Hora de Córdoba
PARTES - E-mail - CORREO - EL LIBRO - ARTíCULOS - AMAZONAS - CLIMA - ENERGÍA - ENGLISH VERSION - PILOT NOTES - LINKS

El Cambio Climático Reexaminado

Joel M. Kauffman
Emérito, Departamento de Química y Bioquímica,
Universidad de las Ciencias en Filadelfia, PA 19104-4495
e-mail: kauffman@bee.net

Journal of Scientific Exploration, Vol. 21, No. 4, pp. 723–749, 2007 0892-3310/07

Abstracto

La afirmación sobre un calentamiento de la Tierra causado por el hombre y a niveles peligrosos y sin precedentes por las emisiones de dióxido de carbono está contradicha de manera principal por una ausencia de correlación entre los niveles del dióxido de carbono y el calentamiento.

Se proporcionan los detalles de engañosas reconstrucciones de temperatura por procedimientos praxis, así como de los engañosos proxis de las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono. Se presenta evidencia para mostrar que los temores por incrementos desbocados de las temperaturas de superficie se aplican lamente a las gigantescas islas urbanas de calor y no a las áreas rurales o a los océanos.

Se presenta también evidencia para las causas que además de las emisiones humanas influyen en los niveles del dióxido de carbono atmosférico, explícitamente sus emisiones provenientes de los océanos. También se provee de causas alternativas plausibles para los cambios de la temperatura de superficie, incluyendo las variaciones en la emisión solar y la intensidad de los rayos cósmicos.

cuando se ha eliminado lo imposible,
cualquier cosa que aún permanezca,
por más improbable que sea,
debe de ser la verdad..

-Sir Arthur Conan Doyle, 1887.

Introducción

Hipótesis del Calentamiento Global Antropogénico (AGW)

La Hipótesis AGW o del Calentamiento Global causado por el Hombre declara que la radiación solar calienta a la Tierra al ser absorbida por su superficie. Luego, algo del calor absorbido es re-irradiado a la atmósfera. Algunos gases de la atmósfera, llamados “gases invernadero”, absorben mucho de este calor y luego re-irradian algo en dirección a la superficie de la Tierra, haciendo a la Tierra más cálida de lo que lo sería sin una atmósfera que absorbe calor.

Se dice que por mucho, el más primario de los “gases invernadero” es el dióxido de carbono (CO2), con algunas sospechas sobre el metano (CH4), ozono (O3) y algunas trazas de halocarbones. También se dice que el efecto invernadero se parece al aumento de la temperatura en el interior de un automóvil cuando se lo deja estacionado bajo el sol. La hipótesis AGW descansa sobre la representación común de las temperaturas como siendo muy estables en una base anual desde el año 1000 Dc hasta 1900, y creciendo de manera exponencial desde entonces, siguiendo el crecimiento de los niveles del CO2, en una afirmada correlación “Casi perfecta.”

El apodo menos peyorativo para los promotores del AGW es “Calentadores”. Los informes del Panel Gubernamental del Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas de 1990, 1995, 2001, y 2007 son las fuentes más oficiales de apoyo para la Hipótesis del AGW. Contribuye una gran cantidad de científicos, y su opinión combinada se dice que representa un consenso entre los climatólogos.

La Hipótesis AGW se enseña en las escuelas primarias, clases dominicales y facultades universitarias como si se tratase de un hecho, y se encuentra en muchos libros de texto en muchos temas.

La Hipótesis de la Variación de las Emisiones Solares

Muchos científicos serios citan evidencia de que las variaciones en las emisiones del Sol, distancia solar, cantidad de manchas en su superficie son principalmente responsables de los cambios en la temperatura de la Tierra. Se han notado varios ciclos, entre 21 y 1500 años (Alexander et al., 2007; Singer & AVery, 2007). El grupo de serios científicos incluye a unos 20.000 que han expresado dudas o descreimiento en la Hipótesis del AGW. Este número incluye a 19.000 firmantes de una petición del Oregon Institute of Science and Medicine (1998 y posterior), todos ellos con diplomas académicos y títulos en ciencia o ingeniería, e incluye a unos 2600 con credenciales de científicos en climatología. Las firmas pueden verse en www.oism.org usando el link “Global Warming Petition Project”. En 1997 casi el 90% de los Climatólogos Estaduales no estaba de acuerdo con la Hipótesis AGW (Singer y AVery, 2007: 65-66)

El término menos peyorativo usado para describir a quienes no aceptan la Hipótesis AGW es “Escépticos climáticos”, que será abreviado como “escépticos” en este trabajo.

Radioactividad y Vulcanismo

Tanto Calentadores como Escépticos pueden aceptar que la radiación ionizante primordial del interior de la Tierra la calienta. También hay poca discusión de que la acción de los volcanes, especialmente debajo del océano, calienta a la Tierra, o que el polvo volcánico en la atmósfera puede enfriar a la Tierra aumentando su albedo, lo mismo que la polución de particulado.

Falsificación de una Hipótesis

Muchas veces se encuentra en revistas científicas el precepto científico de que pocas hipótesis pueden ser probadas, pero cualquiera puede ser refutada o probada falsa por un único ejemplo de evidencia en desacuerdo con la hipótesis. Muchos ejemplos de tal desacuerdo serán presentados.

El texto de química de Linus Pauling de 1965 podría estar en desacuerdo con la Hipótesis AGW:

Hay grandes cantidades de dióxido de carbono, en forma combinada, en los mares y las rocas. El agua de mar contiene alrededor del 0,15% de su peso en dióxido de carbono, principalmente como ión carbonato, HCO3- La cantidad de dióxido de carbono contenido en el agua de mar es alrededor de 65 veces más que el existente en la atmósfera. Bajo condiciones cambiantes del clima se pueden liberar grandes cantidades de dióxido de carbono desde los océanos, aumentando su concentración en la atmósfera. Es muy probable de que hubiese mucho mayores cantidades de dióxido de carbono en la atmósfera durante el Período Carbonífero que en la actualidad, permitiendo que las plantas florecieran y se establecieran los grandes lechos de carbón.” (L. Pauling, 1965: 335)

Donde es posible, se usarán las citas a publicaciones con “peer review”, o a libros que citan tales fuentes. A causa de la existencia de un “cartel de investigadores” y un control de los medios en este campo (Bauer, 2004) se ruega la paciencia de los lectores por el uso que hago de sitios de Internet y de fuentes sin referato.

Un ejemplo de presión no científica en el campo del clima es la expulsión de sus puestos de trabajo de seis editores por el Editor en Jefe del Journal Climate Research porque publicaron una revisión literaria de un trabajo sobre proxies de temperatura a largo plazo (Soon & Baliunas, 2003). La revisión incluía a varios estudios donde se hallaban resultados en contrario a la AGW, en referencia con la gran mayoría de los estudios citados. Por ello la revisión no citaba selectivamente sólo a estudios con un resultado deseado y no contenía sesgos. Los despidos fueron reportados por Zbigniew Jaworowsky, MD, PhD (2007). Otros prominentes journals se rehúsan rutinariamente ahora a publicar estudios que no apoyen al AGW.

Correlación of Niveles de Dióxido de Carbono
Atmosférico con las Temperaturas Globales

Estaciones de tierra, 1940–1970.
Todas las temperaturas en grados Celsius (C).



En la Figura 1, los valores comúnmente presentados para las temperaturas globales para el período 1940-1978, basados en las lecturas de termómetros o equivalentes a 1 o 2 metros de altura sobre el suelo, son usado para construir el caso de la correlación con los niveles de CO2, y éstos son usados por el Instituto Goddard de Estudios Espaciales (GISS, Columbia University, New York, NY; El GISS es un laboratorio de la División de Ciencias de la Tierra de la NASA). En este gráfico las concentraciones de CO2 se muestran como estables en 310 ppm desde 1940 -1948, luego creciendo a un ritmo acelerado hasta 1970. Las temperaturas de tierra se muestran versus un año base de 1940 -1948 cayendo erráticamente en 0.178ºC en 1970.

Dado que las temperaturas de estas estaciones en tierra estaban contaminadas con el efecto de isla de calor urbano, que describiré más adelante, la caída real de la temperatura era mayor. Debe notarse que no existe correlación alguna con los niveles de CO2. El ligero aumento de la temperatura entre 1952 y 1961 no está acompañado del correspondiente cambio en la tasa de ascenso en los niveles de CO2. Muchos calentadores han intentado explicar esto como un efecto enfriador de los aerosoles sulfurosos provenientes del quemado de combustibles fósiles con contenido de azufre. Esto no tiene mayor sentido porque dicha quema de combustibles no comenzó súbitamente en 1940 o disminuyó abruptamente en 1970.

Otros apuntan a la actividad volcánica, cuyas eyecciones de polvo también enfrían a la troposfera al reflejar los rayos solares (Robock, 2000). Después de las erupciones en Indonesia en 1815 y 1883 hubo iformes de “el año sin verano”, y no de “30 años sin verano.” (Tabla 1).



La erupción del Tambora en 1815 disminuyó la temperatura en gran parte del mundo en 1.8ºC y la erupción del Krakatoa de 1883 bajó las temperaturas en unos 0,68ºC, ambas ocasiones durante por lo menos un año (Winchester, 2003). Más aún, hubo solamente una erupción grande en el período 1940-1970, también en Indonesia, en 1963. Esto no puede explicar la caída en temperatura desde 1942 a 1952. Tampoco puede el vulcanismo explicar la caída de 0,158ºC desde 1897 a 1908, como se indica en la Figura 4.

Temperaturas Troposféricas y Satelitales, 1978–2007

Desde fines de 1978 los satélites ha sido usado para medir las temperaturas troposféricas mirando lateralmente a través de la atmósfera. A diferencia de las estaciones en tierra, estos satélites cubren una gran porción de la Tierra, incluyendo una gran parte de la superficie que son los océanos. Las Unidades de Sondeo por Microondas de la NOAA (o MSU, por Microwave Sounding Units) en sus órbitas polares han medido la intensidad de la radiación de microonda ascendente del oxígeno atmosférico. La intensidad es proporcional a la temperatura de gruesas capas verticales de la atmósfera como lo demuestra la teoría y comparaciones directas con temperaturas atmosféricas de los perfiles obtenidos por los globos sondas.

Dado que las temperaturas obtenidas por los satélites no están medidas directamente, y porque se debe realizar un complicado procesado de la información, la concordancia con las lecturas directas de los globos sondas son muy importantes. A causa del acuerdo, cuando menos, las lecturas relativas son creíbles (figura 2). Spence y Christy, de la Universidad de Alabama, en Huntsville, encuentran un aumento generalizado de 0,054 a 0,078ºC por década en este registro, mientras que otros ven valores más elevados. (Christy e al., 2007).


Fig. 2.Concentración de CO2 en ppm en la atmósfera (línea superior, escala derecha) desde 1979-2007 versus temperaturas medias mensuales de la troposfera media (línea cortada, escala izquierda). Disponible en: http://www.junkscience.com/MSU_Temps/UAHMSUglobe-m.htm. Accedido el 24 Julio, 2007.

El registro del CO2 corre desde 335 ppm en 1978 a 385 ppm 2007 (Figura 2). En este período toda la información es de Mauna Loa y se determina mediante el método infrarrojo no dispersivo (NDIR). La ondulación anual de línea superior que representa al CO2 se debe a las fluctuaciones estacionales. El hecho de que lo valores son mayores en el verano y menores en el invierno podría deberse a una mayor solubilidad del CO2 en el agua de mar durante el invierno que en el verano. Nótese que el gran pico de la temperatura en 1998 no es concurrente ni está precedido de ningún súbito o anormal ascenso de los niveles de CO2 durante los previos 20 años del gráfico. Nótese también que las caídas de temperatura en 1984, 1989, 1993, y 2003 no fueron concurrentes o precedidas por un correspondiente descenso de los niveles de CO2. Además, cada año después de 1998 ha sido más frío, a pesar de los supuestos crecientes niveles de CO2. De manera que aquí también, o hay ninguna correlación de ninguna clase que sea.

En estos años recientes algunos resultados de estaciones en tierra coinciden con las mediciones atmosféricas. En el sitio web de la Universidad East Anglia (UEA, 2007) las desviaciones de la temperatura media anual del valor del año base de 1985 fueron encontradas y graficadas (Figura 3).


Fig. 3.El enfriamiento global desde 1998 mostrado como desvíos de la línea de base de 1985 en las estaciones de tierra sin corrección por el efecto de isla de calor urbano. Construido a partir de los datos disponibles en: http://www.cry.uea.ac.uk/cru/data/temperature/hadcrut3vgl.txt. Accedido el 12 Febrero, 2007.
La caída de temperatura después de 1998, una subida a lo largo de 2003, y caídas en 2004 y 2006, todas en concordancia perfecta con los datos de los satélites. Todos los años desde 1998 han sido más fríos. El Profesor John Mitchell, OBE FRS, Científico en Jefe de la MET Office (Servicio Meteorológico) de la Gran Bretaña, mostró que los registros satelitales podían reconciliarse con los registros de las estaciones de tierra (Mitchell, 2007). Y no hubo grandes erupciones volcánicas en los años finales de la década de 1990. (Tabla 1).

Los resultados de estaciones en tierra de 27 locaciones rurales muestran una temperatura media de 17,38ºC en 1880, cayendo irregularmente a 16,78ºC en 1946, luego elevándose irregularmente a 16,98ºC en 1999, un movimiento general de -0,48ºC en 110 años. Por supuesto, no hay ninguna correlación con los niveles de CO2. (Endersebee, 2007ª)

Si la hipótesis AGW es correcta, el CO2 en la atmósfera debe absorber la radiación infrarroja de la superficie terrestre. Esto aumenta la amplitud de la vibración molecular –otra manera de expresar que las moléculas de CO2 se calientan. Cualquier vibración de esa clase será inmediatamente comunicada y compartida con todas las moléculas gaseosas en el aire. Si esto sucede, el aire caliente podría calentar la superficie re-radiando infrarrojos o por convección/conducción. Sin embargo, la información de globos sondas y satélites (Figura 2) no muestran nada más de 0,148ºC de la atmósfera desde 1978 a 2007, mientras que el GISS afirma que las temperaturas de superficie han aumentado 0,88ºC en este mismo período. (Figura 4). ¿Cómo pudo la temperatura de la superficie subir más que la de la atmósfera si esta última es la acusada de haber calentado a la superficie?

Fig. 4. Temperatura Global (escala izquierda) de estaciones de tierra vs. CO2 concentraciones en ppm de la atósfera (escala derecha) desde 1883 a 2003. Disponible en: www.GISS.NASA.gov. Accedido en 2003.

Esta disparidad fue notada de manera independiente por otros, incluyendo S. Fred Singer, PhD en Física, Universidad de Princeton, cuya carta a Nature fue rechazada, naturalmente, debemos hacer notar. Singer notó que el esperado calentamiento en los trópicos no era observado. La carta está disponible en la Internet en Climate Report (Jaworowski, 2007). Singer fue el primer director del Servicio Norteamericano del Servicio de Satélites Meteorológicos, y fundador del Science & Environment Policy Project (SEPP, una ONG sin fines de lucro fundada en 1990.)

El ascenso mas probable de temperatura durante todo el Siglo 20 es de unos 0,8ºC (Michaels, 2004:52), ignorando Australia (ver más abajo). Otra estimación es 0,58ºC (Robinson et al., 2007). Existe una correlación muy pobre con el nivel de CO2.

Errores en el Registro de la Temperatura

Período Cálido Medieval, '800–1300

Del New Scientists (Brahic et al., 2007) viene lo siguiente: “Mito: Durante la Edad Media fue más cálido que ahora, con viñedos en Inglaterra”. “Hay ahora una docena o más de reconstrucciones de temperaturas para el hemisferio norte que van más allá del 1600. Estos estudios muestran un calor desusado alrededor e 900 DC hasta 1300 DC, pero los detalles varían.” Estas dos declaraciones son contradictorias. Se muestran diez gráficos de temperatura superpuestos, siendo el “Palo de Hockey” de Michael Mann uno de ellos, que es el gráfico de temperaturas de largo plazo más diseminado en la literatura climática. Excepto en el período entre 1890 y 2000, los gráficos no están de acuerdo entre ellos. Mientras que los gráficos no concuerdan en el período 900-1300 DC, ninguno muestra una temperatura en esa época que es tan alta como las del año 2000.

El trabajo de Mann parece ser un dato anómalo y fuera de lugar (“outlier”) durante el período 800-1300 al aseverar la ausencia de un período cálido medieval, ya que los otros cinco estudios están casi todos de acuerdo en su existencia. Un total de 109 estudios citados en una revisión de 2003 encontraron un período cálido medieval! Nueve de estos estudios eran a escala mundial o en una muy amplia región, y 5 eran en el Lejano Oriente. Para esta época sin termómetros se usaron muchos tipos de proxys, incluyendo a cilindros de hielo, conteo de polen, posiciones cambiantes de árboles, y muchos otros (Soon & Baliuns, 2003). De manera clara el artículo del New Scientist y muchos que están de acuerdo con él, tienen otra meta que no es la ciencia. Esa meta podría alcanzarse mostrando los errores en la mayoría de esos 109 estudios, citando a cada uno; sin embargo esto no fue hecho jamás.

La buena ciencia no se logra simplemente ignorando los descubrimientos que están en contraposición con la teoría propuesta.

Little Ice Age, 1300–1900

En Brahic et al. (2007), el Palo de Hockey de Mann no indica una Pequeña Edad de Hielo, pero el gráfico proxy de la longitud de los glaciares de J. Oerlemans (2005) sí lo hace, con una temperatura mínima en 1580 que es 0.98ºC más baja que 1950. Este es un buen momento para enfrentar el pronunciado derretimiento de los glaciares en tiempos recientes. Desde 1700 a 1825, de 5 a 12 glaciares ganaron en largo total (Figura 5). Desde 1825 hasta 1975, de 12 a 169 glaciares se acortaron, luego esa reducción disminuyó hasta 1998; luego apareció una divergencia entre glaciares alpinos y no-alpinos. Los glaciares no-alpinos aumentaron su extensión después de 1998. La mitad de los retrocesos de glaciares ocurrió entre 1825 y 1906, antes de que los niveles de CO2 hubiesen supuestamente comenzado a crecer.

Fig. 5. El largo de hasta 169 glaciares en el Hemisferio Norte entre 1700-2000.
Adaptado de Oerlemans (2005). Usado con permiso de AAAS Science.

Se han emitido alarmas acerca de la pérdida de hielo en la Antártida. Según Singer y Avery (2007:12), sólo la Península Antártica que apunta hacia la América del Sur es más cálida, mientras que el 98% restante se está enfriando.

La revisión de Soon y Baliunas de 2003 también hizo la pregunta “¿Hay una anomalía climática objetivamen-te discernible durante el intervalo de la Pequeña Edad de Hielo (1300-1900) en este registro Proxy?” De los 122 estudios que incluían a este período, 2 no hallaron ninguna anomalía, 2 eran controvertidos, y 119 encontraron que este era un período frío con temperaturas más bajas que en el siglo 20.

La aseveración del IPCC (2007) y muchos otros sobre que los niveles preindustriales de CO2 eran unas estables 290 pmm carece totalmente de correlación con las temperaturas más bajas de la Pequeña Edad de Hielo o las más elevadas del Período Cálido Medieval. Los actuales niveles de CO2, por lo menos entre 1810 a 1965, seán presentados en la próxima sección.

Actual Era Cálida, 1900–2007

Em Brahic et al. (2007) sólo 2 de los 12 gráficos de temperaturas mostraron un salto de 0,78ºC entre 1975 y 2000; los otros mostraron poco cambio o terminaron demasiado pronto. J. Oerlemans (2005) construyó una carta proxy de temperaturas a partir del largo de glaciares que fue muy reciente para haber sido incluido en el estudio de Soon y Baliunas (2003). Para el período 1900-1905 se calculó un calentamiento global de 0.58ºCm y sólo 0,28ºC para el período 1975-1990. Esto está totalmente fuera de correlación con los supuestos valores del CO2. Un agregado de 0,18ºC de calentamiento desde 1990 a 2007, como se ve en la figura 2, da un total de 0,88ºC para el período 1900-2007, en un fuerte acuerdo con Michaels (2004) de arriba. Esto no está de acuerdo con los datos de estaciones de tierra como están comúnmente diseminadas (Figura 4).

La revisión de Soon y Baliunas (2003) también hizo la pregunta “¿Hay una anomalía objetivamente discernible dentro del siglo 20 que es más extrema [más cálida] en el registro? [desde 800 a 2002]”. De los 104 estudios que tratan con el período, 74 no encontraron ninguno; 10 si lo hicieron, pero con el máximo de la temperatura en la era 1920-1950; y 2 hallaron un máximo en el período 1950-2002.

Privado de islas de calor urbano y fuentes de emisión de CO2, la temperatura de la superficie del Océano Ártico disminuyó 2,08ºC y la temperatura de la atmósfera a 1400 metros de altura ganó 1,08ºC como se encuentra en más de 27.000 mediciones de radiosondas lanzadas por los aviones de EEUU volando desde Alaska y por radiosondas en la estaciones Rusas en hielos a la deriva durante el período 1950-1990 (Kahl et al., 1993). El dióxido de carbono aumentó 16% durante este período. (Figura 4).

Las falsas temperaturas de James Hansen (NASA) de 48 estados entre 2000 y 2006, necesitaron una corrección del Y2Km suministrada el 7 de agosto 2007 por el canadiense Steve McIntyre. Esto mostró que 1934 era el año más caliente de los últimos 100 años, y no 1998 o 2006: http://data.giss.nasa.gov/gistemp/graphs/Fig.D.txt accedido primero el 14 de agosto de 2007, una rápida corrección por la cual la NASA merece su crédito. La corrección anual de -0.158ºC parece ser pequeña, pero nótese otra comparación: 1921 fue más caliente que 2006 a pesar de la fuerte contribución del efecto isla de calor urbano en los últimos años. La década de 1930 tuvo un desvío de la línea de base de +508ºC mientras que la década de los 90 tuvo uno de +0.428, de manera que aún en una escala decadal los años 30 fueron más cálidos que los 90.

La esparcida diseminación de datos mostrando un salto aterrador en las temperaturas de superficie desde 1975 a 2007 (Figura 4), acompañada de funestas predicciones de peores cosas por venir, está doblemente errada: (1) no hay una correlación consistente entre los niveles de CO2 del siglo 20 y las temperaturas, y (2) el supuesto salto en las temperaturas de superficie entre 1975 y 2007 está exagerado por el efecto de isla de calor urbano. El 'Palo de Hockey' de Michael Mann, tan prominentemente mostrado en el Informe 2001 del IPCC, con el salto de temperatura ente 1900 y 1998, pasó silenciosamente a desaparecer en el Informe 2007, aunque todavía muchos activistas calentadores siguen asustando a la gente con él. Tan serios fueron los fallos encontrados el trabajo de Mann que fue requerido que publicase una corrección en la revista Nature en 2004 (McIntyre y McKitrick, 2005).

Pero el Cuarto Informe del IPCC (2007) insiste aún que la última parte del Siglo 20 fue el período más caliente en los últimos 1300 años (IPCC TAR, 2007).

Efecto de Isla de Calor Urbano

La tierra sobre la que se ha construido o pavimentado nunca tendrá el efecto enfriador del agua en evaporación; el agua corre por albañales o acequias. La calefacción de inverno, que puede involucrar a cañería de vapor subterránea como también las calefacciones hogareñas individuales, mantienen a las ciudades más calientes que a sus suburbios, como también lo hace el tráfico de vehículos en el centro de la ciudad. El aire acondicionado del verano, que es apenas un 50% de eficiente, arroja al aire a través de sus condensadores de calor el doble del calor que retira de las habitaciones. El problema es que estaciones de superficie de larga data han sido con mucha frecuencia rodeadas de una creciente zona urbanizada, dando lecturas cada vez más elevadas que se deben a las actividades humanas locales. Los calentólogos insisten, sin embargo, que las temperaturas de superficie (cercanas a la superficie) que ellos presentan están corregidas para el efecto de isla de calor urbano.

En realidad hay evidencia de una selección sesgada de las temperaturas de las áreas más urbanizadas. De unas 110 estaciones en California, el aumento medio desde 1910 a 1989 fue 0,308ºC. Las 6 estaciones elegidas por el GISS para la compilación de las temperaturas globales tenían un aumento promedio de 0.458ºC (Christy & Goodridge, 1995).

También de estaciones de California se halló una impactante dependencia de las temperaturas con la población del condado en donde esas estaciones están ubicadas (Figura 6). En los condados con menos de 100.000 habitantes el aumento desde 1909 a 1995 fue de 0.48ºC (nada excitante); en condados con 100.00 a 1 millón de habitantes el aumento en el mismo periodo fue de 0,88ºC, y en los condados con más de 1 millón de habitantes el aumento fue de 2.38ºC (llama la atención)(Goodridge, 1996).


Figura 6: Efecto de Isla de Calor Urbano: Tendencias de calentamiento desde 1910 a 1995 en estaciones de superficie de California. La curva superior es de condados con más de 1 millón de habitantes; la curva del medio a condados con poblaciones de entre 100.000 y 1 millón; y la curva inferior a condados con poblaciones inferiores a 100.000 habitantes. De Goodridge (1996).

El sitio web www.giss.nasa provee con datos de temperaturas para una cantidad de lugares, como se muestra en la Tabla 2

La selección fue formada combinando una amplia área geográfica y los registros “más largos” que se pudieron hallar. Como se puede ver, sólo las muy grandes ciudades como New York (+4.48ºC) y Tokio (+3,18ºC) se calentaron lo bastante para llamar la atención, como también Pasadera (+3,48ºC) que estaba rodeada por una creciente población del Condado de Los Ángeles. Estas islas de calor urbano no representan las temperaturas globales.

Muchos gráficos de temperaturas presentados por los calentadores a menudo comienzan en 1950-1970, un período frío (Figuras 1 y 4); de tal manera están llevando a equívocos cuando se comparan con los períodos de más largo plazo.

La disminución general de la temperatura desde 1880 hasta 1990 de 0,48ºC en las estaciones rurales de Australia se ha descrito más arriba. De la misma fuente, la temperatura media de 6 ciudades Australianas, ciudades capitales, creció de 16,58ºC en 1885 hasta 17,78ºC en 1990, un cambio de +1,28ºC (Endersbee, 2007a).

Errores en el Registro del Dióxido de Carbono

Gases Invernadero: ¿Cuáles son Importantes?

El término “gases invernadero” se manosea y se arroja por todas partes, y sin embargo el único gas sobre el que los Calentadores están fijados es el CO2. Algunas veces son mencionados el metano (CH4), refrigerantes como el CClF3, ozono (O3) y otros. En los libros de química la composición del aire es expresada casi siempre basada en aire seco, por ello no incluye al vapor de agua (Kauffman, 2004). Los Calentadores proponen restricciones draconianas para las emisiones de CO2.

TABLA 2
Cambios de Temperatura en Diferentes Lugares
De termómetros de estaciones de superficie,

Según www.GISS.NASA.gov
(en Crichton, 2003)

UBICACIÓN FECHADT(ºC)
Alice Springs, Australia1879–2003 0.0
Christchurch, Nueva Zelanda1864–20030.1
Punta Arenas, Chile (*)1888–2004–0.7
Clyde, NWT, Canada1943–2004–1.0
Kamenskoe, Siberia1949–19980.2
Göteborg, Suecia1951–20040.2
LeBourget, Paris, Francia 1757–1995–0.2
Milano-Linate, Italia1763–1986–0.1
Rome, Italia1811–1989 –0.2
Stuttgart, Alemania1792–1999–0.4
Lahore City, Pakistan 1876–20030.5
Takayama, Japón1900–19900.6
Choshi, Japón1887–2004 0.8
Tokyo, Japón1876–2004 3.1
Death Valley, CA 1933–20000.4
Berkeley, CA 1930–20000.7
Pasadena, CA1930–20003.4
Albany, NY1820–2000–0.6
West Point, NY1826–2000 0.1
New York, NY 1822–20004.4

(*)Cercana a la Peninsula Antártica.

Sin saber a quien creer, hace 8 años determiné un espectro infrarrojo del húmedo aire de verano de Filadelfia, PA, descubriendo que el 92% de la absorción se debía al vapor de agua, 8% al CO2, y nada al metano (Figura 7). El instrumento, un moderno FT-IR, fue operado en modo absorbancia de manera que el área de la curva sería proporcional a la concentración del gas presente. La naturaleza fue bondadosa en que las múltiples absorciones del metano, CO2 y vapor de agua están bien separadas. La emisión térmica (infrarroja) de la Tierra en 3-30 micrones (Masterton & Hurley, 1989) generalmente hace pico cerca de los 500 cm-1 (20 micrones), de manera que las absorciones de ondas largas podrían ser de mayor importancia que lo indicado por su amplitud. El contenido promedio de vapor de agua en la troposfera en las populosas latitudes de la Tierra se de unas 15.000 ppm.

Agregando el agua liquida y sólida. El total podría bien ser de 20.000 ppm, haciendo que la contribución del CO2 con sus 385 ppm sea insignificante (Kauffman, 2004).

Contribuciones aun mayores de vapor de agua, comparadas con el CO2 se pueden ver el año entero en los trópicos, ya que la presión del vapor de agua aumenta fuertemente con la temperatura. DE manera opuesta, las regiones frías de los polos contienen menos vapor de agua, como lo hacen las regiones templadas en invierno. Por consiguiente, una estimación dice que el vapor de agua es responsable de alrededor del 60% del “efecto invernadero natural global” , y que el CO2 sería responsable de un estimado 20% (Singer y Avery, 2007). Sin embargo, la ausencia de toda correlación entre CO2 y la temperatura atmosférica en la figura 2 hacen esta estimación del 20% muy dudosa. El profesor del MIT, Richard Lindzen acredita al vapor de agua y a las nubes con un 98% de cualquier efecto invernadero (Lindzen, 1992).

Fig. 7. Espectro Infrarrojo del aire a nivel del mar, 760 torr, humedad relativa 76%, 29 Junio, 1999. Absorbancia vs. frecuencia en longitud de onda (cm-1) correspondiente a longitudes de onda de 2.5–25 lm. Otros detalles experimentales en Kauffman, (2004). Usado con permiso del Journal of Chemical Education.

La ausencia de vapor de agua en los desiertos es la causa de la mayor disparidad en las temperaturas días/noche (también llamada rango diurno de temperatura). En los lugares no desérticos, el vapor de agua y las nubes absorben y re-radian infrarrojo, haciendo menor a la diferencia día/noche, como se describe en los libros de química superior (Masterton & Hurley, 1989). Es posible que cualquier contribución humana a sensación de calentamiento de la superficie provenga del vapor de agua que resulta de la irrigación y la combustión de combustibles que contiene hidrógeno (hidrocarburos o alcoholes), que simplemente elevan la humedad o punto de rocío. Así, el uso de hidrógeno puro como combustible a gran escala podría ser contraproducente, especialmente si este combustible está hecho con hidrocarburos con CO2 como subproducto, enviando vapor de agua adicional a la atmósfera.

La electrólisis del agua usando energía solar o nuclear no añadiría ningún hidrógeno nuevo a la atmósfera en la forma de vapor de agua o CO2.

Registros de Cilindros de Hielo Anteriores a 1957

Zbigniew Jaworowski. MD, PhD, DSc, del Laboratório Central de Protección Radiológica de Varsovia, Polonia, ha examinado la información de los niveles de CO2. Según Jaworowski, las concentraciones de CO2 publicadas hasta 1985 sobre las burbujas de aire en el hielo preindustrial variaban desde 176 a 700 ppm, con un pico ocasional hasta las 2450 ppm. Después de 1985, las lecturas elevadas de CO2 desaparecieron de las publicaciones! Jaworowski suministró un ejemplo flagrante de selección arbitraria de datos en Neftel et al. (en Nature), quien reportó en 1985 que las concentraciones preindustriales de CO2 en el hielo de Byrd, Antártida, eran de 330-500 ppm (puntos u barras en la figura 8). Sin embargo, también en Nature, y sobre el mismo cilindro de hielo, e reportaron únicamente valores de 290 ppm, en concordancia con la hipótesis del “calentamiento global” (áreas grises en la Figura 8) (Jaworowski, 1997).

Jaworowski también hizo notar que el aire en Summit, Groenlandia, depositado durante los últimos 200 años variaban desde 243 a 641 ppm. “Un rango tan amplio refleja artefactos causados por muestreo, o por procesos naturales en la capa de hielo, más que variaciones en las concentraciones de CO2 en la atmósfera.” G.I. Rearman et al., en un paper de Nature, rechazó el 43% de las lecturas de CO2, 39% de las del metano, y 43% de las lecturas de óxidos nitrosos de los cilindros de Law Dome, Antártida, porque eran más altas o más bajas que los valores “políticamente correctos”, de acuerdo con Jaworowski. Rearman et al se decidieron por un valor de 281 ppm para el CO2 del período preindustrial.

Las burbujas de aire de una muestra de hielo de 6000 años de antigüedad de Camp Century, Groenlandia, mostraba una concentración de 420 ppm de CO2, mientras que en una muestra presuntamente de 6000 años de Byrd, Antártida se reporta un nivel de 270 ppm.

“Hace poco tiempo se arrojó nueva luz sobre la validez de la determinación de fechas en los estratos de hielo recientes cuando 6 aviones caza Lockheed P-38, 'Lightning' y 2 bombarderos Boeing B-17, 'Fortaleza Volante' realizaron durante la Segunda Guerra Mundial un aterrizaje forzoso sobre el hielo en 1942. Los aviones fueron hallados 47 años más tarde a una profundidad de 78 metros y no a los 12 metros estimados por los glaciólogos usando el isótopo de oxígeno para determinar las fechas.” (Jaworowski, 1997). Los ejemplos dado más arriba indican que los “expertos” no saben cuál es la fecha que salen de las lecturas del hielo perforado a cualquier profundidad.

Ahora pasamos de una selección sesgada y arbitraria de datos al fraude directo. Las concentraciones de CO2 en el hielo supuestamente del siglo 19 en Siple, Antártida, fue al principio reportado como en la Figura 9ª, con un pico de 330 ppm en 1891. Estos datos fueron arbitrariamente movidos hacia la derecha asumiendo que el aire atrapado es 83 años más joven que el hielo donde están esas burbujas! Esto proporciona el ajuste perfecto políticamente correcto con las mediciones por infrarrojo comenzadas en 1957 en la isla grande de Hawai, mostradas en la Figura 9b. Esta es la base para los reclamos del IPCC en su atemorizante informe de 1990, repetido incesantemente por los Calentadores, que las concentraciones preindustriales de CO2 eran de alrededor de 280 ppm (antes de 1880) y se han propulsado a las nubes desde 310 en 1950 a los “sin precedentes” 380 en 1990 (Jaworowski, 1997, 2007). Los datos de los cilindros de hielo están falseados por selección sesgada, contaminación y difusión, como también lo son algunas presentaciones sospechosas. Por ello no son útiles.

Fig. 8. Concentración de CO2 en muestras de hielo y la Hipótesis AGW. Neftel et al. en 1982 mostró valores de hasta 500 ppm (puntos y barras). En 1988 el mismo autor publicó mediciones para la misma sección de la muestra de hielo de Byrd (área gris), pero dejó afuera todas las mediciones superiores a 290 ppm.
Adaptado de Jaworowski (1997).

Ensayos Químicos de CO2, 1812–1961

Los químicos y otros expertos han estado preocupados durante 200 años por la acumulación de CO2. Ya en 1812 era posible determinar al CO2 pesando agua en carbonatos metálicos (en su mayor parte calcio y bario) formados a partir de sus hidróxidos solubles expuestos al aire. Desde 1857 hasta 1961, un método típico fue el titrado del exceso de hidróxido después que el carbonato se ha formado por el CO2 con hidróxidos de potasio, sodio o bario en agua, un método todavía común (Kolthoff et al., 1969). En mayor detalle, una muestra de solución de hidróxido metálico en exceso de lo que es necesario para reaccionar con el CO2 presente en una muestra de aire se permite que forme el ión bicarbonato. El exceso de hidróxido aún presente es luego titrado con ácido standard. Una porción sin uso de la solución de hidróxido metálico de un volumen exactamente igual al que reaccionó con aire es titrado con ácido standard. La diferencia en volúmenes del ácido standard usado permite el cálculo de la cantidad de CO2 presente en la muestra del aire analizada.

Antes de los medidores de pH, se usaba un indicador de fenolftaleína y el particular tono de rosa en el extremo del titrado era comparado con la de una solución de bicarbonato de sodio puro (pH 8.35). El aire era normalmente secado haciéndolo burbujear a través de ácido sulfúrico para eliminar los efectos de las cantidades variables de vapor de agua de manera que podían ser reportados basados en aire seco. En 1847 se reconoció la pérdida de CO2 a causa de su solubilidad en ácido sulfúrico, de modo que los resultados daban valores inferiores en 20 ppm. De modo que el gran error antes de ello debería haber dado valores más bajos, y no más altos de partes por millón.

A veces se usaron métodos volumétricos donde a un valor conocido de aire seco se le retiraba su CO2 y se medía la contracción del volumen. Un proceso automatizado de este tipo desarrollado por Kreutz en Huyesen, Alemania, fue usado para compilar 64.000 mediciones. Los químicos usaron muestras puras de CO2 para confirmar su trabajo, y comparaban sus resultados entre ellos. Estuvieron involucrados varios Premios Nóbel en estas mediciones. Cerca de unas 90.000 determinaciones individuales fueron registradas entre más de 180 estudios con peer review (Beck, 2007).

Fig. 9. Alterando la información de las muestras de hielo (cuadrados abiertos) para ajustarse a la hipótesis AGW. La línea sólida es la concentración de CO2 en la atmósfera de Mauna Loa. Información original en (a), “corrección” arbitraria de 83 años en (b). Adaptado de Jaworowski (1997, 2007).

Comparado con los así llamados niveles preindustriales de 280 ppm, en 1812 se halló un nivel de 410 ppm, creciendo hasta 450 en 1925. Hubo niveles de 370 ppm en 1857, y 4 conjuntos de mediciones dieron 350-410 ppm alrededor de 1940 (figura 10). Desde 1870 hasta 1920 los valores permaneceron entre 215 y 310 ppm. Desde 1955 a 1965 los valores fueron de 325 ppm. Beck escogió el ensayo más cuidadosamente realizado para este gráfico. Uno fue de Poona, India. Un esfuerzo no descrito por Beck fue uno de 350 determinaciones cerca de Point Barrow, Alaska, desde 1947-1949, con un resultado promedio de 420 ppm (Hock et al., 1952). Los dos ensayos no europeos concuerdan con los europeos del mismo período de tiempo. La ubicación de muchas de estas determinaciones estaba cerca del mar o en islas, cuando era práctico. En general, los químicos tratarían de mantenerse alejados de cualquier fuente conocida de CO2.

Muchos de esos químicos hicieron gráficos de la dirección del viento vs Niveles de CO2, observando alguna direccionalidad. Desde 1945 a 1965 se duplicó el uso de los hidrocarburos como combustible (Robinson et a., 2007) a medida de que los niveles de CO2 disminuyeron desde 415 a 325 ppm, de modo que tenía que existir otra gran fuente de CO2.

Claramente no existe correlación de estas mediciones reales de niveles de CO2 con los registros de las muestras de hielo. Y no había una razón válida para desechar a la mayoría o a todas ellas, y sin embargo esto fue lo que se hizo. Jaworowski (1997) mostró un diagrama (figura 11) basado en el trabajo de G.S. Callendar, un ingeniero retirado y meteorólogo aficionado, que seleccionó a los 33 niveles de CO2 encerrados en un círculo de la Figura 11, mientras que rechazaba 6 que eran más bajos y 60 que eran más altos. Otros rechazos afirman una contaminación de emisiones locales de CO2. Los sostenidos bajos niveles mostrados en la Figura 10 desde 1870 a 1920, y 1955 a 1965, contradicen esto de manera decisiva.

Ensayos NDIR del CO2

Comenzando en 1957, la Applied Physics Corp. de Pasadera, CA, introdujo un instrumento no-espectrométrico (NDIR) para ensayo de gases usando s absorción de infrarrojo. La fuente de infrarrojo era una hélice Nichrome mantenida de 5258ºC, y el rayo de radiación infrarrojo emitido era dividido entre las cámaras de la muestra y la de referencia. No se suministraron las longitudes de onda del infrarrojo, y no se mencionaba ningún filtro óptico, de manera que otros gases en la cámara podían interferir, como también el vapor de agua en el aire húmedo (Anon, 1957). El instrumento debe ser calibrado con frecuencia.

Posiblemente alrededor de 1982 se usó un NDIR Siemens Ultramar 3. Las muestras de aire de la aparentemente ideal ubicación de Mauna Loa, Hawai, a una altura de 5 km sobre el nivel del mar, se obtienen de torres de 7 a 27 metros de altura, se secan pasándolas a través de una trampa fría, y enviadas a través de la célula de flujo a 0,5 litro/min. Cada 30 minutos se reemplazan las muestras por una corriente de gas de referencia de trabajo. En Diciembre 1983 el CO2 en standards de N2 usados desde 1957 fue reemplazado por CO2 en standards de aire, lo que parece razonable. Se plotean a cada hora los promedios de CO2, velocidad del viento y dirección, como base para seleccionar datos para un subsiguiente procesado.

Se procuran datos sostenidos horarios dentro de 60,5 ppm por lo menos 6 horas diarias, Uno se pregunta qué podría “perturbar” estas lecturas durante el resto del día. No había mención de controles del aire enfriado para una remoción total del vapor de agua, como tampoco del uso de una filtro óptico (Keeling y Whorf, 2005), pero no se revisaron citas anteriores. El metano (CH4) tiene una gran absorción a 3,4 micrones, e CO2 a 4,26 micrones, y el monóxido de carbono (CO) en 4,7 micrones. A menos que se use un filtro de banda estrecha, puede haber interferencia de estos o del vapor de agua.

Los niveles de CO2 hallados en Mauna Loa varían entre 315 ppm en 1957 a 385 ppm en 2007, un período de 50 años. Los niveles son similares en Antártica, mostrando una buena mezcla de la atmósfera. Dado que hubo un mayor ascenso desde 312 a 415 ppm desde 1928 a 1944 (27 años), mostrados por los ensayos químicos como los descritos arriba (Figura 10), en estos momentos no debería haber razones para una alarma.

Fig. 10. Concentraciones locales de CO2 en el hemisferio norte desde 1812 a 1961 por ensayos químicos. Los están datos suavizados por un promedio de 11 años. Los números entre flechas verticales muestran la cantidad de campañas de medición. En gris oscuro y negro se muestran importantes análisis con períodos de tiempo de los ensayos. Adaptado de Beck (2007).

Durante el período de ensayos químicos diferentes trabajadores hicieron mediciones del CO2, pero ahora hay un solo tipo de ensayo hecho por un único grupo de investigadores y por lo general en una única ubicación. Con costos que trepan a los miles de billones dólares por la propuesta reducción de las emisiones de CO2, debería ser obvio que se hicieran mediciones confirmatorias en otras partes del mundo y por grupos independientes de investigadores.

¿De Dónde Provino el CO2?

Más de una estimación indica que la contribución antrópica al actual nivel de CO2 es del 4%, o 15 ppm (Jaworowski, 1997). Los aumentos de CO2 en los últimos 100 años parecen venir más tarde en lugar de preceder a los ligeros calentamientos de la superficie (Beck, 2007; Jaworowski, 2007). Como hay 50 veces más CO2 disuelto en los océanos de lo que hay actualmente en la atmósfera, uno debe analizar la relación conocida de temperatura y solubilidad de gases en el agua. Durante la Pequeña Edad de Hielo y más tarde, digamos 1700-1850, las menores temperaturas significaron una mayor cantidad de CO2 disuelto en el agua de mar, según las mediciones de Robert Bunsen alrededor de 1850, y muchas otras desde entonces. Esta no es una diferencia trivial, dado que 20% más CO2 se disuelve en agua a 15ºC que a 20ºC (Partington, 1957).

Por consiguiente, las concentraciones estables de CO2 en el aire antes de 1900 –como afirman los Calentadores- son improbables. Cuando las temperaturas del mar se hacen más cálidas, menos CO2 puede ser retenido por las capas de los 3000 metros superiores de los océanos, y son emitidos a la atmósfera. Las temperaturas medias globales de los mares podían haber sido valiosas, pero sólo se han llevado registos de las temperaturas superficiales, hasta yo pude descubrir, y en su mayor parte en el Hemisferio Norte. Las recientes mediciones de los satélites no se remontan más que hasta 1979.

Fig. 11. Promedios (puntos) de concentraciones locales de CO2 en el Hemiferio Norte desde 1812 a 1961 por ensayos químicos. Los valores que G.S. Callendar prefirió usar en 1938 para la hipótesis AGW se muestran dentro de un círculo. Los valores más latos y más bajos son ignorados. Adaptado de Jaworowski (1997).

El registro más persuasivo que pude hallar corría entre 1900 y 1987 en el Atl´ntico Norte, desde latitudes 0 a 78ºN. Desde 0 a 60ºN, el período desde 1905 a 1940 mostró alrededor de 1ºC de calentamiento, y luego una caída sostenida de temperaturas.

El registro de 60 – 70ºN mostró alrededor de 1,8ºC de calentamiento desde 1922 a 1960, con temperaturas que descienden desde entonces (Kushnir, 1994). Esta es la razón por la que los ensayos químicos registraron un gran aumento del CO2 atmosférico, desde 295 ppm en 1885 a 440 ppm en 1944 (Figura 10). El enfriamiento del océano de 0,6ºC entre 1940 y 1965 (Kushnir, 1994) disminuyó los niveles de CO2 durante un tiempo hasta las 325 ppm desde 1955 a 1965 (Figura 10). Por lo menos 10 estudios han demostrado que el Hemisferio Sur no se ha calentando tanto (Singer & Avery, 2007:39), como lo hizo un estudio de Endersebee (2007ª). Los vientos prevalecientes en el Atlántico Norte, desde 40 a 70ºN por lo menos, soplan sobre Europa y fueron la fuente de aire usada en la maor parte de los ensayos químicos (Beck, 2007).

¿Qué podría calentar regionalmente a los océanos, aparte de la energía solar? Los volcanes submarinos son familiares alrededor de Hawai e Islandia. Se forman visibles nubes de vapor. El CO2 del área no es visible, al contrario que las nubes de vapor. Los volcanes submarinos están formando islas al sudeste de la Isla Grande, con la inevitable emisión de CO2 del océano en esa área. Se han mapeado extensos puntos calientes de 0,1ºC de aumento que duran varios meses, muchos en el Océano Pacífico, algunos cerca de Hawai (Goreau & Hayes, 1994). Quizás Mauna Loa no ha sido una ubicación ideal, después de todo. Endersbee (2007b) citó a un parte de prensa de la Nacional Science Foundation: “En contra de sus expectaciones los científicos en un crucero de investigación al Océano Ártico han descubierto evidencia de que el Risco Gakkel … podría ser muy activo volcánicamente.”

Hace pocos años, una exploración submarina del Océano Ártico bajo el casquete de hielo polar encontró unos 15 venteos geotérmicos a lo largo de la zona de fractura Ártica, y evidencia de un reciente flujo de lava al exterior. “En esta expedición hemos hallado más actividad hidrotérmica en este crucero que en los 20 años de exploración sobre el Risco del Atlántico Medio,· dijo Charles Langmuir, científico del Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty en la Universidad de Columbia. De esa forma, no es necesario recurrir al AGW para explicar el derretimiento del hielo en el Ártico.

El gráfico tipo “Palo deockey” del CO2 versus tiempo es tan improbable como el del Palo de Hockey de la temperaturas versus tiempo. Y de tal manera la Hipótesis del Calentamiento Global Antrópico (o AGW) se ve falsificada y rebatida por la pobre correlación de los registros de los ensayos convencionales y químicos del CO2 con el registro de las temperaturas, pero los niveles de los ensayos químicos se ha comprobado que crecen después de la subida de la temperatura.

¿Qué Causa la Mayor cantidad de Cambios Climáticos?

Esta sección será muy breve comparada con las secciones anteriores porque el mayor propósito de este ensayo era mostrar lo que se conoce sobre la falsabilidad de la Hipótesis AGW, y ello se ha logrado más arriba.

Más manchas de sol y períodos más largos de más manchas solares indican una mayor actividad magnética solar, que escuda a la Tierra de algunos rayos cósmicos, causando menor formación de nubes y por ende mayor calentamiento (Svensmark y Calder, 2007). El Mínimo Maunder de manchas solares ocurrió entre 1640 y 1710, cuando hubo muy pocas (o ninguna) manchas en el Sol durante 70 años. Esto corresponde bien con el período más frío de la Pequeña Edad de Hielo (Singer & Avery, 2007:8). Se determinó una correlación de la actividad de las manchas solares y la lluvia en Sudáfrica durante el Siglo 20. Hay un súbito aumento de casi tres veces en los flujos anuales del Río Vaal durante los 3 años previos a un máximo de manchas de sol comparado los 3 años posteriores al máximo de actividad. Esto ha sido asociado directamente con un aumento 6X del número de manchas solares, de 25-60 manchas durante el mínimo a 250-400 manchas durante el máximo.

La cantidad de manchas de sol en el máximo aumentaron durante todo el Siglo 20, indicando un sol más caliente (Alexander et al., 2007).

La Tierra no orbita con el sol en uno de los focos de la órbita elíptica, sino que orbita el centro de gravedad del sistema solar. Cuando la órbita de la Tierra alcanza su máxima excentricidad, como en 1993, estaba 3.700.000 de kilómetros más cerca del sol en Enero, que en Junio. La energía en Watts recibida en Enero se calculó en 1417 W/m2 y en Junio en 135 W/m2, para una diferencia de 67 (5%), mucho mayor que lo que afirma el Informe del IPCC de 2001: 0,3 W/m2, una diferencia de 200 veces (Alexander et al., 2007). Según el Profesor Robert C. Balling Jr., ex director de la Oficina de Climatología de la Universidad del Estado de Arizona, una suba de 0,3 “/m” en radiación solar recibida aumentará la temperatura de la Tierra en 0,78ºC. Por cierto, este fue el aumento en la radiación solar recibida desde 1900 a 1990 (Michaels, 2004: 60-61, 210.233). Está en buen acuerdo con el crecimiento de 0,6 – 1ºC estimado para el período 1900-2007.

Durante ciclos de manchas solares más largos, el campo magnético de la Tierra se debilita y los rayos cósmicos penetran en la atmósfera causando nubes altas y nubes bajas y húmedas que enfrían a la tierra de esa manera por sembrado de nubes (nucleación) (Michaels, 2004: 62-63; Singer & Avery 2007:9).

Durante la Pequeña Edad de Hielo, entre 1610 al 1715, casi no hubo manchas en el sol. Una línea de mejor ajuste (suavizado) de la cantidad de manchas solares desde 1700 hasta 2007 muestra 39 manchas en 1750, creciendo hasta 66 en 2007, demostrando un sol más activo. (Endersbee, 2007b).

Diez científicos de primera línea (incluyendo al fallecido Gerard Bond) de la Universidd de Columbia, la Academia de Ciencias de Heidelberg, la Universidad de Arizona, la Universidad del Estado de Carolina del Norte y la EHT de Zurich, produjeron una masiva colección de sus propios descubrimientos titulada “Persistente Influencia Sobre el Clima del Atlántico Norte durante el Holoceno”. Su evidencia proviene de una estrecha correlación entre los cambios en la tasa de producción de los nucleidos de carbono-14 y berilio-10 cosmogénicos y los proxys a escala centenaria o milenaria del hielo en deriva medido en cilindros extraídos de profundas perforaciones en sedimentos del lecho marino. Un mecanismo controlado por el sol podría estar subyaciendo en el ciclo de 1500 años del Atlántico Norte, por lo menos en el segmento del Holoceno, desde 11.500 años atrás hasta el presente.

“Nuestros descubrimientos apoyan la presunción de que la variabilidad solar continuará influyendo al clima del futuro, que hasta ahora estuvo basado en extrapolaciones de evidencia de sólo los últimos 1000 años…” (Bond et al., 2001). La variabilidad climática está fundamentalmente ligada a la energía liberada por el sol. Richard Willson, afiliado a la Universidad de Columbia y a la NASA, informó que la radiación solar ha aumentado casi 0,5% por década desde fines de la década de 1970. Willson usó datos de tres satélites NASA ACRIM distintos que monitorean al sol, para armar un registro de 25 años de la irradiación solar total desde 1978 hasta 2003. La tendencia es significativa porque la emisión de energía del sol es descomunal. Una variación de sus emisiones de 0,05% equivale a toda la energía usada por el hombre! (Singer & Avery, 2007, p.192)

Ad Hominem

En pocos campos que se consideran basados en la ciencia hubo tal grado de polarización y rechazo para considerar explicaciones alternativas de un fenómeno natural como en el actual cambio climático. Los Calentadores acusan a las Escépticos de estar pagados por las compañías petroleras, y los Escépticos acusan a los Calentadores de hacer cualquier cosa para lograr fondos para investigar. Ernst-Georg Beck (por un email) y yo afirmamos que no tenemos ningún conflicto de intereses ni financiero ni de otro tipo.

El reciente descubrimiento hecho por Beck del registro de mediciones de CO2 entre 1812 a 1961 no es único, ni es el esfuerzo de un excéntrico (Beck, 2007). G. Slocum publicó sobre el registros en 1955; F.S. Fonselius y K.E. Warme en 1956, y Z. Jaworowski et al, en 1992 (Jaworowski, 2007). El paper de Beck ha sido criticado por Georg Hoffman, quien escribió que los flujos de CO2 necesarios para dar las mediciones más altas son inimaginablemente altos. Esto está fácilmente rebatido por mis cálculos de que si todo el CO2 de los océanos fuese liberado, el nivel del CO2 en la atmósfera sería de unas 20.000 ppm. Como se vio más arriba, un aumento de 1ºC en el Océano Atlántico Norte fue seguido de una suba de 115 ppm del CO2 desde 1925 a 1945. Hoffman cita ensayos de CO2 en su Paris natal de 425, 430, 508, y 542 ppm como un supuesto ejemplo de por qué las viejas mediciones realizadas sin o con muy pocos automóviles presentes y alejados de fuentes conocidas de CO” debe estar equivocadas. Hoffman cita datos de las muestras de hielo en la ignorancia de que es inútil hacerlo dadas las razones citadas más arriba, y critica acerbamente a los revisores del paper de Beck y a la revista Energy & Enviroment. (Hoffman, 2007)

El escenario parece ser que entre 1985 y 1988 se tomó una decisión para presentar a las concentraciones de CO2 pre-1958 sin saltos ni hundimientos y proclamar un nivel preindustrial de 280 ppm. Sin embargo, el Informe del IPCC de 1990 presenta una muy razonable reconstrucción de temperaturas para los últimos 11.000 años (Figura 12). Parece ser muy obvio que los 4 períodos cálidos (y varios fríos) mostrados, que están apoyados por las evidencias dadas más arriba, deberían haberle correspondido niveles correspondiente más altos (o más bajos) de CO2 de acuerdo con la hipótesis del AGW. El Informe del IPCC de 1995 también mostró a la Pequeña Edad de Hielo y al Período Cálido Medieval (Singer & Avery, 2007: 68). De manera que esta no-correlación tenía que ser resuelta alterando al registro del CO” o al registro de las temperaturas. Esto último fue elegido por una cantidad de trabajadores, de modo que el Palo de Hockey de Michael Mann de 1998 apareció en el informe de 2001, y fue identificado como un fraude por muchos científicos, como se hizo notar más arriba. Es sintomático en los Calentadores (termocefalia?) que la reconstrucción de la temperatura de Mann continúa siendo presentada como un Evangelio, aún cuando ha sido retirado del Informe del IPCC de 2007.

Fig. 12. Variaciones de la Temperatura Global de los últimos 10,000 años. Composición de proxis del Informe 1990 del PCC, como se ve en Jaworowski (2007).

Un libro entero fue publicado, “Consenso Destrozado”, con el único propósito de revelar los errores del Informe del IPCC 2001 (Michaels, 2004). En el caso de Michael Mann, dos canadienses, Chris Essex y Ross McKitrick, le pidieron a Mann el envío de datos crudos, los que fueron provistos a regañadientes e incompletos. Sin embargo, usando los algoritmos de Mann fueron capaces de reproducir parcialmente al gráfico de Mann a partir de un generador de números aleatorios. Mann también le dio gran peso al ancho de los anillos de árboles de un único lugar de California sin el ajuste adecuado por lluvia o por el efecto fertilizante del CO2. Los métodos que aparecen en un Apéndice del paper de Mann en Nature fueron oscuros, para decir lo mínimo. Essex y McKitrick informaron al editor de Nature, donde Mann había publicado su trabajo, y el editor demandó una “corrección del error” que apareció en el número de Julio 1, 2004. Esta “corrigendum” fue incompleto e introdujo nuevos errores. (Essex & McKitrick, 2002: 154-174; Michaels, 2004: 1-49; Singer & Avery, 2007: 68-71).

Uno de los científicos del IPCC que había trabajado en ek Informe 2001, el Profesor John Christy, Universidad de Alabama, notó que un obvio seso y prejuicio estaba presente entre los autores principales (él era uno), 80% de los cuales apoyaban de manera clara al Protocolo de Kioto para limitar las emisiones de CO2 antrópico.” Dada esa situación, no es muy difícil localizar las secciones en el IPCC 2001 que parece limitar y evitar la objetividad científica que podría perjudicar la idea de que un cambio climático peligroso era una certeza, como lo proyectaban los modelos.” Christy citó predicciones del Informe del retroceso del hielo marino del hemisferio norte como una evidencia de válidos modelos de calentamiento y la ausencia en el Informe de datos del hemisferio sur, que Christy consideró que era opuesta, invalidando de esa manera a los modelos del IPCC (Michaels, 2004m pp. 74-75). Además, parece que el IPCC no reconoce el calentamiento a partir de los volcanes submarinos del Ártico (ver más arriba).

¿Qué hay de la afirmación del IPCC sobre que ellos han encontrado “una huella digital humana” en el actual calentamiento global? Esa declaración fue insertada en el Resumen Ejecutivo del Informe 1995 por razones políticas, y no científicas. Luego el “volumen ciencia” fue editado para quitarle cinco declaraciones diferentes –todas ellas habían sido aprobadas por el panel de consultores científicos- específicamente diciendo que “no se había detectado ninguna huella digital humana”. El autor del capítulo ciencia del IPCC, un empleado del gobierno de los Estados Unidos, admitió públicamente haber hecho los cambios científicamente indefendibles “en la habitación del fondo.” Había sido presionado por altos funcionarios del gobierno norteamericano para hacerlo. (Singer & Avery, 2007, pp. 9-10)

La preocupación en las alturas por un “cambio climático” no es genuina, y hay motivos escondidos detrás de la histeria del calentamiento global. Maurice Strong, que fue parcialmente responsable de armar las piezas del Protocolo de Kioto, declaró: “Podemos llegar hasta el punto en que la única manera de salvar al mundo será que colapse la civilización industrial.” Timothy Wirth, El Subsecretario de Estado para Asuntos Globales de los EEUU dijo: “Tenemos que deshacernos del asunto del calentamiento global. Aún si la teoría del calentamiento global esté equivocada, estaremos haciendo lo correcto en términos de política económica y política ambiental.” Richard Benedick, un Asistente del Secretario de Estado declaró, “Se debe implantar un tratado del calentamiento global aún cuando no haya evidencia científica para apoyar al aumento del efecto invernadero.” (Jaworowski, 1999)

En el Resumen para Políticos del Informe IPCC 2007 (TAR), la ahora ubicua letanía de falsas alegaciones continúa: (1) Que el CO2 producido por el hombre hizo que el rango natural [sic] de 180-300 ppm de los últimos 650.000 años se hayan excedido; (2) que las acciones humanas desde 1750 han calentado al clima; (3) que el calor de la última mitad del siglo 20 es el mayor los últimos 1300 años y que el CO2 humano es “muy posible” que lo haya causado; y (4) que para fines del siglo 21 la temperatura de superficie aumentará en 1.1ºC a 6,4ºC (Jaworowski, 2007). Todos esos 4 puntos están contrapuestos a toda la información presentada más arriba.

Los Calentadores han hecho serias predicciones de que el calentamiento global causará tanto calentamiento como enfriamiento, tanto lluvia como sequías, aumentos del nivel del mar, y el cierre de la corriente el Golfo. La idea es cubrir todas las posibilidades, En una conferencia pronunciada por Michael Crichton, MD, en el Club Commonwealth de San Francisco, el 15 de septiembre de 2003, hizo notar que, “El Edén, la caída del hombre, la pérdida de la Gracia, la llegada del Día del Juicio –estas son estructuras míticas profundamente arraigadas… Estas son cuestiones de Fe… y así es, por desgracia, el ecologismo. Cada vez más parece que los hechos no son necesarios, porque la doctrina del ecologismo es solamente creer…”

Se trata de si usted será un pecador o si será salvado. Si usted estará del lado de los que serán salvados, o si estará en el lado de la condenación. Si usted será uno de los nuestros, o uno de ellos.” (Crichton, 2003).

Un resultado maligno de la manía del CO2 fue el comienzo del comercio de bonos de carbono. “La idea es que si el negocio A puede reducir sus emisiones de manera más barata que el negocio B, entonces B puede pagarle a A para que haga reducciones por cuenta de ambos.” Los grandes contaminadores están capacitados de comprar créditos baratos de “compensación” del extranjero (Lohmann, 2006). No resultará ninguna reducción neta en las emisiones de CO2, pero las compañías que negocian con los bonos de carbono pueden hacer fabulosas ganancias, por ello los Calentadores apoyan el esquema, pero hay otros que no. Los desmesurados costos de las limitaciones propuestas para las emisiones de CO2 degradarán los niveles de vida a escala mundial.

“El control de la resultante inestabilidad social bien podría ser el verdadero reto que debamos enfrentar.” (Lindzen, 1992).

Algunas veces, avergonzados por información contradictoria, los Calentadores han llegado a acusar a Escépticos de estar en la misma clase que los negadores del Holocausto. Una buena respuesta es recordarles que hay otro precepto de la era Nazi: “toda propaganda tiene que ser popular y tiene que adaptar su nivel espiritual a la percepción del menos inteligente de aquellos a quine va dirigido el mensaje. En el tamaño de la mentira está contenido siempre algún grado de credibilidad, ya que la gran masa de gente… caerá más fácilmente víctima de una gran mentira que de una mentira pequeña.” (Adolfo Hitler, 1933.)

Conclusiones

La Hipótesis de AGW no está apoyada por los registros de las estaciones de medición de los últimos 250 años o por proxys climáticos de gran cantidad y credibilidad de los últimos 1000 años, o por recientes mediciones de superficie, o por las temperaturas atmosféricas.

El registro Proxy mas más comúnmente presentado, el de Michael mann, se demostró que estaba seriamente equivocado. La superficie de la tierra se ha calentado alrededor de 0.6ºC desde 1900, incluyendo partes del Océano Atlántico. La troposfera se ha calentado de manera errática en unos 0,2ºC desde 1979, sin correlación con los niveles de CO2. El período desde 1000 al 1400 vio temperaturas, basados en muchos proxys, tan altas o más aún que las actuales. La Pequeña Edad de Hielo vio temperaturas de 1ºC menor que en 1900, o 2ºC más bajas que hoy. Sólo las grandes metrópolis del mundo han aumentado su temperatura en el rango de 3 a 4ºC. La década del 30 fue más caliente que la actual.

Los registros proxys más comúnmente presentados del CO2 pre-1958, la información de los cilindros de hielo de los polos, se ha demostrado que es errática y poco confiable. Los análisis químicos directos de 1812 a 1965 no pueden ser ignorados. El nivel pre-1957 de CO2 ciertamente no fue de 290 ppm en el aire, sino que fue más alto en varias porciones de la historia desde 1812 a 1965 (415 ppm en 1940).

Los aumentos de temperatura de los océanos que se detectaron se comprobó que habían precedido al aumento de lo niveles e CO2, y pueden haber sido su causa.

En los Informes del IPCC se han descubierto numerosos errores, informes que debieron haber sido la fuente más definitiva de datos y predicciones del cambio climático, pero no lo son. Cambio subrepticios de último momento no fueron apreciados por muchos de los científicos que contribuyeron a los informes. El mentado consenso de sobre el cambio climático no existe. Los límites forzados de emisiones de CO2 no serán productivos y provocarán serias caídas en los niveles de vida de los países industrializados, si se llegan a adoptar. La reputación de los científicos y de la Ciencia pueden resultar dañadas de manera irreparable por informes de malas conductas y un derroche de impuestos en la promoción de la Hipótesis del Calentamiento Global Antrópico, y esto se puede trasladar a otros campos científicos más allá del cambio de clima.

Nada de esto debería considerarse como una excusa para el uso dispendioso de los combustibles fósiles e hidrocarburos. Por las obvias razones económicas, y no por una amenaza inexistente de calentamiento global, los combustibles de hidrocarburos deberían ser conservados o sustituidos cuando sea posible.

Reconocimientos

Anne M. Klinkner, BS, dirigió mi atención a las temperaturas oceánicas. Frances E. H. Pane, MSLS, editó el manuscrito.

Referencias

  1. Alexander, W. J. R., Bailey, F., Bredenkamp, D. B., van der Merwe, A., & Willemse, N. (2007). Linkages between solar activity, climate predictability and water resource development. Journal of the South African Institution of Civil Engineering, 49(2), 32–44 (Paper 659).
  2. Anon. (1957). Infra-red gas analyser. Journal of Scientific Instruments, 34, 77.
  3. Bauer, H. H. (2004). Science in the 21st Century: Knowledge monopolies and research cartels. Journal of Scientific Exploration, 18, 643–660.
  4. Beck, E.-G. (2007). 180 Years of atmospheric CO2 gas analysis by chemical methods. Energy and Environment, 18(2), 259–282.
  5. Bond, G., Kromer, B., Beer, J., et al. (2001). Persistent solar influence on North Atlantic climate during the Holocene. Science, 294, 2130–2136.
  6. Brahic, C., Chandler, D. L., Le Page, M., McKenna, P., & Pearce, F. (2007). Climate myths. New Scientist, 19 May, 34–42.
  7. Christy, J. R., & Goodridge, J. D. (1995). Precision global temperatures from satellites and urban warming effects of non-satellite data. Atmospheric Environment, 29, 1957–1961. In Singer, S. F. (1999). Hot Talk Cold Science (p. 47). Oakland, CA: The Independent Institute.
  8. Christy, J. R., Norris, W. B., Spencer, R. W., & Hnilo, J. J. (2007). Tropospheric temperature change since 1979 from tropical radiosonde and satellite measurements. Journal of Geophysical Research, 112, D06102; doi:10.1029/2005JD006881.
  9. Crichton, M. (2003). Available at : http://www.michaelcrichton.com/speechenvironmentalismaseligion.html. Accessed 3 February 2007.
  10. Endersbee, L. (2007a). E-mail of August 2007: endersbee@optusnet.com.au.
  11. Endersbee, L. (2007b). Climate change is nothing new! New Concepts in Global Tectonics Newsletter, 42. Available at: http://www.ncgt.org/category.php?id¼13. Accessed 14 August 2007.
  12. Essex, C., & McKitrick, R. (2002). Taken by Storm. Toronto, Ontario, Canada: Key Porter Books. pp. 154–174.
  13. Goodridge, J. D. (1996). Comments on regional simulation of greenhouse warming including natural variability. Bulletin of the American Meteorological Society, 77, 3–4. In Singer, S. F. (1999). Hot Talk Cold Science (p. 13). Oakland, CA: The Independent Institute.
  14. Goreau, T. J., & Hayes, R. L. (1994). Coral bleaching and ocean ''hot spots''. Ambio (Stockholm), 23(3), 176–180.
  15. Hitler, A. (1933). Mein Kampf (1923, English translation, 1933), as seen in Bartlett, J. (1955). Bartlett's Familiar Quotations (13th ed.). Boston: Little Brown & Co. p. 951.
  16. Hock, R. J., Erikson, H., Flagg, W., Scholander, P. F., & Irving, L. (1952). Composition of the ground-level atmosphere at Point Barrow, Alaska. Journal of Meteorology, 9, 441–442.
  17. Hoffman, G. (2007). Beck to the future. Available at: http://www.realclimate.org/index.php/archives/2007/05/beck-to-the-future/. Accessed 27 July 2007.
  18. IPCC (2007). Climate Change 2007: The Physical Science Basis. Summary for Policymakers. Contribution of Working Group I to the Fourth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change. Available at: http://www.ipcc.ch/SPM2feb07.pdf. Accessed 22 September 2007.
  19. Jaworowski, Z. (1994). Ancient atmosphere—Validity of ice records. Environmental Science and Pollution Research, 1(13), 161–171.
  20. Jaworowski, Z. (1997). Ice core data show no carbon dioxide increase. Available at: http://www.21stcenturysciencetech.com under the topic ''Global Warming''. Accessed 30 June 2007.
  21. Jaworowski, Z. (1999). The global warming folly. 21st Century Science and Technology, 12(4),64–75.
  22. Jaworowski, Z. (2003). Solar cycles, not CO2, determine climate. 21st Century Science and Technology, Winter 2003–2004, 52–65. Available at: http://en.wikipedia.org/wiki/Zbigniew_Jaworowski or at: http://www.21stcenturysciencetech.com/. Accessed as PDFs on 5 July 2007.
  23. Jaworowski, Z. (2007). CO2: The greatest scientific scandal of our time. EIR Science, 16 March, 38–53. Available at: http://www.21stcenturysciencetech.com/. Accessed 5 July 2007.
  24. Kahl, J. D., Charlevoix, D. J., Zaitseva, N. A., Schnell, R. C., & Serveze, M. C. (1993). Absence of evidence for greenhouse warming over the Arctic Ocean in the past 40 years. Nature, 361(6410), 335–337.
  25. Kauffman, J. M. (2004). Water in the atmosphere. Journal of Chemical Education, B81(8), 1229–1230.
  26. Keeling, C. D., & Whorf, T. P. (2005). Atmospheric carbon dioxide record from Mauna Loa. Available at: http//cdiac.ornl.gov/trends/co2/sio-mio.htm. Accessed 15 July 2007.
  27. Kolthoff, I. M., et al. (1969). Quantitative Chemical Analysis (4th ed.). London: Macmillan. pp. 704–705, 786–787.
  28. Kushnir, Y. (1994). Interdecadal variations in North Atlantic sea surface temperature and associated atmospheric conditions. Journal of Climate, 7, 141–157.
  29. Lindzen, R. S. (1992). Global warming: The origin and nature of the alleged scientific consensus. Available at: http://www.cato.org/pubs/regulation/regv15n2/reg15n2g.html. Accessed 7 September 2007.
  30. Lohmann, L. (2006). Carry on polluting. New Scientist, 2 December, 18.
  31. Masterton, W. L., & Hurley, C. N. (1989). Chemistry: Principles and Reactions. Philadelphia: Saunders. pp. 655–656, 663–666.
  32. McIntyre, S., & McKitrick, R. (2005). Hockey sticks, principal components, and spurious significance. Geophysical Research Letters, 32, L03710; doi:10.1029/2004GL021750.
  33. Michaels, P. J. (ed.). (2004). Shattered Consensus: The True State of Global Warming. Lanham, MD:Rowan & Littlefield.
  34. Mitchell, J. (2007). Climate change myths. Available at: http://www.metoffice.gov.uk/corporate/pressoffice/myths/index.html. Accessed 3 August 2007.
  35. Oerlemans, J. (2005). Extracting a climate signal from 169 glacier records. Science, 308, 675–677.
  36. Partington, J. R. (1957). A Text-Book of Inorganic Chemistry. London: Macmillan. p. 65.
  37. Robinson, A. B., Robinson, N. E., & Soon, W. (2007). Environmental effects of increased atmospheric carbon dioxide. Journal of American Physicians and Surgeons, 12, 79–90.
  38. Robock, A. (2000). Volcanic eruptions and climate (Rutgers University, New Brunswick, NJ, USA). Reviews of Geophysics, 38(2), 191–192. Available at: http://climate.envsci.rutgers.edu/pdf/ROG2000.pdf. Accessed 3 August 2000.
  39. Singer, S. F., & Avery, D. T. (2007). Unstoppable Global Warming Every 1,500 Years. Lanham, MD: Roman & Littlefield.
  40. Soon, W., & Baliunas, S. (2003). Proxy climatic and environmental changes of the past 1000 years. Climate Research, 23, 89–110.
  41. Svensmark, H., & Calder, N. (2007). The Chilling Stars. A New Theory of Climate Change. Cambridge, England: Icon Books.
  42. Winchester, S. (2003). Krakatoa. The Day the World Exploded: August 27, 1883. New York:HarperCollins. pp. 288–293.

Grabe este artículo como PDF




Volver a la página Cambio Climático              Volver a la página Artículos

Vea el tiempo en Argentina


Locations of visitors to this page

Díganos su opinión!
Nombre:
   Email:

Comentarios:
(Por favor, copie y pegue en su mensaje el link a este
artículo o no sabremos a qué se refiere usted!!)


Pruebe la velocidad de su conexión a Internet!

Speakeasy Speed Test


¿Desde qué países nos visitan?
¿Quiénes son los visitantes?
Ranking entre sitios de la web



contador