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La ciencia de Gualeguaychú

Dr. Fernando Mañé Garzón

Permítaseme esta quizá obvia introducción, pero la creo necesaria al propósito. El siglo XVII marcó un cambio fundamental de la ciencia occidental al superar la ciencia griega, ciencia de las causas, con la `scientia nova`, ciencia de las leyes. Hasta fines del siglo XIX fue la que rigió tanto en la investigación concreta como en la filosofía de la ciencia, diferenciándose al mediar ese siglo dos métodos experimentales (Galileo, Descartes, Huygens, Newton) y el evolutivo-descriptivo (Hegel, Lamarck, Darwin, Maxwell, Lorentz).

Cuatro descubrimientos fundamentales aporta el siglo XX: la fórmula de Max Planck (MC2) en 1900, la teoría particular de la relatividad por Einstein en 1905, la teoría de los cuantas en 1912, la teoría general de la relatividad en 1916-1919 también por Einstein y en la década de 1920-1930 por la mecánica cuántica principalmente por de Broglie entre otros tantos ilustres físicos y las complejas propuestas de Stephen Hawkins.

Todo esto no es nada. Los piqueteros de Gualeguaychú, autopromovidos, han renegado de la ciencia universal, hacen de ella `tabula rasa`. Han negado en forma tanto explícita como tácita el determinismo que, aunque con críticas metafísicas, sustenta la ciencia universal. Afirman con convicción masiva de entusiastas que la ciencia no tiene fundamento válido.

La papelera de Botnia situada a la rivera opuesta del río común, el río Uruguay, contamina. No valen pruebas científicas tanto directas como experimentales. En forma indiscutible, causará muertes, malformaciones congénitas, polución acumula-tiva, cáncer. Esa afirmación es principio absoluto, modifica tanto la mecánica clásica como la relativista cuántica. Es así y no hay otra.

La segunda característica de esa nueva ciencia es que Botnia contamina, causa intoxicación con producción de gravísimas malformaciones congénitas, además de otras infecciones agudas o crónicas y profusión de cáncer. Solo afecta una sola costa u porción occidental del referido río. Los de la rivera opuesta, Fray Bentos y su zona no aceptan, salvo excepción, esa nueva ciencia y se encuentran muy seguros de su salud, pues se atienen al valor de la ciencia natural y fisicomatemática. Tampoco los afecta a los muy numerosos habitantes del límite oeste de la Provincia de Entre Ríos, sobre el río Paraná, sobre las que asientan numerosas papeleras, estas sí contaminantes por su vetusta tecnología.

Otro de los formidables aportes de la ciencia de Gualeguaychú es el haber resuelto uno de los enigmas mayores de la biología y la medicina. Es el haber encontrado la causa etimológica a las malformaciones congénitas. Es bien sabido que entre el 80% y 90% de estas alteraciones son de causa desconocida. La gran mayoría es de compleja determinación genética que solo aporta datos puntuales o estadísticos. Pues bien, bastan unas gotas, unos sorbos, un aire respirado proveniente de la rivera este del río para afectar irremediablemente a los recién nacidos. Así nacerán fetos deformes, bicéfalos, hidrópicos, etc.

Por lo tanto los piqueteros de Gualeguaychú no sólo merecen el Premio Nobel sino el reconocimiento de la humanidad al formular una `scientia-gualeguaychuensis` cuya verdad, vigor, evidencia, no necesitan pruebas y repruebas.

Esta ciencia merece especial atención para ser analizada con la objetividad desligada, libre de creencias locales, regionales o nacionales al tiempo que su resultado echa por tierra a toda la larga tradición científica que nos ha llevado más de dos milenios formar. Las leyes naturales de la ciencia son universales y dejan de serlo solamente en la rivera oeste del río Uruguay frente a Gualeguaychú.

Desde este alejado lugar del Hemisferio Sur ha surgido una nueva ciencia que lo cambiará todo. Ni tiempo, ni método, ni técnica ni recursos pueden negar a esa iconoclastia. Esa firme convicción inferida entra en el terreno psicopático. Una entidad psiquiátrica la contempla, la llamada `folie deux`, o locura contagiosa: un delirante convence a otro y establecen un delirio compartido.

Recurrimos a un texto de Einstein: "hay dos cosas infinitas, el Universo y la estupidez humana, ¡aunque de la primera no estoy seguro!`"

Diario EL PAIS - Montevideo - URUGUAY - 27 febrero 2007
http://www.elpais.com.uy/07/02/27/pecos_266368.asp


NOTA DE FAEC: Lo que expresa el Dr. Mañé Garzón es exactamente lo mismo que hemos venido sosteniendo desde estas páginas desde hace casi un año. Después de haber comprobado que el argumento técnico y científico de la “contaminación criminal” de las plantas de celulosa, incluida especialmente la de Botnia en Fray Bentos, se caía por su muy fuerte carga de inexactitudes y falsedades conceptuales, e ignorancias sobre las metodologías y regulaciones internacionales obligatorias; y que el único argumento al que el gobierno argentino sigue aferrado es el político de “Uruguay violó el Tratado del Río Uruguay”, (por otra parte totalmente desvirtuado por la abundante documentación en la Cancillería y el Senado argentino, que demuestra lo contrario) nos había quedado muy claro que la postura de la Asamblea de Gualeguaychú era pura y casi exclusivamente emocional. La ciencia estaba totalmente ausente del planteo.

Y decimos “casi exclusivamente” emocional, porque hay algunos otros componentes bastante oscuros en la decisión de los piqueteros de mantener una posición irreducible que es totalmente irracional. La política de partido y los intereses eleccionarios tienen hecha una fuerte apuesta, que probablemente desaparezca –después de que pasen a cobrar por Caja- como también los intereses personales de varios dirigentes “ecologis-tas” de la Asamblea de ingresar a la política ocupando cargos en la administración públi-ca (generosa proveedora de fondos fáciles) o de cargos electivos (de mayor envergadura en lo relativo a los fondos potencialmente disponibles).

Nos queda ahora por hacer apuestas sobre el rumbo que tomará el gobierno nacional una vez pasadas las elecciones provinciales y nacionales. Los asambleístas dan por des-contado que el gobierno les soltará la mano y les dejarán en la estacada, y se dedicará a recomponer su relación con Uruguay con la vista puesta en la anunciada intención de los Estados Unidos de componer con Brasil y algunos otros socios del MERCOSUR una OPEP del etanol.

Considerando que los subsidios que este futuro mercado generará son de una magnitud descomunal, y que de los subsidios viven muchas industrias ineficientes y muchos funcio-narios ligados a los consabidos “retornos”, no resulta nada sensato quedar afuera del “negocio del siglo” sólo porque un grupito de asambleístas se haya contagiado de un “de-lirio psicopático compartido”. Es demasiado el dinero involucrado en este negociado Gargantuesco, y nadie de los que tienen algún poder de decisión querrá quedarse afuera.

Veremos si el tiempo, una vez más nos da la razón.

Mientras tanto, los asambleístas deberían ir pensando en buscar una buena ayuda profe-sional en el campo de la psiquiatría, honorarios que deberían pagar quienes les llenaron “el mate de infelices ilusiones” para lograr el éxito de sus propias agendas políticas y/o interesantes cargos ministeriales.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


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