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La obscenidad vestida de periodismo canalla

Por Eduardo Ferreyra

Se han visto informes periodísticos canallescos, pero los límites han sido rebasados de manera que raya con lo más infame del periodismo amarillo.

En la edición de la revista Viva, suplemento de Clarín, de la edición del domingo 10 de diciembre, 2006 pasado, aparece en la página 50 un artículo que primero puede ser calificado de repugnante y de pésimo gusto. Un verdadero golpe bajo a la calidad del periodismo y a la sensibilidad de la gente. La segunda impresión es que es una muestra de la tendencia en aumento del periodismo basura o amari-llista, practicado por aprendices de periodistas que quieren abrirse camino a toda velocidad sin tener en cuanta códigos éticos, morales, o la premisa básica del periodismo de información: comprobar la validez de las fuentes –y hacer un análisis comparativos con fuentes que están en disacuerdo con lo que se piensa exponer.

La repelente nota de Viva comienza con el título y un acápite alarmista:

Un barrio, demasiadas ausencias

En once manzanas de Ezpeleta, al sur del GBA, hubo en pocos años 116 muertos y un número similar de enfermos de cáncer. Los vecinos responsabilizan a una estación eléctrica de alta tensión y exigen su traslado.

Luego se desarrolla la nota en un tono altamente emocional y sentimentaloide, con relatos como el siguiente:

Desde hace años las mariposas no han vuelto a invadir una de las esquinas de Ezpeleta. La señora Gladys Solioz las extraña, sobre todo en septiembre, cuando, en lugar de verlas teñir de colores ese lote descampado que hacía las veces de plaza, sólo ve un paredón blanco que oculta una estación de energía eléctrica. El hecho de que las mariposas no hayan vuelto a Ezpeleta podría parecer una noticia que sólo lamentaría un lepidopterólogo.

Pero en este barrio de clase media, a treinta minutos al sur de Buenos Aires, es sólo el comienzo de una lista de ausencias. Gladys Solioz no sólo extraña la ausencia de las mariposas: lamenta sobre todo la muerte de sus vecinos."En esta casa vivía una señora que murió de cáncer. Al lado, fueron dos los enfermos. Y acá, en ésta de jardincito, vivía un nene de cuatro años que falleció de leucemia," repasa, y parece una especie de guía de turismo funerario.

Todo el artículo se basa en experiencias anecdóticas, y en “estudios epidemilógicos” de factura casera. Una libretita y charlas con vecinos. Pero, ¿qué hay de cierto de la relación ente las líneas de alta tensión, los transformadores eléctricos, y en general, las ondas electromagnéticas y la posibilidad de desarrollar un cáncer? En la página web del Wisconsin Medical College, un centro médico que tiene la más experiencia en el tema, hay una abundancia de información médica y científica sobre el tema que resulta apabullante. En la página "Líneas Eléctricas y Cáncer” se puede leer lo siguiente:

1) ¿Existe una preocupación por las líneas eléctricas y el cáncer?

Gran parte de la preocupación por las líneas eléctricas y el cáncer proviene de estudios sobre personas que viven cerca de líneas eléctricas (Q12) y gente que trabaja en "profesiones eléctricas" (Q15). Algunos de estos estudios parecen mostrar una relación entre la exposición a campos magnéticos de frecuencia industrial y la incidencia de cáncer.

Sin embargo, los estudios epidemiológicos más recientes muestran poca evidencia de que las líneas eléctricas estén asociadas a un aumento del cáncer (Q19A, Q19B, Q19H, Q19J, Q19K), los estudios de laboratorio han mostrado poca evidencia de una relación entre campos de frecuencia industrial y cáncer (Q16) y la conexión entre los campos generados por las líneas eléctricas y cáncer no es biofísicamente plausible (Q18).

Una revisión llevada a cabo en 1996 por un grupo de importantes científicos de la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos concluyó que:

"Ninguna evidencia concluyente y consistente muestra que la exposición residencial a campos eléctricos y magnéticos produzca cáncer, efectos neurocomportamentales adversos o efectos sobre la reproducción y el desarrollo." (Q27E).

Las referencias en el informe recomendado más arriba, como Q19H les llevarán al estudio científico correspondiente que apoya las conclusiones presentadas en el informe. Para ello deberán ingresar al informe Líneas Eléctricas y Cáncer".

Después de relatar los antecedentes de la instalación de la subestación Sobral en una plaza de Ezpeleta, sigue diciendo el espeluznante relato de la revista de Clarín Dominical:

La ausencia de las mariposas y las muertes de los vecinos, lo sabe Solioz, tenían una misma causa: la contaminación que provoca la acumulación de energía concentrada en la esquina de su casa. En su gira por el mundo, dicen los biólogos, las mariposas nunca se detienen en lugares contaminados. Observarlas es un indicador del estado de conservación del ambiente.

¿Quiénes serán esos biólogos anónimos que no dan pruebas de semejante tontería? Personalmente, puedo contar mi experiencia personal. En un campo que tenemos en la familia plantamos soja, maíz, trigo, sorgo y alfalfa, rotando los cultivos como es práctica inteligente hacerlo. Cuando la alfalfa que es sembrada debajo de una línea de alta tensión de 135 Kv –que viene de la Central Nuclear Embalse y provee de energía a las cementeras de Minetti y otras industrias de la zona- es necesario fumigar pesticidas contra la isoca –la destructiva mariposita blanca que devasta los sembrados- porque sino la abundancia de las mariposas se parece a un mar blanco que lo tapa todo. Lo mismo pueden decir todos los agricultores que siembran debajo de las líneas de alta tensión de 500 Kv que cruzan por el territorio argentino. Las ondas electromagnéticas no ahuyentan a las mariposas. Si no hay mariposas en Ezepelta los motivos son otros que no han sido establecidos por los científicos. Pero resulta más fácil culpar a las líneas de alta tensión y apoyar así la loca idea de que las ondas electromagnéticas causan cáncer.

La aprendiza de redactora de Clarín sigue tejiendo su fantasía:

Fue en 1997, en una de esas primaveras en las que las mariposas no volvieron, que Gladys Solioz empezó un penoso censo. Unió con cinta adhesiva varias hojas de papel de un cua-derno y dibujó once manzanas de su barrio, en las que viven unas mil novecientas personas. Sobre ellas señaló con una cruz verde a sus vecinos gravemente enfermos. A los que morían de cáncer, les dibujaba una cruz roja. Las hacía para no olvidar la repentina muerte de unos niños de cuatro y siete años ni las de hasta entonces más de cuarenta vecinos que junto a ella habían visto llegar las mariposas a esa esquina de Ezpeleta.

También dibujó una cruz para señalar la muerte de su padre. Don Germán Solioz era jubilado y estaba sano cuando comenzó a acompañar a su hija a las primeras reuniones barriales para enfrentar a la empresa eléctrica. Pero un cáncer de pulmón fue fulminante: Solioz murió en agosto de 1998 cuando los vecinos se reunían una vez por semana. Por entonces, les preocu-paba lo que iban sabiendo sobre las ondas electromagnéticas que emanaban de la subesta-ción eléctrica de la esquina. Los estudios científicos alertaban que la exposición a ellas podía provocar cáncer. Uno de ellos, de la Organización Mundial de la Salud, establecía que los niños expuestos a más de 0,3 microteslas –una medida que cuantifica los campos electromagnéti-cos – podían duplicar sus posibilidades de tener leucemia.

Respaldada por la legislación argentina –que permite una emisión de hasta veinticinco micro-teslas en zonas urbanas– la empresa Edesur argumentaba –y argumenta– que la Subestación Sobral estaba en orden.

La Historia se repite –pero como una farsa

Esta historia ya se ha visto demasiadas veces en Argentina. Personas asustadas y bienintencionadas que asocian alguna enfermedad o conyunto de problemas de salud de un barrio con aquello que sos-pechan que lo puede estar causando. La famosa “Lista de Mabel”, que dio origen al escándalo de miedo y horror por los transformadores con PCB, o a las listas de los asustados vecinos de Barrio Ituzaingó anexo, al sur de la ciudad capital de Córdoba, donde la lista de probables demonios causantes de las percibidas muertes de cáncer, leucemias, y otros males menores, fue cambiando a medida de que los análisis de centros de investigación responsables fueron descartando todos y cada uno de las sustancias y radiaciones acusadas de matar de cáncer a los vecinos.

La epidemiología es una ciencia muy poco exacta, y muchas veces los resultados de muy largos y serios estudios epidemiológicos no llegan a resultados concluyentes. Sólo después que nuevos descubrimientos y estudios sobre el tema se siguieron haciendo en años posteriores fue posible determinar que el sospe-choso principal no era el culpable de los males “percibidos”. El fondo de la cuestión reside en lo “perci-bido”, lo que nos llama la atención un primer momento, generalmente no tiene relación con los verda-deros hechos científicos que se comprueban, con suerte, muchos años después.

El famoso caso a nivel mundial de sensacionalismo por “percepción” fue el de la dioxina nacida del pro-blema sucedido en Estados Unidos en la localidad de Love Canal, en la década de los 80, y más tarde repetida en el pueblito de times Beach. La dioxina fue culpada de los problemas de salud de los pobla-dores, y el estado evacuó los pueblos, compró las propiedades e indemnizó a los vecinos. Pasaron varios años hasta que la verdad salió a la luz, y la misma EPA, la Agencia de Protección del Ambiente, recono-ció públicamente que el asunto había sido exagerado más allá de toda lógica y prudencia. La dioxina no era culpable de nada.

Si los científicos y expertos de la EPA pudieron equivocarse tanto con la dioxina, Love Canal y Times Beach, a pesar de su gigantesca organización y medios multimillonarios, experiencia en estudios epidemiológicos, y lo hicieron durante tantos años, podemos imaginar la precisión de los estudios de epidemiología casera realizados por la buena y muy bien intencionada señora Gladys Solioz. Ya veremos más adelante que si no se han descartado, uno por uno, todos los factores que inciden sobre el caso, la epidemiología no puede darnos ningún resultado que sea confiable. ¿Lo hizo Gladys Solioz? ¿con una metodología científica acertada y confiable? Porque una lista en una libretita no es suficiente.

CRUCES ROJAS, CRUCES VERDES

A esa altura, los vecinos de Ezpeleta sólo querían que la empresa de electricidad trasladara la subestación eléctrica a un lugar apartado y sin población a su alrededor. Pero los planes de Edesur pretendían llevar más alta tensión al barrio. Durante el día y también la noche, los obreros de la compañía cavaban zanjas para avanzar con el tendido de alta tensión. Los veci-nos se tiraban adentro de ellas para impedirlo. Era el 2001 y hubo represión policial contra los manifestantes en la calle. Gladys Solioz y sus vecinos se contactaron con la Asociación Coor-dinadora de Usuarios, Consumidores y Contribuyentes, una organización no gubernamental que presentó un reclamo frente a un juez de primera instancia de La Plata, provincia de Bue-nos Aires. Después de meses de litigar, por primera vez en su historia la Justicia argentina hizo prevalecer la defensa de la salud ante la duda o la escasez de pruebas científicas.

Se aplicó aquí el nefasto y contraproducente “Principio Precautorio” que es base para la toma de decisiones políticas anticientíficas y descabelladas que conducen a resultados desastrosos.

La Cámara Federal de La Plata ratificó la orden del juez de primera instancia y ordenó detener las obras de ampliación de la subestación Sobral y ejecutar un censo estadístico que analice el medio ambiente, la posible contaminación y sus con secuencias en la salud de los habitan-tes de Ezpeleta. La Organización Mundial de la Salud también empezaba una investigación similar, pero a escala internacional, sobre las consecuencias a la exposición a las ondas electromagnéticas. Por ello los vecinos siguen exigiendo que se ejecute el censo ambiental que ordenó la Justicia.

La OMS, u Organización Mundial de la Salud no comenzó ninguna investigación sobre el efecto de las ondas electromagnéticas (OEM) sobre la salud humana. Esas investigaciones se vienen haciendo desde hace muchas décadas, y se continúan haciendo “hilando más fino”, porque los resultados hasta la fecha, abrumadores, indican que no existe ningún efecto perjudicial de las OEM de origen industrial o comer-cial, por lo menos en las condiciones y niveles que se hallan en el ambiente –como subestaciones y líneas de alta tensión. Ya no hay discusión sobre este tema.

Por ahora la señora Solioz guarda su mapa de cruces de Ezpeleta en una carpeta de tapas de cartón. La pelea junto a sus vecinos fue un ejemplo para que los de otros barrios afectados por problemas similares se enfrentasen a las empresas de electricidad. Ahora litigan y mar-chan en las calles para que no se instalen otras subestaciones eléctricas en lugares habita-dos. En nueve años, Gladys Solioz lleva marcados ciento dieciséis muertos en su mapa, y ciento quince enfermos de cáncer, pero también mujeres embarazadas con malformaciones y docenas de casos de depresión. Los especialistas en epidemias le explicaron que en su barrio preocupa el índice de leucemia: lo esperable es un caso de leucemia por cada diez mil habi-tantes, y Solioz ya contabilizó por lo menos cuatro casos entre los niños de esa comunidad de casi dos mil vecinos. Sólo sobrevive la impunidad.

Epidemiología Casera

La página del Wisconsin Medical College dice ente sus innumerables respuestas:

21C) ¿Podrían los estudios epidemiológicos sobre campos de frecuencia industrial y cáncer estar sesgados por los métodos empleados al seleccionar los grupos de control?

Un problema inherente a muchos de los estudios epidemiológicos es la dificultad de obtener un grupo "control" que sea idéntico al grupo "expuesto" en todas las características relacio-nadas con la enfermedad, excepto en la exposición. Esto es muy difícil de hacer en enferme-dades como la leucemia y los tumores cerebrales, en las cuales los factores de riesgo son muy poco conocidos. Una complicación adicional radica en que, a menudo la gente tiene que dar su consentimiento para ser incluidos en el grupo de control de un estudio, y se sabe que la participación en estudios depende de factores (tales como el nivel socioeconómico, la raza y la profesión) que están relacionados con diferencias en las tasas de cáncer. En Jones y col. [C20] y Gurney y col. [C25] se pueden ver ejemplos de cómo el sesgo en la selección puede influir en un estudio sobre líneas eléctricas.

Pero la ciencia y la metodología científica no es algo que le haya preocupado a Gladys Solioz. Su esta-dística es bien simple. Cruces vedes y rojas. Asociaciones con sustancias o radiaciones que se sabe que no causan los efectos observados o “percibidos”. Finaliza el artículo de la revista Viva, con más reclamos a la emoción y al sentimentalismo:

Mientras la justicia se despereza, Gladys Solioz actualiza con frecuencia su mapa de cruces en Ezpeleta. No puede olvidarse de las mariposas desaparecidas ni de sus vecinos enfermos ni –mucho menos – de su padre muerto. La mayoría de los sobrevivientes vive ahora con las ci-catrices que les dejó el cáncer en sus cuerpos, y exigen que trasladen la subestación eléctrica a otra parte. No quieren mudarse del barrio en el que crecieron. Saben que si ellos se van, vendrán otros y se enfermarán. Y quieren que algún día las mariposas vuelvan a invadir Ezpeleta.

Sólo que las mariposas no volverán a Ezpeleta porque hay otras causas para que se hayan ido de la zona. Pero no las subestaciones eléctricas. Las ondas electromagnéticas no las afectan. ¿Y qué de la asociación entre cruces y cáncer que se ve en la lista de Gladys?

21B) ¿Existen otros factores de riesgo de cáncer que pudieran provocar una falsa asociación entre exposición a campos de frecuencia industrial y cáncer?

Las asociaciones entre cosas no siempre constituyen una evidencia de causalidad. Las líneas eléctricas (o los trabajos eléctricos) pueden estar asociadas con un riesgo de cáncer que no sea debido a los campos magnéticos. Si tal riesgo de cáncer fuese identificado sería denomi-nado un "factor de confusión" de los estudios epidemiológicos sobre líneas eléctricas y cán-cer. Una parte esencial de los estudios epidemiológicos es identificar y eliminar los posibles factores de confusión. Se han sugerido muchos posibles factores de confusión en los estudios de líneas eléctricas, incluyendo PCBs, herbicidas, ozono y óxidos de nitrógeno, densidad de tráfico y nivel socioeconómico.

El Mal gusto vende?

Y llegamos a la parte que hubiese deseado no mostrar. Es desagradable y no añadía nada valioso al argumento –tendencioso- de la autora de la nota. Que se haya publicado en un una revista “familiar”, al alcance de los niños, nos indica que los niveles de ética periodística de Clarín han caído a profundidades insondables. Dados sus antecedentes, era algo de esperar.

En un recuadro aparte publica Clarín la fotografía de la Sra. María Poljobich, con su pecho desnudo, una mano sosteniendo la única mama que tenía, y mostrando las feas cicatrices de la operación de cáncer de mama que le practicaran tiempo atrás. Juzguen ustedes:

La foto final de 'La Rusa '. María Poljobich vivía en Brown 4732.
Murió en setiembre de 2005

Recuadro: María Elena, nieta de uno de los minis-tros del último zar de Rusia, fuma un Derby suave en su casa de Ezpeleta. Las rosas de plástico en el florero de la mesa de su sala combinan esta tarde con el rojo furioso de sus uñas. Pita largo. Tira el humo hacia arriba en un gesto que parece el de una diva en blanco y negro. A María Elena, un cáncer de mama la dejó con un hueco a un costado de su tórax y con un desgano que no la deja hacer nada. Se desnuda con un gesto que copió de su abuela, y calca la mueca noble de aquella aristócrata rusa que no sabía ni peinarse sola. Comienza a desabrocharse la blusa. Se saca el relleno de nylon de una parte del corpiño. Se lo desabrocha. Se muestra. Sostiene con una mano su única mama y mira hacia adelante. Fija la mirada en la pared de su casa, donde también rebotan las ondas electromagnéticas de la sub-estación eléctrica que está a dos cuadras de su casa. Sin mirar la cámara, posa y con ese aire de nobleza y arrabal pregunta:"¿Así?".

Dejamos de lado más comentarios sobre una foto desagradable que no debió ser publicada sino en un texto de medicina, donde los estudiantes ven las cosas con otros ojos. Los niños aún no han aprendido a diferenciar entre lo grotesco y lo científico.

María, nieta de uno de los ministros del zar Nicolás. Fuma un Derby, suaves para peor, y está con-vencida de que la causa de su cáncer de mama han sido las ondas electromagnéticas de una estación que está a DOS cuadras de su casa. En una parte de la nota se menciona el nivel de 0.3 teslas para el nivel máximo de radiación permisible. Se omite mencionar que el campo magnético de las líneas alta tensión se mide a nivel de la altura de una persona –la casa de la Sra. María Poljobich estaba a más de 200 metros.

María Poljobich contrajo cáncer de mama, el cáncer más frecuente en las mujeres, por causas que van desde fumar, pasando por la dieta, hasta predisposición genética. Aunque la subestación nunca hubiese estado allí, María Poljobich habría igualmente contraído su cáncer. Que las emisiones electromagnéticas provenientes de dos cuadras de distancia haya podio causar un cáncer de mama en dos o tres años, tiene un grado de probabilidad CERO. ¿La pregunta que es necesario hacer: cuándo se le detectó el cáncer de mama a María? De haberse realizado las mamografías que se recomiendan para una detec-ción a tiempo, es probable que hoy estuviese aún viva. Y la más inquietante de las preguntas: “¿Cuál fue la causa de su muerte?” ¿No habrá sido un infarto?

La intensidad de las radiaciones EM (electromagnéticas) disminuye en relación inversa al cuadrado de la distancia. Esto significa que si se mide la intensidad de una fuente de radiación EM a 50 centímetros de distancia, dará un valor X, que puede ser de varios microteslas. El instrumento a un metro mide un descenso de la intensidad a la mitad: Intensidad = X/2. A los dos metros se reduce a la cuarta parte: I = X/4; y así sucesivamente, a 4 metros será X/8; … a 128 m, X/256; y a 256 m (dos cuadras) X/512. Quienes viven a cuatro cuadras de la subestación sospechada reciben X/1064 –es decir, poco menos de una milésima parte de la medida a 50 cm.

Ahora bien, a 8 metros de distancia de una línea de alta tensión de 135 KV, la radiación es de 0,3 micro-teslas. Siguiendo la regla de la disminución de la intensidad con el cuadrado de la distancia, a los 16 m habrán 0,15 microteslas, a los 32 m, 0,07 microteslas, y asi … a 250 metros habrán: 0,0085 micro-teslas, un nivel que necesita de un instrumento de muy alta sensibilidad para medir.

Si la normativa argentina, basada en normas aceptadas internacionalmente, dicen que el nivel acep-table es de hasta 25 microteslas, la población puede estar absolutamente segura de que 25 microteslas no le harán nada, y que 0,3 microteslas no deberían figurar entre sus preocupaciones.

Las últimas consideraciones son una mención a lo que la ciencia ha establecido con un elevado grado de certeza:

Los campos de frecuencia industrial muestran muy poca evidencia del tipo de efectos en células, tejidos o animales que sugiera que sean una causa de cáncer (Q16A, Q16B, Q16C, Q16D), o contribuyen al cáncer (Q16D, Q16E, Q16F, Q16G, Q17). De hecho, los datos de laboratorio existentes muestran una fuerte evidencia de que los campos de frecuencia industrial, a las intensidades a las que están expuestas las personas, no son cancerígenos.

Y en relación a los niveles de 0,3 microteslas, la ciencia dice:

"Nuestros resultados no proporcionan evidencias de que la proximidad a instalaciones eléctri-cas de transporte y distribución o la exposición a los campos magnéticos generados por estas instalaciones esté asociado con un incremento del riesgo de desarrollar leucemia infantil o cualquier otro tipo de cáncer infantil."

El estudio británico [C58] proporciona los siguientes riesgos relativos para niños expuestos a campos promedio de 0,2 microT o superiores:

1. Leucemia total: 0,4 (0,1-1,9)
2. Tumores cerebrales: 0,5 (0,1-3,8)
3. Otros cánceres: 0,9 (0,3-3,0)
4. Tasa global de cáncer: 0,6 (0,2-1,6)

La segunda parte del estudio del Reino Unido [C58] muestra los siguientes riesgos relativos para niños que viven a menos de 50 metros de una línea eléctrica aérea:

1. Leucemia total: 0,8 (0,5-1,3)
2. Tumores cerebrales: 1,1 (0,6-2,1)
3. Tasa global de cáncer: 0,9 (0,6-1,3)

El Riesgo Relativo

Aquí es necesario notar que el Riesgo Relativo de contraer cáncer o desarrollar una enfermedad a causa de un algún factor, se expresa como RR=1.0, donde la cifra “1.0” indica que el “riesgo relativo” es nulo. Cuando el “riesgo relativo” es inferior a 1, es decir, RR=0,5, por ejemplo, se considera que el factor investigado no sólo no presenta riesgos sino que beneficioso para la salud. También puede ser indicativo que los resultados del estudio epidemiológico o de laboratorio han sido el resultado del azar o de errores de diseño o metodología en el estudio.

Por ello, de los estudios vistos más arriba, todos ellos tienen un RR inferior a 1.0, (indicando entre pa-réntesis el valor de “significancia”), que los resultados varían entre 0,5 y 1,9, por ejemplo. Esto indica también que, cuando el valor de significancia de un estudio incluye al número 1 entre los valores halla-dos, los resultados no tienen significado alguno y se considera que el estudio no ha arrojado un resultado que indique alguna relación entre el factor sospechoso y la enfermedad.

Por último, es importante que la gente sepa si hay una relación entre el cáncer de mama y las OEM, las subestaciones y las líneas de alta tensión:

19C) ¿Qué se puede decir sobre los estudios que muestran una relación entre campos de frecuencia industrial y cáncer de mama?

Hay algunos estudios de laboratorio [G16, G26, G50] que sugieren que los campos de frecuen-cia industrial podrían ser promotores del cáncer de mama inducido químicamente (Q16B), y se ha propuesto un mecanismo biológico que podría explicar dicha conexión (Q17C).

Mc Dowall y col. [C4] no encontraron un exceso de cáncer de mama en mujeres adultas (y ningún caso de cáncer de mama en hombres) que vivían cerca de líneas de transporte o subestaciones; y Li y col. [C32] no hallaron un exceso de cáncer de mama entre mujeres adultas que residían cerca de líneas de transporte. Más recientemente, Feychting y col. [C38, C52] no encontraron un incremento significativo de cáncer de mama en hombres o mujeres adultos que residen cerca de líneas eléctricas de transporte; y Coogan y col. [C41] no hallaron un exceso de cáncer de mama en mujeres con exposición laboral y/o residencial a campos de frecuencia industrial.

En una sola palabra: NADA. CERO.

Después de leer y releer la nota de la revista Viva, y con el estómago revuelto, les dejo hasta la próxima aparición de otro escándalo promovido por el periodismo amarillo. No haría falta esperar mucho. Los diarios y revistas de hoy viven de ello.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


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