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LA FALSA MUERTE DE LA CIENCIA

por El Fueguino Adoptado

NOTA DE FAEC: El siguiente ensayo pertenece a un miembro del Poder Judicial Argentino que nos ha solicitado mantener su identidad en reserva por razones muy obvias: de saberse su nombre las ONGs ecologistas argentinas se lanzarían a la caza de su cabeza (los ejemplos abundan), contando con la ayuda y la vista complaciente de las esferas gubernamentales del más alto nivel, que ya han dado muestras de haber definido cuál será su futura postura en el tema ambiental : prioridad para las denuncias ambientales sin sustento científico de ninguna clase, especialmente si provienen de la multinacional del ecologismo autodenominada Greenpeace Argentina, o sus filiales del resto del mundo Greenpeace Internacional, UK, USA, Deutschland, Italia, España, France, Canada, etc.

Por lo tanto, haciendo uso del derecho del periodismo de mantener en reserva el origen de nuestras fuentes y buscando la protección y seguridad que el Estado Nacional ha demostrado ser incapaz de garantizar, es que FAEC no publicará ni dará a nadie la identidad de nuestro colaborador, desde ya convertido en un exiliado político de la Internet en su propio país.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC



No hace mucho, en el blog de este mismo espacio se publicó un artículo titulado “La triste muerte de Sentido Común”[1]

Quienes entonces lloramos la pérdida de un amigo tan caro, asistimos hoy a un no menos triste acon-tecimiento. Observamos cómo el común de la ciudadanía argentina cree ver pasar el cadáver de “La Ciencia”, directa descendiente del fallecido Sentido Común, sin que se le mueva un pelo.

Lo peor para quienes lo observamos, es saber que “la ciencia”, en realidad, sigue viva y coleando. Porque sencillamente, el gran público se ha tragado un anzuelo mediático convenientemente montado –o si se quiere, “aceitado” – y cree inocentemente contemplar el cortejo fúnebre de nuestra querida amiga.

Y es precisamente esto lo que ha sucedido con el tema de las aguas del Acuífero Puelche y su hipoté-tica contaminación con uranio proveniente del Centro Atómico Ezeiza.

Cuatro o cinco cipayos a sueldo – rectius: a muy buen sueldo – pertenecientes a una prestigiosa ONG que se dice ambientalista, convocando oportunamente a medios periodísticos ávidos de “rating” – y a otros que también gozan de un muy buen sueldo pagado de las arcas de quienes los convocaron – han despertado infundados temores entre quienes residen en las inmediaciones del CAE, emblemática instalación perteneciente a la fuerza científica nacional, falseando y difundiendo datos antojadizos y allegando erradas conclusiones a una causa judicial de la mano de un “perito geólogo”, que de experto en la materia nada tiene.

Este nefasto conjunto ha creado una psicosis colectiva entre los vecinos del CAE, quienes aún hoy deben alucinar que, por las noches, sus cuerpos resplandecen en la oscuridad por virtud de las inadmisibles dosis de radiación a que fueron expuestos con cada cimarrón ingerido durante los últimos años. Ni hablar, claro está, de la ducha diaria; porque esta pobre gente comenzará a sentirse poco menos que mutante.

Los efectos de semejante campaña mediática de desinformación, obviamente orquestada adrede, no podrán mitigarse con la sentencia que recaiga en la causa donde constan los datos falsos o las conclu-siones distorsionadas.

La imagen creada no cederá con los informes de renombradas instituciones nacionales agregados a la causa judicial, como aquellos que presentaran la Academia Nacional de Medicina, la Academia Argen-tina de Ciencias del Ambiente, el Instituto de Geocronología y Geología Isotópica (INGEIS) - UBA/ CONICET, la Facultad de Ingeniería de la UBA, la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, o la Autoridad Regulatoria Nuclear; todos los cuales serán oportunamente merituados por el Juez al sentenciar.

Aunque al hacerlo el Juez tenga en cuenta los informes de prestigiosas instituciones internacional-mente reconocidas, como los agregados por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), o la Agencia Brasileño-Argentina de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares (ABACC); el resultado siempre será el mismo: Nada cambiará porque el mal ya se hizo, y no existirán cámaras de televisión ni cronistas dispuestos a difundir una noticia que ahora carecerá de “interés”.

El inconsciente colectivo sólo recordará aquello que los verdes “ambientalistas”, tras no menos verdes intereses, tuvieron en miras al montar toda la operación:

“El Centro Atómico Ezeiza contamina”.

Cada vez que alguien traiga a su memoria este episodio, veremos cómo un pobre tipo contempla el ataúd de “la ciencia”, en verdad muerta sólo en apariencia.

Y no me resigno a que las cabezas pensantes de un pueblo, directamente afectadas, permanezcan inactivas ante esta afrenta a la razón. Porque, ¿Qué otra cosa es esto sino terrorismo?

Por ello propongo ir a la médula del asunto, pegando allí donde más le duele.

Sugiero a las autoridades de la Comisión Nacional de Energía Atómica esperar la Sentencia del Juzgado Federal de Lomas de Zamora. Con sentencia favorable para la CNEA – CAE, iniciaría acciones por daños y perjuicios contra los responsables de la difamación pública a la que fueron sometidos. En ella, claro, debería estar comprendida entre los demandados la “prestigiosa” ONG ambientalista, como principal instigador de la difusión de la falsa noticia.

¡Cómo se cuidarían de hacer o decir estupideces una vez que tengan un lindo embargo trabado en todas sus cuentas!

Y más aún. Sin ser penalista (ni lo quiero ser...), con los informes de las prestigiosas instituciones nacionales e internacionales ya mencionadas, agregados como se encuentran a la causa judicial, evaluaría la posibilidad de formular denuncia penal contra quienes hayan arrimado a la causa datos falsos o distorsionados y se hayan encargado de difundirlos, por infracción al art. 211 del Código Penal, que reza:

Intimidación pública  

Art. 211: Será reprimido con prisión de dos a seis años, el que, para infundir un temor público o suscitar tumultos o desórdenes, hiciere señales, diere voces de alarma, amenazare con la comisión de un delito de peligro común, o empleare otros medios materiales normalmente idóneos para producir tales efectos. Cuando para ello se emplearen explosivos, agresivos químicos o materia-les afines, siempre que el hecho no constituya delito contra la seguridad pública, la pena será de prisión de tres a diez años.

Que no se tome esto al pie de la letra. Tal vez las acciones judiciales a entablar o las conductas típicas penales por denunciar, sean otras. Que los especialistas los analicen y encaminen por la vía y forma que correspondan.

Mientras ello no suceda; mientras ningún damnificado por el accionar de estos terroristas se anime a ir por sus “verdes” bolsillos aun invirtiendo a riesgo de perder, seguiremos viendo cómo la mayor parte de la ciudadanía argentina contempla el cortejo fúnebre de nuestra querida ciencia.

Y cuidado. Porque aunque no lo parezca, puede que esta vez nos la estén matando de a poco.

Fdo.: “El Fueguino Adoptado



Sentido Común ¿No había Muerto?

Me pareció excelente esto que fue publicado en la web, de manera que quiero compartirlo con mis amigos:

La Triste Muerte de Sentido Común

Hoy lloramos la muerte de un querido amigo, Sentido Común, que ha estado entre nosotros durante muchos años.

Nadie sabe a ciencia cierta, cuántos años tenía, puesto que los datos sobre su nacimiento ya hace mucho se han perdido en los vericuetos de la burocracia.

El será recordado por haber sabido cultivar lecciones tan valiosas como entrar y salir de la lluvia, por qué los pájaros que madrugan consiguen lombrices y los bueyes lerdos siempre beben agua turbias. La vida no siempre es justa y tal vez haya sido yo el culpable.

Sentido Común vivió bajo simples y eficaces consignas (no gastes más de lo que ganas) y estrategias paternales confiables, (los adultos, no los niños, están a cargo).

Su salud comenzó a deteriorarse rápidamente cuando se aplicaron reglas bien intencionadas, pero arbitrarias, olvidando que el Camino al Infier-no está pavimentado de Buenas Intenciones.

Informes respecto de un niño de seis años acusado de abuso sexual por haberle dado un beso a una compañera de clase; adolescentes suspendidos del colegio por haber usado enjuague bucal después de almorzar; y que una maestra fuera despedida por reprender a un alumno indisciplinado, sólo hicieron que empeorara su condición.

Sentido Común perdió terreno cuando los padres atacaron a los maestros simplemente por hacer el trabajo en el que ellos fracasaron: disciplinar a sus ingobernables hijos.

Declinó aun más cuando las escuelas debieron requerir un permiso de los padres para administrar una Aspirina, protector solar, o colocar una cinta adhesiva a un alumno; pero, eso sí, no podían informar a los padres si una alumna estaba embarazada y quería abortar.

Sentido Común perdió su deseo de vivir cuando los Diez Mandamientos se convirtieron en contrabando; las iglesias en negocios; y los criminales recibían mejor trato que sus víctimas.

Para Sentido Común fue un duro golpe que uno ya no pueda defenderse de un ladrón en su propia casa, pero que el ladrón pueda demandarnos por agresión.

Finalmente Sentido Común se rindió y perdió definitivamente su voluntad de vivir cuando una mujer fue incapaz de comprender que una taza de café hirviendo, quema. Derramó un poco sobre su falda, y muy pronto logró un "jugoso" arreglo de su empleador.

La muerte de Sentido Común fue precedida por la de sus padres, Verdad y Confianza; la de su esposa, Discreción; su hija Responsabilidad y su hijo, Raciocinio.

Lo sobreviven sus tres hermanastros; Conozco Mis Derechos, Otro Tiene La Culpa y Yo soy Una Víctima.

No hubo mucha gente en su funeral porque muy pocos se enteraron de que se había ido.



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