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El Doctor Romero es un Animal!

por Eduardo Ferreyra (otro animal)

El Dr. Romero, conocido veterinario de Buenos Aires, Argentina, tiene un micro en la TV donde promociona productos veterinarios en el Canal de noticias Crónica. Su programa se llama “Pórtese Bien. Sea Animal”, y su lema aparece a sus espaldas, colgado de la pared en letras gigantescas.

No es una novedad que el Dr. Romero sea un animal, ya que los seres humanos nos encontramos incluidos en la gran división determinada por la ciencia, los reinos
animal, vegetal y mineral. Es cierto que, en muchos casos, algunos humanos escapan a esta clasificación y son considerados “vegetales” –cuando a causa de algún accidente cerebro vascular, la falta de respuesta de su cerebro les reduce a la condición de una espinaca.

También se considera que ingresan al reino mineral cuando la respuesta que suministran sus cerebros les ubica en la categoría de
“adoquines” (algunos con pelo; otros calvos). Esta condición tan peculiar es bastante común entre políticos, funcionarios públicos, notorios personajes de la farándula, y ciertos miembros de Greenpeace, pero dejemos a esta pobre gente tranquila, que ya bastante castigo tienen al ser como la Diosa Gaia los hizo.

Nuestra preocupación debe centrarse ahora en el asunto de
“Pòrtese Bien. Sea un Animal”, como algo que sea conveniente aconsejar. Para comenzar a armar un rompecabezas siempre es conveniente ordenar las piezas: los bordes y las esquinas por un lado, las grandes áreas de cielo o agua por otro lado, las áreas de vegetación, edificios, barcos, etc. Por eso, como bien sabía decir el descuartizador de Villa Lugano, “Vayamos por partes”.

¿Qué diferencia a los seres humanos de los animales? Se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que la Ethología tiene la respuesta:
su comportamiento, por supuesto. ¿Y cuál es la principal diferencia en el comportamiento entre animales y seres humanos? Obviamente, que los animales responden invariablemente a sus instintos, mientras que los seres humanos han conseguido que sus instintos primarios sean, por lo general, filtrados, demorados, y a veces detenidos, por una serie de mecanismos racionales que se han dado en llamar de diversas maneras: moral, filosofía, principios éticos, o cualquier otra cosa que a usted se le ocurra en este momento.

El Hombre
piensa, es decir que su cerebro tiene una actividad, basada en la endocrinología y la química, similar a la de los animales, pero que consigue poner un freno, aunque sea momentáneo, a los impulsos nacidos del instinto. Cuando los animales frenan sus impulsos instintivos, lo hacen porque su experiencia – o sus reflejos condicionados – así lo ordenan.

Los jaguares del Amazonas jamás atacarán a una persona que lleve un rifle colgado de su hombro, o que lo tenga al alcance de su mano. Si lo hacen será por la espalda, lo que evita la reacción de la víctima. Si usted pasea por la jungla sin su rifle, el jaguar se lo comerá de frente, sin dudarlo un segundo. Por ello, algunos cazadores usan una careta en sus nucas para dar la impresión que miran hacia atrás y evitar el ataque por la espalda. ¿Por qué? Nadie lo sabe, pero es un hecho comprobado. De alguna manera, parecería ser que en sus genes está implantada la información de que es conveniente evitar un encuentro con ese tipo de adversario que carga un rifle.

Cuando los seres humanos frenan sus impulsos instintivos, lo hacen porque tienen implantados muy profundamente en su subconsciente una serie de
“filtros” que evitan la realización de actos que podrían perjudicarle. Es uno de los más importantes mecanismos de supervivencia: nos mantiene alejados de los peligros conocidos –o de aquellos que no conocemos pero intuimos. Los mecanismos cerebrales que nos diferencian de los animales nos han convertido en “seres racionales”, a diferencia de “seres instintivos”, como son los animales.

Por ello, además de la diferencias morfológicas y fisiológicas que tenemos con los animales, la mayor diferencia reside en que
“pensamos racionalmente”. Los seres humanos tienen la capacidad y la habilidad para “reconocer, plantear y resolver problemas”, lo que agregado a su innata agresividad, nos ha convertido en los Amos y Dueños del Planeta –algo que mucho les molesta y desagrada a los “espíritus sensibles” embarcados en el movimiento de “liberación animal”, o “defensa de los Derechos de los Animales” y otros que hacen sus dinerillos con el tema.

El Dr. Romero parecerçia aconsejarnos que abandonemos cientos de miles, quizás millones, de años de evolución, tanto física como espiritual, y que adoptemos el comportamiento de seres que detuvieron su evolución a poco de aparecer sobre el planeta. A menos que el Dr. Romero considere que la evolución espiritual de los animales ha sido mejor que la nuestra...

Comportémonos entonces como aconseja el Dr. Romero, (así surge de sus palabras durante el programa, donde siempre considera que los animales se portan mejor que los hombres) y veamos cómo nos iría, ya sea como individuos o como grupo social:

Tenemos hambre, entonces, con la misma indiferencia con la un mono arranca de una rama el fruto que le calmará el apetito, entre a una verdulería y llévese aquello que más le apetezca. Total, como bien le aconseja el Dr. Romero, se está portando bien:
se porta como un animal. También podría darle una puñalada a un bebito, asarlo a la parrilla y degustarlo a sus anchas. Los indios Tupinambás del Brasil, allá por el 1570, decían que los dedos de los bebés son particularmente deliciosos. Como verá, son costumbres diferentes a las nuestras, por supuesto. Cuando los seres humanos comenzaron a diferenciarse de los animales, fueron perdiendo su costumbre de comerse unos a los otros, cosa que los animales todavía no han logrado hacer.

Una perra ovejera alemán que teníamos tenía la costumbre de comerse a sus propios cachorros apenas nacían. Siga el consejo del Dr. Romero y cómase a sus propios hijos no bien hayan salido del vientre de su mujer. Será bien visto por la comunidad ecologera mundial porque estará contribuyendo a disminuir la población mundial de seres humanos, ese nefasto cáncer del planeta.

Pórtese como un animal, y dedique todas las horas de su vida a dormir, comer y holgazanear, si es que deseamos imitar a los animales domésticos, o a correr desde el alba hasta el atardecer para conseguir la presa que nos alimentará, o correr durante el mismo período del día para evitar ser el alimento de otro, si optamos por ser animales salvajes. Imagine a una sociedad dedicada a cavar hoyos en el jardín para esconder huesos, o apareándose en las calles a la vista y paciencia del resto, dándose de codazos o puñaladas con sus competidores por la hembra en celo. Para espectáculos impúdicos, ¿no tenemos ya suficiente con las demostraciones públicas - para las cámaras de la televisión - de Greenpeace?

El consejo de
“Pórtese como un Animal” ¿lleva implícito el dejar de comportarnos como Ghandi, Confucio, San Francisco de Asís, Krishnamurti, la Madre Teresa, o quizás como Albert Schweitzer, Pasteur, Alexander Fleming, o el Dr. Sabin? Ellos eran humanos - les aseguro que no eran extraterrestres, ni ciertamente se comportaban “como animales”.

¿Debemos, de acuerdo al consejo del Dr. Romero, desechar los comportamientos sugeridos por Sócrates, Platón, Leibniz, u Ortega y Gasset? Creo que podría haber sido más específico y aconsejarnos que no nos comportemos como los
“animales” que fueron Herodes, Atila, Gengis Khan, Vlad Dracul, Robespierre, Enrique VIII, la Reina Victoria, Adolfo Hitler, Josef Stalin, Mao Tsé Tung, Idi Amín, Fidel Castro, Saddam Hussein (para nombrar a sólo un distinguido grupo de feroces y sanguinarios animales de la historia).

Ahora, ¿qué es un comportamiento animal, y qué es un comportamiento humano? Cierto es que existen diferencias entre los compartamientos animales, que son variados, y que en los casos extremos de violencia se denominan "comportamiento bestial". Sin embargo le parece mal al Dr. Romero que se use el término "bestial" para referirse al comportamiento cruel y violento de muchos seres humanos para con sus semejantes, o para con los animales. Es que no parece haber otro término que describa con tanta precisión la emoción que se quiere transmitir. Todos tenemos muy clara la idea cuando se nos dice "Hitler fue una Bestia!".

Dejemos de lado a los animales y las bestias y, ¿qué término usamos entonces? ¿"Hitler fue un insecto"?. ¿O Hitler fue un pescado? ¿Quizás "Hitler fue un ajo"? No. No funciona. No nos da la imagen real del personaje, no tiene la fuerza que tiene la palabra "bestia", o "animal". Simplemente porque todas las culturas del mundo, desde los inicios de la historia, se dieron cuenta de que las bestias se portaban como bestias, valga la redundancia, y sólo dejaban de hacerlo después de que un largo contacto con los humanos los "amansaba", los"desbestializaba". Pero así y todo, hasta a la bestia más mansa se le "despierta la bestia" en el momento menos pensado, y vaya uno a quejarse a quién!.

Como bien se tomó su trabajo Ortega y Gasset en recordarnos que, mientras que el animal no puede perder su condición de animal (nos decía que el tigre no podía "destigrarse"), el hombre sí puede dejar de ser humano y "deshumanizarse". Los ejemplos abundan. ¿Y qué sucede cuando el hombre se "deshumaniza": todo el mundo - menos el Dr. Romero - está de acuerdo en que se convierte en una bestia, un animal. Romero contra el mundo y la historia. Bueno, ya he visto gente porfiada antes. (Me veo en el espejo todas las mañanas...)

¿Entonces, nos aconseja usted, Dr. Romero, abandonar las filosofías
humanistas y el comportamien-to propiciado por ellas, y adoptar las filosofías “animalistas”, como parece surgir del ”Pórtese bien, sea un animal”?

Los consejos del Dr. Romero que seguramente debería seguir la gente son los referidos a alimentar a sus mascotas con
Doggy o Chow, o librarles de las pulgas con algún buen producto sintético, o vacunarles de manera adecuada contra la rabia, el parvovirus y el moquillo. Vista la filosofía que parece inspirarle, Dr. Romero, es el único tipo de consejos que yo me animaría a seguir – al resto lo haría con fuertes reservas.

Sobre comportamientos, mejor aprendamos lo que nos dicen los
ethólogos. Y algunas veces, los filósofos humanistas – no “animalistas”. Para animales, ya tenemos bastante con los del zoológico y los ambientes naturales. Por ello, el slogan del Dr. Romero no pasaría de ser una “humorada negra” de mal gusto y un disparate mayúsculo, sino fuese que lleva implícita una trágica inmoralidad. Ello es lógico – y perdón por la incongruencia, porque la lógica es una característica exclusiva de los humanos – sólo los seres humanos tienen una MORAL, ya que los animales son intrínsecamente AMORALES. No la conocen.

Entonces, siga el consejo del Dr. Romero, sea un animal, y conviértase en un AMORAL.




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