Hora de Córdoba
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Energía atómica en Argentina:
El nuevo capítulo nuclear

Fuente: www.defdigital.com.ar y Estrucplan.com:

El reciente anuncio de la reactivación nuclear en el país pone nuevamente en el centro de la escena esta fuente de energía que había sido abandonada durante los años 90. La finalización de Atucha II y la posible construcción de una cuarta central son los puntos centrales de un ambicioso plan lanzado por el Gobierno nacional. Darío Jinchuk, de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), explica los alcances de estas medidas.



La generación masiva de energía nucleoeléctrica y la aplicación de la tecnología nuclear a los campos de la salud pública y la industria son los dos objetivos que el ministro de Planificación, Julio De Vido, anunció durante el lanzamiento del nuevo plan de reactivación del sector. Entre las medidas concretas del programa figuran: el reinicio formal de la construcción de la central Atucha II, la extensión de la vida útil de la central de Embalse, los estudios de factibilidad para la construcción de una cuarta central nuclear, la puesta en marcha de la planta de producción de agua pesada de Arroyito y la reanudación de las actividades de enriquecimiento de uranio en el complejo tecnológico Pilcaniyeu. En el ámbito de la salud pública, a fines de este año será inaugurado en el Hospital Roffo el Centro de Diagnóstico por Imágenes más moderno de Sudamérica, al tiempo que se entregarán en forma gratuita a distintos hospitales públicos radioisótopos de uso terapéutico producidos por el Centro Atómico Ezeiza.

Darío Jinchuk, jefe del Departamento de Relaciones Internacionales de la Comisión Nacional de Energía Ató-mica (CNEA), recuerda que el sector nuclear sufrió un virtual abandono a partir de comienzos de los 90 y observa con expectativa los anuncios que hizo el Gobierno en los últimos días. En diálogo con DEF, aborda los mayores problemas que enfrentó el sector y los principales aspectos del nuevo programa.

La década perdida

¿Cuál es su primera impresión sobre el nuevo plan de reactivación nuclear?

Como hombre del sector nuclear, estoy muy contento con este plan. Desde hace 15 años venimos tratando de que todos los secretarios de Energía le den mayor importancia a la energía nuclear. Por suerte, este Gobierno ha asumido un compromiso con el sector que ahora se ve reflejado en los últimos anuncios.

¿Desde cuándo no se invertía en el área?

Las inversiones fueron mínimas. Diría que en los últimos veinte años el sector ha estado descuidado. Tan es así que la construcción de la Central Atucha II se paró en 1994 y desde entonces la única inversión que se hacía estaba destinada al mantenimiento de los equipos que estaban allí. Por supuesto, había inversión en las plantas que estaban en funcionamiento y eso no se descuidó. Sin embargo, si hablamos de inversiones de fondo para ampliar la capacidad, prácticamente en los últimos veinte años fueron dejadas de lado.

¿A qué obedece este abandono de las inversiones y la planificación en el sector?

La política de los años 90 consistió en desregular el mercado eléctrico y dejar en manos de los privados todo lo relacionado con la inversión en generación, transmisión y distribución de la energía eléctrica. Atucha II es un proyecto financiado por el Gobierno. Entonces, cuando se desreguló el mercado eléctrico, no hubo inversiones ni privatizaciones en el sector nuclear. Cuando el Estado dejó de invertir, se paró Atucha II.

Y ahí estamos con inconvenientes energéticos…

Por eso nosotros veníamos tratando con cuanto secretario de Energía hubo del 90 para acá, golpeándoles la puerta, explicándoles la importancia de diversificar la matriz energética y advirtiéndoles la importancia de no recostarse en un único suministro, como puede haber sido el del gas o el hidráulico, porque fatalmente uno de ellos va a fallar. Le pasó a Brasil con la hidroelectricidad. Le pasó a Estados Unidos en California con el gas y también con la hidráulica. Los recursos que son fósiles o dependen del clima no son 100 por ciento confiables. De ahí que la mejor opción sea diversificar la matriz energética, tener varias opciones. Si falla una, tenemos la otra de respaldo.

Un ambicioso programa El Gobierno habla de 3.500 millones de dólares, una inversión importante que, según se recalcó especialmente, es con fines pacíficos. ¿En qué se va a usar esto?

Todo el programa nuclear argentino, desde sus inicios en la década del 50 hasta ahora, estuvo siempre dedicado a usos pacíficos. Usos pacíficos en la energía nuclear significa básicamente producir electricidad, hacer investigación y desarrollo, y aplicaciones en salud e industria. En este caso lo que se refuerza es la parte de generación eléctrica, con el proyecto Atucha II, pero también hay usos vinculados a la salud y a la exportación de tecnología. En el campo de la salud, por ejemplo, se va a construir un centro de medicina nuclear de última generación en el Hospital Roffo, que va a estar abierto al público general y será adminis-trado por el Estado. También se va a proveer de radioisótopos gratuitos a ciertos hospitales públicos para que la gente sin recursos pueda tener acceso a los beneficios del diagnóstico de la medicina nuclear.

¿Se aumentará la provisión o se empezará a proveerlos?

La CNEA produce los radioisótopos en centros en Buenos Aires y los distribuye a través de dos empresas privadas (BACOM y Termonuclear) a título oneroso. Todos pagan estos radioisótopos. La novedad ahora, con el anuncio del Gobierno, es que hemos llegado a un acuerdo -con el Ministerio de Salud y estas dos empresas- para que a los hospitales públicos se les ofrezcan gratuitamente y, a su vez, ellos los trasladen gratuitamente al público.

¿Cuáles son los otros puntos que sobresalen en el nuevo plan?

En el área de energía en general, además de retomar la construcción de Atucha II, también se va a exten-der la vida útil de la Central Nuclear Embalse, que por diseño debería terminar su actividad hacia el 2015 o 2018, pero cambiándole algunos componentes puede extenderse hasta 25 años más. También se va a invertir en la construcción de un prototipo de un reactor de pequeña potencia, de diseño íntegramente argentino, con la idea de exportar ese reactor al mundo. Hoy en día venimos exportando reactores de investigación, combustibles y radioisótopos. Éste sería un nicho más que esperamos poder ocupar y una herramienta más para ingreso de divisas de alto valor agregado al país.

¿Este plan también incluye la planta de Arroyito?

La planta de Arroyito es una planta de agua pesada que está en funcionamiento desde hace 10 o 12 años. Lo que sucedía con ella es que su capacidad es de unas 200 toneladas por año y el consumo interno hasta ahora era de solamente el de reposición de Atucha I y Embalse, y exportábamos el agua pesada a Canadá y Corea. Hasta este momento venía funcionando esporádicamente para satisfacer estas pocas necesidades internas y la exportación que nos requerían. Ahora, con el reinicio de Atucha II, esta nueva central reque-rirá de 600 toneladas de agua pesada. Por lo tanto, se van a poner en funcionamiento las dos líneas de la planta, que estarán en marcha permanentemente por lo menos durante los próximos cuatro años para abastecer a Atucha II.

¿En qué plazos y con cuáles prioridades serán utilizados estos 3.500 millones de dólares que se anunciaron?

La mayor parte de esa inversión, unos 600 millones de dólares, va a ser destinada a la terminación de Atu-cha II. Se estima que una cuarta planta (en estudio) podría costar unos 2.000 millones de dólares. Hay entre 400 y 500 millones para hacer una extensión de vida de la central Embalse, otros 200 millones para el agua pesada de Atucha II e inversiones en salud y desarrollo del reactor que vamos a exportar. Se estima que será un horizonte de diez a doce años.

Presiones y objeciones

¿Pueden llegar a existir presiones desde EEUU como las que en algún momento pesaron sobre la Argentina?

Un punto del plan que se anunció es el reinicio del enriquecimiento de uranio en la planta que tenemos en Pilcaniyeu. Argentina desarrolló el enriquecimiento de uranio en 1983, fue un anuncio público y, a partir de ese momento, esas instalaciones están sometidas a la inspección de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). A mediados de los 90 las operaciones de esa planta fueron paralizadas por razones económicas, ya que entonces era más rentable comprar el uranio enriquecido afuera. Ahora, con el precio del uranio que se ha quintuplicado en los últimos tres años, se hace nuevamente rentable poner en marcha esa planta, sobre todo para satisfacer los compromisos de exportación del combustible, por ejemplo a Australia donde inauguramos un reactor hace poco. Así las cosas, esperamos que no haya presiones porque es una instalación sometida a inspecciones internacionales y tenemos incluso un acuerdo de inspecciones mutuas con Brasil. Mientras el programa sea transparente, el país haya firmado todos los regímenes de no proliferación (como es nuestro caso) y las actividades se desarrollen a la luz del mundo, no creemos que haya ningún problema o presión.

Existen cuestionamiento de algunos sectores que sostienen que la energía atómica es contami-nante.

Toda actividad industrial, de alguna manera, contamina. ¿Dónde van a parar los residuos producto de la quema de combustibles fósiles? Fueron a parar al medio ambiente, un sumidero infinito, con los consiguien-tes problemas de lluvia ácida, efecto invernadero, calentamiento global, etc. En el caso de la energía nuclear, ésta no contribuye al calentamiento global, ya que no emite dióxido de carbono (CO2). Tan es así que muchos de los fundadores de estas ONGs ambientalistas hoy en día son fervientes defensores de la energía nuclear. A diferencia de otras industrias que dispersan sus residuos en el agua o en el aire, en el caso de la energía nuclear se confinan por un tiempo necesario, según sean residuos de alta, media o baja intensidad, para ser tratados a posteriori como cualquier otro residuo industrial, lo que los convierte en inocuos para el medio ambiente y el ser humano.


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