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DUENDES EN LA FLORESTA

por Mario R. Féliz
mfeliz@ciudad.com.ar

De duendes y trasgos
muchedumbre vana
se agita y se afana
en pos de su señor

José de Espronceda

El basural encantado

Aquella Navidad de 2005 en La Floresta [1], en los aledaños del Volcadero municipal de Paraná, los vecinos habían construido un gran árbol de Navidad. Lo habían hecho convirtiendo botellas vacías y envases de leche en
adornos policromos. Las luces que trepaban por los alambres del fingido follaje, le daban el toque mágico necesario. Una novedad en el paisaje atrayente, seguramente, para los curiosos seres elementales [2].

Cierto es que, desde un par de días antes de fin de año,
las gentes del lugar y especialmente los chicos pudieron observar como subían y bajaban del árbol artificial, jugaban con los adornos y se burlaban de los curiosos mostrando su lengua. Aunque, allí no terminaba la actuación, cuando las luces eran apagadas los pequeños la emprendían a cascota-zos con los circundantes.

El espectáculo se repitió durante varias jornadas. Asustados los vecinos llaman a la policía que acomete a los tiros contra los revoltosos quienes, a su vez, corren a los uniformados a cascotazos.

Finalmente, para desprenderse de las molestas criaturas talan los árboles donde se refugiaban aquellos traviesos duendes blancos, quienes luego de tal embate no regresarán. A todo esto, es justo recordar, que los testigos del inesperado espectáculo no eran un par sino casi un millar. Tantas personas no pueden equivocarse. ¿O podrían?

Puedo asegurar que, de acuerdo con el más fundado conocimiento que hoy se tiene de los habitantes del País de las Hadas, el comportamiento de los pequeñines del basural, del balcón verde del Paraná, fue semejante al de la mayoría de los duendes o trasgos, hasta hoy conocidos. Sabido es, también, que los elementales, a quienes la teoría más generalizada considera seres intermedios entre el hombre y los ángeles, son juguetones, les encanta, además, confundir, asustar y asombrar a los humanos con trucos, invenciones y juegos [3].

Para algunos estudiosos, por otra parte, los trasgos no son espíritus malignos o diablos, porque si bien arrojan a las personas “grandes piedras, fragmentos de madera y terrones del suelo, no los golpean, como si su forma de actuar no fuera la maligna de los diablos, sino la burlona de los bufones y payasos”. También su tamaño, entre 50 y 80 cm de altura, concuerda perfectamente con la fisonomía de la gran mayoría de los duendes.

Queda un sólo asunto que debilita esta historia. Se trata del color que los testigos atribuyen a los duen-des de La Floresta. Hasta donde me fuera posible averiguar no existe evidencia de que alguna vez, en algún lugar, se hubiesen avistado duendes de color blanco. Por el contrario, toda la información dispo-nible certifica que, usualmente, su piel es oscura y su vestimenta roja o multicolor. Aunque, en este tema, los Elfos de la luz (liosalfar) son una excepción. No obstante, deben descartarse porque no son pequeños sino que tienen el tamaño de los hombres.

¡Pero duendes! ¿De qué vale mi duda cromática frente ante la indubitable convicción de un millar de habitantes de La Floresta y barrios aledaños?

Dudas aparte, hay algo muy interesante que vale la pena investigar: ¿qué les hizo ir al Volcadero? En primer lugar, no ha de olvidarse que los elementales pueden ser convocados, consciente o inconscien-temente, por los humanos.

Usualmente se mantienen invisibles, salvo para algunos niños y animales. Por ejemplo, sabemos que una casa puede estar llena de duendes aunque estos no aparecerán, “hasta el momento en que algo en la de-coración o el mobiliario cambie y la convierta, súbitamente, en un lugar suficientemente atractivo para ellos”.

Es posible que aquel árbol navideño, con sus luces y colores, produjera una transformación tal del lugar que acabó convirtiéndolo en una irresistible atracción para los trasgos del monte circundante. En segun-do lugar, hay algo más que no puede ignorarse. Tales criaturas tienen lo que hoy llamaríamos un fuerte comportamiento ecológico porque son parte de la Naturaleza y no sobrevivirían sin ella, como los hom-bres. Por lo cual, conjeturo, que tal vez han querido, con tamaño alboroto, llamar la atención sobre el Volcadero.

Hacerse humo

La linda ciudad de Paraná lleva ochenta años acumulando basura a cielo abierto en un terreno ubicado a menos de dos mil metros del río y a poco más de 20 cuadras del centro. En la actualidad arriban al basu-ral entre 300 y 400 toneladas de residuos sin clasificar y sin tratamiento alguno. Gracias a ello, cirujas y cartoneros hacen de los desperdicios su modo de sobrevivencia, dedicándose a la recolección de recicla-bles. Aunque, no son pocos los que también obtienen parte de su comida de entre los restos de alimentos que encuentran en el lugar. Las consecuencias en enfermedades, disminución de la expectativa de vida y otras calamidades que se observan entre los que viven de esa actividad fueron analizadas hace años por la UNER [4].

No obstante, los problemas del basural no se reducen a afectar a los que allí trabajan o a los vecinos más cercanos (ubicados entre el basural y el Arroyo Antoñico). En realidad, el efecto se extiende a una gran parte de la población de la ciudad.

En estos volcaderos de residuos domicilia-rios se produce la quema de buena parte de la basura acumulada. Según una estimación de la SAyDS [5] en ciudades del tamaño de Paraná hasta el 50% de la basura resulta quemada en forma no controlada.

Desde hace un par de años la prensa paranaense comenzó a ocuparse del humo que se produce en el basural y que, periódicamente, invade casi toda la ciudad como una niebla pestilente y tóxica. ¿Cuál es el grado de toxicidad y el daño que el humo invasor puede causar en la población?

En el trabajo de la UNER se compara la salud de los que trabajan en el basural con un grupo de personas de otro barrio de Paraná que no trabajan alli. Se observan, en el grupo de riesgo, aumentos significativos de ciertas enfermedades respiratorias. El trabajo, sin embargo, no permite apreciar cuál es el efecto sobre el resto de la población. De todas formas, es probable que entre aquellos que tengan que respirar el humo con frecuencia se observe un aumento de los trastornos respiratorios.

Es bien conocido que, cuando se quema basura domiciliaria, se producen más de 200 productos quími-cos orgánicos [6], entre otras substancias peligrosas. Mencionaré aquí solamente a un par de ellos: An-traceno (cancerígeno), cloroacetofenona (muy tóxico, arma química), dioxinas y furanos (ambos can-cerígenos, tóxicos, etc). Pondré el acento en estos últimos.

Difícilmente haya quien no conozca la relevancia que tomaron las dioxinas (y furanos) en la discusión por las pasteras del Uruguay. La supuesta emisión de tales compuestos fue el caballo de batalla de nuestros guerreros de papel. No obstante, está probado que las plantas, con la tecnología que tiene la fábrica que pronto comenzará a producir en Fray Bentos, no generan dioxinas en cantidades detectables por los métodos de análisis más sensibles existentes [7].

En una nota anterior donde analicé el tema [7], comenté cuales eran las principales fuentes de dioxinas . Hoy insistiré en que la segunda fuente dioxinas, por su importancia, es la quema de residuos domicialia-rios. En ese sentido, según la estimación de la SAyDS [9], por cada tonelada de desechos domésticos quemados en forma no cotrolada (como en el Volcadero de marras) se emiten a la atmósfera 300mg EQT/tonelada y quedan como sólidos 600mg EQT/ton. Los residuos sólidos serán lavados, por las llu-vias, hacia los rios vecinos o lixiviados hacia las napas de aguas subterráneas.

En definitiva, si admitimos que, de las 400 ton depositadas diariamente, 150 toneladas se hacen humo, la Municipalidad de Paraná está fumigando a los habitantes de la capital entrerriana con, aproximada-mente, 0,05 g EQT por dia (EQT = Equivalente Tóxico), es decir, algo así como 18g de dioxinas totales por año. Una cantidad 100 veces mayor que el límite máximo permitido por la DINAMA de Uruguay, en consonancia con los protocolos de Estocolmo, para los efluentes líquidos de la fábrica de celulosa [10].

El Troll de dos cabezas

Los trolls son personajes de la saga de Tolkien, una raza maligna de la Tierra Media, originalmente con-cebidos por Morgoth en la Primera Edad, a partir de un linaje desconocido [11]. Por otra parte, Canales y Callejo [12] los mencionan, sin mayores aclaraciones, como duendes de origen Suizo. Sin embargo, Borges [13] los describe como elfos malvados y estúpidos, que viven en grietas o en viejas y desvencija-das casas. Destaca, asimismo, que los mas distiguidos pueden tener dos o tres cabezas.

Al leer el relato de Borges, imaginé que aquellos trolls con dos cabezas podrían hacer cosas opuestas sin mayores problemas. Dos seres normales que juntos daban vida a un cuerpo bicéfalo esquizofrénico.

El gobernador Busti, a quien llaman el Chino, ha sido uno de los principales sponsors de la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú, su pueblo natal. Muy pronto comprendió, como avezado político, que apegarse a la verdad y apartarse de la demagogia podría implicar altos costos políticos. Seguramente, tiene siempre presente aquello de: primero los hombres, después el movimiento y finalmente la Patria.

Entre los dirigentes de la “Asamblea” las opiniones sobre el Chino siempre estuvieron divididas. No obs-tante, el gobernador invirtió e invierte fondos públicos en su sostenimiento. No es secreto que ha finan-ciado a Romina [14], que subsidia las actividades de la Asamblea [15] y que ha puesto abogados de la gobernación a su servicio. A ello deben sumarse los aportes del gobierno Nacional (por ejemplo, la cesión espacios en radio y TV) y el multifacético aporte del gobierno local. ¡Y, no olvidar la desinteresada con-tribución de algunos “civilizados capitalistas” lugareños! Hay quienes, tal vez, les sería útil recordar que el negocio siempre termina en manos de quien lo financia.

Pero el Chino no se ha contentado con bancar a la “Asamblea”. Ha sido un entusiasta difusor y defensor de las patrañas sobre contaminación originadas en ella. Su irresponsabilidad ha llegado al ridículo de promover un juicio contra la empresa finesa por “contaminación en carácter de tentativa”. La justicia provincial no ha respondido a la presentación, aún.

Tanto dinero y energía invertidos porque algunos cientos de parroquianos afirman ver brujas en los alrededores de Yaguarí Guazú. ¡Sorprendente! Es como creer en la existencia de duendes, porque algunos cientos afirman haberlos visto en el basural de Paraná.

A pesar de todo, la gravedad de la conducta del gobernador se hace patente cuando vemos que hasta el momento nada serio se ha hecho para resolver el problema de la niebla tóxica que traen, en Paraná, los vientos de occidente.

Desde hace varios años se habla de fondos del BID para el “proyecto de mitigación de los efectos del Volcadero”. No obstante, en las últimas semanas se hicieron evidentes las diferencias entre los gober-nantes. La Municipalidad afirma que la documentación estaba toda entregada, la Provincia acusa a la Nación por las demoras y la Nación… En definitiva, nada.

La Justicia local ha pedido a la Comuna de Paraná que evite los incendios en los basurales y los erradi-que. Aquí son los gobernantes quienes no responden. El pedido judicial es en plural porque, además del Volcadero, existen veinte y tantos “micro” basurales [16] en la ciudad. Uno de ellos se encuentra ubica-do en la céntrica avenida Gral Urquiza, a menos de dos cuadras de la histórica Plaza 1ro. de Mayo.

Parece más fácil trasladar el Volcadero, vecino a la Gobernación, que la planta de Fray Bentos, y mucho más barato. Pero, el Chino, ha de ser amante de los grandes emprendimientos y reclama el traslado de Botnia, que se encuentra en Uruguay.

La autoridades han informado que el fuego en el basural tiene causas naturales, ya que la fermentación de la basura orgánica, en ausencia de oxígeno (anaerobiosis), genera gases inflamables como el metano (además importante gas invernadero) que se enciende por diversos motivos. Asimismo, señalan que los cirujas producen quemas para poner al descubierto los objetos metálicos para su reciclado.

Más allá de las razones dadas, no deberíamos olvidar que los duendes no temen al fuego y que bién po-drían ser ellos quienes causaran los incendios y que, como conocen y usan los elementos y leyes de la Naturaleza para conseguir sus objetivos, probablemente fueran el origen del viento del oeste que lleva el humo hacia la ciudad. ¡Nada más que por diversión!

No puedo sino avalar esa tésis, que explicaría su presencia en el basural. Los duendes son éticamente neutros y representan todos los aspectos de la Naturaleza a la que están unidos en forma inherente y esencial. Pero, carecen de conciencia por lo que no distinguen el bien del mal y todo lo hacen por diver-sión. ¿Duendes ecologistas? ¡Qué va!¡Pura fantasía!

Referencias

1. La Floresta es un barrio de Paraná, nacido a la vera del Volcadero Municipal.
2. www.novanoticias.com.ar , www.eloncedigital.com.ar y www.diariovictoria.com.ar. Notas publicadas los primeros días de enero de 2006.
3. DUENDES. Guia de los seres mágicos de España. C.Canales y J. Callejo. EDAF
4. Incidencia de las condiciones ambientales en la salud del trabajador ciruja del Volcadero Municipal de Paraná. Trabajo Social. Universidad Nacional de Entre Rios (UNER).
5. Inventario Nacional de Liberaciones de Dioxinas y Furanos. Argentina 2001. Publicado junio 2004.
6. Junk, G y Fordk, S., publicado en Chemosphere 1980
7. EL RIESGO AMBIENTAL EN LA PRODUCCIÓN DE CELULOSA, por M.R.Féliz. www.mitosyfraudes.org
8. El Quinto Jinete, por M.R.Féliz. www.profefeliz.blogspot.com
9. Trabajo ya citado
10. Ver referencia 7
11 Guía completa de la Tierra Media, Robert Foster. Minotauro.
12 Obra ya citada
13 The book of Imaginary Beings, Jore Luis Borges. Penguin.
14 Romina Picolott, Secretaria de Estado
15 www.losprincipiosonline.com.ar . 03/08/07
16 Desarrollo Urbano integral del Nuevo Parque Termal de Paraná. Plan Maestro. Sub.Planificación y Gestión de Desarrollo. Municipalidad de Paraná.


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