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La Manipulación de la Ciencia Climática

"No, no! Primero la condena, el veredicto después!"

Por Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC

Ciencia es el conocimiento que el hombre tiene de las cosas de este mundo. Cuando se manipula, se distorsiona y se falsea la información científica, la ciencia se convierte en política, y el uso político de ella conduce de manera inevi-table a formas de gobierno similares a las usadas por el Soviet Supremo. Todo el poder a los gobiernos en perjuicio de las libertades de los ciudadanos.

Estoy de acuerdo con quienes dicen que resulta difícil separar a la pseudociencia de las malas prácticas científicas o a la deliberada manipulación de los resultados. En el caso específico del campo de la climatología, una de las prácti-cas negativas que se encuentran en este campo no se relacionan tanto con la mala praxis de muchos científicos o la caída del IPCC en el campo de la pseudociencia, sino el fracaso de los científicos honestos y capaces en denunciar las malas prácticas y procedimientos contrapuestos con el método científico, sino en la tácita aceptación de esas prácti-cas al permanecer en silencio.

Muchos y notables científicos han renunciado a seguir formando parte del IPCC a causa de esas aberraciones cien-tíficas y metodológicas, y hay que felicitarles por haberlo hecho porque no sólo tuvieron el coraje de hablar públicamente del fraude que veían se estaba cometiendo, sino porque fueron virulentamente atacados por sus opiniones y arriesgaron sus carreras y los fondos de futuras investigaciones. Son ya clásicos las experiencia del ex presidente de la Academia de Ciencia de Estados Unidos, Dr. Frederick Seitz, o la del mayor experto en huracanes conocido, Dr. Christopher Landsea, o del Dr. Paul Reiter, del Instituto Pasteur de Paris, o de otros menos conocidos porque la prensa colaboracionista no se ocupó de publicar sus renuncias.

Los problemas con los procedimientos fueron identificados bien temprano en la historia de este proceso político, donde la política fue desplazando a la verdadera ciencia del rol de consejera de quienes tienen la responsabilidad de diseñar políticas públicas. Nadie debería aceptar el espurio procedimiento en la preparación y publicación del Resumen Para Políticos, (o SPM por sus siglas en inglés). El procedimiento para la elaboración del SPM es indepen-diente de los Grupos de Trabajo es corrupto e inaceptable. Sintéticamente expresado, se trata de publicar recomen-daciones a los políticos antes de que se hayan escrito los resultados y conclusiones del Informe de Evaluación Final, en una práctica que casi nunca tiene en cuenta a las conclusiones de los revisores y, cuando lo hacen, es para cambiar esas conclusiones para que se adecuen a las conclusiones y recomendaciones del SPM.

Imagínese cualquier otro grupo en cualquier sociedad que, no sólo permitirá sino que predeterminará que el resu-men de un informe dicte la manera en que el informe mismo deberá ser escrito. ES comparable a un ejecutivo que escribe un resumen y ordena luego a sus empelados que escriban el informe que se adecue al resumen. Se repite la extravagante escena del juicio al jardinero en Alicia en el País de las Maravillas, donde la Reina de Corazones voci-fera indignada: “No, no! Primero la condena, el veredicto después!” Es la práctica antijurídica de condenar al reo escuchando solamente a la acusación y desechando las pruebas en contra. Es contrario a la práctica mundial (en países no fundamentalistas) donde se parte del principio: Inocente hasta demostrarse la culpabilidad. El IPCC y sus científicos a sueldo de fundaciones caritativas impulsan el Principio Precuatorio: “Culpable hasta demostrar la inocencia”, algo muy difícil de probar, porque el establishment científico, celoso del territorio conquistado, no admite las evidencias negativas, o la demostración de inocencia del acusado.

El IPCC se rige por el axioma “La acusación es la condena”. En filosofía se conoce como “prejuicio”, llegar a las conclusiones sin analizar las evidencias. Contradice a la naturaleza esencial de la investigación científica porque las conclusiones de la investigación son escritas primero y luego la investigación en sí debe ser adaptada a las conclu-siones. Eso no sería tolerado en ninguna otra rama de las ciencias!

Todo el mundo y especialmente los científicos, deberían estar reclamando a los gritos por un cambio en las reglas que gobiernan a la redacción de los informes del IPCC, en especial la que dice:

“Los cambios (otros que no sean gramaticales o cambios editoriales menores) hechos después de la aceptación por parte del Grupo de Trabajo del Panel deberá ser aquello necesarios para asegurar consistencia con el Resumen para Políticos (SPM) o el Capítulo Visión General.” (Procedimientos del IPCC, sección 4)

Hasta los cambios editoriales menores pueden ser problemáticos. En 1995, el autor principal (o Lead Author) Ben-jamin Santer hizo esos cambios para acomodar su estudio a las conclusiones del SPM, para consternación de muchos. ¿Por qué nombraría uno a expertos científicos para escribir porciones separadas o Capítulos del Informe y luego hacer que “ajusten” su informe a las conclusiones escritas previamente por el SPM? La conclusión lógica es que el SPM es la porción política del documento y los expertos científicos deben acomodar sus conclusiones científicas a las conclusiones políticas. Una aberración obscena para cualquiera con un dejo de honestidad.

Sin embargo, todo este proceso pleno de corrupción es presentado al público y al prensa vestido con ropajes de Ciencia. Estamos nosotros tomando el papel del niño que exclamó: “El Rey va desnudo!” demostrando la cobardía y la obsecuencia de los adultos.

El Capítulo 8

La controversia del Capítulo 8 involucra al corazón de la hipótesis del cambio climático y la razón para la existencia del IPCC: la evidencia de “una señal humana” La búsqueda constante de la señal humana subraya la naturaleza polí-tica del IPCC. Pero el Capítulo 8, tal como fue escrito y acordado por los científicos, no tiene ninguna evidencia espe-cífica acerce de esa “Señal Humana”. El borrador original remitido por el autor principal, Santer, decía:

“Finalmente hemos llegado a la pregunta más difícil de todas: “¿Cuándo ocurrirá la detección y atribución no ambigua de un cambio de clima inducido por el hombre?” Bajo la luz de la gran señal y de las incertidumbres de ruido discutidas en el Capítulo, no es sorprendente que la mejor respuesta a esta pregunta sea “No lo sabemos”.

Esto fue cambiado entonces por Santer, siguiendo las recomendaciones de los funcionarios políticos del IPCC a:

“El cuerpo de evidencias estadísticas en el Capítulo 8, cuando examinadas en el contexto de nuestra comprensión física del sistema climático, apunta ahora en dirección a una discernible influencia humana sobre el clima global”.

De “No lo sabemos” a “Una discernible influencia” hay un salto más que Copernicano sobre las pruebas. Este salto sólo lo hace posible la POLÍTICA, el arte de lo imposible.

Es cierto que la mayoría de los científicos que tomaron parte en la elaboración del Informe Final de febrero pasado, el AR4, no pudieron ver al Resumen para Políticos antes de su publicación.

El SPM está escrito en una sesión plenaria compuesta principalmente de burócratas del gobierno y representantes de organizaciones ecologistas e industriales. Está firmado por 51 personas (no por 2500 como afirman) y como dice Richard Lindzen, representa un consenso de representantes de los gobiernos (muchos son representantes de sus gobiernos en el Tratado de Kioto), más que por científicos.”

Como científicos, no queremos participar en política, sin embargo, cuando un procedimiento contradice totalmente la manera fundamental en que ciencia funciona, es nuestra obligación moral hacer escuchar nuestra voz denunciado el fraude.

Anexo:

Los sitios de Internet muestran a gente en Londres protestando en una marcha contra el calentamiento global, apoyando a las deliberaciones que se realizan en Bali. Con el mismo motivo podrían estar protestando contra los terremotos o los aerolitos.

Miles de protestantes contra el cambio climático llevaron a las calles sus campañas para reducir las emisiones de carbono, y emitieron una fuerte advertencia a los líderes de gobierno sobre la inminente catástrofe.



Los activistas demostraron a lo largo de de la Gran Bretaña para resaltar a la conven-ción sobre el clima de las Naciones Unidas que se realiza en Bali, Indonesia.

Las fotos muestran a patéticos ciudadanos, muertos de frío bajo sus paraguas, mientras que los árboles del fondo muestran sus ramas desnudas víctimas del cruel invierno que se abate sobre Europa. Parece ser gente que no logra hacer una conexión entre la vida real y la propaganda política que, como una catarata, recibe todos los días desde los medios.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC


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