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Las Papeleras y el Concorde:
Las cosas que no son así

“En la historia las cosas suceden dos veces, la primera vez como tragedia; la segunda como farsa. – Karl Marx.”

Por Eduardo Ferreyra

“Las cosas que le engañan
no son las que ignora,
Son las que usted sabe
que no son así.”
Josh Billings

La ya insostenible campaña en contra de las pasteras de Fray Bentos que lleva adelante la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú, tiene un paralelo con una campaña igualmente injustificada, que alcanzó ribetes rayando con lo ridículo y lo trágico, cuando una “asamblea ciudadana” en Long Island, Nueva York, montó una campaña en contra de los vuelos del Concord, el avión de pasajeros supersónico de British Airways y Air France. Fue en 1977.

A la cabeza de esa campaña se puso una señora, ex senadora estadual, que usó los argumentos más insólitos para oponerse a los vuelos ente Londres y París y Nueva York. La señora era Carol Berman, y apoyaba sus argumentos en “estudios” científicos que aseguraban que los vuelos del Concorde al aeropuerto Kennedy:

  • Romperá los vidrios de las casa alrededor del aeropuerto y gran parte de Long Island.

  • Las vibraciones causadas por el enorme rugido de los motores causarán grietas en los muros de casas y edificios de Long Island.

  • El ruido causará daños irreversibles a los oídos de los niños de la zona.

  • Las emisiones del Concorde destruirán a la capa de ozono, motivo por los que el proyecto de los SST, o transportes supersónicos norteamericanos había sido abandonado.

  • También sus emisiones de vapor de agua en la estratosfera afectara al clima de la Tierra de manera irreversible.

  • La actividad de la flota de Concord acelerará la extinción de animales en Long Island.

Por supuesto, los “estudios científicos” habían sido provistos por “Amigos de la Tierra,” y varias orga-nizaciones ecologistas de los EEUU que, por su inveterada postura anti progreso y desarrollo, ven los a avances tecnológicos como una cosa diabólica que hará desaparecer una manera de vivir basada en los “Dorados Días de Ataño.” Del Siglo 19.

El asunto fue llevado a la Suprema Corte de Justicia de EEUU, quien analizó los “estudios”, comprobó quienes eran sus autores y la validez científica de los mismos, como además la experiencia de vuelos del Concorde a muchas otras ciudades del mundo, como Río de Janeiro, Singapur, Tokio, Johannesburgo, Nueva Delhi, Sydney, sin percibirse los efectos profetizados por Amigos de la Tierra, y la Asamblea liderada por la Sra. Carol Berman. Consideró además la Corte que el Concorde ya había estado volando durante 18 meses entre el aeropuerto de Washington, y Europa sin efectos nocivos observados. Así fue que la Corte autorizó un vuelo de prueba entre Toulouse, Francia, y el aeropuerto Kennedy en Nueva York para el 17 de octubre de 1997.

Los asambleístas se pusieron frenéticos, y montaron un bloqueo al aeropuerto Kennedy para recibir al Concorde. Hubo quienes propusieron elevar barriletes y cometas en la ruta de acceso del avión, para obligarle a no aterrizar y buscar un aeropuerto de alternativa. Miles de automóviles bloquearon las rutas de acceso al aeropuerto, marchando muy lentamente por las calles (sin infringir las leyes de tránsito y las anti piquetes que garantizan el libre tránsito).

A la hora señalada, el Concorde llegó a Kennedy dos horas antes de haber despegado de Francia –por esas cosas de los husos horarios y volar en dirección contraria a la rotación de la Tierra a más de 2000 kmph. Decenas de decibelímetros estaban apuntando a la pista, ubicados en lugares estratégicos, esperando registrar un nivel superior a los 120 decibeles permitidos para la aviación civil. Todos contenían la respiración cuando el Concorde planeó graciosamente, en casi total silencio hasta posarse en la pista y llegar finalmente hasta el edificio de la terminal de Air France. Los decibelímetros ni se inmutaron. El globo se acababa de pinchar.

La CNN informaba entonces a través de Walter Cronkite: “Se analizan planes para ver si se pueden tomar otras medidas legales para prohibir los vuelos. No hay nada en mente por el momento.” “Carol Berman dice que uno no necesita un poco de cáncer o embarazo para conocer el resultado, los vuelos del Concorde no los necesitan. Dice que el avión ha fallado ensayos en todos los aeropuertos que ha volado.” “La mayoría espera que la batalla legal termine.” Reportero: Jim Kilpatrick

Quest dijo: “El Concorde era Nuevo y asustaba. Los ecologistas afirmaban que causaría cáncer de piel y mataría al ganando, y eso era algo acerca del Concorde que nadie podría disputar.”

La Historia se repite hoy como una farsa

Mientras que la campaña Anti Concord fracasó en prohibir los vuelos del Concord porque no tenía ninguna base científica o técnica que la apoyase sino apenas una fuerte neurosis ecologista, como lo predecía Karl Marx, los eventos se vuelven a repetir –pero esta vez como una farsa. Los Asambleístas de Gualeguaycghú deberían haber estado presentes durante la conferencia de prensa que se hizo después del primer aterrizaje del Concord en Nueva York. El piloto del avión dijo: “La gente tenía razón en protestar en base a lo que leyeron. Lo que yo objeto es lo que leyeron.

En otras palabras, la gente había sido engañada por falsa propaganda de la Sra. Berman y sus amigos ecologistas. Ella fracasó en detener los vuelos porque no había razón alguna para que se prohibiesen. Sin embargo, la notoriedad que adquirió a causa de ello fue hábilmente explotada por su camarilla de conse-jeros y resultó elegida Senadora por el Estado de Nueva York en 1989. Sólo ella salió ganando. En las guerras la primera víctima es la Verdad...

Lo que nos lleva a la frase que abre este artículo:

“Las cosas que le engañan no son las que ignora,
Son las que usted sabe que no son así.”

Josh Billings

La gente de Entre Ríos no estaba engañada por las cosas que ignoraba. Esa gente creía que Greenpeace y su gobernador Jorge busti les decían la verdad. La reacción no podía ser más lógica: “las plantas les envenenarán; les causarán cáncer; los niños nacerán deformes; el turismo huirá despa-vorido; la producción de Entre Ríos no la comprará nadie; el olor será nauseabundo…” No es extraño que hayan caído presa de la histeria y la desesperación.

Sin embargo, después de que pudieron leer opiniones de numerosos científicos y técnicos argentinos, sin compromiso con la industria, mostrando el verdadero alcance de la futura contaminación, muchas dudas deberían de haberse despejado. O cuando menos se debería haber abierto una pequeña puertita por donde la razón y la ciencia podrían haber entrado. Así lo hicieron muchos entrerrianos que se dedicaron a descubrir la verdad. Cuando más tarde comenzaron a aparecer los documentos firmados por el Canci-ller Bielsa sobre el acuerdo con Uruguay para el control compartido de las papeleras, el mensaje del pre-sidente Kirchner al Senado comunicando tan buena noticia, mostrando que las declaraciones de “incum-plimiento del Uruguay” del Tratado del Río Uruguay eran de una falsedad absoluta, mucha gente ya no le quedó dudas de que el gobierno y los opositores a las papeleras estaban mintiendo de manera descarada –e infantil.

De tal modo, uno de los fundadores de la Asamblea, el Sr. Rubio, viajó a Finlandia y comprobó en el terreno que la contaminación de las plantas no era como la contaba Greenpeace. También el Sr. Melo cambió de parecer, mostrando que las cosas que “uno sabe que no son” no podían seguirlo engañando. Están pagando un duro precio por haberse decidido a aceptar la verdad. El resto, como los peores ciegos que se niegan a ver, prefirieron seguir creyendo en las mentiras primitivas. “El cáncer nos matará a todos. Nuestro futuros hijos serán monstruos deformes.” El Concorde rompe-rá vidrios y extinguirá la fauna de Nueva York.

Como afirmaba Marx, “Cuando la historia se repite lo hace como una farsa,” y la farsa sigue en todas las demostraciones de los cortes de ruta y puentes. La protesta, originalmente legítima, se ha transformado en un corso de Carnaval, hábilmente explotado por dirigentes que ven un futuro como diputados o senadores –o por qué no, gobernadores. El tiempo dirá... pero habrá que acordarse.

La protesta contra el Concord, basada en falacias y emociones violentas fracasó en prohibir los vuelos. No se podía luchar contra la verdad. Los “informes ecologistas” presentados no eran suficientes para oscurecer la Verdad. Algo similar, pero en tono de farsa, terminará sucediendo en Gualeguaychú: las plantas de celulosa no se detendrán, y como el Concorde, las plantas trabajarán sin problemas. Dirán que el Concorde tuvo un accidente en el 2000, que todos vimos en la televisión, y que las plantas podrán contaminar si ocurre un accidente.

Sin embargo, en los casi 30 años de operaciones del Concorde, sólo un accidente empañó su hasta entonces impecable récord de seguridad, cuando se incendió durante un despegue en el aeropuerto de París el 20 de julio de 2002, causando la muerte de sus 109 pasajeros. Un accidente en casi 30 años y miles de vuelos lo hacen el avión más seguro que se haya fabricado en la historia de la aviación comercial. Y el accidente no fue causado por errores de diseño ni mal mantenimiento sino por haber levantado una chapa de acero que estaba en la pista y que fue lanzada al interior del aparato.

Brent Blackwelder, ahora presidente de la rama americana de Amigos de la Tierra dijo: “Esa fue la primera campaña en la que tomé parte. Fue algo así como un hito, ya que marcó una de las primeras veces que el lobby ecologista se apartó de su tradicional área de conservación de la naturaleza y retó al impacto ambiental de las nuevas tecnologías.”

“La cancelación del servicio del Concord era algo que estaba pendiente desde hace mucho, y es una señal de que el mundo debería moverse en dirección a modos de transporte más sensibles.” Como la carreta con bueyes, por ejemplo, aunque los bueyes contribuyen con sus flatulencias al calentamiento global, o los románticos barcos a vela que no usan combustibles fósiles. Sí, seguro.

Fray Bentos tendrá funcionando una pastera con la mejor de las tecnologías disponibles a la fecha –mejor que las actuales de Finlandia. Entre Ríos y la Argentina seguirán con sus obsoletas y realmente nocivas papeleras de añeja tecnología. No son las cosas que ignoramos lo que nos engaña, sino las que sabemos que no son verdad!

Se ha preferido a la incoherencia y la irracionalidad. El lema “Sí a la Vida, No a Botnia” ha sido reemplazado en realidad por “Sí a la ignorancia, y que Viva la Muerte!

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


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