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Kioto Neutralizado: Cómo Montreal
Dejó Impotente al Tratado sobre el Clima

Financial Post, Enero 26, 2006

Gracias a las conversaciones de Montreal, las penalidades se hicieron discrecionales y la reducción de emisiones se ha convertido en meras ayudas del extranjero

Por Christopher Horner, Financial Post

La prensa mundial aclamó a las negociaciones de Diciembre pasado en Montreal acerca del Protocolo de Kyoto por haber producido “un histórico acuerdo climático.” Como lo pone el London Independent, “La lucha contra el catastrófico calentamiento global anotó ayer su mayor éxito hasta la fecha, cuando los negociadores de más de 180 naciones acordaron inesperadamente desarrollar medidas de largo alcance.”

El acuerdo verdaderamente fue histórico pero como la mayor modificación de los términos de Kyoto desde su implementación en 1997 –aunque no por las razones que el Independent y otros aclamaron. El acuerdo destripa de manera efectiva a las afirmaciones de que Kyoto es “legalmente obligatorio” y despedaza sus provisiones potencialmente peligrosas.

Los mentados logros son, de hecho, nada más que las promesas ya efectuadas para volverse a reunir y seguir discutiendo. Menos declamado, pero el desarrollo más importante alcanzado en Montreal, fue la adopción del Acuerdo de Marruecos.

Como se había hecho en borrador y acordado originalmente en la Conferencia de las Partes para la Convención del Cambio climático (COP-7), estas sanciones, entre otras cosas, descalifican a los miembros de Kyoto que violan sus cuotas 2008-2012 y les impiden usar los mecanismos de “implementación conjunta” y créditos de intercambio de emisión en cualquier otra ronda posterior.

Mientras que en Montreal el establishment de Kyoto se felicitaba a sí mismo por adoptar las penalidades de Marruecos, en realidad las neutralizó. No son ahora más obligatorias o exigi-bles que el voluntario Marco de la Convención Sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (UNFCCC), o la naciente alternativa a Kyoto, la Sociedad Asia-Pacífico de Desarrollo Limpio y Clima.

Esta es la manera, en un breve detalle. En el documento “Procedimientos” (Sección XIII), los miembros añadieron un año extra, más o menos, para evitar la violación de sus cuotas de emisión comprando, o arreglando obtener de alguna otra manera, créditos para emisión de gases de invernadero de otros miembros. Esta estratagema administrativa no añadió otro año para el período de reducciones obligatorias de gases, sino que simplemente permite que los créditos obtenidos después de la expiración del período de cumplimiento de cinco años se puedan aplicar de manera retroactiva.

Las partes también establecieron un intrincado sistema de ejecución obligatoria que al final neutraliza el lenguaje simple y directo de Marruecos a través de una telaraña retórica tejida en las Secciones V, VI, X y XV.

Como resultado de esto último, las penalidades de Kyoto son ahora, de hecho, discrecionales. Un panel de iniciados puede elegir simplemente no proceder contra el violador, o puede invo-car una escotilla de escape de mínimas consecuencia, no definidas, para los violadores. Otras cláusulas de escape y provisiones de rehabilitación aseguran que las alardeadas penalidades jamás serán invocadas seriamente en contra de ninguno en la creciente cola de muy posibles infractores de Kyoto.

Marruecos ha en realidad sido el elemento de Kyoto que faltó durante mucho tiempo –algo que se parece a un mecanismo obligatorio con “dientes”. En Montreal, además de haber destripado esto, los delegados ignoraron abiertamente los requisitos de Kioto que estos procedimientos de penas y mecanismos sean formalmente adoptados, en la forma de una enmienda que requiere una ratificación.

Esto explica por qué la decisión (“Procedimientos y mecanismos relativos al cumplimiento bajo el protocolo de Kioto”) recibió muy poca fanfarria comparado con las declamadas promesas de volver a conversar sobre el tema. Este esfuerzo, con otro ítem adoptado detallando la natu-raleza y esfera de acción de los mecanismos “clave” de Kioto, calladamente debilitaron las promesas de reducciones anuales de Kioto en un 20%, y evisceró las declamas provisiones obligatorias. Tal como se ven, aparecen como obligatorias y costosas, mientras que en rea-lidad se han convertido, cuando mucho, en meros incentivos discrecionales.

El capítulo final en este golpe de estado que asegura que Kioto jamás será el pacto “legal-mente obligatorio” que sus partidarios aseguran que es que, por diseño, y técnicamente, estas provisiones sucedáneas directamente no existen. El Artículo 18 de Kioto requiere que cualquier consecuencia obligatoria, tal como los “procedimientos y mecanismos” acordados en Marruecos, sean adoptadas en el Encuentro de las Partes al Protocolo de Kioto (MOP-1 en Montreal) y que, para que sea obligatorio, ellas tienen que ser enmiendas al Protocolo.

Notando este requerimiento, Arabia Saudita propuso ese plan. Canadá sospechó que este requerimiento amenazaba con un tratado de dos pistas, es decir, la ratificación que en reali-dad codifica a la excelsa retórica de Kioto no es nada seguro. En respuesta, Europa alertó que la ratificación de tales cláusulas podría llevar bastante tiempo. Su curiosa solución, aceptada por el MOP en nombre de acelerar las cosas, fue descartar las consideraciones si había que adoptar formalmente estas penas por dos años más hasta las vísperas literales de la toma de vigencia de Kioto.

El otro muy publicitado logro de la COP-MOP de Montreal –la humillación de los Estados Uni-dos- estuvo también muy lejos de haber dado en el blanco. Los Estados Unidos no alteraron de ninguna manera su larga postura en contra de buscar la ratificación del protocolo de Kioto. Simplemente estuvo de acuerdo con todas las demás naciones del tratado de Río UNFCCC de continuar discutiendo reducciones voluntarias de gases de invernadero. Los miembros de Kioto acordaron en llegar más tarde a un acuerdo, tal como había sido previamente acordado. Esta vez, sin embargo, los miembros expresaron que esas conversaciones no podrían llevar a compromisos obligatorios.

La última y final verdad de Kioto es que, después de ocho años, nueve negociaciones y montañas de partes de prensa triunfalistas, el resto del mundo permanece salvajemente desinteresado en unirse a su esquema de racionamiento. Tal hecho revelado no merece, aparentemente, ninguna cobertura, ni comentario, ni preocupación. Después de todo, el legado de la COP-MOP de Montreal es que ningún obstáculo es demasiado grande para impedir los gritos de victoria en el contexto de Kioto.

Ya ha sido puesta sobre la mesa una propuesta para permitir cuotas “voluntarias” para países tales como India y China, la mayoría exceptuada. El propósito parece ser facilitar las afirma-ciones del éxito de Kioto por los muy pocos que, nuevamente, no necesitarán realmente re-ducir sus emisiones sino que, en su lugar, podrían comprar el derecho al futuro crecimiento a estos estados más sucios, en la forma de “créditos de emisiones.” La progresión es meramen-te redefinir y fusionar a Kioto y la ayuda extranjera. Esto haría al legado de Montreal como el comienzo del fin para Kioto, cuando sus miembros se den cuenta que no podrán, y no que-rrán, tratar de igualar la retórica con la acción.

© National Post 2006



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