¡Torture
en su bañera a un delfín cubano!
Castro
autoriza, sus dólares pagan, y los ecologistas miran para otro lado.
por Carlos Wotzkow, Bienne,
Suiza
Publicado originalmente en La Nueva
Cuba, Noviembre, 2003
El problema de la exportación
desde Cuba de Delfines Pico de Botella (Tursiops truncatus) no es nada
nuevo. Lo que ocurre es que nadie, ni siquiera la Convención Internacional
sobre el Comercio de Especies Amenazadas (CITES), quieren hablar de ello. Cuando
alguna ilegalidad se hace evidente, o cuando alguna violación de las
convenciones internacionales apunta hacia Cuba, la mayoría de los ecologistas,
las organizaciones no gubernamentales y hasta la ONU viran la cara. ¿Cómo
defender las ideas del socialismo a través del instrumento ecologista
y a la vez criticar al país modelo de todos esos eco-guerrilleros? ¿No
es acaso Cuba el ejemplo de gobierno centralizado que la ONU quiere imponer
en todo el mundo poquito a poco y sin que nos demos cuenta?
Una de las primeras campañas contra la captura y explotación de
los delfines cubanos la empezó en Suiza una organización llamada
Grupo de Trabajo para la Proteción a los Mamíferos Marinos
(ASMS). En 1998, la Sra. Nöelle Delaquis redactó una valiente carta
en protesta por las condiciones en que mantenían en Suiza a varios delfines
capturados en los mares de Cuba, y que estaban siendo explotados en varios delfinarios
sin la adecuada atención a la ley de protección vigente en este
país (1).
Luego, la carta fue distribuida por varias agencias de viajes con el objetivo
dañar la imagen turística cubana.
Pese al esfuerzo desplegado aquel año para salvar a esos bellísimos
cetáceos, varios de ellos murieron en cautiverio y con su muerte, terminó
la historia. Sólo el libro Natumaleza
Cubana se hizo eco del incidente, pero
como parte de una denuncia que también alertaba sobre las frecuentes
matanzas (con ametralladoras) de esos mamíferos al sur de nuestro archipiélago
(2).
Después, la ASMS y la propia Sra. Delaquis, al igual que otras tantas
organizaciones ecologistas del mundo, dieron la espalda al problema cubano y
nadie, ni siquiera CITES, se quiso interesar, ni mucho menos preguntar al régimen
de Cuba por los detalles de tan sucio y cruel negocio.
Una vez que los Estados Unidos deciden prohibir las capturas de delfines con
fines lucrativos, el gobierno cubano, depredador del medio ambiente como no
lo hay, asume el control del negocio mundial. Desde entonces, el país
caribeño al que todas las organiza-ciones ambientalistas del mundo felicitan
y premian, deviene el principal exportador mundial de delfines seguido por Rusia
y Turquía. Resulta llamativo que mientras la autoridad de CITES y de
Greenpeace en México se dedican a criticar agresivamente a Japón
y a Chile por sus capturas, esas mismas entidades no digan nada sobre el negocio
de mamíferos marinos que Cuba, España y México están
consolidando.
Desde 1989, cuando yo entraba casi a diario al Acuario Nacional para llenar
los tanques de buceo con los que realizaba las colectas del Museo Nacional de
Historia Natural (MNHN), Celia Guevara ya era conocida por inocular el virus
del SIDA a los Tiburones Gata (Gingly-mostoma cirratum) y a los delfines
de aquel centro. Durante horas, tanto los tiburones como los delfines, eran
sujetados por varias personas a pleno sol, y martirizados sobre una meseta de
concreto cercana al borde del estanque mientras la eminente veterinaria
extraía sus muestras de sangre en busca del anticuerpo anhelado. Según
palabras de una asistente, estos animales le permitirían a Cuba descubrir
una vacuna contra el HIV antes que los norteamericanos.

Es
raro que el propio Acuario Nacional de Cuba reporte en su página de
Internet la liberación de sólo dos de las decenas de delfines
que allí mantuvieron en cautividad (3).
Pero no debería extrañarnos si ahora comentamos el destino de
todos los que allí murieron por culpa del maltrato que esa instalación
les infligía. Según los buzos con los que compartí tertulia
en varias ocasiones, la orden del Director Dario Guitart era la de sacar mar
afuera los cadáveres de cualquier animal muerto antes que la instalación
abriera sus puertas al público. Otras veces, enviaban al Dpto. de taxidermia
del MNHN especímenes raros que allí morían, pero y con
la etiqueta de colectado muerto en la costa norte de La Habana.
¿Cuántos
delfines infectados con el virus del HIV habrán sido liberados por
ese acuario cubano entre los individuos de las poblaciones sanas del Caribe?
¿Cómo
andará la salud de esos grupos salvajes de delfines que hayan aceptado
como nuevos miembros a los delfines enfermos con ese virus? ¿Cuántos
delfines habitan realmente en las aguas cubanas como para que el gobierno de
Cuba los dé por abundantes y se permita el lujo de exportarlos? ¿Por
qué la National Geographic Magazine y el libro Deep Cuba
(que tan bien hablan de la conservación en Cuba) no hablan de estas barbaridades?
¿Será que a los ecologistas extranjeros que van a Cuba no les interesa
criticar la política ambiental de Castro a fin de no perder sus privilegios?
Yo no tengo una respuesta adecuada para la mayoría de esas preguntas,
en cambio, puedo asegurarles que los delfines que yo vi en el Acuario nacional
de La Habana tenían amplias áreas de sus cuerpos rojizas y claramente
afectadas por micosis. Al menos uno de ellos mostraba grandes escaras en su
zona ventral y otros (hacinados en una piscina artificial improvisada en el
diente de perro de la costa) mostraban enormes cicatrices provocadas por las
peleas con sus congéneres. Es ampliamente conocido que el gobierno de
Fidel Castro no se anda con contemplaciones a la hora de ganarse unos dólares
con la venta de nuestro patrimonio natural. La prueba es que hasta los delfines
que Guinea Bissau quería vender a Portugal fueron rápidamente
ofrecidos por Cuba sin que la Sociedad para la Conservación de las
Ballenas y los Delfines (WDCS) tuviera tiempo a reaccionar
(4).
En
1999, se denunció a través de decenas de páginas de la
Internet (5),
la incesante captura de delfines cubanos con destino a Europa. España
ya era por aquel entonces el principal cliente de Cuba después de México,
y seguida de cerca por Francia, Alemania, e incluso Malta(6)
Mientras Inglaterra prohibía utilizar a los delfines para el entretenimiento
huma-no dentro de su territorio, los españoles los incrementaban. Si
uno visita cualquiera de los delfinarios en Barcelona, Madrid, Palma de Mallorca,
Alicante y Tenerife daba ganas de llorar, pero no sólo por las condiciones
de precariedad en que sobrevivían esas criaturas, sino por el fuerte
olor a substancias químicas que tenía que adicionar al agua para
estabi-lizar malamente su calidad.
De los 6 acuarios que actualmente explotan a más de 50 delfines en la
península ibérica, 29 fueron extraídos de su medio natural
y la inmensa mayoría son cubanos. De ellos, el de Octopus
en la Playa de las Américas (Tenerife), contaba con 4 ejemplares cubanos
explotados en condiciones verdaderamente deplorables (5).
Otro lamentable ejemplo espa-ñol en la trata de delfines fue el de los
4 ejemplares cubanos que este país exportó desde Cadaqués
(prov. de Girona) hacia Costa Rica. Si la vida de un delfín es de unos
30 años, ténganse en cuenta que estos animales ni siquiera sobrepasaron
la sexta parte de su expectativa de vida, pues todos fueron capturados en Cuba
en 1993 y todos murieron antes de 1998. (7)
México por su parte, tampoco hace nada por impedir que este negocio prolifere.
El reciente caso de los delfines importados de las Islas Salomón es la
prueba de que Cancún y Cuba tienen una política ambiental muy
similar. A pesar del mandato del Presidente Fox para detener este tráfico,
Raúl Arriaga (Subsecretario de Gestión para la protección
Ambiental de la Semarnat) y Jorge Soberón (autoridad científica
de CITES en México) aparecían en las noticias como los más
interesados en que esto no trascendiera (8).
Valga decir que el artículo 8.7 de la letra legal vigente para Punta
Nizuc dice: queda prohibido... la introducción de especies exóticas.
(9).
En marzo 1999 llegaron a Acapulco (México) 4 delfines cubanos. Para entonces,
Cuba recibía un mínimo de 50.000 dólares por cada delfín
capturado. Pero el tráfico de estos mamíferos era parte del negocio
que el estado cubano mantenía con el conocido narco-traficante y ex-gobernador
de Quintana Roo. Como se sabe, el Sr. Mario Villanueva, jefe del Cartel de Juárez
(actualmente protegido por Castro en Cuba) había mudado sus oficinas
a Cancún y el mexicano Joaquín Codwell, también se mudó
a Cuba para iniciar junto a las autoridades ambientales de la isla una empresa
exportadora de delfines. (10)
Desde entonces, la parte cubana recibe 20'000 dólares por cada animal
si estos salen vía México, o 50.000 si la empresa los vende directamente
a empresas o personas que así se lo encarguen. De esta forma, y sólo
para el estado de México, Cuba exportó 8 delfines en 1994, 7 en
1995, 4 en 1996, y 13 en el año 1997. Sin embargo, a estos 32 ejemplares
exportados hay que sumar también un número indeterminado que fueron
a parar a Chile, los 4 importados por Paradise en 1999 y otros 10
que luego México re-exportó hacia Perú. Según los
autores de este informe (10),
la gran inexactitud en los datos que cuantifican los delfines cubanos exportados
puede deberse a la información tan imprecisa que facilitan las personas
involucradas.
La mayoría de las exportaciones de delfines que México realiza
son en realidad re-exportaciones de cetáceos capturados por Cuba. Debido
a que en nuestro país no existen normas que regulen el mantenimiento
de delfines en cautiverio, ni miembros de ONG's dispuestos a denunciar al gobierno,
ni interés para los ambientalistas que en el mundo libre protestan por
cualquier espectáculo itinerante con delfines, Cuba goza de una total
impunidad a la hora de explotar este recurso marino. Vale aclarar que Cuba le
paga a un buzo empleado por el estado el equivalente a 15 dólares al
mes por capturar delfines, mientras que puede recibir hasta 100.000 dólares
en Europa por uno ya entrenado.

Uno
de los casos más sonados en la crueldad que sufren los delfines cubanos
es el caso de Meñique, un ejemplar que Cuba exportó
por la vía de México hacia Chile. Lucia Newman, la conocida manipula-dora
de noticias empleada por Ted Turner, no dudo un minuto en hacerle propaganda
a la hija del Che Guevara y al acuario que tantos delfines cubanos había
torturado en experimentos biomédicos.
Sin
embargo, el artículo que la CNN lanzaba en 1997 como la verdadera historia
de Free Willy (11),
nunca tuvo una segunda parte en la cadena de noticias norteamericana. Meñique
murió al año de llegar a Cuba y la CNN nunca dijo que había
sido Cuba el país que primero lo condenó al cautiverio (en 1995)
y que 3 años más tarde lo dejó morir.
(12)
Una
de las cosas en la que al parecer todos los amantes de la naturaleza coincidimos
es en el maltrato que reciben estos delfines por parte de los llamados especialistas
y médicos veterinarios. La siniestra veterinaria cubana no es un caso
único y el veterinario Víctor Rivero Vergara (de Chile) ni siquiera
poseía los conocimientos necesarios para tratar a los delfines cubanos
que tuvo bajo su cuidado. (10)
Lo mismo ocurre todavía con los veterina-rios alemanes, o con los del
Parque Asterix en París (13).
A finales del 2001 se instalaron en el Parque Nacional de Punta del Este
(República Domi-nicana), un grupo de científicos
cubanos, mexicanos y españoles que llamaron pronto la atención
por su ostentación y vida alegre. Pagaban a los pescadores locales
grandes sumas de dinero (hasta 2000 pesos) por la captura de delfines que
ellos querían investigar. Pero cuando los pobladores se dieron cuenta,
ya no había más delfines en el Canal de la Mona, ni se divisaban
desde el peñón del Parque. En apenas dos meses, los enviados
cubanos, mexicanos y españoles ahuyentaron a las poblaciones de cetáceos
cercanas a las localida-des de Bayahíbe, Saona, Miches y Chavón
y ninguna de las organizaciones ecologistas del país vecino pudo impedirlo.
(14)
En Agosto del 2002, los habitantes cercanos a ese Parque Natural creían
que los mamíferos marinos habían desaparecido de Punta del Este
por las molestias causadas por los investigadores. Pero pronto
se supo que España y un súbdito inglés estaban detrás
de este oscuro negocio. Si bien es cierto que el delfín no es una especie
en peligro de extinción en el Caribe, también es justo decir
que eso no autoriza a Cuba, México o España a explotar un recurso
dentro de las aguas nacionales de otro país y mermar con ello el atractivo
turístico y el uso racional y sostenible que por ejemplo, República
Dominicana, hace de esta especie (15).
Debiera constituir una vergüenza para todos los ecologistas del mundo
que Cuba hostigue, capture, y extermine con redes, armas de fuego, y explosivos
a cualquier mamífero marino que se acerque a sus costas. ¿Cómo
es posible que la ONU, que no deja de premiar al régimen cubano por
su supuesta protección del medio ambiente, no les haya hecho una simple
observación? ¿Cómo es posible que Richard O'Barry, quien
está cansado de correr detrás de la hija del Che Guevara no
se haya decidido a informar al mundo de que en Cuba los delfines son extremadamente
mal atendidos? Mientras Noruega, Austria, Polonia, Israel (e incluso el Brasil
de Lula da Silva) cierran sus delfinarios, la Cuba de Castro los triplica.
Tal parece que la suerte de los delfines y el pueblo de Cuba guarda cierta
analogía. De otra manera, ¿cómo explicarnos que nadie proteste
en el mundo al ver a los delfines cubanos saltando y haciendo payasadas en
público y a cambio de un miserable pescado muerto? ¿No es acaso
lo mismo cuando vemos a todo un pueblo salir las calles de La Habana a protestar
a cambio de una libra de picadillo de soja al mes? ¿Por qué el
mundo civilizado rechaza este tipo de teatro mal pagado dentro de sus fronteras,
mientras lo acepta fuera de ellas? ¿Por qué la ONU no aplica a
los delfines cubanos el artículo 4 de la Declaración Universal
de los Derechos del Animal que esa organización creó?
Este artículo de la ONU dice que un animal perteneciente a
una especie salvaje tiene derecho a: (1) Vivir libre en su propio medio ambiente
natural... y a reproducirse. (2) Toda privación de libertad,
incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a este derecho.
Según las competencias establecidas, CITES debe, por principio, creer
en las declaraciones que le envían los estados firmantes de dicha convención.
Pero en vista de esta y otras tantas irregularidades cubanas (entre las que
debe incluirse por supuesto el caso de la Tortuga Carey), ¿cuál
es el sentido de seguir creyendo en Cuba? ¿Hasta dónde puede una
entidad como CITES acomodar su credo? ¿Cuál es el sentido de tener
a Cuba dentro de un convenio, si de hecho siempre está violándolo?
Amigos en varias dependencias científicas cubanas del Ministerio de
la Industria Pesquera (MIP), Corporación Gaviota y el mismísimo
Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) me
han confirmado que al capturar a los delfines es frecuente verles matarse
a cabezazos contra la embarcación que les ha atrapado. Me han hablado
de delfines que se han cortado con su propia boca un pedazo de su cola a fin
de liberarse del lazo que los sujetaba. Los del Acuario Nacional, a
los que el gobierno de Cuba paga una miseria por capturar intensivamente esta
especie, me han asegurado que tienen trabajo de sobra porque más de
la mitad de los delfines que llegan vivos a su destino se mantienen unos días
en estado boyante y luego mueren.
Gracias a las regulaciones y a las autoridades norteamericanas que todavía
velan porque las restricciones comerciales con Cuba se cumplan, es que nos
enteramos ahora de que el Sr. O'Barry estaba corriendo por Cuba para salvar
la imagen del Che Guevara de los desmanes emprendidos por su hija. (16)
Sólo por eso es que sabemos también, que los ingleses (que se
vanaglorian de no tener delfinarios en el Reino Unido) son los que más
promueven ese sucio negocio en el mar Caribe. Significativo que la autoridad
del CITES en Cuba no haya abierto su boca y esto, a pesar de que nuestro país
sea el que más delfines exporta (unos 86 que se conozcan, entre 1986
y 1999) y maltrata en todo el mundo.
Todavía recuerdo como si fuera hoy cuando la Sra. Nöelle Delaquis
me dijo en 1998 que una autoridad en delfines de los Estados Unidos le había
asegurado que en La Habana se construiría el mayor delfinario del mundo
con fines de rehabilitación. Desde entonces, la otrora comprometida
ASMS no ha vuelto a señalar a Cuba. ¿Será
el lobby ecologista norteamericano el que hace que Cuba sea intocable?
Y si así fuera, ¿me podrían dar la dirección de
ese centro cubano que libera delfines en la naturaleza? Por aquel entonces
yo pensaba que hasta la Sra Delaquis se había creído la historia
del ilustre gringo. Pero la realidad demuestra que el ecologismo mundial está
infectado por el virus de la izquierda.
Un virus que hace ciegos incluso, hasta a la gente más bondadosa.
Cuba
viola la ley internacional desde el momento en que los delfines pico de
botella están en la lista del apéndice II del CITES y de la
cual nuestro país es signatario. En vista de que más del 70%
que los delfines que Cuba ha exportado han muerto en condiciones misera-bles,
y que CITES demanda estricta regulación a fin de evitar una utilización
incompatible con su supervivencia, es obvio que el gobierno de Castro viola
las leyes que el mismo se compromete a cumplir en el ámbito internacional.
Además, la legislación que implementa CITES en Europa, establece
claramente la prohibición de importación de delfines cuyo
objetivo primario sea el comercial. Resulta indignante que para el Sr. O'Barry
lo más importante sea salvar la imagen del Che y su traviesa hija.
Cuba contribuye a violar las leyes europeas desde el momento en que exporta
una especie comprendida en el Anexo A del Consejo de Regulación 338/97
de la UE, y donde se prohíbe todo tipo de comercio con delfines dentro
de Europa. CITES y la UE establecen que: el comercio será
permitido... sólo cuando se haya demostrado que no será en
detrimento de la supervivencia de la especie. Si bien es cierto
que Cuba puede afirmar que la población de delfines no corre riesgo
con estas exportaciones, también es una obligación moral de
CITES y de Europa exigir a Cuba los resultados de un estudio de dinámica
poblacional que, evidentemente, jamás ha realizado.
Cuba viola la ley regional en el Caribe desde el momento en que esta especie
de delfín está en la lista del apéndice II del Tratado
de Áreas y Vida Silvestre Especialmente Protegidas (SPAW) y de
la cual el gobierno de Castro es signatario. Desde 1986 a 1999 Cuba ha exportado
al menos 86 delfines y el WDCS asegura tener razones para creer que ese
mercado de individuos capturados directamente de su medio natural ha continuado
a pesar de que el protocolo del SPAW entró en vigor en el año
2000 (17).
Lo contradictorio aquí es que cuando me dirigí a estas organizaciones
en busca de actualización para comba-tir el problema desde su raíz
(o sea, atacando la política cubana) todas las conversaciones se
enfriaron.
Cuba viola sus propias leyes de conservación de la naturaleza. El
CITMA tiene como deber (entre muchas otras cosas) garantizar
el desarrollo sostenible del turismo (18).
Es la primera vez en la historia de Cuba que un ministerio encargado de
preservar la naturaleza tenga entre sus deberes y obligaciones garantizar
que la explotación de sus recursos naturales no ponga en peligro
a los intereses económicos del estado. Parece absurdo, pero un análisis
de las licencias ambientales otorgadas en Cuba desde
que salió la nueva ley (19)
ha sido justamente dar autorización a todas las empresas extranjeras
a instalarse en áreas que antes se denominaban como protegidas
y ahora áreas protegidas de múltiple uso.
Más claro, ni las transparentes aguas del Caribe.
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www.bornfree.org.uk. 2 pp.
-
Google 2003. En este buscador de la Internet aparecen, bajo las palabras
de Cuba + Delfines, más de 100 anuncios de
espectáculos con delfines en Cuba. Estos son promovidos por varias
agencias de viajes de Cuba, Alemania, Francia, España, Inglaterra
y México.
-
Asamblea del Poder Popular 1997. Ley N° 81 del Medio Ambiente.
Gaceta Oficial de la República de Cuba. Extraordinaria. Viernes 11
de julio de 1997. Año XCV, pp 47-68.
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