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¿Será Buena la Radioactividad
Para la Salud ?

por Pierre Lutgen
Doctor en Ciencias de Luxemburgo

(Traducción de la versión francesa en este mismo sitio)

Alejados por la mañana para montar su campamento en el Edén,
los ecologistas se encontrarán a mediodía en una cárcel
que ellos construyeron con sus propias manos.
Gilles Lapouge

Decir que las consecuencias de la catástrofe de Chernobyl son menos graves de lo que las quieren hacer aparecer suena como una herejía. Esta catástrofe es para mucha gente la más dramática de este siglo. A quienes han osado decir lo contrario se les ha reprochado nadar en contra de la corriente, de no escuchar el aviso unánime de los expertos, de no ser científicos serios, de no leer los diarios, o de no ver la televisión.

Decir que el número de 50 muertos de Chernobyl es de lejos menor que las miles de personas muertas en las minas de carbón o de hulla, a los miles de muertos de nuestras rutas, o a los millones que mueren de tifus, o de malaria –suena como una herejía injuriosa.

Es verdad que la catástrofe de Chernobyl ha sido un drama económico, social y psicológico para más de 100.000 personas desplazadas a la fuerza de Ucrania y Bielorrusia. Asestó una punzante lección de realismo a los que quisieron demostrar de manera perentoria que un accidente nuclear era altamente improbable.

Pero tratemos de limitarnos a los efectos de la lluvia radioactiva de Chernobyl.

Por malicia o por ignorancia, se olvida que la radioactividad forma parte de nuestra vida des-pués de los milenios en este planeta. Algunos hasta pretenden que el hombre es el resultado de mutaciones provocadas por la radioactividad. O más aún, la radioactividad no ha tenido consecuencia alguna detectable para el desarrollo de la especie humana. Si ese fuese el caso, teniendo en cuenta las importantes variaciones de los niveles de radioactividad en las diversas regiones del globo, se debería notar en las regiones más irradiadas el recrudecimiento de ciertos tipos de cánceres.

Las fuentes naturales de radioactividad constituyen el 80% de la dosis anual recibida por el hombre. Ellas so numerosas.

  • Los rayos cósmicos. Esta irradiación es más fuerte a mayor altura. Una estadía de 15 días en la alta montaña le dará a usted una dosis equivalente a 10 radiografías de pulmón. Lo mismo es verdad para un vuelo trasatlántico en el Concorde. (a)

  • Nuestra comida contiene potasio, carbono y tritio radiactivo. También en el cuerpo de un adulto hay un promedio de 4400 Becquereles (desintegraciones por segundo) debidas al potasio-40 radioactivo y 3700 Becquereles debidos al carbono radioactivo.

  • El aire contiene radón. Las concentraciones de este gas son más elevadas en las regiones rocosas y graníticas (La Selva Negra, el Macizo Central de los Alpes, las Ardenas, Los Andes, Himalayas, etc).

  • El suelo contiene siempre un poco de uranio. 100 metros cuadrados del jardín, por una profundidad de 50 centímetros contienen 1 kilo de uranio y 3 kilos de torio.

  • El agua, y sobre todo las aguas termales extraidas de grandes profundidades son altamente radioactivas.

  • Para medir la exposición a los rayos ionizantes se utiliza la dosis efectiva expresada en milliSieverts. Por persona y por año. Esta dosis es del orden de 4 mSv, con fuertes variaciones regionales de 1 a 100 mSv (por ej., 35 mSv en la India, 80 mSv en Francia, y más de 700 mSv en algunas playas del Brasil.)

Después que Roentgen descubrió los Rayos X y Becquerel la radioactividad natural de ciertos elementos, hace más de un siglo, el hombre ha usado a este fenómeno con fines medicinales y científicos. Estas fuentes “artificiales” de radioactividad contribuyen hoy con el 15% de la dosis media anual y el Cesio radioactivo liberado de Chernobyl sobre Europa es un 1% suplementa-rio, como máximo, según el “Le Monde,” del 19 de mayo de 2001.

Se trata sobre todo de la exposición proveniente del diagnóstico médico (RX) y de la terapia médica nuclear.

Las otras fuentes contribuyen solamente con un 1% a la dosis anual: detectores de humo, esferas luminosas de relojes pulsera, pantallas de TV, emisiones de las centrales nucleares, “fall out” de las pruebas nucleares… El nivel de radiación alrededor de las centrales nucleares lleva a dosis adicionales del 0,01% anuales, es decir, son el 0,003% de la radiación natural de su vecindario.

No podemos eliminar a esas radiaciones de nuestras vidas, pero podemos tratar de compren-derlas y de reducir sus riesgos.

El efecto de las centrales nucleares sobre la salud ha sido estudiado intensamente en el curso del último decenio. Es necesario, en efecto, esperar muchos años para detectar el efecto de las radiaciones sobre el cáncer.

Un informe del profesor M. Gardner sacudió en 1990 al mundo médico. Había hallado una conexión estadística entre la fábrica de reprocesamiento nuclear Sellafield, en Inglaterra, y la frecuencia anormal de leucemia en el pueblo vecino (1).

El efecto de Gardner fue estimular a otros epidemiólogos y radiólogos a continuar este tipo de investigación. Uno de estos estudios posteriores, financiados en parte por la Unión Europea, no ha podido corroborar los resultados del informe de Gardner.

En el Instituto Gustave Roussy de Villejuif, un estudio se dedicó a los decesos provocados por los diferentes tipos de leucemias y por los cánceres de la tiroides en algunos jóvenes que vivían en los alrededores de una veintena de centrales nucleares francesas. La cantidad de muertes a consecuencia de leucemias constatadas por este estudio era inferior al número comparativo de muertes entre la población que vive lejos de las centrales. No había ninguna correlación entre el aumento de la distancia a partir de los sitios.

El Bundesanstalt für Strahlenschutz llega igualmente a la conclusión que la cantidad de leucemias en el vecindario no es más elevado que en otras regiones (y así mismo es inferior).

En estudio publicado recientemente en Inglaterra (2) muestra que para 23.000 hombres que trabajan en la industria nuclear no se pudo determinar alguna evidencia de una tasa más elevada de malformaciones en sus descendientes.

De hecho, las dosis recibidas por los trabajadores de las centrales nucleares son de lejos inferiores a las de los mineros, y hasta algo de 500 veces menos que aquellos que trabajan en las minas de sal o carbón. Ciertos carbones contienen fuertes concentraciones de uranio y torio. Se calcula que las cantidades de uranio emitidas al aire por las centrales térmicas de carbón en Estados Unidos son de 801 toneladas de uranio mientras que las centrales nucleares del país no consumen más que 501 toneladas anuales de uranio y no emiten sino cantidades inmedibles de radioactividad. Para aquellos que tienen miedo de las partículas radioactivas, es mucho más peligroso vivir cerca de una central térmica de carbón que de una central atómica.

El aumento de las leucemia en algunas regiones, y más precisamente en Rusia, se deba probablemente al empleo abusivo de ciertos insecticidas. El aumento fue anterior a la catástrofe de Chernobyl (3).

Un estudio realizado en 1992 por el Institut für Medizinische Statistik und Dokumentation de la Universidad de Mainz, Alemania, sobre los riesgos de cáncer entre los jóvenes concluyó de la siguiente manera: (4)

«In der 15-km-Region um Kernkraftwerke beträgt das relative Risiko für alle bösartigen Er-krankungen der unter 15 jährigen 0,97. Das bedeutet, dass keine Erhöhung der Krebserkran-kungen in den Kernkraftwerksregionen gegenüber den Vergleichsregionen feststellbar war.» Que quiere decir que "En las regiones que están 15 Km alrededor de las centrales nucleares el riesgo relativo de todas las enfermedades malignas de los menores de 15 años es 0.97. Eso significa que no hay un aumento de los enfermos de cáncer en las regiones con centrales nucleares en comparación con otras de referencia." Esto se logró por conteo de cromosomas dicéntricos.

Esos resultados son corroborados por las encuestas efectuadas en las regiones con alto nivel de irradiación natural y por informes de regiones de bajos niveles. Jamás se pudo poner en evidencia un número significativo de cánceres o de malformaciones congénitas en las regiones de elevada radioactividad natural (Noruega, Ramsar, en Irán, playas de Brasil, Sudoeste de Francia, Sierras de Córdoba, Argentina). Bien al contrario, a menudo se ha encontrado que en los alrededores de las centrales nucleares la incidencia de cáncer es menor comparada con la población general. Asimismo, en la región alrededor de Chernobyl la cantidad total de cánceres es inferior a las de poblaciones testigos que habitan mucho más lejos.

Un estudio sistemático fue realizado en los Estados Unidos, centrado sobre la incidencia de cáncer de pulmón en diferentes condados del país, en función a los niveles de radón en el aire. El muy profundo estudio mostró una disminución de la incidencia del cáncer de pulmón a las concentraciones ligeramente más altas. (5) Este estudio fue, en consiguiente, extendido a otras regiones del mundo, tales como Escandinavia, donde el suelo granítico naturalmente rico en uranio aumenta los tenores de radón en el aire.

Los resultados confirmaron las primeras observaciones: la incidencia del cáncer disminuye enseguida a dosis de 20 a 50 mSv, para crecer a continuación a dosis superiores de 100 mSv. (6) Un estudio finlandés rindió resultados similares (7, 8). Los centros termales como los de Bad Gastein conocen de un rejuvenecimiento. Se envía allí con éxito a las personas que sufren de reumatismo y artrosis (9). Pero para los investigadores que habían esperado obtener grandes presupuestos de investigación para continuar los estudios sobre los “peligros” del radón, ha sido una catástrofe: nadie más les ha donado nada (10).

El resultado más extraordinario en este campo se obtuvo de manera fortuita en Taiwán. 10.000 personas que vivieron desde 1982 en departamentos donde la estructura de acero era fuertemente radioactiva debido al uso de materiales de chatarra de acero ricos en Co-60, por parte de la acería para fabricar el metal para las estructuras. Los habitantes habían recibido una dosis media de 74 mSv en 1983, dosis que fue decreciendo lentamente en años posterio-res , pero de todos modos una dosis 10 veces mayor a la dosis media de 4 mSv recibida por el resto de la población. La prensa había descubierto rápidamente algunos casos de leucemias y de malformaciones y provocado un movimiento de pánico entre la población involucrada.

Pero un estudio epidemiológico realizado por el profesor W. Chen y sus colaboradores demos-tró que el número de cánceres en la población “irradiada” era nada más que el 3% y que las malformaciones congénitas no eran más que el 6,5% de las halladas en la población Taiwa-nesa en general. Y propusieron de inmediato que se hicieran más estudios sobre los efectos profilácticos y curativos de las pequeñas dosis de radiaciones ionizantes.

La explicación propuesta es que las dosis débiles activan a los mecanismos de reparación molecular y acrecientan la resistencia de los tejidos a la inducción de tumores. A principios del siglo 20 se enviaba a pacientes a las minas (Gasteiner Heilstollen p.ej.), o a las estaciones balnearias donde la radioactividad del aire o del agua era más elevada. La obsesión por el radio se hizo general. Tho-radia era una crema de belleza con radio, la lana Oradium se aconsejaba para los bebés, Radia era una carnada radioactiva para atraer a los langostinos y cangrejos, Provadia engordaba a los animales de granja y de establo. En Japón todavía se envía a la gente enferma a la estación de Misasa donde las aguas son ricas en radón, mientras que en los Estados Unidos se cierran las escuelas en donde la concentración de radón es 1000 veces más baja. Sin embargo, las tasas de cáncer en Misasa son más bajas que en el resto de las poblaciones cercanas.

Una constante de esa clase pone en duda de manera evidente a todas las conclusiones más o menos alarmistas. Durante mucho tiempo se había creído que existía una relación lineal entre la dosis y el efecto de las radiaciones. Se dice ahora que existe un efecto hormético. El cuerpo humano se ha habituado desde el origen de los tiempos a la radiación natural y la utiliza con buen juicio. Lo que es desafortunado es que 300.000 personas fueron desplazados durante el accidente de Chernobyl basados en este principio de linealidad. Siguiendo las recomendacio-nes del ICRP se les quiso proteger de las dosis que habrían sido superiores a 1 mSv anuales. Esto es absurdo porque una dosis tal inducirá eventualmente una lesión suplementaria de cualquier célula del cuerpo humano entre las 70 millones de lesiones que son normales anualmente en el cuerpo humano .En tal caso, habría que evacuar totalmente a la población de Noruega donde la dosis anual de radiación sobrepasa los 4 mSv.

No importa que las discusiones entre los investigadores continúen. De tal modo el 'Gemein-schaftsaus-schuss Strahlenforschung', que reagrupa a muchos centros de investigación de Alemania acaba de excluir de sus cuadros a 5 colegas que publicaban de manera constante informes alarmistas sobre los casos de leucemia alrededor de las centrales nucleares, creando de tal modo angustias injustificadas entre los habitantes (12).

La Academia Nacional de Medicina de Francia va más lejos. Ella apoya a las centrales (13) nucleares. En sus consejos, ella explica esta elección para una jerarquización de las priorida-des. Según la Academia, lo más importante es evitar toda ruptura de la provisión de energía. En efecto, el riesgo más grave para la salud es la falta de energía como se ha mostrado en diversos grados el vínculo entre el estado sanitario y la dependencia energética en los países en vías de desarrollo; la importancia al mismo tiempo de la cadena de frío y de la lucha contra las temperaturas extremas. Desde esta óptica las plantas nucleares son las que tendrán impactos más débiles sobre la salud por KWh producido en comparación con las usinas eléctricas alimentadas con combustibles fósiles, las de biomasa, o las energías eólicas o fotovoltaicas.

Tratemos de resumir ahora lo que conocemos hoy sobre las consecuencias de Chernobyl

A lo largo de los años que siguieron a la catástrofe, se dieron a los medios toda clase de informaciones contradictorias difíciles de verificar. De tal modo un gran diario de Luxemburgo afirmó durante el noveno aniversario del accidente que las radiaciones habían matado a 124.000 personas. Información fantasiosa e irresponsable. Dicen ahora que las fotos de niños calvos mostradas en la televisión no provenían de Chernobyl sino de Chernotvsi, una villa al sur de Ucrania, a 450 kilómetros del “fallout” radioactivo. Estos niños fueron las desgraciadas víctimas de un envenenamiento con talio, un elemento altamente tóxico, usado como raticida y bien conocido por sus efectos sobre el sistema piloso (14)

En 1991 la Comunidad Europea publicó un informe en conjunto con la Organización Mundial de la Agricultura y Alimentos (FAO), la Agencia Internacional de Energía Atómica, la Comisión Internacional de Protección Radiológica y la Organización Mundial de la Salud (OMS) (15). Retengamos en la memoria lo que dijeron:

  1. Hubo 31 muertos entre el personal de la central.
  2. Se confirmó un diagnóstico de la irradiación aguda entre 237 personas. De exámenes más avanzados este número de redujo a 145.
  3. La mayoría de la población recibió una dosis igual a la que recibe un paciente durante una radiografía de tórax.
  4. En las regiones más severamente contaminadas, las dosis extremas recibidas durante el primer año fueron del orden de 7 a 25 mSV, y la dosis interna no sobrepasó los 10 mSv en el 90% de los casos. Se estima que son necesarios por lo menos 200 mSv para observar algún efecto sobre la salud. A estas dosis no se pueden detectar cambios en las células de la sangre.
  5. No se observó ningún aumento en las leucemias en ninguna de las 3 repúblicas ex soviéticas involucradas.
  6. El incremento previsible de enfermedades genéticas y oncológicas que podría sobrevenir a consecuencia de la radiación no pasará de algunas centésimas por ciento (0,01-0,05%)
  7. En Ucrania había 1630 mujeres embarazadas; no se observó ninguna anomalía –ni durante el desarrollo del embarazo ni durante el parto, ni en el estado de salud ni conformación de los recién nacidos.
.

Una buena cantidad de mujeres de las zonas evacuadas no recurrieron al aborto y dieron a luz niños normales. Por el contrario, en Europa Occidental, hubo un importante aumento de las interrupciones voluntarias de embarazos en los meses siguientes al accidente de Chernobyl (del orden de los 100.000), totalmente injustificados. Esta hecatombe inútil, debida al pánico generado por los medios fue infinitamente más desastrosa que todas las otras fatalidades acumuladas del accidente de Chernobyl. Sin embargo, se supo que de los 72.216 niños nacidos nueve meses después de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y que sobrevivieron médicamente, no se halló una tasa anormal de malformaciones congénitas, de mutaciones cromosómicas o de cánceres.

En general, las conclusiones de este informe de 1991 son idénticas a las de los informes soviéticos sobre el mismo asunto. Han sido confirmadas por los informes más recientes, de manera notable por los de la Conferencia Internacional organizada por la comisión federal Suiza en la ETH de Zurích, y los de la conferencia organizada en 1997 en Viena por la Agencia Internacional de la Energía Atómica y, más recientemente, en septiembre 2000 las conclusio-nes de la comisión científica de las Naciones Unidas, el UNSCEAR (Comité Científico para el Estudio de Efectos de las Radiaciones Atómicas).

Esos informes arriban igualmente a la conclusión que no hubo impactos de larga duración sobre los ecosistemas. En las inmediaciones de la central los árboles del bosque fueron “quemados” por las radiaciones, pero un regreso a la normalidad se ha iniciado en los bosques de Chernobyl. Algunas malformaciones congénitas se observaron entre probablemente los animales más irradiados en las proximidades de la zona de mayor irradiación, muy próxima de la central (500 metros) Pero actualmente las comparaciones entre las zonas particularmente contaminadas y de las regiones sin contaminar no permiten observar diferencias significativas. Esto es particularmente cierto para el buey Uran y las tres vacas, Alfa, Beta, y Gama que fueron olvidados dentro de la zona. Entre los rumiantes no se observó ningún aumento en la cantidad de nacimientos deformes. Por cierto que los metales radioactivos quedan en el suelo, pero ellos tienen la tendencia a ser transferidos a las raíces y a los tallos, y muy poco a los granos o las frutas (16).

Después que los hombres la abandonaron, la zona de exclusión se transformó en una reserva de vida silvestre. Ciertas poblaciones de animales son diez veces más numerosas que antes de 1986. Pero el reportaje de un diario de Londres de 1994 decía que “en los bosques alrede-dor de Chernobyl no canta ningún pájaro, y que loa animales nacían con horribles mutilacio-nes.” Otra de las tantas fantasías.

Los efectos del “fallout” de Chernobyl fueron estudiados, no sólo alrededor de la central, sino también en numerosos países de Europa. De tal modo los Suizos hicieron un estudio detallado de la concentración de sustancias radioactivas en los alimentos de su país después del acci-dente (17). En Hesse analizaron las concentraciones de cesio en los músculos de los animales (18). En Irlanda han seguido la concentración del mismo radionúclido en las aves migratorias que venían al país desde Ucrania (19).

Las conclusiones de todos esos estudios son las mismas: las concentraciones de sustancias radioactivas en los alimentos a causa del fallout de Chernobyl son insignificantes comparadas con la radiactividad natural. En ningún caso ellas justifican las medidas precipitadas tomadas, como las del Ministerio del Ambiente en el estado de Hesse que prohibió en 1986 el consumo de leche que emitiese más de 20 Becquereles (un nivel que es menos que el nivel natural de radioactividad presente en la leche a causa del potasio). Se podrían prohibir los vuelos en avión a causa de los rayos cósmicos.

Los efectos del fallout de Chernobyl sobre la salud humna han sido estudiados por el 'Bundes-amt für Strahlenschutz' (20). Compararon la tasa de leucemias entre los jóvenes menores de 15 años en Alemania del Norte y Alemania del Sur con los datos existentes para los años anteriores a la catástrofe de Chernobyl. Es necesario saber que el “fallout” radioactivo fue más elevado en el sur que en el norte del país, en donde se recibía una dosis anual adicional de 0,07 mSV anual. Y sin embargo, las tasas de leucemias en el sur se revelaron menores que las del norte, y también a las anteriores al accidente de 1986. Si hubo un efecto de las radiaciones sobre el número de casos de leucemia se debería de haber detectado por lo menos entre los niños nacidos al momento de la catástrofe, cuando gran cantidad de radioelementos de vida corta cayeron sobre el sur de Alemania.

Si no se detectó un aumento del número de leucemias en la región de Chernobyl (En la región de Gomal, 150 km al norte, es inferior al que existía antes del accidente), se ha notado, sin embargo, que desde 1990 un aumento de casos de cáncer de la tiroides en los niños, pero casi únicamente en Bielorrusia. El yodo radioactivo se acumula en la glándula tiroides, sobre todo por la absorción de la leche. Desde este punto de vista, los niños de corta edad son un blanco privilegiado. Se atribuyen a estos cánceres una decena de defunciones. Los investi-gadores japoneses e ingleses cuestionan, sin embargo, una ligazón entre este aumento de cánceres de la tiroides y el “fallout” de la central (21), sino que los relacionan con otros conta-minantes. No habían visto este efecto en Hiroshima, sin duda porque las bombas atómicas emiten poco yodo radioactivo. Podría ser igualmente plausible que el aumento de los casos de cáncer sean el resultado de una revisación médica más estrecha de la población.

Los medios terapéuticos actuales permiten curar la mayor parte de los cánceres de la tiroides. Los niños de la región de Chernobyl eran deficientes en yodo y después de la explosión el yodo radioactivo se acumuló en la glándula tiroides de esos niños. Es sabido que una ingestión rápida, después de una exposición a la radioactividad, de comprimidos de yodo estable no radioactivo (con el fin de saturar a la glándula tiroides e impedir la fijación del yodo radiactivo allí) había sido muy eficaz. No se la aplicó, o se hizo muy tarde, en numerosas regiones conta-minadas en Ucrania y Bielorrusia.

El estado general de salud de las personas desplazadas a la fuerza después de la catástrofe no es de los mejores. La ansiedad, el estrés, las señales de depresión con un aumento de los suicidios se ven en primer plano. Esta alteración de la salud entre las personas “desplazadas” se observa sobre todo después de las grandes catástrofes naturales o las guerras. Ello se agravó en Chernobyl por la inquietud generada por los riesgos incurridos. El sistema de com-pensación para los reubicados agravó igualmente la situación. Porque contribuyó a enfermar-los en "status pasivo", pero a veces interesante, de “víctimas de Chernobyl”. Por lo tanto, las autoridades no se opusieron al retorno de las personas ancianas a la zona prohibida porque su estado de salud mejoraba cuando regresaban a sus hogares.

Se dice que los «liquidadores» (así llamados por los rusos) del sitio de Chernobyl desapare-cieron en las regiones de origen sin que se les pueda encontrar para hacer un seguimiento médico. Se trata de unas 600.000 a 800.000 personas, a menudo jóvenes, esencialmente hombres del contingente que trabajaron en el sitio en los días y meses que siguieron al accidente.

Mientras tanto, las ventajas sociales y económicas que beneficiaron a las víctimas de Chernobyl les motivaron para darse a conocer por las autoridades, lo que ha permitido recuperarlas.

Por consiguiente, muchos investigadores se interesaron por las consecuencias de Chernobyl e investigan activamente a las personas que fueron expuestas a las radiaciones que siguieron al accidente. De tal manera, en el equipo del CRHER (International Consortium for Research on the Health Effects of Radiation), los investigadores americanos y rusos colabora en este res-pecto y han elegido a una cohorte de 750 liquidadores de la región de Oblast para hacerles un seguimiento médico detallado a lo largo de los años (22).

Los inmigrantes rusos provenientes de la región de Chernobyl o los que trabajaron sobre el sitio son igualmente invitados a mostrarse a las autoridades americanas para poder participar de un programa de seguimiento médico y de investigación. De tal modo, 500.000 judíos sovié-ticos emigraron a Israel desde 1986. Más de la mitad provenían de Bielorrusia y de Ucrania. Se les propuso también participar de los programas de investigación sobre las consecuencias de las radiaciones (23).

Resulta asombroso por otra parte, que no se hayan estudiado las consecuencias sobre la salud humana del complejo nuclear de Osjorsk, al sur de los Urales. Durante años este lugar ha pro-ducido plutonio para el arsenal ruso de bombas atómicas. Los alrededores han sido contami-nados por el “fallout” radioactivo y en 1957 por una gigantesca explosión, mucho más impor-tante que la de Chernobyl, en donde 1000 personas murieron y se evacuaron a poblaciones enteras. Esto sería a consecuencia, sobre todo, de las aguas de superficie que estuvieron contaminadas por el estroncio radioactivo (24).

El accidente de Chernobyl es atribuido a la negligencia de los rusos. Es difícil que no se hable del accidente de Three Mile Island de 1979 donde el núcleo de un reactor americano se fundió, emitiendo millones de curies de radioactividad. Pero, sin embargo, 20 años más tarde, no se ha podido encontrar un números de casos de cáncer superior a la normal. (25)

Una de las consecuencias positivas de la catástrofe de Chernobyl es que en muchos países las centrales nucleares fueron forzadas a ser más transparentes. Así, por ejemplo, en Francia el EDF y la COGEMA desde diciembre 1986 informaron al público de los incidentes y de los desperfectos. Otra consecuencia es que se aumentó la seguridad de las centrales existentes. Chernobyl nos enseñó una lección muy ruda sobre los peligros de diseño y fabricación barata, de organizaciones zaparrastrosas y de revisaciones permisivas.

Más precisamente, a continuación de las acusaciones de Greenpeace de que las centrales nucleares podrían ser el próximo blanco de los terroristas, los vecinos de las centrales han sido nuevamente presas del miedo. Pero el cálculo de los ingenieros de la Vereinigung Deutsches Ingenieure (VDI) demostraron que ni una avión de caza, ni un Jumbo jet civil pueden perforar la carcaza de concreto y acero de una central nuclear moderna.

No nos podemos permitir un segundo Chernobyl. Los daños psicológicos, sociales y económicos son gigantescos para la población afectada.


Pierre Lutgen
Doctor en Ciencias
Luxemburgo

Notas

(a) Un estudio Noruego reciente muestra que entre 3.701 pilotos la tasa de cáncer no es más elevada que la media. Scan. J. Work. Envir. Health 26, 106, 2000.

Referencias

  1. T.Snape, Revue Technique, 4, 175,1995.
  2. P.Doyle, Lancet, 356, 1293,2000.
  3. V.L. Adamovitch, Conférence de Radiobiologie, Briansk,février 1991.
  4. A.Bultmann et al., Käufliche Wissenschaft, Knaur, 1994.
  5. J.P.Buchet et al., Chimie Nouvelle, 13,1523,1995.
  6. B.L.Cohen, Health Physics, 65-5, 529.1993.
  7. A.Auvinen, Journal of the National Cancer Institute, 88, 966, 1996.
  8. Des études allemandes récentes prétendent cependant à une relation linéaire entre concentration du radon et cancer du poumon.
  9. A Franke et al., Rheutmatology(Oxford) 39, 894, 2000.
  10. Heinz Rubeck, www.cu.lu, 2004.
  11. R.Bate, What Risk, Butterworth and Heinemann, 1997.
  12. Frankfurter Allgemeine Zeitung, 15 April 1997.
  13. Colloque choix énergétiques et santé . 25 juin 2003
  14. Cl.Ronneau, Energie,Pollution,Environnement, Ed.De Boeck Université.
  15. The International Chernobyl Project : Technical Report.
  16. V.Matsko et al., Naturw.Rundschau 49-5,169,1996.
  17. B.Zimmerli et al, Mitt.Gebiete.Lebensm.Hyg., 80, 387,1989.
  18. H.Brunn et al., Bull.Env.Contam.Toxicol., 51,633,1993.
  19. J.Pearce, Bull.Envir.Contam.Toxicol., 54,805,1995.
  20. W.Burkhart et al., Nature 387,246,1997.
  21. V.Beral et al., Nature, 359, 3 october 1992.
  22. http://cccr.bcm.tmc.edu/peterson.icrher/news/
  23. http://radefx.bcm.tcm.edu/usacir/bcm-cr.htm
  24. Frankfurter Allgemeine Zeitung, 6.8.1997.
  25. G.K.Tokuhata, in Phantom risk, MIT Press.


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