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Otra Vez el Ozono: Paseando al Angelito

Por Eduardo Ferreyra

Hay mitos en la ecología similares a viejas costumbres del campo argentino. El Agujero del Ozono Antártico es uno de ellos. Quizás, como esas costumbres antiguas, algún día termine por desaparecer –o quizás, como algunas viejas costumbres, no lo haga nunca

La muerte del angelito

No estoy seguro de si en algunas partes del campo argentino se sigue con una costumbre que tiene una profunda y extraña belleza. Hasta hace por lo menos 50 años, cuando un niño moría, se acostumbraba vestir al cadáver de blanco, como “de primera comunión”, se lo sentaba en una sillita encima de una mesa, y se velaba al “Angelito”. Era una fiesta de la que participaban vecinos de venían de leguas a la redonda. El Angelito estaba de regreso con Dios. Aleluya! Luego lo metían en un pequeño ataúd blanco como la nieve, y en procesión lo llevaban al camposanto. Flores y canciones. Alegría en la gente.

Esa noche, sin embargo, en el hogar se asentaba la horrible ausencia del difuntito.

Mi familia vivía en la ciudad de Córdoba, pero los veranos –desde el fina de las clases y el principio del nuevo ciclo- transcurrían en una estancia que la familia tenía en dirección a las sierras de Córdoba. Se cultivaba la tierra, se criaba ganado de raza, y caballos árabes y de polo. Uno de mis grandes amigos allí era Cirilo, hijo de Don Lucrecio, criollo a la antigua usanza, como pocos que recuerde. Pero a los siete años de edad, a Cirilo lo pateó un caballo en el tórax y murió en el acto. Su muerte y el velorio “del Angelito” quedó grabado a fuego en mi memoria, primero porque recuerdo que Don Lucrecio, con los ojos secos pero opacos como jamás se los había visto, se pasó todo el día en la galería del rancho cortando tientos y trenzando un lazo "de a ocho". Nunca entró a ver al Angelito.

Y segundo, porque hasta ahora puedo ver a Cirilo sentado en su sillita, también blanca, tan quieto y tan muerto, pero para mi tan vivo, pero tan asombrosamente inmóvil. Toda esa tarde, hasta que me lleva-ron a dormir, esperé que Cirilo se sonriera y mirando a todos nos dijera, “Hola!, Sólo estaba jugando.” Llegó un momento en que comprendí que no jugaba. Que tampoco lo haríamos nunca más…

Los angelitos del ozono

Esos recuerdo me vienen a la memoria casi todos los primeros días de septiembre de todos los años, cuando en los diarios comienzan a madurar los titulares, como las flores de los ciruelos y manzanos. En cualquier diario, pasquín o revista brotan artículos al respecto, igual que los hongos después de la lluvia:

“Sigue el deterioro de la capa de ozono, pero el futuro es auspicioso”, dicen en algunos; otros hablan de “El agujero más grande de la historia”; y dicen a veces otros, “El Agujero es más grande que los Estados Unidos” (ese nunca falla!), y una casi infinita combinación de predicciones apocalípticas que, cuando miramos por la ventana podemos comprobar que, gracias a Dios (o al Protocolo de Montreal, dicen otros) no se han cumplido. La explicación es de las más simples de la ciencia: no había posibilidad de que se pudiesen cumplir, porque diez teorías no hacen una ley, o mejor aún, un millón de mentiras no tienen el peso de una sola verdad.

El Agujero del ozono es como el cadáver embalsamado de un Angelito (que lo tienen embalsamado des-de 1995, cuando les dieron el escandaloso Premio Nobel a Rowland, Molina y Crutzen por su insólito fraude anticientífico de la teoría de la destrucción del ozono por parte del cloro. Llega septiembre, sacan al cadáver del Angelito del placard, lo sientan en la silla y todos los medios de prensa del mundo, las ONGs verdes, los simposios y congresos mundiales, y los burócratas de la meteorología bailan a su alrededor hasta mediados o fines de Octubre, beben champagne, se congratulan entre ellos, abrazos y besos de despedida, prometiéndose eterno amor hasta el septiembre que viene.

Luego acuestan al Angelito, lo envuelven en un trapo como al muñeco Chirolita, lo meten de nuevo en el placard y esperarán un año más para la nueva ronda de sacar a pasear al Angelito embalsamado y oliendo cada vez más a pescado podrido.

Sin embargo, siempre hay una nueva vuelta de tuerca en este asunto tan maloliente. Hace poco descu-brieron que se podría ligar a la reducción de los niveles de ozono en la estratosfera con el calentamiento global catastrófico, diciendo que la destrucción del ozono calienta la atmósfera y esto introduce una realimentación positiva. Esto le viene de perlas al fraude del calentamiento que había tomado la posta del ozono cuando éste comenzó a perder presión. Cualquiera con poco seso diría, “¡Joder! Si la destruc-ción del ozono calienta la atmósfera, entones mejor que no haya ozono para destruir, así no se ca-lienta la atmósfera!”. Ni tanto ni tan poco. La cosa es diferente.

Primero: que el ozono, a pesar de ser muy escaso, (apenas el 0,000003% de la atmósfera de la tierra!) está en su abrumadora mayoría en la estratosfera. Pero, curiosamente, los registros de los satélites nos dicen que la estratosfera se ha estado enfriando desde hace por lo menos 13 años, y los globos sonda así lo confirman. Entonces, ¿cómo es este negocio de que la pérdida del ozono en la Antártida ayuda al calentamiento global calentando la estratosfera –cuando es la región de la Tierra que precisamente más se está enfriando?


Temperaturas de la estratosfera entre 1979 y 2002.
La tendencia se mantiene hasta hoy
Fuente: NASA/NOAA.

Habla la OMM, Organización Meteorológica Mundial, y para no perder la costumbre dice cosas que hubiese sido mejor que las callara. Dice la edición del diario La Voz del Interior, domingo 16 de septiembre de 2007(1), sin dar nombre de la agencia que vendió la noticia, a mitad de una larga columna al lado de la consabida foto del agujero negro en la Antártida:

“…Pese a que en virtud del acuerdo la concertación del acuerdo las sustancias nocivas se ha reducido sensiblemente, la capa de ozono sigue disminuyendo, señaló la semana pasada la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

El organismo recordó que es en la región antártica donde mejor se aprecia el deterioro de la capa de ozono, ya que es allí donde la reducción de la concentración de ese gas alcanza su mayor magnitud. La OMM reiteró que la necesidad de que haya una vigilancia continua para lograr la recuperación del ozono.”

Efectivamente, la reducción de los niveles de CFCs en la atmósfera es impresionante, tal como nos muestran las gráficas de la NASA y otras organizaciones, pero la actividad, tamaño e intensidad del agujero de la Antártida sigue caminos totalmente desconectados con esos niveles de concentración. Entonces, no son –ni lo fueron jamás- los CFC los responsables de la formación y desarrollo del agujero del ozono en el polo sur. Si los CFC desaparecieron de la atmósfera a ritmo acelerado, ¿por qué el agujero se sigue formando en la Antártida todos los años, con ligeras variantes en tamaño e intensidad, desde 1957 –no ya desde 1985? Respuesta rápida: porque los CFC nunca tuvieron nada que ver!

La Tonteoría del Ciclo Cloroparalítico

La OMM ha recurrido siempre a una muy tonta correlación para ligar a los CFC y al cloro con la momentánea y periódica disminución de ozono a ciertas altitudes de la estratosfera antártica. Como ni Rowland, Molina o Crutzen lograron nunca probar en la práctica su teoría del “dímero de Molina”, la famosa “teoría del ciclo clorocatalítico” destruyendo ozono –que yo he rebautizado como la "tonteoría del ciclo cloroparalítico –porque además de ser una teoría muy tonta, la acción del cloro es tan lenta y reducida a sólo la superficie sólida de los gases de la estratosfera, que en realidad se compara a un paralítico corriendo al tren bala japonés. Para ver la locura que la afirmación ecologista de que una molécula de cloro destruye hasta 100.000 moléculas de ozono, y que el ozono no se rege-nera a una velocidad suficiente para compensar esa destrucción, por favor leer nuestro artículo de 2001: Cálculos sorprendentes!.

La tonta correlación de la OMM es, “como a nosotros se nos ocurre que los CFC destruyen al ozono con el cloro que hay en ellos, donde haya más disminución de ozono habrá, en consecuencia, más CFCs.” Es como la correlación que dice “todos los obesos en los bares beben Pepsi Diet, luego la Pepsi Diet provoca la obesidad.” O sino, “el 80% de la gente muere en la cama, y sólo el 2% muere en erupciones, terremotos y tsunamis. Las camas son millones de veces más peligrosas que las catás-rofes naturales.”

El gran problema para la OMM es que ya en 1994, el satélite Crista-Spas, proyecto de la NASA/Uni-versidad de Wurttenberg, comprobó que las concentraciones de ozono no son homogéneas en ninguna parte del mundo, que existen enormes variaciones en la densidad del gas, tanto a escala vertical como horizontal –y que dentro del famoso Vórtice Polar de la Antártida existe un verdadero “Agujero de Freón-11”: los niveles de F-11 en la antártida son casi inexistentes, como lo son los de los demás cloro-fluoro-carbonos!


Distribución del ozono a escala global en la Tierra

Los mismos inventores del fraude dicen que el cloro es liberado de la molécula de freón cuando es impactada por la radiación ultravioleta. Es cierto; aceptado –pero sólo si esa molécula está en la altura donde existe esa radiación con la cantidad de energía suficiente para disociar la molécula de CFC. Hay que recordar que las moléculas de CFCs necesitan una energía similar a la necesaria para disociar a la fuerte molécula biatómica Oxígeno: más de 118.111 kcal/mol. La radiación UV-C es la única que tiene la energía necesaria para disociar a los CFC. Mientras que la UV-B no puede hacerlo.

Un paso más arriba en la escalera hacia el saber: la radiación UV-C (longitud de onda inferior a los 287 nanómetros) no se observa por debajo de los 35 km de altura en la estratosfera porque ha sido totalmente absorbida por el oxígeno en las partes más altas de la estratosfera. Esa actividad es la que ha creado a todo el ozono de la estratosfera. El oxígeno es el verdadero escudo protector de la vida sobre la tierra, porque la radiación UV-C es miles de veces más dañina y letal que la UV-B.

Otro escalón más: se han encontrado moléculas de CFC hasta los 32 km de altura, en concentra-ciones de 0,01 partes por billón (casi una molécula por metro cúbico). Como ya vimos, a esa altura no hay radiación UV-C para disociar a las moléculas de CFC.

Tercer escalón: en la estratosfera de la Antártida, que contiene menos freones que en el hemisferio norte, y que además está totalmente en la noche más absoluta porque el sol está alumbrando directa-mente sobre el Polo Norte, el ozono comienza a disminuir –según la OMM, Rowland, Molina, Crutzen y Al Gore, porque el cloro liberado de CFC (que no existen), por una radiación (que está ausente), des-truyen al ozono -que está anulándose a sí mismo gracias a los torbellinos causados por los vientos huracanados de más de 400 kmh del Vórtice Polar.

Cuando dos moléculas de ozono se tocan entre ellas, se convierten en tres moléculas de oxígeno sin necesidad de energía del exterior. Esa reacción emite 64 kcal/mol, pequeña cantidad de calor que ayuda a calentar ligeramente a la estratosfera de la Antártida contribuyendo a intensificar los vientos dentro del vórtice. La reacción se cumple así:

O3 + O3 à 3O2 + 64 kcal/mol

De paso sea dicho: este año la temperatura en la superficie de polo sur, en la base rusa Vostok, ha re-gistrado durante el mes de agosto 2007 temperaturas inferiores a los -83ºC, algo como nunca se había visto. Se sabe y está aceptado por el “consenso” científico, que cuando las temperaturas de la estratosfera son muy bajas, por debajo de los -82ºC, la disminución del ozono es mayor, y el Agujero también es mayor. En menos palabras. Mientras más frío hace más grande es el “agujero” y menos ozono se registra entre los 16 y 25 km de altura. Es algo que tenemos que mantener en la memoria cuando vemos que la OMMM dice:

El secretario general de OMM, Michel Jarraud, dijo que aunque el agujero de ozono alcanza su máxima intensidad entre finales de septiembre y principios de octubre, en 2007 apareció re-lativamente pronto y antes que en 2006, que fue cuando se observó el mayor agujero jamás registrado en la Antártida.”

Desde hacen muchos años nos vienen diciendo que gracias al Protocolo de Montreal la humanidad se ha salvado de una catástrofe global. Esa fue la única razón para otorgar el Premio Nobel a una teoría sin demostración científica: el valor político de la propaganda. Nos han dicho año tras año que la reduc-ción de CFC en la atmósfera ha sido sustancial (y así es), pero sin embargo el tamaño e intensidad del Agujero varía de manera aparentemente caprichosa, sin relación alguna con la constante reducción de la existencia de CFC en la atmósfera del planeta. ¿A nadie del público se le ha ocurrido pensar que hay demasiadas cosas extrañas en este asunto con olor a pescado podrido? ¿Es que la gente no es capaz de unir los puntos de la figura y ver el tamaño del fraude? ¿O será que ya a nadie le importa porque la catarata de desinformación ya ha saturado la capacidad de absorción de la gente, y la propaganda resbala ahora sobre todos como el agua sobre las plumas del pato…?

¿No se les habrá ocurrido en la OMM que la gente podría hacer una correlación bastante acertada en-tre bajas temperaturas, fecha de iniciación del agujero, e intensidad y extensión del mismo? Al fijarnos en los registros y gráficas del “maledetto buco” y los cotejamos con los registros de temperaturas, comprobamos que hay una correlación que ya pasa del punto de “interesante”, o de “curiosa”, y va más allá del de “estrecha”. El debate que había en 1987 sobre los científicos “dinamicistas” y los quími-cos era precisamente ese: los primeros culpaban a los factores dinámicos de la física atmosférica, y los segundos culpaban a los CFC. Ganaron los químicos porque, como canta el romancero del Mio Cid:

Y vinieron los moros
y nos molieron a palos,
porque Dios ayuda a los malos,
cuando son más que los buenos.

Es claro, los moros ozoníferos tenían a toda la prensa, y a todo el aparato financiero del Establishment verde apoyando a la “tonteoría del cloroparalítico”, y los científicos cristianos tuvieron que resignarse a callarse la boca o despedirse de sus fondos de investigación.

Pero este año el asunto vino con un sabor especial. Argentina ganó un premio. ¿Y quien lo recibirá? Nuestra amiga Romina Picolotti! Las vueltas que da el mundo! Parece una oreja. O como diría Rubén Blades, “La vida te da sorpresas; sorpresas te da la vida…”

Reconocimiento para la Argentina

Durante un encuentro en Canadá, la Argentina será reconocida por haber logrado una reducción del 65% en el consumo de CF, “muy por encima del 50% requerido por el Protocolo de Montreal., según informó la Secretaría del Ambiente y Desarrollo Susten-table de la Nación.

“Somos unos de los países que más han contribuido en evitar el mayor adelgazamiento de la capa de ozono,” afirmó la titular de la cartera ambiental, Romina Picolotti.”

Durante el encuentro en Montreal, Argentina presentará el programa de reconversión industrial que ya adhirieron 195 empresas, en su mayoría Pyme, y planteará la necesi-dad de crear un fondo multilateral para la asistencia técnica y financiera de los países con menos recursos.

Los fondos así recaudados, ¿los manejará nuestra secretaria Picolotti en Argentina con la inestimable ayuda de sus asociados, amigos y familiares? Preocupante por la impunidad que hemos observado hasta la fecha. Claro que Picolotti sabe sobre el tema ozono menos que del tema papeleras y manejo de una política ambiental nacional, de modo que sus afirmaciones deberían ser tomadas con una pinza de diez metros de largo. Por el olor que tienen, digo...

Alguien nos miente o nos están vendiendo pescado podrido, que es lo mismo. Si mal no recordamos, el Protocolo de Montreal requirió la eliminación del 95% de los CFC para más tardar 1995, tal como la misma noticia de La Voz del Interior nos afirma.

El INM remarcó que la firma del Protocolo de Montreal propició la reducción del 95% de la producción y uso del CFC, lo que… etc, etc. […] Sin ese acuerdo, afirmó el organismo, el adelgazamiento de la capa de ozono habría duplicado para el 2050 la cantidad de radiación ultravioleta”.

“Duplicar” la cantidad de radiación UV suena muy feo y la gente se va a asustar mucho. “Duplicar” significa multiplicar por 2, es decir, 100% de aumento de alguna cosa. Ahora bien, habría sido mejor si nos hubiesen dicho a cual radiación UV se refieren. Volvamos a la ciencia y a lo conocido:

  1. La UV-C no se duplicaría jamás (por lo menos mientras haya oxígeno en la atmósfera).

  2. A la radiación UV-A el ozono tampoco la afecta para nada porque toda la que nos envía el Sol llega hasta la superficie del planeta.

  3. La única que se vería afectada es la UV-B, la realmente beneficiosa para la vida porque sin ella no habría ni fotosíntesis ni plantas, ni cosechas, ni frutas, ni peces en el mar, ni tampoco podríamos sintetizar varias vitaminas en nuestra piel (la D, E, K) que son absolutamente imprescindibles para la vida de los humanos y la fortaleza de sus huesos –entre otras cosas.

La radiación UV varía sobre la superficie del planeta gracias a que es curva. La variación entre los polos y el ecuador es de 5.000%, y en las latitudes medias aumenta a razón de 10% cada 160 kilóme-tros, metros más o menos. Es decir, un 100% -o duplicación de la radiación UV-B, se observa entre dos puntos geográficos separados por 1600 kilómetros.

Puesto de una manera más fácil de comprender, y a grosso modo: cuando usted viaje desde Buenos Aires hasta Salta, estará recibiendo ese 100% de aumento de la radiación UV-B, no sólo por los más de 1.300 km que hay de distancia sino porque Salta está a 900 metros –y la altura le añade 1% de au-mento a la UV-B cada 50 metros que ascienda. Esa es la razón por la que, a la misma latitud, en las montañas hay mucha más radiación UV-B que a nivel del mar.

Los ecologistas y sus científicos colaboradores (o cómplices?) en el fraude decían que si no se hubiesen prohibido los CFC, la radiación UV hubiese aumentado un 10% para el 2030. Esa cantidad de mayor radiación UV se obtiene todos los días viajando desde La Plata hasta Martínez, o desde Córdoba hasta Jesús María. Terrible peligro, no?

Una pregunta inquietante: dado que por debajo de los 10.000 metros de la altura no se encuentra ya más ozono filtrando (supuestamente) a los rayos del Sol, ¿quién ha filtrado a la gran cantidad de rayos UV-B que hay en la cumbre del Aconcagua, y los entrega en las dóciles y benéficas dosis en las llanuras de la Argentina? ¿Alguien sabe quién o qué cosa es el responsable? Respuesta rápida: el oxígeno.

Segunda pregunta incómoda: ¿ha aumentado la radiación UV sobre la superficie de la Tierra –alguna vez por lo menos? Respuesta rápida: NO. el Dr. Jospeh Scotto había demostrados ya en 1984 que mientras los verdes afirmaban que la disminución del ozono había aumentado la radiación UV sobre la Tierra, en realidad la radiación UV-B había disminuido a razón del 0,7% anual durante el período entre 1974-1984:

Niveles de radiación UV-B en varias ciudades de Estados Unidos en el período 1974-1985.
Fuente: J. Scotto, “Biologically Effective ultraviolet radiation:
surface measurements in the United States, 1974-1985, Science, Feb. 12, 1988

Pregunta clave: ¿Qué diferencia existe entre Buenos Aires y Salta en la cantidad de enfermos de cáncer de piel, cataratas, y otras enfermedades que serían causadas –según la OMM y su cohorte de burócratas- por el presunto aumento de la radiación UV? Las cifras se pueden obtener en los servicios de dermatología de los hospitales, o en Google seguro que también los hallará. Respuesta rápida: Ninguna apreciable.

Última pregunta clave: ¿Alguna vez disminuyó el nivel de la capa de ozono sobre la Argentina?

Respuesta rápida: NO. Una respuesta más larga y acabada la puede hallar en los registros de las mediciones de ozono en el Observatorio Nacional de Villa Ortúzar. Allí hay sorpresas para los que creyeron que el ozono estaba siendo destruido por el cloro de los CFC. Pero son pocos los que alguna vez han tenido ganas de llegarse hasta el lugar para ver los registros. Lo último que recordamos fue la declaración a los medios, hacia 1988, de la Licenciada Victoria Tafuri, la encargada de las mediciones de ozono sobre Buenos Aires: “Los niveles de ozono no han variado en los últimos 25 años.”

Pero sin importar los hechos científicos de que:

  1. el cloro no ataca al ozono fuera de las superficies sólidas de las nubes de la estratosfera del polo sur;

  2. de que los registros sólo muestran variaciones diarias, semanales, mensuales y estacionales del ozono, que siguen a las variaciones de la actividad Solar,

  3. desechando las pruebas de que el agujero de la Antártida ya existía antes de que el hombre apareciese sobre la Tierra (y ya estaba registrado en 1957 por dos equipos diferentes de científicos ingleses y franceses),

los Ozoníferos siguen con su antigua costumbre tradicional de sacar a pasear todos los Septiembres al cadáver embalsamado del Angelito guardado en el placar, lo sientan en el escenario, bailan y cantan a su alrededor, asustan a los desprevenidos, piden fondos a los gobiernos para seguir salvándonos del horror, y en noviembre lo guardan nuevamente hasta que les vuelva a ser útil para “tirar de la man-ga.” Siempre andan necesitando plata fresca. ¿Por qué será?

La gente en el campo era más decente: a los Angelitos les daban cristiana sepultura y trataban de seguir viviendo lo mejor que podían, aunque un poco más tristes.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


Notas:

(1) 52º aniversario de la Revolución Libertadora de 1995, en Córdoba La Heroica, gesta en la que a los 17 años tuve muy activa participación cuando era cadete del Liceo Militar Gral. Paz. Mi homenaje y mi recuerdo para los caídos en esos días, sean de cualquiera de los bandos que tomaron parte.


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