Publicado por 21st Century Science Associates © 1992

El Cloro y el Bromo de los Océanos
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Los Agujeros en
el Miedo del Ozono

por Roger Maduro (*) y Ralf Schauerhammer (*)
Traducción de Eduardo Ferreyra (*)
TERCERA PARTE
Traducción al Español del libro que en 1992 provocó la ira y el furor de la corporación ecologista internacional

Algas vs. CFC

Existen otros grandes proveedores de cloro y bromo a la atmósfera. En 1981, una expedición liderada por el científico de la atmósfera Hanwant Singh, viajó en el barco Polar de la Guardia Costera desde Long Beach, California, hasta Valparaíso Chile, tomando muestras del aire de la superficie y del agua. Singh y sus colegas descubrieron que fuentes en el océano estaban emitiendo grandes cantidades de haluros de metilo. Su estudio, publicado en el Journal of Geophysical Research (Abril, 20, 1988) declara: ”Se determinan para el Pacífico oriental los flujos promedio, del mar al aire, para el cloruro, bromuro y ioduro de metilo.”

Explican luego que estos compuestos orgánicos ”son importantes transportes de cloro, bromo y ioduro en la atmósfera global.” Singh et al. llegan a la sorprendente conclusión que sus medidas a lo largo del Pacífico oriental demuestran una dominante fuente oceánica de haluros de metilo, y que ”esta fuente es lo suficien-temente grande como para ser culpada de la entera carga troposférica de estas especies.” (p. 8689, énfasis nuestro).

Singh y sus colaboradores calcularon que las fuentes oceánicas de estos compuestos liberan más de 5 millones de toneladas de cloruro de metilo y 800.000 toneladas de bromuro de metilo a la atmósfera. Debe notarse, más aún, que aunque sus lecturas de bromuro de metilo promediaron 23 partes por billón, sólo midieron 0,7 partes por billón de halones. Sin embargo, los halones son el producto químico extintor de incendios que está siendo prohibido en los EE.UU. porque contiene bromo, una sustancia que la facción de la destrucción del ozono ha etiquetado como mucho peor que el cloro.

En los años recientes, los científicos partidarios de la disminución del ozono han cuestionado la idea que las fuentes oceánicas puedan producir tan vastas cantidades de cloro y bromo - cantidades que por sí solas, sin la ayuda de las sales marinas o los volcanes, son muchísimo mayores que el contenido de cloro y bromo en los CFC y los halones. Sin ninguna evidencia, la facción de la disminución del ozono arguye que las substancias creadas por el hombre tienen que ser la fuente de estos haluros de metilo y no las fuentes naturales, porque sus modelos computados así se lo dicen. Estos modelos, sin embargo, no concuerdan con la información observada y comprobada.

La controversia entre los modelos y la información fue aclarada de manera concluyente con la publicación en Science, 13 de Julio de 1990, del estudio conducido por Anne Marie Wuosmaa y Lowell P. Hager del Departamento de Bioquímica de la Universidad de Illinois. Ellos demuestran que la biomasa marina es responsable de la inyección de una inmensa cantidad de cloro y bromo a la atmósfera, y la manera en que ocurre.

” La especie de halohidrocarburos más abundante de la atmósfera superior es el cloruro de metilo, y es ampliamente creído que la síntesis biológica es mayormente responsable por sostener una tasa de emisión global estimada en 5 millones de toneladas de cloruro de metilo por año. Se ha documentado bien la síntesis de cloruro de metilo por colonias de hongos de la putrefacción de la madera, y hubieron estudios aislados que informaron de la síntesis en vivo de haluros de metilo por las macroalgas marinas y el fitoplancton.” [p. 160]

La original contribución de Wuosmaa y Hager a este campo es que consiguieron sintetizar en el laboratorio y por primera vez, uno de los halohidrocarburos: el metiltribromuro. Además, descubrieron una enzima que puede sintetizar los haluros de metilo. La enzima está ampliamente presente en la naturaleza, incluyendo hongos, algas marinas rojas y ”escarchadas”. Los autores concluyen que ”aunque la producción de 5 millones de toneladas anuales representan una tasa prodigiosa de cloruro de metilo, esta cifra bien puede ser comprendida en términos de la gran biomasa terrestre que puede contribuir a su formación.” [p. 162].

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo de Wuosmaa y Hager es su aseveración sobre que las fuentes biogénicas de haluros de metilo pueden ser mucho mayores que los calculados previamente, tanto en los océanos como en tierra. El equipo de Singh realizó las mediciones en áreas abiertas del Océano Pacífico, pero la mayor densidad de biomasa se encuentra cercana a las costas. Esto significa que la producción de la biomasa oceánica pueden resultar más grandes si se realizan mediciones más extensas. Agregado a esto, Wuosmaa y Hager dicen que el papel de las plantas terrestres en la producción de haluros de metilo ha sido totalmente ignorada. Por ejemplo, ellos escriben:

”La presencia de la enzima [la que puede sintetizar haluros de metilo] en la ”escarchada”, una planta terrestre que crece en abundancia en los suelos costeros de California, es una observación interesante que quizá señala la necesidad de una inspección de la actividad de la transferasa del haluro de metilo en otras especies jugosas que crecen en ambientes ricos en sal. También es notable el hecho que la planta ”escarchada” tiene una amplia distribución mundial.” [p, 162]

¿Destruirá La Crema Dental a la Capa de Ozono?

El otro principal ingrediente de los CFC es el flúor (F), que también es un pretendido asesino del ozono y un súper ”gas de invernadero”. (El flúor contenido en la pasta de dientes y en la provisión de agua potable no está bajo amenaza, pero dicha amenaza no es inconcebible vista la sentencia impuesta sobre los CFC).

El flúor, lo mismo que el cloro, es un abundante gas de origen natural. La explosión del Tambora en 1815 introdujo a la atmósfera un mínimo de 120 millones de toneladas de flúor. A las presentes tasas de produc-ción, esto representa el equivalente a 486 años de la producción mundial de CFC. Más aún, la emisión pasiva de gases de los volcanes puede ser de unas 6 millones de toneladas anuales, lo que es 24 veces más grande que la cantidad de flúor en la producción mundial de CFC (que es de 248.600 toneladas por año). Ver la Tabla 1.2.

Tres científicos, Robert B. Symonds, William I. Rose y Mark Reed, publicaron un trabajo en la revista Nature (Agosto 4, 1988) en donde investigan la contribución a la atmósfera de los gases volcánicos que contien flúor y cloro. Después de evaluar la evidencia los autores obtienen conclusiones contrarias a las declara-ciones del Ozone Trends Panel. El Panel sugiere que ”la fotólisis de los halocarbonos de origen antropogé-nico en la estratosfera es la única fuente principal del HF atmosférico (fluoruro de hidrógeno)”, escriben ellos en la página 418.

Sin embargo, ”Este trabajo apoya otro trabajo sobre que los volcanes que emiten gases de manera natural también emiten significantes cantidades de HF, parte de los cuales son directamente inyectados en la estratosfera. Por consiguiente, los volcanes deben ser considerados como una importante fuente de HF troposférico y estratosférico.” Otra fuente de flúor en la atmósfera es el fluoruro de sodio de los océanos. Sin embargo, esta fuente no ha sido investigada totalmente.

En un artículo escrito en Noviembre de 1980 de la revista Reviews of Geophysics and Space Physics, Richard Cadle dice que aparte de los volcanes, ”muy poco se sabe acerca de la mayoría de las otras fuentes de fluoruro de hidrógeno” [p. 749]. Estima que 44.000 toneladas de Flúor son emitidas anualmente a la atmós-fera por la evaporación oceánica, pero él arriba a esta cifra por la extrapolación de la información disponible para el cloruro de sodio. No se han realizado mediciones sistemáticas, y la tasa de emisión anual de flúor puede fácilmente ser de diez a cien veces mayores.

Tabla 1.2

FUENTES DE FLÚOR ATMÓSFERICO
(toneladas anuales)
Volcanes
6. 000.000
Agua de mar
44.000
Total fuentes naturales
6.044.000
Flúor en los CFC
248.000
Flúor teóricamente liberado por
la pretendida ruptura de los CFC
2.480


¿Quién lo Hizo?

En todas la historias apocalípticas está siempre acechando un villano. De acuerdo a F. Sherwood Rowland y el resto de los teorizadores, en la escena de la destrucción del ozono, el villano es el cloro de los CFC. Sin embargo, de acuerdo a lo que hemos visto en este capítulo, la Madre Naturaleza produce con los océanos y los volcanes, miles de veces más cloro que los CFC. ¿Por qué ignoran Rowland y sus co-pensadores estas inmensas cantidades de cloro de la naturaleza? ¿Será porque son ignorantes - o porque ellos quieren mantener al público mal informado? Como veremos más tarde, este tipo de mentira-por-omisión es característica de un escándalo científico sin paralelo en la historia.

Referencias


Segunda parte del Capítulo 1

Primera parte del Capítulo 1

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