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El Agujero de Ozono se Cierra
por Pierre Lutgen
Doctor en Química, Luxemburgo

Este año el agujero de ozono se cierra más temprano…a través de variaciones naturales… sin embargo permanece vivo el temor por los daños al ozono.
Süddeutsche Zeitung, 1 Oct. 2002

Yo me pregunto si no han acusado a los CFC de destruir a la capa de ozono por razones más económicas que ecológicas. Porque hay una enorme cantidad de dinero para ganar. Pero las sumas invertidas en las gigantescas batallas contra las contaminaciones imaginarias no están disponibles para luchar contra las contaminaciones verdaderas.

Haroun Tazieff

El agujero de ozono fue descubierto en 1956 durante el Año Geofísico Internacional, simultáneamente por las expediciones polares francesas e inglesas, y no por los ame-ricanos Rowland y Molina, 20 años más tarde, como se puede leer en los artículos de divulgación pseudo-científica. Pero el debate sobre el ozono estratoférico comenzó en 1970 con los proyectos americanos de construcción de un avión supersónico comer-cial. Los gases de escape de los reactores, sobre todo los vapores de agua y los óxi-dos de nitrógeno, destruirían a la capa de ozono. Cuando se cayó en cuenta que esta hipótesis no podría ser verificada, hubo que encontrar a otro culpable, y fue el cloro.

Según Rowland y Molina serían los cloro-fluoro-carbonos, conocidos como freones, los culpables de la destrucción de la capa de ozono estratosférica. Descubiertos en 1929, de inmediato se descubrió una gran cantidad de aplicaciones para estos productos porque no son tóxicos, ni inflamables, ni corrosivos. Fueron usados en los sistemas de refrigeración para reemplazar a los gases tóxicos como el amoníaco o los óxidos de azufre; en la lucha contra el fuego; como solventes y medios de limpieza, como prope-lentes en los aerosoles; como agentes de expansión para ciertas espumas plásticas, etc.

Cada año la prensa anunciaba una reducción del 10 al 20% de la concentración del ozono en la estratosfera. Si se hubiesen hecho los cálculos, el ozono habría desapar-ecido en 5 años. Los datos sobre el ozono estratosférico se conocen desde los años 30. S. larsen y T. Hendrikson analizaron los datos acumulados desde 1935 en Oslo y Tromso, sobre el ozono del círculo Ártico y publicaron los resultados en la revista Nature en 1990. La concentración de ozono se mantenía constante, si se excluye la disminución ente los años 1958 a 1962, época en la que los freones no eran usados a gran escala. Cuatro estudios [1] americanos que se refieren a los años entre 1974 y 1984 informan una variación de la concentración de ozono estratosférico que va desde –0,26 a +1,5%, variación insignificante que está comprendida entre los límites de error de las mediciones.

Pero tranquilicémonos en nuestras latitudes. En Córdoba y Buenos, Argentina, los niveles de ozono se mantuvieron constantes desde 1991 a 1999. [ver nota de FAEC más abajo] Según las mediciones del Real Instituto de Meteorología de Uccle, la capa de ozono no disminuyó en el curso de los últimos 20 años [2]. En Uccle, Bélgica, el ozono estratosférico aumentó 0,31% entre 1984 y 1991 [3]. B.Soukharev [4] de la Universidad de St. Petersburgo no registró ninguna disminución del ozono sobre Rusia. Los ciclos de manchas solares juegan un papel principal en la variación de las concentraciones anuales y decadales.

Los científicos comenzaron a hacerse preguntas sobre este famoso « agujero de ozono ». ¿Por qué el agujero se halla en la Antártida, donde verdaderamente no hay emisiones de freones? ¿Por qué los freones, que son esencialmente usados en el hemisferio norte ejercitan sus efectos dañinos en el hemisferio Sur?

¿No será que el agujero de ozono no es otra cosa que un fenómenos natural y estacional que nada tiene que ver con los productos químicos producidos por el hombre?

Es el resultado de un vórtice de aire frío que, durante el invierno, aspira a la capa de ozono, como es succionada el agua de una bañera por el resumidero, Los rayos UV del sol que son necesarios para la producción simultánea de ozono y la reacción de la destrucción del ozono por el cloro, son mucho menos eficaces en los polos donde la insolación es mucho menor que en el ecuador. La producción más importante de ozo-no se hace en las regiones ecuatoriales. 300 millones de toneladas son producidas cada día. Se conoce igualmente que el ciclo de 2 11 años de las manchas solares influencian la concentración del ozono en la estratosfera.

Recordemos que la molécula de ozono está constituida por 3 átomos de oxígeno. Se trata de un gas tóxico y corrosivo. También se genera en las capas inferiores de la atmósfera bajo la influencia del sol y los relámpagos. La polución emitida por los auto-móviles contribuiría bastante a la generación de este ozono, pero los experimentos realizados a gran escala en la región de Hesse no han podido cnfirmar esta hipótesis [5]. Por otra parte hay que tomar en cuenta que las concentraciones de ozono pueden ser también elevadas en las regiones poco habitadas de los trópicos. Se habla en abundancia de los riesgos de este ozono troposférico para las personas ancianas, pero se olvida que el ozono es utilizado en ciertas terapias cardíacas, para el trata-miento de la ateroesclerosis [6] y de las úlceras.

Las moléculas de ozono son muy pesadas, seis veces más que las moléculas de aire. ¿Por qué subirían ellas a la estratosfera a 30-40 km de altura? Las mediciones hechas a 30 km de altura muestran que no se encuentran allí CFC [7, 8], precisamente allí en donde se registraron las disminuciones más fuertes de ozono. No se halla ozono por debajo de los 17 km de altura. Algunos dicen que sería destruido de inmediato por los rayos del sol mientras que otros han pretendido lo contrario, es decir, una longevidad a toda prueba y en consecuencia la facultad de intervenir en las múltiples reacciones de destrucción del ozono.

Es como si la tropopausa que se encuentra a esta altura entre la troposfera y la estra-tosfera fuese una barrera infranqueable. Estas moléculas pesadas tienen mucha ten-dencia a caer hacia el suelo, y a infiltrarse entre las fisuras, a ser absorbidas por las arcillas y el humus, y a ser destruidas por bacterias anaeróbicas ávidas de estas sus-tancias. O bien los CFC caen sobre la superficie de los lagos y los océanos y son disueltas en las aguas y destruidas por los microorganismos y las algas. La vegeta-ción absorbe de igual modo grandes cantidades de frenes como lo demostraron los análisis del humo de los bosques.

Por lo que sea, no hay freones en la estratosfera!

De todos modos el cloro proveniente de los freones no representa más que el 0,1% de la enorme masa de productos clorados enviados a la atmósfera cada año a la estra-tosfera por los volcanes, los océanos, incendios de bosques, algas y el plankton.

Lo que se encuentra en la estratosfera es el nitrato de cloro (ClONO), sobre todo en la primavera cuando se forma el agujero de ozono.

La producción anual de freones era hace algunos años 700.000 toneladas. El mar emite todos los años unas 600 millones de toneladas de aerosoles salinos y clorados de las cuales una gran parte es llevada a las capas superiores de la atmósfera por tormentas, tornados y tifones [9]. Se acaba de poner en evidencia en la troposfera en los alrededores de Sptizbergen y de Siberia unos agujeros de ozono que son genera-dos en la primavera por la acción conjunta del sol y los aerosoles salinos [10]. En la Antártida, los investigadores han relacionado la aparición de agujeros del ozono a las concentraciones elevadas de óxidos de bromo. Las algas y plankton de los mares, las marinas salinas costeras [11], la descomposición de la materia orgánica en los suelos [12] emite cada año más de 5 millones de toneladas de metilo o de bromuro de metilo.

Estos son productos muy similares a los freones y los halones. Los incendios de bos-ques emiten 8,4 millones de toneladas de productos clorados. La fuerte concentración de ácido trifluoroacético y tricloroacético en la atmósfera comienzan asimismo a con-fundir a los científicos. Se creía que eran productos solamente fabricados por el hombre, pero las cantidades detectadas en el verano en el Atlántico, en Baviera, en Canadá y otras partes son de lejos superiores a las de rigen industrial. Y estas sus-tancias han sido siempre consideradas tóxicas y destructoras del ozono.

Igualmente existe una gran controversia sobre el impacto de una flota de aviones comerciales mundial compuesta por 375.000 aparatos. Ella podría haber contribuido con las emisiones de monóxido de nitrógeno al incremento relativamente importante de la concentración troposférica entre los 8 y los 12 km de altura. [13]

Los meteoritos y el polvo cósmico aportan igualmente algunos millones de toneladas de cloruros inorgánicos a la atmósfera, y son sin duda alguna estos cloruros que se encuentran al mismo tiempo que los cloruros provenientes de los volcanes.

El volcán antártico Erebus emite más de 1000 toneladas de gas clorhídrico por día, y este gas permanece en el aire porque no existen lluvias en la Antártida para lavarlas y llevarlas a tierra. Se puede hablar de la erupción del volcán Hudson en la Patagonia entre Chile y la Argentina, en agosto de 1991 y que contribuyó a la formación de un mini-agujero de ozono en octubre del 91 [14]. Los últimos 15 años estuvieron caracte-rizados por una serie de erupciones volcánicas excepcionales. Se edstima que en 1982 la erupción del El Chichón causó una reducción del ozono del 1 al 2%, y hasta de 7% a 24 km de altura [15]. La erupción del Pinatubo en Filipinas en 1991 es la erupción más fuerte registrada en el Siglo 20, en cuanto a la cantidad de aerosoles estratosfé-ricos producidos. La altura de la columna de humo llegó a 40 km, El aumento del cloro en la estratosfera durante el curso de los últimos 20 años podría muy bien explicarse por estas erupciones.

En la química del ozono en la estratosfera no participa sólo el cloro sino también los NOx y los aerosoles de productos sulfurosos emitidos por los volcanes. El Pinatubo emitió 10 millones de toneladas de aerosoles sulfurosos a la atmósfera en su erupción de 1991 y se les encuentra en todas las latitudes y longitudes. Los investigadores comprobaron que el polvo del Pinatubo tuvo un efecto negativo sobre la concentración del ozono sobre Alemania [16].

Los océanos emiten de igual forma grandes cantidades de sulfuro de metilo. El CO2 y el metano participan igualmente en la química del ozono, y un estudio de 1983 demos-tró que estos gases contribuyen a la generación de ozono [17]. Esos autores demostra-ron también que si el ozono es destruido en las capas superiores de la estratosfera los rayos UV-B pueden penetrar en las capas más bajas en donde todas las condiciones están dadas para una formación masiva de ozono. De esta manera el sistema se mantendría equilibrado. Las mediciones más recientes [18].hechas por los aviones de línea que circulan por la troposfera muestran que la concentración de ozono en las alturas de 10 a 12 kilómetros es extremadamente variable y que se debe sin dudas a los intercambios masivos entre troposfera y estratosfera. Es sobre todo en la tropos-fera de los trópicos donde se encuentran estas concentraciones tan elevadas [19]. Los relámpagos de las tormentas generan anualmente 10 a 15 millones de toneladas de NOx y es particularmente en lo trópicos que este gas puede participar en la producción de ozono [20].

Las cuestiones más importantes no conciernen solamente a la concentración del ozono en la estratosfera sino a la intensidad de la radiación UV-B al nivel del suelo y su impacto sobre la fauna, la flora y sobre los cánceres de piel. El ozono constituye, en efecto, un suerte de escudo contra esta radiación. ¿Por qué no se han publicado jamás los datos relativos a la intensidad de esta radiación? No se conocen más que datos esporádicos como las mediciones hechas sobre el continente norteamericano entre 1974 y 1985 y publicados en la revista Science [20]. En el curso de esos 11 años la radiación UV-B disminuyó de 5 a 11% en 8 estaciones de medición. Esta disminu-ción no puede deberse a la contaminación atmosférica porque algunas de esas esta-ciones se encuentran lejos de toda población. En la estación del Monte Mauna Loa de Hawai y en la estación alemana de Hohenpeissenberg se ha medido de manera simi-lar una disminución de la radiación UV-B.

En Moscú, la radiación UV se mide desde hace 30 años. Aparte de las variaciones anuales y estacionales, la radiación se ha mantenido constante [22]. En Norrkoping en Suecia, y más cerca del polo, las radiaciones son constantes desde 1982. Las curvas del profesor Johansson de Norrkoping se pueden obtener de este link, y las de Mel-bourne, igualmente planas desde 1992 hasta 2000 están en este link. En Moscú, (Chu-barova et al.) la radiación UV-B alcanzó un máximo entre 1968 y 1999 y una caída en 1983. Es muy trabajoso hallar estos datos en la Internet. Ustedes no los encontrarán nunca entre las cuentas rendidas en las múltiples conferencias sobre la capa de ozo-no, en donde los expertos se desesperan por no ver aumentar la radiación UV y poder atribuirla a un aumento de la cobertura nubosa y a imprecisión de sus fotómetros.



NOTA DE FAEC: En Argentina, el Servicio Meteorológico Nacional lleva el registro de las concentraciones de ozono mediante uno de los cuatro instrumentos más perfectos diseñados para ello, donación de la Science Foundation de Estados Unidos, y sus servicios son usados por investigadores de la Universidad de Buenos Aires.

Los científicos Ernesto A. Martínez e Isidoro Orlansky, del Laboratorio de Geofísica (LAGE), de la Universidad de Buenos Aires, completaron un estudio sobre los niveles de radiación UV que llegan a la superficie del planeta, y los compararon con los nive-les de reducción del ozono. Luego declararon a la prensa:

«Si los niveles de ozono disminuyesen un 50% ­ algo que ocurre muy pocos días y en zonas muy reducidas de la Antártida ­ y los demás parámetros se mantienen constantes, la radiación UV se incrementa un 15%, y la radiación global apenas aumenta un 1,5%. Los valores típicos de radiación global (de acuerdo a los promedios anuales) son de 300 watts/m2 en Buenos Aires; alrededor de 100 a 150 watts/m2 en Tierra del Fuego; y de unos 100 watts/ m2 en la Antártida. Los niveles de radiación UV directamente debajo del Agujero de Ozono no alcanzan a los niveles promedio que se encuentran en Buenos Aires».

Por su parte, la Licenciada Victoria Tafuri, del Observatorio Nacional de Villa Ortúzar en Buenos Aires, y que está a cargo de medir los niveles de ozono, fue a la Antártida en 1988 acompañando a la expedición NOZE de la NASA. A su regreso, declaró a la prensa en Diciembre de 1988 que:

«El mal llamado agujero de ozono de la Antártida está circunscripto al conti-nente antártico y no hay razones científicas para presumir que pueda llegar al territorio argentino." . . . «La historia del Agujero de Ozono sólo beneficia a intereses corporativos e industriales. La falta de ozono no produce cáncer de la piel ­ como se ha repetido con persistencia –aunque el problema puede derivarse de una excesiva exposición al Sol, sin la protección de aquellos productos que hemos estado usando durante los últimos 30 años»

Más tarde explicó que ella realiza diarias observaciones y mediciones de los niveles de ozono sobre Buenos Aires, y declaró: «No hemos observado ninguna variación en los niveles de la capa de ozono durante los últimos 25 años».


De todos modos, estas variaciones en la radiación UV son insignificantes compara-das con las que se producen con las latitudes. En Panamá la dosis UV es 400% más alta que en Oslo –pero no hay más cánceres de piel, ni en Panamá ni en los países mediterráneos, ni en África. Quien viaje 200 km en dirección al Ecuador, o quien realice un viaje a la montaña recibirá la misma dosis adicional de UV que la que nos profetizan las poderosas computadoras para fines de este siglo. La prensa nos habla de un aumento reciente de los cánceres de la piel en Tasmania. Al revisar de cerca esas cifras, se revela que ese aumento ya había sido notado en 1956, [23] antes de que se hablase del ozono, y que este aumento es más importante en la Australia del norte que en la parte sur, más cerca del polo. Estos melanomas se deben en gran parte a las dosis masivas de sol a las que se exponen las personas en las playas. Las cremas solares, sobre todo las diseñadas para detener a los rayos UV-B que causan las quemaduras, dejan pasar sin embargo a los rayos UV-A que son igualmente can-cerígenos para la piel [24].

Un estudio publicado en 2002 [25] muestra que la frecuencia de los cánceres de prós-tata, de los ovarios y de mama, son reducidos en los países donde existe una fuerte irradiación solar. La vitamina D producida por el cuerpo humano bajo la influencia de los rayos UV sería la causa de este efecto benéfico.

Los freones permitieron la construcción de sistemas de refrigeración para alimentos, eficaces y baratos, sobre todo en los países cálidos. El deterioro de los alimentos, y las enfermedades debidas a ese deterioro pudieron ser largamente erradicados. El reemplazo de esos millones de refrigeradores exigidos por el protocolo de Montreal de 1987 va a costar miles de millones (1200 millones de LUF para la comunidad europea), porque no es suficiente cambiar nada más que el gas sino que es preciso cambiar la instalación de refrigeración completa. Millones de gente podrían morir a causa de desnutrición en los países pobres, porque algunos de los habitantes de piel blanca de nuestras latitudes tienen miedo de atrapar un tumor de piel en las playas.

Y algunos, como el vulcanólogo Haroun Tazieff, afirmaban que los ecologistas están manipulados por los grandes grupos químicos [26], bien lanzados a la conquista del mercado de los sustitutos de los infames CFC (los productos sustitutos son 15 veces más caros que los CFC –y la mitad de efectivos). Edgar Bronfman, uno de los princi-pales accionistas de Dupont de Nemours hizo sustanciales donaciones a las asocia-ciones verdes de los Estados Unidos. Uno de los principales herederos de la familia ICI (Imperial Chemical Industries) de Inglaterra, Lord Peter Melchett, es director de Greenpeace en ese país.

Lo mismo que otros problemas ecológicos planetarios, la verdad sobre el freón y el ozono está oculta en parte por la práctica de lo “no dicho” y de las exageraciones. En marzo 1997 todos los diarios nos dijeron que la concentración del ozono en el Ártico era la más baja en 20 años. Pocos diarios dijeron en 1998 que en marzo de ese año los valores del ozono volvieron a ser los de principios de la década del 1980 [27]. O todavía menos del hecho que el agujero de ozono sobre la Antártida disminuyó durante 4 años y que en 2002 se había dividido en dos pequeños agujeritos. Si ello es el resultado de la falta de conocimientos de los periodistas, es el deber de la comunidad científica de decírselo y repetírselo. No basta con criticar a los medios, porque ellos adoran al catastrofismo, por lo tanto es necesario saber transmitirles las informaciones científicas que hagan claro los hechos desde un ángulo más optimista y, esperamos, menos parcial.

La Asociación Meteorológica Alemana durante su congreso de 1992 crucificó a la histeria sobre el ozono. Y como dijo el Premio Nóbl Derek Barton “Hay tanta propa-ganda mediática alrededor del agujero de ozono, que uno se vuelve escéptico.” [28]

¿Se podría sospechar que la NASA, que ha lanzado un satélite de $870 millones de dólares para estudiar el fenómeno, deba ahora justificar este derroche por medio de informes regulares más o menos alarmistas?

No impide que los informes de la NASA [29] sean más optimistas y predigan que el agujero de ozono se cerrará finalmente en el año 2050! ¿Será realmente porque ya han conseguido prohibir a los CFC o porque ya no podían seguir hablando todos los años de un agujero de ozono que se niega a agrandarse?

Pierre Lutgen
doctor en ciencias químicas
Luxemburgo

Referencias

1. A.Wildavsky, But is it true, Harvard Univ.Press, 1995,p315.
2. www.meteo.oma.be 24.02.2001.
3. H.De Bakker et al., Journal of Geophysical Researche,97,5921,1992.
4. B.Soukharev, Ann.Geophysicae, 15, 1595, 1997.
5. Die Welt, 26.Mai 1995.
6. V.Bocci, Riv.The Journal of Int.Medical Research 22, 131,1994.
7. L'Actualité Chimique, janvier/février 1993.
8. www.cis.ohio-state.edu/ozone-depletion
9. R.Maduro et al., Ozonloch, das missbrauchte Naturwunder, Böttiger Verlags-GmbH, 1992.
10. Frankfurter Allgemeine Zeitung, 26.5.1997.
11. R.C.Rhew et al, Nature 403,292,2000.
12. F.Keppler et al, Nature, 403,298, 2000.
13. Rapport de l'Organisation météorologique mondiale, n°25, 1991.
14. D.J. Hofmann et al., Nature 359,283.1992.
15. J.Cl.André, La Vie des Sciences, Comptes rendus, 11-1,1,1994.
16. K.Wege et al., Meteorol. Zeitschrift, 6, 73, 1997.
17. Brasseur and De Rudder, 'Agents and Effects on Ozone Trends', p23.
18. Frankfurter Allgemeine Zeitung, 24.9.1997.
19. D.Röhrlich, Die Welt, 12. Mai 1997.
20. Naturwissentschaftliche Rundschau, 11, 465, 1997.
21. J.Scotto, Science, february 12, 1988.
22. N.Chubarova et al., Atmospheres, 105, 12529, 2000.
23. B.K.Armstrong, International Conf. on effects of ozone modification, Washington 1986.
24. K.Wolff, New England Journal of Medicine, 336, 1090, 1997.
25. W.Grant, Cancer, 94, 1867-75, 2002.
26. J.Maxwell et al., Business strategy and the environment, 6,276,1997.
27. R.Salawitch, Nature, 392, 551, April 1998
28. Neewsweek, october 11, 1993, p48.
29. M.Schroppe, Nature,408, 627, 2000.

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