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Crisis Eléctrica: Los Responsables
y Sus Colaboradores Encubiertos

por Carlos A. Ortiz
Docente e Investigador de la
Univ. Nac. de Misiones
 
Con la falta de planificación y consecuentemente sin las mínimas previsiones hacia el futuro, que lamentablemente han caracterizado a la República Argentina en las últimas décadas, nuestro país marcha a paso redoblado hacia una crisis eléctrica de grandes proporciones; y casi nadie parece darse por enterado.

La situación se asemeja a la del Titanic, en el que mientras algunos bailaban, otros cenaban opíparamente, muchos dormían, y unos cuantos se acurrucaban como podían en los pisos inferiores; todos iban raudamente camino a la brutal colisión con el silencioso pero letal témpano gigante, oculto por la densa niebla nocturna del frío Atlántico Norte.

La figura comparativa es muy gráfica, sobre todo si en nuestra realidad actual (y de las últimas décadas) la niebla marítima se asimila a las densas confusiones causadas por la falta de informes técnicos oficiales fiables, por el eventual sesgo erróneo de los “papers” que los reemplazan, por las numerosas publicaciones y opiniones de “especialistas” y “periodistas especializados” que en los hechos son perfectamente funcionales a intereses sectoriales vinculados con capitales extranjeros, y por la ignorancia de aspectos básicos de la Temática Energética que parece caracterizar a buena parte de los diversos estamentos dirigenciales (políticos, sindicales, empresariales, académicos, etc.) de Argentina.

Es bien sabido que en países donde reina la improvisación, se dan las condiciones para las crisis, las medidas apresuradas e incoherentes, las peores corruptelas, e incluso los más cruentos estallidos sociales y la anarquía generalizada; los que en muchos casos ocasionaron pérdidas irreparables –mucho más graves que meras circunstancias institucionales- a las Naciones-Estado que no han sabido salir rápidamente del estado de mediocridad institucional que las han corroído como un cáncer socio-económico doloroso y letal.

Evidentemente en la prolongada y tenebrosa noche en la cual el neoliberalismo llegó a manejar a su arbitrio prácticamente todos los resortes del poder en Argentina –desde comienzos del '76-, configurándose una reedición “corregida y aumentada” de la tristemente célebre “década infame” (la del '32 al '43); en estas últimas tres décadas se concretó la mayor involución social, económica y política que registra la Historia Argentina; en un proceso tan acentuado que cuesta encontrar otro parangón en el mundo en cualquier otra nación no castigada por alguna prolongada guerra o guerra civil de grandes proporciones.

Más allá del absurdo desguace de todo el Patrimonio Estatal (es decir el Patrimonio Colectivo de los Argentinos), se configuró un perverso vaciamiento de los valores culturales y educativos; atacándose valores esenciales como el patriotismo y los principios éticos.

En ese marco de aquelarre institucional, hasta parecería una nimiedad que se haya aceptado sin mayores resistencias visibles la nefasta idea que “el mercado todo lo soluciona”, y el consecuente pensamiento que “la planificación es algo inútil y anticuado”.

En el tremendo contexto precedentemente descrito, no puede sorprender que todo el manejo del estratégico Sector Energético haya sido totalmente dejado librado al “buen criterio” de las empresas extranjeras (privadas y estatales), e incluso la planificación y control de esos vitales resortes de la actividad económica.

De esa forma, las cuantiosas rentas del Sector Energético pasaron a ser manejadas a beneficio y arbitrio de empresas extranjeras, configurando una sangría de enormes recursos financieros, que algunos analistas estiman en más de 20.000 millones de dólares anuales.

Pero todo el Sector Energético, y de hecho el Sector Eléctrico (comprendido dentro de aquel concepto) poseen características muy especiales, que difieren de las especificaciones de otras áreas sociales y económicas. Dentro de esas características especiales, debe considerarse la singular magnitud de las inversiones imprescindibles para satisfacer las siempre crecientes necesidades energéticas nacionales, y la imperiosa necesidad de contar con cuidadosas planificaciones que prevean los planes de obras e inversiones, con un horizonte mínimo de una o dos décadas.

Denostada y vilipendiada La Planificación en las épocas de Martínez de Hoz y sus sucesores durante “el proceso”, directamente fue dejada de lado desde las épocas de Alfonsín en adelante. De esa forma, y a pesar del brutal “parate” económico de la década del '80, con una caída del PBI cercana al 10 %, hemos debido soportar una crisis eléctrica de gran magnitud precisamente a fines de esa década.

Durante el “jolgorio privatizante” (léase extranjerizante) de la década menemista, y en base a cuantiosas utilidades pre garantizadas (que evitaron todo atisbo de “riesgo empresario”); hubo muy fuertes inversiones en usinas termoeléctricas, basadas en el consumo de gas natural, cuyo abastecimiento se consideraba “asegurado para un mínimo de 100 años). Claro está que esas inversiones en usinas térmicas tuvieron la contrapartida del freno total a las obras hidroeléctricas, y la paralización del Plan Nuclear Argentino. Se desguazó todo el sector tecnológico estatal vinculado con la hidroelectricidad, y poco faltó para que se hiciera lo propio con la Comisión Nacional de Energía Atómica y los muchos entes vinculados a la misma. Todo ello, junto con el cierre o el achicamiento por “inanición financiera” de otros entes tecnológicos, configuró un “tecnicidio” (asesinato de las instituciones creadoras de tecnología nacional) de enormes proporciones.

El caso es que hace más de cinco años no se instala ninguna usina eléctrica de cierta importancia en Argentina. Mientras tanto la demanda eléctrica sigue su crecimiento vegetativo (que no es despreciable) al cual debe adicionarse el fuerte repunte de la demanda eléctrica que es consecuencia del proceso de reindustrialización, vigorosamente impulsado desde que Argentina salió del encorsetamiento cambiario de la convertibilidad; y que se acentuó a partir del cambio de situación institucional del delicado tema de la deuda externa.

El año pasado –antes que el tema fuera considerado por los “gurúes” tradicionales del Sector Eléctrico– hice saber que Argentina se encamina hacia una crisis eléctrica de pavorosas proporciones, la cual sucederá entre el 2006 y el 2008. Ese trabajo de investigación (que solo fue acreedor del más denso silencio en el ámbito de la FCE de la Universidad Nacional de Misiones), tuvo gran repercusión a nivel nacional, sobre todo a partir de su divulgación en INFO MORENO, Argenpress, el Boletín Nº 12 de la CNEA, y otros medios de comunicación.

Si bien hubo en el último año importantes cambios de actitud en temas de primerísima importancia, como la reactivación de la Central Nuclear de Atucha 2, y los anuncios de reactivación de grandes obras hidroeléctricas; las respectivas puestas en marcha se están dilatando, pareciendo que las urgencias de la realidad fuesen inexistentes.

Vamos camino a los grandes apagones, a la autogeneración forzosa; como cuando toda nueva fábrica debía contar con su propia usina generadora, y hasta los Bancos debían contratar costosos equipos generadores móviles, que se instalaban precariamente frente a sus veredas, con todas la consecuencias de contaminación atmosférica, sónica, y altísimos costos operativos.

Además del freno de la trabajosamente conseguida reactivación industrial; la situación de caos que sobrevendrá, será la situación propicia para la adopción de “medidas de emergencia”, que podrán incluir desde contrataciones directas, costosas condiciones especiales en las concesiones a las generadoras privadas, y otras “lindezas” por el estilo.

La virtual sordina impuesta a esta caótica y muy cercana realidad, obedece a varias causales posibles: la real mediocridad de buena parte de los “comunicadores sociales nacionales” (léase de Capital Federal que tienen llegada a casi todo el país), poco capacitados para profundizar análisis de temas de cierta complejidad técnica específica; las “notorias” faltas de precisión de determinados “expertos y analistas especializados”, en muchos casos vinculados de uno u otro modo con las empresas gasíferas y petroleras extranjeras, así como con los sectores importadores de usinas termoeléctricas; y la extrema lentitud con la que parecería estar siendo tratada la muy cercana crisis eléctrica en los despachos de los funcionarios técnico – políticos del área.

Desde afuera, y fogoneando el desconcierto, la confusión y la anarquía técnica; los sectores del fundamentalismo ecológico hacen su constante aporte al subdesarrollo crónico y la anarquía general, al oponerse sistemáticamente a las grandes obras hidroeléctricas y atómicas; mientras que con mucho ruido pero escasa o nula fundamentación siguen apostando a supuestas “grandes alternativas” (como la generación solar, eólica y otras) que demostradamente son incapaces para abastecer demandas tan cuantiosas y crecientes; todo ello sin dejar de lado los altos costos por KWh que caracterizan a las denominadas “nuevas fuentes de energía”.

¡Ténganse presentes estas realidades sintéticamente expuestas –y recuérdense los responsables directos e indirectos-, al momento en que los cortes del suministro eléctrico marquen la exteriorización de este caos eléctrico hacia el cual marchamos!
 
C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ
Docente – Investigador
Facultad de Ciencias Económicas
Universidad Nacional de Misiones

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