con el cáncer, un ser
humano debería beber 7.500 latas
de gaseosas por día para
alcanzar el nivel de consumo de las ratas. Schmidt no ordenó a las compañías
que retirasen de la venta los productos que ya contenían el Rojo No. 2,
[8] y dejó abierta la puerta a la posibilidad de que
el colorante pudiese ser nuevamente aprobado en el futuro, si los fabricantes
podían probar que el “rojo No. 2 tiene un lugar sano y útil en el
abastecimiento de alimentos." [9]
La Reacción
Los fabricantes del Rojo No. 2 se indignaron porque
el colorante había sido prohibido sin ninguna evidencia nueva. Hicieron notar
que las autoridades de salud Canadienses no encontraban “ninguna
significancia biológica a la información de la FDA" por lo que no actuaron
para prohibir al colorante. [10] Quizás la acción más
curiosa provino de la compañía de caramelos M&M/Mars, que dejó de fabricar
los M&M's rojos, ya que esos caramelos no se fabricaban con el Rojo No. 2
sino con otros dos colorantes. La compañía anunció que estaba retirando los
“rojos" del mercado porque “quería evitar cualquier confusión o
preocupación de los consumidores."[11] (En 1988
los MlcM's rojos hicieron un muy resonante retorno.)
El principal
reemplazo del Rojo No. 2 fue el rojo No. 40 – un colorante que cuesta mucho
más, no proporciona los mismos y exactos colores, [8] y que, de
manera irónica, no había sido experimentado tan extensamente como el Rojo No.
2.[12]
Conclusión
Un
escritor científico en el momento de la prohibición del Rojo No. 2, llamó a la
acción de la FDA “una respuesta en pánico a presiones
exteriores."[13]
La publicación
especializada Food Chemical News resumió el veredicto sobre la
seguridad del No. 2 diciendo que todo se basaba “en un test positivo u una
docena de tests negativos ". [14] De manera clara, mucho
del ímpetu para prohibir al No. 2 no se debía a que existiesen pruebas sobre
el daño para la salud humana proveniente del colorante, como del hecho que no
era considerado un producto “necesario": la Unión de Consumidores hizo
notar que en ese momento el colorante “no era una droga valiosa o un
artículo de consumo indispensable."[5]
Otro artículo comentó que el colorante “era usado
principalmente en productos que los activistas consideran comidas
basura."[15] Sin embargo, existen
muchos productos “innecesarios" que la mayoría de los consumidores no
están dispuestos a privarse, aún a la vista de noticias
negativas.
Referencias
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Magazine, Febrero 29, 1976:9. 2. Andrianova MM. “Carcinogenic
properties of the red food dyes amaranth," Ponceaux SX, and Ponceaux 4R (en
ruso) Voprosy Pitanya. 1970; 5:29. 3. Stenberg AI, Gavrilenko YU.
“Effect of amaranth red dye on reproductive functions and progeny development
in experi ments with albino rats [en ruso) Voprosy Pitanya, 1970,
29:66- 73. 4. Corwin E, Pines W.L., “Why FDA banned Red Dye No.2", FDA
Consumer. Abril 1976:18-23. 5. “Red Food coloring: how safe is
it?"; Consumers Report. Febrero 1973. 6. Boffey PM. Color
Additives: botched experiment leads to banning of Red Dye No.2.
Science. 1976; 190:450-451. 7. Boffey. “Death of a Dye.?":9.
8. “Death of a dye?". Time. Febrero 2, 1976:53. 9.
Boffey. “Death of a dye?".:13 10. Boffey. “Death of a dye?".:9.
11. “Seeing red". The Atlantic Monthly. Octubre 1988:34-35.
12. Boffey PM. 1976. “Color additives: botched experiment leads to banning
of Red Dye No. 2" Science 191; citado en Efron E. 1984. The
Apocalyptics. New York: Simon &Schuster;12 13. Boffey. “Death
of a dye?.:13. 14. Whelan E, Stare FJ., “Panic in the Pantry," Ed.
rev. Buffalo. NY: Prometheus Books: 1992:131. 15. Boffey. “Death of a
dye?", :9.