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Una isla hunde el sueño verde

por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC
Julio 2, 2010

Una pequeña isla en el noroeste de la Gran Bretaña, en las famosas Hébridas Interiores, es considerada por la Feligresía Verde la “isla más verde del mundo”. No la están pasando nada bien y el sueño de su autosuficiencia energética mediante paneles solares y molinos de viento, bueno… es "lo que el viento se llevó". O mejor dicho, "lo que el viento no trajo."

En la Isla Eigg, en las Hébridas interiores, sus 87 habitantes hace mucho tiempo que ven a sus molinos de viento más inmóviles que la estatua de la Pietá, y el tiempo cubierto de nubes no permite que el sol alimente sus paneles de sol. En la isla más vrde del mundo la electricidad ha sido racionada y sus habitantes sólo pue-den usar, sus tostadoras, lavadoras, televisores, hornos eléctricos, etc –mientras no consuman más de 5 Kw por hora. Es decir, si lavan la ropa, no pueden ver la TV, ni calentar café, ni asar un pollo al horno. Quizás les alcance para escuchar una radio a transistores –a pilas.

La noticia nos la envía el MailOnline de Londres, de donde extractamos lo más interesante y sabroso, así podemos tomar ejemplo de cómo convertirnos en la ciudad, provincia, o país “más verde del mundo.”

Gracias a una escasez de energía en lo que reclama ser “la isla más verde del mundo,” el uso de tostadoras, pavas eléctricas, asadoras eléctricas, lavadoras de ropa, y casi todo aquello que contenga una resistencia que pueda drenar la menguante electricidad de Eigg, está estrictamente racionado hasta nuevo aviso.

Y en el muelle del lado sur de la isla, brillantes avisos en rojo se mecen en la brisa, advirtiendo que los niveles de energía son críticamente bajos.


Corte de electricidad: casi no hay un soplo de viento para hacer girar las aspas en Eigg.

“Estamos en alerta roja,” explica Maggie Fyffe, la secretaria del Turst Heritage de Eigg. “Significa que tenemos que moderarnos un poco.”

Lo que es algo bastante irónico. Porque en enero pasado los residentes de Eigg fueron alabados y felicitados por su asombroso triple sistema generador de electricidad, de £1,6 millones de libras esterlinas: hidráulico, solar y eólico, que había sido puesto en servicio en 2008 y redujo las emisio-nes de dióxido de carbono más de un 30%.

Se afirmaba que generaría más del 95% de las necesidades de energía de los isleños a partir de las energías renovables. A los isleños hasta se les concedió un premio de £300.000 libras en una com-petencia nacional para quienes mejor enfrentasen al cambio climático.

Sin embargo, su altamente complejo sistema de energía, ganador de premios y que permite ahora a cada hogar el acceso a un máximo de 5 kW de energía en un solo momento, está permaneciendo largamente inactivo.

Las turbinas de viento están quietas y silenciosas. Las turbinas hidráulicas en los ríos y diques están inmóviles. Y los sándwiches tostados y el té caliente están fuera del menú en los salones de té. ¿Qué diablos está pa-sando? ¿Fueron los eco-innovadores víctimas de algún salvaje acto de vandalismo? ¿Su sistema ganador de premios ha quemado un fusible?

Este… no. Resulta ser que cuando toda la buena gente de Eigg puso toda su fe en los fuertes vientos y las fuertes lluvias para proveer electricidad a todas sus necesidades, se olvidaron de considerar una posibilidad: una racha de buen tiempo.


Eco-amigable: Eigg afirma ser "la isla más verde del mundo", pero una escasez de energía significa que "cualquier cosa con elemento calentador" está estrictamente racionado hasta nuevo aviso.

Durante las últimas semanas la isla de 5 x 3 millas al noroeste Escocia estuvo gozando lo que en esa parte del mundo se considera una ola de calor. Las temperaturas llegaron a los 21ºC, (en lugar de los usuales 15ºC), no hubo ninguna lluvia decente desde mayo (la mitad de lo normal para este tiempo del año) y los niveles de agua en sus tres ríos principales se han desplomado y cortado el suministro de electricidad a la isla.

Encima de todo eso, los vientos que usualmente braman sobre las islas se han reducido a patéticas brisas dejando a las turbinas inservibles y a los lugareños a pan y te frío para el desayuno. En otras palabras, el experimento verde de Eigg demostró que confiar solamente en la naturaleza para producir energía puede ser un asunto peligroso.

No es que uno no les haya estado advirtiendo sobre los escasos beneficios que surgen del uso indiscriminado de las energías renovables y creer que ellas pueden reemplazar –aunque sea en parte- a las energías produci-das con métodos convencionales. Ahora que se dieron de frente contra el muro de piedra de la realidad, uno creería que habrían aprendido la lección. Nada que ver. Los creyentes de verdad jamás pierden la fe. Son más empecinados que mula tuerta.

Están demasiado ocupados planeando otros eco proyectos, como un ómnibus comunal eléctrico, una eco-casa para voluntarios, producir biodiesel del aceite usado para las patatas fritas, y culti-vando verduras en túneles de polietieno.

Por cierto, están todavía maravillados por lo que para ellos es la moderna y placentera maravilla de tener electricidad en red llevada hasta sus casitas pintadas de blanco. Porque esta isla recién tuvo una provisión regular de electricidad en febrero de 2008. Muy difícilmente se preocuparán por algu-nas pocas semanas de te frío mientras su sistema no funcione.


Dice una de las habitantes, una señora de 61 años, “Hasta hace un par de años yo estaba abastecida por un pequeño generador hidro-eléctrico que producía 1 kW de potencia. Con eso alimentaba mis luces, la TV y la computa-dora, pero no la lavadora, las pavas eléctricas, tostadora o cosas como esas. Y yo era una de las suertudas.”

Algunos de sus vecinos no tenían agua corrien-te y otros se apoyaban en sus propios genera-dores que había que haceros arrancar por la mañana manualmente.

“De modo que si uno se levantaba para hacer pis durante la noche, había que llevar consigo una linterna o andar tropezando en la oscuri-dad,” agrega.
[Nota de FAEC: Esta gente no tiene baños en el interior de sus casas, algo común en países subdesarrollados].


Verde: En enero los residentes de Eigg fueron alabados por su innovador triple sistema solar, eólico, hidroeléctrico de £1,6 millones de libras.

En realidad, los habitantes de la isla son buenas personas que han trabajado duro para mejorar su hermoso lugar de residencia, aunque de por sí bastante inhóspito por su clima severo. Una desconocida dama filántropo compró por £1,5 millones la isla a sus antiguos dueños (un tiránico deportista llamado Keith Schellenberg, que impedía la recolección de la basura, y una excéntrico artista alemán de dudosas credenciales, Marlin Eckhard, que pintaba con fuego), y se la regaló a los isleños. Durante 13 años, estuvieron mejorando sus pobres condiciones de vida, hasta que alguien los convenció de las bondades de las energías alternativas. Debieron haberles dicho toda la verdad, para que estuvieran pre-venidos en caso de que el sistema se caiga. No hay ningún sistema ideado por los huma-nos que sea 100% efectivo. Dicen que prevenir es curar. Nada como curarse en salud.

Quizás debieron haber considerado la conveniencia de tener instalado un generador con-vencional de fuel-oil para las ocasiones en que, como ahora, no hay viento, no hay llu-vias, y el sol del norte de Escocia no entrega la energía necesaria. Si viviesen en el sur de España, vaya y pase, pero en las nubosas Hébridas, famosas por sus nieblas espesas, la idea de los paneles solares no parecer haber sido muy acertada.

Quizás haber invertido la misma cantidad de dinero en un sistema de varios generadores diesel, y uno o dos de respaldo, les habría salido más económicamente viable por el menor costo de generación eléctrica y mantenimiento. Pero a la gente simple le encantan los “almuerzos gratis.” Creer que la energía eólica y solar les sale “gratis” porque la provee el Sol y la Naturaleza, es un error muy extendido, como lo demuestra la experiencia en España y la actual en Alemania, donde los usuarios verán un aumento del 18% de sus tarifas para subvencionar las plantas solares que se han instalado desde 2009.

Las 45 casas de la isla están unidas por 9 kilómetros de cable a un galpón donde se encuentran el banco de baterías eléctricas que garantizarían el abastecimiento durante las 24 horas del día –en caso de que haya viento, agua y sol. Pero no este mes.

"Por supuesto, la sequía nos ha golpeado fuerte,” dice Maggie, “Pero a pesar de lo la gente dice, no hay dudas de que este proyecto a sido un suceso masivo. Todos estamos encantados con él.”

“De todos modos, si usted mira al cielo, verá que las nubes se están juntando –lloverá pronto. Y volveremos a estar otra vez encarrilados.”

Por lo menos hasta que Madre Naturaleza vuelva a hacer de las suyas. Mientras tanto, volverán a caminar hasta la Casa de Té para una taza de té caliente y unos sándwiches tostados. ¿Qué más hace falta para ser feliz? ¿Quizás un generador eléctrico de repuesto para cuando les vuelva la fracasar Madre Natura? Ya dije que más vale prevenir que curar. Lo malo sería que, por empecinamiento, le hayan tomado el gusto a la enfermedad y desprecien la prevención.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC



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