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Más Campaña Anti-Argentina de Greenpeace

por Eduardo Ferreyra
(6 de abril, 2004)

Resulta sintomático que Greenpeace hay traído a la Argentina su “Crucero del Amor” para protestar contra la posibilidad de que el gobierno decida continuar la construcción de Atucha II.

La manera en que los gobiernos Argentinos han venido conduciendo la política energética del país ha demostrado ser poco menos que desastrosa. Los avances que se habían logrado en la capacitación de técnicos prácticamente se ha perdido, y cientos de muy valiosos técnicos y científicos nucleares han emigrado a tierras donde su talento es más apreciado y mejor remunerado. Es que poco puede hacer cualquier sentimiento patriótico cuando se contempla la manera impune en que se ha ido desmantelando lo que tantos años de esfuerzos costó construir.

Pero tarde o temprano la realidad tenía que mostrar su feo rostro, y la crisis energética está finalmente con nosotros – y con muchas probabilidades de asentarse por largos y muy penosos años. Después de que se malversó y se entregó inicuamente el patrimonio mineral Argentino durante el gobierno del turco innombrable, época en la que se instalaron más de 20 compañías mineras para explotar el oro en Santa Cruz, con la connivencia del entonces gobernador Kirchner; se entregó el Bajo de la Alumbrera a los intereses alemanes; y se enajenó la riqueza petrolera a manos de Repsol, Esso, Shell, Haliburton, y otras multinacionales, no resulta para nada extraño que hoy el pueblo Argentino deba pagar los precios más altos por sus combustibles, si se tiene en cuenta el valor adquisitivo de la población.

En marzo de 2004 se le anunció al país que en el próximo invierno deberá enfrentar cortes de energía, falta de gas y combustibles, y que además, deberá pagar más por ello. Mientras tanto, los pagos de la deuda externa se siguen cumpliendo religiosamente, aunque con declaraciones y bravatas que son más “pour la gallerie” que para ser cumplidas. La gente, pobrecita, se lo cree.

Entonces se pensó que para obtener más energía eléctrica, para una reactivación industrial más hipotética que real, sería conveniente terminar de una vez por todas con la central nuclear Atucha II, que lleva ya unos 20 años de retraso. Gobiernos eficientes los nuestros.

Pero esta muy lógica idea es algo que el ecologismo geopolítico no puede permitir de ninguna manera. Rápidas órdenes se cursaron y el “Crucero del Amor” - perdón, el “Arctic Sunrise”, barquito de la flota de Greenpeace, se despidió de los canales del sur de Chile, y se presentó en el Río Paraná. Había sido enviado a las regiones polares para “enfriar” el escándalo ocurrido en el Río Amazonas en diciembre del 2003, cuando una de sus tripulantes, la inglesa Emily Craddock, se suicidó arrojándose por la borda a las fauces de las pirañas, después de enterarse que su ardiente amante, el Brasileño guardia de seguridad del Crucero del Amor, José Gomes Ferreira, era casado y con 2 hijos. Podrá leerse lo ocurrido haciendo clic en este link, cosa que ya relatamos a principios del mes de enero pasado.

El Crucero del Amor se hizo presente frente a la central nuclear de Atucha y sus tripulantes, dejando de lado por unos instantes sus cajas de cerveza y cachaça brasileña, realizaron una de sus ya clásicas representaciones teatrales, con sus monstruitos de “papier mache” y sus botes Zodiac MK-IV anaranjados. Por supuesto, todo convenientemente filmado por las cámaras de la televisión Argentina, de modo especial por las de su muy generosamente patrocinada TN Noticias, de Canal 13.

Anécdotas aparte. El tema es más serio de lo que parece. Se complementa con una declaración y parte de prensa del grupo RENACE, (Red Nacional de Acción Ecologista de la Argentina), integrado entre otros, por la FUNAM de Córdoba, Mach Sepa, Bio Argentina, donde expresan: “La postura de la RED NACIONAL DE ACCION ECOLOGISTA de la Argentina es totalmente adversa a la terminación de Atucha II”.

Es sabido que esta agrupación también está opuesta al desarrollo y progreso de la Argentina, país que les da generosos albergue, y le permite accionar en contra de los intereses de la nación y de su población. Paradojas y contradicciones de la democracia.

Absurdos y Sinsentidos

En su comunicado, RENACE enumera una serie de argumentos que no resisten el más simple de los análisis científicos. Se trata de una pieza panfletaria de carácter totalmente político, pero que resulta creíble para quienes creen que esta gente que colabora muy activamente con Greenpeace, “quiere salvar al planeta”, y “cuidar al ambiente”.

Se cuidan muy bien RENACE y Greenpeace de decirle a la gente que las plantas nucleares son la mayor fuente mundial de energía limpia, libre de emisiones nocivas. No producen contaminantes como azufre, o partículas, o gases de invernadero. Al revés que las demás fuentes de energía, la energía nuclear ayuda a mantener al aire limpio y reduce la formación de lluvia ácida. Pero, ¿cuán seguras son las centrales ante ataques terroristas?

Una de las razones pretendidamente “científica” que enumeran para oponerse a la central de Atucha II es la de un ataque terrorista al estilo de las Torres Gemelas de Nueva York, dando una serie de datos sobre el impacto de una Airbus 380 contra el edificio del reactor. No dicen cuál sería la razón para un ataque terrorista de esa naturaleza en Argentina, habiendo tantas otras centrales nucleares en países en donde el ataque terrorista podría tener más sentido, es decir, contra Estados Unidos, España, Inglaterra, Alemania, o Francia, que apoyaron la guerra contra Irak. Pero el aspecto técnico ha sido exagerado y llevado a proporciones catastróficas. Dicen: “… la nave penetraría con una probabilidad del 100% paredes de cemento de 30,48 cm y 45,72 cm de espesor…”

Las estructuras de los edificios contenedores están hechas de concreto reforzado de
entre 1 y 2 metros de espesor. Estas paredes pueden soportar una increíble cantidad de fuerzas. Aún si los componentes pesados de un avión (los motores) resquebrajasen el edificio, existe todavía otra barrera de concreto reforzado alrededor del núcleo del reactor. El riesgo total de un gran daño y una liberación a gran escala de radiación como consecuencia de un ataque semejante es muy bajo.

¿Qué hay de ataques terroristas más convencionales? ¿Cuán seguras son las centrales contra “camiones-bombas” e invasión de terroristas escalando las alambradas? La Comisión Internacional Reguladora Nuclear ha desarrollado programas que contemplan estas posibilidades y obliga a las centrales de todo el mundo a ponerlas en práctica y a entrenar a su personal para evitar estas posibilidades – o minimizar sus consecuencias. En los ejercicios realizados durante los llamados OSRES (Operational Safeguards Response Evaluations), o Evaluación de Respuestas de Seguridad Operacional, los grupos terroristas simulados tienen un completo conocimiento de las defensas de la planta y un conocimiento perfecto del diseño de las instalaciones y del equipo necesario para atacar y provocar el mayor daño posible.

Aún con el más completo conocimiento del campo, las “fuerzas terroristas” sólo llegaron al blanco el 15% de las veces, en 9 de 59 ejercicios en 15 OSRES llevados a cabo entre abril del 200 y agosto del 2001. Alcanzar el blanco no equivale a dañar al núcleo del reactor, y los operadores de la planta pudieron recobrar el control de la planta sin haberse producido liberación de radioactividad e la atmósfera. Como se demostró en el accidente de Three Mile Island en 1989, el daño al núcleo no equivale a un desastre radiológico – sobre todo considerando la experiencia obtenida durante el ataque en la década del 60 de la aviación Israelí al reactor que tenía Irak, donde la planta quedó destruida pero no se liberó radioactividad al ambiente.

De Premios Nobel Que Poco Saben


Más adelante, RENACE comete la simpleza de citar a un Premio Nobel en apoyo de su tesis enfermiza sobre la radioactividad:
“George Wald, el premio Nobel, señalaba que "toda dosis es una sobredosis". Pero no le dicen a la gente que George Wald recibió el premio en Fisiología en 1967, compartido con Ragnar Granit y Haldan K. Hartline, por sus notables trabajos que llevaron al descubrimiento de “la manera en que el ojo ve y pasa su información visual al cerebro.” Fue el Dr. Wald quien identificó primero a la vitamina A en la retina, y ello parece convertirlo en autoridad para decir que “toda dosis es una sobredosis”, saltando por encima de miles de estudios científicos que demuestran exactamente lo contrario: pequeñas dosis de radiación son altamente beneficiosas para la salud, y potencian al sistema inmunológico, lo que llevó al UNSCEAR, (Comité Científico de las Naciones Unidas sobre el Efecto de las Radiaciones Atómicas) a publicar los resultados de 12 años de investigación sobre el tema en una declaración que dice textualmente:
«Las radiaciones ionizantes de bajo nivel son inmensamente beneficiosas para la salud de los seres humanos y animales al provocar efectos estimulatorios a niveles bioquímicos, celulares y orgánicos, conduciendo a un aumento de la inmunidad contra cánceres y enfermedades infecciosas, y un incremento de la longevidad y la fertilidad.» Lo cual contradice totalmente la postura de RENACE y Greenpeace sobre la peligrosidad de las bajas dosis de radiación. Pero, me pregunto ¿Cuántas veces RENACE, FUNAM o Greenpeace han demostrado basar sus campañas en ciencia dura y hechos comprobados?

La Conexión Montonera

En su parte final, RENACE respira por la herida y se le escapa:
“La industria nuclear, nacida y desarrollada de la mano de la industria bélica, ha sido tal como la Revolución Verde, un espejismo proyectado por grupos de poder, que cae a pedazos desde 1986.”

”Atucha II formaba parte del Plan Nuclear Argentino, creado bajo el mando de Jorge Rafael Videla, consistente en 6 centrales nucleares de potencia, una planta de reprocesamiento de residuos nucleares, un basurero nuclear, y varias instalaciones complementarias.”

”El plan fue haciendose pedazos a lo largo de los años de evidencia del impacto feroz de la energia nuclear en el ambiente y las personas.”

RENACE, FUNAM, Greenpeace et al., se pronuncian en contra de la Revolución Verde, que permitió que la agricultura moderna pudiese alimentar cada vez a mayor cantidad de personas con menor extensión de tierras sembradas, y a costos menores. Pero en la Religión Maltusiana de esta gente eso es un pecado imperdonable. Permitir que más gente viva sobre el planeta - en vez de eliminarla como el cáncer que dicen que es la humanidad –es algo que va en contra del Dogma Ecologista.

El plan Nuclear Argentino nace hacia 1947 cuando Richter le dice a Perón que puede fabricar una bomba atómica, y consigue que le instalen un laboratorio completo en la isla Huemul, en el Lago Nahuel Huapi. Afortunadamente, el fraude duró poco y muy rápidamente la Isla Huemul dio paso a la formación del
Instituto Balseiro, orgullo de la ciencia Argentina, donde se han capacitado innumerables y brillantes técnicos – no sólo en física nuclear, sino en tecnología de superconductores y diversos campos de la física.

El Plan Nuclear fue haciéndose pedazos por
la falta de capacidad de los gobiernos de Alfonsín, de Menem y de los que le siguieron, para ver la manera en que fueron manipulados por los países grandes para detener el incipiente desarrollo tecnológico, nuclear y aeroespacial que se había alcanzado en tan breve tiempo. Los competidores no son bienvenidos en ninguna parte del mundo – sobre todo si demuestran ser muy buenos.

Ahora estamos casi a fojas cero, el petróleo nacional totalmente en manos extranjeras, con una crisis energética que vino para quedarse, y Greenpeace haciendo campaña junto a otros supuestamente “Argentinos”, recaudando dinero de los Argentinos, para detener el progreso de los Argentinos. Hay gente que tiene vocación suicida.

El Gran Escenario

¿Pero cuál es el interés que podría Greenpeace tener en mantener a la Argentina, a Brasil y al resto de Latinoamérica en su condición de países dependientes y proveedores de materia prima barata para las metrópolis Europeas? Aparte de las evidentes conveniencias para los países de la Unión Europea (UE) que esta situación se siga manteniendo, el tema está profundamente ligado al fraude del calentamiento global y sus implicancias económicas.

Aunque a los países en vías de involución en su desarrollo (como Argentina y otros de América Latina) nos duela reconocerlo, Estados Unidos es y seguirá siendo – para desgracia de muchos y beneficio de unos pocos – la potencia militar y económica más poderosa del planeta, y seguirá ejerciendo su influencia sobre los demás países por más que intenten oponerse.

El tema del “calentamiento global” vino como anillo al dedo para las intenciones de los europeos de quitarle competitividad industrial y comercial al gigante americano. Y quizás resultaría conveniente a los latinoamericanos darles una mano a los europeos para provocar una quiebra de la economía estadounidense – si no fuese que el remedio resultará peor que la enfermedad. Todo comienza en la década de los 80, cuando se inician los preparativos para la ya famosa
Cumbre Ecologista de la Tierra, o Río 92, como se la conoce hoy.

En esa reunión preparada y presidida por el acérrimo hiperecologista Maurice Strong, y la ayuda de cientos de ONGs ecologistas inspiradas por la ideología difundida por el
Club de Roma en su manifiesto político “Límites al Crecimiento”, se plantean las bases de acción para una reducción de la actividad industrial en todo el mundo, aunque ello signifique provocar un desempleo espantoso, expansión de la pobreza a escala nunca antes conocida, y la consecuente pérdida de vidas humanas causadas por el inevitable avance de las pestes y enfermedades que la ruina de las naciones trae consigo.

Una parte importante de este plan ya se había logrado con la prohibición del DDT y la seguridad de que la malaria comenzaría a cosechar vidas humanas a mansalva. Las estadísticas lo habían demostrado ya a fines de los años 70, y para principios de los 90, el avance de la malaria se había hecho incontenible, y devastador. Para seguir dándole forma al plan Maltusiano de erradicar a la mayor parte de la especie humana de la faz del planeta, había que convencer al mundo que era necesario
“suicidarse para poder sobrevivir”. Mejor dicho, había que practicar una “limpieza eugenésica” de los menos aptos (pueblos de pieles más oscuras) en beneficio de aquellos pueblos más rubios y de mayor cultura. Es la base de la filosofía Nazi de Adolfo Hitler y de quienes le llevaron al poder en la década del 20. No debe extrañarnos que en la década del 20 y 30, la Sociedad Eugenésica Alemana, trabajara codo a codo con la Sociedad Eugenésica de EEUU y la Real Sociedad Eugenésica de Gran Bretaña – y que los contactos se mantuviesen activos aún durante plena Segunda Guerra Mundial.

Por desgracia, la política de guerra de Roosevelt, en franca oposición a la de Churchill, permitió que Rusia sobreviviera al ataque Alemán y se convirtiera en la posguerra en la segunda potencia militar del mundo. La guerra fría y los procesos políticos posteriores demostraron que el “sueño proletario” no pasaba de ser eso, un sueño, y el derrumbe del Imperio Soviético dejó a los Estados Unidos como la potencia hegemónica. Sin embargo, esto poco le preocupaba a Gran Bretaña, dado que tenía controlada a la política exterior (e interior) de sus viejas colonias mediante sus “topos infiltrados” en el Departamento de Estado - Henry Kissinger et al., quienes fueron recompensados más tarde con el título de “Sir”.

Pero la política económica de la “Dama de Hierro”, Margaret Thatcher trajo ruina y desempleo a la Gran Bretaña, y la realidad pedía que se iniciara otro curso de acción para frenar al gigante de América. La salud y fortaleza de la economía de cualquier país reside en su industria, y la disponibilidad que tenga de materias primas para producir manufacturas para abastecer al mercado interno y para exportar a quienes carecen de industria y tecnología. Por ello, el talón de Aquiles de los Estados Unidos era su enorme capacidad de producir y exportar, cambiando sus productos y tecnologías por materias primas baratas de los países menos afortunados. Por supuesto, el intercambio era siempre deficitario para los pobres, y de esa manera sus deudas externas fueron creciendo exponencialmente hasta hacerse impagables.

Los países ricos crearon al
Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional con ese preciso objetivo: prestar dinero y hacer que ese dinero no se pudiese devolver jamás, haciendo “quitas” y “concesiones” a cambio de imponer políticas económicas que impidiesen o limitasen la industrialización de esos países. Era necesario mantenerlos en su condición de proveedores de materia prima barata y compradores de tecnologías obsoletas y caras. De eso, Argentinos y Latinoamericanos sabemos demasiado.

El Cascabel al Gato

Pero, ¿cómo se consigue quebrar a la economía más fuerte del mundo, que además consigue comprar las materias primas más baratas, y si no las consigue por las buenas, aplica su tradicional “política del cañonera” que tan buenos resultados le ha producido desde fines del siglo 19? La única manera es atacar a su generación de energía, hacer que se reduzca lo suficiente o se haga tan cara que sus productos queden fuera de competencia en los mercados internacionales. La primera parte de este plan se consiguió al aterrorizar a la población norteamericana con los efectos devastadores que tiene la radioactividad sobre la gente. Se hicieron grandes campañas en contra de la instalación de nuevas reactores nucleares para producir electricidad barata, impulsadas por la Union of Concernd Scientists (UCS), Ralph Nader, y muchas ONGs ecologistas más. La generación eléctrica en los EEUU se volcó a las usinas que queman carbón de piedra, recurso abundante en el país, y derivados del petróleo, del que EEUU tiene abundantes reservas y, sobre todo, acceso barato en fuentes de otros países sometidos a sus acuerdos comerciales.

El cascabel que había que ponerle al gato era la emisión de
“gases de invernadero”, que calentarían al planeta de manera catastrófica si no se reducían drásticamente. Para convencer a la gente común primero, y a través de ella a sus representantes en el Congreso después, se recurrió a la acción combinada de “partes de prensa” sobre estudios sin verificación, basados en hipótesis no demostradas, que profetizaban las peores catástrofes para la humanidad. Miles de”científicos” que llevaban vidas aburridas en sus universidades, y magros sueldos a sus hogares, fueron invitados a tomar parte de este proyecto de darle vida a un fraude científico descomunal.

Ya habían tenido éxito al respecto con tros fraudes similares, como el DDT y la capa de ozono, y se había comprobado que la capacidad del pueblo de creer en la infalibilidad de los “científicos” era ilimitada. Tanto la gente como los políticos tenían – aún tienen - el convencimiento de que los científicos tienen la capacidad de proporcionar soluciones acertadas a cualquier problema que se presente, y que sus consejos y advertencias tienen que ser seguidos al pie de la letra. Este aspecto de la cuestión la abordé ya en 1992, cuando comencé a escribir mi libro Ecología: Mitos y Fraudes, y decía en la introducción al mismo:

“Una de las más profundas obligaciones de los científicos es suministrar información fáctica sobre los hechos de la ciencia básica, la tecnología, el ambiente y la salud humana ­ y hacerlo de una manera que pueda ser entendida por el público en general y, sobre todo, por aquellos que están encargados de diseñar las políticas que afectarán a los millones de habitantes de cualquier nación.”

“Sin embargo, hay un numeroso grupo de científicos que han decidido ignorar esta obligación y aceptar, en su lugar, la fama y el fácil reconocimiento que otorga la prensa a los anuncios y profecías catastróficas. Esta peculiar clase de científicos ­ en realidad una modesta minoría ­ ha conseguido, sin embargo atraer una desmedida atención sobre insistentes problemas e inminentes catástrofes que supuestamente amenazarían a la humanidad con una inevitable extinción. Cuando reina la ignorancia, el asunto puede ser fácilmente convertido en miedo, a veces en pánico, y se transforma en situaciones que son hábilmente aprovechadas por una legión de extremistas ecológicos, periodistas sensacionalistas, científicos ávidos de "prensa y cámara", políticos "visionarios", burócratas hambrientos de poder, empresarios corruptos, y rapaces abogados. ¿Quiénes pierden?
Todos perdemos.

“Perdemos cuando los científicos no buscan más a la verdad sino que procuran la celebridad de los medios de prensa ­ y con ella el dinero que los gobiernos invierten en investigación ­ haciendo afirmaciones que no pueden ser verificadas. Todos perdemos, la sociedad entera pierde, cuando los periodistas dejan de informar la verdad para contar solamente "mentiras nobles".

“Perdemos todos ­ y seguiremos perdiendo ­ mientras sigamos permitiendo que la verdad científica sea reemplazada por el más puro charlatanismo ­ cuando no lo es por el fraude científico más escandaloso. Por ello es que este libro presenta la información científica que le permitirá a cualquier persona formarse una opinión bastante acertada sobre una cantidad de temas relacionados con la ecología y la salud, y tomar decisiones basadas en hechos científicos concretos y comprobables. A menudo, los científicos, industriales y políticos toman posiciones enfrentadas en lo relativo a las políticas que se refieren a las prohibiciones de orden público.”

“Los políticos creen que una simple conclusión científica de "es bueno" o "es malo" es suficiente requisito para promulgar prohibiciones que resultarán costosas para la industria y para el público en general. Por su parte, los científicos creen casi siempre que están en condiciones de proporcionar esas conclusiones. Sin embargo, cualquier asunto científico que tenga algo que ver con el mundo real, es con frecuencia imposible de simplificar hasta el punto de ofrecer ­ sin sombras de dudas ­ las respuestas simples y rápidas,
y al mismo tiempo confiables, que exigen los políticos sin saber que, en ciencia, nada es totalmente negro o totalmente blanco.”

Cuando una mentira se repite las veces necesarias termina por convertirse en verdad aceptada. Esa es una verdad que por más que se la repita jamás se convertirá en mentira. Y tantas veces la prensa mundial ha repetido la mentira del calentamiento catastrófico inducido por el ser humano, que la gente común, aquella que sólo sabe de fútbol o de llevar chicos al colegio, ha terminado por creerla. Sin embargo, hay mucha gente que sabe que se trata de una mentira, pero que es una mentira de una utilidad increíble para sus fines. Los ecologistas y los políticos de la Unión Europea. Poca gente se ha hecho la pregunta de ¿Por qué los políticos europeos han votado de manera unánime la adhesión de sus países al protocolo de Kyoto, mientras que los políticos de los Estados Unidos han votado – también unánimemente – en contra del nefasto Protocolo? ¿Por qué esta abismal diferencia de opinión? ¿Son los políticos europeos más versados en ciencia climática que los políticos norteamericanos?

Repasemos la historia: después de que el Informe 1995 del IPCC afirmó que “el balance de evidencia” apoyaba la idea de “la discernible influencia humana sobre el clima”, la próxima Conferencia de las Partes (COP) en Ginebra marcó un hito: el enviado de Bill Clinton y Al Gore, Thimoty Wirht, Subsecretario de Estado, expresó súbitamente que los acuerdos deberían ser voluntarios y no impuestos por un “protocolo” obligatorio. La reunión en Ginebra puso los cimientos para el COP de Kyoto de 1997. Aún antes de que el protocolo fuese ni siquiera redactado, y mucho menos adoptado, se había hecho claro que incluiría metas numéricas y plazos de tiempo estrictos para la reducción de las emisiones en los países industrializados, con efectos terriblemente perniciosos para las economías de los países que las adoptasen, especialmente para los Estados Unidos.

La respuesta del Senado de los EEUU fue clara y sin ambigüedades: voto de manera unánime (95 a cero) la Resolución Byrd-Hagel en junio de 1997, que expresaba la total oposición del Congreso
“a cualquier intento de imponer exenciones a países en desarrollo y restricciones a los Estados Unidos que provocasen un serio daño a la economía”. Y así fue que Clinton “adoptó” el protocolo de Kyoto en diciembre de 1997, y lo “firmó” en 1998, jamás lo envió al congreso para su ratificación, sabiendo que el protocolo había nacido muerto, por lo menos en cuanto a Estados Unidos se refería. Y ahora, se quiere convencer a la gente de que es George W. Bush quien se opone a firmar el protocolo por las presiones y nexos que tiene con la industria del petróleo. Se pretende que la gente olvide que fue el Congreso de los Estados Unidos, los representantes de más de 260 millones de personas, quienes votaron dos veces, una vez de manera unánime y la otra 95 a 4, en contra de la ratificación del Protocolo de Kyoto.

Hay que Bajar el Barrilete

En diciembre de 2003, Estados Unidos dejó claro que no ratificaría jamás el protocolo, y el presidente de Rusia hizo lo mismo, atendiendo las conclusiones de su Academia de Ciencias y el consejo de su asesor económico, Andrei Ilarionov declaró al Protocolo de Kyoto
“fatalmente errado y anticientífico” e inaceptable para Rusia y sus intenciones de desarrollarse. Antes que Rusia, Australia se había negado a ratificar el protocolo, y vientos de duda comenzaron a soplar en Canadá y Alemania.

A pesar de haber gozado de un boom económico a principios de los 90, después de la reunificación, Alemania ha estado debatiéndose la mayor parte de la última década con diversas dificultades económicas. Hoy, el asunto se hizo tan malo que, de acuerdo al New York Times, cuando las estadísticas de Alemania se dejan afuera, la economía de la Unión Europea parece estar tan buena como la de los Estados Unidos. Las razones de los problemas Alemanes no son difíciles de identificar. Alemania tiene un lujoso sistema de seguridad social que ya no es capaz de soportar por más tiempo. Tiene además un mercado laboral muy rígido que, junto a elevados costos laborales, ha forzado a muchos negocios y fábricas a mudarse a otros paìses, especialmente al sudeste asiático. Los últimos resultados de la economía alemana son sorprendentes.

  • El año pasado, la economía de Alemania se achicó 0,1% y se proyecta un crecimiento de apenas el 1,5% para el 2004.

  • Como porcentaje del producto bruto interno (PBI), el gasto social de Alemania está segundo en el ránking de la OECD (Organización para la Cooperación Económica y Desarrollo) en el 2001, y el 54% del gasto total del gobierno fue atribuido a la seguridad social.

  • El desempleo alcanzó el 10,3%, en ascenso de un ya preocupante 7,9% en el 2001.

Aunque Alemania se da cuenta de que son necesarias grandes reformas, hasta ahora no ha mostrado deseos de aceptar las consecuencias necesarias para hacerlas posibles. Por ejemplo, el Canciller Gerhard Schroeder se ha bajado de la conducción de su partido debido al escándalo público producido por su llamado a una tasa trimestral de 10 Euros para pagar por los gastos de salud pública – no exactamente una gran reforma en seguridad social.

Sin embargo, no habla el informe del New York Times de uno de los más grandes problemas que han contribuido a la mala situación Alemana: el elevado impuesto ecológico a la energía, necesario para compensar las pérdidas que causará a la economía la decisión impulsada por los verdes de abandonar la energía nuclear para producción de electricidad.

Los vientos verdes que soplaron en Alemania para impulsarla a ratificar el Protocolo de Kyoto están soplando cada vez más suave. Hay señales de que Alemania se decidiría a arriar su barrilete de Kyoto y decidirse a hacer las cosas como se debe.

El Canciller Gerhard Schroeder dijo el 25 de marzo pasado que Europa no debería apresurarse en establecer metas obligatorias para reducir la emisión de gases de invernadero si Rusia se niega a ratificar el Protocolo de Kyoto, advirtiendo que esto podría causar perjuicio a la industria. “Esperamos que Kyoto sea ratificado, por ejemplo por Rusia,” dijo Schroeder en una conferencia de prensa en Bruselas. “Pero si eso no sucede se distorsionará la competencia a expensas de la economía de la Unión Europea, y especialmente de Alemania.”

Diplomáticos de la UE dijeron que la preocupación Alemana esta compartida por Italia, España, y Dinamarca. Estos países temen que sin Rusia, el costo del esquema de reducción de emisiones de la UE se eleve en demasía. Bajo Kyoto, la UE debe cortar su emisión de gases de invernadero – un resultado inevitable de la quema de combustibles fósiles como carbón, petróleo y gas – en un 8% de los niveles de 1990, entre el 2008 y el 2012. El 8% de los niveles de emisión de 1990 representan el 30% de los niveles actuales, y serán del 50% de los de 2008 al 2012.

Francia Hizo Sapo

Francia tiene los científicos que jamás se tragaron el cuento del calentamiento global, pero que lo mismo se subieron al “trencito calentador”. El motivo era muy claro. Francia tiene una enorme cantidad de centrales nucleares (58, y tres nuevas en construcción) que producen más del 80% de la electricidad que el país necesita para su industria. Las emisiones de gases de invernadero de Francia son muy inferiores que las de los demás países que deben producir su electricidad quemando combustibles fósiles y liberando los mentados gases de invernadero. Por eso, Francia no se vería afectada para nada en su economía, sino que la adopción del Protocolo de Kyoto por parte de sus vecinos le reportaría ingentes beneficios. ¿Cómo?

Primero, vendería a sus vecinos las famosas “cuotas de polución”, es decir,
los hipócritas permisos para seguir contaminandopero pagando un precio. El negocio del Protocolo está claro: no interesa reducir la emisión de CO2, sino simplemente hace que se pague por esa emisión, y que alguien embolse el dinero. ¿Quién lo hará? Nadie sabe, porque no se dice en el Protocolo la manera en que se establecerá quién tiene que pagar, cuánto deberá pagar, ni quienes serán los bancos que canalizarán el dinero de un país a otro – ni cuánto será la comisión que cobrarán por ello. Tampoco se ha establecido la manera en que controlará la cantidad de emisión de gases de una fábrica o de un país, ni se han establecido mecanismos para evitar los posibles fraudes que surgirán en la actividad. Pero cuando grandes sumas de dinero se mueven de un lugar a otro, algunos dinerillos se quedan pegados en algunos “dedos pegajosos”.

Segundo, Francia vende a sus vecinos (Inglaterra, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Alemania, España, Francia, Italia y otros países más chicos) electricidad nuclear que le sobra. Con las ganancias de esa venta, Francia construye una o dos centrales nucleares por año. El cierre obligado de las centrales térmicas convencionales de sus vecinos aumentará la cuota de electricidad nuclear que Francia vendería a sus vecinos.

Tercero, Francia creía que los países que estuviesen forzados a reducir sus emisiones de CO2 cerrando sus usinas térmicas convencionales, deberían reemplazarlas por lo más lógico en materia de generación eléctrica sin emisión de contaminantes penados por Kyoto: centrales nucleares. Y Francia es hoy el único país en Europa en condiciones técnicas de suministrar modernas y seguras centrales nucleares a esos países. Además, el negocio del mantenimiento de las mismas, el reprocesamiento del combustible gastado, la venta de uranio enriquecido, etc, hace que el negocio sea brillante para Francia. Pero Kyoto se pinchó, y con el globo pinchado de Kyoto se fueron los sueños Franceses de ganancias suculentas y fáciles. Se puede decir que los Franceses se han quedado colgados del pincel.

Volviendo a Greenpeace

Viendo cómo son los hechos en el mundo, nos preguntamos entonces, ¿Para qué sigue Greenpeace con su campaña universal en contra de la energía nuclear, y en Argentina contra Atucha y Embalse? Se nos ocurre que, a esta altura de la historia,
no hay políticos que le lleven seriamente el apunte a Greenpeace – ni a ninguna otra ONG ecologista. Los dirigentes de Greenpeace lo saben desde hace tiempo. Después de que fueron derrotados en Brasil por la prensa, los diputados y los senadores en el Congreso, y la comisión de energía Atómica Brasileña, después del desprestigio creciente que esta ONG multinacional va acumulando, sus esfuerzos están concentrados en exhibiciones teatrales para las cámaras de la televisión, que serán usadas en sus caras y cada vez más abundantes promociones publicitarias destinadas a recaudar fondos de la gente ingenua y bien intencionada.

La supervivencia de la organización, las cuentas secretas de sus dirigentes en Suiza, las fastuosas “vilas” en Peruggia, sus viajes de placer alrededor del mundo, sus francachelas sexuales en el Crucero del Amor - dependen de que el dinero siga ingresando a sus arcas. Todos los días nace un tonto. Todos los días alguien le da 5 pesos a Greenpeace.


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