Hora de Córdoba
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¿Qué está errado con el IPCC?

Por Hans Labohm(*)
Traducción de Eduardo Ferreyra

Primera Parte de Tres Artículos

IPPC es la sigla inglesa del Panel Intergubernamental del Cambio Climático. Es una especie de "red/ diseñadores de ideas", que operan bajo el ejido de las Naciones Unidas. Consiste en miles de científicos, muchos de ellos climatólogos. Cada cinco años reúne toda la literatura científica con revisión de los pares sobre el cambio climático. Publica sus hallazgos en una serie de informes completos que sirven como base para medidas políticas, incluyendo al Protocolo de Kioto, para contrarrestar la 'amenaza' del calentamiento global provocado por el hombre.

El IPCC fue establecido en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa para el Ambiente de las Naciones Unidas (UNEP). Su misión es: “Evaluar la información científica, técnica, y socio-económica relevante para la comprensión del riesgo del cambio climático inducido por el hombre.”

Varios autores han hecho notar que el mandato del IPCC es muy estrecho y no puramente científico, dado que en su redacción presupone que existe tal cosa como un calentamiento causado por el hombre (casi siempre referido como CGA: Calentamiento Global Antrópico), que excluye otras explicaciones para el (modesto) calentamiento que tuvo lugar durante el último siglo. Pero en ese momento, el CA no había sido probado –y desde entonces esa situación no ha variado. Sin embargo, un prominente parti-cipante Holandés en el IPCC ha declarado hace poco que el IPCC está interpretando su mandato de manera más extendida y también toma en consideración explicaciones alternativas. Pero los escépticos del calentamiento no están convencidos de que esto sea tan así.

No obstante, el IPCC está considerado como en cuerpo con mayor autoridad en el campo de la ciencia climática y sus informes sirven de base para políticas del clima de los gobiernos, que tienen profundas implicancias para la sociedad. Como tal, el panel ocupa una posición monopólica.

Los proponentes del CGA a menudo afirman que existe un consenso entre los científicos sobre el calentamiento causado por el hombre. Pero esto está refutado por los hechos. Una reciente encuesta entre 133 climatólogos alemanes, hecha por Hans Kepplinger y Senja Post, reveló que el 37% de lo investigadores del clima adhieren totalmente a la hipótesis, mientras que 36% permanecen escépticos. El resto ocupa posiciones intermedias [1] Es muy probable de que en otros países los resultados no habrían sido diferentes. Por ninguna causa esto puede considerarse un consenso por CGA.

Sin embargo, las opiniones que difieren de las del IPCC son usualmente ignoradas por los políticos, aunque provengan de científicos prominentes ligados a las universidades más prestigiosas y/o ins-tituciones científicas del mundo. En apariencia, la política conspira que puede pasarla bien sin una segunda opinión.

Desde un punto de vista logístico y técnico, el IPCC es una bien aceitada maquinaria. Exhibe un ejem-plar grado de profesionalismo. Siempre tiene éxito con la publicación de sus informes que comprenden miles de páginas. Tanto los adherentes al CGA como los escépticos del clima usan estos informes como una referencia estándar de la literatura científica.

Uno de los participantes holandeses del IPCC hasta a calificado al proceso del IPCC como 'un triunfo mundial de la cooperación interdisciplinaria e intergubernamental '.

Pero fuera de los círculos oficiales existen también visiones opuestas sobre el IPCC. En el otro extremo está el juicio de Lord Nigel Lawson ex Canciller de Tesorería del Reino Unido. Le dijo a un comité en Washington que el IPCC de la ONU “está tan errado, y la institución… tan cerrada a la razón, que sería mejor agradecerle por el trabajo realizado, cerrarlo, y transferir toda futura colaboración sobre el tema del cambio climático a otras instituciones mundiales que tengan un mejor foco sobre la economía.”

Esta declaración más bien fuerte estuvo precedida de algunos intentos fallidos de comunicarse con re-presentantes del IPCC para tratar las conclusiones de una investigación sobre la economía del cambio climático, publicada en julio 2005, por el Comité de Asuntos Económicos, uno de los cuatro comités permanentes de la Casa de los Lores (Cámara Alta o House of Lords). Este informe había ido aprobado por todos los partidos políticos. Pero la discusión con el IPCC sobre los resultados de la investigación terminaron siendo un diálogo entre sordos. Además, en el último Cuarto Informe de Evaluación (AR4) del IPCC, no se hizo referencia alguna a los resultados de la encuesta, Los Lores no estaban complaci-dos. No están acostumbrados a esta clase de tratamiento. También resulta notable que el gobierno Británico ha desechada hasta ahora la investigación de la Casa de los Lores.

¿Está en lo cierto Lord Lawson? ¿Es el IPCC impermeable a la crítica y por consiguiente debe ser desbandado? Juzgue usted mismo.

Asuntos

El IPCC ha sido anchado por un par de asuntos agonizantes. Muchos lectores estarán probablemente familiarizados con el asunto de llamado “palo de hockey” (ver más abajo). Pero un asunto mucho más serio ya ocurrió en 1996.

En su libro “Calentamiento Global: Mito o Realidad: Los Errados Caminos de la Climatología” , el climatólogo francés Marcel Leroux expone los yerros en el actual estado de la ciencia.

El autor no es ningún extraño en el Jerusalén climático. Es profesor de climatología en la Universidad J. Moulin y director del Laboratorio de Climatología y Riesgos Ambientales, ambos en Lyon. Leroux estuvo criticando al IPCC desde hace más de 20 años. Él cree que las temperaturas son el resultado de la dinámica de los sistemas del tiempo en el contexto de distintos espacios aerológicos en el mundo, y no el resultado de ecuaciones hipotéticas de los modelos climáticos.

Leroux comenzó a escribir su libro para comentar el triste estado al que la climatología se ha despla-zado durante los últimos 20 años, desde su ingreso a la arena política, y mostrar que la misma clima-tología es culpable de este giro.

“Difícilmente pasa una semana sin que aparezca un nuevo parte sensacionalista… llenando nuestras pantallas y las páginas de los diarios,” escribe. “El calentamiento global causado por el efecto inver-nadero es nuestra culpa, lo mismo que cualquier otra cosa, y el mensaje/slogan/desinforma-ión se hace aún más simplista, cada vez más cruda! No podría ser más simple: si la lluvia cae o golpea la sequía; si el viento es huracanado o no hay ninguno; si es caliente o hay heladas; todo es culpa del efecto invernadero, y nosotros somos los culpables. Un argumento fácil pero muy estúpido!”

El Cuarto Informe del IPCC bien podría decretar la supresión de todos los libros de climatología, y reemplazarlos en nuestras escuelas por partes de prensa… Día tras día, el mismo mantra –que “la Tierra se está calentando”- es batido en todas sus formas. A medida de que “el hielo se derrite,” y “el nivel del mar crece”, el Apocalipsis está cada vez más cerca. Sin darse cuenta, o quizás sin desearlo, el ciudadano promedio es embobado, lobotomizado, empujado a una aceptación irracional. … Los no creyentes en el escenario del invernadero están en la posición de aquellos que hace mucho tiempo dudaban de la existencia de Dios. … por fortuna para ellos, la Inquisición no están más entre nosotros."

En su libro él analiza minuciosamente el desarrollo de la ciencia climática, haciedo foco en los sucesivos informes del IPCC que aparecieron en 1990, 1995, y 2001. Según Leroux, el primer informe ya contie-ne las ideas básicas de lo que se conoce como “calentamiento global”, pero su tono es moderado y no hace mención de una responsabilidad humana para ello. El segundo informe no contribuye con nada nuevo desde un punto de vista científico, sino que súbita y sorprendentemente, la humanidad es cul-pada por el calentamiento global.

¿Cómo se consiguió esta vuelta de tuerca? ¿Nuevos descubrimientos científicos? No, fue el resultado de un verdadero golpe de mano científico. El escándalo fue traído a la luz pública por varias personas involucradas, incluyendo a Frederick Seitz, presidente emérito de la Rockefeller University y presi-dente del George Marshall Institute (Washington). En su carta al Wall Street Journal, el 12 de junio de 1996, Seitz escribió:

“[Pero] este informe [del IPCC] no es lo que parece ser –no es la versión que fue aprobada por los científicos contribuyentes listados en la página del título. En mis más de 60 años como miembro de la comunidad científica norteamericana, incluyendo servicios tanto en la Academia Nacional de Ciencias y la Sociedad de Físicos de América, nunca había sido testigo de una corrupción tan perturbadora del proceso de la revisión por los pares que durante los eventos que llevaron a este informe del IPCC.”

“Una comparación entre el informe aprobado por los científicos contribuyentes y la versión publicada revela que se hicieron cambios claves después de que los científicos hubieron leído y aceptado lo que ellos creían que sería la versión final de la revisión por los pares. … Pocos de estos cambios fueron meramente cosméticos; casi todos operaron removiendo cualquier sospecha de escepticismo con el que muchos científicos ven a las afirmaciones de que las actividades humanas están ejerciendo un impacto mayor sobre el clima en general y sobre el calentamiento global en particular.”

“Los siguientes pasajes son ejemplos de aquellos incluidos en el informe aprobado pero borrados de la versión supuestamente revisada por los pares:”

  • Ninguno de los estudios citados arriba ha demostrado una clara evidencia para que podamos atribuir el observado cambio [de clima] a la causa específica del aumento de los gases inver-nadero.”

  • “Ningún estudio a la fecha ha atribuido positivamente todo o parte [del cambio climático obser-vado a la fecha] a causas antropogénicas.”

  • Cualquier afirmación de una detección positiva de significativo cambio de clima es probable que permanezca controvertida hasta que se reduzcan las incertidumbres sobre la total variabilidad natural del sistema climático.

En su lugar, se insertó el siguiente texto:

A pesar de la manera en que esta visión fue impuesta, y toda la subsiguiente controversia, la idea ja-más fue retractada. Por el contrario, el último y Cuarto Informe del IPCC (2007) declara que es más del 90% probable (antes era el 50%) que más de la mitad del calentamiento que ocurrió desde media-dos del Siglo 20 fue debido a los humanos. Por supuesto, esta declaración es la que atrapó los titulares en los medios.

Sin embargo, si se les pregunta a los científicos que fueron responsables de elevar la probabilidad de la contribución humana al calentamiento global, sobre cuál método científico se basó el ajuste hacia arri-ba, la respuesta es “juicio experto”. De acuerdo a los escépticos del clima, sin embargo, esto es el resul-tado de un altamente cuestionable “pensamiento grupal.” El “juicio experto” de muchos científicos escépticos es que es altamente improbable de que el modesto calentamiento de la Tierra haya sido causado por el hombre.

Dicho sea de paso, es imposible adjuntar ninguna probabilidad precisa a ninguna declaración científica. Algo es cierto o falso. Si es falso o incierto, quienes hacen la declaración de marras podrían añadir que es “probable.” Pero esta probabilidad no puede ser expresada en términos numéricos. La noción cien-tífica de “probabilidad” sólo se aplica a fenómenos que pueden ser repetidos muchas veces. Ejemplo: si se arroja un dado, la probabilidad de que el 6 nos saldrá en la parte superior es del 83,3%. Uno puede verificar esta probabilidad arrojando el dao numerosas veces (digamos, miles de veces).

El Tercer Informe del IPCC (TAR) trajo un segundo golpe de mano. Aumentó el valor del proyectado aumento de la temperatura, y apoyó el argumento con el diagrama del 'Palo de Hockey', declarando que la temperatura en tiempos recientes son más altas de lo que habían sido durante mil años. En noviembre de 2003, Steven McIntyre y Ross McKitrick publicaron su artículo explosivo acerca de las fallas en la reconstrucción de las temperaturas del Hemisferio Norte hecha por Mann, Bradley y Hughes, en al revista Energy & Environment. Pero el artículo fue inicialmente ignorado.

Sólo después de que una versión actualizada del artículo apareció en el Geophysical Research Letters, en febrero de 2005, comenzó a crearse en la comunidad científica establecida la sensación de que algo andaba mal. El último artículo estuvo precedido por un estudio de Hans von Storch (especialista climá-tico en el GKSS Research Center en Geesthacht, cerca de Hamburgo –y no un escéptico del clima), et al., en la revista Science, octubre 2004, con un mensaje similar. Hans von Storch llegó tan lejos como para calificar al Palo de Hockey como “Quatsch” (basura).

Sin embargo, en una etapa previa, varios otros escépticos del clima habían criticado duramente esta parte de la curva. Primero que nada, porque se debe ser muy cuidadoso al “encolar entre sí” curvas que representan series de mediciones que han sido recogidas por medio de métodos diferentes. Algu-nos estadísticos llegan tan lejos como condenar a esta práctica como estrictamente prohibida. Además, los escépticos han criticado la cobertura de la red de termómetros que han sido usados para medir las temperaturas en todo el mundo. Esta red opera bajo muchos yerros y agujeros, especialmente en el Tercer Mundo, los océanos y los polos. Pro mucho más importante es su objeción de que es muy pro-bable que se haya practicado una insuficiente compensación para el llamado “Efecto de isla de calor urbano".

Muchas estaciones de medición están ubicadas en áreas urbanas y aeropuertos, que se han estado expandiendo durante décadas. Los edificios elevados las protegen de los vientos refrescantes, mientras que el concreto y el asfalto atraen y almacenan calor elevando la temperatura de áreas circundantes. Pero eso no tiene nada que ver con el calentamiento global o el efecto invernadero. ¿Tienen las cifras las compensaciones necesarias por estos efectos? Hasta la fecha, la metodología aplicada para hacerlo no ha sido revelada ni discutida.

El secreto mantenido por Mann et al., para sus cálculos creó la sospecha de que estaban ocultando algo. ¿Habían estado quizás escogiendo los datos selectivamente para que conformaran con su idea preconcebida? ¿Son culpables haber manipulado la información a su gusto? Para responder estas preguntas el Comité de la Casa Americana sobre Energía y Comercio (con poder de orden judicial de comparencia) comenzó una investigación, invitando a Mann et al., para enviar toda la información necesaria. Los adherentes al CGA protestaron airadamente por esta investigación. La compararon con la caza de brujas de McCarthy de los años 50. ¿Tenían razón?

Por supuesto, en principio la política debería abstenerse de inmiscuirse en los asuntos científicos. Pero la climatología ya ha sido totalmente politizada desde mucho tiempo –desgraciadamente de manera unilateral. De manera continua políticos prominentes comentan sobre asuntos del clima como si se tratase de la mayor amenaza para la humanidad, pero aún que el terrorismo. La industria del clima cuentan con su leal apoyo, con jugosos subsidios a su disposición, siempre que confirmen que algo terrible está aconteciendo con nuestro clima; que la humanidad es la culpable, y que se deben tomar severas medidas para remediar la situación.

La hipótesis del calentamiento global provocado por los humanos provee las bases científicas para medidas extremadamente costosas. Por consiguiente, es de suma importancia que la hipótesis sea correcta. Compañías como la Enron y la Shell, también debe revelar el contenido de sus libros si hay alguna sospecha de prácticas impropias. ¿Por qué, entonces, se excluyen a los científicos de esa obli-gación? Después de todo, lo que está en juego es enorme.

Después de algunos regateos y negociaciones, la investigación fue finalmente llevada adelante por dos comités de expertos de manera independiente. El primero era un panel de la Academia Nacional de Ciencias, presidido por Gerald North. En su informe, que se publicó en junio 2006, esencialmente sus-tentaba la crítica de McIntyre/McKittrick del cambio de temperatura de 1000 años representado por el gráfico del Palo de Hockey. Debe recordarse que el palo de hockey constituye la base de la conclusión de la evaluación del IPCC sobre que el aumento de la temperatura del hemisferio norte durante el Siglo 20 “probablemente es el mayor de cualquier siglo durante los últimos 1000 años” y que “la década de los años 90 ha sido la más cálida y 1998 el año más caliente del milenio.”

Pero estas afirmaciones parecían carecer de fundamento. Uno de los panelistas de Academia Nacional de Ciencia declaró que el "IPCC había enviado un mensaje muy engañoso” cuando adoptó al palo de hockey como el gran icono del calentamiento global presuntamente provocado por el hombre.

Una subsiguiente y separada investigación de los aspectos estadísticos de la reconstrucción de tempe-raturas del palo de hockey fue hecha por un panel dirigido por Edgard Wegman, un prominente profe-sor de estadísticas de la George Mason University, quien es presidente del Comité sobre Estadísticas Teóricas y Aplicadas de la Academia Nacional de Ciencias. Wegman organizó un comité de colegas, incluyendo a David Scout de la Rice University, y Yasmin Said, de la Johns Hopkins University. Tam-bién contribuyó Denise Reeves de la MITRE Corp. y John Rigsby, del Centro de Guerra Naval de Superficie.

El panel descubrió, entre otras cosas, que Mann et al., distorsionó ciertos métodos estadísticos en sus estudios, que producían de manera inapropiada formas e palo de hockey en la historia de las tempera-turas. El análisis de Wegman concluyó también en que el trabajo de Mann no puede apoyar la afirma-ción de los años 90 fueron la década más caliente del último milenio.

Según Wegman, un análisis de la red social reveló que la pequeña comunidad de los investigadores en paleoclimatología aparecen revisando entre ellos sus trabajos, y usando constantemente los mismos conjuntos de datos, lo que pone en duda la independencia de la “revisión de los pares” y la reconstruc-ción de las temperaturas.

También llegó el panel a la conclusión de que aunque los investigadores se basaban pesadamente en métodos estadísticos, no parecen estar interactuando con la comunidad de estadísticos. Hizo La ob-servación de que los autores de evaluaciones científicas con implicancias políticas “no deberían revisar sus propios trabajos.” Su informe hizo notar: “Especialmente cuando están en juego masivas sumas de dinero público y vidas humanas, el trabajo académico debería tener un más intenso nivel de escrutinio y revisión. Es especialmente el caso de los autores de los documentos relacionados con políticas públi-cas, como el informe del IPCC, 'Cambio Climático 2001: Las Bases Científicas', quienes revisan los trabajos no deberían ser las mismas personas que construyeron los estudios académicos.” Pero eso fue exactamente lo que había ocurrido!

Sin embargo, debería recordarse que los errores del palo de hockey no necesariamente constituyen una refutación de la hipótesis del calentamiento global causado por el hombre. Pero socava seriamente las declaraciones intimidatorias de sus proponentes de que el reciente calentamiento no tiene prece-dentes en los últimos mil años.

En el último informe del IPCC (AR4 de 2007) el Palo de Hockey ha desaparecido. Pero no se han hecho pedidos de disculpas por el hecho de los informes anteriores contenían información engañosa y falsa.



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