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¿Es necesario eliminar al
cloro de la naturaleza?

Por Pierre Lutgen
Dr. en Química Física

Oh, Freund! Nichts geht doch über die
hohe Weisheit der Mutter Natur.
Sie erschuf allerlei Kräuter,
harte und weiche zugleich.

Wilhelm Busch.


Hable usted del DDT, de las dioxinas, de PVC, de PCB, o de otras sustancias cloradas y todo el mundo está convencido de esas sustancias son causa de desastres de muertes y de cánceres. No le han dicho que la sal de cocina está contaminada por el cloro?

El cloro ocupa el lugar undécimo entre las sustancias más abundantes en la naturaleza. Es aún más abundante que el carbono. Es bajo la forma de cloruros en la que se encuentra con mayor frecuencia. El agua de mar contiene 2,9% de cloruro de sodio (sal de mesa) y 0,3% de cloruro de magnesio. El cloro también está en los depósitos de sal formado, durante milenios, por la evaporación de los mares interiores.

En un año, muchos millones de toneladas más de derivados del cloro se desprenden de las erupciones volcánicas y del agua de mar bajo la forma de aerosoles, y se depositan sobre la tierra firme. De esa manera las algas marinas producen más de cinco millones de toneladas anuales de cloruro de metilo. Las algas producen además grandes cantidades de cloroformo, de bromoformo, tetra- y tri-cloroetileno. Al lado de estas cantidades, la producción de solventes clorados de este tipo es absolutamente insignificante. (1) Investigadores de la Universidad de Bayreuth acaban de descubrir en los ríos de muchos países del globo concentraciones de ácido trifluoroacético que sobrepasan de lejos las concentraciones que podrían provenir de fuentes industriales. (2)

El cloro está presente en todos los dominios de la vida. Se conocen más de productos clorados contenidos en los líquenes. Los champiñones y las plantas fijan a los cloruros e incorporan este elemento a su biomasa. Los microbios terrestres responsables de la descomposición de la biomasa producen como sustancia secundarias inevitables al tricoloroetileno, ácido tricloroacético, y las oligocloroacetonas. En los ensayos controlados de compostaje efectuados con follajes, hierbas y otros desechos hortícolas no contaminados, han mostrado que en poco tiempo se forman los clorofenoles.(3) En el heno se encuentran hasta 100 mg/kg de materias organocloradas a consecuencia de la acción de enzimas cloroperoxidasas.(4)


En nuestra sangre, nuestra piel, nuestras hormonas y dientes se encuentran compuestos naturales de cloro. Bajo la forma de ácido clorhídrico, el cloro juega un rol vital en nuestro sistema digestivo.(5) El cuerpo produce sus propios antibióticos clorados. Los leucocitos generan hipoclorito en caso de infecciones.(6) La falta de yodo conduce al bocio y la falta de flúor a las caries dentales.

La química del cloro ha comenzado en 1790 con Bertholet, que puso a punto una solución acuosa de cloro destinada a blanquear las telas. Era el Agua de Javel, (“agua lavandina”) nombre del barrio en donde había nacido.

Muy rápidamente se comprendieron las propiedades desinfectantes del cloro y las soluciones de hipoclorito comenzaron a usarse abundantemente en los hospitales.

Desde 1902 el cloro fue utilizado para la desinfección del agua potable de la ciudad de Ostende. El tratamiento con cloro del agua de distribución pública se generalizó en todos los países industrializados. A continuación de la adopción del clorado del agua en los Estados Unidos, las defunciones por causa del tifus disminuyeron de manera espectacular, de 25.000 casos en 1900 menos de 20 en 1990. Allí donde no se desinfecta el agua potable (7) se transmiten por ese medio enfermedades infecciosas como el cólera, tifus, disentería (además de las parasitarias) que en los años 90 causaron 300.000 casos de cólera y mataron a 3500 personas en Perú, (a) y continúa matando 25.000 personas diarias en el resto del mundo, según la Organización Mundial de la Salud.

La mayoría de los medicamentos contienen cloro. Ciertamente es el caso de muchos antibióticos, corticoides, antimicóticos, diuréticos, antidiabéticos, tranquilizantes, antihistamínicos, antibacterianos, vitaminas, etc.

En Europa Occidental, los problemas del hambre pertenecen al pasado, aunque la población ha pasado de 190 a 325 millones en un siglo. El cloro ha jugado un rol esencial en esta evolución. Está en la base de la formulación de numerosos pesticidas y herbicidas. A fines del siglo 19 centenares de miles de personas murieron en Escocia e Irlanda. En 1920, fueron miles de alemanes las víctimas de la destrucción de las cosechas de patatas por enfermedades criptogámicas. Actualmente, muchas tierras de cultivo son destruidas por enfermedades de las plantas, por las langostas y las malezas.

El DDT

El entusiasmo comprensible de los agricultores ante el éxito registrado durante el uso de los insecticidas a base de cloro, en especial el DDT (b), condujo, al principio, al uso inmoderado y a no advertir la importancia de los efectos secundarios generados por esos productos. Los estudios (8) demostraron, sin embargo, que los excedentes de pesticidas no tenían más que un pequeño efecto sobre la vida microbiana, como tampoco sobre los gusanos y lombrices, ni sobre los trabajadores sicilianos que lo usaron masivamente en la lucha contra la malaria después de la guerra; y hasta las enfermedades cardiovasculares disminuyeron entre este grupo de 1043 personas.
(9)

De un estudio realizado en Vietnam, el DDT no condujo a un aumento del cáncer de mama (10). Los residuos que no desaparecían por biodegradación, se unían de manera irreversible a la materia húmeda (11) del suelo y no resultan biodisponibles. La transferencia del suelo hacia las plantas en todo caso es insignificante para el DDT y sus productos de degradación (12). Por cierto que mucho menos que el aseniuro de plomo que se usaba como insecticida antes del descubrimiento del DDT.

A comienzos de los años 70, el libro Primavera Silenciosa de Rachel Carson atemorizó todo el mundo con que los pájaros desaparecerían de nuestros cielos. Rachel Carson había asimismo predicho una epidemia de cáncer que alcanzaría al 100% de la población. En el día de hoy se sabe que esas dos profecías no se materializaron. 40 especies de aves han sido quitadas de la lista de especies en peligro. 19 de ellas tienen una población estable desde 1966; para 14 especies el número ha aumentado, y para 7 ha disminuido (13). El número de águilas registrado por la Sociedad Audubon era de 197 en 1940, y de 891 en 1960. También se puede poner en duda el efecto del DDT sobre el espesor de las cáscaras de huevos de ciertas especies. Esta disminución del espesor puede ser igualmente debida a las lluvias ácidas y a una disminución de material calcáreo en el suelo.(14)

Pero los movimientos de opinión se manifestaron durante los años 60 y llevaron a los responsables políticos a prohibir al DDT. Esta prohibición condujo a un genocidio. En Sri Lanka, en menos de 20 años, la utilización del DD permitió reducir el número de casos de malaria de 2.800.000 a 17. Cuando Sri Lanka fue forzado a prohibir al DDT, la cantidad de casos de malaria volvió a subir como un cohete. ¿Fue esta una buena elección? Se estima que durante los años 50 el uso del DDT en los países tropicales salvaron la vida de 500 millones de seres humanos (15) y que actualmente nuevamente millones de personas mueren todos los años a causa de la malaria, o sea una persona cada 10 segundos.

Ciertos países tropicales se rebelaron, de todos modos, a la prohibición del DDT en su agricultura. Los estudios hechos en la Universidad de Ibadan (16) en Nigeria mostraron que la transferencia de DDT a los cereales es insignificante. Esta prohibición, sin embargo, podría hacer morir de hambre a millones de nigerianos.

El DDT fue prohibido porque se acumula en la cadena alimentaria y en los tejidos adiposos. Pero no se conoce de ningún caso de muertes humanas (17) relacionadas directamente al DDT. Antes del desembarco en Normandía, los uniformes de los soldados americanos fueron impregnados de DDT, por lo cual no sucumbieron a los piojos y pulgas de Francia. La combatividad del GI no se vio afectada. Los voluntarios americanos ingirieron durante una años 35 miligramos de DDT todos los días (era 1000 más que la dosis normal de la población). No se observó ninguna toxicidad, como tampoco ninguna enfermedad crónica como resultado, como tampoco se observó entre los obreros que fabricaban el DDT.

Se han cuidado muy bien los medios de decir que el DDT fue retirado en los Estados Unidos de la lista de sustancias cancerígenas por el National Cancer Institute, y de los experimentos realizados sobre animales se demostró un efecto retardador sobre el crecimiento de ciertos cánceres.(18)

En la literatura científica no se puede encontrar ningún estudio, e insisto sobre NINGUNO, que demuestre cualquier efecto nefasto del DDT sobre la salud humana.

Pero en la prohibición del DDT hay igualmente grandes intereses económicos en juego para las empresas químicas. Los piretroides que lo reemplazan son mucho menos eficaces pero cuestan 4 veces más. Nosotros podemos pagarlos, pero no los Africanos. Los llamados “pesticidas naturales” tampoco carecen de riesgo. Se sospecha fuertemente que la rotenona extraída de las plantas tropicales es el origen de un aumento en la frecuencia de la enfermedad de Parkinson (19) entre los granjeros orgánicos.

El 10 de diciembre de 2000, el sentido común obtuvo una victoria. Los delegados de 120 países participaron del congreso de las naciones Unidas sobre los productos químicos persistentes, exceptuaron al DDT de la prohibición, si era usado en la lucha contra la malaria.

Greenpeace, las Vacas Locas, y los PCB

Las malas lenguas decían por el contrario, que la enfermedad BSE –el Mal de las Vacas Locas- se tiene que agradecer a Greenpeace, después de la prohibición hace 10 años del diclorometano en los mataderos, usado para la extracción de las grasas de las entrañas a 110º C. Actualmente esta extracción se hace a presión, pero no destruyen a los priones que son la causa de este mal.

La historia de la prohibición de los PCB se parece a la del DDT. Después de la contaminación de alimentos por pérdidas de PCB, se el prohibió completamente. Se puede aceptar la prohibición de PCB en los transformadores y otros equipos eléctricos por esta razón, aunque los líquidos que los reemplazan son inflamables. Pero el empecinamiento que querer eliminar del suelo a la más mínima traza de PCB se ha transformado en una histeria.

Los PCB se ligan sólidamente a la materia húmeda del suelo y la arcilla y no resultan biodisponibles. No se conoce ningún caso (absolutamente NINGUNO) de muertes ligadas directamente con los PCB. Los efectos mutágenicos y cancerígenos no se han podido demostrar ni comprobar en el hombre. La OMS acaba de publicar una revisión (20) de todos los estudios que han evaluado el impacto de los PCB sorbe la salud humana, como por ejemplo, un estudio sobre un grupo de 7000 trabajadores de la General Electrics (21). En muchos de los casos se encuentra que hay una menor cantidad de cánceres que entre la población no expuesta a los PCB.

Pero la eliminación del PCB de los transformadores le cuesta a los contribuyente muchísimo dinero, como lo ha demostrado Haroun Tazieff (22) diciendo que los PCB son incomparablemente menos peligrosos que el butano, el amoníaco, la soda cáustica. Y los PCb como las dioxinas existen de manera natural desde siempre en la Tierra. Se han encontrado PCB y dioxinas en las cenizas volcánicas del Monte St. Helens (23). Los PCB que se hallaron en la fauna del Ártico provendrían de los países industralizados.

Pero mientras que en estos mismos países su concentración disminuye tanto en el aire como en el suelo, en el gran Norte de Canadá los PCB permanecen constantes. Estos PCB seguirán presentes por la eternidad (24). Los peces que se han hallado con concentraciones de hasta 20.000 ppm en las grasas utilizan a los PCB para fines que no podemos comprender todavía. Recordemos que, según la legislación Europea, una sustancia que contenga 50 pmm de PCB es declarada desecho peligroso.

Químicos naturales y sintéticos

Nos damos cuenta cada vez más que las plantas producen sus propios insecticidas (25) y cantidad de sustancias tóxicas para protegerse contra los insectos, los hongos, los predadores. Se ha puesto en evidencia la existencia de miles (26) de estos pesticidas naturales, clorados o no, y se estima que un ser humano consume alrededor de 1,5 gramos diarios, lo que es 10.000 veces más alto que el consumo de productos organoclorados sintéticos. 65% de las sustancias orgánicas cloradas que se encuentran en el Río Rin son de origen natural (27). Una taza de café contiene 10 mg de sustancias que se comprobaron que eran cancerígenas en los ensayos realizados sobre ratas, y la cantidad así consumida es equivalente a cantidad de pesticidas sintéticos ingeridos durante un año en las comidas. Nadie ha podido demostrar, mientras tanto, que el café sea cancerígeno, a pesar de los temores causados por estos análisis. El café, y muchas frutas (28) contienen ácido clorogénico que tiene un efecto estimulante y tonificante sobre la musculatura. La sustancia tóxica de las patatas, la solanina, se acumula en los tejidos rasos al igual que el DDT. A nadie se le ha ocurrido la idea de alertar a los consumidores de papas fritas, ñoquis y puré acerca de este “peligro”.

La miel puede ser contaminada por las toxinas dañinas para el hígado. Los frutos de mar pueden estar contaminados por toxinas mortales que provienen de las algas. Las legumbres y las frutas de nuestro jardín contienen un cóctel de productos químicos, de insecticidas naturales, de nitratos y de toxinas que jamás pasarían los exámenes de aprobación para consumo. Los porotos y as arvejas contienen hemaglutinina tóxica y derivados clorados del indole. La dioxina imita a los estrógenos, pero una gran cantidad de plantas contienen sustancias similares. El lúpulo contiene tantos estrógenos que durante la cosecha les puede alterar el ciclo menstrual a las mujeres recolectoras. La gente es intoxicadas ligeramente por el ácido oxálico contenido en el ruibarbo y las espinacas. La saponina de los espárragos es hemolítica. Por razones difíciles de comprender solamente se han estudiado los efectos cancerígenos y mutagénicos de los pesticidas artificiales, dejando de lado los naturales que tienen similares composiciones químicas.

Un estudio (29) fue realizado hace poco sobre el repollo para demostrar sus efectos benéficos sobre el cáncer. Por el contrario, puso en evidencia que las grandes cantidades de isotiocianatos contenida en el jugo de todas las coles, desde el repollo rojo hasta el coliflor, mostraron en los ensayos un fuerte efecto mutagénico, mientras que ese efecto no era mostrado por el jugo de tomates y de las zanahorias. Por ello habría gran interés en estudiar de más cerca de las miles de sustancias cloradas naturales, su efecto tóxico o benéfico sobre la salud, su generación y degradación en la naturaleza. El veneno de una rana sudamericana contiene un producto clorado, la epibatidina, que es un analgésico 200 veces más poderoso que la morfina.

La naturaleza puede todavía, y por mucho tiempo más, constituir un reservorio inagotable de sustancias medicamentosas. No nos asombremos: desde hace 5 mil millones de años en que todo comenzó, la evolución ha tenido el tiempo necesario para sintetizar todo tipo de moléculas diferentes que los químicos no producirán jamás.

Para determinar la toxicidad de una sustancia se recurre por lo general a los ensayos sobre animales y más particularmente sobre las ratas que se alimentan con dosis masivas de la sustancia bajo estudio. A los resultados obtenidos sobre los animales se les aplica un factor de seguridad para los humanos que de UN MILLÓN para los efectos cancerígenos. (C)

Una de las observaciones fundamentales en toxicología es que el efecto depende de la dosis, y que este efecto es fuertemente variable de una especie a otra. Es suficiente someter a los hombres o a los animales a dosis elevadas de cualquier sustancia química, natural o sintética, para ver efectos tóxicos o mortales. Bruce Ames, el toxicólogo de renombre mundial, ha revelado que para numerosas sustancias –conteniendo o no cloro– sometidas a análisis para determinar su potencial cancerígeno a las dosis máximas toleradas (MTD) por los roedores, se ha constatado que el resultado fue positivo para el 50% de los sujetos. Según el Dr. Ames, una gran parte de los cánceres se deben a la dosis más que al potencial cancerígeno de la sustancia.

Sin embargo, a ciertas dosis, los efectos son insignificantes o nulos. Lo que se olvida con frecuencia es que por encima de esas concentraciones ideales, observamos esta vez, no un efecto despreciable sino consecuencias nefastas para la salud, porque muchas sustancias o metales son necesarios para el metalismo humano y son llamados elementos esenciales. De tal manera se acaba de descubrir que el cuerpo humano genera sus propias dioxinas.(30)

Una revisión de todos los estudios epidemiológicos hechos sobre la influencia de los productos organoclorados sobre el cáncer de mama y de útero, fueron hechos por una universidad sueca (31). Estos estudios no pudieron establecer ninguna relación “causa-efecto”. Un estudio realizado en las Bahamas y en la Florida (32) sobre 122 casos de cánceres a mostrado que no existía ninguna relación detectable entre el DDT y el cáncer o, en otras palabras, que las concentraciones de DDT en los tejidos de las enfermas no eran más elevadas que en los controles. Ciertos estudios (33) han puesto también en evidencia un efecto anticancerígeno. Se dice ahora que el número de casos de cáncer, a excepción del cáncer de los fumadores, está descendiendo después de decenios. En los Estados Unidos esta cifra ha disminuido un 3,1% entre 1990 y 1999 (34). En el pasado, ha sido más bien una alimentación deficiente y pobre en ciertas sustancias la causa de numerosos cánceres.

Ya no existe ninguna razón para afirmar que el cuerpo humano sería más sensible a los productos organoclorados sintéticos que la multitud de aquellos que se hallan en la naturaleza con tanta profusión. Es precisamente a causa de que la cantidad de estas toxinas naturales es tan grande que los mecanismos de defensa del organismo son polivalentes. Si no fuese así, si una vaca en una pradera italiana fuese trasladada a una pradera dinamarquesa no resistiría mucho tiempo al cambio, y los europeos habrían muerto como moscas durante la introducción de productos exóticos como el té, los mangos, las patatas, el maíz, el chocolate.

También Odian a los Plásticos

Hoy el cloro es la materia básica de una enorme cantidad de procedimientos de fabricación, de productos y de materiales inseparables de nuestra vida diaria: las sartenes de Teflón, los dentífricos, los desodorantes, el agua lavandina, las lentes de contacto, los cables eléctricos, las bolsas de sangre, los revestimientos para suelos, los muebles de jardín, las pilas y baterías, el papel, las ropas impermeables. Los mismos botes de goma de Greenpeace tienen una capa de PVC para hacerlos impermeables. Sin los productos plásticos que contienen cloro hace mucho tiempo que se habría talado al último árbol.

Sobre todo es el policloruro de vinilo (PVC) el que es atacado tran ferozmente por los ecologistas, Los monómeros de base como el cloruro de vinilidene serían fuertemente cancerígenos. La OMS acaba de terminar sus estudios sobr este asunto en 2003 y ha concluido que no es así.

Dicen que su fabricación y su transformación serían una gran fuente de dioxinas. También han pretendido que el PVC era el responsable del problema de la dioxina en los hornos de incineración y han intentado prohibirlos por esta razón. Muchas experiencias realizadas en diferentes países han mostrado, sin embargo, que no existe ninguna relación entre el tenor de PVC en los desechos y la formación de dioxinas. Un ensayo a gran escala se llevó a cabo en el incinerador de Würzburg con cantidades dosificadas de plástico y de PVC, hasta un 15%. Las cantidades de polvillos, de dioxinas, de óxidos de nitrógeno emitidos se mantuvieron constantes; los de monóxido de carbono, ácido clorhídrico, de dióxido de azufre disminuyeron fuertemente. Resulta aparente que los desechos hogareños contienen ya una elevada cantidad de cloruros (alimentos, papeles…) dentro de los cuales desaparece el cloro de las botellas de PVC:

Una docena de otros ensayos confirmaron los resultados de Würzburg. Los datos más completos fueron generados por el ASME (American Society of Mechanical Engineers). Para 169 incineradores de todo tipo no se halló ninguna correlación entre las emisiones de dioxinas y la concentración de cloro (o aún de PVC) en los desechos. También se pudo determinar en el incinerador “Tamara” de Karlsruhe que los CFC contenidos en las espumas de poliuretano eran destruidas en un 99,999% durante la incineración (35). Hasta el mismo “Libro Verde” publicado en agosto de 2000 por las Comunidades Europeas (36) reconoce que el PVC contribuye apenas con las emisiones de dioxinas en los hornos de incineración. Después del incendio de una fábrica en Alemania, 50 toneladas de PVC ardieron al mismo tiempo de 75 toneladas de otros plásticos. Ni las muestras de humo tomadas en las cercanías durante el incendio, ni las muestras de aguas superficiales, ni las muestras de suelos tomadas después del incendio contenían concentraciones de dioxinas superiores a las normales (37). La concentración de dioxinas en las cenizas no era superior a las del fuego abierto.

Los plásticos aumentan de acuerdo al rendimiento energético del incinerador (38), lo que permite una combustión más completa y una reducción del aporte en combustibles fósiles. Asimismo, en ensayos realizados en los Estados Unidos se demostró que las chimeneas de los incineradores emitían más sustancias nocivas cuando quemaban carbón en lugar de los PVC contenidos en los desechos domiciliarios (39).

Los Ministros del Ambiente de Flandes y su colega noruego autorizaron la construcción de nuevas unidades de producción de PVC. Según su criterio, los datos científicos objetivos no justifican el abandono de la química del cloro.

Por el contrario, el Ministro Holandés del Ambiente fue reprendido dos veces porque “no había podido aportar la prueba de que el PVC sería dañino, toda publicación de su parte en sentido contrario es inducir al público al error y es por ello condenable.” Igualmente fue condenado un banco británico que hacía propaganda de que sus tarjetas de crédito no eran de PVC porque sería el origen de una disminución de la esperma en los hombres (40). A continuación de los rumores infundados esparcidos por Greenpeace, algunas comunas Alemanas (Bielefeld y Berlín) se aliaron para prohibir al PVC en los libros de cargas para las construcciones públicas. Sin embargo, han dado marcha atrás desde entonces (41). La lógica de Greenpeace conduce por lo tanto a las aberraciones : bajo la presión de esta organización las autoridades han elegido al PTFE en lugar del PVC para cubrir el techo del Domo del Milenio. El PTFE contiene 4 veces más cloro que el PVC.

El Ministro Italiano de Salud, respondiendo a una pregunta parlamentaria declaró “No veo ninguna razón que pueda justificar la prohibición de embalajes en PVC. Hasta la fecha, eso no ha sido justificado por ningún estudio toxicológico.” Se basaba en el informe del Profesor C Maltoni de Bolonia que confirmaba que, “no se ha podido observar ningún tumor anormal en los sujetos alimentados con agua contenida en botellas de PVC y todas investigaciones sobre la pretendida posibilidad cancerígena del PVC han dado resultados negativos.” Recientemente, el Ministerio Español del Ambiente ha publicado conclusiones similares.

Los ftalatos (DEHP) contenidos en el PVC a fin de hacerlos más blandos para los juguetes y las aplicaciones hospitalarias, después de numerosos ensayos y experimentos, han sido igualmente declarados libres de toda sospecha de potencial cancerígeno por la OMS, la FDA de los EEUU, la EPA y la Comisión Europea, entre muchas otras instituciones.

Pero los movimientos de opinión se han manifestado y arriesgan de impulsar a los responsables políticos y los administradores encargados del ambiente a promulgar prohibiciones de productos o a la elaboración de normas abusivamente restrictivas. Estas regulaciones hacen correr el riesgo a la sociedad de costarle muy caro, sin aportar ninguna mejora para la salud o el bienestar de la gente. De tal manera, ciertas normas aplicadas por la EPA corresponden al riesgo incurrido por un niño que ingiere el mismo suelo contaminado durante 30 años seguidos. La EPA acaba también de ser condenada por una Corte de Apelaciones de Washington por rehusarse a ajustar los valores límites para el cloroformo en el agua de 0 a 300 ppm. El cloroformo es un subproducto de la cloración del agua potable y la EPA no quería abdicar de su opinión (que ahora se sabe con certeza errónea) de que cada molécula de cloroformo podría inducir el cáncer. No sino a partir de una cierta concentración que una sustancia se torna peligrosa. Paracelso, considerado el padre de la toxicología decía que, “La dosis es el veneno”.

La sobreprotección tiene un costo (d). La sociedad tiene que establecer una jerarquía para los riesgos y tratar de paliar de inmediato las calamidades más grandes. Son por ejemplo la hecatombe de 45.000 personas anuales que mueren en las rutas europeas, o los miles de muertos causados en los países pobres por el agua para beber contaminada. No son los riesgos hipotéticos de los productos clorados.


Pierre Lutgen
Doctor en Ciencias
Luxemburgo


NOTAS :

(a) Habían detenido en Lima la desinfección del agua con cloro a continuación de un informe de la EPA norteamericana diciendo que el cloro podría combinarse con otas sustancias orgánicas en el agua para crear sustancias organocloradas eventualmente cancerígenas.

(b) El inventor del DDT, el profesor Muller fue galardonado en 1948 con el Premio Nóbel de medicina por los beneficios reportados por su invento a la humanidad.

(c) Esta manera de ver comienza a ser fuertemente criticada. A menudo los cánceres desarrollados en los animales se deben más al estrés y a las heridas inducidas por esta introducción de sustancias extrañas en sus cuerpos. Además, aplicar una extrapolación lineal no parece ser adecuado cuando se sabe que el cuerpo humano tiene la posibilidad de reaccionar a las dosis débiles y de neutralizar sus efectos. Así por ejemplo, la mortalidad elevada de ratas después de la inyección de 730 mg de aspirina no significa que esta sustancia sea nefasta para los humanos, al contrario. Es lo mismo para las fuertes dosis de sacarina, de vitamina D, o de fluoruro de sodio. No hay sustancia que no sea tóxica; todas las sustancias lo son a dosis elevadas. No existe más ninguna evidencia científica para decidir que las sustancias químicas producidas por el hombre son mas peligrosas que las sustancias naturales.

Este esfuerzo sobrehumano de protección a los humanos es costoso, no sólo por el derroceh inútil de dinero, sino también por los efectos negativos sobre la salud al dejar a la gente ansiosa y enferma. Se concentra sobre la evaluación del riesgo último de una millonésima de gramo presente en la alimentación, en lugar de hacer que la humanidad tome las medidas inteligentes necesarias para erradicar los riesgos y las enfermedades reales.

(d) El riesgo de recuperar los acites de trnasformadores contaminados con PCB en los aceites de motor usados, o también en los alimentos para los animales, existirá hasta que la eliminación de un litro de aceites contaminados con PCB costará 30 BEF.

Referencias

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